“La concentración de medios lleva a la concentración del poder político”

Aunque declinó opinar sobre la audiencia en la Corte, el guatemalteco Frank La Rue estuvo en Buenos Aires mientras la discusión sobre la vigencia plena del nuevo régimen audiovisual alcanzaba su punto máximo antes del fallo del tribunal supremo y accedió a exponer su visión sobre el pluralismo en diálogo con Página/12. Ahora trabaja en un informe sobre el derecho a la verdad clásico, relacionado con la verdad de las violaciones a los derechos humanos, y su relación con el derecho a la verdad como parte del acceso a la información pública. “Hay una derivación”, dijo el guatemalteco Frank La Rue, relator de la ONU para Libertad de Expresión en su visita a la Argentina. “Todos debemos protegernos mutuamente y cualquier ciudadano tiene el deber ético de denunciar violaciones a los derechos humanos, pero en el caso de los funcionarios públicos debería ser obligatorio. –¿Se puede actualizar la defensa práctica de la libertad de expresión y a la vez preservar principios como los de libertad, igualdad y fraternidad de la Revolución Francesa de 1789? –Los derechos humanos nunca son un regalo del poder, sino el resultado de una conquista popular. La discusión más antigua de los derechos humanos plantea cuándo empezaron. Porque la Declaración Universal de 1948 nos dio fue un instrumento relativamente universal tras el fin de la Segunda Guerra. El mundo quiso reaccionar ante los horrores y las atrocidades y decir: “Ahora estamos en paz”. Numerosos países en América latina, Asia y Africa fueron entrando mucho tiempo después en esa lógica. Y hasta la fecha hay discusiones que están resueltas teóricamente pero que no se han resuelto para algunos Estados en particular, como el relativismo cultural o la libertad de expresión. En Tailandia, por ejemplo, es delito de lesa majestad hablar mal del rey y les dan cinco años por cada expresión. Y para mí fue bien difícil explicarles que no, que el rey puede ser criticado y que el rey puede meter la pata, como otros reyes de otros países más cercanos nos han demostrado. Entonces, la verdad es que los derechos humanos empiezan con los seres humanos y luego está el fenómeno de codificación y sistematización para convertir a los derechos humanos en normas de convivencia. Los derechos inherentes a la persona humana empiezan con la persona humana. Arrancaron cuando el primer homo sapiens se paró en dos pies y caminó erguido y empezó a pensar. –¿Y cuándo empezó la libertad de expresión? –Es interesante porque, al leer libros sobre democracia, encontré que hay expresiones de democracia incluso en países a los que nosotros veíamos como “salvajes”. Por ejemplo, los países escandinavos en la época de los vikingos tenían parlamentos. Con el fuego en el medio, se juntaba la comunidad y hablaba todo el mundo. Y las decisiones eran colectivas. Otra cosa es que después fueran salvajes al hacer la guerra con otros. Hablo para adentro. Es decir que siempre, desde que los colectivos humanos empezaron a vivir como tales, tuvo que haber habido un nivel de entendimiento en la toma de decisiones. Y claro que siempre hubo autoridad y que la autoridad a menudo se impuso por la fuerza sobre los súbditos. Pero la existencia de algún nivel de discusión con algún sector es lo que hacía que las tiranías subieran y bajaran. Siempre hubo héroes de la revolución, rebeldes. Hubo pueblos en los que las mujeres tenían voz. Los celtas que vivían en Inglaterra se rebelaron contra el Imperio Romano dirigidos por una mujer. Y, a pesar de que esa mujer imponía su autoridad como reina, tenía un sistema improvisado de consulta popular con su gente. Cuando uno estudia Derecho empieza con el Código de Hammurabi, porque es la primera versión escrita que se tiene de normatividad, de normas de conducta. Pero probablemente hubo desde mucho antes normas de carácter oral que formaban parte de las tradiciones. Se trataba de una normatividad de convivencia. En muchos casos la gente las equipara con el Derecho Penal porque había “castigos” para el que se salía de las normas. Pero en el fondo, a la vez, muchas normas fueron protegiendo derechos humanos cuando buscaban establecer un nivel de convivencia que obligase al respeto mutuo en el ejercicio de ciertos derechos fundamentales. –O sea que usted, históricamente, no arroja nada bueno a la basura. –No, al contrario. Como yo creo en la humanidad, también creo que desde el principio los derechos humanos se basan en la protección de la vida y de todas las expresiones de la vida y de la dignidad del ser humano. –Definir vida en términos absolutos parece más fácil. Es la no-muerte. ¿Y dignidad? –Sí, por un lado está la definición por antítesis, pero al mismo tiempo hay que considerar que muchos elementos enriquecen la vitalidad. No es esencial que comas todos los días, pero ciertamente comer todos los días es fundamental. O tomar agua pura. O disponer de agua potable. Por eso es que la cuestión de la vida se va extendiendo. Para comer hay que tener trabajo. Tener trabajo implica otros derechos. Proteger la vida implica proteger la salud, tener agua potable, tener techo. Ahí están la vida y sus extensiones permanentes. La dignidad tuvo siempre más que ver con el hecho de que empezáramos a diferenciarnos como seres humanos. En la humanidad siempre se da una mezcla de lo religioso con lo humano y me da a mí la impresión de que las sociedades más primitivas fueron mucho más religiosas, obviamente, de lo que es la humanidad de hoy. Pero cuando ya hubo un colectivo humano y grupos pensantes, lo que los diferenciaba de manadas de animales era precisamente ese nivel de pensamiento, de entendimiento y de coexistencia. Eso implicaba que había un aprecio distinto del uno por el otro, lo cual suponía entender que el otro tenía la misma dignidad. De alguna forma, la vida física de él valía tanto como la de uno, por lo menos en el núcleo familiar inicial. Por supuesto, no olvidemos que eso es lo que también marcaba las diferencias y permitía a los vencedores esclavizar a los vencidos. Porque esa dignidad probablemente para ellos iba amarrada al ejercicio del poder. Y del poder de control de territorio y del poder militar. –Ya en la Relatoría, ¿cuál fue la peor experiencia en términos de violación de la libertad de expresión? –Cuando yo entré la libertad de expresión era de las cosas más complejas. Comencé pensando en que habría consenso de todos. ¿Quién iba a estar en contra de las libertades fundamentales? –Pensaba que no tendría trabajo. –(Sonríe.) No. Que sería más fácil de lo que fue. Pero resultó muy complejo y yo complejicé más porque, por ejemplo, los sectores más conservadores insisten en que la libertades fundamentales son sólo individuales. Siempre he rechazado esta visión. La libertad de expresión es un derecho individual, sí: el derecho de buscar información, de crear pensamiento propio y de expresarlo. Pero es también un derecho colectivo y un derecho social. Colectivo, porque uno se puede asociar para recibir información e investigar, o nos podemos asociar para expresarnos y hacer un pronunciamiento colectivo. Social, porque corresponde proteger el derecho de la sociedad de estar informada. Y ahí yo introducía siempre el tema de la ciudadanía, que tiene que participar. La verdadera democracia es la que tiene varios elementos, desde el marco legal hasta la institucionalidad fuerte, la credibilidad, la transparencia… Pero el factor más importante en la existencia de una democracia no es tener un sistema electoral, aunque por supuesto eso sea necesario. El elemento más importante es garantizar la participación ciudadana. Que el ciudadano o la ciudadana puedan decidir si quieren ser candidatos o no, si quieren participar en un partido político o no, si quieren criticar a sus dirigentes o a sus líderes, si quieren expresarse por una política pública, si les satisface o no les satisface, si quieren presentar sus demandas. Ahora, la participación ciudadana está vinculada con estar informado. Por eso incluía ta
mbién el tema de que ese acceso a la información, que es un derecho social, también está vinculado con la libertad de prensa, con todos los mecanismos sociales de comunicación que son los que trasladan información a la sociedad. De hecho, es el debate que tienen ustedes en la Argentina a partir de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. –¿Y cómo ve el relator nuestro debate? –La Unesco estableció que la información y los medios de comunicación tienen que operar con pluralidad y diversidad para que un pueblo pueda dar por satisfecho su derecho a estar informado. Tiene que haber diversidad de medios y pluralismo de ideas. Ese fue el avance de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual de ustedes. Dice que puede haber medios comerciales, como en cualquier parte del mundo, pero también tiene que haber medios no lucrativos, que pueden ser comunitarios o públicos, al servicio de la población. Y étnicos, porque todo grupo étnico tiene derecho a mantener su idioma, su lenguaje y su cultura, siguiendo los principios de la Declaración de Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos originarios. Además del ejercicio individual y del ejercicio colectivo de los derechos relacionados con la libertad de expresión, hay una tercera forma: ejercerlos como pueblos. Un pueblo tiene derecho a tener una identidad, a expresarla, a defenderla y a reproducirla. –Usted elogió la LdSCA desde un principio. ¿Sigue haciéndolo cuatro años después de su promulgación? –Sigo pensando lo mismo. No he querido pronunciarme sobre si se llevaron adelante las políticas derivadas de la LdSCA porque no sé. Pero la LdSCA fue un tremendo avance para América latina porque establece que, efectivamente, todos los sectores de una sociedad, como sectores, deben tener acceso a la propiedad de medios propios de comunicación social. Unos serán medios escritos, y eso no está en la LdSCA. Los medios audiovisuales sí están porque el manejo de las frecuencias electromagnéticas es propio del Estado: son recursos públicos. El Estado debe ser garante de que, en búsqueda del bien común, todos los recursos del Estado se utilizarán primero para el bien común y luego para uso de todo el mundo. Ahí es donde yo creo que hay que democratizar. La falla de todos los medios de comunicación social en todo el mundo, incluyendo América latina, es que progresivamente permitimos que fuera prevaleciendo la visión comercial. Aquel viejo truco de qué funciona mejor, si el Estado o el mercado, incluyendo las supuestas afirmaciones absolutas sobre que el Estado es inútil y no funciona y el mercado sí funciona; aquel truco, digo, es ficticio. El mercado sólo funciona con la lógica de rentabilidad y ganancia, que no es necesariamente la lógica del interés del común de la población. Los medios comerciales siempre jugaron un papel importante. Lo han hecho históricamente los primeros periódicos. Pero sí insisto en que no son sólo esos medios los que deben existir. Esos medios comerciales que fueron iniciados por personas con una verdadera vocación de informadores, de periodistas, se convirtieron en medios comprados por corporaciones financieras porque en el fondo se volvieron grandes inversiones. Entonces se fue perdiendo la vocación de ser periodista y se exacerbó la visión comercial. La noticia quedó deteriorada y se fortalecieron los Rupert Murdoch, los Berlusconi, que buscan vender pero no buscan informar. –¿Acaso el mayor negocio de Berlusconi es vender? –Lo que quiere Berlusconi es la concentración. Si no se evitan fenómenos de concentración de medios como el de Berlusconi, esa concentración de medios te lleva inevitablemente a la concentración del poder político. Por ejemplo, en mi país, en Guatemala, la televisión abierta es un monopolio unipersonal de Angel González. El no tiene ambiciones políticas, pero determina presidencias y candidaturas, porque eso lo perpetúa en el ejercicio de su provecho y sus intereses económicos. Asigna el tiempo de televisión a los partidos políticos y a los candidatos que él desea. Y lo hace normalmente con varios de los que cree que son futuros ganadores. Entonces, en el Congreso de la República, es imposible pasar una ley que rompa ese monopolio. La concentración del poder de medios lleva a la concentración del poder político, ya sea en ejercicio directo o no. En el caso de Berlusconi derivó en ejercicio directo del poder. Pero en otros casos es el ejercicio indirecto del poder político. Siempre existe el interés de jugar de titiritero: “Yo quiero ser el que controle la vida política de un país”. Y efectivamente las grandes concentraciones permiten eso. –Un contraargumento diría que, como el Estado es muy poderoso, puede hacer falta un poder equilibrante para garantizar la diversidad.
–Pero los monopolios de comunicación son malos, sean privados o públicos. Lo digo porque también está mal cuando el Estado lo quiere hacer todo o quiere hacer proselitismo en lugar de servicio público. Que haya de todo: empresas comerciales sin posibilidad de acumular ilimitadamente, el Estado, los medios comunitarios… Hay que discutir cómo se asigna la pauta publicitaria oficial. Fijar criterios es muy complejo aquí y en todo el mundo. El principio es fácil y la fórmula práctica concreta es difícil. Lo que sí es fácil es identificar cuando se da la inversa. En Guatemala un presidente llevó a la quiebra a una revista conservadora pero de calidad crítica, Crónica, quitándole todo anuncio oficial. –¿Cuáles son las peores violaciones a la libertad de expresión que vio durante su gestión? –En general, en Corea del Norte es muy difícil contar con un medio comunitario o expresar una opinión crítica. China va abriéndose al mercado liberal y más capitalista pero no fue abriendo el disenso en la misma forma. Un bloguero puede ir preso. Y los países con conflicto armado hacen que la libertad de expresión sea jugarse el físico. Birmania antes, Siria ahora. Lo mismo en países de naturaleza autoritaria como Yemen. Mantener la libertad de expresión implica articular con políticas de prevención. –Su síntesis sería “más prevención que Código Penal”. –Ah, por supuesto…. Y más campañas. Hice un informe sobre el discurso del odio, basado en el caso del joven noruego que asesinó a 93 personas, entre ellos muchos niños, porque se oponía a las políticas migratorias. Un Estado tiene que estar alerta ante el racismo y la xenofobia. –Usted siempre dice “Estado” y no “gobierno”. El Estado, por ejemplo en un país como la Argentina, tiene tres poderes. –Lo hago a propósito. Me interesa que muchas de estas decisiones no sean del gobierno, sino de la Justicia. Incluso ante fenómenos como el discurso del odio. Le temo a que quienes ejercen el poder político puedan utilizar mecanismos de origen legítimo para otros fines como censurar a la crítica o perpetuarse en el poder. Cuando uno es relator quiere hablar de la promoción y la protección. Pero está la realidad concreta. Ante eso mi posición fue que la libertad de expresión no es la culpable de los males o los discursos peligrosos. Hay que preparar al público para asumir un diálogo sano y limitar las prohibiciones a los mensajes que sí pueden hacer daño: que haya malicia, que haya riesgo de un daño inmediato, que el daño sea de tanta intensidad que ponga en peligro la propia libertad de expresión y que sea inminente y probable dentro de un contexto. Obviamente, un peligro siempre es la incitación al tráfico de niños o la violación de los derechos de la niñez. –El relator baja a la realidad. –Inevitablemente. Me pasó con el último informe sobre el Estado, la privacidad y la seguridad nacional. Salió antes del pedido de refugio de Edward Snowden en Rusia. Pero bueno, la función del relator es trasladar los principios de derechos humanos y aplicarlos a momentos históricos y realidades concretas. Defendí el derecho de WikiLeaks de difundir información. ¿Cómo puede ser condenable la publicación de filtraciones si eso es lo que hicieron Bob Woodward y Carl Bernstein en el Washington Post durante el Watergate gracias a Garganta Profunda? –Eso es WikiLeaks. ¿Y el caso Snowden? –Snowden reveló además que hay una política de monitoreo permanente y constante que violenta el derecho a la privacidad de extranjeros y de ciudadanos norteamericanos de forma sistemática. La denuncia sobre esa presunta violación de los derechos humanos es legítima y obligaría al Estado a hacer una investigación para determinar quién dio la orden de violentar un derecho. –La condena a 35 años al soldado Bradley Manning, fuente aparente de WikiLeaks, ¿vio algún derecho? –La sentencia emitida según el Derecho Procesal Penal Militar violó el principio de proporcionalidad. Sentencias en Europa por delitos similares fallaron penas de hasta siete años. La exorbitancia de la pena apuntó a intimidar. Eso tiene que ver con la libertad de expresión, porque la intimidación es para impedir el ejercicio de un derecho por parte de otras personas. –¿Cómo sintetizaría una descripción sobre América latina en materia de libertad de expresión? –Partamos la región en Cono Sur, zona andina, Centroamérica y México y Caribe. Los casos más graves son México y Honduras, no sólo en términos de muertes en general, sino medido en riesgo físico para periodistas. En México, además, o hay monopolio o hay duopolio y la discusión sería si entra a funcionar una tercera cadena de televisión abierta. Mi país, Guatemala, también vive una situación seria en este sentido y en el sentido de reconocimiento de los derechos de grupos étnicos. A tal punto que en Guatemala no existe la categoría de radios comunitarias o étnicas en un país donde más de la mitad de la población proviene de los pueblos originarios. –En México hubo 70 mil asesinatos en el mandato del presidente Felipe Calderón. Y para Guatemala, si uno hace un cálculo proporcional a la población, puede establecer que fue asesinado el equivalente de un millón y medio de argentinos. –Fueron 200 mil muertos y 45 mil desaparecidos. La Comisión de la Verdad de Naciones Unidas estableció que Guatemala es el único país de América latina que sufrió un genocidio en el siglo XX. El general Efraín Ríos Montt fue procesado por genocidio, aunque después la Corte anuló de manera corrupta la parte final del proceso y hay que repetirlo. –¿Cuál sería el problema en la zona andina? –Me preocupa mucho la ley de Ecuador, y lo discutí con el propio presidente Rafael Correa. Crea una superintendencia que se convierte en órgano de censura. No decide la Justicia, sino el Ejecutivo. –Claro. En cambio, en el Cono Sur yo felicité la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual argentina y sigo felicitándola. En Uruguay la legislación en debate va muy bien. Ambos casos son mejorables en cuanto a órganos reguladores o a alguna instancia más, pero las dos leyes sientan buenos precedentes en materia de democratización de los medios. Fuente: Página12, 2.9.13 por Martín Granovsky, periodista argentino

El 78% del mercado de diarios en el Perú quedaría en una sola mano

por Ángel Paez

El último 21 de agosto se produjo una operación comercial que derivaría en un radical cambio en el mercado editorial de los periódicos del Perú: el Grupo El Comercio adquirió el 54% del Grupo EPENSA. De consumarse, se produciría una concentración contraria a la característica pluralidad en una democracia
La Constitución señala claramente que la prensa no “puede ser objeto de exclusividad, monopolio ni acaparamiento, directa ni indirectamente, por parte del Estado ni de particulares”. Pero, el último 21 de agosto se produjo una operación comercial que derivaría en un radical cambio en el mercado editorial de los periódicos del Perú: el Grupo El Comercio adquirió el 54% del Grupo EPENSA. De consumarse, se produciría una concentración contraria a la característica pluralidad en una democracia. Los interesados en ocultar una verdad incómoda suelen lanzar rumores para que no se hable de la cuestión de fondo. Pero una vez disipada la cortina de humo, quedan en evidencia los hechos. El lunes 26 de agosto, en el suplemento económico del diario “El Comercio”, “Día 1”, bajo el título de “¿Grupo RPP con nuevo accionista?”, apareció la siguiente información: “En las últimas semanas ha circulado fuertemente el rumor de que un importante grupo español se habría hecho del 51% del Grupo RPP, propietario de las radios RPP, Capital, Studio 92, Felicidad y Oxígeno, además del canal de cable RPPTV”. El mismo día, el presidente del directorio del Grupo RPP, Hugo Delgado Nachtigall, difundió un correo electrónico interno en su empresa para rechazar vigorosamente la publicación de “El Comercio”. El tono del mensaje decía tanto como el contenido de la comunicación: “Quiero desmentir categóricamente lo descrito en esta nota, la cual carece de veracidad, no tiene ningún fundamento real y parece haber sido escrita con una intención clara de distraer a la opinión pública ante otro hecho reciente de adquisición del Grupo EPENSA por parte del Grupo El Comercio” (ver “Grupos El Comercio y Agois Banchero se asocian”). Delgado no sólo cuestionó la publicación de “Día 1” sino también deslizó el probable origen de la misma: que no se hable de cómo el Grupo El Comercio afirma que adquirió el 54% de las acciones del Grupo Epensa y cómo quedaría la oferta de periódicos en el Perú después de dicha cuestionada operación comercial del 21 de agosto. El propósito de la información de “Día 1” parece ser el mismo que soltó Jaime de Althaus en su programa “La Hora N”, el lunes 19 de agosto, días previos a que el Grupo El Comercio anunciara la compra del Grupo EPENSA, el miércoles 21 de agosto. De Althaus afirmó sin mencionar fuentes que detrás de la oferta del Grupo La República existia una componenda política en línea con los intereses del presidente ecuatoriano Rafael Correa. Días después, De Althaus desmintió gaseosamente la falsedad del dato, pero el daño ya estaba hecho.
El revés de la trama En ambos casos, para nada coincidentes, los dos medios del Grupo El Comercio difundieron información que luego sería desmentida sobre un acuerdo comercial. En el caso de los diarios no se ha reportado en su verdadera dimensión. ¿Gana o pierde la democracia con la compra? ¿Se afianzan las libertades de prensa, de expresión y pensamiento? ¿Ha sido afectada la pluralidad de los periódicos con la adquisición? Los números lo dicen todo. Los lectores poco o nada saben del impacto de la compra de acciones de Grupo EPENSA, que publica los periódicos “Correo”, “Ojo”, “Ajá” y “El Bocón”, que pasaría a manos del Grupo El Comercio. Como se puede observar en el cuadro adjunto, antes de la operación comercial, el Grupo El Comercio dominaba el 49.30% del mercado nacional de venta de diarios. Le seguían el Grupo EPENSA con 28.56% y el Grupo La República con un 16.39 % del total. Notoriamente el Grupo El Comercio controlaba casi la mitad del mercado. El proyecto de acuerdo entre el Grupo Epensa y el Grupo La República buscaba precisamente equilibrar la posición del Grupo El Comercio, lo que contribuiría a una competencia más sana en beneficio de la pluralidad de voces periodísticas, de los lectores y de los anunciadores entre otros. Sin embargo, eso no ocurrió. Al adquirir el Grupo El Comercio el 54% de las acciones del Grupo EPENSA. Esto es, por un lado, las publicaciones “El Comercio”, “Perú.21”, “Gestión”, “Trome”, “Depor”; y por otro, “Correo”, “Ojo”, “Ajá” y “El Bocón”, serían comercializados por un mismo grupo. De modo que se registraría una altisima concentración en la venta y comercializacion de periódicos que sería contraria al orden constitucional y que afecta seriamente el mercado de medios impresos en el país. El fiel de la balanza Por otro lado, la adquisición del Grupo EPENSA por el Grupo La República, reconfiguraba el mercado de esta manera: Grupo El Comercio con 49.30%, Grupo La República y el Grupo EPENSA con el 44.94% y otros diarios con el 5.76%. La intención de alcanzar el balance era evidente. Al comprar el Grupo El Comercio el Grupo Epensa, más bien se genera un desequilibrio extremo cuyas consecuencias no tardarán en evidenciarse. Tal como quedaría el mercado editorial de periódicos, con la posición de dominio de un solo grupo empresarial, dicha configuración no encajaría con la situación ideal descrita en el artículo 61° de la Constitución, que dice: “El Estado facilita y vigila la libre competencia. Combate toda práctica que la limite y el abuso de posiciones dominantes o monopólicas. Ninguna ley ni concertación puede autorizar ni establecer monopolios. La prensa, la radio, la televisión y los demás medios de expresión y comunicación social; y, en general, las empresas, los bienes y servicios relacionados con la libertad de expresión y de comunicación, no pueden ser objeto de exclusividad, monopolio ni acaparamiento, directa ni indirectamente, por parte del Estado ni de particulares”. La última vez que la mayoría de los periódicos estuvo bajo el control de una sola mano fue durante el régimen de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos (1990-2000), los que dispusieron de fondos públicos para comprar la línea editorial de algunos medios, como está judicialmente acreditado. Que el mercado editorial de periódicos esté altamente concentrado en un solo grupo económico, tampoco estaría dentro de los estándares internacionales sobre competencia. En el 2008, el Programa Internacional para el Desarrollo de la Comunicación (PIDC) de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), publicó el estudio “Indicadores de Desarrollo Mediático: Marco para evaluar el desarrollo de los medios de comunicación social”, donde menciona el concepto “niveles inaceptables de concentración” de la prensa. La Unesco señala claramente en ese ámbito que las autoridades “deben tener el poder de hacer desinvertir en las operaciones mediáticas cuando se amenace la pluralidad o se alcancen niveles inaceptables de concentración, e imponer sanciones cuando sean requeridas”.
El caso peruano excede lo que la Unesco llama “niveles inaceptables de concentración” de la prensa. Es una verdad incómoda que muchos quieren callar, pero que es necesario revelar.
Lo que dice la UNESCO sobre la concentración Según El estudio “Indicadores de Desarrollo Mediático: Marco para evaluar el desarrollo de los medios de comunicación social”, publicado por la Unesco en el 2008, una democracia se afianza cuando se toman medidas “para impedir la indebida concentración de la propiedad y promover la pluralidad” de la prensa. También plantea que “las autoridades responsables de ejecutar las leyes anti-monopolios cuenten con las atribuciones suficientes para exigir la desinversión en las operaciones mediáticas cuando la pluralidad esté comprometida o se alcancen niveles inaceptables en la concentración de la propiedad”. La Unesco resalta que las autoridades deben velar para “evitar las concentraciones excesivas de propiedad de los medios” y debe asegurar los canales necesarios para que “los grupos de la sociedad civil y la ciudadanía en general participe activamente de la promoción y ejecución de las medidas para fomentar el pluralismo mediático”. En cifras 44.30% del mercado de la venta de diarios sumaban La República y EPENSA. 49.30% es la participación que tiene El Comercio sin la compra de EPENSA. Grupos El Comercio y Agois Banchero se asocian Ambas compañías aseguran que desarrollarán sus actividades con normalidad y de forma independiente. El Grupo Agois Banchero anunció que llegó a un acuerdo de asociación con el Grupo El Comercio para el control de EPENSA, empresa que edita los diarios Correo, Ojo, Ajá y El Bocón. Dicho acuerdo, según se explica a través de un comunicado, contempla que el control de la línea editorial de los diarios de EPENSA seguirá en manos del Grupo Agois Banchero. Se informó que se separarán los negocios de EPENSA en dos empresas: una de contenidos periodísticos, donde la familia Agois Banchero tendrá el 100% de las acciones y otra de impresión y comercialización de los diarios y la publicidad, donde tendrá el 46%. El 54% restante será de la empresa industrial será de propiedad de El Comercio. Según explicó Luis Agois Banchero, Presidente Ejecutivo de EPENSA, la familia Agois mantendrá el control de la línea editorial, objetivo principal de esta operación, y podrá enfocar la compañía en la generación y edición de contenidos en las múltiples plataformas. “Avanzamos hacia un mundo en el que la capacidad de producir contenido relevante es el activo más valioso de una empresa periodística. La actividad central de una empresa periodística es generar para sus lectores información de valor que pueda ser, además, consumida en multitud de dispositivos, desde el papel a las tablets o los teléfonos móviles”, explicó Agois. Por su parte César Pardo Figueroa, gerente general del Grupo El Comercio, destacó la importancia de esta transacción ya que su grupo valora la gran presencia de EPENSA en provincia s y en los sectores emergentes que permitirá ofrecer a los lectores y anunciantes una oferta de mayor valor y relevancia. Luis Agois Banchero informó que el equipo periodístico a cargo de las publicaciones de EPENSA seguirá ejerciendo sus funciones de la misma manera en que lo han venido haciendo. Fuente: Diario La República, 1.9.13 por Ángel Paez, periodista peruano

Colesterol mediático

por Henry Medina, publicista peruano

Bill Bernbach, fundador de DDB Worldwide y uno de los personajes más influyentes en la era moderna de la publicidad, consideraba que quienes trabajamos con los medios masivos, somos quienes le damos forma a la sociedad. Podemos vulgarizar esa sociedad. Podemos brutalizarla. O podemos ayudar a elevarla a un nivel superior.                                                                          Todas las disciplinas humanísticas convergen en un solo concepto al respecto, y es que los medios de comunicación masiva influyen sustancialmente sobre las personas, modificando sus modelos de vida, sus elecciones, sus costumbres, el consumo y la opinión pública. La influencia es tan significativa sobre la forma de actuar o de pensar de las personas que incluso logra modificar la forma en que los hombres conocen y comprenden la realidad que los rodea.                   La vida en las sociedades avanzadas está totalmente mediatizada. Conocer los medios o instrumentos que se utilizan en la mediación social nos puede dirigir hacia objetivos positivos o negativos. La publicidad finalmente es como la comida. Dime qué consumes y te diré qué padeces. La sociedad, como el cuerpo humano, reaccionará a largo plazo con salud o enfermedad dependiendo de la calidad de información mediática que consuma.                           Utilizar la sátira de una cholita gritando y dando brincos por todos lados para vender no representa mínimamente la compleja idiosincrasia del mundo indígena, porque finalmente no es más que eso: una sátira de mal gusto con la que nos reímos de la misma manera que disfrutamos de una suculenta hamburguesa de fast food sin medir las consecuencias de su consumo a largo plazo.                                                                                                                         Cuando el argumento es tan básico como utilizar estas tres palabras: “pero eso vende”, personalmente me dan ganas de cambiar de carrera e irme a vender choripanes, porque le estaría haciendo el mismo daño a la sociedad, pero sin tener que esforzarme pensando tanto. Estos comerciales facilistas, de mal gusto; esos musicales sin sentido, ordinarios y simplistas, construyen una sociedad facilista, de mal gusto, con criterios sin sentido, ordinarios y simplistas.                                                                                                                                            ¿Que si una mujer desnuda inducirá a recordar una marca? ¡Seguro que sí!, ¡Como un escupitajo en tu mesa al invitarme a almorzar me hará igual de memorable! Generar identificación no pasa por reflejar el pico más bajo de la sociedad por considerarlo masivo, se trata de lograrlo desde lo más alto de esa sociedad, independientemente del nivel socioeconómico. Seguro que será una tarea más difícil, de mayor investigación, análisis, ejercicio empático y seguramente que nos equivocaremos varias veces en el proceso, pero debemos intentarlo para que nuestros productos publicitarios no se conviertan en un asesino social silencioso: colesterol mediático.                                                                                         Fuente: La Razón, 4.9.13 por Henry Medina, publicista peruano

Rumores, primicias, desinformación

por Sebastian Castelli

Un ser mitológico asoló Junín durante algunos meses, allá por los ochenta. El malandrín se desplazaba –dicen– de techo en techo dando gráciles saltos de acróbata. “En el Hospital Ferroviario hay una chica toda arañada, la atacó el hombre gato”, decían algunos. “Entró al gallinero de la tía de un amigo de mi viejo y se comió nueve gallinas y un gallo, a los pollitos no les hizo nada”, aseguraba otro. Cierta noche, a pocas cuadras del club Sarmiento, el vecindario boquiabierto apuntaba su mirada al cielo: alguien había visto al hombre gato alcanzar, de un solo brinco, alturas indecibles. En las redes sociales de la época –el bar, la verdulería, el consultorio, el almacén– no se hablaba de otra cosa. Cada parroquiano, cada cliente, cada esposa, cada amigo, aportaba su porción de relato. Como una alquimia colectiva y anómica, a paso de cangrejo se hilvanaba una gelatinosa narrativa deliciosa e improbable. El ubicuo sujeto atemorizaba casi al mismo tiempo distintos puntos de la provincia. Especulaciones y habladurías llegaban a la prensa gráfica que retroalimentaba la fábula. “Dicen que a maullidos y arañazos aterroriza Brandsen” (Diario Popular, 4/08/1984); “Tristán Suarez: con antifaz, capa y garras se arroja de los árboles” (Crónica, 29/11/1984); “Otra vez el hombre gato: patrullas de civiles armados recorren barrios de Burzaco tratando de sorprender al extraño personaje” (Diario Popular, 16/01/1985). En la era analógica las noticias demoraban, al menos, un par de horas antes de llegar a la imprenta. En TV, a lo sumo un breve flash adelantaba la exclusiva del informativo nocturno. Las andanzas del temible felino humano tardaban casi un día en ser devueltas –en formato periodístico– al público que las había generado. Las conjeturas y habladurías adquirían así la certificación de autenticidad mediatizada por los diarios. Los lectores, los vecinos, volvían a completar, reelaborar la noticia para mantenerla viva. Hoy, aquella dinámica del rumor cobra otra dimensión. A través de la fibra óptica, mediante bits y smartphones, se acelera el proceso y acentúan los errores. Advertimos cómo –casi a la velocidad de la luz– versiones y especulaciones se convierten en materia prima de portales y noticieros. La agenda –muchas veces– tiene por insumo básico y fuente primaria de información un tuit enfermizo, un delirio feisbuquero, un comentario blogueado por ahí. Así de rápido y furioso, de la nada misma se tejen hipótesis sobre un crimen (Angeles Rawson); se aventura acerca del destino de víctimas de un derrumbe (Rosario). Con la misma minuciosa irresponsabilidad llegan a aventurarse inverosímiles derroteros de familias abducidas por platos voladores (familia Pomar). En las urgencias y premuras entronizadas por la inmediatez de la web 2.0, cierto periodismo profesional se suma al juego de ver quién lo anuncia primero, lo que sea, pero primero. Jorge Luis Borges decía que el periodismo se basa en la falsa creencia de que todos los días sucede algo nuevo. En plena era digital, los plazos se acortan. Aunque no haya nada que decir hay que actualizar la web cada diez, veinte minutos; hay que transmitir noticias 24 horas al día. El resultado podríamos definirlo como inseguridad informativa: abunda el “sería, habría, podría”, sobran conjeturas y presunciones. Falta información. El rumor –afirmación presentada como irrebatible pero sin datos concretos que permitan verificar su exactitud– urdido como única fuente causa estragos entre la prensa y los públicos. La instantaneidad es un valor supremo que desplaza a las primicias clásicas, aquellas noticias que no habrían salido a la luz sin investigación. Las exclusivas generadas a partir de versiones rescatadas de la red se suman a las que el profesor Jay Rosen, de la Universidad de Nueva York, llamó primicias del ego: un periodista publica, antes que nadie, un tema que de todas formas iba a hacerse público. En esa absurda carrera, el yerro y la falacia rigurosa maduran con el vigor de un toro campeón. La información (y desinformación) que fluye por la web no lo hace en piezas acotadas, cerradas, definidas, sino que se desplaza como una baba vidriosa carente de mayor precisión que, lejos de ser desechada, es tomada como materia prima para una nueva noticia.
Llegados a este punto, comunicadores, académicos, públicos, empresarios y periodistas deben reflexionar acerca del presente y futuro de la prensa. Urge examinar prácticas profesionales y conductas éticas; definir prioridades y objetivos, cuestionar la esencia misma del periodismo como medio facilitador del derecho humano a la comunicación. Fuente: Página12, 4.9.13 por Sebastian Castelli, argentino, consultor, docente, investigador. Facultad de Periodismo y Comunicación Social, UNLP.

 

Santiago Cantón: "La concentración de medios hace muy difícil la pluralidad informativa

por Enrique Patriau

Santiago Cantón fue el primer relator especial para la libertad de expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). También ha sido, por once años, secretario ejecutivo de la CIDH. En la siguiente entrevista, este abogado argentino, actualmente director del RFK Partners for Human Rights, analiza la actualidad de la libertad de expresión en América Latina. Advierte que si bien hay avances, se mantienen pasivos, entre ellos los asesinatos de periodistas, las arremetidas del poder político contra el ejercicio de la prensa y la concentración mediática que perjudica la pluralidad informativa. ¿Cómo ve la salud de la libertad de expresión en América Latina? Yo creo que ese tema hay que verlo mejor desde un punto de vista histórico. Este año se cumplen 15 años de la creación de la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). En ese tiempo, ha habido avances muy importantes. ¿Cuáles? Entre ellos, varios países han derogado lo que se conoce como las leyes de desacato, que penalizan las críticas a los funcionarios públicos. Otros han aprobado leyes de acceso a la información. Hay una conciencia más amplia en la región de la importancia de la libertad de expresión. Eso ha sido un gran logro no solamente gracias a la relatoría, por cierto, si no porque estamos en una región con países democráticos. Pero los pasivos son enormes Por cierto. El primero es el asesinato de periodistas. Cuando fui relator me tocó un año en el que América Latina batió el récord mundial de periodistas asesinados. No digo que el récord se mantenga pero el problema persiste. Pasa en México, hay casos en Brasil, en Centroamérica. Honduras es el peor. A los gobiernos no les suele gustar la prensa crítica Y utilizan mecanismos sofisticados para tratar de capturarla. Ese es otro problema. Lo hemos visto en Venezuela, lo vemos claramente en Ecuador. A los gobiernos les molesta la prensa y buscan métodos para silenciarla. En el pasado ponían bombas,ahora se recurren a vías legales. ¿Cree que falta pluralidad en los medios latinoamericanos? Ese es otro gran desafío, sobre todo en una región tan diversa como la nuestra. En Guatemala hay más de 30 idiomas pero el 99 por ciento de los medios son en español. Que todos los sectores sociales tengan la posibilidad de expresarse es muy importante, sobre todo para la salud de la democracia, pero ello no se ha logrado. ¿Por qué motivos?
La concentración de medios lo hace muy difícil. Que una empresa concentre el 60% o el 70% (de medios), complica que otros puedan acceder a ellos. El reto es lograr la pluralidad sin atacar el ejercicio de la libertad de la expresión. Porque detrás de la excusa de romper monopolios, el objetivo real puede ser la persecución a medios críticos.
El Estado no debe intervenir de manera tal que se afecte a la libertad de expresión, pero tampoco es aceptable que exista una sola voz. En cada país el acceso a los medios difiere. Y es difícil establecer una regla general que abarque a todos. Pero lo que sí es una regla general, o debería serlo al menos, es que haya pluralidad. Y que exista un medio que tenga predominio casi absoluto sobre otros, es perjudicial para la libertad de expresión. Estamos frente a una distorsión cuando la gente escucha a una sola fuente de información. Supongamos que hay dos personas. Una tiene un altavoz, un altoparlante y la otra tiene que hablar a boca de jarro. Entre las dos, la única voz que será escuchada será la del altoparlante, a la otra no la escuchará nadie. Y esto no es correcto porque todos deberían estar en igualdad de condiciones. El poder económico en la concentración mediática es decisivo. ¿Imponer límites desde el Estado no afectaría el derecho a la libre empresa. Es que es un problema cuando el único factor que hace que uno acceda o no a los medios es lo económico. Nuevamente, eso perjudica a la pluralidad. El Estado tiene la obligación de regular los criterios para distribuir licencias de radios y televisión abierta, sin embargo esa regulación no puede basarse simplemente en función de quién es el que paga más. Hay que tener en cuenta otros factores más democráticos y eso, en general, no ocurre en la región. En algunos países una sola persona es dueña de los cuatro o cinco canales de televisión más importantes, ¿y eso que implica? Que esa persona decide prácticamente quién va a ser el próximo presidente. De acuerdo, aunque insisto, ¿la regulación no puede ser un arma de doble filo? Siempre habrá gobiernos que quieran aprovecharse en nombre de la pluralidad Los contextos nacionales son muy importantes y es necesario en este tema un debate nacional, una consulta popular. Porque, es cierto, a veces lo que está detrás de esas leyes es el ataque a los medios críticos a los gobiernos. El Estado tiene un rol clave en asegurar de que cualquier reglamentación sea democrática y que la distribución de medios sea realmente equitativa. Tienen que existir criterios. No sé: que ningún medio tenga más del 30%, o más del 40% (de concentración). Son ejemplos nada más. Claro, si un medio tiene el 70%, el 80%, ahí sí hay una distorsión evidente. ¿Usted cree que también debería intentar regularse la publicidad estatal? Ese es otro enorme desafío. Muchos de nuestros diarios, sin la publicidad estatal, sencillamente dejarían de existir, y por eso es utilizada como arma, para asegurarse de que no haya cuestionamientos en contra de los gobiernos. Considero algo fundamental que haya pautas, realmente democráticas, para la distribución de la publicidad estatal. Usted es argentino. En su país hay un debate intenso sobre la ley de medios, que enfrenta al gobierno de Cristina Kichner con el Grupo Clarín. El régimen plantea que la norma permite terminar con la concentración mediática. Clarín responde que es un peligro contra la libertad de información

Efectivamente, se han realizado las audiencias públicas. Es un tema sobre el que no hay mucha jurisprudencia. Justo la Corte Interamericana va a estar decidiendo este año casos importantes, entre ellos el del canal RCTV de Venezuela (cerrado en el 2007). Lo que le puedo decir es que los contextos varían de país a país. Usted ha sido secretario ejecutivo de la CIDH. Leí declaraciones suyas en las que afirmaba que algunos países mantienen una ofensiva contra la Comisión Hay movidas de países para debilitar el sistema interamericano de derechos humanos, en particular a la Comisión. Y desde antes. A mí me tocó, por ejemplo, cuestionar a Alberto Fujimori por el tema de la libertad de expresión en el Perú. Él me respondió que sí había libertad irrestricta de prensa, y puso como prueba la publicación de medios críticos a su gestión. Yo le respondí que la libertad de expresión no se mide por la cantidad de medios críticos. Se mide más bien por la cantidad de medios silenciados o perseguidos. En particular, hay un interés manifiesto por debilitar a la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión Toda la avanzada en contra de la relatoría surge de dos países, Ecuador y Venezuela, porque es ahí en donde más conflictos hay por temas vinculados al ejercicio de la prensa. Todo indica que la voluntad de esos Estados no es fortalecer a la relatoría. Por el contrario, buscarían debilitarla. Hasta el momento no se ha avanzado en este esfuerzo, aunque si le quitaran sus recursos perdería la vigencia que ha tenido en estos últimos quince años. La Relatoría Especial para la Libertad de Expresión se inaugura con fuerza en Perú, en 1998, en la época del fujimorismo. Es la primera vez en la historia que una relatoría visita a un país y cuestiona a un presidente. ¿Dice que este ánimo contrario a la relatoría ha podido detenerse? Sí, pero en realidad estas cosas nunca terminan. A finales de los noventas fue Perú, ahora es Ecuador, mañana será otro. Hasta ahora el sistema ha logrado sobrevivir, y eso es lo más importante. En general, la relación entre la Comisión Interamericana y los países de la región siempre ha sido algo tensa. Y es la Comisión el organismo más importante de la Organización de Estados Americanos (OEA). No solamente es el más importante, es el único importante que tiene la OEA en este momento. Mencióname otra cosa que haga la OEA y le doy un premio. ¿Cómo aprecia la relación del Estado peruano con la Comisión Interamericana? A partir de la caída de Fujimori todos los gobiernos han tenido un diálogo con el sistema interamericano de derechos humanos, el de Alejandro Toledo, el de Alan García. El gobierno actual, del presidente Ollanta Humala, es verdad, ha mostrado una posición más crítica y virulenta por ciertos casos que la Comisión ha presentado ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Entre ellos, se encuentra el de Chavín de Huántar Habría que decir algunas cosas. Primero, que el gobierno peruano podría haber resuelto sus casos antes de tener que ir ante la Corte Interamericana. En segundo lugar, lo bueno de la Corte es que si el gobierno está convencido de que tiene razón puede defender su caso, demostrar su posición y ganar. Por ese motivo no entiendo la razón de tanto nerviosismo. Le diría que nuestra historia es trágica en materia de los derechos humanos, sin embargo la región latinoamericana ha logrado avances extraordinarios en los 20 años recientes. El ejemplo de Barrios Altos y La Cantuta ha dado la vuelta al mundo. Que un ex presidente detenido en un país vecino sea extraditado con base en la decisión del sistema interamericano, eso no existe en otro lugar del mundo. Algo así tiene que ser reconocido y apoyado. Fuente: La República, 3.9.13 por Enrique Patriau, periodistas peruano

 

Periódicos juguetes de multimillonarios

Pocas personas saben hoy que cuando se crearon las primeras agencias de noticias en el siglo XIX, la Havas francesa y la británica Reuter dividieron el mundo entre ellas. La división siguió las fronteras de los dos imperios coloniales, escribe Roberto Savio (IPS) desde San Salvador. América Latina fue a parar a manos de Havas, mientras Reuter se quedó con Estados Unidos. La primera agencia estadounidense que rompió el monopolio fue la United Press International (UPI), alegando que Estados Unidos no podía ser visto a través de los ojos británicos, un argumento muy parecido a la queja del Tercer Mundo contra el monopolio de información del Norte. En el mundo de los medios, esta agencia era considerada un gigante, por lo que fue una sorpresa cuando en 1985 un millonario mexicano, Mario Vázquez Raña, compró la UPI por 41 millones de dólares y pronunció la célebre frase: “Yo tenía dos jets Falcon. Vendí uno y compré la UPI.” Desde entonces, la concentración de medios en manos de multimillonarios ha proliferado. Los casos de Rupert Murdoch y Silvio Berlusconi son los más famosos. Algunos observadores ven en esto un giro a la derecha, impulsado por los que tienen dinero. No se trata de una teoría conspirativa. Simplemente 100 poseedores de un Ferrari tienden a tener una visión más coincidente sobre las cosas que, por ejemplo, los dueños de 100 Volkswagen.
Estados Unidos es un buen observatorio del mundo de la información. En efecto, la expresión medios de comunicación de masas (“mass media”) fue acuñada en ese país debido a que las ventas de los medios debían ser grandes para considerarse viables. En Europa, los medios no se dirigían a las masas. El famoso Times de Londres (ahora en manos de Murdoch) vendía unas 50.000 copias y sus lectores eran la elite del Imperio Británico. Los periódicos europeos eran culturales, con artículos largos y bastante analíticos. Los medios de comunicación estadounidenses partieron en la dirección opuesta y así nacieron los mass media. En las últimas semanas, una impresionante serie de prestigiosos periódicos estadounidenses fueron comprados por multimillonarios. El caso más conocido es The Washington Post, considerado el diario más influyente junto con The New York Times. Durante los últimos 80 años, el Post estuvo en manos de la misma familia, los Graham. Jeffrey Bezos, fundador de la Amazon, lo compró por 250 millones de dólares, cifra que representa uno por ciento de los 25.000 millones de su fortuna personal. Amazon cuenta con una capitalización de mercado de 128.370 millones de dólares. La venta incluyó en el paquete otros varios periódicos locales, evaluados hace 10 años en 5.000 millones de dólares. Este hecho es el golpe de muerte definitivo para los periódicos de propiedad familiar. Hubo un tiempo en que los Chandler eran propietarios de Los Angeles Times, los Copley del San Diego Tribune, los Cowles del Minneapolis Star Tribune y los Bancroft de The Wall Street Journal (WSJ). Aquellas familias defendieron la independencia y la identidad de sus periódicos. Es patente la diferencia entre el WSJ en los tiempos de los Bancroft y el de ahora, propiedad del omnipresente Murdoch. The Boston Globe fue comprado por otro multimillonario, John Henry, por apenas 70 millones de dólares. El New York Times había pagado 1.100 millones de dólares en 1993 por el Globe. ¿Hasta cuándo seguirá siendo el NYT la última referencia del periódico familiar, en este caso propiedad de cuatro generaciones de la familia Sulzberger desde 1896? El NYT no sufre pérdidas, pero no deja de ser un pez mariposa en un mundo de tiburones. Tiene una capitalización de mercado de 1.670 millones frente a los 56.663 millones de activos de la Murdoch News Corporation, los 27.000 millones de la familia Bloomberg, los 93.860 millones de Facebook, o los 282.040 millones de Google. Dicho de otra forma, hoy en día la palabra la tiene el dinero. Y, según parece, la batalla por el futuro se librará en Internet. La Alianza de Medios Auditados informó recientemente sobre una reducción drástica en las ventas de revistas. Newsweek fue comprada en 2010 por un dólar, mientras otras revistas, como Vogue, Vanity Fair, Metropolitan y People, siguen por igual camino. Según la misma fuente, en Estados Unidos las suscripciones en línea subieron de 5,4 a 10,2 millones en el último año. El NYT ha superado ya los 60.000 suscriptores gracias a una agresiva campaña en línea. Están seguros de que esto garantizará la viabilidad a largo plazo del periódico y así descartan la posibilidad de venta. Pero lo que se avecina en el horizonte es que la línea que separaba los medios de comunicación en cuanto a contenido, de las redes de distribución, se está volviendo borrosa Google, Facebook, Microsoft y Yahoo buscan más noticias para transmitir, y más publicidad. Con la compra de Youtube y Zagat, Google se ha trasladado de lleno al campo del contenido. Yahoo ha comprado un nuevo un sistema de microblogging que permite que 119 millones de usuarios publiquen rápidamente palabras e imágenes, por 1.100 millones de dólares, más del triple de los precios combinados de la venta del Post y del Globe. Nada más demostrativo de cómo los nombres de prestigio están a precio de saldo. Sin embargo, los suscriptores en línea representan un cambio antropológico en relación al antiguo lector. Las suyas son mentes inquietas, ansiosas por cambiar de página, y esto hará que se reduzcan progresivamente los artículos extensos y los análisis. Este proceso se acentuará a medida que avance el cambio generacional. Un estudio detallado de la Universidad de París señala que entre las personas de entre 14 a 16 años se observa un período de atención más corto que el de sus padres, algo que cualquier profesor puede confirmar. Asimismo, para los jóvenes está desapareciendo la frontera entre el periodismo tradicional y profesional y el llamado periodismo ciudadano, practicado por cualquier persona que quiera publicar noticias y fotos en la red. Como resultado, cualquier texto de más de 850 palabras (como este artículo resumido a 1.009), se considera excesivamente largo para ser publicado. ¿Presagia esto un mundo mejor informado y más consciente?
Fuente: Periodistas en español, 7.9.13

¿Qué pasó el 11 de septiembre?

por Diego Ezequiel Litvinoff

Cada vez resulta más evidente que los hechos ocurridos el 11 de septiembre de 2001 dieron inicio a profundas transformaciones en las formas de ejercicio del poder. Los símbolos de la fuerza, el uso del cuerpo como potencia y su vigilancia objetiva, comenzó desde entonces a ser reemplazado por el símbolo de la vulnerabilidad, la subjetividad indignada y asustada y la utilización política de la información íntima. Doce años después de esa fatídica fecha, sin embargo, aún no se sabe exactamente qué ocurrió. La versión oficial, que ofrece una visión simplista dejando de lado datos significativos, fue difundida a través de los medios masivos de comunicación, que ocultaron sus contradicciones. Nada dicen, por ejemplo, de lo que le sucedió a la Torre 7, un rascacielos aledaño a las Torres Gemelas que, aunque pocos lo saben, también cayó ese día sin haber sido impactado por aviones.

Pero la estrategia más eficaz para invisibilizar los cuestionamientos consistió en catalogar de conspirativa a cualquier explicación que no se ajustara a lo que se difundía por los medios. Si es cierto que todas esas versiones, postuladas por familiares de víctimas, científicos –como Steven Jones o Judy Wood– y ciudadanos críticos, comparten su cuestionamiento a los informes oficiales, no existe sin embargo una mirada homogénea. A su vez, como muchos de ellos ironizan, entre todas las explicaciones que se dieron sobre lo ocurrido ese día, la más conspirativa es precisamente la oficial: diecinueve fanáticos dirigidos desde una cueva en Afganistán violan la seguridad del Estado más poderoso de la historia y alcanzan casi todos sus objetivos, entre ellos el Pentágono, el edificio mejor custodiado del mundo, guiados por un odio hacia la cultura occidental.

Excluidas del discurso mediático dominante y estigmatizadas como conspirativas, estas versiones encontraron en los medios alternativos, como documentales y videos difundidos por la web, los canales para expresar sus ideas. En 9/11 Press for Truth aparecen los cuestionamientos que hacen las llamadas “viudas de Jersey”, que se preguntan si se sabía con antelación que se estaban planeando los atentados. Lo justifican indicando la rapidez con la que apareció el nombre de Bin Laden ese día y la revelación de que se habían hecho advertencias. Otras versiones, como las que aparecen en 9/11 Mysteries y Painful deceptions, sostienen que no se trató de complacencia, sino que los sucesos de ese día fueron orquestados, directamente, por sectores del Estado norteamericano. No sólo denuncian la completa

inoperancia de los aviones de defensa, en una extraña jornada de numerosos ejercicios de simulación bélica. Remitiéndose al relato de los testigos, los principios de la física y las imágenes de la caída de las Torres Gemelas y la Torre 7, postulan además que sólo pudieron haber sido derribadas por medio de explosivos. El extraño agujero que apareció en Shanksville, sin rastros evidentes del avión que los pasajeros habrían estrellado para evitar más víctimas, puede verse en 11 Settembre 2001 Inganno Globale. En Loose Change se revelan documentos históricos que planean autoatentados y un escrito particular en el que miembros de los sectores conservadores presentaban un programa de defensa, arguyendo que, para que los cambios sean radicales, debía producirse un nuevo Pearl Harbor. En September clues y 911 The great american psi opera se muestra cómo se manipularon las imágenes televisivas de ese día por medio del montaje, la pantalla en negro, el color y el sonido. Estos documentales llegan a afirmar que no pudieron haber sido aviones los que se estrellaron contra las Torres Gemelas, porque al ser éstos de un material blando no las penetrarían, y que se utilizaron animaciones, creadas por programas de computación, para ocultar misiles o simplemente bombas. Entre otras evidencias, ofrecen el diálogo, en el lugar de los hechos, entre un reportero de Fox News y un testigo presencial, que interrumpe su exposición diciendo que no hubo avión, sino que el edificio explotó, a lo que el reportero responde: “Lo vimos en televisión”.

Más allá de adherir o no a alguna de estas hipótesis, lo que ellas dejan claro es que los sectores dominantes no se preocuparon por encontrar la verdad. Mostrándose vulnerables, los poderosos se valen de los medios masivos como su principal instrumento, generando miedo e indignación y encontrando allí la justificación para la guerra y el avasallamiento de la intimidad. Resistir a ese poder exige muchas y complejas tareas, pero siendo ese día un momento clave para su consolidación, una de ellas parece simple. Consiste, solamente, en realizar(se) una pregunta: ¿Qué pasó el 11 de septiembre de 2001?

Fuente: Página12, 11.9.13 por Diego Ezequiel Litvinoff, sociólogo argentino

Comunicación tradicional

Por Enrique Ayala Mora

Todas las sociedades humanas desarrollan formas de comunicación social. En la Época Aborigen estaban ligadas a las formas de producción, al desarrollo de la agricultura, a la relación entre comunidades y señoríos, a las prácticas de guerra, a las ceremonias religiosas. El uso del “churo” para convocar a la gente viene de siglos. Los pueblos andinos no desarrollaron escritura, pero usaron mecanismos de comunicación como la música y los quipus. Los comerciantes o “mindalaes”, llevaban mercancías, anuncios y noticias. Los incas tenían un sofisticado sistema de “chasquis” que llevaban rápidamente mensajes desde todos los puntos del imperio.

Los conquistadores europeos trajeron consigo su lengua, su escritura y nuevas formas de comunicación. Para el sojuzgamiento de los pueblos aborígenes y la evangelización, establecieron una red de “doctrinas” manejadas por religiosos. La Iglesia asumió también las tareas de predicar, la educación y la promoción de la cultura.

El Estado colonial implantó u n sistema de comunicación entrado en el púlpito, desde donde se defendía el “derecho de conquista”, se daban noticias y órdenes. En la misa del domingo, el párroco leía las disposiciones del obispo, del Cabildo, de la audiencia y del propio monarca; anunciaba quién se iba a casar, cómo se distribuía el trabajo, quiénes iban a ser priostes de las fiestas; convocaba a “rogativas” cuando había desastres, o a acción de gracias por el milagro de algún santo. Daba noticias como la coronación de un rey, o un ataque de piratas, terremoto o peste.

Las iglesias y conventos, que eran eje de la vida social, se llenaron de pinturas y esculturas de santos, pasajes evangélicos y alegorías de los dogmas católicos, destinados a ser “ayudas visuales” para la evangelización de una población analfabeta. La producción artística colonial no tenía solo motivaciones decorativas o estéticas, sino un claro objetivo comunicacional.

El mercado de la población era un centro en el que no solo se intercambiaban mercaderías, sino también noticias e información. Ahí estaban las vendedoras que conocían “vida y milagros de todo el mundo”, ahí venían los clientes a comprar algo y enterarse de las novedades; ahí llegaban los comerciantes, los randis, los arrieros que hacían el transporte y sabían lo que pasaba en otros lugares. En las esquinas de la plaza se leían los “bandos”, con que las autoridades hacían conocer las leyes, normas y disposiciones. A las tiendas que rodeaban el lugar se acercaban los que traían y llevaban el correo y otros encargos.

Desde la Colonia se escribía clandestinamente en las paredes, lo que ahora llamamos grafitis. Se usaba el escrito anónimo o pasquín, que también ha sobrevivido hasta el presente, como el púlpito y el rumor de la plaza del mercado, que coexisten con los modernos medios

Fuente: El Comercio, 30.8.13 por Enrique Ayala Mora, ensayista e historiador ecuatoriano

'Der Spiegel' se amotina

Por Rosalía Sánchez

Los editores alemanes saben que solo garantizará su supervivencia el medio informativo que consiga posicionarse en el Internet de pago como medio de referencia y la batalla por ese puesto está haciendo temblar los pilares de la prensa germana. Después de que ‘Bild Zeitung’ haya saltado al mercado cerrando buena parte de su contenido en web a un nuevo tipo de suscripción, ‘Bild+’, que ha nacido pisando fuerte y amparado en el tirón mediático de la Bundesliga, el semanario ‘Der Spiegel’ no quiere perder el paso y se prepara para una política informativa más agresiva que le permita competir.

El nuevo director del semanario, Wolfgang Büchner, ha emprendido con ese objeto una serie de cambios corporativos cuyo máximo exponente hasta ahora es el fichaje del redactor jefe de ‘Bild’, Nikolaus Blome, el periodista que está detrás de reiterados éxitos de ventas, además de haber encarnado la siempre anhelada fusión perfecta entre los intereses del medio de papel y su versión virtual.

Dio la noticia, no pudo resistirse a la tentación, el director de ‘Bild Zeitung’, Kai Diekmann, en su cuenta de Twitter y lamentando la marcha de su mano derecha. Una de las misiones que Diekmann encargó a Blome y que este cumplió con nota alta fue la de pasearse por ‘talk shows’ televisivos y tertulias varias, promocionando el periódico y dándole entrada en el análisis más prestigioso y sesudo de la actualidad, a sabiendas de que ‘Bild’ siempre ha tenido las mejores fuentes informativas pero le ha faltado el reconocimiento de los colegas de la denominada “prensa seria”.

Precisamente por eso no le ha gustado nada el aterrizaje de Blome a la plantilla de ‘Der Spiegel’ que tiene el 50,5% de la empresa editora y que considera su llegada a la redacción como un paso hacia el “amarillismo”. Los representantes de la plantilla, tras una votación llevada a cabo ayer en la sede del semanario, se han plantado y se niegan en redondo a escribir bajo las órdenes de Blome, que debería empezar a ejercer sus funciones a partir del 1 de septiembre. El guante ha sido arrojado al suelo y ahora falta por ver cuál es la respuesta del director Büchner, que se ve ante un primer pulso de la redacción.

La dirección de la revista alega ante la plantilla la impresionante caída en la circulación de los cinco principales diarios alemanes entre el segundo trimestre de 1998 y el segundo trimestre de 2013, que es superior en todos los casos al 30%, como argumento de la necesidad de dar un giro informativo que les permita posicionarse en Internet.

El resultado de esta lucha a muerte por las ventas en web está siendo una excelencia desconocida hasta ahora en la oferta periodística virtual alemana, que hasta ahora convivía de mala gana con buenos productos en papel que se empeñaban en robarle protagonismo. Raro es el día en que las web de los principales medios alemanes no regalan exclusivas y reportajes elaborados a sus lectores, aunque hasta ahora el único que ha comenzado a cobrar por ellos es ‘Bild’.

Fuente: El Mundo, 29.8.13 por Rosalía Sánchez, periodista español

La Copa del Mundo de Periodismo Investigativo se 'celebra' en Río el próximo mes de octubre

Río de Janeiro (Brasil) se convertirá entre el 12 y el 15 de octubre en la capital mundial del periodismo de investigación, a la que acudirán profesionales de todos los rincones del planeta para asistir a los tres grandes eventos que conforman lo que el director del Centro Knight para el Periodismo en las Américas, Rosental Calmon Alves, ha definido como la “Copa del Mundo de Periodismo Investigativo”.

Durante esos días tendrá lugar en la ciudad brasileña la 8ª Conferencia Mundial de Periodismo Investigativo, organizada por la Red Global de Periodismo Investigativo (GIJN, por sus siglas en inglés); la 5ª Conferencia Latinoamericana de Periodismo de Investigación (COLPIN), del Instituto Prensa y Sociedad (IPYS) y el 8º Congreso Internacional de la Asociación Brasileña de Periodismo Investigativo (Abraji).

Río se está preparando para recibir a alrededor de 1.200 profesionales del periodismo, entre asistentes y ponentes, que llegarán a la ciudad carioca procedentes de América Latina, Estados Unidos y Europa, una cantidad que de confirmarse supondría el doblar la asistencia registrada el año pasado, cuando se celebraba únicamente un evento.

“Este año tenemos tres encuentros en uno. La organización del evento es ahora mucho más difícil, ya que cada congreso tiene su propio formato y necesitamos integrarlos entre si, pero tengo la certeza de que haremos un gran evento periodístico”, señala Marcelo Moreira, presidente de Abraji, en conversación con el Centro Knight.

La programación incluye por primera vez la celebración de un ‘hackathon periodístico’, “una especie de maratón con jóvenes periodistas y programadores para desarrollar aplicaciones relacionadas con el periodismo investigativo”, que estará patrocinado por Mozilla Fundation. Además se entregarán tres premios periodísticos durante esos tres días, el Global Shining Light Award, el Daniel Pearl Awards for Outstanding International Investigative Reporting y el Premio Latinoamericano de Periodismo de Investigación.

Entre los ponentes internacionales confirmados se encuentran la ganadora del Pulitzer Sarah Cohen (New York Times), Sheila Coronel (Stabile Center for Investigative Journalism), Kevin Davis (Investigative News Network), Mark Horvit (Investigative Reporters and Editors), David Leigh (The Guardian), Gustavo Gorriti (IDL-Reporteros) y David Kaplan (Global Investigative Journalism Network).

Fuente: 233grados.com, 26.8.13