El papa Francisco en los estudios de la radio

El papa Francisco consideró que la radio, la radio católica, es “el púlpito más cercano que tenemos hoy”, al visitar los estudios de Radio Catedral, del arzobispo de Río de Janeiro, en el marco de la visita apostólica que realizó recientemente a la ciudad carioca para presidir la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). En su visita a la emisora, el Papa valoró “el esfuerzo que hace esta arquidiócesis por tener una radio, mantener una radio y con una red tan grande” y pidió a los oyentes que trabajen “por esa palabra que hoy día no gusta: solidaridad”. Tras advertir que “es una palabra que tratan de dejarla de lado siempre porque es molesta”, aseguró que, sin embargo, es “una palabra que refleja los valores humanos y cristianos que hoy se nos piden para ir contra de la cultura del descarte”. “Una cultura que deja siempre afuera a la gente. Deja afuera a los niños, deja afuera a los jóvenes, deja afuera a los ancianos, deja afuera a los que no sirven, a los que no producen. Y eso no puede ser. La solidaridad pone a todos adentro. Seguir trabajando por esta cultura de la solidaridad y por el Evangelio”, subrayó.

En su visita a la emisora, el Papa destacó “el esfuerzo que hace esta arquidiócesis por tener una radio, mantener una radio y con una red tan grande” y pidió a los oyentes que “recen por mí, que recen por esta radio, que recen por el obispo, que recen por la arquidiócesis, que todos nos unamos en la oración y que todos trabajemos por una cultura más humanista, más llena de valores y que no dejemos a nadie afuera”.

Palabras de radio

“Buenos días, buenas tardes, a todos los que están escuchando. Les agradezco la atención a los integrantes de la radio la amabilidad de darme el micrófono. Les agradezco y estoy mirando la radio y veo lo importante que es hoy entre los medios de comunicación.

Yo diría, una radio, una radio católica hoy, es el púlpito más cercano que tenemos.

Es donde podemos anunciar los valores humanos, los valores religiosos y sobre todo anunciar a Jesucristo, al Señor, darle al Señor esa gracia de darle sitio en nuestras cosas.

Así que los saludo y les agradezco todo el esfuerzo que hace esta arquidiócesis por tener una radio, mantener una radio y con una red tan grande.

A todos los que están escuchando les pido que recen por mí, que recen por esta radio, que recen por el obispo, que recen por la arquidiócesis, que todos nos unamos en la oración y que todos trabajemos por una cultura más humanista, más llena de valores y que no dejemos a nadie afuera.

Que todos trabajemos por esa palabra que hoy día no gusta: solidaridad. Es una palabra que tratan de dejarla de lado siempre porque es molesta y que, sin embargo, es una palabra que refleja los valores humanos y cristianos que hoy se nos piden para ir contra de la cultura del descarte. Una cultura que deja siempre afuera a la gente. Deja afuera a los niños, deja afuera a los jóvenes, deja afuera a los ancianos, deja afuera a los que no sirven, a los que no producen. Y eso no puede ser. La solidaridad pone a todos adentro. Seguir trabajando por esta cultura de la solidaridad y por el Evangelio”.

Fuente: AICA, 2.8.13

Cuando la prensa tiene una verdad

por Jaime Durán Barba

En los países democráticos los medios de comunicación están manipulados por las corporaciones económicas y el imperialismo, son diversos, se contradicen, confunden a los lectores, los incitan a pensar. No pasa lo mismo en países como Corea del Norte, el modelo revolucionario más exitoso y longevo del mundo, en el que el pueblo es feliz, sabe la verdad y venera a sus líderes. La prensa estatal ocupa el 90% del tiempo para difundir sus biografías.

Todos saben que Kim Il Yong, hijo del fundador de la dinastía revolucionaria y padre del actual líder, caminó a las tres semanas de edad y empezó a hablar a las cinco. Todos los 16 de febrero, Día del Sol, se celebró fastuosamente su cumpleaños: los coreanos recibían doble ración de comida mientras los obreros de todo el mundo paralizaban las ciudades para celebrar al Amado Líder. En 1960 ingresó a la Facultad de Economía, se graduó en cuatro años, y aprovechó esa etapa de su vida para escribir mil doscientos libros y para componer las seis óperas más importantes de la historia de la humanidad. Tanta producción sirvió para que la Academia de Ciencias lo declarara “cerebro perfecto”.

No fue un orador muy vehemente. Pronunció su discurso más célebre en 1992 durante una parada militar en la que dijo por radio “gloria a los heroicos soldados del Ejército de Corea”. Aunque corto, el discurso fue emotivo y provocó un interminable aplauso de la multitud. En 1994 Kim fue por primera vez en su vida a un campo de golf, dio un golpe de bastón con el que hizo 11 hoyos y, habiendo roto los récords mundiales, se retiró del deporte. La prensa informó que Kim inventó una comida para los estudiantes coreanos: un pan cortado en dos con carne molida en el medio que el imperialismo copió y llamó “hamburguesa”. En todos estos casos el proletariado del mundo organizó manifestaciones multitudinarias para celebrar la genialidad de su líder. Desgraciadamente quienes estamos alienados por la prensa burguesa nunca percibimos estos eventos épicos.

Los Kim se interesan más en su modelo político-militar que en la gente. Sus Fuerzas Armadas, las quintas más numerosas del mundo, tienen un presupuesto exorbitante mientras 6 millones de habitantes padecen hambre extrema y muchos mueren por inanición todos los años. Eso es irrelevante porque la historia está sobre los individuos. Kim dijo que para que funcionara su modelo sólo se necesitaba que viviera el 30% de la población. La muerte de Kim Jong-il provocó escenas de dolor colectivo en las que se vio a millones de norcoreanos llorando desconsoladamente. Los que no dieron suficientes muestras de dolor fueron condenados hasta a seis meses de trabajos correccionales y a ser humillados en sesiones de escarnio público que se llevaron a cabo entre diciembre de 2011 y enero de 2012.

Según constó muchos años en la página del Partido Comunista, Kim nunca defecó. El dato desapareció después de un banquete en el que el imperialismo provocó un incidente gástrico que felizmente la prensa libre de Corea impidió que fuera conocido por la gente. La libertad de prensa en Corea puede ser un ejemplo perfecto de lo que quieren lograr los autoritarismos del siglo XXI latinoamericano con sus leyes de restricción a la libertad de expresión. Si lo consiguen, todos seremos felices por decreto y los iluminados podrán seguir en el poder por los siglos de los siglos.

Fuente: Perfil, 1.8.13 por Jaime Duran Barba, publicista, consultor de imagen y asesor político ecuatoriano

¿Periodismo o resurgimiento del pasquín misógino?

por Patricia Flores

El quincenario El Desacuerdo atentó contra la dignidad de Rebeca Delgado develando discriminación, misoginia y racismo, además de mellar la dignidad humana de una mujer, recurriendo a uno de los recursos más viles del machismo más primitivo, sumergirse en la vida privada como mecanismo de descalificación para anular su rol en el ámbito público y en la escena política. Para ello, El Desacuerdo apeló a un antetítulo y título con clara intencionalidad, descalificar, denigrar e injuriar: “Lo que todavía no se ha dicho del affaire Rebeca Delgado. ¿Qué será lo que quiere el negro?”.

Desde esas dos frases se invalida a Delgado como persona capaz de pensar y decidir por sí misma, y más aún, como mujer política y representante nacional para convertirla en un objeto manipulable, manipulada e instrumentalizada por “un negro”, un “otro” que desde las sombras de la escena político/partidaria y opositora ha desplegado sus mecanismos para utilizarla como instrumento de desestabilización, ya que las palabras que configuran antetítulo y título incorporan una carga simbólica de descalificación, con connotaciones y mapas de significados de menosprecio, misoginia machista, de discursividad feminicida.

Por ello, cuestiono la intencionalidad de instalar en la escena mediática un -supuesto- periodismo irreverente como El Desacuerdo, porque a todas luces la “distorsión” connotativa a través de intromisión en la vida privada de una persona se tipifican, en la normativa nacional y de los derechos humanos, como injuria y discriminación, aunque posteriormente se afirme que el artículo reconoce con generosidad los méritos de Rebeca Delgado como actora del proceso de cambio. ¿Generosidad ante la elocuencia de la historia?, ponderando además la iniciativa periodística encabezada por jóvenes menores de 30 años. Pregunto: ¿joven sinónimo de qué, de irresponsabilidad, de ausencia ética, de libertad irrestricta para denigrar?, ¿ joven para qué?, ¿joven de 30 años?

La ausencia de responsabilidad periodística, ética y social ha quedado en evidencia, la autora no está registrada en identificación ni en el padrón electoral, las argumentaciones de integrantes del consejo editorial hechas públicas a través de la red simplemente corroboran discriminación y misoginia con un subtexto que expresa su postura ideológica de desprecio a una mujer por su condición genérica y a la otredad entendida con su acepción más amplia, además de racista.

Necesitamos voces y miradas plurales, pero con responsabilidad social ante el trabajo periodístico, un periodismo respetuoso de la dignidad de las personas más allá de sus ideologías o posturas políticas y, por tanto, respetuoso de los derechos humanos de las personas por el simple hecho de ser humanas y humano. Necesitamos un periodismo que dé la cara, que no se escude en la cobardía del anonimato y la subestimación de los/las lector@s.

Fuente: Página siete, 7.8.13 por Patricia Flores es feminista y comunicadora social boliviana

La comunicación y la campaña política

por Juan Ignacio Issa

Edgardo Mocca, en su análisis político del domingo 28 de julio, señala con respecto a la comunicación de la oposición en la campaña legislativa que “todavía no apareció ningún spot capaz de explicar cómo puede construirse la nueva unidad nacional”. La hipótesis de esta columna es que ese spot no va a ser producido durante la campaña. Para sustentarla intentaré desarrollar algunos argumentos en términos generales sobre la función de la publicidad en la campaña y no un análisis de cada uno de los spots.

Primero: la publicidad política (spots, vía pública) funciona como un discurso que simplifica la complejidad social, fundamentado en una racionalidad creativa y estética, pero irracional en términos de propuestas concretas o de políticas públicas. La imagen no puede contener y expresar la dinámica política en su totalidad. Aborda temáticas que sirven para identificarse con la opinión pública, que responde a una estrategia de campaña, pero no trata temas complejos sobre el Estado, la sociedad y sus problemáticas. El candidato no profundiza sobre su programa partidario en una entrevista televisiva o en un spot publicitario. El tiempo mediático no se lo permite. El desarrollo de un discurso sobre propuestas o resoluciones racionales de problemáticas sociales, económicas, laborales, sexuales, ambientales, culturales, sólo se observa en espacios comunicativos periféricos, como por ejemplo la página web del candidato o los debates políticos. La comunicación, en cambio, se centra, en el plano de lo simbólico y la construcción de sentido.

Segundo: el spot publicitario es la arena comunicativa central del marketing político, donde prevalece la imagen por sobre el contenido. El marketing político se sustenta en un discurso despolitizante, dirigido a un electorado alejado de las ideologías, que cree en el mercado y no en la política como mediación central de las relaciones sociales y como herramienta de transformación social. En este sentido la publicidad se centra en un discurso antipolítico que señala que los debates ideológicos provocan desunión, conflicto y hasta distanciamiento entre amigos y familiares. Se construye una imagen con el objetivo de despolitizar al político, mostrarlo como una persona común. Pensando a lo común con foco en la preocupación por la vida privada, lo cotidiano, sin lugar para las propuestas colectivas. Por eso no puede narrar una propuesta de unidad nacional.

Tercero: la comunicación de la campaña es parte de la política como realidad compleja. Depende de ésta. Es una parte integrada a esa totalidad. Y el spot es sólo una instancia de la comunicación de la campaña. Tiene sus propias herramientas, su racionalidad, pero la publicidad es la expresión creativa del posicionamiento político del candidato. Posicionamiento que el candidato o el partido van construyendo históricamente. La publicidad termina siendo el resultado de un proceso complejo donde intervienen las características del candidato, el análisis del escenario coyuntural, las disputas hegemónicas, los conflictos, el posicionamiento histórico ideológico del partido y el sector social al que representa o intenta representar. O sea: no es simplemente ver qué dicen las encuestas o qué expresan los medios hegemónicos y a partir de eso adaptar el candidato a esas expectativas.

Coincidiendo con el análisis de Mocca, el problema de la oposición es político y se visualiza en su comunicación. No ha podido, ninguno de sus sectores, construir una alternativa propositiva al kirchnerismo. Esto sucede por la ausencia de un liderazgo, de alianzas territoriales, de integración de diferentes sectores sociales y de una estrategia que implica una visión de país, un modelo o proyecto de unidad nacional. En términos publicitarios no hay una afirmación de un proyecto superador al del Gobierno o de una nueva unidad nacional porque no se ha producido aún en el terreno político.

En estos últimos años la oposición se ha centrado en negar al kirchnerismo, criticarlo de manera permanente, pero se ha olvidado de producir política, construir un posicionamiento alternativo que pueda luego expresarse en la comunicación de la campaña. Es imposible hacer una campaña eficiente en dos, tres o cuatro meses si no hay construcción política durante las etapas no electorales. Eficiente no quiere decir ganar la elección, porque el resultado de ésta depende de múltiples factores, no sólo de la comunicación; eficiente en términos de lograr un posicionamiento claro del candidato para con la opinión pública. Para eso la comunicación debe estar supeditada a la política y no esperar que la comunicación haga lo que no puede resolver la política.

Fuente: Página12, 7.8.13 por Juan Ignacio Issa,  argentino politólogo y docente.

Marx, periodista

por Fernando Balseca

En 1849 Karl Marx fue expulsado de Colonia, según sus perseguidores de turno, por haber despreciado la hospitalidad del país debido a que él estaba comprometido con la publicación de prensa sediciosa. El último número de la Nueva Gaceta Renana, un diario que había fundado, salió impreso con tinta roja como una forma de protesta ante el abuso de autoridad del gobernante. El ejercicio periodístico en Marx, iniciado en 1842 cuando se incorpora a la liberal Gaceta Renana, fue indispensable para aclarar y formular sus propias tesis; también fue útil para darse cuenta de que la libertad de prensa era incompatible con los regímenes autoritarios y represivos.

Marx participó en la creación de varios medios impresos: la revista Anales Franco-alemanes y el diario parisino ¡Adelante!, en 1843; la Nueva Gaceta Renana. Revista Político-económica, en Londres, en 1850; escribió en el diario neoyorquino La Revolución; y, lo más importante, de 1852 a 1862 colaboró en el New York Daily Tribune, en el que mezcló el panfleto con las tesis analíticas. Los estudiosos de esta faceta poco resaltada aseguran que Marx llegó a interesarse por las cuestiones sociales no a partir de la filosofía, sino por su actividad periodística, que, finalmente, lo alineó con una defensa de la democracia y el socialismo.

Dos compilaciones de la obra periodística de Marx facilitan entender la importancia que le dio a la libre circulación de las ideas en los periódicos –La España revolucionaria (Madrid, Alianza, 2009), preparada por Jorge del Palacio, y Artículos periodísticos (Madrid, Alba Clásica, 2013), preparada por Mario Espinoza Pino– y nos ponen en guardia sobre la importancia de luchar contra toda forma de censura de prensa, embozada o descarada. No en balde los poderes políticos, ideológicos y económicos de su tiempo obstaculizaron su labor como periodista. El periodismo lo comprometió con una realidad que, a veces, no era vista dentro de los muros de las academias.

Una de las conciencias más despiertas del siglo XIX se forjó con la práctica libre del periodismo. “El periodismo de Marx es su laboratorio, su taller en la historia, donde crea hipótesis, recoge datos, elabora acontecimientos y se interroga por las causas de estos. Es el espacio donde se forjan sus ideas, donde emergen sus posiciones políticas de manera más viva. Uno de los lugares privilegiados para entender la praxis política y sus procedimientos de investigación”, dice Espinoza. “Marx cultivó un estilo periodístico vívido, directo y sin compromisos que supuso un verdadero quebradero de cabeza para las autoridades de la época”, afirma del Palacio.

En el gran escrito de Marx (y Engels), el Manifiesto comunista de 1848, se aprecia la prosa de un periodista, aunque no escapa aún de una actitud eurocéntrica. Justamente es la mirada del cronista político y del articulista la que irá ampliando la peocupación de Marx no solo por Europa, sino por América y Asia, y que le permitió una comprensión mundial de la esencia del capitalismo. Marx escribió sobre las economías nacionales, las revueltas e insurrecciones, la política internacional, la situación de la clase obrera. Junto al Marx filósofo y al Marx economista, existe también el Marx periodista que fue crítico implacable de la arbitrariedad despótica y reguladora del monarca.

Fuente: El Universo, 9.8.13 por Fernando Balseca, Poeta, ensayista y catedrático universitario ecuatoriano

Veracidad y contextualización

La Ley de Comunicación aprobada por la Asamblea ecuatoriana contiene las trampas de siempre para la libertad de expresión. Con la excusa de buenas intenciones, al parecer inobjetables, la normativa impone serias cortapisas a la prensa.

El texto legal caracteriza a los medios de comunicación como un servicio público “que deberá ser prestado con responsabilidad y calidad”. Es decir, prepara el camino para la intervención estatal cuando lo publicado, a juicio del gobierno, no sea responsable o carezca de la “calidad” esperada por los burócratas.

Ninguna crítica queda a salvo de un juicio de “calidad” y “responsabilidad” y todas corren el riesgo de ser suprimidas, sobre todo cuando la ley también exige circular información “verificada, contrastada, precisa y contextualizada”.

La nueva ley ecuatoriana parece un manual para infringir la mejor doctrina y jurisprudencia sobre derechos humanos. No resistiría el examen de ninguna corte especializada y es totalmente innecesario esperar futuras resoluciones para comprobarlo. Basta repasar las ya existentes.

Desde 1985, la Corte Interamericana de Derechos Humanos tiene establecido que la información no admite apellidos. La ley no puede pedirle ser veraz, precisa, oportuna ni exigirle ninguna otra condición. Hacerlo implica nombrar a un árbitro con facultades suficientes para establecer la imprecisión, impertinencia, falta de veracidad o de contextualización. Ese árbitro siempre tendrá en sus manos lo que se puede decir. En el fondo, será un censor.

La realidad es, por definición, más amplia de lo que puede ser reflejado en los limitados espacios de los medios, ya sean impresos o electrónicos. Cualquier descripción del universo necesariamente dejará por fuera muchas de sus partes. Siempre habrá, entonces, un motivo para acusarla de falta de contextualización o completitud.

Así como en la ciencia toda verdad es provisional, para la democracia toda verdad es discutible. Como la ciencia, la democracia apuesta al debate abierto para avanzar y los medios son el foro más importante de ese debate. Pero el debate democrático nunca podrá ser suficientemente amplio si la legislación parte de una exigencia de veracidad a ultranza, definida como una correspondencia total entre lo dicho y la realidad objetiva, sin margen de error ni lugar para matices, que condena al informador a ser un mero notario de hechos demostrables con prueba de valor judicial. Siempre habrá espacio para que el árbitro halle, desde su perspectiva, una razón para achacar falta de veracidad a la crítica.

Establecida la falta de veracidad, contraste y contextualización, el juicio de “irresponsabilidad” o falta de “calidad” está a un cortísimo paso. Solo estarán a salvo los panegíricos que complazcan el oído del árbitro. El resultado de una ley como la ecuatoriana es el más inicuo para la sociedad y, al mismo tiempo, el más favorable para el poder. La ciudadanía es la única legitimada para decidir sobre las cualidades de una información y a ella le corresponde escoger a cuáles cree y cuánto.

En Costa Rica, donde la fortuna de nuestras convicciones democráticas nos aleja de semejantes fabricaciones jurídicas, valdría en todo caso la pena imaginar cual sería la situación si rigiera una ley como la ecuatoriana.

Fuente; La Nación de Costa Rica,

The Washington Post en manos de un amateur

por Gonzalo Peltzer

Son señales fuertes para la industria de los medios gráficos de cada rincón del mundo, porque lo que ocurre en los medios de comunicación y el periodismo suele ocurrir primero en Nueva York.

La familia Graham vendió el Washington Post. Los Sulzberger, dueños del New York Times, se desprendieron del Boston Globe. Rupert Murdoch, Sam Zell y Ted Turner están desbaratando sus conglomerados de medios para separar la industria editorial de la audiovisual. Son señales fuertes para la industria de los medios gráficos de cada rincón del mundo, porque lo que ocurre en los medios de comunicación y el periodismo suele ocurrir primero en Nueva York.

Lo sabe cualquier comerciante: las cosas se venden porque alguien las compra y si son caras o baratas depende del momento, porque pueden ser caras mañana cosas que vendemos baratas hoy. El comprador del Boston Globe es John Henry, dueño de los Red Sox, el equipo de béisbol tradicional de Boston, y también del Liverpool de Inglaterra. Y quien compró The Washington Post es Jeff Bezos, el dueño de la principal vendedora on line de los Estados Unidos y el inventor de una de las tabletas electrónicas más usadas, el Kindle.

La irrupción de John Henry y Jeff Bezos en la prensa gráfica son claras señales del cumplimiento de una de las grandes profecías de Marshall McLuhan; quizá la menos conocida, porque no la ocupó para título de uno de sus libros, pero es un clásico… La digo así: quienes cambiarán a los viejos medios de comunicación no son sus dueños. Por razones genéticas las familias propietarias de periódicos insisten irremediablemente en las mismas recetas que hicieron grandes a los periódicos centenarios, pero que ya no funcionan. Ningún fabricante de hielo fue capaz de inventar el refrigerador doméstico y quebraron fabricando más hielo, más grande y más frío…

A McLuhan le gusta el caso de Michael Faraday. Dice el medio es el masaje que Faraday, igual que muchos otros grandes descubridores, llegaron a sus metas por intuición y por caminos laterales. Lo consiguieron por amateurs, por apasionados más que por profesionales. La palabra francesa, impuesta también en castellano y en inglés, es perfecta y describe la situación mucho mejor que la española aficionado. No es la afición sino la pasión la que consigue todos los descubrimientos, todas las innovaciones, todos los éxitos de este mundo. Y no es una novedad ni ahora ni en tiempos del genial McLuhan. La elocuencia es hija de la pasión, dice Lacordaire y tiene razón. Y Virgilio dice en la Eneida que la fortuna ayuda a los audaces…

Cuando un multimillonario compra un diario en Sudamérica siempre sospechamos, por lo menos un poquito, que salió a comprar un paraguas. Dice un viejo y riquísimo editor argentino que su diario nunca ganó dinero, pero que le hizo ganar muchísimos buenos negocios. Nos guste o no nos guste, el periodismo –no el medio- es un negocio de poder. Y a cualquier empresario grande le hace falta un pararrayos con el poder. En Europa, Estados Unidos y Canadá nadie se plantea que los otros negocios del dueño de los medios sean incompatibles con el periodismo. O se lo plantean pero les parece lo más bien. El dueño del BBVA (el banco más grande de España) es también dueño de catorce periódicos entre nacionales y regionales y otras 90 empresas de contenidos. En nuestra América, en cambio, prohibimos tener otros negocios a los dueños de los diarios y sus parientes más directos. Es la presunción universal de inocencia contra la de sospecha: nuestros gobernantes sospechan del paraguas y del pararrayos. En realidad sospechan de todos nosotros: somos delincuentes en potencia que andan sueltos, a pesar de todo lo que digan nuestras constituciones en sus declaraciones de garantías.

Dice Bob Woodward que Jeff Bezos es el mejor comprador para el periódico de los Graham. Woodward es ya un viejo periodista del Washington Post, que se hizo famoso gracias al caso Watergate que provocó la caída de Nixon. Bezos es un creativo de la gran siete y va a mejorar el periodismo en el diario. Se lo explico de este modo: las redes sociales han ensanchado el mundo. Lo que antes conocíamos bien hoy se nos escapa y esconde. Tenemos que volver a entrar en los vericuetos perdidos de la Casa Blanca y esos rincones ya no son de cal y canto.

Lo que más vale de The Washington Post es The Washington Post en letras góticas y con todo el glamur hiperamericano de su propia marcha militar compuesta por John Sousa. Bezos compró una marca, un certificador de noticias valiosísimo, y la compró a precio de ganga. Ni los Graham tienen idea de lo que vale, pero la vendieron cansados de perder dinero. Ellos no sabían qué hacer con el periódico, con la marca, con la marcha, ni con toda su redacción llena de periodistas de primera magnitud pero difíciles de tratar. Jeff Bezos, el amateur, sí sabrá qué hacer.

Fuente: El Universo, 11.8.13 por Gonzalo Peltzer, periodista argentino

El futuro en el que no iba a estar Ben Bradlee

por Juan Cruz

Han pasado solo cinco años desde que Ben Bradlee, sentado en su pequeño despacho de exdirector del Washington Post, dijera que se sentía feliz ante la evidencia de que el futuro del periodismo se iba a escribir sin él. Bradlee tenía entonces 88 años, el periódico que había dirigido en medio de las turbulencias del caso Watergate que tumbó a Nixon se adentraba en el océano de la disyuntiva papel / digital y él se dedicaba a vigilar que no se le escapara al diario de la familia Graham el talento que nacía en la prensa de provincias. Era en aquel momento el padre y el abuelo del Post.Ahora es probable que se sienta aún más antepasado.

En aquel entonces ya él estaba seguro de que Internet acabaría siendo el jefe del cuadro de mandos de la prensa, pero no vislumbraba que eso pasara sin lo que significaba la familia Graham, que durante ocho décadas se dedicó en exclusiva a favorecer el periodismo tal como lo concebían la matriarca Katherine y el propio Bradlee. Esa hora ha llegado, y lo que sucede no es tan solo una coyuntura empresarial. Cambia el concepto (y eso tiene que ver con la propiedad) y cambia todo: es una revolución, y no se sabe qué viento viene después.

Al tiempo que él hablaba de ese futuro hubo otro hecho simbólico de lo que pasaba en el otro lado del papel, el mundo del libro: el New York Times avisaba de que las editoriales, acuciadas por la crisis, habían dejado de comprar derechos extranjeros y además estaban clausurando sus comités de lectura. El papel empezaba a arrugarse en todas partes. Lo que sucede ahora, al menos en el periodismo, es un aviso; quizá se precipitan quienes crean que ya todo el papel está vendido, pero en esas estamos.

Era un terremoto que en aquel instante conocía, en el caso del periódico que ahora acaba de adquirir el dueño de Amazon, una sola certidumbre, a juicio de Ben Bradlee: la propiedad del periódico, y por tanto su dirección empresarial; por decirlo así, el rumbo que habían marcado sus fundadores. Dijo que el Post dependía de unas pocas acciones públicas, pero que los Graham (lo que significaban los Graham) tenían la última palabra, y además esa última palabra tenía que ver con el periodismo, no con ningún otro interés particular o público. “William Buffet tiene muchas acciones, pero no puede hacer cambios. Sin embargo, Don Graham, que también es dueño de muchas acciones, levanta un dedo y los cambios son un hecho. Es el jefe”.

Los buenos periódicos de Estados Unidos, aseguraba entonces el exdirector más famoso de la historia del periodismo mundial, “funcionan así”. “Nosotros somos uno de ellos. Otro es The New York Times, que pertenece a la familia Sulzberger”. De pronto, todo ha cambiado, pero lleva cambiando al menos un lustro desde que Bradlee dijo eso; y esta misma semana, después de que Jeff Bezos y Don Graham sellaran su acuerdo, el propio New York Times ha dado una noticia que hace un lustro también hubiera parecido insólita: el New York Times no está en venta.

Al tiempo que Bradlee decía que en todo caso estábamos viviendo “momentos buenísimos para el periodismo”, su colega (y amigo y coetáneo) francés Jean Daniel expresaba muy gráficamente qué iban a ser los periódicos que ni él ni Bradlee iban a ver en el futuro que ellos no iban a vivir. El veterano director de Le Nouvel Observateur levantó en vilo un ejemplar de Le Monde y exclamó: “Un día este papel será un suplemento de una web de Internet”.

Bob Dylan lo dijo, el poeta chileno Julio Numhauser lo dijo igual: todo cambia. Ahora todo cambia, no hay vuelta de hoja, dicho sea quizá también con respecto al papel. Que el dueño de Amazon sea el sucesor de los Graham al frente de un periódico que fue emblema de una era del periodismo abre tantas expectativas como incógnitas; Bezos dice que esos cambios se tendrían que hacer “sí o sí”, Don Graham explicó que solo un hombre como el constructor de Amazon sería capaz de llevarlos a cabo para salvar el Post.

En su despacho sin ventanas, el legendario Bradlee dijo aquel día, sobre el futuro del oficio, que la sustancia del periodismo era interpretar los hechos, ir más allá de las noticias que ahora ya no eran lo fundamental en los periódicos, pues estaban en la Red antes de que se dibujaran las páginas del papel. Hay que buscar el significado de lo que pasa, pues lo que pasa ya está contado; cada día, decía el maestro, hay menos historias que salgan en papel por primera vez… La misma noticia de la venta del Washington Post era vieja cuando la publicó el Washington Post. En cierta manera, como dijo Jean Daniel, en ese mismo instante ya el periódico era un suplemento de la web que habían escrito mucho antes los periodistas del Post. Ahora bien, como aconsejaba hacer Bradlee, había que despejar una incógnita: ¿qué significa este hecho? En eso estarán trabajando, y quizá tarden en concluir su investigación, los periodistas que heredaron el espíritu de Bradlee, Bernstein, Woodward y Graham.

Fuente: El País, 11.8.13 por Juan Cruz, periodista y escritor español

El director ejecutivo de Human Rights Watch y su mirada sobre la libertad de expresión

por Marina González

Los países de la Alianza Bolivariana para las Américas (Alba) “no creen en la libertad de expresión”, según José Miguel Vivanco, el abogado chileno que dirige la división Américas de Human Rights Watch (HRW), una organización presente en todo el planeta, que defiende los derechos humanos sobre la base de investigaciones que su personal realiza in situ. Tampoco se salva de críticas el gobierno de Estados Unidos.

 Fue abogado en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y cofundó el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL). la diaria dialogó con Vivanco, presidente ejecutivo de HRW para las Américas, durante su estadía en Uruguay, última parada de una gira por América Latina. Consultado respecto de las críticas a su organización según las cuales respondería a intereses de Estados Unidos, Vivanco destacó que son “interesadas” y que las hacen “aquellos que están incomodados por las críticas”. También destacó que su organización es independiente, que sólo acepta fondos privados, que trabaja e informa sobre todos los países y aplica “el mismo rasero” basado en valores “universales” de la legislación internacional. “No estamos ni para criticar ni para aplaudir a la Revolución Bolivariana [de Venezuela]: me tiene sin cuidado la Revolución Bolivariana, no me quita el sueño ni su futuro, ni el de Obama, ni el de Cristina [Fernández, la presidenta argentina], ni lo que va a pasar con el PT [Partido de los Trabajadores] en Brasil. Nuestro norte son los tratados internacionales en materia de derechos humanos y si Venezuela lo estuviera haciendo bien, lo diríamos, pero si se producen abusos, tenemos que decirlo”, dijo.

 En Estados Unidos, para Vivanco, “la cárcel de Guantánamo es una vergüenza y un ejemplo tangible del abuso de poder”, donde los presos están en un “limbo jurídico”, detenidos de manera “arbitraria”, y “muchos han sido torturados”. El abogado chileno destacó que los militares que administran Guantánamo estiman que “al menos la mitad de los detenidos son inocentes o no hay evidencia” en su contra. Para Vivanco, la existencia de esa cárcel “daña seriamente la credibilidad de Estados Unidos en el exterior y a nivel nacional”.

Ayuda al mensajero

 Otro tema candente en Estados Unidos es el del ex técnico de la Agencia Nacional de Seguridad Edward Snowden. Para Vivanco, Snowden alertó sobre “una masiva e indiscriminada violación de la privacidad de millones de personas, estadounidenses y extranjeras” y merecería “correcciones y hasta sanciones” en contra de Washington. También afirmó que los “ciudadanos de a pie” tienen derecho a la privacidad frente al Estado, a menos que existan sospechas fundadas.

“Snowden merece la protección judicial”, opinó Vivanco. Además, agregó que el hecho de que ese programa de espionaje sea legal y aprobado por el Congreso de Estados Unidos “en un proceso legislativo con grandes niveles de confidencialidad, no lo hace legítimo”. Obama dio la bienvenida a un debate sobre cómo equilibrar el derecho a la privacidad y a la libertad con el derecho a la seguridad. El viernes 9, día en que se realizó esta entrevista, anunció su intención de reformar el Patriot Act, aprobado en 2001, una norma que pretende dar al país “herramientas apropiadas para detectar y luchar contra el terrorismo”. Para Vivanco, la postura de Obama es “curiosa”, ya que Snowden no contaría con las garantías del debido proceso en Estados Unidos, porque la ley antiespionaje que se le aplica es “arcaica”. Existe un principio jurídico en Estados Unidos, según el cual, si uno viola un contrato en nombre de un valor superior, no puede ser perseguido por la Justicia, sino que, por el contrario, debe ser protegido. Para Vivanco, ése es el criterio que se debería aplicar al caso Snowden. Con la ley antiespionaje “lo más probable es que [Snowden] sea condenado a una pena de aislamiento prolongado […] algo que consideramos un trato cruel e inhumano”, dijo el dirigente de HRW.

Prioridades

 Vivanco calificó de “desastre” y “emergencia” la situación mexicana en materia de derechos humanos, debido a las “masivas y gravísimas violaciones a los derechos fundamentales” ocurridas durante la presidencia de Felipe Calderón. Para él, esas violaciones eran evitables y resultaron de una política “deliberada” del gobierno. La guerra contra el narcotráfico dejó 70.000 muertos y miles de desaparecidos -un informe del gobierno habla de 25.000 desaparecidos y extraviados en seis años-,
algunos por agentes del Estado y otros a manos de cárteles, recordó. El activista también dijo que hay “alrededor de 15.000 o 16.000 restos humanos no identificados, en fosas” que “nadie investiga”. Vivanco estima que la diferencia del actual gobierno de Enrique Peña Nieto es que “ha reconocido públicamente” el legado que recibió, mientras que a Calderón “le costó mucho” reconocer los problemas, aunque lo hizo en una reunión con HRW durante el último año de su mandato, luego de haber negado las denuncias, incluso públicamente y en presencia de Obama, por ejemplo, en Guadalajara, en 2009. Vivanco se alegró de que el actual gobierno mexicano intente “depurar” las listas de personas faltantes, se haya reunido con grupos de víctimas, anunciado procesos de investigación y realizado cambios en las políticas de guerra contra las drogas. Sin embargo, agregó que luego de ocho meses de gestión, aún no se puede sacar conclusiones. Además advirtió que el Ejército, que participa activamente en la lucha contra el narcotráfico, “no le rinde cuentas a nadie, nunca estuvo subordinado al poder civil, actúa con cero transparencia” y se ampara en la Justicia militar.

 México es una prioridad para HRW, al igual que lo es Colombia. En ese país, la organización es crítica respecto de la reforma del fuero militar. Desde 1997, las violaciones a los derechos humanos cometidas por el Ejército estaban a cargo de tribunales ordinarios. Pero esto se modificó, según Vivanco, “para lograr el apoyo de los militares al proceso de paz” entre la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el gobierno. El chileno dijo que esa concesión se hizo porque los militares aún abogan por una salida militar al conflicto. La reforma constitucional establece que sólo algunas figuras delictivas están excluidas del fuero militar (genocidio, desaparición, tortura, violación sexual, entre otras) y todo lo demás será responsabilidad de la Justicia castrense. A HRW le preocupa la dificultad que tendrán los abogados para lograr que los hechos se sometan a la Justicia ordinaria, ya que los fiscales militares serán los primeros en investigar.

 Para Vivanco, el reconocimiento de las violaciones de los derechos humanos cometidas por el Estado en el conflicto por parte del presidente colombiano, Juan Manuel Santos, “es parte del discurso” y falta “ver en qué se traduce eso”. Sin olvidar subrayar la importancia del “fundamental” proceso de paz, el titular de HRW también denunció una reforma constitucional aprobada en diciembre, que examina la Corte Constitucional: el Marco Jurídico para la Paz (MJP). Esta normativa establece que los grupos irregulares armados y agentes del Estado recibirán un “tratamiento penal diferenciado”, advirtió el abogado, que agregó que eso incluye a los paramilitares. Lo que hace el MJP “es concentrar las investigaciones por crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad en los ‘máximos responsables’” aunque “no está claro quiénes van a ser, pero se entiende que es un grupo reducido”, explicó el activista. Según él, quedarán impunes, por ejemplo, los encubridores, y quienes sean sometidos a un proceso penal “podrán quedar en libertad sin cumplir la pena, si cumplen requisitos que aún no se determinaron”.

Contradicciones

 En su país, Chile, Vivanco también ve dificultades en la jurisdicción aplicada a las fuerzas de seguridad. Los carabineros (la Policía militarizada) sólo pueden ser juzgados por la Justicia militar cuando se los acusa de un abuso. El abogado también criticó la ley antiterrorista que se aplica desde hace años, en particular sobre la población mapuche. Estima que no hay motivo, ya que Chile informa a la Organización de las Naciones Unidas de que no sufre ataques terroristas. “¿Si no hay terrorismo, por qué se aplica una ley antiterrorista?”, se preguntó.

 El director ejecutivo para las Américas de HRW fue expulsado de Venezuela en 2008 por haber hecho un informe crítico hacia el gobierno que en aquel momento encabezaba Hugo Chávez. Para él, en ese país se da “un caso extremo de concentración de poder” porque “no hay una institución democrática capaz de contrarrestar el poder del gobierno”. Vivanco dijo que desde 2004 la Suprema Corte está “intervenida” y “sólo convalida las políticas nacionales”. También denunció que el organismo que controla los medios audiovisuales puede aplicar sanciones y suspensiones, y se basa en leyes que condenan, por ejemplo, el hecho de generar “zozobra en la población”. Vivanco lamentó que haya una “polarización extrema” en Venezuela y la “falta de independencia de un árbitro institucional que pueda hacer respetar la Constitución chavista de 1999, que es garantista, con principios claves para cualquier democracia moderna violados a diario por el gobierno”. También dijo que sus equipos siguen “investigando constantemente” en Venezuela, “sin la autorización del gobierno, porque éste ha dictado decretos que dicen que los extranjeros que vayan al país a criticar la Revolución Bolivariana, serán expulsados”. Respecto de la oposición, Vivanco reiteró que la tarea de HRW es analizar las “prácticas y políticas públicas de los gobiernos” y no de las oposiciones, porque no se las puede “hacer corresponsables”, ya que “no están en el poder”.

Sobre las leyes relativas a los medios, Vivanco dijo que el problema “es en los países del Alba, que no creen en la libertad de expresión salvo para aplaudir al gobierno de turno”. Sin embargo, agregó que hay otros países, como México o algunos de América Central, donde “simplemente matan a los periodistas”, aunque no sea una política de Estado declarada.

Fuente: Señales, 8.13, por Marina González, periodista

El desafío del lenguaje en los medios

por Romel Gustavo Jurado Vargas

El desafío: renunciar a los lenguajes escrito, verbal y visual que están habitados por lugares comunes y por el uso de la descalificación e incluso el insulto, la violencia y la burla del otro como recurso fácil de una comunicación sin horizonte ni sentido social.

Uno de los mayores desafíos que crea la Ley de Comunicación, para muchos medios impresos y audiovisuales así como para los comunicadores que trabajan en ellos, es renunciar a los lenguajes escrito, verbal y visual que están habitados por lugares comunes y por el uso de la descalificación e incluso el insulto, la violencia y la burla del otro como recurso fácil de una comunicación sin horizonte ni sentido social.

Más de un animador, de los llamados programas de entretenimiento de radio y televisión, se niega a suprimir el uso de expresiones estigmatizantes o discriminatorias en contra de los afrodescendientes, las mujeres, las personas de la tercera edad, las personas con capacidades especiales, los indígenas, los extranjeros, porque cree que sin estos contenidos y sin la exhibición sexista de los cuerpos perderá la capacidad de “divertir” a sus audiencias y, más importante todavía, perderá sintonía.

Asimismo, más de un entrevistador de los llamados programas de debate político no puede entender su trabajo sin echar cizaña en el tratamiento de cada situación que lleva a su espacio de comunicación, ya por sí misma conflictiva o problemática. Estos presentadores creen sinceramente que traicionan su papel y defraudan a sus seguidores si no convierten la cabina de radio o el set de televisión en una arena de lucha en donde los concurrentes se agredan constantemente. Disfrutan y promueven los insultos y las agresiones verbales porque, de lo contrario, consideran que al debate le faltó sal, condumio o potencia.

No falta el narrador de crónica roja, redactor político, periodista deportivo o editorialista que llene sus textos de expresiones sardónicas, agresiones verbales e ironías innecesarias. Al parecer, ellos tienen la convicción de que la expresión escrita tiene que herir para servir.

Frente a este escenario, el art. 71 de la Ley de Comunicación propone que el lenguaje usado en los medios de comunicación, aun en espacios de entretenimiento, debe ser consecuente con el ejercicio de los derechos humanos. Esto implica conocer, interiorizar y usar el léxico que estos derechos nos proponen, por una simple y poderosa razón, este es el lenguaje del respeto y la convivencia civilizada.

La Ley de Comunicación también desafía a los medios de comunicación y a los ciudadanos para que construyamos audiencias críticas, esto es, que seamos capaces de interpelar la validez de los argumentos e ideas que circulan a través de los medios, que abandonemos la comodidad de ser receptores pasivos de la información y participemos activamente en la producción de sentidos, opiniones y reflexiones sobre lo que pasa a nuestro alrededor y nos afecta para bien o para mal.

También, la Ley de Comunicación establece que es responsabilidad de los medios de comunicación generar las condiciones para que los problemas o conflictos que se debaten en estos espacios sean tratados de forma deliberativa y con la finalidad de encontrar soluciones a los conflictos que hacen parte de nuestra vida social, económica y política. Nos propone una comunicación que sirva para la paz, la integración en todas sus formas, el diálogo de las diversidades que formamos este país y el respeto al Estado de Derecho.

Los medios de comunicación y quienes los habitan tienen –tenemos– el desafío de desarrollar lenguajes compatibles con lo que la sociedad y la ley esperan de nosotros. Tengo la convicción de que en poco tiempo estaremos a la altura de ese desafío, eso equivaldría a democratizar la comunicación no solo desde la perspectiva de la multiplicidad de voces, sino desde su finalidad social más trascendente: forjar las bases del diálogo orientado al entendimiento y a una convivencia cada día más humanizada y solidaria. En materia de comunicación, sin duda, somos lo que decimos.

Fuente: El Universo, 15.8.13 por Romel Jurado, ecuatoriano, profesor de posgrado y consultor en temas de derechos humanos y de la comunicación.