José Luis Orihuela: ‘Twitter es una herramienta imprescindible para hacer periodismo’

José Luis Orihuela (Córdoba, Argentina, 1960), co-director del evento, experto en periodismo y nuevas tecnologías, profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra y autor del blog eCuaderno, una referencia en estos temas desde que se publicara la primera entrada, allá por el año 2002.

En general, ¿qué tal lo hacen los periodistas en las redes sociales?

Hay una variedad muy amplia de procesos de adopción. No se puede generalizar. Tenemos desde actitudes de rechazo con respecto a las tecnologías, hasta actitudes completamente integradas. Podemos distinguir entre la gente que está dispuesta a cambiar su cultura y la que no.

¿Y los medios?

Aquí hay diferencias evidentes entre los que nacieron fuera del ambiente digital, es decir, antes del nacimiento de internet, y que hacen acciones para trasladar su contenido al ambiente digital, y los nativos digitales, que desde su nacimiento tuvieron en cuenta la estética y la dinámica propia de la red y que no tuvieron que trasladar una ‘mochila’ analógica, sino que nacieron en un entorno de comunicación hipertextual, interactiva y multimedia. Dicho esto, todos los medios, tanto los tradicionales como los digitales, tienen la misma capacidad para generar cualquier tipo de contenido, así que si lo han hecho bien, habrán extendido su capacidad para generar contenidos a todo tipo de plataformas. Un ejemplo típico es National Geographic, que en la era pre-digital se identificaba con una revista, mientras que ahora es una marca que proyecta su identidad sobre prácticamente cualquier formato.

¿Qué ha supuesto Twitter para el periodismo?

Creo que Twitter es una herramienta imprescindible para hacer periodismo. Eso no significa que todos los periodistas debamos ‘tuitear’. Es una herramienta que cerca del 60 por ciento de los usuarios a nivel mundial utiliza para ‘escuchar’, no para generar contenido. Es decir, el 60 por ciento de los usuarios de Twitter no publica ‘tuits’. Utiliza la herramienta para ‘escuchar’ las conversaciones que se producen en torno a sus artistas favoritos, sus periodistas favoritos o sus medios de comunicación favoritos. En este sentido, creo que es imprescindible para los comunicadores, que están ‘obligados’ a estar interesados en ‘escuchar’ las conversaciones que afectan a su marca, a su medio o sector de actividad. También es imprescindible que un periodista tenga un contacto eficaz y permanente con sus fuentes.

Entonces, ¿publicar en Twitter no es necesario?

No es necesario, aunque sí es lo ideal, porque de esta forma favorecemos el tráfico hacia nuestra plataforma, la visibilidad de una determinada pieza, etc. Pero es cierto que no todo el mundo tiene el talento para escribir cosas originales, divertidas o irónicas en menos de 140 caracteres. En periodismo, Twitter sirve para monitorizar tendencias, descubrir ‘breaking news’ -donde ha adelantado a la radio y a la televisión-, difundir contenidos –cosa que en general se hace bastante bien aquí en España- y por último interacción con la audiencia –algo que antes se hacía aunque de forma muy manipulada a través de las cartas al director de los periódicos-.

¿Qué me dice del contacto con las fuentes?

Creo que el contacto con las fuentes a través de Twitter, en algunos casos, mejora la calidad de las coberturas, pero en otros, sobre todo en aquellos que tienen que ver con información local, la destroza, porque aquí es absolutamente necesario salir a la calle. Por otra parte, cuanto más gente hace comunicación pública sin ser comunicadores profesionales, mayor exigencia debe haber para que nuestro trabajo sea excelente. Ahora tenemos más competencia, no solamente la de otros medios, sino la de mucha gente que, o bien es testigo de un suceso, o bien es víctima o bien es un amateur. Entonces los profesionales estamos obligados a hacer un trabajo excelente, más profundo y por el que podamos pretender razonablemente cobrar. Hay que tener en cuenta que estamos en un entorno en el que la gratuidad se extiende como cultura y en el que las fuentes alternativas siempre ganarán a las fuentes de pago a no ser que éstas ofrezcan contenidos en profundidad y exclusivos.

Ahora se habla mucho de la importancia de la marca personal…

Al utilizar una plataforma de comunicación pública, tu identidad personal se convierte en un medio de comunicación, te guste o no. Por otra parte, los usuarios de los medios digitales encuentran mucho más natural interactuar con una persona que con una marca. Como lector, me resulta mucho más fácil identificarme con un autor que con una cabecera. Es más, esa identificación hace que mucha gente siga al periodista con independencia del medio para el que trabaje. En muchos casos está ocurriendo que el periodista acaba teniendo una audiencia mayor que el propio medio. También ocurre que algunas empresas están utilizando esta tendencia, contratando a periodistas para que lleven más tráfico a su sitio aprovechando su gran visibilidad en medios sociales.

¿Y qué opina del llamado periodismo de marca?

Es un tipo de branding en el que se utilizan técnicas narrativas para contar las excelencias de un producto, un servicio o una organización. Yo no lo llamaría periodismo. Hay un conflicto de intereses evidente. Por ejemplo, si tú haces un ‘storytelling’ para Coca Cola en España, hay intereses en conflicto que te impiden hacer periodismo. Para hacer periodismo habría que contar qué está pasando con los despidos en las embotelladoras, cosa que no puedes hacer porque estás trabajando precisamente para esa marca, tratando de generar ‘engagement’ con una narrativa que tiene que ver, pongamos como ejemplo, con la felicidad. Es un campo fantástico para proyectarse profesionalmente, pero yo no lo llamaría periodismo, lo llamaría ‘branding’, comunicación, etc.

Volviendo al tema de iRedes, muchos son los que destacan esas conversaciones entre invitados como lo mejor del Congreso…

Si. Los famosos diálogos de iRedes están diseñados para que surja una química entre los invitados que genere algo más parecido a una conversación que a una entrevista y que los espectadores se sientan casi como si estuvieran asistiendo en el salón de su casa al diálogo entre ambos personajes. Es lo que ocurrió con Buenafuente y Ana Pastor el año pasado, con Pérez Reverte y Juan Luis Arsuaga el primer año y también con otras conversaciones que hemos tenido, como la de este año entre Rodrigo Cortés y Juan Gómez-Jurado. Se basa en el concepto de ‘jam session’, como dos músico improvisando en una sesión de jazz.

Ya van cuatro ediciones. ¿Por qué no habéis traído aún a ningún político?

La agenda de iRedes nunca se ha focalizado en comunicación política. Ya hay otro tipo de foros que sí acogen estos temas. Considero que iRedes es más periodístico y empresarial que político-institucional. Por otra parte, es muy difícil traer a políticos que hablen de comunicación y que no intenten hablar también de su agenda. Si además los pones en una mesa redonda, probablemente cada uno acabará hablando de su libro. Y por último creo que, en general, los políticos hacen un uso oportunista de los medios sociales, un uso propagandístico, con picos evidentes de mayor actividad cuando se dan citas electorales. Lo digo en general, porque luego es cierto que hay algunas excepciones en todos los partidos

Fuente: 233grados.com. 12-3-14

Cultura participativa y derecho de autor

A partir de la irrupción de Internet y sobre todo de la digitalización, las industrias culturales atraviesan una profunda transformación que afecta todos los eslabones de la producción y actores que en ella intervienen. Conceptos como inteligencia colectiva y cultura participativa adquieren mayor trascendencia, en particular gracias al análisis de los procesos sociales vinculados con las prácticas que posibilitan las herramientas tecnológicas y digitales.

Desde esta premisa, y desde el anclaje del derecho de autor, la regulación y normativa restrictiva –desde la interpretación negativa del derecho–, entra en crisis como consecuencia de la incapacidad de restringir el accionar individual y colectivo que permite la copia.

Bajo estas consideraciones iniciales, en el actual entorno mediático-cultural se torna visible la intervención de los espectadores de los medios de comunicación, situación que provoca la tentación de caer en la utópica liberación individual producto de las tecnologías de gestión, desplazando la función del Estado –como garante de derechos– a un mero espectador del proceso.

Vale aquí la aclaración metodológica que implica que, más que hablar de tecnologías interactivas, se deberían considerar las acciones e inter acciones entre los actores emergentes, así como también desplazar el rol de consumidor hacia una (re) significación como autores/creadores de bienes y obras intelectuales, fundado en la noción de los bienes comunes (Ariel Vercelli, 2009, en http://www.arielvercelli.org/rlbic.pdf). En este contexto, se interpretan estos últimos como los recursos que se encuentran a disposición de cualquier persona –sin discriminar usos o apropiaciones–, pero no se encuentran bajo la propiedad exclusiva de ningún individuo o colectivo en particular.

Desde esta perspectiva, podemos pensar la gestión colectiva de los bienes y obras intelectuales bajo la tríada conformada por las nuevas herramientas y tecnologías; subculturas o grupos de interés que impulsan la producción propia de contenidos; y tendencias económicas que promueven una participación más interactiva de los espectadores por parte de los grupos concentrados mediáticos.

Es posible entonces (re) pensar el derecho de autor y derecho a copia como un proceso de construcción, en función de los diferentes espacios que ocupan los actores y considerando las tensiones latentes, producto de las disputas de cada uno y su rol en el ecosistema mediático.

En definitiva, “se trata de considerar el derecho a copiar como un derecho a generar y gestionar la riqueza comunitaria (…), así como partes de una regulación sobre la gestión de la abundancia/riqueza común” (Vercelli, 2012). Atendiendo a esta mirada, “las nuevas capacidades tecnológicas de copiar y los derechos de copia emergentes se van construyendo a través del tiempo” (Ibídem).

En otras palabras, la propuesta se enfoca hacia la articulación de las potencialidades de la cultura participativa desde la perspectiva del derecho de autor y de copia. Se trata de comprender y abordar la cultura participativa como el derivado de usos y hábitos sociales que atraviesan a todo el conjunto humano, que no emerge sólo con Internet o la digitalización. Todo individuo comparte cultura. Y éste es un ejercicio que antecede a los medios de comunicación tal como los conocemos en la actualidad. En suma, se trata de facilitar el acceso a la cultura, con ópticas reguladoras de la difusión y acceso a las herramientas comunicativas; arraigadas en la igualdad de oportunidades para la creación y producción de bienes culturales.

A partir de esta consideración, toda relación social que implique la participación mediada por tecnologías se comprende como un proceso de diseño y reflexión sobre los elementos que la conforman, para poder así entender el significado de la representación que implican las inter acciones en la red.

Desde esta conceptualización, el constituir redes no es solo un acto social, sino una acción fundacional para la nueva participación. Elemento que tampoco podría realizarse si no se entiende el derecho a copiar como un derecho humano.

Fuente: Página12, 12.3.14 por Paola Fernández, argentina, licenciada en Comunicación, Universidad Nacional de Quilmes.

La FIP pide el fin de la violencia contra las periodistas

Luchar contra la violencia que se ejerce contra las periodistas, precisamente por su condición de mujeres periodistas. Ese es el eje del llamamiento que hace la Federación Internacional de Periodistas (FIP), en el Día Internacional de la Mujer. Una llamada de atención dirigida tanto a los medios de comunicación como a las autoridades para que trabajen para crear un entorno en el que las periodistas puedan ejercer su oficio de modo seguro.

En noviembre de 2013, la FIP lanzó una campaña para denunciar la violencia contra las mujeres periodistas e hizo un llamamiento a las autoridades para que pusieran fin a la impunidad de estos delitos.

“Ante los numerosos casos de discriminación en el puesto de trabajo, que ocultan barreras invisibles y una discriminación salarial, las periodistas son sujeto de violencia por el hecho de ser mujeres. Nos llegan numerosos casos de intimidación, acoso sexual, maltrato psicológico y no podemos tolerar que estos ataques se lleven a cabo con total impunidad” dice Zuliana Laínez, periodista peruana y responsable del grupo sobre la violencia de género en la FIP.

La FIP pide a los medios de comunicación y a las autoridades públicas de todos los países que adopten las medidas necesarias para garantizar que las mujeres periodistas puedan desempeñar su trabajo con total seguridad.

En particular, recomienda que las empresas adopten políticas específicas para luchar contra el acoso sexual y la intimidación y sus consecuencias, estableciendo comités y órganos propios que garanticen la aplicación de la ley, tanto en la letra como en el espíritu.

Es preciso adoptar sanciones cuando sea necesario. “Sanciones adecuadas y severas”, dice el comunicado de la FIP, ” contra los autores de actos de violencia en las redacciones”, así como facilitar entrenamiento y formación de seguridad para que las mujeres puedan enfrentarse a los ataques físicos y a las amenazas, cuando tengan que trabajar en entornos complicados.

Los medios de comunicación, según la FIP, deben actuar diligentemente, con agilidad, cuidado y prontitud, para abordar las cuestiones relacionadas con la violencia de género, para lo que sugiere que -en sus informaciones- sigan directrices éticas y de género, que la misma FIP ha elaborado.  Desde luego, no faltan guías de actuación sobre el tema. Los medios de comunicación tienen que comprometerse en  la promoción del diálogo, dentro y fuera de las redacciones, para generar conciencia social sobre la erradicación imprescindible de la violencia de género.

La FIP anima a los periodistas, sus organizaciones y simpatizantes a expresar su preocupación por la violencia contra las mujeres periodistas y a exigir el fin de la impunidad de esos crímenes mediante la publicación en # IFJVAW. Además, los sindicatos y organizaciones de periodistas deberían establecer y mantener una base de datos sobre los casos denunciables y remitirlos al Consejo de Género de la FIP para apoyar acciones futuras.

Además, este año la FIP tiene la oportunidad de poner en común estrategias con otras organizaciones que importan a las mujeres y con las  mujeres periodistas, como es el encuentro sobre la situación de las mujeres en la ONU, que se celebra en Nueva York del 10 al 21 de marzo de 2014.

Este año el encuentro aborda la implementación de los Objetivos del Milenio para mujeres. Con otras uniones y federaciones internacionales, la FIP reclama un acceso igual al trabajo, a la educación y a los servicios públicos, así como la eliminación de todas las formas de violencia contra las mujeres. Esa exigencia se basa en el ordenamiento y en los acuerdos de las Naciones Unidas.  ”Es esencial que que siga presente la declaración de la Plataforma de Beijing (Pekín) de 1995 para una mayor sensibilidad de género en los medios de comunicación “, ha declarado Mindy Ran, copresidenta del Consejo de Género de la FIP y representante de la Federación Internacional de Periodistas en la próxima reunión de la ONU, que acabamos de citar.

“La ONU ha reconocido desde hace tiempo el papel fundamental que juegan los medios en la sociedad civil y su impacto sobre la discriminación, la violencia,  los abusos y el desprecio hacia los derechos humanos”. Esos impactos causan daño -simplemente- si se mantiene el ‘status quo’, si se niega a las mujeres su dignidad humana y sus contribuciones a la sociedad. Mediante esa negación, se  colabora en hacer invisibles esos crímenes y delitos.  Se contribuye a distorsionar la imagen de la mujer. Y aumentamos así la ignorancia y el olvido de los ataques contra las mujeres. Consciente o inconscientemente, protegemos a los agresores.

Por el contrario,  los medios de comunicación pueden actuar de una manera positiva interviniendo en el debate de la sociedad civil y en la promoción de iniciativas de periodismo ético, que respaldan las organizaciones de periodistas y las instituciones educativas. Hay, desde luego, un doble desequilibrio a corregir: el que afecta a las mujeres en las redacciones y el que pesa todos los días en la información y en las noticias

Fuente: periodistas en español, 7.3.14 por Paco Audije, periodista español

La infancia en la radio y la televisión

Mal empezamos cuando tenemos que dedicar un Día Mundial para la Radio y la Televisión a favor de la Infancia. Aunque no es de extrañar si nos fijamos un poco y analizamos el contenido de esos medios de comunicación cuando se dedican a tratar los temas de los niños y las niñas, o simplemente, escuchamos las noticias y telediarios, sea cual fuere la emisora o el canal de televisión.

Parece que los niños, las niñas y los adolescentes solo importan cuando “impactan” a través de la noticia, la fotografía, el documental o simplemente, cuando el telespectador ve esos programas “dedicados” a esos niños tipo o etiqueta como: los problemáticos, los infractores, los “ninis”, los “niño-llave”, los “emperadores”, los ….los….. Los niños y las niñas se convierten en mercancía de los medios de comunicación para llenar espacios y tiempos a costa de las noticias o programas que generan, sin importar el tratamiento que se hace de ellos, sobre todo, teniendo en cuenta su dignidad personal, su identidad, su respeto al anonimato, y cuanto menos a su interés o no en ser noticiable, o simplemente ser utilizados incluso por sus progenitores al prestarse de “modelos sociales” ante programas que pretender dar lecciones sobre el comportamiento disruptivo o no de estos chavales.

Pero, ¿quiénes se creen que son para decidir por los chicos y las chicas, etiquetarlos y considerarse los salvadores de sus familias, entre otros?

Una vez más, los niños y las niñas son tratados como mercancías y potenciales consumidores de manera irracional, y sin atender al sentido común que impera en el actuar de estos actores sociales, que conforman la Infancia y la Adolescencia de este nuestro siglo XXI; y también, el suyo.

Pocos son los ejemplos de ética profesional que en Radio y Televisión imperan, tratando las noticias y los acontecimientos relacionados con los niños y las niñas. Parece que se les olvida que éstos y éstas son también consumidores de la Información que estos medios de comunicación generan, y como tales, están construyendo ideales, transmitiendo valores y actitudes en la población escuchante y audiovisual, en la que también se incluyen los chavales. Los niños y las niñas tienen reconocido e interiorizado su Derecho a la Información; pero este derecho debe ser contemplado por los profesionales de los medios con una ética y unos principios morales de Respeto y Reconocimiento de la Infancia, como grupo de actores sociales transformadores de la Sociedad, de sus estructuras y sus principios intrínsecos y extrínsecos inherentes a ella, en el momento histórico en el que habitan. No consiste en adaptar el producto radiofónico y televisivo a los niños y las niñas, en franjas horarias determinadas. Sino también en dar espacio de responsabilidad y protagonismo positivo y proactivo a los chavales en el tratamiento de la información, generada por ellos, desde posiciones de actores sociales –ciudadanos, y desde el punto de vista del consumidor final de la noticia o la información; respetando la dignidad que como si fueran adultos se tendría, sin etiquetar modelos ni crear estereotipos sociales.

A fecha de hoy, con la infinidad de emisoras de radio y cadenas de televisión, no tenemos programas gestionados en conjunto por y para los niños y las niñas. Sino que asistimos a productos comunicativos, que hacen las delicias de los adultos porque les dan pautas de conducta y les sitúan en una posición jerárquica superior frente a los niños y adolescentes, haciéndoles ver que sus recomendaciones, son beneficiosas para ellos y para sus familias en primera instancia. Otra cosa será ver si fuera de pantalla, por ejemplo, esas pautas son efectivas en el tiempo y en el lugar donde se aplican. Estos modelos comunicativos no son empáticos ni asertivos, simplemente son generadores de situaciones de poder adulto-niño, sin entender que no es el ideal comunicativo ni para los adultos ni para los niños; no es transmisor de valores intergeneracionales y por tanto, no ayuda a una convivencia y educación a través de comportamientos emocionales y afectivos adecuados, que serían los que tendrían que perdurar, a lo largo del desarrollo en sociedad de los adultos junto a los niños. La jerarquía de poder que transmiten estos programas en sus contenidos, son transversalmente violentos al no existir un equilibrio de poder entre el adulto y el niño desde la ausencia del uso de un lenguaje inclusivo, emocionalmente empático y respetuoso con la individualidad y particularidad de cada niño o niña.

De igual manera, podemos hablar del tratamiento de las noticias donde aparecen los niños y las niñas, bien como víctimas o como infractores. Hay suficientes leyes (CDN de 1989, LO 1/1996 de Protección del Menor, Código Civil, Ley de Protección de Datos…) y recomendaciones donde el tratamiento de la identidad y su anonimato ha de ser protegido y respetado. Y esto no se cumple. Es más, asistimos a una doble victimización social gracias a los medios de comunicación masivos como la Radio y la Televisión; debido a que se destripan los casos de sucesos, donde el impacto es mayor si tratamos la noticia desde el punto de vista del protagonismo de la niña o niño víctima. Igual pasa, cuando destripamos mediáticamente cualquier noticia de menores infractores de delitos graves. ¿Dónde quedan los principios inspiradores de la Justicia Restaurativa que hay que aplicar en el Derecho Penal de Niños y Niñas, tanto a la víctima como al infractor/a?

Somos todos consumidores de la Información que generamos, cuanto más somos transformadores proactivos de nuestra Sociedad. Los niños y las niñas, también.

El dedicar un día a la Radio y la Televisión a favor de la Infancia, no es solo una fecha en el calendario. Es un compromiso ético y moral de toda la Sociedad, tanto la receptora como emisora de Información. Y ahí estamos todos, adultos y niños. Dejar de lado la Infancia y mantenernos en estructuras paternalistas, sobreprotectoras y pseudoeducadoras a través de contenidos que solo buscan las audiencias fáciles, no son soluciones a una Sociedad donde otros medios de comunicación analógicos tienden a desaparecer. La Información está en la Red, y los chavales tienen acceso a ella y consumen igualmente esta información de manera más voraz si cabe, que los adultos. Por tanto, crear códigos éticos para los profesionales de los Medios, pasa por escuchar y tener en cuenta a los propios niños y niñas, tanto como consumidores como generadores de la Información. El tratamiento de la imagen, del sonido, del mensaje a transmitir en general por los diversos formatos de la Información audiovisual y radiofónica es un punto más a tener en cuenta para Comunicar Bien y Comunicar con Compromiso.

La Responsabilidad Social Corporativa de los Medios de Comunicación, pasa por su actividad diaria a favor de una Sociedad plural, respetuosa con los ciudadanos, sean de la edad que sean. Los niños y las niñas son ciudadanos, desde su nacimiento; y eso implica no solamente su reconocimiento sino el ejercicio transversal y troncal de todos sus derechos y deberes frente al entorno que les acoge, histórica y socialmente.

En numerosos países se han creado guías para Comunicar desde el Compromiso con la Infancia. En España, aún esto no se tiene en cuenta. Hay guías desde ONGs como Unicef, Save the Children, la Organización de los Estados Americanos, Red ANDI de América Latina…. Para “Comunicar sin Dañar”, tal como reza una de las guías más interesantes editadas. Y mientras tanto, en Europa y en España, qué hacemos. De momento, nada, o muy poco. Los periodistas y sus asociaciones aún no ponen en práctica un código ético, y simplemente tenemos que “enchufar” la caja tonta, para ver que el horario infantil no se cumple en ninguna cadena de televisión; salvo en los canales eminentemente infantiles como Clan, Boing, Disney Channel…. donde, claro está, esto no es problema, porque el consumidor al que están dirigidos son los niños y las niñas. El resto de las cadenas optan por contenidos de adultos, dando por sentado que están las cadenas infantiles para consumo infantil. Como si los niños tuvieran que estar relegados del resto del mundo, a ejemplo de hoteles sin niños, restaurantes solo para adultos, cruceros sin menores edad… y otros productos actuales, de consumo adultísta estrictamente hablando.

Cabe plantearnos si la Infancia empieza a ser un problema inclusive para los Medios de Comunicación como la Radio y la Televisión, que no saben cómo tratarla y actuar con y para ella. Más concretamente, en la Radio, los espacios infantojuveniles, se ciñen a cuñas de anuncios o meramente miniespacios de 5 o 10 minutos, en horarios “blancos”; pero sin la existencia de programaciones específicas para este tipo de receptor o escuchante final. Ni siquiera en emisoras estatales, donde el contenido tendría que contemplarse de manera universal para todos los ciudadanos, respetando el acceso al mismo, en calidad y audiencia.

Un vez más, tendremos que dar la razón para dedicar un “día a una Radio y una Televisión a favor de la Infancia”, con un enfoque de Derechos. El Derecho a la Información y su tratamiento por y para la Infancia sigue siendo una asignatura pendiente para los profesionales de estos medios.

Fuente: periodistas en español, 6.3.14 por Myriam Fdez. Nevado es consultora Internacional en Infancia y Derechos Humanos.

El periodismo se engalana al celebrar la vida de El Gabo

El 6 de marzo está de cumpleaños Gabriel García Márquez. Junto a sus cuentos, relatos, novelas y, para quienes ejercemos la comunicación social, de una manera especial en sus crónicas magistrales y otros textos periodísticos, entendemos que hay que poner todo el esfuerzo en la construcción de una sociedad que trascienda su maqueta.

Uno de estos primeros trabajos de Gabriel García Márquez, publicado en El Espectador, es la serie de catorce crónicas sucesivas que dieron forma a Relato de un náufrago.

De estos artículos aprendemos que se puede en un buen momento decidir cambiar de paisaje, cubrir otra posición en el campo de lucha, mudarse al lugar más lejano pero jamás se vale desertar. Desertar es hacerse a un lado porque no gusta lo que se está haciendo pero tampoco se tiene un plan de trabajo, un sueño futuro, un amor disponible ni grupo de referencia.

De las deserciones, las peores son las corruptas: gente que no se compromete con lo dicho, mienten incondicionalmente, tienen agendas ocultas, son especialistas en chulería. Son los periodistas que se suicidan literalmente al publicar como suyas expresiones de otra persona, no verificar la fuente de las informaciones que suministran. Infames sin ética de quienes sentimos vergüenza y asquea el pensar que pudieran ser colegas.

Quien deserta decidió seguir penando y dando pena por calles y espacios que ya jamás le serán propios; sangre sin fuerza, espíritu leucémico condenado a llorar eternamente por la no-vida que meticulosamente se fueron construyendo error tras error, abandono tras abandono en ristra de traiciones sucesivas. A estas personas dejémosles en paz; que descansen en su angustia, que caminen cual sonámbulos por su muerte, que intenten sujetarse a su nada.

En cambio, quienes no desertamos, quienes nos esmeramos con cariño en mejorar la letra y, aún sabiendo que la perfección es una utopía, nos empeñamos en andar tras su silueta, nos pronunciamos en los siguientes términos:

Considerando que donde quiera que se mire están ocurriendo cosas importantes, algunas dolorosas como el estremecimiento de la humanidad mutilada en su integridad que se reporta como ocurrida en Irak, Venezuela, Nicaragua, Rusia, Ucrania o la Franja de Gaza pero que en realidad tiene su epicentro en el sentimiento de pérdida total que se aloja en cada quien tras la tragedia de alguien que sufre, siendo la soledad y su escandaloso silencio la más opresiva pena que no se alivia ni con el transcurso de cien años;

Considerando que otros hechos, afortunadamente la mayoría, nos colman de alegría como el trabajo tesonero de quienes no tuercen sus principios fundamentados en el respeto y ejercicio de los derechos humanos y día tras día se empeñan en construir un mundo más vivible para sí y para el colectivo universal como si tomasen al voleo la expresión de El Gabo “Macondo no es tanto un lugar como un estado de ánimo” y, entonces poblaran su vida de fantasía;

Considerando que en todo espacio (el íntimo pero sobretodo el público) hallamos una oportunidad de aprendizaje; que la gente brinda el lugar preciso para perpetuarse y lo ofrece con auténtica y plena gratuidad; que hace falta que la pregunta certera sea batiscafo para explorar las profundidades humanas sin lastimar arbitrariamente; que quien hable o escriba utilizando cualquier medio debe concienciar su esencia ineludible de educador o educadora y, sin prejuicios ni temores vanos, asumir el escrutinio de la sociedad, aprendiendo la humildad del ganador del Premio Nobel de Literatura 1982, al sentenciar que dicho reconocimiento no es para él sino para la sensibilidad de la novela latinoamericana;

Entonces:

Se ratifica en su función de vocería a los hombres y mujeres de buena fe que nos brindan la información como alimento espiritual e intelectual sin permitir que nos sea arrebatada por quienes tienen interés en desconocer y hacer que se desconozca la verdad, no importando si poseen títulos universitarios o es el tesón del estudio planificado personalmente lo que le ha brindado sabiduría;

Se les reconoce la libertad de participar en todo acto creativo y se les invita a dejar que el accionar amoroso de la gente se les suba libremente al corazón y sus pronunciamientos sean legitimados por la justicia, esperanza y solidaridad como un Amor en tiempos del cólera;

Se les exige a quienes ejercen en libertad el don y el oficio de la palabra, que la esgriman y recreen en un lenguaje sin callados subterfugios o escandalosas peroratas; que cuando resuene el silencio sea comunicante y lo dicho a toda voz sea la versión pluriparcializada de todos y todas y no la triste Historia de un secuestro;

En nombre de la libertad de expresión y en uso de las atribuciones que inherentemente tenemos de velar por el bienestar de toda persona se les desea, amigos y amigas periodistas, que haya felicidad en su búsqueda del mejor modo de ser y estilo de informar, formar y recrear; ética en su servicio profesional y compromiso por toda la vida.

Si así fuera… que El Gabo les bendiga.

Fuente: periodistas en español, 6.4.14 por Ileana Ruiz, periodista venezolana

Periodismo y golpe de Estado en Paraguay

El 21 de junio de 2012 se llevó a cabo el juicio político que corrió a Fernando Lugo de la presidencia de Paraguay y puso en su lugar a su vice, el liberal Federico Franco. El gobierno de facto duró un año, hasta que en abril de 2013, fue electo el actual presidente de la República, Horacio Cartes.

En un país donde el 98 por ciento del espectro radioeléctrico está en manos de diez personas, que también poseen cadenas de supermercado, constructoras y explotaciones sojeras –principales beneficiarios de las políticas económicas de Franco–, es necesario reflexionar sobre el rol que jugaron los periodistas de los distintos medios en ese proceso.

Un ámbito, el de los trabajadores de prensa, donde se elaboraron pequeñas y grandes formas de resistencia al golpe en un clima doblemente hostil. Según un estudio realizado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), antes del golpe el 65,5 por ciento de los trabajadores de prensa del Paraguay estaba en la informalidad. Ya en 2008, el 53,8 por ciento de los periodistas del país había sido censurado al menos una vez en su producción periodística, y el 90 por ciento había practicado la autocensura, según el Sindicato de Periodistas del Paraguay.

Estructura oligopólica dominada por el capital privado, precariedad laboral y levantamiento del orden democrático fue el cóctel donde se gestó la resistencia desde el periodismo al golpe contra Lugo. Su epicentro, la Televisión Pública Paraguay, donde sus trabajadores se atrincheraron por varios días junto con centenares de ciudadanos de Asunción para evitar el cierre y cambio de programación de la emisora. Marcelo Martinessi, su director en ese momento, aseguró que la TV Pública “movió un montón de instancias de participación que estaban dormidas”. Se puede decir que se da “una apropiación del Estado por parte de la ciudadanía”.

Basada en un proyecto que sus creadores definen como “enfoque de derechos”, la TV Pública fue denostada desde su aparición en el mapa mediático paraguayo por la mayoría de los medios privados del país. “Tenían miedo de que hubiese un Aló Presidente con Lugo”, explicó Martinessi, a la vez que subrayó la importancia de ese proyecto de constitución de la emisora, que se convirtió en el símbolo de la resistencia contra el gobierno de Franco.

Pero, la primera reacción de la mayoría de los periodistas del país fue el silencio. “Los que de alguna manera tomamos la postura de no prestarnos a lo que estaba sucediendo debimos replegar”, explicó Paulo López, ex periodista del diario ABC Color, el de mayor circulación del país. “En lugar de trabajar en esa campaña de legitimación del golpe en un momento nos llamamos al silencio.” Los medios hegemónicos intentaron desde un primer momento presentar al golpe como una normal transición en el marco de la democracia. Pero algunos de sus trabajadores lograron “colar” sus notas, reportajes o simples frases para intentar quebrar el discurso oficial: una actitud que tuvo fuertes consecuencias. El SPP registró –solamente en los primeros meses del golpe– 45 despidos de comunicadores. La TV Pública fue totalmente vaciada y sus trabajadores aún están peleando en la corte el reconocimiento de los motivos ideológicos detrás del despido.

 “Aquellos que no encontraban espacio para manifestarse en sus medios, adonde estaba ganando una voz distinta o un discurso distinto, lo hacían a través de otro medio, por las redes sociales o aportando datos y compartiendo noticias con los medios alternativos”, explicó Santiago Ortiz, secretario general del SPP.

Existieron varios factores que le dieron fortaleza al proceso: los comunicadores no pudieron prescindir del apoyo de medios comunitarios, alternativos y populares, desligados de la lógica empresarial o estatal, ni tampoco de la resistencia que los movimientos sociales llevaron adelante en las calles, de la que también ellos fueron parte. Pero, principalmente, debieron fortalecer la organización, no de manera aislada, sino con toda la ciudadanía: una enseñanza que todos los periodistas latinoamericanos deberíamos mantener en nuestras prácticas cotidianas.

Fuente Página12, 5.3.14 por Julia Varela y Federico Larsen, periodistas. Autores de la investigación “La resistencia por otros medios. Periodistas paraguayos ante el golpe de Estado de 2012”.

Etica periodística

Hablar de ética periodística parece ser una cuestión apenas reservada a los ámbitos académicos, aunque tampoco en nuestras casas superiores de estudio se dedique demasiado tiempo y esfuerzos a debatir sobre este eje transversal –y esencial– para orientar la función que los profesionales de la comunicación brindan a la sociedad.

Sin embargo, la observación cotidiana de lo que leemos, escuchamos y vemos en los medios de comunicación demandaría reflexiones más frecuentes y pertinentes, también con la participación de las audiencias, respecto de este tema que no está desligado de la cuestión ciudadana y de la perspectiva de derechos en su integralidad.

En primer lugar porque, por encima de nuestra condición profesional, los periodistas somos ciudadanos a quienes nos asisten derechos, pero también, y de la misma manera, obligaciones. Entre estas últimas la de ajustarnos a la verdad de los hechos y la de respetar los derechos plenos e integrales de todas las personas. Sería imposible, por extensa pero también por inagotable, la lista de las prácticas periodísticas que hoy vulneran estos principios ciudadanos. Y lo más grave es que ello ocurre sin sanciones morales por parte de la sociedad, representada en este caso en las audiencias. Por una parte porque se ha ido construyendo una lógica de mutua legitimación y complacencia entre comunicadores y público: el periodismo dice lo que determinadas audiencias quieren oír y éstas dan por válido, acríticamente, aquello que coincide con sus apreciaciones previas y es reforzado por el discurso de determinados profesionales de los medios. Por otra, porque no hay ámbitos –tampoco en los propios medios– para ejercer la crítica, la disidencia o el derecho a réplica.

La perspectiva de derechos, en particular del derecho a la comunicación, demanda la posibilidad de que cada ciudadano haga su propio discernimiento, tome sus decisiones libremente. Para ello necesita –antes que opiniones y sin negar que las puede haber valiosas e importantes– información veraz y de fuentes diversas. Por ese motivo el compromiso con la búsqueda de la verdad –que está muy por encima de cualquier presunta e inexistente “objetividad”– exige a los periodistas brindar una cobertura de los hechos completa, equilibrada y contextualizada. Y seguramente vale subrayar el último adjetivo: contextualizada. Sin contexto el texto pierde su sentido, se tergiversa, se manipula. Sin contexto es imposible comprender el texto y darle a éste su verdadera dimensión. Presentar una noticia sin contexto es, probablemente, lo más cercano a mentir.

Pero, al mismo tiempo, un tratamiento ético de la información plantea como exigencia que aquellos que están siendo objeto de la cobertura informativa, los que generan la noticia o son sus protagonistas, así como los destinatarios de la información, sean considerados como sujetos de derecho. Esto equivale a decir que se trata de personas a quienes les asiste la integralidad de los derechos humanos, económicos, políticos, sociales y culturales en todas sus dimensiones y sin ningún tipo de recorte, discriminación o distinción de ninguna especie.

Vale la pena preguntarse cuántos de los que hacemos periodismo o comunicación permanecemos atentos a esta perspectiva en medio de nuestra práctica profesional. Atenuantes existen muchos: el vértigo de la tarea, la presión que impone la búsqueda de la noticia, la precariedad laboral y las condiciones –cada día peores– en las que se ejerce la labor. Sin embargo, ¿los atenuantes anulan o son suficientes para suprimir nuestro compromiso con los derechos?

En poco más de treinta años de democracia existieron en la Argentina muchas autocríticas y revisiones. Grupos, movimientos, personas, hasta corporaciones, aceptaron responsabilidades de diverso tipo por errores cometidos durante la dictadura y aun en democracia. Los medios de comunicación en algunos casos contribuyeron a que estos hechos se concretaran. En otros difundieron los resultados. Poco se ha dicho y debatido, sin embargo, sobre las autocríticas de medios y periodistas. Los medios, suele decirse, “no hablan de los medios”. Y, los periodistas –salvo algunos empeñados en el marketing del escándalo– no hablan críticamente ni de los otros periodistas, ni de su propia actuación. Rara vez se asumen públicamente los errores cometidos. Quizá haya que pensar que, para su propia sobrevivencia y para mantener el prestigio de la profesión –o lo que pueda quedar de ello–, es preciso mirar con mayor atención a los principios de ética periodística, encontrar los caminos para –aun en medio de las dificultades– ponerlos en práctica con honestidad y sin esgrimir excusas y, asunto no menor, asumir públicamente los errores subsanando también los daños causados por la difusión de informaciones falsas o –ni que decirlo– malintencionadas.

Fuente: Página12, 5.3.14 por Washington Uranga, periodista uruguayo

Investigar la corrupción: peligro de muerte

El tema es obligado, a partir de que el Instituto Internacional de Seguridad en las Noticias, INSI, por su siglas en inglés, dio a conocer cifras precisas sobre los periodistas asesinados durante el año próximo pasado y en base a sus investigaciones ahora comprobamos que la mayoría de estos crímenes tienen por móvil acallar las informaciones respecto a actos de corrupción gubernamental y privada y que la gran mayoría fueron cometidos con arma de fuego.

INSI es una organización que nació en el 2003 en Londres, Inglaterra con el firme propósito de proporcionar información práctica y capacitación para periodistas de todo el mundo para que desempeñen su trabajo con seguridad. En su presentación asegura que “la seguridad no es sólo nuestra prioridad, es nuestra única prioridad”.

Explica que tiene raíces profundas en los medios noticiosos y un enfoque práctico proactivo para asegurar que nuestros colegas de todo el mundo se mantengan fuera de peligro. Su cuerpo directivo está formado por directivos de medios de varios países.

En América el comunicado de INSI, en el que se destaca que los “Periodistas son blancos cuando investigan corrupción”, fue dado a conocer por el colega, Ernesto Carmona, director de la Comisión Investigadora de Atentados a Periodistas de la Federación Latinoamericana de Periodistas CIAP-FELAP.

Más de la mitad de los periodistas asesinados el año próximo pasado -134-, por hacer su trabajo no se encontraban en zonas en conflicto, sino que cubrían casos de crímenes y corrupción, señala el informe anual divulgado en Londres por el INSI, mismo que titula: “Matar al mensajero”.

Según este instituto, en 2013 fueron asesinados 134 periodistas en 29 países y 65 en situaciones de conflicto armado, mientras desde México otra ONG informa que el 88 por ciento de los casos de periodistas asesinados en ese país, permanece en la impunidad y sólo en 8 por ciento se ha logrado esclarecer los crímenes y procesar a los responsables.

“Matar al mensajero” muestra que 65 periodistas perdieron la vida en situaciones de conflicto armado, sin embargo la mayoría de los periodistas (69) fueron asesinados en tiempos de paz por cubrir temas como delincuencia y corrupción. La mayoría de los periodistas fueron atacados a tiros como causa de muerte más común -63 por ciento de los casos-. Sin embargo, 18 murieron en diversos accidentes.

Los periodistas locales llevaron la peor parte de la violencia mortal contra la profesión con el 92 por ciento de todos los casos. Es decir, 123 murieron cubriendo noticias locales en su propio país.

Los enemigos del periodismo parecen temerle más al papel que a la TV. Los periodistas de medios impresos fueron los de mayor riesgo, con 45 muertos mientras hacían su trabajo.

La mayoría de los asesinos de periodistas disfruta de total impunidad. “Matar al mensajero 2013” encontró que se siguieron procedimientos judiciales sólo en tres casos. La gran mayoría de los agresores permanecen sin identificar.

Finalmente, es de aclararse que de los 134 periodistas asesinados en el mundo, 10 fueron muertos en México. INSI en su portal da a conocer su monitoreo en tiempo real, al cerrar esta entrega contabilizaba 18 periodistas muertos en lo que va de este 2014, de los cuales 3 ocurrieron en México. No tiene referencias sobre las desapariciones forzadas que en nuestro país suman 21 pendientes de aclarar.

Fuente: periodistas en español, 5.3.14 por Teodoro Rentería, periodista y escritor mexicano

Jordi Évole y la división de géneros periodísticos

El programa dirigido por Jordi Évole y difundido en La Sexta el domingo 23 de febrero sobre el intento de golpe de Estado de 1981 ha desatado abundantes opiniones enfrentadas que en muchos casos se hallaban muy bien sostenidas, a uno y otro lado del dilema. Intentaremos aquí añadir una perspectiva más al debate.

Para empezar, debe quedar claro que la intención del programa tiene la legitimidad de todo acto creativo del ser humano, y que no cuestionaremos el derecho a hacer lo que se hizo.

Los actos humanos no se pueden juzgar aislados, sino en contexto. ¿Es legítimo que un ciudadano se ponga el uniforme de policía sin serlo? Desde luego que sí, en el caso de que acuda con él a una fiesta de disfraces. Pero claro que no, en el caso de que pretenda suplantar la autoridad de un agente.

Del mismo modo, los contenidos que se comunican a través de un medio han de analizarse en función de su contexto y el registro elegidos. Veamos un caso que podemos tomar como referencia.

El 3 de febrero de 1995, un conocido sacerdote de Las Rozas (Madrid), el párroco de La Visitación, era acusado por una prostituta de la Casa de Campo de haberle pagado sus servicios sexuales con billetes falsos. Unos policías, alertados por la meretriz, le alcanzaron y le ocuparon otros billetes falsificados como los que ella les había mostrado.

Es legítimo que un ciudadano se disfrace de policía si va a una fiesta, no si pretende suplantar la autoridad de un agente

El diario El Mundo tituló así los hechos: “Un cura, detenido por pagar a una prostituta con billetes fotocopiados”. Diario 16 escogió esta frase: “Denunciado un cura de Las Rozas que pagó a una prostituta con dinero falso”. EL PAÍS, por su parte, publicó este titular: “Un cura, denunciado por pagar con dinero falso a una prostituta en la Casa de Campo”. Y el diario Abc se desmarcó de esos relatos con este enfoque: “El párroco de La Visitación, víctima de un montaje”.

No se puede dudar de la legitimidad de que un periódico presente la realidad como mejor considere, pero algo en esa sucesión de titulares nos hace desconfiar del último como texto informativo, sobre todo si conocemos los hechos comprobados.

Los grandes periódicos del mundo establecen en sus libros de estilo que la información y la opinión han de quedar diferenciadas con claridad en sus páginas. El código ético del diario The Washington Post establece (punto 7): “En este periódico es solemne y completa la separación entre las noticias y las páginas editoriales y de opinión. Esta separación está pensada para servir al lector, que tiene derecho a encontrar los hechos en los artículos de noticias y las opiniones y editoriales en las páginas de Opinión”. Y el Financial Times esculpe en su artículo 3: “Los periódicos, aun siendo libres de ser partidistas, deberán distinguir claramente entre comentarios, conjeturas y hechos”. El Libro de estilo de EL PAÍS ordena en su punto 1.3: “La información y la opinión estarán claramente diferenciadas entre sí”. La resolución del Consejo de Europa (1993) sobre ética del periodismo señala (principio 3) que hay que evitar “toda confusión entre noticias y opiniones”. El código deontológico español de la profesión periodística (de 1993) indica (punto 17): “El periodista establecerá siempre una clara e inequívoca distinción entre los hechos que narra y lo que puedan ser opiniones, interpretaciones o conjeturas”. El código periodístico del Reino Unido (1991) especifica (punto 1.c.): “Aunque los periódicos tienen libertad para tomar partido, deben distinguir claramente entre comentarios, conjeturas y hechos”.

Aquel enfoque del diario Abc habría respondido a esos criterios éticos si se hubiera expresado como opinión o conjetura. Pero se presentó como información cuando ningún dato comprobado justificaba ese titular. El lector toma las noticias como un relato de hechos ciertos, y baja la guardia ante ese texto informativo porque le presupone una objetividad. En cambio, ante un texto de opinión (diferenciado de la noticia mediante códigos tipográficos; en el caso de EL PAÍS con titulares en cursiva), el lector sube la guardia porque entiende que está ante un enfoque particular del periodista o de su medio, con el que podrá o no sentirse de acuerdo. La diferencia entre géneros periodísticos constituye, pues, una garantía para el público, que puede percibir en cada uno de ellos ante qué grado de presencia del firmante se va a encontrar. Desde una presencia mínima en la noticia, a una presencia máxima en el artículo de opinión, pasando por los diferentes grados intermedios de la crónica, el reportaje, el análisis, la crítica, etcétera. Y si al lector se le ofrece opinión disfrazada de información, y tal cosa no ocurre en una fiesta de disfraces, el público se verá engañado en su buena fe.

El programa de Jordi Évole se emitió con la apariencia de un documental informativo. Los rasgos de fuerza formal percibidos por el público (aun cuando hubiera sutiles diferencias con emisiones anteriores) invitaban a tomar aquel contenido como un relato de hechos comprobados. Y es ahí donde se produce el ruido, la alteración de los principios generales del periodismo defendidos por los códigos más prestigiosos del mundo. El programa de La Sexta se hallaba en su derecho de ofrecer un espectáculo, o una provocación para demostrar lo fácil que resulta engañar a un público. Pero lo estaba haciendo con un formato que los telespectadores habían entendido, hasta ese momento, destinado a contenidos rigurosos, serios, precisos. Un formato de documental.

Gran parte del público se creyó la patraña porque venía de Évole y suele creerse los documentales informativos

El programa se situaba así en el terreno de la legítima libertad de expresión, pero no en el de la legítima libertad de información. Ambos derechos se suelen confundir. Se entiende por “libertad de expresión” aquella que reside en el individuo para hacer públicas sus opiniones, conjeturas… su visión de la vida. La “libertad de información” reside igualmente en el emisor de un mensaje, pero la comparte con el receptor, que tiene derecho a que se le dé una información “veraz”. Ese derecho del receptor convierte la veracidad en una obligación del emisor. La Constitución española aborda por separado en su artículo 20 el derecho “a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones” —apartado a)— y el derecho “a comunicar o recibir libremente información veraz” —apartado d)—. Por tanto, sólo la información cierta está amparada por la ley fundamental.

Jordi Évole había sido acogido por la comunidad periodística como uno de los suyos, incluso recibió de la Asociación de la Prensa de Madrid el premio al mejor periodista del año 2013. También el público lo tomó como un informador leal. A partir de su reportaje falso sobre el 23-F, él mismo se apartó de ese terreno para colocarse, legítimamente, en otro.

Cierto que el engaño no fue total, pues al final del programa se advirtió del montaje. Pero eso no justifica la trampa mientras duró. Muchos medios de prestigio se niegan incluso a publicar inocentadas, para no incurrir ni por un solo instante en la manipulación del lector (o de la audiencia) en beneficio propio o con fines comerciales. Primero por principio, y después porque no todos los lectores acaban descubriendo la trampa o se mantienen ante el televisor hasta el momento en que se desmonta. Tampoco un diario de referencia mundial abriría una información con una mentira y la remataría aclarando en el último párrafo que se trataba de un embuste destinado a atrapar a los lectores, a denunciar lo mal que se nos informa, a criticar el difícil acceso de los periodistas a los secretos oficiales y a demostrar lo fácil que resulta engañar desde un medio de comunicación.

Esos propósitos que parecían alumbrar las intenciones de Évole requieren quizá un comentario aparte.

1.- Puede que se nos informe mal, pero hay que distinguir entre el error y la falta de ética. Cuando un periodista o un diario se equivocan, no saben que se están equivocando. Los errores forman parte de la condición humana, y lo que distingue a una persona de otra no es si comete o no errores, sino la forma de rectificar ante ellos cuando sabe, ya sí, que se ha equivocado. Asunto distinto es la falta de ética, pues quien cae en ese vicio conoce que está incumpliendo un código: quien plagia, quien miente, sabe que está plagiando o que está mintiendo. El programa de La Sexta confundió al público deliberadamente, no por un error. Aunque quizás Évole no supiera en realidad hasta qué punto estaba dejando de ser el periodista al que un sector amplísimo respetaba.

2.- El difícil acceso a la información que debiera ser pública constituye un mal de nuestro entramado político, tan inmaduro todavía, pero la mejor manera de denunciarlo no es caer en el método del engaño, sino con investigaciones profesionales y denuncias sensatas.

3.- La tesis de que se puede manipular con facilidad desde un medio informativo (caso de que se quisiera demostrar eso en el programa) vendría a demostrar lo contrario de lo que pretende. La mentira solo funciona si está rodeada de verdad. Gran parte del público se creyó la patraña de Évole precisamente porque creía en Évole y porque suele creerse los documentales informativos de televisión. Y eso no implicaba un problema de credibilidad. Tal vez sólo de credulidad, que quizá se transforme ahora en un problema de credibilidad.

La gente da por bueno lo que le cuentan los periodistas, sobre todo si la información y la opinión van por caminos claros y diferentes. Aprovecharse de ello con fines comerciales para hacer una broma es legítimo, forma parte del espectáculo. Nada que objetar. Pero no es periodismo. El periodismo sostenido por unos pilares éticos se basa en la premisa de que el lector tiene derecho a saber desde el principio en qué registro se le cuentan las cosas.

Fuente: El País, 5.3.14 por Alex Grijelmo, periodista y escritor español

Llega la segunda edición del Premio Gabriel García Márquez de Periodismo

El Premio Gabriel García Márquez de Periodismo abrirá desde el jueves 6 de marzo la convocatoria a su segunda edición en 2014, con el propósito de ofrecer a periodistas y medios de lengua española y portuguesa el máximo galardón para incentivar la búsqueda de la excelencia, innovación y coherencia ética, con inspiración en los ideales y obra de Gabriel García Márquez y en la dinámica de innovación, creatividad y liderazgo que caracterizan a la ciudad de Medellín, Colombia.

La presentación se hará en rueda de prensa el miércoles 5 de marzo, a las 9:30 a.m. en el restaurante La Brasserie, de Bogotá. El acto contará con la presencia del alcalde de Medellín, Aníbal Gaviria Correa, los representantes de los Grupos Bancolombia y SURA y sus filiales en América Latina, y el director general de la FNPI, Jaime Abello Banfi. Como invitada de honor, intervendrá la periodista costarricense Giannina Segnini, ganadora de la categoría de excelencia en la primera edición del Premio en 2013, quien se ha destacado por el uso de las nuevas tecnologías aplicadas a la investigación periodística.

Como parte del lanzamiento, el jueves 6 de marzo en el piso 9 del edificio Giraldo de la Universidad Javeriana, Giannina Segnini ofrecerá a las 9:30 a.m. la charla ‘El presente futuro del periodismo’, en la que abordará aspectos clave para renovar el oficio en la era digital.

Esta presentación, con entrada libre, será el acto de apertura oficial de inscripciones a la segunda edición del Premio Gabriel García Márquez de Periodismo.

La charla también será transmitida con señal de video en directo por www.fnpi.org/premioggm y pretende ser, además, un tributo a los 87 años de vida de Gabriel García Márquez, que precisamente en esta fecha está de cumpleaños. Podrán postularse a la segunda edición del Premio Gabriel García Márquez de Periodismo trabajos periodísticos originales realizados en español o portugués de cualquier parte del mundo, publicados entre el 1 de abril de 2013 y el 31 de marzo de 2014. Podrán concursar trabajos que hayan sido publicados en todos los medios, formatos, géneros o plataformas.

La convocatoria estará abierta desde el jueves 6 de marzo hasta el lunes 12 de mayo de 2014 para las cuatro categorías de concurso: Texto, Imagen, Cobertura e Innovación. Además, hasta el 31 de marzo de este año se recibirán sugerencias de candidatos para la categoría de Reconocimiento a la Excelencia.

En las categorías de concurso, grupos de jurados independientes evaluarán en tres rondas los trabajos inscritos para elegir un ganador que recibirá 30 millones de pesos (aproximadamente 15.000 dólares) y dos finalistas que recibirán 5 millones de pesos (aproximadamente 2.500 dólares) cada uno. Por su parte, el Reconocimiento a la Excelencia será otorgado directamente por el Consejo Rector del Premio y en esta modalidad no habrá finalistas.

Los ganadores del Premio se darán a conocer durante la serie de eventos abiertos al público que se realizarán del 30 de septiembre al 2 de octubre de 2014 en Medellín, ciudad que celebra las mejores historias de Iberoamérica. Este premio de la FNPI es posible gracias a la alianza público-privada conformada por la Alcaldía de Medellín, los Grupos Bancolombia y Grupo SURA y sus filiales en América Latina.

Es también posible gracias al apoyo permanente que la FNPI recibe de su aliado institucional, la Organización Ardila Lülle (OAL). Toda la información sobre el Premio y las instrucciones para participar se encuentran en www.fnpi.org/premioggm y en portugués, en www.fnpi.org/premioggm/pt.

Fuente: fnpi, 4.3.14