Las 5 naciones sin prensa libre en América Latina

Según un informe de la ONG Freedom House, la región está mejor posicionada que África y Asia, pero está muy lejos de los niveles de Europa. Cuba y Venezuela son los dos peores, mientras que Costa Rica y Uruguay lideran el ránking México, Ecuador, Honduras, Venezuela y Cuba son los cinco países latinoamericanos en los que la prensa no es libre. La isla gobernada por Raúl Castro es el único que está entre los diez peores del mundo, según el estudio de Freedom House.

Argentina se ubicó en el puesto 106. En los últimos diez años sufrió un notable retroceso

En el otro extremo están Costa Rica y Uruguay, que son los únicos plenamente libres. De todos modos, se ubican en los puestos 22 y 47 sobre los 197 relevados, lo que evidencia el retraso en el que se encuentra la región.

Argentina se ubicó en el puesto 106. Con 51 puntos, si bien mejoró por uno el nivel de 2012, en los últimos diez años sufrió un notable retroceso. En 2003 había obtenido 39.

“Argentina sigue generando preocupación por tener un clima mediático altamente polarizado y funcionarios de gobierno que insisten en una retórica negativa y en ataques verbales contra los periodistas críticos, especialmente aquellos afiliados al Grupo Clarín”, precisa el informe.

La ONG con sede en Washington otorga un puntaje a las condiciones en la que se ejerce el periodismo en cada país. Los que obtienen entre 0 y 30 son considerados libres, entre 31 y 60, parcialmente libres, y de 61 a 100, sin libertad.

Según su último reporte, publicado este 1 de mayo, “la libertad de prensa global cayó a su nivel más bajo en una década”. Sólo el 14% de la población mundial vive en países en los que la prensa es plenamente libre. El 42% vive en regiones parcialmente libres y la parte más importante, un 44%, en lugares sin libertad.

En América Latina, sólo el 2% de la población vive en países con prensa libre.

“Vemos un retroceso en la libertad de prensa a nivel global como producto de los esfuerzos de los gobiernos por controlar el mensaje y castigar al mensajero. En todas las regiones encontramos tanto a gobiernos como a actores privados atacando periodistas, limitando el acceso a eventos noticiosos, censurando y ordenando el despido de periodistas por motivaciones políticas”, dijo Karin Karlekar, director del reporte.

La lista a nivel mundial está encabezada por Holanda, Noruega y Suecia

La lista a nivel mundial está encabezada por Holanda, Noruega y Suecia, que suman 10 puntos. Completan el top ten Bélgica y Finlandia, con 11; Luxemburgo, Suiza, Islandia y Dinamarca, con 12; y Andorra, con 13.

El país en el que la prensa está más restringida es Corea del Norte, que tiene 97 puntos. Los siguen Turkmenistán y Uzbekistán, con 95; Eritrea, con 94; Bielorrusia, con 93; y Cuba, Irán y Guinea Ecuatorial, con 90.

En el resto de América Latina, todos son considerados parcialmente libres. El mejor ubicado es Chile, que con 31 puntos está al borde de los “libres”.

Luego vienen El Salvador (39), República Dominicana (41), Perú (44), Brasil (45), Bolivia (48), Panamá (50), Haití (50), Argentina (51), Nicaragua (52), Colombia (54), Paraguay (59) y Guatemala (60).

Honduras, Panamá y Venezuela se destacaron negativamente, por ser los que más retrocedieron entre el último reporte y el anterior. Por el contrario, Paraguay es el que más progresó, ya que pasó de no ser libre a serlo parcialmente.

Fuente: Infobae, 2.5.14

Una mirada crítica a nuestro periodismo por Víctor Lapuente

Hay dos formas de ejercer el periodismo político. La primera consiste en retransmitir lo que ocurre arriba (el poder político) a los que están abajo (los ciudadanos). El periodista se ve a sí mismo como una especie de sacerdote que interpreta las palabras de los dioses para el común de los mortales. En oposición a este periodista-sacerdote encontramos al periodista-detective, que trabaja más bien de abajo hacia arriba y, desde la escena del crimen, va tirando del hilo de un problema determinado. Esta segunda forma de periodismo político predomina en otros países europeos y ayuda a entender por qué su debate público tiende a ser mejor que el nuestro.

En términos comparativos, hay madera para hacer muy buen periodismo en España. Para empezar, las altas notas de corte para estudiar periodismo han llevado a la profesión a muchos de los más listos de cada generación. Además, la vocación y dedicación profesional de nuestros periodistas es encomiable, como atestiguan los incontables abusos de poder destapados por la prensa. A ello hay que sumar unos recursos materiales nada desdeñables, aun a pesar de la crisis. Los medios españoles pueden permitirse unos despliegues de corresponsales (en Libia, Ucrania, Burgos o el carril-bus de la Gran Vía) impensables en otros países europeos más pequeños —o sea, casi todos—.

Una primera debilidad de nuestro periodismo se encuentra en la estructura de los medios de comunicación. El “pluralismo polarizado” de la comunicación en España —es decir, que tenemos medios de todas las orientaciones políticas, pero que estos, a su vez, tienen muy poca pluralidad interna— actúa de barrera para el consenso social en asuntos clave. Es un asunto que merece reflexión y leerse los trabajos de investigadores como Antón Castromil.

Pero el problema más fundamental de nuestro periodismo es la visión “sacerdotal” de su trabajo que tienen los profesionales de la comunicación. Un problema independiente de la estructura de los medios de comunicación, pues se da también en la teóricamente más libre prensa digital. La visión sacerdotal induce a tres sesgos: 1. El periodista prioriza las declaraciones de los políticos a costa de asuntos sustantivamente más relevantes. 2. Cuando trata asuntos sustantivamente relevantes, otorga demasiada responsabilidad sobre el devenir de los mismos a los políticos, vistos casi como seres omniscientes y omnipotentes, a expensas del papel de otros actores clave (como usuarios, profesionales o expertos). 3. El análisis periodístico de la noticia tiende a construir discursos abstractos en lugar de un contraste de alternativas políticas concretas y factibles.

En primer lugar, el periodismo español es muy declarativo. De hecho, el leitmotiv de muchas noticias —en televisión, radio o prensa escrita— no es tanto un acontecimiento como las declaraciones de turno de un político. La importancia de quien habla cuenta más que qué pasa. Las ruedas de prensa de los portavoces o de los sacrosantos secretarios generales de los partidos mayoritarios se convierten automáticamente en noticia. Se diga lo que se diga y, sobre todo, si no se dice lo que los periodistas esperan que se diga. Esos silencios de los dioses hacen correr ríos de tinta.

Comparemos este encuadre, o framing, de las noticias con el de medios de comunicación más pobres —tanto estéticamente como en número de periodistas— del norte de Europa. Una noticia estereotípica puede comenzar con el informe de unos expertos alertando sobre un problema puntual: el estado de las infraestructuras ferroviarias, quejas tras la privatización de un determinado servicio social, etcétera. A partir de ahí, los periodistas, cual detectives, interrogan a todos los “sospechosos” de tener información relevante: usuarios del servicio, funcionarios de primera línea o cargos medios de la Administración, expertos académicos y así hasta llegar —si es necesario, pero no necesariamente— hasta los políticos con competencias o conocimientos del tema.

Obviamente, muchas noticias en España también están basadas en la publicación de informes y no en el periodismo declarativo. Sin embargo, fijémonos cómo nuestros periodistas adoptan enseguida el rol de los sacerdotes ancestrales que lo primero que hacían cuando las aguas del río subían era correr al templo para interrogar a los dioses. El foco de cualquier problema político se traslada, casi de inmediato, al ministro y a la oposición. Así, el debate sustantivo no se da entre actores sociales diversos, sino entre el Gobierno actual y el anterior (o posterior). El papel de los políticos está sobredimensionado en nuestros medios de comunicación. Son actores importantes, pero la película de la realidad es mucho más coral.

Como en los antiguos sanedrines sacerdotales, los periodistas analizan los designios de los dioses en ese cónclave tan nuestro llamado tertulia política. En el peor de los casos, la tertulia premia la frase impactante a costa del análisis frío y reposado. En el mejor de los casos, cuando tenemos a periodistas excelentes, el formato propio de la tertulia —mucha gente hablando de muchos temas— genera incentivos para que los participantes inviertan en dos enemigos del rigor: los contactos personales con políticos, que les permitirán ofrecer una exclusiva sobre, por ejemplo, los “movimientos de fondo” en un partido; y los discursos basados en conceptos abstractos (ejemplo “Estado de bienestar”, “desigualdad”, “neoliberalismo”), que les permitirán hablar con solvencia de cualquier asunto, en lugar de argumentos sobre temas concretos (ejemplo, “hasta qué punto un copago en el servicio sanitario X es apropiado”, “cuál es el salario adecuado para un profesor de primaria”, etcétera). Los problemas no se discuten de forma independiente, sino en paquetes globales. Por ejemplo, el debate sobre la subida del transporte público se torna enseguida una crítica a la política de recortes o a Merkel y el “pensamiento neoliberal imperante”.

Frente a las multitudinarias tertulias españolas, el debate en otros países se limita con frecuencia a un par de expertos con opiniones enfrentadas. El resultado es que el público obtiene información sobre las ventajas e inconvenientes de las diferentes soluciones alternativas a un problema X. El objetivo es diseccionar una realidad compleja a sus componentes manejables, a las opciones factibles. No es de extrañar que estos países tiendan a adoptar, o como mínimo a discutir seriamente, reformas impopulares, pero necesarias para la sostenibilidad del Estado de bienestar a largo plazo —como la introducción de copagos sanitarios, la reforma de las pensiones o la flexibilización del mercado laboral—. Sus votantes están expuestos a la opinión informada a favor de la iniciativa concreta A (que es fea) y de su alternativa B (que es mucho más fea y, por tanto, peor).

El objetivo de nuestro periodismo (en las tertulias en particular, pero también en muchos de los análisis escritos) parece el opuesto: agregar problemas concretos en entes abstractos. En demasiadas ocasiones, los ciudadanos españoles no reciben un contraste de ventajas e inconvenientes sobre cursos de acción alternativos, sino un choque improductivo de cosmovisiones del mundo. Por ejemplo, en cuanto se sospecha que una reforma huele a derechas, movemos la discusión al terreno de la especulación progresista vaga: que si forma parte de una “agenda oculta” para desmantelar el Estado de bienestar, que si es una expresión más del “triunfo del neoliberalismo” o de la “incapacidad de la socialdemocracia para presentar una alternativa”, etcétera. Esta abstracción contribuye a que la mayoría de reformas que nuestro país necesita queden desprestigiadas rápidamente en el debate público.

En resumen, nuestro periodismo —demasiado declarativo, demasiado jerárquico y demasiado abstracto— es un factor más que ayuda a entender la paradójica situación de que, en medio de una crisis tan brutal a todos los niveles, España se haya reformado tan poquito.

Hay, sin duda, muchas excepciones y ejemplos de gran periodismo en España. Razón de más para replantearnos esas programaciones rebosantes de tertulias y esas crónicas con tantos políticos y tan pocas políticas públicas.

Fuente: El País, 1.5.14 por Víctor Lapuente Giné, profesor en el Instituto para la Calidad de Gobierno de la Universidad de Gotemburgo.

Ileana Alamilla entre las cien personalidades de la información de RSF

Ileana Alamilla, colaboradora de Periodistas en Español, directora ejecutiva de la agencia Cerigua y coordinadora del Observatorio de los Periodistas, ha sido incluida por Reporteros sin Fronteras (RSF) en su listado de los 100 Héroes de la Libertad de Expresión, compuesto por hombres y mujeres de diversas partes del mundo que han sido reconocidos por su incansable labor en la libre difusión de ideas.

Los héroes de la información son una fuente de inspiración para todas las mujeres y todos los hombres que aspiran a la libertad; sin su determinación y la de todos sus semejantes, no sería posible ampliar el área de la libertad simple, aseguró Christophe Deloire, Secretario General de RsF.

En este listado figuran 13 latinoamericanos más, entre los que destacan las periodistas Lydia Cacho y Anabel Hernández de México, Claudia Julieta Duque, de Colombia, Mireya Manquepillán, de Chile, Mabel Cáceres, de Perú, y las hondureñas, Itsmania Pineda y Dina Meza, informa Cerigua.

Ileana Alamilla es una abogada y periodista que estuvo en el exilio por más de 20 años, durante el conflicto armado interno, en Costa Rica, El Salvador, Nicaragua y México.

En agosto de 1983 fundó el Centro de Reportes Informativos sobre Guatemala, mediante el cual se dieron a conocer las violaciones contra la sociedad civil por parte del Estado; fue impulsora de un Programa de Protección a Periodistas en Guatemala y mediante Cerigua denuncia las diversas violaciones a la libertad de expresión en el país.

Actualmente Alamilla es candidata para ocupar el puesto de Relatora Especial para la Libertad de Expresión, de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), cargo que actualmente ocupa la colombiana Catalina Botero.

Tres periodistas mexicanas

Lydia Cacho es reconocida por sus coberturas sobre la violencia y el abuso sexual contra las mujeres y la niñez, y por las agresiones que ha vivido desde 1999 por denunciar tales delitos. En su caso destaca que fue detenida en 2005 después de publicar el libro “Los Demonios del Edén”, en el que dejó al descubierto una red de pedofilia.

Otra mexicana es Anabel Hernández, quien a través de una investigación desató el escándalo conocido como el “Toallagate” (la compra de toallas importadas por 400 mil dólares por el entonces presidente Vicente Fox y su esposa, Marta Sahagún, en 2001), y por el cual ganó el Premio Nacional de Periodismo en 2002.

Asimismo, derivado de sus investigaciones escribió el libro “Los Señores del Narco”, en el que narra la complicidad entre políticos, militares y narcotraficantes, lo que generó amenazas en su contra y que tuviera que pedir seguridad policiaca para resguardar su integridad.

En la lista de héroes y heroínas aparece también la reportera independiente Verónica Basurto y quien ha trabajado sobre casos de corrupción e impunidad. La informadora ha colaborado junto con el periodista francés Laurence Cuvillier en el canal France 24.

Los cien héroes de la información

RSF cien 2014 Ileana Alamilla entre las cien personalidades de la información de RSFEl listado elaborado por RsF fue dado a conocer en conmemoración del Día Mundial de la libertad de Prensa, que se celebra cada 3 de mayo, desde que fuera proclamado en 1993, por la Asamblea General de las Naciones Unidas, siguiendo la Recomendación adoptada durante la 26ª sesión de la Conferencia General de la UNESCO en 1991.

Para RSF, dotados de un valor ejemplar, los “100 héroes” que ha incluido en el listado para conmemorar el Día de la Libertad de Expresión, este 3 de Mayo de 2014,  contribuyen por su lucha o su trabajo a promover la libertad, contemplada en el artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, de “investigar y recibir informaciones y opiniones, y de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”. Los “100 héroes” ponen su ideal “al servicio del bien común”. Y por ello, tienen el valor del ejemplo.

“El Día Mundial de la Libertad de Prensa –cuya creación fue promovida por Reporteros sin Fronteras– debe ser la ocasión de reconocer el valor de estos periodistas y blogueros que, por su vocación, cada día ponen en riesgo su seguridad y en ocasiones su vida”, afirmó Christophe Deloire, Secretario General de RSF. “Los ‘héroes de la información’ son una fuente de inspiración para todas las mujeres y todos los hombres que aspiran a la libertad. Sin su determinación y la de todos sus semejantes, no sería posible ampliar el área de la libertad simplemente”, agregó.

La lista de Reporteros sin Fronteras –que no es exhaustiva– es un reconocimiento y un homenaje no sólo a las 100 personas citadas, famosas o desconocidas, sino también a todos los periodistas –sean o no periodistas de profesión– que día a día contribuyen a iluminar el mundo y dar cuenta de la realidad bajo todas sus formas. Esta iniciativa tiene por objeto demostrar que la lucha para defender y promover la libertad de información pasa por un apoyo intenso a las víctimas de agresiones, pero también por erigir figuras que puedan servir de referencia.

rsf gorka landaburu Ileana Alamilla entre las cien personalidades de la información de RSFLa lista de los “100 héroes de la información” incluye a mujeres y hombres de todas las edades (de 25 a 75 años) y de todas las nacionalidades (65 países). El más joven, Oudom Tat, es camboyano; el de mayor edad, Muhammed Ziauddin, paquistaní. Irán, Rusia, China, Eritrea, Azerbaiyán, México y Vietnam están representados por al menos tres héroes cada uno. En la lista de los 100 figuran personalidades tan diferentes como: Ismail Saymaz, periodista turco que ha enfrentado procesos legales unas veinte veces por sus reportajes; Hassan Ruvakuki, encarcelado durante 15 meses en Burundi por haber acercado su micrófono a los movimientos rebeldes, y Gerard Ryle, director del International del Consortium of Investigative Journalists (ICIJ), quien contribuyó a que se desarrollaran investigaciones periodísticas globales.

Algunos periodistas desempeñan su trabajo en países democráticos. Es el caso de Glenn Greenwald y Laura Poitras, estadounidenses que revelaron las operaciones de vigilancia masiva de los servicios de inteligencia estadounidenses y británicos. Otros, ejercen su oficio en los regímenes más autoritarios, como la periodista iraní Jila Bani Yaghoob. No todos son periodistas de profesión. El periodista ciudadano vietnamita Le Ngoc Thanh también es sacerdote católico. Muchos de ellos, como el periodista italiano especializado en el crimen organizado Lirio Abbate, han hecho de la corrupción y la criminalidad en su país su caballo de batalla. Es el caso de Peter John Jaban, conductor de radio en Malasia, quien durante un largo periodo vivió exiliado en Londres; de Serhiy Lechtchenko, periodista de investigación ucraniano, y del búlgaro Assen Yordanov, quien a menudo recibe amenazas de muerte. Entre estos retratos RSF también incluyó los de activistas como María Pía Matta, quien desde la Asociación Mundial de Radios Comunitarias (AMARC) defendió cerca de diez años la libertad de expresión de las radios comunitarias de América Latina y el Caribe.

El valor es el denominador común de todas estas personalidades. En Uzbekistán, las autoridades no dudaron en torturar a Muhammad Bekjanov para obtener sus confesiones; el periodista está detenido desde hace 15 años, no recibe atención médica pese a que padece tuberculosis. Eritrea se encuentra en el último lugar en la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa 2014 de RSF; es la séptima vez que ocupa esa posición. En ese país, Dawit Isaac se consume en los calabozos del dictador Isaías Afeworki desde hace 13 años. Mazen Darwish, fundador del Centro Sirio para los Medios de Comunicación y la Libertad de Expresión (Syrian Centre for Media and Freedom of Expression), quien recibió el Premio de la Libertad de Prensa 2012 (“Periodista del año”) de RSF, se encuentra preso desde hace más de dos años por el régimen de Bachar el-Assad.

Fuente: Periodistas en español, 2.5.14

La ética se pone a “flor de piel” cuando se hace investigación por Pablo Peralta M.

Roberto Navia soñaba con ser arquitecto, pero hoy es periodista. Ha rescindido la posibilidad de ascender a editor, por hoy prefiere las calles a un escritorio. Se inclina más a subirse a un camión y encontrarse con la gente, que   asistir a  las cumbres de presidentes y estar cerca del poder. ¿Quién es este cronista que parece nadar a contracorriente?

Trabaja en el área de reportajes de investigación y crónicas especiales del diario El Deber. Por su labor fue galardonado con el Premio Nacional de Periodismo, la medalla Huáscar Cajías a las nuevas generaciones y el Premio Ortega y Gasset, otorgado por el diario El País de España.

Nació en Camiri, Santa Cruz, hace 39 años. Es hijo de un carpintero e integrante de una familia migrante, que un día salió desde su terruño en busca de mejores oportunidades. “Siempre digo que soy un migrante de oficio. Si es que mis padres no hubieran viajado casi siempre en busca de días mejores, quizá yo sería un burgués, un empresario o un cajero de banco”, comenta.

Esta vivencia ha marcado su forma de trabajo y el cómo aborda los temas, puesto que afirma que haber sido un “migrante constante” incide en su “forma de narrar, de enfocar los temas, de buscar respuestas del fenómeno de la migración, a través de historias de otros migrantes”.

Precisamente, en 2007 ganó el premio Ortega y Gasset, al que considera como un “aliento internacional” que marcó un antes y un después en su carrera, por un trabajo relacionado con la migración. El reportaje tituló “Esclavos made in Bolivia”.

En su trabajo, la ética ocupa un papel central. Por eso sostiene que cuando uno hace periodismo de investigación esa cualidad “se pone a flor de piel”.

Este martes, será distinguido con el premio Libertad – Juan Javier Zeballos, otorgado por la Asociación Nacional de la Prensa.

Si bien en la actualidad su profesión no es aquella primigenia idea colegial de ser arquitecto, el factor estructural de aquel sueño aún está latente: la construcción, utilizando en vez de ladrillos, la palabra escrita. “El periodismo y la literatura me llamaban para construir historias”, relata ahora el cronista.

Para llegar hasta donde estás,  ¿qué tuviste que sacrificar?

Trabajar mucho y trabajar más. Un trabajo a tiempo completo, que implica no sólo las horas que exige estar en la redacción, reportear y escribir. Sino también formarse, conocer los textos de autores, leerlos y reelerlos. Lo primero que uno sacrifica, lamentablemente, es lo que tiene más a mano: la familia.

Lo que significa no estar presente  en los cumpleaños, en las navidades ni años nuevos o simplemente los fines de semana de churrascos. Estas cosas, que pueden resultar banales, resulta que tienen un peso vital en la consolidación de las familias. Pero tuve la suerte de tener una familia que me acompañó y soportó no sólo mis ausencias, mis encierros en mi biblioteca donde me refugio para escribir textos que van más allá del diario donde trabajo.

Lo digo esto no como una queja, porque cuando uno se decide por el periodismo, sabe a qué se mete. Este oficio es un apostolado y lo lleva metido en la piel durante todo el día.

Rechazaste  ser editor  varias ocasiones. ¿Por qué te cuesta dejar las calles por el escritorio?

Suelo decir que desde el escritorio no se puede ver el horizonte. En una oportunidad fui jefe de redacción del diario El Norte, que el diario El Deber instaló en Montero. En ese puesto trabajé con alegría y responsabilidad. Era 2003 y no podía creer que mientras  Bolivia se desangraba en la llamada guerra del gas, yo estaba quieto en un escritorio. Por lo menos en esta etapa de mi vida, lo mío es ser un trotamundos, un gitano de oficio, un meterme donde no me llaman. Este mundo es esférico y hay que recorrerlo. Ya lo dijo nuestro maestro Gabriel García Márquez, hay que vivir para contarla.

Ahora, quiero aclarar que guardo un fuerte respeto por los editores, jefes de redacciones y directores de los diarios. Ellos hacen un trabajo monumental y necesario para que salgan las ediciones a tiempo y bien.  Es un trabajo admirable que obviamente no descarto realizar en algún momento, como una especie de estación cuando crea necesario alivianar las andanzas.

¿Cuál es la principal amenaza que identificas para el ejercicio de un periodismo libre e independiente?

Las principales amenazas son los intereses económicos o políticos que intentan esconder datos o historias que los comprometan. Por eso, un periodista es un personaje incómodo al que quieren que esté muy lejos de ellos.

Recuerdo que Riszard Kapuscinki decía que las fuentes oficiales siempre mienten, a no ser que demuestren lo contrario. Ese mensaje es valioso para darnos cuenta que el poder suele estar más interesado en esconder cosas que en mostrarlas.

Un periodista mal formado, que no se prepare, que no aspire a investigar su realidad también puede ser una amenaza para la profesión. Para cabalgar en un mundo que cada vez es más hostil, es necesario una dosis mayor de conocimiento para cuestionar a los que nos gobiernan.

¿Cuál fue la ocasión en que más fuertemente se puso a prueba tu ética?

En las ocasiones en que uno hace periodismo de investigación es cuando la ética se pone a flor de piel. Me ha ocurrido que cuando investigaba hechos de corrupción, aparece gente que con un descaro intenta frenar tu investigación creyendo que el dinero lo puede todo. Ahí lo que hice con mucho gusto  fue tirarles el dinero en la cara y decirles que este oficio, noble como es, no se compra ni se vende. La credibilidad lo es todo en el periodismo. Si pierdes eso, te conviertes en un fantasma, en un ser desnudo. En el periodismo no sólo hay que parecer honesto, sino, es necesario serlo. La ética se pone a prueba el rato menos pensado.

¿Cuál es la principal motivación que tienes para seguir haciendo relatos y crónicas, en un medio en que reina más la información coyuntural?

Son varias motivaciones. La principal, luchar por hacer lo que de verdad me gusta. Y a mí me gusta eso, la prosa pensada y el reporteo sin la rapidez loca que te exige la coyuntura.

Hay un dicho que manejan los cronistas: los cronistas siempre llegamos tarde, a propósito, al lugar de los hechos. Y lo hacemos para reportear sin aspaviento, para tomarnos el tiempo de mirar los ojos de las personas y de escuchar el zumbido del viento. Es que los ojos de la gente y hasta el color del viento están cargados de historias.

Me mueve hacer visibles a los invisibles, a la gente de a pie, a los que también son los derrotados de la vida, a los que moran en el submundo, a los discriminados por realizar un oficio que está cerca del “pecado”. Me gusta subirme a un camión y encontrar en la carrocería a aquellos seres humanos que se mueven en busca de algo. Me gusta estar lejos de las cumbres de presidentes, donde por lo general, se muestra una realidad que no existe y se trata  de escribir la historia desde el punto de  vista del poder, de esos seres que no conocen la calle y lo que sucede en los mercados de los países que gobiernan.

De aquí a unos 50 o 100 años,  ¿cómo quisieras que te recuerden?

Sería muy pretencioso decirlo. Pero creo que todo cronista lo que desea es que sus textos vivan más tiempo que uno. Que sigan alzando vuelo por todas las esquinas del país y del mundo.

Fuente: Página Siete, 4.5.14 por Pablo Peralta, periodista

El ímpetu de la libre expresión en “Nacionalismo y Coloniaje” por Elisabeth Estévez

Luego de recorrer las páginas del libro “Nacionalismo y Coloniaje de Carlos Montenegro, reedición realizada por la Asociación de Periodistas de La Paz (APLP) en junio del pasado año, uno de los motivos que me impulsó a presentar dicha propuesta editorial al actual Directorio 2012-2014, aprobado en esta oportunidad, fue la inquietud de tener una obra que no pierda vigencia y que esté al alcance de periodistas, comunicadores y estudiantes, si hablamos de la historia del periodismo y de los hechos que hicieron historia, mediante la obra del autor que aportó a los bolivianos.

Si comparamos aquella época con la actual, en el marco del ímpetu de la libre expresión, la era digital viene a ser un vehículo para la difusión de ideas y opiniones mediante la tecnología digital y en las redes sociales como twitter, Facebook, blogs, Internet, telefonía celular, etc. que incentivan la libre expresión de los ciudadanos frente a las limitaciones de los medios de comunicación masiva que coartan en algunos casos de la forma de pensar de los libre pensantes.

La obra de Montenegro enfocó la realidad social, económica y política mediante su tesis “nación” y “anti nación” y era el reflejo de una sociedad que buscaba respuestas en medio del caos de idea y que se alimentada con el ejercicio de la libre expresión. Para Montenegro, la “nación” era la genuina representación de las ideas y las propuestas de los cambios de la sociedad de los libre pensantes y no así desde afuera o “anti nación”, lo cual significaba copiar el pensamiento foráneo.

Con el advenimiento de la era digital los libres pensantes encontraron la manera de emitir su libre expresión mediante el Internet en medio de la censura a los medios de comunicación y la manipulación mediática, en la búsqueda de solución a conflictos, como fue el caso de la huelga de los médicos, el TIPNIS, el paro de trasporte, etc. y ahora en medio de un panorama pre electoral.

El uso de la tecnología para el ejercicio de la libre expresión, en el marco de la globalización, ha pasado fronteras en otros países, donde el uso de las tecnologías y las redes sociales es frecuente, como en el caso del conflicto de Egipto y las manifestaciones en Brasil.

Hace 70 años, el Premio Nacional de Ensayos promovido por la APLP en 1943, lanzado para “ofrecer al país una obra de utilidad y orientación para la conciencia pública”, sobre el tema “La Influencia del Periodismo en la Historia Nacional” no deja de perder vigencia si miramos la descripción de la historia.

Los “pasquines”, “libelos” y “manifiestos” y el periódico “La Calle -al cual hace referencia Montenegro- se emitían en la colonia y en la época postcolonial; eran impresos elaborados con tinta y papel en imprenta y a mano, eran una forma de transmitir la aprobación o rechazo de los gobernantes. Aunque los mensajes tenían errores gramaticales y de sintaxis, no dejaban de ser un testimonio genuino de la gente y que contribuían a los valores democráticos y a la libre expresión.

Sin duda la variada forma de ejercer la libertad de expresión en la época colonial y en la actual era digital es similar porque los formatos multimedia incentivan el ímpetu de la libre expresión, mediante diferentes códigos y formatos al alcance de los emisores de mensajes.

Además de las ventajas del Internet se destaca el ejercicio de la libre expresión a través de los teléfonos móviles y los SMS en distintos programas de televisión y radiales en vivo o diferido porque se ha convertido en un complemento abierto de opiniones.

Nacionalismo y coloniaje más allá de señalar el rol del periodismo, la libre expresión y la democracia, hoy en día es un buen precedente para el uso de la tecnología digital porque está al alcance de los ciudadanos en las redes sociales y en el Internet.

Fuente: El Diario, 6.5.14 por Elizabeth Estévez periodista y Comunicadora, UCB.

Unesco: una nostalgia viva por Mac Bride por Paco Audije

Asisto a algunas sesiones (el conjunto es inabarcable) que siguen al Día Mundial de la Libertad de Prensa en la UNESCO.

Han tenido tenido lugar el 5 y 6 de mayo. Esta vez, los debates se centran en el papel de los medios, en la relación de la llamada gobernanza y la comunicación con el desarrollo. Se debatía sobre la seguridad de los periodistas (ante la persistencia de las listas de asesinatos de periodistas en muchos países). Se trataban las aspiraciones globales a la transparencia.

“La libertad de palabra ayuda al desarrollo, pero tiene sus propios valores intrínsecos. Es tanto un medio como un fin”, dice la presentación de la propia organización mundial. La UNESCO (Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) se fundó en noviembre de 1945, paralelamente a la ONU, de la que es una rama colateral.

Se supone, se suponía, que la voluntad de contribuir a la paz y a la seguridad mundial pasaban (pasan) por la educación, la cultura, la ciencia y la información. Esa es su base. Tuvo un precedente en la llamada Comisión Internacional para la Cooperación Intelectual, integrada en el sistema de la Sociedad de Naciones (que precedió a la ONU) existente entre las dos guerras mundiales.

Unesco, crisis y logros

Sin embargo, creo que no es éste el momento para referirnos a la CICI, sino a la evolución de la UNESCO actual, a sus contradicciones, a su prestigio pasado y a una cierta y relativa decadencia en nuestros días. Fue espejo de las aspiraciones del mundo posterior a la colonización y reflejó mejor las aspiraciones de los pueblos del planeta, que su organización madre.

En el período en el que Federico Mayor Zaragoza fue director general (1987-1999), Estados Unidos y el Reino Unido salieron de la organización. Y aunque EEUU  regresó, ha vuelto a  dar un portazo (junto a Israel) porque Palestina ha sido admitida como miembro de pleno derecho. El castigo es político, pero también económico porque Washington aportaba una quinta parte del presupuesto.

A pesar de todo eso, de sus quiebras, incluso de sus casos de corrupción internos, la UNESCO tiene tras de sí una trayectoria globalmente positiva. Ha contribuido enormemente a la lucha contra el racismo, a la defensa del patrimonio artístico y arquitectónico en todos los lugares del mundo, a la defensa de la biosfera.

Desde los viejos debates a las voces actuales

Desde luego, también al debate sobre la libertad de información. En cierta medida, hemos escuchado debates, frases, concepciones que ya parecíamos haber oído en otros momentos, en otros lugares; pero era fascinante una vez más encontrarse con el planeta entero.

Alguien recomendaba un libro desde la tribuna (“Developement on the edge of chaos”, según mis notas del momento). El periodista turco Ahmet  Şık recibía el premio Guillermo Cano en la inauguración. Denunciaba los arranques liberticidas de su primer ministro Recep Tayyp Erdogan, pero también que Facebook, Youtube y Twitter no pagan impuestos en Turquía.

Un periodista de Túnez describía las faltas de la revolución en su país, pero proclamaba orgulloso: “El tunecino medio, en la calle, podrá decirles a ustedes que la libertad de expresión es uno de los mayores logros de nuestra revolución”.

 “Los medios de comunicación no constituyen la profesión, sí lo es el periodismo. Y nosotros consideramos el periodismo como un bien público”, decía Ernest Sagaga (ruandés), en nombre propio y de la Federación Internacional de Periodistas. La FIP ha jugado un papel clave en varias sesiones de estas jornadas de la UNESCO.

¿Desarrollo o libertades?

En el debate sobre el desarrollo, las bellas palabras parecían llevar la delantera hasta que alguien dijo: “China es un caso tremendo, la prueba de que un país puede progresar sin libertades, sin que haya un avance paralelo de la libertad de prensa y expresión”. En ese momento, me di cuenta de que los representantes de los estados se habían marchado de la sala, al final de la ceremonia de inauguración.

Desde la sala, un ciudadano de Azerbaiyán denunciaba los manejos de su gobierno para controlar la Red: “Claro que comprenden la importancia del periodismo actual. Están invirtiendo enormemente para controlar también los medios digitales. Incluso utilizan la Red y los medios digitales para culpar a los periodistas de todo. ¡Los corruptos lanzan la idea de que la corrupción principal está en el periodismo!”

“Los medios también generan rentas e ingresos para los países”, afirmaba Naranjargal Khashkuu, una brillante (y simpática) intelectual de Mongolia, presidente de Globe International. Para sorpresa de los asistentes, terminó su intervención cantando.

Medios de servicio público

Alguien se refirió a las evoluciones de la radiotelevisión pública en Sudáfrica. Otro (británico) señaló que la BBC es el modelo para muchas televisiones públicas, pero que es el primer ministro del Reino Unido quien aprueba a todos los miembros de su dirección administrativa (board).

En la parte del debate referido a los medios públicos, Paola Parri (italiana), quien preside COPEAM, una institución cultural de los países del Mediterráneo, surgida del proceso de Barcelona, presentó un vídeo con las actividades y promoción del diálogo audio-visual. Defendió a los medios públicos, pero los vinculó a la ciudadanía: “Tenemos que estar atentos a la sociedad civil, implicarla en la defensa de los servicios audiovisuales públicos. Y esa implicación tiene que tener lugar partiendo de las necesidades sociales. Y no hay que rehuir, eso nunca, los temas delicados”.

Del informe MacBride a los tabúes reincidentes

Alguien advirtió contra los intentos de algunos estados por apartar las religiones del campo de la crítica, los intentos de establecer tabúes mediante resoluciones de Naciones Unidas. La amenaza de lo sagrado, de orden cultural o religioso, contra la libertad de expresión.

La UNESCO ha recorrido un buen trecho, no siempre rectilíneo. Y de nuevo deberíamos volver atrás para recordar las polémicas planetarias del informe MacBride, que se presentó en la Conferencia General de 1980. Su expresivo título “Un solo mundo, voces múltiples”, ya adelantaba sus intenciones: romper con el discurso oligopólico de las cinco grandes agencias mundiales.

En la comisión que presidió Seán MacBride (irlandés), estuvieron también Hubert Beuce-Méry (fundador del diario Le Monde), el soviético Leonid Zamiatin y Marshall McLuhan. También el recién fallecido Gabriel García Márquez.

La presidencia de Ronald Reagan fue la base de los ataques contra las ideas contenidas en el informe MacBride, que aunque logró reconocimiento internacional (Seán MacBride fue Premio Nobel de la Paz), terminó arrinconado oficialmente en la propia UNESCO. Los viejos oligopolios no han desaparecido del todo y se difuminan en la Red, amenazados por los nuevos, a su vez disfrazados de “apertura universal”. Descubrimos cada día sus beneficios, pero también su maridaje con el espionaje de cada uno de nuestros pasos, de cada una de nuestras células cerebrales, de cada una de nuestros pensamientos más íntimos. Necesitamos un segundo informe MacBride.

En lo personal, como miembro del Comité Director de la Federación Europea de Periodistas, he vivido las tensiones de nuestro propio debate. Tenían que ver con el conflicto de Ucrania, pero también en este caso, frente a mí, colegas de Rusia y Ucrania se sentaban juntos. Dialogaban entre sí y con los demás. No es poco en estos días.

Afortunadamente, cabe recomendar al lector que se acerque a los documentos y al sitio de la UNESCO para revivirlo. Parte de los viejos impulsos, de los debates anteriores, de los aciertos y errores de aquella vivísima UNESCO, siguen vigentes. Al menos, esa ha sido nuestra impresión en todo lo que hemos podido ver y escuchar estos días en la sede de la organización en París.

Fuente: periodistas en español, 7.5.14 por Paco Audije, periodista español

“Noticias” que dan vergüenza ajena por Marcelo C. Tedesco

Una reciente tapa de la revista Noticias, de editorial Perfil, es pretexto para reflexionar nuevamente sobre cuáles son los límites éticos que la profesión periodística no debería transigir bajo ningún pretexto. En la pieza en cuestión se aprecia un fotomontaje de la Presidenta de la Nación crucificada. Sin entrar en consideraciones semiológicas, varias cuestiones se pueden desprender del análisis de tal imagen, pero inevitablemente –en mi caso particular– todas llevan del asombro al repudio desde todos los ejes de reflexión que se intenten. Cabe aclarar aquí que no se trata de una meditación sobre el uso de la imagen presidencial. Las mismas emociones me despertaría la imagen de cualquier otra mujer crucificada.

El enfrentamiento económico y político de la editorial de Fontevecchia con el gobierno nacional es sobradamente conocido. Por ello, el uso de un elemento de tortura y muerte para un adversario político no deja más que lugar al recuerdo de las etapas más negras de la historia argentina. Como dice Ricardo Sidicaro, “comprar un diario, acto ritual, es adquirir una matriz de decodificación de los hechos sociales que organiza el conocimiento sobre una realidad que al mismo tiempo construye. Mediante él se le ofrecen al lector formas de ver el mundo (…) adquirir un diario es como votar por él en un mercado de opciones que ofrece miradas alternativas sobre la sociedad y sus problemas”. Desde el funcionalismo al pos estructuralismo, desde Paul Lázarsfeld a Pierre Bourdieu, todos los investigadores dedicados al tema reconocen que los medios contribuyen a construir e instalar pautas de conducta socialmente aceptadas. Decodificar los hechos sociales en términos de crucificar a una mujer (en primer lugar) y a un adversario político (luego) significa la construcción de una matriz peligrosa, que tiende a legitimar –a entender de quien escribe– una conducta que en la última dictadura cívico-militar se cobró la vida de miles de seres humanos.

El papel de un medio, implícito o explícito, es dotar a los sujetos sociales de categorías interpretativas cuyo efecto es hacer ver la realidad de un modo determinado y movilizarlos en grados diversos a la acción. La relación entre los medios y otros actores políticos se puede analizar sistémicamente. Como indica Héctor Borrat: “Si por actor político se entiende todo actor colectivo o individual capaz de afectar el proceso de toma de decisiones en el sistema político, el periódico (extensible a todos los medios masivos de comunicación) independiente de información general ha de ser considerado como un verdadero actor político. Su ámbito de actuación es el de la influencia, no el de la conquista del poder institucional o la permanencia en él”. Al igual que otros actores políticos, los medios actúan a partir del conflicto como categoría clave para comprender los procesos sociales, movilizan recursos para competir con otros actores y operan en el espacio público para ganar adhesión e influencia.

Desde un enfoque religioso, la utilización de la cruz con fines propagandístico-políticos no puede más que ofender la sensibilidad de aquellos millones de cristianos que ven en éste a un símbolo de redención, algo que a juicio de quien escribe no forma parte del mensaje que quiere construir el medio en cuestión con dicha tapa. Considerando un análisis de género, la crucifixión de una mujer impone una reflexión sobre la violencia de género implícita en tal imagen, que lamentablemente parece sintomática en una revista que ha publicado otras piezas periodísticas similares, como una en la cual mediante photoshop se presenta a Cristina Fernández de Kirchner desnuda.

Históricamente, dentro de las democracias liberales se ha asignado a la prensa la función del “watchdog” o perro guardián de las actividades del gobierno, colocándola en un lugar de “cuarto poder” junto a los tres establecidos por el constitucionalismo moderno. Sin embargo, este control y las funciones de promover el debate, circular ideas, etc. tienen limitaciones reales propias de su estructura económica y su actuación dentro de un sistema. El peligro es cuando las ambiciones económicas y el papel que buscan cumplir como actores políticos están por encima de la función informativa. Allí es cuando se difumina el límite de la ética que debe guiar al periodismo y allí es cuando –para quienes desde jóvenes abrazamos “el mejor oficio del mundo”– determinadas acciones dan vergüenza ajena.

Fuente: Página12, 6.5.14, por Marcelo Tedesco, argentino, licenciado en Historia y periodista. Profesor adjunto de Fundamentos del Periodismo en la Universidad Provincial del Sudoeste

La libertad de prensa

Uno de los temas más difíciles por el que se atraviesa en muchos países del mundo, es el de la libertad de prensa, derecho que es mirado con diferentes ópticas por los poderes y también por la ciudadanía el que, sin embargo, continúa siendo un escollo para las dictaduras y para las arbitrariedades.

El pasado 3 de este mes se recordó un nuevo aniversario del “Día Internacional de la Libertad de Prensa”, instituido por la Organización de las Naciones Unidas en la misma fecha en 1993, para llamar la atención sobre la necesidad de una prensa libre como elemento fundamental para el desarrollo social.

En los próximos días, en nuestro país, recordaremos también el “Día del Periodista”, que si bien implica la organización de una institución que agremia a los profesionales de los medios de comunicación, en el fondo se lo puede también unir a la libertad de prensa, un derecho que también tiene sus aristas en este tiempo y que ha ocasionado debates y declaraciones respecto a la posición de periodistas y autoridades.

La libertad de prensa es la existencia de garantías con las que los ciudadanos tienen el derecho de organizarse para la edición de medios de comunicación cuyos contenidos no estén controlados ni censurados por los poderes del Estado, y que todo hombre o mujer puede publicar sus ideas libremente y sin censura previa.

El problema de la libertad de prensa, además es producto de otros derechos como las libertades de pensamiento, de expresión y de conciencia, los mismos que han sido conquistados en el tiempo, después de grandes sacrificios humanos, especialmente en el tiempo inquisitorial, cuando, incluso, se vetaban libros y la misma libertad de expresión, enviándose a las hogueras textos y seres humanos, por suponer que éstos estaban en contra de la fe y, por lo tanto, ingresaban a la acusación de herejía.

Hoy los nuevos “herejes” son los medios de comunicación y los periodistas, especialmente para gobernantes que no conciben las libertades, la pluralidad ideológica y política, para lo que proyectan leyes denominadas como “mordaza” o, simplemente, se ocupan de atemorizar y amedrentar a profesionales y empresarios, con declaraciones que muchas veces van contra la dignidad de las personas o coartando la publicidad estatal.

Se ha dicho siempre que no existe democracia si no hay libertad de prensa, lo que no es concebido por algunos, que suponen que con la adhesión plena de todos los medios a un régimen, sean éstos propios o atemorizados, se controlará el pensamiento y la expresión de la ciudadanía, como si no existiesen otros medios de comunicación como las redes sociales en internet, en las que las libertades son una norma difícil de coartar, en las que también se trata de intervenir.

Celebramos el “Día de la Libertad de Prensa”, deseando que todos los ciudadanos, conciban que ese derecho, como el de expresión, es propio, por cuanto censurarlo o coartarlo no es un ataque a profesionales y dueños de medios, sino al propio pueblo, el que tiene derecho a conocer, informarse o ser orientado para la propia toma de decisiones, sin presiones de ninguna naturaleza.

Fuente: Jornada, 5.5.14, por José Manuel Loza, periodista boliviano

Presente griego en el Día del Periodista por Rodolfo Mier Luzio

Simón Bolívar, un 15 de abril de 1819; o sea, hace más de 195 años, dijo con rotunda convicción: “El derecho a expresar los pensamientos y opiniones de palabra, por escrito o de cualquier otro modo, es el primero y el más inestimable don de la naturaleza. Ni aún la ley misma podrá jamás prohibirlo…”.

Pero, hacer entender eso a este gobierno, es una misión imposible. Los gobiernos que se acercan más al totalitarismo que a la democracia, siempre han tenido un temor enfermizo a la prensa y a los periodistas, porque son los primeros en amplificar sus errores, o sus delitos, contra el Estado, y contra las leyes y la propia Constitución Política del Estado.

Pese a todo eso, el Procurador del Estado, interpuso denuncia en contra de dos periodistas del periódico La Razón, por la presunta comisión de los delitos de “espionaje”, “revelación de secretos” y “complicidad”, y un juez ordenó se revele la fuente de la noticia publicada.

Ese, no es el ámbito en el que se deben dirimir estos asuntos. Recordemos que la Ley de Imprenta vigente en el país desde 1925, en su artículo 8 señala taxativamente que el secreto en materia de imprenta es inviolable. Es más, la ley de imprenta crea un procedimiento y deslinde jurisdiccional, que señala que los periodistas no están sometidos a los jueces ordinarios y su tribunal es de ciudadanos designados (Tribunal de Imprenta). La Ley de Imprenta de 1925 es la única norma jurídica que desarrolla y garantiza el trabajo libre de los trabajadores de la prensa, por su ámbito de protección a los periodistas frente al poder político de turno.

Los periodistas de “La Razón”, al margen de la línea política e ideológica que pudieran tener, merecen un tratamiento especial, mediante la Ley de Imprenta vigente desde 1925; por lo tanto,  debe ser respetada por el poder político, que tendría que ser el primero en mostrar obediencia a los mandatos constitucionales y a la normativa supranacional en materia de libertad de expresión y de prensa.

El obediente  (o temeroso) juez que ordeno se revela la fuente de la nota publicada en el periódico paceño, lo hace en el momento menos adecuado, cuando se recuerda el “día del periodista”, que viene a ser una suerte de “presente griego”, en lugar de aceptar la labor de los periodistas bolivianos, por su contribución a la democracia y a los valores fundamentales de nuestra sociedad.

Los periodistas no esperan distinciones ni reconocimientos; un buen regalo, siempre ha sido, y es, el respeto a su labor y a las leyes que protegen su trabajo; además, lo que más importante, el derecho que tiene la sociedad de estar informada.

Por lo menos…esa es mi opinión.

Fuente: HoyBolivia, 9.5.14 por Rodolfo Mier Luzio, periodista boliviano

Saludo en el Día del Periodista Boliviano

La Asociación Nacional de Periodistas de Bolivia hace llegar su saludo a todos los periodistas del país, recordando que un 10 de mayo de 1865, el Presidente Mariano Melgarejo mandó fusilar al periodista Cirilo Barragán por un artículo que molestó a su dictadura y que el Presidente Germán Busch estableció el 10 de mayo de 1938 como el “Día del Periodista” en repudió a dicho acto dictatorial.

A lo largo de nuestra historia hemos constatado que los gobernantes pueden actuar siempre de dos maneras distintas respecto a nuestra profesión: una es la actitud del tirano intolerante y la otra la del gobernante respetuoso y comprensivo a la labor sacrificada de hombres y mujeres que cumplen noblemente con el cotidiano deber de mantener informada a la ciudadanía.

Esta labor se realiza en condiciones que, como nunca antes en democracia, se han vuelto adversas para el ejercicio de los derechos constitucionales, que deberían garantizar y fomentar la libertad de expresión y con ello la libertad de prensa.

A tiempo de reiterar que la prensa no es por sí sola buena ni mala, y que depende de como la practican los periodistas cuando cubren la información de buenos y malos gobernantes.

Saludamos en este día a los colegas que se arriesgan diariamente por practicar una buena prensa, por defender intransigentemente la libertad de expresión y la Ley de Imprenta vigente desde el 19 de enero de 1925.

Saludamos asimismo a los periodistas que cumpliendo con los preceptos éticos de la profesión no olvidan que nuestra labor tiene derechos, pero también obligaciones con el medio de comunicación donde se desempeña, pero, especialmente, frente a las demandas de la ciudadanía y no se olvida en ningún momento de las injusticias ni se someten a las presiones vengan de donde vengan.

Por último, nos comprometemos a continuar la indeclinable lucha por la plena vigencia de la libertad de expresión, en los términos que establecen las normas internacionales reconocidas constitucionalmente en nuestro país.

Fuente: ANPB, 10.5.14