Comunicado de prensa, sobre el abuso cometido contra ael periodista Never Antelo

A LA OPINIÓN PÚBLICA

Las organizaciones que suscriben este documento, la Confederación Sindical de Trabajadores de la Prensa de Bolivia, la Federación Sindical de Trabajadores de la Prensa del Departamento de Tarija, conjuntamente los Sindicatos que la conforman, Yacuiba, Villa Montes, Bermejo, Caraparí y Cercado, y la Asociación de Periodistas de Tarija, ante el flagrante atentado a las libertades del compañero y ciudadano Never Antelo Cortéz, Secretario Ejecutivo del Sindicato de los Trabajadores de la Prensa de Cercado, perpetrado en las pasadas horas por el Grupo DELTA a órdenes del Ministerio Público, procediendo a la captura y detención en celdas policiales de esta ciudadano, expresamos nuestro profundo repudio e indignación por este abuso de poder.

Este reclamo se hace también en nombre de la sociedad civil que sufre permanentemente de abusos y falta de respuestas de la justicia a miles de casos en todo el país. Como miembros de esta sociedad continuaremos trabajando para exigir de las autoridades llamadas por Ley el respeto a los derechos humanos y la administración correcta, seria y recta de la justicia a la que tenemos derecho constitucionalmente; estas dilaciones y “exceso de carga procesal” constituyen una flagrante afrenta a la ciudadanía.

Para nadie es desconocido que nos enfrentamos a un Poder Judicial obtuso, ineficiente e indolente ante la responsabilidad de ejercer su labor de manera oportuna, eficiente y eficaz.

Los firmantes consideramos que lo sucedido en las pasadas horas, lejos de amedrentarnos, nos fortalece e impulsa a seguir trabajando por una sociedad ávida de información clara y precisa, sociedad a la cual nos debemos.

Asimismo, tomaremos las acciones pertinentes de reclamo y denuncia ante nuestros entes nacionales, la Comisión de Derechos Humanos de la Asamblea Plurinacional, la Comisión de Derechos Humanos de la Asamblea Legislativa Departamental, la Comisión de Derechos Humanos del Concejo Municipal, el Defensor del Pueblo y la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia.

Asimismo, exigimos el total y urgente esclarecimiento de lo sucedido con nuestro compañero Cristian Osvaldo Mariscal Calvimontes que, al cabo de 4 meses, sigue en foja cero ante la ciudadanía; también exigimos el esclarecimiento oportuno de los miles de casos no resueltos o retrasados que agobian a la sociedad civil.

Finalmente, expresamos nuestra total solidaridad al c. Never Antelo Cortéz, ante la agresión y tropello sufrido en las pasadas horas, y nos declaramos en Estado de Emergencia y Movilización permanente.

Tarija, 2 de junio de 2014

Pablo Zenteno Poma . Fernando Ayala Perales
SECRETARIO EJECUTIVO SECRETARIO DE ORGANIZACIÓN
F.S.T.P.T. F.S.T.P.T.

Gabriela Ontiveros Baldiviezo Never Antelo Cortez
DELEGADA A LA COD Y COMITÉ CÍVICO SECRETARIO EJECUTIVO
F.S.T.P.T. SINDICATO PRENSA CERCADO

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Jorge Quiros Barrenechea
PRESIDENTE DE LA ASOCIACION
DE PERIODISTAS DE TARIJA

Sindicato de la Prensa Radio y Televisión de Yacuiba
Sindicato de la Prensa Radio y Televisión de Villa Montes
Sindicato de la Prensa Radio y Televisión de Bermejo
Sindicato de la Prensa Radio y Televisión de Carapari
Sindicato de la Prensa Radio y Televisión de Cercado

Un Juez poco letrado

Sub editorial

Sin convocar a las partes ni percatarse de la vigencia de la Ley de Imprenta, el juez 11º de Instrucción en lo Penal de la sede de gobierno ha dispuesto “declarar improbada la excepción de incompetencia promovida por Ricardo Aguilar y Claudia Benavente, autor de una nota y directora del periódico La Razón, respectivamente, “prosiguiéndose con la competencia para ejercer control jurisdiccional de la presente investigación”.

Como se recordará, el Procurador del Estado demandó a Aguilar por revelar “secretos de Estado” y a Benavente por “complicidad” con el argumento, absolutamente injustificado que el autor habría revelado acciones reservadas en un reportaje sobre el trabajo de la comisión que elaboró la Memoria que se presentó ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ). Incluso se hizo referencia a espionaje en favor de Chile.

Luego esta autoridad aclarará que el objetivo de la demanda es que el periodista diga quién le pasó la información, olvidando que un pilar de nuestro trabajo es defender a rajatabla el secreto de la fuente, norma que ha sido recogida sabiamente tanto por la Ley de Imprenta como por la Constitución Política del Estado, de la que el Procurador se siente uno de sus principales autores.

También se debe recordar que un caso puede ser declarado secreto o reservado sólo por disposición expresa y en forma previa a su divulgación, y que la prohibición es para los funcionarios públicos, no para los medios de comunicación.

Así, por donde se analice este caso es un despropósito al punto que despide un preocupante tufillo electoral.

Una vez más, declaramos desde Los Tiempos nuestra solidaridad en este caso con los ejecutivos, periodistas y trabajadores de La Razón.

Fuente: Los Tiempos, 30.5.14

 

Periodistas

Muchas veces, en medio de la voracidad informativa, la demanda de contenidos y la fugacidad de datos de las redes, el concepto de periodismo profesional y demás concepciones de sujetos que informan se separa por una delgada línea. ¿Quién es periodista en Argentina? ¿El que estudia para serlo? ¿O el que tiene vocación para entender el lenguaje comunicacional? En muchos casos las empresas de medios suelen rechazar a personas con un título frente a personas que tienen idoneidad para el discurso periodístico.

En Argentina, según el Estatuto del Periodista Profesional (ley 12.908), se considera periodista “a todas las personas que realicen en forma regular, mediante retribución pecuniaria, las tareas que le son propias en publicaciones diarias o periódicas y agencias noticiosas”. La ley detalla que la extensión de la definición abarca desde el director de un medio hasta el colaborador permanente.

No sólo el requisito de brindar información es necesario para la caracterización de un sujeto dentro del papel de periodista profesional, el aspirante necesita dos años de trabajo en relación de dependencia para lograr la acreditación de un carnet emitido por el Ministerio de Trabajo, algo que no sucede en la práctica, como bien plantea el abogado Damián Loreti. “El régimen legal de la actividad no establece requisitos académicos ni de colegiación para ser considerado periodista profesional”, expresa Loreti, y más tarde agrega “la actividad periodística, respecto de quienes se desenvuelven en la misma sin ser propietarios de los medios, se desarrolla mediante la relación laboral que vincula al profesional con la empresa que utiliza su fuerza de trabajo y su ‘mente factura’”.

Una gran parte de quienes discuten entre la tesis de la colegiación de periodistas y la ausencia de la misma para ser considerado profesional se basa en lo que sostiene el estatuto mencionado anteriormente y en diversos casos a modo de ejemplo a nivel mundial, donde no es necesario contar con ciertos requisitos formales para ejercer como periodista.

En nuestro país, gran cantidad de medios alternativos e independientes con excelentes análisis de la realidad, información y estética editorial fueron realizados por personas ajenas al ámbito académico. El caso de la revista La Garganta, creada por la asociación social La Poderosa, es un ejemplo claro y concreto de periodismo con altura, realizado por periodistas y chicos pertenecientes a villas de Buenos Aires. El periodismo visto desde la figura del periodista como figura irrefutable de la realidad queda de lado, se anula la concepción de que sólo una estricta élite asciende en la escala social de ser llamado periodista y escribir verdades absolutas. Tal definición propia de la década del ’90, donde la sociedad mantenía una confianza ciega en gran parte del periodismo, desapareció en los últimos tiempos.

Hoy en día, analizar el contexto social y tratar de descifrarlo para poder expresarlo en una síntesis de información es una tarea que ya no sólo se limita a un grupo acotado de periodistas de academia ni representa el centro de la verdad absoluta. Tampoco se mantiene sólo una cara de la moneda, no se está tratando de decir que no se debe estudiar para ejercer la ardua tarea de informar, sino que la condición no es excluyente mientras el lenguaje comunicacional se maneje de un modo aceptable.

Como plantea Loreti, “el impacto del crecimiento de los institutos dedicados al estudio de la comunicación social y el periodismo (universidades, institutos terciarios, academias, círculos y escuelas) han creado una falsa creencia respecto de la viabilidad y conveniencia de permitir el acceso a la profesión a quienes se graduaran en estas instituciones” y en cierta forma no se sabe verdaderamente si se “ha cumplido o no un cometido determinado a favor del derecho a la información”.

La apertura de posibilidades a las puertas del periodismo puede ser una gran oportunidad para la pluralidad de voces y nuevos proyectos comunicacionales, mientras el nivel de contenidos tratados con ética profesional se mantenga y el compromiso con la realidad se convierta en el eje central. Tanto de periodistas colegiados como no colegiados.

Fuente: Página12, 28.5.14 por Nicolás Adet, argentino periodista de la Agencia Paco Urondo

Sin censura previa

Aunque el art. 14 de la Constitución nacional sólo se refiere a publicaciones en la prensa, será muy difícil sostener que el “sin censura previa” se refiera a ese solo medio de comunicación.

El cine ha llegado a ser un caso emblemático sobre la censura. Hernán Invernizzi, remedando el título del famoso film de Jiri Menzel, acaba de publicar un valioso libro sobre el tema de la censura cinematográfica que va de 1946 a 1976, Cines rigurosamente vigilados. El autor entiende que se trata de “uno de los medios que más influyó en la construcción de la identidad nacional de siglo XX”. Al hacerlo propone un marco peronismo-antiperonismo como fuertemente determinante de lo sucedido. Poner el centro de esta historia alrededor del peronismo opaca lo que bien remarca en su texto, que en todo el período investigado hay varios protagonistas que no necesariamente se conjugan con dicha visión política y son determinantes en el manejo de la censura. Invernizzi pone claramente de manifiesto que, en todas las épocas, influyeron diversas fuerzas de la Iglesia Católica Romana directamente o por medio de organizaciones que reclamaban por la defensa de la familia o la moral. Los exhibidores y productores buscaron que su negocio no se viera afectado. Salvo algunos casos notorios, un buen número estuvo dispuesto a presentar guiones que fuesen bien recibidos y hubo muchos casos en que negociaron la aprobación de cortes a sus películas. Reiteradamente diversos estratos del Ejército o de la policía intervinieron para cuestionar producciones que pudieran afectar su imagen e historia. Además no son menores los conflictos de tipo personal por celos o por cuestiones económicas que suelen presentarse como conflictos políticos.

Así, la figura del ente censor no necesariamente se constituye en el protagonista principal, sino que se trata de una compleja participación entre los que pueden influenciar en la toma de decisión sin que tengan que asumir su responsabilidad. Con la asunción al gobierno de Raúl Alfonsín en 1983, se nombra al director de cine Manuel Antín a cargo del llamado en esa época Instituto Nacional de Cinematografía, con el que tuve oportunidad de cooperar con aportes para la redacción de la ley y en la primera Comisión de Calificaciones. La ley aprobada (23.052) en 1984 enfatizaba, en el primer artículo de su reglamentación, que la calificación de películas “se realizará sin ningún tipo de censura”, aspiraciones que habían sido manifestadas varias veces.

La novedad en este caso era que se establecía que la Comisión Calificadora estuviera integrada por, además de organismos competentes del Estado, un psicólogo o psicóloga, un crítico cinematográfico y uno por cada representación religiosa, definidos en la reglamentación como: el catolicismo, el culto israelita y las confesiones cristianas no católicas. Las buenas intenciones de la ley no tardaron en enfrentar cuestionamientos similares a los que, por ejemplo, sufrió Osvaldo Getino cuando, habiendo sido designado interventor del Ente de Calificación en 1973, pretendió abolir la censura y producir una nueva ley. Los intereses políticos, comerciales y de otra índole desgastaron una función noble en intención, pero bloqueada por diversos intereses.

El paradigmático ejemplo en el campo de lo audiovisual llama a preguntar qué sucede en una sociedad que entiende ha abolido todo tipo de censura en los medios en un tiempo en que esos mismos medios se han desarrollado en forma exponencial. ¿Cómo y quién define la libertad de expresión o la comunicación que se ejerce sin censura previa? Los hechos parecen indicar la obsolescencia de los viejos parámetros que, bien o mal, se demandaban desde la sociedad. La concentración de medios en contadas manos tiende a desgastar aquello que no cuaja con sus intereses. En esa órbita de interconexión y desarrollo empresarial, el tema de la censura es desalojado de la sociedad para reducirlo a un tema interno de los medios.

Hoy, cuando la estructura de los medios es manejada por el interés económico de unos pocos, la censura se convierte en un bien privado que no requiere ni procura la aprobación social. ¿Quién tiene hoy el poder de dar la palabra? Aquellos que manejan los medios de mayor alcance han aprendido que el dominio social pasa por la seducción. El control de la imaginación resulta más eficaz que apelar a la censura. Para ello optan en sus medios por silenciar cualquier tema o hecho que afecte sus intereses. Por eso distorsionan la información que sea para adecuarla a sus propósitos. Por eso se dedican a crear hechos, insuflar sospechas, ensuciar trayectorias, crear miedos que se evitarán con falsas promesas. Ya hace mucho, el pensador protestante Paul Tillich recordaba que “la sociedad tecnológica occidental creó métodos para ajustar las personas a sus exigencias de producción y consumo que son menos brutales, pero que, a largo plazo, son mucho más eficaces que la represión totalitaria. Ellos despersonalizan no porque exijan sino porque ellos ofrecen, dan exactamente aquellas cosas que tornan superflua la creatividad humana”.

Fuente: Página12, 28.5.14 por Carlos A. Valle, comunicador social argentino. Ex presidente de la Asociación Mundial para las Comunicaciones Cristianas (WACC).

Pérez-Reverte: ‘El único medio para mantener a raya a los poderosos es una prensa libre’

Ya lo hizo una vez, hace no mucho tiempo, a través de su cuenta de Twitter, pero esta vez lo ha hecho con todas las palabras y todas las letras, durante la entrega de premios ‘Ortega y Gasset’ de periodismo, que entrega ‘El País’, a los que han acudido diferentes personalidades políticas y del mundo de los medios de comunicación.

Ante ese foro ha hecho el periodista y escritor Arturo Pérez-Reverte una defensa tremendamente emotiva del periodismo. Pero no de cualquier periodismo, sino del que es capaz de generar algo de ‘miedo’ entre los poderosos y de este modo ponerle freno a la impunidad. La defensa ha sido, por tanto, también una crítica al periodismo actual, cada vez más dócil, en opinión del escritor, especialmente en España.

A continuación reproducimos su discurso íntegro. Se titula ‘Sobre miedo, periodismo y libertad’ y aunque es bastante extenso, no tiene desperdicio y merece la pena leerlo hasta el final.

“Hace medio siglo recibí la más importante lección de periodismo de mi vida. Tenía 16 años, había decidido ser reportero, y cada tarde, al salir del colegio, empecé a frecuentar la redacción en Cartagena del diario La Verdad. Estaba al frente de esta Pepe Monerri, un clásico de las redacciones locales en los diarios de entonces, escéptico, vivo, humano. Empezó a encargarme cosas menudas, para foguearme, y un día que andaba escaso de personal me encargó que entrevistase al alcalde de la ciudad sobre un asunto de restos arqueológicos destruidos. Y cuando, abrumado por la responsabilidad, respondí que entrevistar a un político quizás era demasiado para mí, y que tenía miedo de hacerlo mal, el veterano me miró con mucha fijeza, se echó atrás en el respaldo de la silla, encendió uno de esos pitillos imprescindibles que antes fumaban los viejos periodistas, y dijo algo que no he olvidado nunca: “¿Miedo?… Mira, chaval. Cuando lleves un bloc y un bolígrafo en la mano, quien debe tenerte miedo es el alcalde a ti”.

Pienso en eso a menudo. Y últimamente, en España, más todavía. Ninguna de la media docena de certezas, de lecciones fundamentales que he ido adquiriendo con el tiempo, supera esas palabras que un viejo zorro de redacción dirigió a un inseguro aprendiz de periodista: Cuando lleves un bloc y un bolígrafo en la mano, quien debe tenerte miedo es el alcalde a ti. Todo el periodismo, su fuerza, su honradez, hasta su épica, se resume en esas magníficas palabras. En esa declaración segura de sí, casi arrogante, formulada por un humilde redactor de provincias.

Miedo, es la palabra. No hay otra. O al menos, no la conozco. Miedo del alcalde correspondiente, o su equivalente, ante el bloc y el bolígrafo, o lo que los sustituya hoy, manejados por una mano profesional, eficaz y honrada en los términos en que el periodismo puede considerarse como tal. He escrito alguna vez, recordando siempre a Pepe Monerri, que el único freno que conocen el político, el financiero o el notable, cuando llegan a situaciones extremas de poder, es el miedo. En un mundo como este, donde las ingenuidades y las simplezas de mecherito en alto y buen rollo a menudo son barajadas por los canallas, como instrumento, y creídas por los tontos útiles que ofician de ganado lanar y carne de cañón, ese es el único freno real. El miedo. Miedo del poderoso a perder la influencia, el privilegio. Miedo a perder la impunidad. A verse enfrentado públicamente a sus contradicciones, a sus manejos, a sus ambiciones, a sus incumplimientos, a sus mentiras, a sus delitos. Sin ese miedo, todo poder se vuelve tiranía. Y el único medio que el mundo actual posee para mantener a los poderosos a raya, para conservarlos en los márgenes de ese saludable miedo, es una prensa libre, lúcida, culta, eficaz, independiente. Sin ese contrapoder, la libertad, la democracia, la decencia, son imposibles.

Nunca en esta democracia, como en los últimos años, se ha visto un maltrato semejante en España del periodismo por parte del poder. Aquel objetivo elemental, que era obligar al lector a reflexionar sobre el mundo en el que vivía, proporcionándole datos objetivos con los que conocer este, y análisis complementarios para mejor desarrollar ese conocimiento, casi ha desaparecido. Parecen volver los viejos fantasmas, las sombras siniestras que en los regímenes totalitarios planeaban, y aún lo hacen, sobre las redacciones. Lo peligroso, lo terrible, es que no se trata esta vez de camisas negras, azules, rojas o pardas, fácilmente identificables. La sombra es más peligrosa, pues viene ahora disfrazada de retórica puesta a día, de talante tolerable, de imperativo técnico, de sonrisa democrática. Pero el hecho es el mismo: el poder y cuantos aspiran a conservarlo u obtenerlo un día no están dispuestos a pagar el precio de una prensa libre, y cada vez se niegan a ello con más descaro. Basta ver las ruedas de prensa sin preguntas, el miedo a comparecencias públicas, los debates electorales donde son los políticos y sus equipos, no los periodistas desde la libertad, quienes establecen el formato. Como si hubiera, además, que agradecerles la concesión. Y la sumisión de los periodistas, y de los jefes de esos periodistas, que aceptan ese estado de cosas sin rebelarse, sin protestar, sin plantarse colectivamente, con gallardía profesional, frente a la impune soberbia de una casta a la que, en vez de dar miedo, dan, a menudo, impunidad, garantías y confort.

Aterra la docilidad con la que últimamente, salvo concretas y muy arriesgadas excepciones, el periodismo se pliega en España a la presión del poder. Creo que nunca se ha visto, desde que se restauró la democracia, un periodismo tan agredido por el poder político y financiero. Y nunca se ha visto tanta mansedumbre, tanta resignación en la respuesta. Apenas hay afán por buscar, por investigar, excepto cuando se trata de servir intereses particulares. Entonces, para procurar munición al padrino que a cada cual corresponde o se ha buscado para sobrevivir, entonces sí hay luz verde, y hay medios, hasta que se topa con la línea roja correspondiente a cada cual: la banca, la telefonía, la publicidad, el nacionalismo correspondiente, la Iglesia, tal o cual sigla de partido, lo socialmente correcto llevado hasta extremos de estupidez. Y en pocos casos se trata de hacer reflexionar al lector sobre esto o aquello. Se trata, por lo general, de imponerle una supuesta verdad. Y ese parece ser el triste objetivo del periodismo español de hoy: no ayudar al ciudadano a pensar con libertad. Solo convencerlo. Adoctrinarlo.

España es un lugar con una larga enfermedad histórica que se manifiesta, sobre todo, en un devastador desprecio por la educación y la cultura, y una siniestra falta de respeto intelectual por quien no comparte la misma opinión. Por el adversario. Siempre creí, porque así me lo enseñaron de niño, que los únicos antídotos contra la estupidez y la barbarie son la educación y la cultura. Que, incluso con urnas, nunca hay democracia sin votantes cultos y lúcidos. Y que los pueblos analfabetos nunca son libres, pues su ignorancia y su abulia política los convierten en borregos propicios a cualquier esquilador astuto, a cualquier manipulador malvado. A cualquier periodismo deshonestamente mercenario.

Y así, con frecuencia, aquí todo asunto polémico se transforma, no en debate razonado, sino en un pugilato visceral del que está ausente, no ya el rigor, sino el sentido común. Apenas existe en los medios españoles un debate solvente político, social o cultural merecedores de ese nombre, sino choques de posturas. Diálogos de sordos, a menudo en términos simples, clichés incluidos, de derecha e izquierda. La presencia de nuevas formaciones políticas que buscan espacios distintos no varía la situación. Se sigue buscando situarlas en uno u otro de los tradicionales, como si de ese modo todo fuese más claro. Más definido. Más fácil de entender.

Destaca, significativa y terrible, la necesidad de encasillar. En España parece inconcebible que alguien no milite en algo; y, en consecuencia, no odie cuanto quede fuera del territorio delimitado por ese algo. Aquí, reconocer un mérito al adversario es tan impensable como aceptar una crítica hacia lo propio. Porque se trata exactamente de eso: adversarios, bandos, sectarismos heredados, asumidos sin análisis. Toda discrepancia te sitúa como enemigo, sobre todo en materia de nacionalismos, religión o política. Me pregunto muchas veces de dónde viene esa vileza, esa ansia de ver al adversario no vencido o convencido, sino exterminado. Y quizá sea de la falta de cultura. De ciudadanos simples surgen políticos simples, como los que muestran esos telediarios en los que, al oír expresarse a algunos políticos casi analfabetos (y casi analfabetas, seamos socialmente correctos), te preguntas: ¿Por quién nos toman? ¿Cómo se atreven a hablar en público? ¿De dónde sacan esa cateta seguridad, esa contumaz desvergüenza?… Sin embargo, la falta de cultura no basta para explicarlo, pues otros pueblos tan incultos y maleducados como nosotros se respetan a sí mismos. Quizá esa Historia que casi nadie enseña en los colegios pueda explicarlo: ocho siglos de moros y cristianos, el peso de la Inquisición con sus delaciones y envidias, la infame calidad moral de reyes y gobernantes.

Pues bien. Ese “conmigo o contra mí” envenena, también, las redacciones. Los veteranos periodistas recordarán que en los años de la Transición, y hasta mucho después, la línea ideológica, el compromiso activo de un medio informativo, los llevaban el quipo de dirección, columnistas y editorialistas, mientras que los redactores y reporteros de infantería, honrados mercenarios, eran perfectamente intercambiables de un medio a otro. Un periodista podía pasar de Pueblo al Arriba, a Informaciones, a Diario 16 o a El País con toda naturalidad. Incluso redactores de El Alcázar, la ultraderecha de la derecha, tuvieron vidas profesionales en otros medios. Ahora, eso es casi imposible. Las redacciones están tan contaminadas de ideologías o actitudes de la empresa, se exige tanta militancia a la redacción, que hasta el más humilde becario que informa sobre un accidente de carretera se ve en la necesidad de dar en su folio y medio un toquecito, una alusión política, un puntazo en tal o cual dirección, que le garantice, qué remedio, el beneplácito de la autoridad competente. Y ya que hablo de sucesos, está bien recordar que hasta los sucesos, los accidentes, las desgracias, son tratados ahora por los medios, a menudo, según el parentesco político más cercano. Según sea la militancia de los responsables reales o supuestos. Y a veces, hasta de las víctimas.

Apenas hay periodismo político real en España, sino declaraciones de políticos y cuanto en torno a ellos se genera. Raro es el trabajo periodístico que no incluye declaraciones de políticos a favor o en contra, marginando el interés del hecho en sí para derivarlo a lo que el político opina sobre él, aunque esa opinión sea una obviedad o un lugar común, o quien habla maneje mecanismos expresivos o culturales de una simpleza aterradora. Lo que cuenta es que el político esté ahí. Que adobe y remate el asunto. Hasta el silencio de un presidente o un ministro se considera noticia de titulares de prensa. Por modesta o mediocre que sea a veces, la figura del político asfixia a todas las otras. Hasta en la prensa local del más humilde pueblo español, las páginas abundan en politiqueo municipal, convirtiendo cualquier menudo incidente concejil en asunto de supuesto interés público. Los mecanismos internos más aburridos de cualquier formación política importante se examinan hasta el agotamiento. En mi opinión, las horas que un tertuliano de radio o televisión dedica en España a analizar la mecánica interna de los partidos no tienen equivalente en el mundo democrático

Todo eso agota al lector, al oyente, al telespectador. Lo aburre y lo expulsa del debate, haciendo que vuelva la espalda a la política, haciéndolo atrincherarse allí donde las palabras reflexión y lucidez desaparecen por completo. Tampoco ayudan a ello las voces que en ocasiones el periodismo pone sobre la mesa, como algunos tertulianos y opinadores profesionales alineados con tal o cual postura, o que han ido readaptándola cínicamente en los últimos 40 años, de modo que antes de que abran la boca ya sabes, según el individuo y el momento, lo que van a decir. Del mismo modo que reconoces tal o cual emisora de radio, en el acto, por el tono de sus intervinientes, aunque ignores el nombre de estos. Igual que con alguien en la calle, a los pocos minutos de conversación, sabes exactamente que periódico lee o que emisora de radio escucha.

Para cualquier lector atento de varios medios, es evidente que el periodismo en España se ha contaminado de ese ambiente enrarecido, de ese sesgo peligroso que tanto desacredita las instituciones en los últimos tiempos y del que son responsables no solo los políticos, ni los periodistas, sino también algunos jueces demasiado atentos a los mecanismos de la política, el periodismo y la llamada opinión pública. Y tampoco la crisis económica contribuye a las deseadas libertad e independencia. La inversión publicitaria pasó de 2.100 millones de euros en 2007 a menos de 700 en 2013. Eso aumenta la tentación de cobijarse bajo los poderes establecidos, y el periodismo como contrapoder se vuelve un ejercicio peligroso. Por sus propios problemas, algunos medios deciden no ir contra nadie que tenga poder o dinero. Y surge otro serio enemigo del periodismo honrado: la autocensura. Cuando el redactor jefe, en vez de animarte, te frena. Nos gusta ver en las películas cómo periodistas intrépidos consiguen la complicidad y el aliento de sus superiores; pero eso, aunque por fortuna ocurre a veces, no es aquí el caso más frecuente. No se practica con igual entusiasmo en las redacciones, más atentas a notas de prensa de gabinetes que a patear el asfalto. Y así, los partidos, las grandes empresas de la banca, las comunicaciones y la energía, entre otras, aprovechan la dependencia de los medios para dar por supuesta, cuando no imponer, la autocensura en las redacciones.

Supongo que habrá soluciones para eso. Posibilidades de cambio y esperanzas. Pero no es asunto mío buscarlas. No soy sociólogo, ni político. Apenas soy ya periodista. Solo soy un tipo que escribe novelas, que fue reportero en otro tiempo. Y hoy, puesto que aquí me han emplazado a ello, traigo mi visión personal del asunto, parcial, subjetiva, que pueden ustedes olvidar, con todo derecho, en los próximos cinco minutos. La transición del papel a lo digital, los productos de pago en la red, la eventualidad de que nuevos filántropos, capital riesgo y empresarios particulares unan sus esfuerzos para hacer posible un periodismo solvente y de calidad, son posibilidades ilusionantes que sin duda serán abordadas por quienes aún creen que solo un periodismo que pide cuentas al poder, en cualquier forma de soporte inventada o por inventar, tiene futuro. Esa es, y será siempre, la verdadera épica del periodismo y de quienes lo practican: pelear por la verdad, la independencia y la libertad de información pagando el precio del riesgo, en batallas que pueden perderse, pero que también se pueden ganar. Haciendo posible todavía, siempre, que un alcalde, un político, un financiero, un obispo, un poderoso, cuando un periodista se presente ante ellos con un bloc, un bolígrafo, un micrófono o lo que depare el futuro, sigan sintiendo el miedo a la verdad y al periodismo que la defiende. El respeto al único mecanismo social probado, la única garantía: la prensa independiente que mantiene a raya a los malvados y garantiza el futuro de los hombres libres.”

Fuente: 233grados.com, 23.5.14

Nuevo Tribunal Nacional de Ética Periodística

Por Marcelo Guardia Crespo Los profesionales de la información y comunicación deben evitar una llamada de atención. Despreciar o no tomar en cuenta la función de un Tribunal de Ética es renunciar al derecho al honor y a la dignidad.

El Tribunal Nacional de Ética Periodística (TNEP) renovó sus tribunos esta semana. Tiene por objetivo que los propios periodistas se regulen en el trabajo informativo para evitar que otros actores sociales o poderes pretendan hacerlo. Durante los últimos cuatro años recibió cerca de 50 denuncias contra medios y periodistas y emitió fallos para llamar la atención a periodistas de todo el país. Es la primera experiencia formal de auto-regulación de periodistas con resultados positivos. Se basa en la capacidad personal y colectiva de definir lo que es correcto y lo que no es. Sostiene que el ejercicio de libertad es imposible sin la responsabilidad.

Ha actuado sobre faltas de periodistas, tanto de afiliados a las organizaciones promotoras como de no afiliados. Algunos periodistas se han negado a presentar sus descargos por considerar incompetente al TNEP. Todos han recibido los fallos correspondientes y algunos han reconocido y  agradecido por la llamada de atención. Ése es el avance positivo que se ha alcanzado al generar conciencia de que no se puede vulnerar los derechos de las personas con la arrogancia de quien tiene el poder de la palabra o tiene acceso a algún medio de comunicación.

No existen sanciones ni castigos en el campo de la deontología. Solamente se hacen llamadas de atención que buscan un efecto moral.

Los Consejos y Tribunales de Ética son conformados por colegas periodistas organizados con criterios establecidos institucionalmente.

Este TNEP está constituido por tres periodistas y dos personas de la sociedad civil. Es impulsado por el Consejo Nacional de Ética Periodística que se sostiene en las siguientes instituciones: APLP, Asbora, Aboic, ANPB y CNTP.

En este importante periodo, el TNEP ha constatado que las llamadas de atención a los colegas periodistas tienen un efecto moral profundo que, aunque no sea visible a los ojos del público, recuerdan que la Libertad de Expresión no es posible sin la responsabilidad del periodista y del ciudadano. Son dos dimensiones de un mismo derecho.

Se ha alertado sobre el hecho que de transitamos hacia un nuevo estado de los derechos relacionados con esta profesión, que demandan una nueva mirada que va más allá de la defensa de la libertad de expresarnos libremente. Porque también debemos trabajar buscando satisfacer los derechos de información y comunicación, no solamente con nuestras opiniones, que pueden estar cargadas de subjetividad, sino también con información recabada y verificada con técnica y ética profesional. Es decir, con información más próxima a la verdad.

Urge difundir más sobre la existencia y los alcances de este tribunal, así como pensar en formas mediante las cuales los ciudadanos puedan denunciar transgresiones o faltas, no solamente relacionadas con los derechos personales, sino también con temas macro-sociales, ante los cuales, los individuos no se sienten motivados a reclamar porque no les afecta directamente.

En el fondo está en juego uno de los mayores valores creados por la humanidad: la dignidad. Todos los hombres y mujeres tienen dignidad porque saben que son merecedoras del respeto de los demás. Cuando un ciudadano denuncia que alguna noticia ha vulnerado su honor a través de la difamación, la calumnia, la injuria o la simple falsedad, siente que su dignidad ha sido afectada. Por tanto, tiene derecho a defender su imagen personal.

Cuando un periodista recibe una llamada de atención de un Tribunal o Consejo de Ética, por haber cometido una falta, también debiera sentir afectado su honor y su dignidad. Por esa razón, los profesionales de la información y comunicación deben evitar una llamada de atención. Más aún cuando existe un Código de Ética que explicita lo que se debe y no se debe hacer en el trabajo de producción de noticias. Despreciar o no tomar en cuenta la función de un Tribunal de Ética es renunciar al derecho, al honor y a la dignidad.

Fuente: Los Tiempos, 23.5.14 por Marcelo Guardia, comunicador boliviano

Internet y Ley de Medios

A escala internacional, la generación joven, que se conoce como la de los “nativos digitales”, nacida luego de 1990, está más cerca de YouTube que de la televisión abierta o de la radio. Desde 2012, en Estados Unidos, Internet y específicamente YouTube -creado en 2005 y comprado por Google en 2006-, es su fuente principal para escuchar música (64%). YouTube ha adquirido así un peso fenomenal como vehículo de cultura audiovisual: más de 1 000 millones de visitas individuales, y más de 6 000 millones de horas de videos son vistos en el mundo por mes. Para tener una idea de la magnitud del asunto: por minuto, se suben más de 100 horas de video a YouTube en todo el mundo.

Así las cosas, la evolución es rápida y no responde a lógicas nacionales. Tiene algunas consecuencias importantes para el mundo de la cultura. Cambian, por ejemplo, los escenarios de los negocios -baja radical de ventas de CD musicales, acceso a públicos antes impensados-. Y cambian también los papeles de la radio y de la televisión como fuentes de información y acceso a música. Hoy, no se precisa esperar a que la radio pase la canción favorita para escucharla. Hoy no se precisa ver televisión abierta para informarse. Todo está en Internet.

En Uruguay el peso de Internet es cada vez más grande. Según la reciente Encuesta Específica de Acceso y Uso de TIC (2013), el 65% de los hogares urbanos tiene Internet, y ello cuenta al definir conductas de consumo. El Grupo de Investigación sobre Uruguay, Sociedad e Internet de la Universidad Católica del Uruguay midió esas conductas en mayores de 15 años y obtuvo interesantes resultados. Según su trabajo, un 53% emplea Internet para revisar sus correos electrónicos, y más de la mitad para leer y buscar noticias, y para entrar en redes sociales. La red social más usada es Facebook con 98,2%, seguido por Twitter con 21,5%. Pero lo más interesante es que para la inmensa mayoría de los encuestados (86%), Internet figura como una fuente importante o muy importante de información.

El Gobierno pretende, a través de la aprobación de la llamada Ley de Medios, que radios y TV difundan y promuevan la “identidad nacional” y fomenten la “identidad cultural del país”. Busca así incidir en los contenidos de los canales de televisión abierta y las radios nacionales. El problema es que estas disposiciones no solo limitan la libertad de emisión de esos medios. También, cuando se toma contacto con los verdaderos hábitos de consumo culturales de los uruguayos, cualquiera se da cuenta que quieren incidir en un mundo comunicacional que, en realidad, no existe más.

El Gobierno ha planteado que la aprobación de esta Ley de Medios es una de sus prioridades para este año. Pero ¿qué gana poniendo energía en un proyecto así, cuando el mundo de la comunicación va notoriamente para otro lado? Da vergüenza ajena.

Fuente: El País-Montevideo, 21.5.14

Expertas periodistas creen que existe machismo en la profesión

Las exdirectoras de New York Times y Le Monde, Jill Abramson (i) y Natalie Nougayrède (d)

Eran las dos primeras mujeres que dirigían dos de los diarios más prestigiosos a nivel internacional, como son el francés Le Monde y el estadounidense The New York Times, y ambas se despidieron el mismo día, con apenas unas horas de diferencia, de ese cargo de responsabilidad.

La primera en hacerlo fue Natalie Nougayrède, que en la mañana del pasado miércoles decidía dimitir tras perder casi todos los apoyos en la redacción y entre los accionistas del diario francés Le Monde. Ya por la tarde estalló la ‘bomba’ en la Gran Manzana, con una reunión sorpresa con la redacción en la que el dueño del New York Times, Arthur Sulzberger Jr., anunciaba el despido de Jill Abramson, primera mujer que dirigía el diario en sus más de 160 años de historia.

Aunque la de Nougayrède era más esperada por los últimos acontecimientos que se habían producido en Le Monde, como la dimisión de siete redactores jefe apenas unos días antes, lo cierto es que las dos salidas han causado una gran sorpresa en el sector, especialmente por el corto espacio de tiempo que hubo entre ellas y también por el corto espacio de tiempo que ambas mujeres estuvieron ‘gobernando’ en los dos prestigiosos rotativos, poco más de un año en el caso de la francesa y poco más de dos años y medio en el caso de Abramson.

Sobre ambas salidas, y sobre si existe machismo o poca igualdad de género en la profesión, hemos querido preguntar a algunas de las periodistas con más trayectoria y experiencia de nuestro país, como son Charo Zarzalejos, fundadora de la agencia Vasco Press y colaboradora de multitud de medios; Pilar Cernuda, también habitual en muchos programas de radio y televisión y que ahora se encarga del espacio ‘El Bisturí’ en Onda Cero, y Elsa González, presidenta de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE). Esto es lo que nos han dicho.

Charo Zarzalejos, periodista española

233 Grados: ¿Qué opina de las salidas de Abramson y Nougayrède?

C.Z: Una de las cosas que me ha llamado la atención es que las dos salidas se hayan producido en el mismo día. Por otra parte, otra de las conclusiones que se pueden extraer es que a la hora de la verdad, las mujeres, hablando en términos generales, somos más capaces de tomar decisiones duras y difíciles que los hombres y que probablemente si hubiesen sido hombres se lo hubieran pensado más a la hora de despedirlos.

233 Grados: ¿Cree que existe machismo en la profesión?

C.Z: Cada cual es hijo de sus circunstancias y seguro que hay muchas mujeres periodistas que han experimentado o experimentan el machismo en su día a día. Yo por mi parte no he vivido esa experiencia, pero es seguro que dentro del periodismo también hay machistas. Los periodistas no somos ajenos a la realidad, tanto para lo bueno como para lo malo.

233 Grados: ¿Por qué hay tan pocas directoras?

C.Z: El periodismo no se libra del atavismo que existe en la sociedad, según el cual las mujeres estamos menos preparadas y capacitadas para ejercer cualquier profesión. Lo que ocurre en el periodismo es el reflejo de lo que ocurre en términos generales en la vida.

Pilar Cernuda, periodista española

233 Grados: ¿Qué opina de las salidas de Abramson y Nougayrède?

P.C: En los dos casos es penoso. Tenemos todo el derecho del mundo a cobrar el mismo salario que los hombres. Yo pensé que el New York Times era un periódico serio pero en este caso parece que no ha tenido en cuenta las cuestiones de igualdad.

233 Grados: ¿Cree que existe machismo en la profesión?

P.C: En el mundo del periodismo es habitual que las mujeres sean cuestionadas, no solo por los hombres sino también por las propias mujeres. En cualquier caso no creo que en nuestra profesión exista más machismo que en otras y creo que en los últimos años ha habido un cambio importante en este sentido porque cada vez hay más mujeres en puestos de responsabilidad en medios de comunicación. No creo que el periodismo sea una profesión que destaque porque exista un alto grado de machismo.

233 Grados: ¿Por qué hay tan pocas directoras?

P.C: Lamentablemente es así en todas partes, en todas las profesiones. A pesar de todo, como decía, en el periodismo se ha producido un cambio monumental. En mi generación ya se dieron pasos importantes y ahora todavía hace falta la igualdad social, que la gente lo asimile. Esto es algo gradual, pero no hay duda de que en nuestra profesión se ha dado un paso de gigante en los últimos años.

Elsa González, Presidenta de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España

233 Grados: ¿Qué opina de las salidas de Abramson y Nougayrède?

E.G: Me sorprendió bastante que se produjeran en tan escaso espacio de tiempo. Pienso que es una lástima, porque eran las únicas mujeres que habían llegado a un escalafón tan alto en estos dos periódicos, que son medios de referencia a nivel mundial. Sin entrar en detalles de las causas de los dos despidos, creo que en ambos casos el hecho de que fueran mujeres y ocuparan un alto cargo ha hecho que hayan sido más susceptibles con ellas.

233 Grados: ¿Cree que existe machismo en la profesión?

E.G: En la actualidad el machismo permanece en los medios y no tanto en las redacciones. Hace poco, durante un acto de la FAPE, pude comprobar cómo todos los responsables de medios de comunicación que habían asistido eran hombres. No había ni una sola mujer.

La dirección editorial sigue eligiendo prácticamente casi siempre a hombres para el puesto de director y en los consejos editoriales hay una presencia minoritaria de mujeres. Hay mucha soldadesca. Hay paridad de periodistas de ambos sexos, pero solo en las redacciones, no en la dirección.

233 Grados: ¿Por qué hay tan pocas directoras?

E.G: Creo que es por muchos factores. Por un lado está la dificultad para conciliar la vida laboral con la familiar. Los horarios en esta profesión son algo irracionales. Y no lo son por largos sino no por no generar productividad. Por otra parte, el hombre no ha entrado en la misma medida en el hogar que la mujer en el mundo laboral. Los hombres consideran que tienen menos ataduras familiares y más aptitudes de mando.

Por último, hay una frase de Michelle Bachelet que dice que si una mujer entra en política, cambia la mujer, y si entran muchas, entonces cambian la política. Creo que en nuestro sector aún nos siguen cambiando a nosotras y es una lástima porque las mujeres tenemos mucho que aportar tanto en cuestiones de información como en gestión de medios.

Fuente: 233grados.com, 20.5.14

Mesa dice que el poder político no es tolerante con los medios

El expresidente, periodista y miembro del Tribunal Nacional de Ética Periodística, Carlos Mesa, afirmó ayer que “el poder político no es tolerante con los medios de comunicación” y que la libertad de expresión pasa por momentos “complejos”.

  “Hemos entrado a un escenario en que el poder político no es tolerante con los medios de comunicación y tiende a generar una equívoca interpretación entre el mensaje y el mensajero”, sostuvo.

 Mesa se expresó en este sentido en el acto de posesión de los miembros del nuevo Tribunal Nacional de Ética Periodística, del que el reconocido periodista y expresidente del país forma parte junto a Julio César Caballero, Mario Ríos, Carlos Derpic y Jorge Lazo Quinteros.

 “Los ataques contra la libertad de expresión en los últimos años han sido comparativamente mucho mayores que los que hemos vivido en tiempos democráticos a partir de 1982”, dijo Mesa.

  El Gobierno central ha iniciado varios procesos contra medios de comunicación impresos y una agencia de noticias.

 No obstante, la presión contra los medios también ocurre en los gobiernos locales, como el de Santa Cruz, donde la Alcaldía lanzó ataques contra el periódico cruceño El Deber.

 Este escenario, para el expresidente  “no es saludable” en un sistema democrático que vela por las libertades.

 Sin embargo, también llamó a los periodistas, a los medios de comunicación y a los gremios periodísticos a   aplicar con mayor vigor  la “autorregulación” y demostrar al poder político que existe la capacidad para “juzgarnos a nosotros mismos” y establecer los límites necesarios.

 En su criterio, la autorregulación  también  pondrá en evidencia al poder cuando  cometa excesos al  abrir juicios, generar miedo y cuando pretenda -lo más grave de todo- forzar a la autocensura en los medios.

 Similar visión planteó la presidenta de la Asociación de Periodistas de La Paz (APLP), Lupe Cajías, quien habló de “los momentos difíciles” por los que atraviesa la libertad de expresión en el país.

 En relación a la Ley de Imprenta, Mesa comentó que se constituye en un referente “simbólico” porque mantiene en esencia la preservación y la garantía de la libertad de expresión, pese a ser considerada “obsoleta”.

    Desde el inicio de la presidencia de Evo Morales, la relación entre Gobierno y medios fue de permanente tensión. En muchas ocasiones las autoridades gubernamentales expresaron que  los medios de comunicación  han jugado el papel de opositores.

  El Gobierno también presiona a los medios a través de la publicidad, varios de los cuales no tienen publicidad estatal.

Tribunal recibió 50 denuncias

 El Tribunal Nacional de Ética saliente recibió en su gestión 50 denuncias, de las que 44 fueron resueltas. En seis casos, el Tribunal  se declaró sin competencia y una fue presentada extemporáneamente.

  Las denuncias se plantearon desde ocho departamentos del país, informó ayer su presidente saliente  Alberto Bayle.

 “El número de denuncias registradas es considerado satisfactorio en relación a denuncias en países que llevan años con tribunales. La cifra del nuestro denota un conocimiento moderado del Tribunal en la ciudadanía”, sostuvo.

      En su informe, Bayle manifestó que la mayoría de las denuncias está vinculada al tema de la dignidad de las personas, malos tratos, calumnias, injurias de parte de medios de comunicación o periodistas y también al daño causado a partir de información falsa o no confirmada.

 “En la mayoría de los casos se acataron los fallos” del Tribunal, aunque con reacciones, en algunos casos, airadas, comentó Bayle. En ese sentido, Carlos Mesa dijo que el resultado del Tribunal es “incuestionablemente positivo”.

Fuente: Página siete, 22.5.14

Creando un Código de Ética periodística personalizado

Este mes, la Online News Association, la asociación de periodistas digitales de EE.UU., está lanzando un proyecto de código de ética con una modalidad “hazlo tú mismo”. Este mecanismo busca ayudar a medios, pequeños emprendimientos, periodistas y blogueros independientes a crear sus propios códigos de ética. También es un recurso para que los estudiantes de periodismo definan sus propios parámetros éticos.

Un código de ética hecho por uno mismo puede sonar un tanto extraño, y es por eso que las preguntas al respecto no han tardado en aparecer:

•¿Estamos diciendo que los periodistas pueden elegir los códigos éticos que quieran y seguir siendo periodistas?

•¿Las ética es relativa y varía según el país y la cultura?

•¿Qué pasa con los códigos de ética tradicionales? ¿Estamos intentando reemplazarlos?

A continuación desarrollaremos lo que el equipo de la ONA piensa respecto a estas cuestiones. El proyecto continúa en una etapa de crowdsourcing, por lo que también queremos saber tu opinión (puedes participar aquí: http://bit.ly/onacrowdsourcing). Sólo después de varios meses de comentarios y sugerencias consideraremos que estará listo para utilizarse.

Esta iniciativa surgió en un taller abierto realizado en la conferencia anual de la ONA en octubre del año pasado. En ella, cerca de 200 personas se reunieron para seleccionar los proyectos de ética periodística más destacados para que la ONA los analizara y uno de ellos fue este proyecto de ética.

Detrás de esta iniciativa está la idea de que nuestra profesión en estos días abarca cada vez más personas, filosofías y definiciones de “qué es un periodista”. Algunos piensan que el sentido de la ética puede ser la forma más importante para identificar quién es un periodista y qué es lo que se entiende por este término.

Pero algunos periodistas ni siquiera saben por dónde empezar a elaborar su propio código de ética.

En los meses que han pasado desde la conferencia de la ONA, alrededor de 20 personas pertenecientes a universidades, importantes medios de comunicación y emprendimientos de cuatro países han estado intentado responder a esta necesidad. Hemos reunido y editado muchas páginas que abordan los problemas éticos más comunes que deben enfrentar los periodistas.

Comenzando por lo fundamental

Empezamos con algunos de los principios éticos fundamentales, no sea cosa que la gente diseñe códigos tan amplios que se termine perdiendo todo valor. (La pérdida de todo valor no sería un problema para quienes consideran que cualquier persona con un teléfono y una cuenta de Twitter puede ser periodista. Nosotros vemos una distinción entre las personas que comparten o publican noticias en una red social y las que se consideran comprometidas con la profesión periodística).

Nuestros principios incluyen 10 conceptos fundamentales (decir la verdad, no hacer plagios, no aceptar dinero a cambio de alterar tus reportajes, etc.). Hemos tratado de hacer esta lista lo más corta posible; queríamos que cada uno de estos principios pudiera ser aceptado por cualquier periodista.

Pero, además de eso, abordamos cuestiones éticas que los periodistas honestos pueden debatir. Por ejemplo, algunos no tenemos ningún problema con escribir desde un punto de vista político (siempre y cuando seamos transparentes al respecto). En cambio, otros están a favor de los principios tradicionales de la objetividad y la neutralidad. Nuestro código contempla los dos enfoques.

En total, nuestro sitio contiene 40 páginas sobre temas éticos como los discursos que incitan el odio, la edición de fotografías, los suicidios, las redes sociales y la eliminación de elementos de archivos online. Para cada uno de estos temas ofrecemos distintos puntos de vista, para ayudar a los usuarios a decidir qué perspectiva consideran que es la más adecuada para ellos.

Ejemplo: algunos periodistas creen que los discursos y acciones que incitan al odio deben ser informados en las noticias. Exponerlos, dicen, es el mejor desinfectante. Otros creen lo contrario: los medios no tienen la obligación de cubrir a personas y grupos que incitan el odio y premiarlos con publicidad. Nuestro manual no dice quién tiene razón, pero presenta argumentos de ambos lados. (Necesitamos más ideas, enlaces y perspectivas internacionales para muchas de nuestras páginas, así que, por favor, participa de nuestro proyecto y ofrécenos tus puntos de vista).

¿La ética es relativa?

Nos han preguntado si nuestro proyecto significa que la ética es relativa. Un reconocido ombudsman de un medio europeo me dijo que si los periodistas no pueden mantener un único código de ética universal “deberían encerrarse en una habitación hasta que lo tengan listo”.

Un código que pudiera ser aprobado por cualquier periodista sería una gran logro. En nuestro proyecto hemos consultado al menos 15 códigos de ética provenientes de 10 países. Dichos códigos se ajustan a las necesidades de muchos periodistas. (Aclaración: me han consultado para asesorar las actuales revisiones del código de ética de la Sociedad de Periodistas Profesionales).

Pero creemos que las diferentes opiniones de algunas cuestiones éticas son tan amplias que muchos periodistas y medios preferirán el modelo “hazlo tú mismo”. ¿Debió mostrarse en televisión a Dominique Strauss-Kahn caminando esposado luego de ser arrestado en Nueva York? “Por supuesto”, responden la mayoría de los periodistas de Estados Unidos, que entienden que la escena tiene valor ya que exhibe cómo se lo vio al ser detenido por la policía. “De ninguna manera”, dirían muchos periodistas franceses, porque aún no había sido declarado culpable de nada. Como decía el ombudsman, no importa cuánto tiempo los periodistas debatan sobre este tema; es poco probable que acuerden una opinión común sobre temas como éste.

De forma similar, los códigos de ética de algunos medios exigen respeto por el Estado o la religión oficial. Para algunos periodistas este tipo de disposiciones no deberían existir.

No todos los que usen nuestro sitio crearán un código de ética completo basándose en nuestra propuesta. Algunos utilizarán el proyecto como una simple base para las discusiones éticas que surjan en sus medios. También sabemos que un código de ética no producirá respuestas a todas las preguntas, sino que es un insumo para la toma de decisiones en casos concretos.

Ética en el aula

Nuestra principal esperanza es que los profesores de periodismo y comunicación usen nuestro proyecto con sus estudiantes. Las asignaturas para crear parámetros éticos personales se están volviendo cada vez más comunes en las carreras de periodismo y de relaciones públicas. Nuestro sitio puede ser un recurso valioso. Los profesores quizás requieran que los estudiantes participen de sus clases con sus propios ejemplos y links de decisiones que deben enfrentar, algo que pueden conseguir a través de nuestro sitio.

Alentamos a los profesores a aprovechar particularmente la diversidad de los estudiantes en sus clases. Las decisiones éticas que parecen obvias para algunos estudiantes pueden ser mucho más problemáticas para personas de otro país o de otra cultura. Esas diferencias pueden ser la base de enriquecedoras discusiones en el aula.

Hoy en día muchos artículos periodísticos son leídos en todo el mundo. Si los periodistas saben que una decisión ética suya puede ser cuestionada en cualquier parte del planeta, también deben poder ser transparentes acerca de la opción que escogieron y su justificación.

Los estudiantes pueden participar de nuestra iniciativa de crowdsourcing.

Este post fue publicado originalmente en PBS Media Shift y es reproducido en IJNet con permiso.

Tom Kent es el líder del proyecto de ONA “Haz tu propio código de ética”. Es editor de normas en The Associated Press y enseña periodismo internacional en la Escuela de Asuntos Públicos e Internacionales de la Universidad de Columbia. Síguelo en Twitter aquí.

Media Shift cuenta historias sobre cómo el panorama de los medios está haciendo cambiar la forma en la que obtenemos las nuestras noticias e información. Los corresponsales de Media Shift explican cómo los medios tradicionales como los periódicos, revistas, radio, televisión, música y películas están enfrentándose a la era digital, y cómo adaptan sus modelos de negocios para un mundo móvil y en red. Lee más información de Media Shift en la web, síguela en Twitter o en Facebook.

Fuente: Ijnet, 5.5.14 por Thomas Kent