Trabajo de la prensa incomoda a los que ejercen poder en América Latina

Al cumplirse hoy el Día Mundial de la Libertad de la Prensa, los periodistas de América Latina reciben este día con claroscuros en su cotidiano deber de informar con claridad e imparcialidad a la sociedad.

La semana pasada, Reporteros Sin Fronteras (RSF) publicó la edición 2016 de la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa. “La evolución global muestra un clima de miedo generalizado y de tensiones, que se suma a una creciente influencia de los Estados y de los intereses privados en las redacciones”, sostiene la investigación.

Según el informe de RSF, la situación de la libertad de prensa se deterioró en 2015 en el continente americano. Se explica por las crecientes tensiones políticas en numerosos países, alimentadas por la recesión económica, la incertidumbre sobre el futuro y los repliegues comunitarios.

Los principales obstáculos a la libertad de prensa constituyen la violencia institucional como se registra en Venezuela (puesto 139) y Ecuador (109) y el crimen organizado en Honduras (137), así como la impunidad en Colombia (134), la corrupción en Brasil (104), la concentración de medios de comunicación en Argentina (54) y la vigilancia en Internet, en Estados Unidos (41).

El informe pone a México, Colombia y la mayoría de los países de Centroamérica como aquellos que padecen los estragos del crimen organizado: cárteles, grupos paramilitares y narcotraficantes. El trabajo de investigación es peligroso en estos países –en ocasiones, incluso imposible–, frente a la determinación y el grado de violencia que se alcanza, que va hasta las decapitaciones. México (149) está marcado por una serie de asesinatos de periodistas, crímenes relacionados con la corrupción y el narcotráfico.

Control a medios

En los últimos años América Latina está experimentando un fenómeno que va “in crescendo” que atenta a la libertad de expresión y el ejercicio de un periodismo libre: es frecuente que las autoridades ejerzan cierto control sobre los medios de comunicación.

En Panamá (91), que pierde ocho posiciones, el acceso a la información sigue parcialmente bajo el control del Estado.

La cobertura de temas delicados, como la corrupción, da lugar a procesos legales por difamación. Los países en los que la situación de la libertad de prensa se encuentra en peor estado siguen siendo Venezuela (139), donde la prensa de la oposición y los medios de comunicación independientes intentan subsistir frente a las intimidaciones y maniobras del presidente Nicolás Maduro, y Cuba (171), donde el Estado dirigido por el presidente de Raúl Castro sigue controlando casi por completo la información.

El podio Según RSF, Costa Rica (6) sigue a la cabeza de la Clasificación de la región, e incluso se encuentra en el grupo de los 10 primeros países a escala mundial. Con una legislación muy favorable para la prensa y un verdadero reconocimiento de la profesión periodística, es el único país de Centroamérica que no padece altos índices de corrupción y las consecuencias que estos generan en el acceso a la información. Jamaica (10) y Canadá (18) completan el podio, incluso a pesar de que este último pierde 10 puestos.

La libertad de prensa sufrió mucho en Canadá a finales del mandato del primer ministro Stephen Harper. Descenso El mayor descenso en la Clasificación corresponde este año a El Salvador, que pierde 13 posiciones (58).

En este pequeño país centroamericano, corroído por la violencia de los cárteles y las pandillas, la situación de la libertad de prensa no ha dejado de deteriorarse desde 2014, cuando ascendió al poder Salvador Sánchez Cerén, quien por cierto acusó a los medios de comunicación de participar en una “campaña de terror psicológico” contra su Gobierno.

Tres países del Norte de Europa se sitúan a la cabeza de la Clasificación: Finlandia (en primer lugar desde 2010), los Países Bajos (2 que gana 2 posiciones) y Noruega (3, que baja un puesto).

España baja una posición respecto de 2015 y ocupa en 2016 el puesto 34, un descenso leve si se tiene en cuenta que durante el año pasado se dieron cambios legislativos ampliamente denunciados por la Sección Española de RSF, que los consideró un revés para las libertades: la Ley de Seguridad Ciudadana o “Ley Mordaza”, la modificación de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, y la reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial, que amparaba la justicia universal.

MUCHA PRESIÓN EN BOLIVIA

En Bolivia los medios de comunicación tienen un fuerte incentivo para evitar hacer comentarios negativos del Gobierno o del presidente Evo Morales, en el poder desde 2006, sostiene RSF. En virtud del Decreto Supremo 181 (aprobado en 2009), la publicidad oficial no se otorga a los medios de comunicación que “mienten”, “hacen política” u “ofenden” al Gobierno.

El Gobierno anunció el pasado año que los medios de comunicación que lleven a cabo una labor “política” (sic) se verán privados de recursos financieros ligados a la publicidad gubernamental. Al respecto, la presidenta de la Asociación de Periodistas de Cochabamba, Elizabeth Paravicini, indicó que el ejercicio de una prensa libre es una decisión esencialmente individual que se integra a la línea editorial de los medios.

Sostuvo que en Bolivia, la libertad de expresión protegida por la Constitución Política del Estado no está coartada de modo explícito, salvo cuando algún alto funcionario de Estado se siente aludido u ofendido y se queja públicamente de tal o cual publicación, medio o, incluso, del periodista con nombre y apellido. “En cuanto a los actores del proceso periodístico interno, en los medios, no tenemos reportes de censura directa ni a información ni a puntos de vista por parte de sus ejecutivos. Pero sí tenemos una clara percepción en cuanto a la ‘prudencia’, ‘sentido común’ por decir de manera suave, la decisión de autocensura del propio periodista para no meterse en profundidades que le puedan complicar la vida’”, indicó.

Paravicini también dijo que se percibe que un importante grupo de periodistas que salió de los medios, pasa con facilidad a las filas de las Unidades de Comunicación de instituciones del Estado, trabajando en periodismo institucional pero, salvo honrosas excepciones, con una clara “camiseta del partido de gobierno” que se refleja en los boletines informativos que genera o en sus posiciones expresadas en las redes sociales. “No faltan quien sale herido de las instituciones del Estado y pretende convertirse en un paladín de la denuncia a través del medio de comunicación que lo contrata o de manera independiente, advirtió.

CLASIFICACIÓN

Reporteros Sin Fronteras (RSF) publicó la edición 2016 de la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa. La evolución global muestra un clima de miedo generalizado y de tensiones, que se suma a una creciente influencia de los Estados y de los intereses privados en las redacciones.

El informe revela la intensidad de las acometidas de los Estados, de ciertas ideologías y de intereses privados contra la libertad y la independencia del periodismo.

Europa (19,8 puntos) sigue siendo la zona en la que los medios de comunicación cuentan con mayor libertad, seguida por África (36,9) que, hecho inédito, pasa por delante de América Latina (37,1), debido a que ésta se encuentra sumergida en una creciente violencia contra los periodistas.

Siguen las zonas de Asia (43,8), Europa del Este y Asia Central (48,4). Al final está Oriente Medio y el Norte de África (50,8), región del mundo donde los periodistas enfrentan más vicisitudes y de todo tipo.

Fuente: Los Tiempos, 3.5.16

Periodistas reclaman un protector a la ONU

Medios de comunicación, periodistas, ONG y figuras públicas de todos los continentes han efectuado una llamada solemne para que se nombre a un “protector de los periodistas”, de acuerdo con la propuesta de Reporteros Sin Fronteras (RSF) de crear el puesto de Representante Especial del Secretario General de las Naciones Unidas para la seguridad de los periodistas.

Esta coalición exhorta a las Naciones Unidas y a los Estados miembros, en vísperas del 3 de mayo de 2016, a dar al titular de este cargo el peso político, la capacidad de actuar rápidamente y la legitimidad para coordinar los esfuerzos de las Naciones Unidas en lo relativo a la seguridad de los periodistas.

El objetivo de esta propuesta es establecer un mecanismo concreto para que realmente se aplique la legislación internacional, y al fin pueda reducirse el número de periodistas asesinados cada año en el ejercicio de su labor o debido a ella, ya que la adopción de numerosas resoluciones de la ONU relativas a la protección de los periodistas y la lucha contra la impunidad no ha dado resultados concretos.

Según cifras de RSF, 787 periodistas y colaboradores de los medios de comunicación han sido asesinados debido a su labor en los últimos diez años; de ellos, 67 perdieron la vida tan sólo en el año 2015.

“RSF se alegra de que un importante número de organizaciones y personalidades apoye la creación del puesto de Representante Especial de la ONU para la seguridad de los periodistas”, subraya Christophe Deloire, secretario general de RSF.

“La movilización masiva a favor de esta campaña crece cada día. Si las Naciones Unidas y los Estados crean el puesto de Representante Especial, los periodistas podrán recuperar la esperanza de trabajar en mejores condiciones de seguridad. Sin una protección eficaz de los periodistas, no es posible garantizar el derecho a la información ni combatir la propaganda y el extremismo violento”, precisó.

Entre las numerosas organizaciones que se unen a esta campaña se encuentran: World Association of Newspaper and News Publishers (Wan Ifra), Human Rights Watch (HRW), Committee to Protect Journalists (CPJ), United Nations Correspondents Association (UNCA), James W. Foley Legacy Foundation, International Women’s Media Foundation (IWMF) y Rory Peck Trust.

Asimismo, numerosos medios de comunicación apoyan esta campaña, entre ellos, miembros de la Asociación Mundial de Periódicos y Editores de Noticias (World Association of Newspapers and News Publishers, WAN-IFRA): The Hindu, Bangkok Post, Grupo RBS, The New York Times, Manoramaonline, USA Today, VK Media, ABP, JP Politikens Hus, Jagran, Mediahuis, NewsBrands Ireland, The Irish Times, Helsingin Sanomat, Kristelight Dagblad.

Diversas figuras públicas también han expresado su apoyo. El 5 de febrero de 2016, Irina Bokova, Directora General de la UNESCO, aseveró: “estoy de acuerdo con la importancia de la propuesta de Reporteros sin Fronteras de que se nombre a un Representante Especial para la seguridad de los periodistas en la oficina del Secretario General de las Naciones Unidas”.

El 11 de marzo de 2016 Cilla Benko, directora general de la radio pública sueca, escribió en The Guardian: “Apoyo la iniciativa de Reporteros sin Fronteras relativa a la creación en las Naciones Unidas del puesto de Representante Especial encargado de las cuestiones de la seguridad de los periodistas. Los reporteros deben ser protegidos contra los ataques y estoy segura que con un Representante Especial se podrían tener grandes avances si se le asigna un mandato claro y fuerte”.

Fuente: periodistas en español, 30.4.16

Libertad de expresión

Hace 23 años las Naciones Unidas proclamó el 3 de Mayo como el Día Mundial de la Libertad de Expresión, para celebrar sus fundamentos, evaluar la situación en la que se encuentra, defender los “medios” de atentados contra su independencia, rendir homenaje a periodistas que perdieron la vida cumpliendo su deber y reafirmar la voluntad de preservarla.

¿Para qué sirve la libertad de expresión? Básicamente, para el descubrimiento de la verdad, para la autorrealización personal y para la participación democrática.

Saber la verdad –no la verdad absoluta, que es una cuestión privada– implica conocer en democracia, todos los elementos posibles que puedan ser relevantes para que cada uno pueda formar su propio criterio sobre determinados intereses de carácter público. De ahí viene el sentido de pluralidad o pluralismo que proclaman las democracias como forma de gobierno. La verdad es constitutivo de la libertad de expresión, y al ser a la vez la libertad de expresión fundamento de las democracias, es entonces una cuestión netamente política. No es atribución exclusiva de los periodistas, aunque sí se los reconoce como sus abanderados. Es un derecho de todos, de cada uno de nosotros.

Pero esto no siempre funciona así. Casi nunca los ciudadanos de a pie podemos ejercer a plenitud nuestra libertad de expresión, y lo que es peor, no saber la verdad ni por aproximación. Encadenada por el poder, la verdad es la manipulada expresión que el poder inunda en los medios como verdad absoluta.

La libertad de expresión viene perdiendo su sentido por la manipulación, arrastrando a la democracia a una infravaloración. Todo lo que se diga contra el Gobierno es mentira y antidemocrático. En cambio, lo que nos dice el Presidente y sus ministros, es verdad y tiene valor democrático. Las mentiras no son parte de la libertad de expresión. No contribuyen a la participación democrática.

Los periodistas, los medios y gran parte de la ciudadanía en general, nos sentimos acorralados, intimidados por falta de garantías para el ejercicio de una plena libertad de expresión, acechada y amenazada por una sensibilidad extrema e incomprensible de aquello que se debe entender por discriminatorio, recurso al que apela el oficialismo para amenazar con judicializarla a la libertad de expresión.

Fuente: Los Tiempos, 3.5.16 por  Jaime D´Mare, periodista.

El yihadismo y las medidas contra el terrorismo amenazan la libertad de prensa

La lucha contra el terrorismo yihadista ha tenido un efecto directo sobre la libertad de prensa en todo el mundo. Las campañas de seguridad nacional desplegadas desde los atentados de París y Bruselas están siendo utilizadas como “coartada” para limitar el trabajo de los periodistas, según denuncian Reporteros sin Fronteras y Amnistía Internacional en un informe difundido este martes, Día Mundial de la Libertad de Prensa, que este año pone el foco en las leyes represivas dictadas en Francia, Egipto, Rusia y Turquía, países considerados “puntos calientes” en cuanto al deterioro de las condiciones para ejercer el periodismo.

Los profesionales de la información son víctimas de persecución, tortura, encarcelamiento, secuestro y asesinato. Según los datos de Reporteros sin Fronteras, en 2015 murieron 63 periodistas por ejercer su profesión y otros 40 fueron asesinados de manera sospechosa, cifras a las que se suman las de 19 periodistas ciudadanos y seis colaboradores de medios de comunicación perdieron que la vida por causas relacionadas con la libertad de prensa. “Ha sido un año brutal, marcado por la barbarie del terrorismo yihadista”, afirma la presidenta de RSF- España, Malén Aznárez

Egipto, con 24 periodistas encarcelados, es uno de los países donde más se ha restringido el derecho a la libertad de información. El fotoperiodista Mahmoud Abu Zeid, conocido como Shawkan, es el más flagrante. Detenido por tomar imágenes de una protestas, ha sido acusado de pertenecer a “banda criminal” y si es declarado culpable podría ser condenado a muerte. RSF y Amnistía Internacional se han unido para exigir su “inmediata e incondicional” liberación.

Turquía, convertida en la principal cárcel de periodistas, y Rusia, donde la prensa está sometida al control del Estado, figuran entre los países que ejercen un sistemático hostigamiento sobre la prensa independiente y el control de Internet. En México, otro de los países sobre los que RSF llama la atención, ocho informadores fueron asesinados el año pasado pese a la existencia del Mecanismo de Protección para para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, y en lo que va de año han perdido la vida otros cuatro. En todos estos países, el miedo ha llevado a muchos profesionales al exilio o al abandono de su profesión. En otros casos, la autocensura, motivada por el miedo, ha deteriorado el periodismo libre.

Eritrea, Corea del Norte, Turmekistán, Siria y China son lo cinco países en los que más amenazada está la libertad de prensa, según la clasificación de RSF. Finlandia, por el contrario, es el país donde más se respeta el pluralismo, la independencia de los medios y transparencia. España ocupa el puesto 34. en una lista de 180 Estado. Con todo, la FAPE, que agrupa a las asociaciones de periodistas, ha hecho un llamamiento a las instituciones y a los políticos en defensa de la libertad de prensa.

La alta representante de la Unión Europea, Federica Mogherini, se ha comprometido a seguir promoviendo y protegiendo la libertad de opinión y de expresión en todo el mundo y ha recordado el principio de que “la creación, el mantenimiento y el fomento de una prensa libre, independiente y plural es esencial para el desarrollo y mantenimiento de la democracia en una nación, y para el desarrollo económico”.

Fuente: El País, 3.5.16

Día Mundial de la Libertad de Prensa: Diez amenazas al periodismo libre

3 de mayo, el Día Mundial de la Libertad de Prensa. Fue una iniciativa de la UNESCO, que aprobó la Asamblea General de la ONU en 1993. Era el primer período posterior a la Guerra Fría y quizá una época demasiado optimista. El mundo digital mantenía su discurso primero y primario, inicial, no sé si vocacional, utópico y bienintencionado, o más bien directamente empresarial, voraz y artero. Terminó habiendo de todo. Dicen que todos nos lo creíamos entonces. Desde luego nunca fue mi caso. Cada mañana seguí diluyendo un azucarillo de escepticismo en mi primer café.

Porque nunca me agradaron los empujones que nos daban (y nos siguen dando) los “expertos” para que dejáramos (dejemos) atrás todo nuestro bagaje vital y cultural previo. Siempre sospeché de las presiones que sufríamos (y sufrimos) para evitar cualquier posibilidad de reflexión ante lo que se avecinaba. Por eso, decidí resistir (sigo) a la voracidad estratégico-comercial de Facebook, donde no faltan las patadas a la intimidad de las personas. Un campo de disputa geopolítica, también, como la energía, los servicios, los medios de comunicación, el cine, la industrialización o las energías menos o nada renovables. Zuckerberg y Sillicon Valley no son China, pero se acomodan a los modos firmes de Pekín. Ahí sitúo el Día Mundial de la Libertad de Prensa, este 3 de mayo de 2016.

Y como pequeña contribución personal, intentaré establecer (de corrido) los enemigos esta libertad específica.

Primero, desde luego, la acumulación de poderes mediáticos, de prensa, audiovisuales, informativos y digitales en pocas manos. La concentración mediática y digital es siempre un peligro, una amenaza. A veces, actual, otras posible, en perspectiva. En algunos países, vigente, en otros potencial. ¿Por qué hablamos tan poco de la concentración como enorme peligro para esta libertad fundamental? ¿Por qué no señalamos con mayor frecuencia a quienes concentran en sus manos uno de los mayores poderes de nuestro tiempo?

Segundo, la desfiguración y dispersión del oficio de periodista. En general, muchos ciudadanos han decidido convertirse en informadores de la sociedad. Y eso es estupendo; pero la intoxicación aumenta con la idea de que buena parte de esos “periodistas ciudadanos” pueden llevar a cabo esa tarea prescindiendo del compromiso, de la fatigosa verificación de las noticias. No faltan blogueros que considero hermanos de vocación y merecedores de agradecimiento y solidaridad; pero en en otros, numerosos casos, se multiplica la confusión entre prejuicios, mentiras, rencores personales, simples datos automatizados y verdaderas noticias. Los periodistas podemos tener como aliados a una parte de esos ciudadanos. Otros, por el contrario, sólo contribuyen a demoler lo que quedaba del periodismo socialmente útil. No hay más remedio que ir caso a caso. ¿Por qué olvidar este rastreo diario para detectar objetivos espurios, los desconocimientos o -sencillamente- las verdades lo más desnudas posible?

Tercero, la precariedad laboral de los periodistas. Es una amenaza mayor. La pobreza material (que se extiende a muchos sectores sociales), la corrupción de alta, media y baja intensidad, y el miedo aumentan con esa inestabilidad y precariedad de los contratos de trabajo. La sumisión y la censura se imponen con menor resistencia; la autocensura se abre paso. No es fácil resistir dentro, aunque -afortunadamente- tenemos buenos ejemplos de periodistas -digamos de la resistencia- en todo el mundo. ¿Por qué nos vamos olvidado de que la negociación colectiva es otro derecho fundamental? ¿Por qué contribuimos a extender la idea de todos los periodistas son -o aspiran a ser- grandes personajes populares que cobran fortunas por explicarnos su sesgada visión del mundo? El periodismo es un oficio colectivo. La precariedad extiende la enfermedad del individualismo profesional, que sólo favorece a unos pocos.

Cuarto, la violencia. Según la Federación Internacional de Periodistas (FIP o IFJ, según sus siglas en inglés), calcula que más de 2300 periodistas y trabajadores de los medios han sido asesinados desde 1990. Son cifras mayores que las de Reporteros Sin Fronteras o el Comité de Protección de los Periodistas, porque la FIP incluye a todos los empleados de los medios. Pero esa violencia extrema, no incluye, ni mucho menos, las palizas, las amenazas, el acoso físico y moral, telefónico o digital, la violencia contra las mujeres periodistas. Los periodistas locales, las mujeres periodistas, los que informan en puntos y zonas de conflicto, quienes trabajan a la pieza y sin protección son víctimas principales. El desprecio y el olvido de ellos por parte de quienes están atareados en ser estrellas mediáticas o ignoran voluntariamente el periodismo callejero forman parte de este apartado.

Quinto, la digitalización y la red global nos facilitan la documentación, el acceso a determinados aspectos, documentación y posibilidades nuevas; pero también nos convierten en objeto de ataques e intoxicaciones de nuevo tipo. Con frecuencia, los estados legislan contra los apartados que favorecen la libertad de los medios y los periodistas. Cada vez más y cada vez peor. Y no sólo sucede en Turquía o China, sino en los países europeos donde se aprueban leyes para castigar la fotografía “inoportuna” o los textos “antipatrióticos”. Internet también sirve para limitar la libertad, cuando se convierte en instrumento de autoridades decididas a interpretar qué es ser “patriota”, “moral”, “decente”, “conveniente”, “oportuno” o “debidamente respetuoso”. ¿Hace falta hacer un respaso de leyes mordaza, cierres de medios o bloqueos de redes sociales? ¿De desvío de búsquedas en internet que terminan en algún sitio absurdo o contrario a lo que buscamos? ¿Quien está detrás, sino los servicios tradicionales que batallan, manejan y pelean en estas llanuras de lo digital?

Sexto, y relacionado con lo anterior, la vigilancia de múltiples orígenes, con frecuencia de las autoridades y de los gobiernos; aunque no exclusivamente. Nos vigilan desde todas partes, con más facilidad que nunca. Lo de menos es para vendernos publicidad comercial. Lo peor es cuando lo hacen servicios, funcionarios y gabinetes oscuros para acabar con cualquier posible información de impacto social. Es la sociedad misma quien sufre las consecuencias. Y las fuentes, los llamados ‘whistleblowers’, quienes dan información útil a los periodistas de investigación, se callan o se distancian. ¿Por qué no hay mayores manifestaciones contra las leyes que protegen los ‘secretos comerciales’ menos confesables? ¿Por qué los tratados internacionales de mayor calado planetario, los que amenazan los servicios sociales y la pluralidad cultural, están siendo negociados con secretismo?

Séptimo, la extensión y multiplicación de leyes antiterroristas que terminan dirigiéndose no contra el terrorismo, sino contra aquello que unas pocas autoridades determinan que puede serlo. En general, esas leyes identifican comportamientos diversos, demasiado diversos, y siempre dicen actuar “en nombre de la seguridad nacional e internacional”. ¿No hemos tenido bastante con la experiencia que ofreció al mundo el conjunto de iniciativas legales que desplegó Estados Unidos (y Europa), tras el 11 de septiembre? ¿No es posible buscar un equilibrio entre seguridad y libertad? ¿No podemos buscarlo partiendo siempre de la idea de que la seguridad completa nunca será posible?

Octava, las restricciones y cierres de medios y de otras vías de información y comunicación. Tienden a darse más en países emergentes o sometidos a regímenes autoritarios. Pero no exclusivamente, en los países considerados más democráticos, los gobiernos tienen una tendencia excesiva a intentar controlar los medios públicos, sobre todo los medios audiovisuales. ¿Es tan difícil de entender que amenazar la independencia de los medios públicos restringe la libertad de prensa del siglo XXI? ¿Es tan difícil aceptar que sean controlados de manera independiente, con mayor implicación de la sociedad civil y de la manera menos partidista posible?

Novena, las viejas leyes de difamación, de injurias y calumnias. La idea de que la blasfemia es definible jurídicamente y de que alguien puede establecer qué, cuando y cómo hay que castigarla. ¿Es tan problemático contestar y responder lo que no nos gusta en lugar de castigar a los periodistas? ¿Cuantos países europeos mantienen las leyes de difamación como una amenaza, que se aplica cada día más (como en el pasado)? ¿Es posible exigir la abolición de esa amenaza?

Décima, en determinadas circunstancias, los propios periodistas somos una amenaza para el mejor periodismo. Cuando no criticamos las informaciones falsas, cuando distorsionamos intencionadamente, cuando no respetamos la verdad o no hacemos el esfuerzo suficiente para precisarla. Cuando no utilizamos los medios más honestos posibles para obtener la información, cuando ponemos a un lado datos relevantes de manera intencionada o falseamos la noticia de manera voluntaria, cuando deformamos una información gráfica de manera intencionada y sin explicarlo, cuando actuamos de manera retorcida o presionamos a nuestras fuentes haciéndolas correr riesgos excesivos o innecesarios, cuando discriminamos por cuestiones de nacionalidad, origen étnico, por el idioma que habla un ciudadana, por su orientación religiosa o política, por el sexo o por la tendencia sexual, por la clase social o la pobreza personal de los individuos objeto de la noticia. ¿Es que no hay corruptos también en la profesión? ¿Los denunciamos suficientemente?

Si tenemos todo eso en cuenta en este 3 de mayo, podremos reclamar mejor el acceso a la información necesaria para nosotros mismos y para el resto de la ciudadanía.

Esta jornada, como otras proclamadas universalmente, puede ser útil si volvemos a hacernos las preguntas que nos cuestionan y que hacen avanzar la madre histórica de todas las libertades: la libertad de prensa y expresión. Vale.

Fuente: Periodistas en Español.com, 3.5.16 por Paco Audije

La Relatoría Especial insta a los Estados a promover y garantizar el acceso a la información pública y la libertad de prensa

La Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en el Día Mundial de la Libertad de Prensa, insta a los Estados del continente a continuar promulgando leyes que permitan el acceso efectivo a la información pública y a propiciar su implementación efectiva y eficiente, de conformidad con los estándares internacionales en la materia.

En las últimas décadas, un número significativo de países de la región ha aprobado leyes en materia de acceso a la información pública o ha sancionado reformas al marco jurídico existente para defender este derecho. De esta forma, Antigua y Barbuda, Belice, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Ecuador, El Salvador, Estados Unidos, Guatemala, Guyana, Honduras, Jamaica, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, San Vicente y las Granadinas, Trinidad y Tobago y Uruguay cuentan con alguna ley de acceso a la información pública. Sin embargo, persisten desafíos a la implementación de las leyes vigentes y aún quedan varios países donde la aprobación de estas normativas está pendiente.

El acceso a la información es un derecho autónomo protegido por el artículo 13 de la Convención Americana, fundamental para la consolidación, el funcionamiento y la preservación de los sistemas democráticos y el ejercicio de otros derechos humanos. La Corte Interamericana de Derechos Humanos ha señalado que el derecho de acceso a la información se “ampara [en] el derecho de las personas a recibir dicha información y la obligación positiva del Estado de suministrarla, de forma tal que la persona pueda tener acceso a conocer esa información o reciba una respuesta fundamentada cuando por algún motivo permitido por la Convención [Americana] el Estado pueda limitar el acceso a la misma para el caso concreto. Dicha información debe ser entregada sin necesidad de acreditar un interés directo para su obtención o una afectación personal, salvo en los casos en que se aplique una legítima restricción”.

La importancia del derecho de acceso a la información pública para la consolidación de la democracia y el ejercicio de otros derechos fue reconocida en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, en particular con el objetivo 16.10 que busca “garantizar el acceso público a la información y proteger las libertades fundamentales, de conformidad con las leyes nacionales y los acuerdos internacionales”.

Al mismo tiempo, el periodismo representa una de las manifestaciones más importantes de la libertad de expresión e información. La actividad de la prensa es esencial para el funcionamiento de las democracias, ya que son los periodistas y los medios de comunicación quienes mantienen informada a la sociedad sobre lo que ocurre y sus distintas interpretaciones, condición necesaria para que el debate público sea fuerte, informado y vigoroso. Los Estados de la región deben continuar sus esfuerzos para prevenir y proteger a los periodistas en riesgo, investigar las amenazas y actos de violencia, y respetar y garantizar el trabajo de una prensa independiente y crítica como un elemento fundamental para la vigencia de las demás libertades.

Con ocasión del Día Mundial de la Libertad de Prensa, la Relatoría Especial reitera a los Estados la obligación de asegurar que los medios de comunicación sean capaces de mantener informada a la sociedad, lo que incluye la creación de un entorno que permita a los medios de comunicación libres, independientes y diversos desarrollarse. Asimismo, insta a los Estados a que promulguen leyes que permitan el acceso efectivo a la información y normas complementarias que aseguren su adecuada implementación, de conformidad con los estándares internacionales, propicien la implementación efectiva y eficiente de las normas de acceso a la información, y fortalezcan la estructura institucional de supervisión en la materia.

La Relatoría Especial para la Libertad de Expresión es una oficina creada por la CIDH con el fin de estimular la defensa hemisférica del derecho a la libertad de pensamiento y expresión, considerando su papel fundamental en la consolidación y el desarrollo del sistema democrático.

Fuente: Señales, 4.5.16

El periodismo internacional bajo la lupa por Federico Larsen

La formación continua, la dependencia de las agencias internacionales de noticias y la falta de inversión por parte de los medios parecen ser los tres grandes desafíos que enfrentan hoy los periodistas que se dedican a la cobertura de temas internacionales. O por lo menos eso se puede concluir a partir del especial realizado por el programa radial especializado de Radionauta FM de La Plata, L’Ombelico del Mondo, que en su emisión número cien invitó a comunicadores de los principales medios de Argentina a opinar sobre su trabajo en las secciones internacionales, el mundo o exteriores. Se trata de un ámbito quizás poco investigado por la academia, de pocos “manuales” y mucha práctica, que de alguna manera se intentó sintetizar a partir de la experiencia de sus protagonistas.

“Me sigue asombrando cómo en los grandes medios se sigue informando de lo que pasa en América Latina a partir de las grandes agencias de noticias europeas y norteamericanas”, arrancó Pedro Brieger en su intervención. “Si pasa algo en Egipto trataré de consultar diarios, radios, blogs o twitter de Egipto, y no una agencia en Madrid que habla a través de su corresponsal español, si es que tiene y si es que habla árabe”. La dependencia de las agencias internacionales de noticias es hoy una de las grandes críticas que los periodistas avanzan sobre la cobertura de los medios en temas internacionales. Junto con los cables y tapes, aseguran que llega aparejada una particular visión del mundo que suele reproducirse.

“Nada más alejado de la verdad que pensar que estas agencias tienen un papel externo sólo para que los medios puedan nutrirse de imagen y de sonido”, agregó Sebastián Salgado, periodista de Hispan TV. “Juegan un rol político determinante que hace que los noticieros tengan una determinada visión de la geopolítica marcada por occidente”.

Sin embargo, recurrir a este tipo de productos masticados en Europa o Estados Unidos, es mucho más barato para las empresas de comunicación que contar con periodistas propios en otras zonas del mundo. “En su momento Inglaterra tenía dos embajadores en EEUU: uno era el del gobierno y el otro el corresponsal del Times. Eso ha cambiado”, ejemplificó Jorge Elías. “La figura del corresponsal se ha visto degradada, especialmente por los ahorros que han definido los medios. Creo que ha llegado el momento de invertir en calidad, en corresponsales, tener ojos propios en países y culturas extranjeras. Alejarnos de esa visión deshumanizada de los conflictos, guerras, elecciones, fenómenos sociales y económicos que suceden en el mundo”.

Mercedes López San Miguel, de Página/12, definió como “una suerte de verdad emocional” aquello que permite que un corresponsal pueda agregar valor a la información poniendo el cuerpo en sus coberturas. “Es un buen antídoto inclusive contra nuestros propios prejuicios”, agregó. Sin embargo, en la era de la inmediatez las corresponsalías necesitan de demasiado tiempo. Y demasiado dinero. En palabras de Emiliano Guido, de Miradas al Sur, “el periodismo internacional en Argentina sufre una crisis que engloba a todas las secciones: la precariedad. Los medios no apuestan a este tipo de secciones que tienen que ver más con el análisis, con lo conceptual”.

En todas las intervenciones, también se puso el acento en la necesidad de formación de los periodistas que se dedican a la política internacional. “Esta tarea en política es una de las más complicadas en el periodismo, porque hay que tener mucho conocimiento. No se puede improvisar”, opinó Rodrigo Lloret, jefe de internacionales de Perfil. “A eso hay que agregarle que el lector de política internacional está generalmente mucho más formado que el resto. Y eso también implica una vara más alta para los periodistas.”

Stella Calloni, al recordar los tiempos en que se consideraba “ratas de biblioteca” a los periodistas que se encerraban a estudiar historia de países remotos, enfatizó el arduo trabajo de formación constante que aún requiere la labor en el ámbito internacional. “El periodista internacional debe ser de una rigurosidad que lamentablemente se ha perdido. El aprendizaje es constante y cotidiano, no se puede perder ni un día. Los cambios que se van dando en el mundo también cambian el esquema de la información. Es un trabajo muy difícil pero cuando uno logra obtener esa mirada tan global, también tiene un contacto con el mundo muy distinto a lo que obliga la propia dinámica de la profesión”.

Del especial también participaron Marcelo Falak (Ambito Financiero), Cecilio Panella (Radio Provincia de Buenos Aires), Santiago Mayor (Notas), Juan Andrés Gallardo (Izquierda Diario), Raúl Zibecchi (Brecha), Gerardo Szalkowicz (Marcha) y Gabriel Puricelli (Le Monde Diplomatique), y se puede escuchar completo en la web de Radionauta FM.

Fuente: Página12, 13.4.16 por Federico Larsen, periodista especializado en política internacional, conductor de L’Ombelico del Mondo.

Periodistas con coraje contra el apagón de los totalitarios

Editorial

La liberación de los tres periodistas españoles secuestrados en Siria el pasado julio es la mejor noticia posible desde el punto de vista humano, pero también porque permite reivindicar la extraordinaria labor de informadores como ellos que se juegan la vida para ayudarnos a todos a comprender un poco mejor el mundo en que vivimos. Antonio Pampliega, José Manuel López y Ángel Sastre se sentirán hoy abrumados y seguramente incómodos por ser protagonistas de las noticias. Porque a ningún reportero de raza le gusta esa posición. Al contrario, su obsesión es la de ser testigos invisibles allí donde se produce cualquier hecho relevante para ejercer el periodismo con mayúsculas, entendido como el ejercicio de informar para fiscalizar a los poderosos, contar lo que a algunos no les interesa que se cuente u ofrecer un prisma distinto de la realidad, siempre poliédrica.

Para todo ello estaban los tres reporteros en Siria cuando fueron capturados hace 10 meses. Este país árabe se ha convertido en uno de los lugares más peligrosos del mundo para los periodistas -en estos momentos permanecen secuestrados más de 50 de distintas nacionalidades-. Y es que tanto el régimen de Asad como de forma especial los grupos yihadistas que se han hecho fuertes en algunos enclaves tratan de imponer un apagón informativo total que oculte la barbarie en la que se está desarrollando la guerra siria. Por ello tiene tanto mérito la valentía y el tesón de Pampliega, López, Sastre y tantos otros. Los tres, con amplia experiencia en coberturas en zonas en conflicto, trabajan como ‘freelance’ para algunos medios españoles. Una situación laboral precaria que, desgraciadamente, se ha disparado en el sector de los medios de comunicación de nuestro país desde el estallido de la crisis, y que contrasta con «la vocación de hierro» de los profesionales responsables y rigurosos que «elevan el periodismo», como destacó ayer la presidenta de la Fape.

Sobre el largo cautiverio y el operativo de su liberación poco se sabe aún, por elemental y obligada prudencia. Al parecer, los tres reporteros habrían estado «de casa en casa» encerrados en algún lugar en las inmediaciones de Alepo, la segunda ciudad siria donde grupos yihadistas como el Frente Al Nusra -la rama local de Al Qaeda- controlan algunos barrios. El Gobierno se ha limitado a explicar que en el rescate han participado numerosos servidores públicos, con una gran labor del CNI, y que ha sido importante la ayuda de países aliados como Turquía o Qatar. Cabe en todo caso reconocer el trabajo de nuestras autoridades en un asunto tan delicado como éste. Y felicitarse por un desenlace que felizmente también vivimos con la liberación de otros periodistas españoles como Marc Marginedas, Ricardo García Vilanova y nuestro compañero Javier Espinosa, a los que secuestró en Siria el Estado Islámico.

Reporteros Sin Fronteras y otras ONG llevan años alertando del aumento del número de países donde cada vez es más difícil ejercer el periodismo, lo que se suma al incremento de los ataques que sufre la prensa libre por parte de regímenes autoritarios en países supuestamente democráticos como Turquía o Venezuela, por citar dos ejemplos. Y, al mismo tiempo, la debilidad de muchas empresas de comunicación, zarandeadas por la inviabilidad económica o por la transformación de los modelos de negocio a los que asistimos, también perjudica la labor informativa. Pero, pese a todo, no cabe duda de que el papel del periodismo de calidad e independiente del poder es imprescindible en las sociedades modernas. Y el ejemplo de Pampliega, López y Sastre merece el reconocimiento del conjunto de la ciudadanía y debiera llevarnos a reflexionar sobre el deterioro que representa para la calidad democrática la prima del sensacionalismo y el espectáculo sobre el rigor informativo.                                                                                         Ante una noticia que nos produce tanta alegría como ésta no podemos olvidarnos de tantos periodistas que perdieron la vida tratando de buscar la verdad. EL MUNDO siempre tiene muy presentes a Julio Fuentes, Julio Anguita Parrado o López de Lacalle, al que ETA asesinó hace 16 años. Esta profesión es siempre una diana para todos los totalitarismos, del signo que sean. Pero ejercerla es desde luego la mejor forma de ayudar a construir una ciudadanía más responsable y libre.

Día del Periodista

En esta jornada se celebra el Día del Periodista porque en una fecha como hoy el presidente Mariano Melgarejo mandó a fusilar al periodista Cirilo Barragán “por un artículo que molestó a su dictadura”, siendo el presidente Germán Busch en 1938 quien lo estableció “en repudio a dicho acto dictatorial”, como nos recuerda la Asociación Nacional de Periodistas.

Más allá de una arraigada tendencia al martirologio que simboliza esa declaratoria, lo cierto es que un deber de este oficio es incomodar al poder. Es decir, nuestra obligación es develar los secretos que acompañan al ejercicio del poder (político, económico, cultural, gremial, sindical…), lo que, sin llegar, obviamente, a extremos, se traduce en la difusión de “malas noticias”, porque de las buenas, como resumió un colega argentino,  se encargan las oficinas de información y relaciones públicas del Estado y de las organizaciones de la sociedad en general.

Esa es una de las razones principales por las que desde el poder, a su vez, se tiende a limitar las libertades de investigación y expresión, que en un desarrollo de larga data y en medio de permanentes tensiones han sido reconocidas como derechos fundamentales de la persona, junto a las de opinión e información. Es decir, consagrar estas libertades como derechos humanos se sustenta en que para que la ciudadanía pueda obtener una buena información, quienes las seleccionan, jerarquizan y difunden, las deben ejercer en forma plena.

En este sentido, no está demás  recordar en el Día del Periodista que nuestra misión es informar de la mejor manera a la gente para que ésta pueda adoptar decisiones que le convengan. Y esta función implica una doble responsabilidad del periodista. La primera, la de cumplir en su trabajo cotidiano los principios ético-morales de la profesión. La segunda, la de comprender que hemos adoptado individualmente la decisión de ser periodistas; es decir, sin consulta alguna a la gente que se informa a través de nosotros.

No es poca, pues, nuestra responsabilidad, que, lamentablemente, tiende a diluirse en tiempos de cambio como los que estamos viviendo, en los que se pone en cuestión las libertades mencionadas bajo el argumento de que los intereses del “Estado o “el pueblo” (siempre abstracto) estarían por encima de los del ciudadano, lo que exigiría que periodistas y medios se pongan a disposición de los gobernantes de turno que se auto perciben como guías de la nación. Pero, también, desde organizaciones de la sociedad se buscan mecanismos de presión poco transparentes para que periodistas y medios se pongan al servicio de intereses concretos que poca relación tienen con el bien común.

En ese marco nos desenvolvemos los periodistas y debemos hacerlo en condiciones particulares entre las que destaca que trabajamos en contra del tiempo, lo que aumenta las posibilidades de cometer errores, sobre los que debemos dar cuenta diariamente.

Por lo señalado, en este Día del Periodista, quienes hemos optado por este oficio quisiéramos menos homenajes y más voluntad de respetar y hacer respetar las libertades de investigación, información y opinión, cuyo ejercicio garantiza que brindemos una buena información.

Fuente: La Prensa, 10.5.16

Día del Periodista Boliviano

Editorial

El 10 de mayo de cada año se recuerda el Día del Periodista Boliviano, fecha en la que Mariano Melgarejo mandó a ejecutar en 1865 al periodista Cirilo Barragán por un artículo que molestó a su dictadura; aunque fue recién en 1938 que Germán Busch dispuso que el 10 de mayo se conmemorara tal jornada.

Y, bueno, ahora estamos en 2016 y los artículos de los periodistas siguen molestando al poder. Pero en ese escenario, hoy hay de todo: están quienes realizan una labor de fiscalización, tratando de incluir a la parte y la contraparte; están los que ya no le ven casi nada bueno al Gobierno; están los que del otro extremo defienden totalmente al poder sin pensarlo dos veces y, para ello, la contraparte es cuento o se la pone en los últimos párrafos para que, mejor, no se la vea, y en las redes sociales también hay de todo.

Por si tal escenario confuso no fuera suficiente, ahí también están los grandes temas que en el caso de los medios tradicionales pasan a ser vivencia cotidiana: a la gente pareciera interesarle cada vez más la información vinculada a hechos de sangre y cada vez menos la destinada a temas económicos o políticos.

Y las redes sociales tienen, a su vez, sus propios bemoles porque, si bien estas le han dado al ciudadano el gran poder de manifestarse con total libertad, el uso arbitrario y desmedido que se hace en ellas está dando lugar a que mucha información sea puesta en duda, motivo por el que la gente más temprano que tarde termina verificando en los medios tradicionales si lo leído o escuchado es cierto o no, sobre todo con los temas vinculados a la salud, el medioambiente, la política y la economía. Por ejemplo, es común encontrar en las redes artículos sobre curas milagrosas del cáncer, del parkinson y otras enfermedades, los que provienen de medios que uno jamás escuchó mencionar y, por ese motivo, las personas terminan buscando en los medios tradicionales si aquello es verdad o no.

En ese sentido, los medios en internet a los que tanto parecemos temer los periodistas están empezando a desnudar sus debilidades como también ocurre con los medios tradicionales que se están yendo a un extremo o al otro de la información, olvidando los códigos de ética, porque, así como los lectores de las redes sociales ya buscan otras fuentes para confirmar la información que necesitan saber, también los que leen periódicos terminan migrando a otros si en lo leído la verdad o verdades se hacen dudosas.

Complejo el entramado en el que hoy tiene que vivir la labor periodística, de la que ya se ha dicho mucho, sobre todo en relación a su sobrevivencia en el mundo de la tecnología.

Sin embargo, en todo ese bosque cada vez se hace más evidente una advertencia y consejo de los expertos a nivel internacional: los medios tradicionales que sobrevivan a la larga será por su información de alta calidad y confiabilidad, y es en este punto donde los periodistas debiéramos jugar nuestra principal carta hacia el futuro.

No obstante, esta gran carta pasa, necesariamente, por la investigación que trate de darle a la gente la versión más cercana de lo dicho y sucedido. Difícil en momentos en que las empresas periodísticas viven contraídas en número de personal por la situación económica que deben enfrentar desde el año 2000.

En todo caso, lo que aún no está del todo claro es si esa labor periodística sobrevivirá junto con la estructura que la acompañó durante siglos: la empresa que gira alrededor del negocio de la publicidad y las ventas, porque es evidente que esta sí está en crisis desde hace muchos años.

Por tanto, los retos a los que hoy se enfrenta el periodista no son pocos ni pequeños y requieren de un gran dosis de trabajo, capacitación e, incluso, optimismo para enfrentarlos.

Fuente: Opinión, 10.5.16

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