La libertad de expresión

El derecho a la información es un derecho humano, es un corolario importante de la libertad de expresión, consagrado en el Art. 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que establece que todo individuo tiene derecho a investigar, a recibir informaciones y opiniones, y difundirlas. Se usa numerosos términos para describirlo: derecho a saber, derecho a la información, libertad de información y acceso a la información, entre otros.

Si bien la mayoría lo asocia con el derecho a solicitar y recibir información de entidades públicas, el derecho a la información implica una comprensión más amplia: la promoción de la libertad de información puede coadyuvar a la participación democrática y el buen gobierno, además de colaborar al cumplimento de otros derechos humanos.

Hay una gran cantidad de jurisprudencia a nivel internacional que reconoce que el derecho a la libertad de expresión abarca también al derecho a la información. A nivel regional, entidades como la Organización de Estados Americanos han reconocido formalmente el derecho a la información. El Art. 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, un tratado vinculante, garantiza la libertad de expresión y el derecho a la información de forma similar a la que se encuentra en los instrumentos de la ONU.

A nivel nacional, el derecho a la información encuentra soporte dentro de las garantías constitucionales, así como mediante la adopción de leyes nacionales. Recientemente, los gobiernos latinoamericanos han mostrado avances significativos en la legislación al respecto.

En 1990, sólo 13 países en el mundo habían adoptado leyes de derecho a la información y solamente uno en América Latina. Los 20 años que han pasado desde entonces, sin embargo, han traído un crecimiento exponencial de leyes de derecho a la información (DI), con más de 80 de las mismas adoptadas a nivel mundial, y 11 en Latinoamérica.

En la región andina, los países con estas leyes incluyen a Ecuador, Colombia y Perú. A pesar de la tendencia mundial hacia la adopción de leyes DI existen muchos obstáculos que impiden el pleno cumplimiento del derecho que tienen los ciudadanos al acceso a la información. Hasta las leyes modelos DI se quedarán lejos de sus objetivos de transparencia y apertura si no se atiende los complejos retos que hay para su implementación. La experiencia internacional deja ver que la implementación es, a menudo, el mayor reto que encaran los gobiernos.

Basándose en el supuesto de que la información en manos de entidades públicas es propiedad de la ciudadanía -y que los gobiernos democráticos deben responder ante las demandas del público-, el derecho a la información tiene gran potencial para el empoderamiento de los ciudadanos y el fortalecimiento de la transparencia entre las instituciones de gobierno. Aunque el derecho a la información a menudo es visto como una herramienta para los periodistas investigadores, es de hecho un derecho de todos. Todo individuo tiene derecho a inspeccionar las acciones de su gobierno y de participar en un debate saludable sobre las decisiones de los funcionarios electos.

Exigir la rendición de cuentas implica acceso a la información sobre el desempeño de las instituciones y los funcionarios públicos. Es esta comprensión de la relación necesaria entre el derecho a la información y el buen Gobierno, entre la libertad de expresión y el amplio empoderamiento, la que brinda al derecho a la información su valor en la promoción de la democracia.

Fuente: El Diario, 12.7.14 por Freddy Illanes, periodista

Ante la nueva ley de telecomunicaciones, urge fortalecer a los medios libres

“Los medios libres no buscan una concesión y han hecho una declaración política al Estado de que no quieren ser regularizados, pero al no querer ‘legalizarse’, son perseguidos y procesados penalmente, por entender la comunicación de otra forma”.

La reforma a la ley de telecomunicaciones es parte de la construcción de un andamiaje legal que permite la criminalización, la represión y un excesivo control de la sociedad organizada, porque está ley se entreteje con otras que están impidiendo hacer uso del espacio público, que están limitando la participación de las personas y el derecho a la defensa de los territorios”, advierte Carlos Ventura Calleja, miembro del Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria.

Por su parte, Carlos Brito Ocampo, integrante de la Red en Defensa de los Derechos Digitales, manifiesta que la libertad de expresión es el libre flujo de información y mensajes y con la ley esto se afectaría; además, advierte, continúan con la idea de marginar a los medios libres y comunitarios con la legalización; mientras que con los medios universitarios se plantea recortarles el presupuesto. Y la libertad de expresión no se puede concebir sin esa diversidad de voces.

Los avances con los medios comunitarios e indígenas han sido prácticamente nulos, expresa Brito Ocampo, pues continúa la idea de querer imponerles una demanda histórica de la reserva del espectro. “Los medios libres no buscan una concesión y han hecho una declaración política al Estado de que no quieren ser regularizados, pero al no querer ‘legalizarse’, son perseguidos y procesados penalmente, por entender la comunicación de otra forma”, indica.

El periodista Jenaro Villamil, experto en el tema, escribió en la revista Proceso que “lo peor de la última versión de este dictamen de telecomunicaciones es que cierra toda posibilidad a que los medios comunitarios e indígenas se vuelvan alternativas viables”, pues, dice, “no habrá una reserva del espectro digna. No habrá condiciones de competencia. Se les restringe a un radio de transmisiones de 20 watts de potencia y torres de 30 metros máximo. En otras palabras, cualquiera radio religiosa o parroquial tendrá más potencia. A las emisoras dependientes de las universidades se les restringirán los recursos. Los medios públicos no serán tales sino extensiones de las oficinas del gobierno federal o de los gobernadores”.

La postura de Desinformémonos, revista electrónica de contenido libre y manejo de temas sociales, definida políticamente como impulsora del “periodismo de abajo”, es que ante el fortalecimiento de los monopolios y las restricciones a las radios indígenas y comunitarias, los medios libres tienen el reto no sólo de permanecer a pesar de la persecución y el hostigamiento en su contra, sino de crecer y fortalecer sus contenidos, pues serán una opción informativa cada vez más importante, y en mucho momentos única, para una audiencia a la que le están coartando sus derechos. Para informar y difundir, señala el equipo del portal semanal, “no se necesita el permiso ni la concesión de nadie”. En coincidencia con las voces de otros medios libres, Desinformémonos centra el reconocimiento de la información en la población de la gente que accede a sus contenidos. Y, en sintonía con las radios libres que se inscriben abajo y a la izquierda, advierte que “las frecuencias tiene que ser recuperadas por la gente, pues la legalidad a veces garantiza la permanencia de las radios o espacios de comunicación, pero esto sólo coarta la autonomía, y la capacidad de alcance e interacción con la sociedad”.

 “La reforma a la ley de telecomunicaciones”, afirma Ventura Calleja, “pone en evidencia a un Estado obsesionado con el control de las acciones de la sociedad civil y, aún más, de la sociedad organizada”, expresa el defensor de derechos humanos, sobre el punto que faculta al Estado a acceder, en cualquier momento, a las bases de datos con la información de todas las comunicaciones

Desde la llegada a la presidencia de México de Enrique Peña Nieto, quien dio la orden de un operativo militar en San Salvador de Atenco en el 2006, donde fueron torturados, violentados y apresados cientos de hombres y mujeres por la defensa de su territorio; su gobierno se ha caracterizado por la criminalización de defensores de derechos humanos, luchadores sociales, activistas y periodistas. Ahora, con esta nueva ley, “no hay candados suficientes para detener el poder y el uso discrecional que puede llegar a tener este Estado”, manifiesta el miembro del centro de derechos humanos.

Es imposible desligar el derecho a la información del derecho a la libertad de expresión, manifiesta Agustín Ramírez Ramírez, presidente de la Asociación Mexicana del Derecho a la Información (AMEDI). En este sentido, indica, la iniciativa de ley de telecomunicaciones violenta estos dos derechos, dado que la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) señala que la concentración de los medios de comunicación es una violación directa al derecho a la información, porque impide la pluralidad y diversidad de voces.

La Ley de telecomunicaciones

La ley Telecom, es una ley secundaria que regula una reforma constitucional del año 2013, relacionada con el derecho y servicio de las telecomunicaciones. La ley se hizo pública en abril y pretende regular desde la concentración de los medios de comunicación, hasta temas relacionados con el derecho a la intimidad y el acceso a nuevas tecnologías.

Desde que se presentó la iniciativa en el Senado hasta hoy, hay algunos avances, señala Carlos Brito, pues aunque la ley sigue igual, el tema que implica la neutralidad de las redes y los bloqueos a las señales ya no están contempladas de una manera abierta, pero podría haber una redefinición de la palabra neutralidad y volver a ponerla en marcha.

La ley es muy amplia, explica Carlos Ventura, pero lo que más preocupa en materia de derechos humanos es los que tienen que ver con los medios sociales, públicos e indígenas; la neutralidad y el uso de la internet y el título octavo de la reforma, que tiene que ver con la cooperación con la justicia; en pocas palabras, la ley quiere regular todos los servicios de las telecomunicaciones.

En México, la información, el entretenimiento y la difusión de contenidos está en manos de unos pocos, explica el presidente de AMEDI. La televisión, por ejemplo, que es el medio por el que más recibe información la gente, está dominada por las empresas Televisa y Tv Azteca, que básicamente tienen los mismos contenidos por la competencia que las preside.

Del mismo modo, “el acceso a banda ancha e internet en México, también está en manos de un monopolio, y con la reforma iban a permitir que un solo operador tuviera las facultades de limitar los contenidos, atentando contra la neutralidad de la red. Pero esto ya no lo están contemplando por la presión social”, expresa Agustín Ramírez.

Ventura Calleja también señala, que hay todo un apartado sobre el uso de la información. Advierte que “lo que se busca regular en este tipo de legislación, es que el Estado, específicamente el poder ejecutivo, pueda solicitarle a cualquier proveedor de servicios de internet, que retenga los datos de cualquier persona por el tiempo que considere necesario”.

En el Frente por la Libertad de Expresión y Protesta, que agrupa a diversas organizaciones, entre ellas el centro de derechos humanos Fray Francisco de Vitoria, considera que en aspectos como la geolocalización “no hay en ninguna parte de la ley que permita la intervención del poder judicial para emitir una orden que haga posible que una autoridad del ejecutivo pueda solicitar retener este tipo de datos a las empresas proveedoras del servicio de internet o telefonía”, expresa Carlos Ventura.

La intervención de comunicaciones tiene que ver con el seguimiento en tiempo real, desde un dispositivo móvil, y la detención de datos, que está como tema central en las discusiones sobre la neutralidad del internet y “aún sigue en debate si el Estado puede o no intervenir o poner filtros para ver qué información fluye o no”, refiere Ventura.

 “Hay una especie de intención, por parte de las autoridades, de controlar aspectos relacionados con los servicios de la red, unidos a los de la telefonía y geolocalización, porque están íntimamente relacionados”, expone Carlos Ventura y agrega que la falta de regulación explicita en la ley telecom y los intereses fácticos de por medio, está haciendo que la ciudadanía, las organizaciones y los pueblos se manifiesten en contra, porqué evidentemente es una violación al derecho de la privacidad, de la información y ante la seguridad judicial.

Esta ley es inconstitucional, manifiesta Carlos Ventura, en función de que se están violando derechos humanos fundamentales para un Estado democrático, es decir, se contrapone a derechos reconocidos internacionalmente, que la Constitución mexicana valida en función del artículo primero.

En materia de seguridad digital “vemos que evidentemente el Estado tiene las herramientas y las tecnologías para poder geolocalizar a las personas, y eso ya está reconocido en el Código Penal federal, sólo que ahí sí media una orden judicial, y en esta ley de telecomunicaciones no; Por eso se corre el riesgo de que cualquier autoridad, específicamente la Secretaría de Gobernación, pida información.

Carlos Ventura expresa que por el modo en que este gobierno ha atacado a los activistas, es evidente que sí hay una tecnología para recabar información “en la que Gobernación, con la fusión de la Secretaría de Seguridad Pública, recaba información de la red. Se trata de tecnologías que no son ajenas a lo que quieren hacer y es una práctica que se hace ya, el riesgo es la legalización”.

En la ley se contemplaba la posibilidad de que por razones de seguridad nacional, se podrían bloquear señales de información y comunicación en una zona determinada, y precisamente “son este tipo de aberraciones las que no nos parecen y se tienen que seguir denunciando”.

En la Constitución está contemplado, explica Ramírez Ramírez, la protección a las audiencias, pero no los mecanismos para ejecutarla. Actualmente son los códigos de ética donde se establecen los derechos de las audiencias y los concesionarios tienen la facultad de definir los códigos de comportamiento de los operadores; con la iniciativa se pretende que la Secretaría de Gobernación, bajo criterios políticos, supervise y vigile los contenidos de la televisión, quitándole esta función al Instituto Federal de Telecomunicaciones que actualmente tiene la regulación.

Las organizaciones agrupadas en el Frente por la Defensa, consideran que es una ley que violenta, restringe y limita derechos de la información, comunicación; la transparencia y la libertad de expresión.

Ventura añade que se han hecho mítines a las afueras del Senado, explicando de manera muy didáctica como el Estado quiere intervenir y controlar las comunicaciones y proteger a las grandes empresas.

Para Agustín Ramírez, falta que se promueva el acceso y la construcción de medios comunitarios y sociales, pues “estos son la verdadera alternativa a los medios comerciales; más del 70 por ciento de la gente se informa a través de la televisión, por eso se necesita fortalecer los medios comunitarios y públicos para tener otras opciones”, y añade que el Estado debe garantizar que cualquier persona pueda acceder al espectro, ya que es un bien de la nación y no debe estar en manos de unos monopolios.

Fuente: Desinformémonos.org, 6.7.14 por Carolina Bedoya Monsalve

Caricaturas

Caricaturizar es una empresa muy compleja. No se trata de reducir a alguien a un montón de escombros de rayas y colores cuyo parecido con la realidad no es más que pura negligencia.

Pocos artistas tienen la osadía de dedicarle a este oficio más de un par de ejercicios. La mayoría asume con sensatez que no es tan fácil como pareciera y responsablemente admiten que para salvar los escollos y no dejar la piel y los huesos en los filos de trazos imprecisos se requiere una dotación extraordinaria de ojo, mano, mente, ánimo, alma y espíritu.

Retina fotográfica para una observación acuciosa. Poder ver las tesituras, captar los contornos, iluminar las facciones y expresiones del rostro; dejarse impresionar por lo que no está a simple vista.

Mano habilidosa para exagerar los rasgos adjetivados sin profanar el corazón de lo dibujado. Saber romper a golpes del movimiento de muñeca la monotonía de la imagen de todos los días y bendecirla con una nueva vida cromática.

Mente perspicaz para sorprender los sentimientos que brotan de la mirada, interpretar los pensamientos y sentir que la otra persona le ha revelado sus secretos sin usar ni una palabra. Ánimo respetuoso como debe ser el predominante cuando se toca a cualquier ser sea con los dedos, los labios, el creyón o la tinta.

Alma sensible para entender que la relación del artista con su obra debe ser fundamentalmente amorosa. Tener siempre presente que la utilidad, prestigio o lucro obtenidos son un suplemento nutritivo, nunca la razón de ser de lo creado.

Definitivamente, para caricaturizar como es debido, el artista ha de ser portador de un espíritu seriamente risueño.

Fuente: Periodistas en español.com, 8.7.14 por Ileana Ruiz, periodista española

Jaime Mantilla: ‘Hoy ha sido sujeto de presiones directas e indirectas’

El director de diario Hoy, Jaime Mantilla Anderson, respondió por correo un cuestionario. A continuación la entrevista

¿El cierre de la edición impresa diaria de diario Hoy es definitiva?, ¿Hay alguna posibilidad de que vuelva a circular en papel todos los días?

 Desde este viernes (4 de julio) circulamos la edición de fin de semana, Hoy VSD… Por otro lado, nunca se debe decir que algo es definitivo. Las circunstancias siempre cambian, creemos firmemente que en el futuro la semanal crecerá fuertemente…..con el mutuo apoyo de HoyDigital

Si se ha decidido mantener una edición semanal impresa y la edición digital, ¿cuál será la línea editorial que permitirá darle identidad al periodismo que diario Hoy pone a consideración de los lectores?

 Los cambios técnicos y de comercialización no cambian la línea editorial de un medio, menos aún de Hoy, diario independiente, plural y libre.

Más allá del tema estrictamente editorial, aquí hay un tema económico. Tal como están las coyunturas nacionales y globales, ¿las empresas periodísticas aún son rentables?

 Las empresas periodísticas, para ser rentables, deben transformarse y eso es lo que estamos haciendo luego de una interesante planificación. En el caso de Hoy, los continuos aumentos de capital y la venta de activos no necesarios para la producción, han compensado en parte los efectos negativos del boicot denunciado. Una parte del mismo es la eliminación de avisos del estado y empresas públicas, otra, la disminución de avisos privados, por recelo a crear conflictos con el gobierno, el mayor comprador para muchas de las empresas del sector y la eliminación de trabajos de imprenta. Las empresas mientras hacen sus transformaciones, deben buscar la forma de optimizar aprovechando su capacidad instalada. Eso lo estamos haciendo todos. El Telégrafo, según la contraloría, recibe el 84 % de sus ingresos, por la elaboración de trabajos de imprenta para el Ministerio de Educación.

Usted ha mencionado a la Ley de Comunicación y a otras medidas del Gobierno como parte de las causas que obligaron a la suspensión de la edición impresa diaria. El Gobierno habla de un mal manejo administrativo y bajas ventas. ¿No están, en ambos casos, señalando solo una parte del problema?

 Hoy ha sido sujeto de grandes presiones directas e indirectas. El boicot publicitario lo conoce el Gobierno, pues desde ahí han salido las órdenes para suspender la publicidad y la impresión de textos escolares. Por ello mantenemos que las razones son múltiples: la baja de ingresos en la publicidad, venta de las suscripciones, la dificultad de conseguir financiamiento, la prohibición que existe en la ley para que inversionistas inviertan más del 6% del capital. El Gobierno debería indicar si desde el 2007 han existido o no órdenes para eliminar la publicidad de entidades públicas en Hoy, si han cancelado o no suscripciones… La situación económica de una empresa deriva no solo de un manejo administrativo que puede ser bueno o malo, sino de la falta de recursos. En 32 años la empresa editora ha tenido la misma administración.

El Gobierno señala que los problemas económicos de Hoy vienen de mucho antes.

 Los problemas económicos de Hoy no vienen desde mucho antes. Al igual que todas las empresas ecuatorianas tuvimos que enfrentar los efectos de la crisis bancaria en 1999 y los de la dolarización. La empresa editora sorteó esos problemas aumentando su capital y número de accionistas, lo que le permitió llegar al punto de equilibrio y generar utilidades que se reinvirtieron hasta el 2006. Desde el 2007, la situación de ingresos empeoró. Mientras el 2007 se lograron ingresos de algo más de $ 8 millones, para el 2013 bajaron a $ 3,6 millones. Las ventas de publicidad se redujeron de $ 3,1 millones en el 2007 a la mitad en el 2013. El Estado invertía, antes de este Gobierno, alrededor de $ 1 millón anualmente. Ahora, nada. En trabajos de imprenta, el principal cliente fue el programa de textos de inglés con el Ministerio de Educación: en el 2007 se vendieron $ 3,1 millones y en el 2013 las ventas bajaron a menos de $ 1 millón. Por ello la empresa decidió un aumento de capital de $ 2,6 millones a $ 4,6 millones el 2012 y el 2013 a $ 7 millones, fijándose un capital autorizado en $ 9,2 millones. Tuvimos que vender el canal de televisión y las radios… Por ello se ha estado insistiendo en completar el aumento de capital que está en marcha.

La agencia Andes, El Ciudadano y El Telégrafo han dicho que la publicidad estatal apenas era del 2 al 4 % y que, por eso, no es responsable del desfinanciamiento del diario.

 Una vez más se miente. La publicidad estatal ha sido nula desde el 2007. Antes de este gobierno a los organismos del Estado correspondía casi el 20 % de las ventas de publicidad en Hoy, no el porcentaje que menciona (Fernando) Alvarado. Por otro lado, en forma hábil el Secretario de Comunicación omite en el análisis el volumen de publicidad estatal entregado a los medios manejados por el Gobierno.

Ellos también argumentan que Hoy maquilló sus cifras de circulación. Incluso, citan a trabajadores del diario

 Hoy no maquilla nada. Siempre en estos 32 años ha sido transparente en todas sus acciones. La publicación en un medio incautado sin citar fuentes, es de mala fe. Por ley el gobierno tenía la facultad de comprobar esas cifras. Jamás lo hizo. Es fácil ahora lanzar esos infundios cuando no existe circulación diaria de Hoy. Cualquier persona está invitada a constatar el tiraje real de las ediciones semanales que empezamos a publicar este viernes. Justamente hoy día acabamos de recibir la notificación de una multa por más de 57 mil dólares, que afecta a la liquidez de la empresa, porque en la edición del 12 de mayo por un error claramente explicado, no se publicó la cifra de circulación y durante 16 días se publicó la cifra en la principal página del diario, la de opinión y perspectivas en lugar de hacerlo en la primera página como siempre se venía haciendo de acuerdo con la ley. No sirvieron las explicaciones para evitar esta sanción que atenta una vez más contra la economía de la empresa.

El gobierno, al parecer, apoyaría a un grupo de trabajadores para que adquieran el diario y vuelva a circular. ¿Cree que eso es viable?

 Sostener un diario impreso no es tan fácil como financiar a un grupo de inversionistas para que adquieran equipos y maquinaria. Un diario es la suma de procesos intelectuales que permiten comprender la realidad, que en base de ello ganan credibilidad. Un ejemplo deberían encontrar en los problemas que enfrenta el diario del gobierno al que obviamente jamás lo controlan, pese a que existe un informe de contraloría que lo mantienen secreto.

Más allá de la disputa del Gobierno con los medios y la prensa independiente, ¿cuál cree que es el efecto de la decisión de suspender la edición impresa y pasar a la digital?, ¿Acaso llegó el día que nadie en la industria periodística quería que llegue?, ¿es el inicio de una migración masiva del papel a la web, tal como ya sucede en otros países?

 Creo que los medios debemos estar atentos a los cambios de costumbres de nuestros lectores, y si es posible, adelantarnos a dichos cambios. Considero que en forma gradual, los sistemas digitales, la comunicación instantánea, la interacción con la ciudadanía, serán los pilares del proceso informativo, en los cuales se basará la capacidad de compartir opiniones, análisis y comentarios. Para ello, es vital que los periodistas adquieran capacidades multimedia y se conviertan en verdaderos editores honestos de las expresiones ciudadanas. En caso contrario los espacios noticiosos se convertirán en un vertedero de chismografía.

¿Cómo cambian la forma de hacer periodismo y el modelo de negocio tradicionales de los medios impresos?

 Los cambios son graduales pero profundos. El periodismo actual es más dinámico, requiere atención permanente, sin horas de cierre con mensajes en cascada (streaming) que impacten a lectores en movimiento. Grave reto para el oficio.

¿Los lectores, las audiencias, los públicos que buscan información en el Ecuador están preparados para ese cambio a lo digital?, ¿los periodistas los están?

 Creo que sí. La juventud ya está en ello. De ahí las grandes cifras de visitas a las páginas de la red de cada diario, el crecimiento de los sistemas de Twitter, Facebook y otras redes.

Usted es un hombre que conoce la administración de un medio y el quehacer periodístico; ¿cómo califica este momento de quiebre a nivel personal?

 Es lamentable que el Presidente (Rafael Correa), en afán de tratar de probar que no existe acoso a los medios privados a través de medidas como el boicot publicitario ejercitado contra Hoy, mencione que el problema de la empresa se debe a mala administración. No lo creía así cuando solicitó al Director de Hoy que el diario se convirtiera en el “principal fiscalizador de la ley de acceso a la información o ley de transparencia”. Pero toda persona tiene derecho a expresar lo que piensa. Lo que por lo menos se presta a la duda es explicarse cómo un diario como Hoy ha sido mal administrado ahora, luego de que durante los 32 años de vida no ha cambiado ni el sistema ni las personas que lo han administrado.

Basado en experiencias sucedidas en otros países, hay quienes señalan que “las nuevas tecnologías no nos libran a los periodistas de las viejas responsabilidades”. ¿Cómo ve esa frase en los actuales tiempos de la prensa privada?

 Las nuevas tecnologías exigen la formación y adiestramiento de excelentes editores multimedia. A ello se debe encaminar la educación.

¿Cómo vincula usted principios periodísticos de siempre (como la independencia, la responsabilidad social y la búsqueda permanente de la verdad) en los contenidos que ahora van a la web o a las redes sociales?

 No importa el medio que se utilice. Los valores para un periodismo honesto se mantienen. No veo que puedan cambiarse por el simple cambio de instrumento para comunicar.

Sus lectores ya no son los mismos que tuvo diario Hoy en sus 32 años de vida, ahora tienen en internet un sinnúmero de vías para responder, opinar, cuestionar y hasta insultar. ¿Cómo los asume ahora el periodismo profesional?

 Creo que todavía no se comprende plenamente lo que significa la irrupción del Internet y las redes sociales. El mensaje periodístico debe adaptarse no solo al instrumento que se utilice sino fundamentalmente al receptor del mensaje. Todos los diarios tienen en las redes muchos más lectores que en las ediciones impresas. Y esos números continuarán subiendo. Diario Hoy tiene actualmente en las redes 125.000 visitas diarias. Es un número mucho mayor que la circulación diaria que tuvo desde su nacimiento y por lo tanto el impacto de su mensaje es mucho mayor.

¿Qué lección deja esta edición de diario hoy a los demás periódicos, al gobierno, a los periodistas, a los lectores?

 No está Hoy en posición de dar lecciones a nadie. La empresa editora decidió esta transformación, preservando principalmente sus valores. Cree en el Ecuador, cree en la democracia y cree que el país entero debe defenderla, a través de la protección de las libertades, la negación del pensamiento único, la defensa de las divergencias, el diálogo, el destierro del odio y las imposiciones.

En tales condiciones para hacer periodismo, ¿advierte quizás alguna luz que permita reivindicar económicamente y socialmente a una institución (la prensa libre) fundamental para la democracia?; ¿Aún es posible el periodismo profesional, cuya esencia es informar al ciudadano de a pie, sin someterse al peso de los poderes políticos, económicos o de otra índole?, ¿es posible eso aún o de una vez lo dejamos como una ilusión y o una utopía?

 Lamentablemente veo que la intención del gobierno es eliminar la opinión discrepante, eliminar el libre flujo de sueños, ideas, palabras. Sin sistemas de información libres e independientes, la democracia sucumbe. Se instaura el pensamiento único y se consagra la dictadura con una sola voz dirigida a millones de siervos. El estado de propaganda, como se instaló en la Alemania de Hitler en la Italia de Mussolini, en España de Franco, y en Cuba desde hace más de 54 años. Veo muy difícil que el periodismo honesto, y honesto quiere decir que no dependa de ningún poder, independiente, que no se utilice para saciar las conveniencias de los dueños de los medios sean privados o gubernamentales y libre, en el que todos por distintos que seamos podamos expresar nuestras opiniones, pueda subsistir en el Ecuador de estos momentos. Los llamados medios públicos han sido utilizados para defender las posiciones muchas veces cambiantes del Presidente y su gobierno. No se puede afirmar en Ecuador que los ciudadanos puedan acudir libremente a esos medios ni tampoco afirmar que se respeta el derecho a la réplica, instaurado por este gobierno. Varios casos como el del presidente de la Cámara de Comercio de Quito y los de muchos líderes sociales e indígenas, prueban este hecho.

 No podemos dejar al periodismo honesto, libre, profesional, como una ilusión, porque hasta hace unos años si existía orgullosamente. No podemos dejarlo como una utopía, porque es real, aunque por las circunstancias actuales está impedido de ejercer. Tengamos fe en el futuro. Los gobiernos pasan, los valores quedan y los defensores de ellos, se reproducen. Hoy en 32 años pudo mirar los aciertos y errores de 11 gobiernos. Creo que pronto podremos recuperar la libertad. Los que hacemos Hoy podemos también pasar, pero nuestro reto y el de todo ecuatoriano es dejar sembrada la semilla del inconformismo, de la libertad, de la justicia, de la transparencia. Si esa semilla fructifica, habremos cumplido nuestra tarea. No simplemente por ganar dinero.

Fuente: Señales, 6.7.14 por Xavier Reyes, periodista ecuatoriano´

Alegato rabioso a favor del periodismo joven y vocacional

En su fuero interno, los periodistas actuales son escépticos sobre la panoplia (variopinta) de soluciones (milagrosas) que se ofrecen, aquí y allá, para “salvar” los medios de comunicación (digitales o tradicionales). Entre esa milagrería se incluye siempre una cierta jerga obligatoria que estigmatiza sobre todo a los medios “tradicionales”, sobre todo a los impresos, a los que se condena a una pena capital ya inminente. Con el miedo en el cuerpo, juntos de la mano hacia el cierre definitivo.

Al otro lado, en esa misma terminología técnico-financiera (cuasi teológica) abundan las promesas del paraíso para los que acepten la predicación de la verdad de los “nuevos” medios que sigan la línea “correcta”. Y los periodistas más jóvenes aceptan esa promesa del cielo, aunque la remuneración adecuada para su trabajo quede pendiente ad calendas graecas. Nada extraordinario en estos tiempos. En la hostelería o en la ganadería y la agricultura, las cosas no marchan mucho mejor.

Utilizando el vocabulario que surge de esa retórica terrible, el nuevo propietario del Washington Post, Jeff Bezos (Amazon), exige “sensibilidad digital” a “sus” periodistas. En la soberbia de los magnates como él, eso significa: “Obedece. No pongas pegas a los cambios. No hables de inconvenientes de la nueva situación: adáptate al periodismo infraremunerado (o esclavo). El pasado no tiene interés, no es sino catástrofe y arcaísmo inútil. Eres un privilegiado por estar en esta profesión”. Eres como Stanley al llegar al corazón de África antes de la colonización.

En sus despachos de luminosidad impoluta, los responsables lo explican todo mediante el pragmatismo técnico y financiero. Ya discutiremos de la ética (de la profesión) otro día; sí, también de paga, salario y derechos profesionales. No te preocupes, volveremos a ello más adelante. En fin, ya sabemos que los medios digitales (o el brazo digital de los medios viejos) se multiplican como las moscas en verano, asfixiándose unos a otros. Ese problema, ya veremos cómo se resuelve. Lo resolveremos también, darwinianamente.

Experiencia digital

Porque en lo que llevamos de travesía, que ya son años, ¿ha funcionado la experiencia? Sí, sí, nos responden. Ya casi alcanzamos las costas de El Dorado. En el metro, en el autobús, en el parque, en la consulta del médico, todo el mundo consulta las noticias en sus dispositivos electrónicos. Lo que llaman las noticias (en los agregadores habituales), estalla por todas partes. Todos los grandes medios deben transferir – ¿o lo han hecho ya?- sus recursos para ofrecer sus servicios a la galaxia digital (iPad, listoteléfonos, iPod, tabletas, etcétera). Rápido que nos quedamos sin día. Deprisa, deprisa.

En realidad, digamos la verdad, ya hemos hecho la transición tecnológica. Y muchas cosas siguen sin funcionar. Algunos se sitúan sólo en ese mundo y eso crea en ellos una calma benéfica. Pero los medios digitales (salvo honrosas excepciones) tampoco respiran bien; y los “tradicionales” están asfixiados, aunque sigan suministrando la mayor parte del material que circula por las redes sociales. Twitter rebota, relanza, repite, eso sí. También informa, pero hay muy poco grano entre tantas toneladas de paja.

Entretanto, no sé si los Bezos, sus editores sumisos y sus magnates amigos, tienen ya claro el “modelo de negocio”. Lo único seguro es la persistencia del debate en torno al modelo mismo. Al menos, eso es lo que sucede en el hemisferio norte. Sorprendentemente, en algunos países de África, en varios países asiáticos, la prensa “tradicional” crece; lo mismo que la televisión-todo-noticias. Explotan al mismo tiempo que el uso de la Red en algunas potencias emergentes (de los BRICS). Eso prueba que quizá no hay un único modelo paradigmático.

Copiar el discurso y el modelo de EEUU

Europa, como no podía ser menos, copia, hace seguidismo del modelo estadounidense. Copia lo copiable, funcione o no, sin atender a sus propias características. Negociamos casi en secreto el Trans-Atlantic Free Trade Agreement (TAFTA), sin preguntar en voz alta cómo va a afectarnos. ¿Por qué tanta discreción? ¿Cómo va influir el TAFTA en nuestras políticas sociales, en la negociación colectiva, en las especificidades de nuestra cultura y de nuestro periodismo, en el servicio audiovisual público, en el cine europeo? No sabemos muy bien. Todo quedará en manos de una autoridad misteriosa, no elegida, de un tribunal oscuro que puede llegar a imponer su jurisprudencia a nuestras democracias.

Sí, tenemos muchas cosas en común con Estados Unidos. EEUU es la otra Europa, surgió del “viejo” continente. Y además tanto en Europa como en Estados Unidos, muchos ciudadanos desconfían de los medios “tradicionales” no por el declive mismo de la prensa, sino también porque perciben la política velada, esas otras razones: los medios parecen –o son- aliados del poder político. Salvo honrosas excepciones.

¿Y los periodistas europeos? Tienen miedo de que les acusen de corporativos y gremiales, de que les acusen de ser una profesión inútil, de que les señalen con el dedo. No importa que seamos periodistas digitales o del mundo en extinción. No señalamos, ni de lejos, a los sumisos de nuestro campo. No nos distanciamos de ellos. Y la proximidad al poder termina socavando la confianza del público, más que las nuevas tecnologías o los medios tradicionales por sí mismos.

Y en medio de esa desconfianza, no desplegamos la nuestra ante un discurso en el que el desastre avanza a lo largo de tres líneas distintas, pero paralelas: la transición/renovación de los medios, las cuentas de las finanzas (que hacen los magnates) y un cierto discurso “modernizador” de los “expertos” (ideólogos) del neocapitalismo más cerril. Como si todo eso fuera natural y brotara de la misma fuente. Los magnates lo mezclan y nosotros somos incapaces de separarlo. Es un totum revolutum inextricable. Como el misterio del TAFTA.

Periodismo de rutina

Y hay mucho periodismo rutinario, para salir del paso. Lo practicamos todos, sin esforzarnos en imaginar donde puede estar la diferencia de calidad. ¿Se acuerdan de cómo era el viejo Libération parisino, incisivo, divertido, creador, provocador? Ahora ha vuelto a la dirección Laurent Jauffrin y no sabemos si se abandona el proyecto de convertir su sede, incluso su redacción, en un megastore del espíritu Disney-digital (con centro comercial, bar y restaurante incluidos). ¿Se acuerdan de los mejores tiempos de El País, de su sección internacional al hablar de América Latina (sin intereses mediante), de sus páginas culturales cuando no estaban tan modeladas por los recuentos de su grupo editorial? ¿Cuándo los diarios de provincias no pertenecían a grupos mayores y lejanos? ¿No se acuerdan de que algunas firmas han salido o se marcharon de allí, como se han marchado ahora los periodistas/caricaturistas de El Jueves, despedidos o desautorizados (censurados)? Fue por lo mismo. Empezaron a sufrir presiones invisibles (para los lectores). Dieron un portazo para que se supiera.

Público también sumiso

Y nosotros, como público, como lectores, como telespectadores, maldita sea, nos adaptamos. Sí, también el público es responsable. Yo mismo sigo comprando la edición impresa sin enviar cartas diarias de protesta por el brutal descenso de la calidad (periodística y literaria). Nuestros magnates hacen y deshacen sin que rechistemos. Incluso repetimos de mil modos su discurso de la “sensibilidad digital”, que incluye un desprecio brutal de las condiciones laborales y los derechos sociales mínimos.

“Nos extinguimos”, me dice mi vendedor de prensa parisino (Patrick). “Sobrevivimos de mala manera, esto se puede acabar”, me dice mi amigo Pedro, vendedor de prensa en Leganés (Madrid). Ambos son personajes cultos, que interpretan lo que venden, que piden publicaciones que puedan tener interés para sus clientes. Sus quioscos son centros de debate. Siempre hay alguien, un amigo, un cliente, que debate allí, de pie, la actualidad. Ambos trabajan en barrios de inmigrantes y trabajadores, donde puedo comprar a diario Le Monde en Leganés; El País en la avenue de Flandres, cerca del límite de París.

Persisto, a pesar de que veo el descenso a los infiernos de la calidad. Prolongo mi agonía para intentar desmentir las profecías de los fomentadores de “sensibilidad digital”. Y en Madrid, ciudad rebelde, trato de buscar las nuevas publicaciones impresas de La Marea, Es Hora, Mongolia, Tinta Libre, al mismo tiempo que leo en la pantalla eldiario.es o las versiones digitales de todo lo que se mueve en los diarios europeos (llego hasta el ABC, Le Figaro y La Vanguardia). Soy un caso perdido: me leo hasta los folletos de muebles de los grandes almacenes que encuentro en el buzón. Pienso que alguien está detrás tratando de contarme una historia. Encuentro perlas, claro, pero es agotador. Y cuando me agoto, se me aparece Bezos como ángel salvador.

Diktat algorítmico

No más cansino que los algoritmos de Google y demás multinacionales. Cierto, no hay que ignorarlos; pero a mí me interesa la parte escondida del iceberg: su concentración y agregado de los medios, su uniformidad blanca, disfrazada de explosión de las noticias, su ausencia de pluralismo ideológico, el aumento de la pobreza informativa entre sus públicos y -desde luego- de la pobreza-pobreza entre los periodistas, cada vez más precarios.

Burlón, un colega digital (Nicolas Becquet) llama a “ceder a las facilidades del mainstream, a la tendencia, a la demanda del diktat algorítmico”. Becquet dice que debemos plantear las preguntas de verdad: si hay que construirlo, qué clase de periodismo digital hay que construir, cómo vamos a emigrar hacia la transición digital, para él “aún incompleta”. Los medios (digitales o tradicionales) no tienen que llamar la atención, sino tratar de ganarse la confianza del público mediante sus buenas prácticas. Un periodista no tiene por qué ser un experto informático. Tiene que saber un mínimo, vale, trabajar con él, codo con codo. Como el periodista de televisión ha estado siempre acostumbrado a hacerlo con un equipo técnico. Las opciones editoriales son más importantes que la evolución técnica. Los medios tienen que volver a singularizarse. Han dejado de hacerlo por hablar sólo de problemas técnicos y no de sus objetivos y línea informativos. Becquet, que es joven y experto digital, nos lo recuerda de modo divertido.

Mientras, día a día, los Bezos de turno nos devoran crudos. Escuchamos sus discursos fascinados, obedientes como corderitos. Así se resienten también la confianza del público, la veracidad, el pluralismo y los debates de la democracia. Los elogiamos como si sus profecías fueran siempre certeras. Ineludibles. ¿No os acordáis de los que dijeron que en 2010 ya no quedaría papel? ¿Qué su nuevo modelo de negocio, incluyéndonos a los periodistas, a los lectores, a todo el mundo, estaría listo al final de aquella década? ¿Que la “interacción” (vaya palabreja) del público y del “periodismo ciudadano” conformarían una sola alma con redacciones profesionales redigitalizadas por los nuevos espíritus?

Mientras tanto, seguimos confundiendo el entretenimiento con la información. Multiplicamos las tonterías. Sonreímos en vídeos de pésima calidad, hechos de cualquier modo, con no importa qué dispositivo menor. Me incluyo, reví ayer una grabación mía. Horroroso.

Las cámaras de juguete han sustituido a los reporteros gráficos de leyenda, aquellos que tenían coraje y dignidad (yo también idealizo para sobrevivir). Todo porque en su fuero interno, desde hace décadas, los jefes del Washington Post querían competir con las grandes cadenas de televisión. Las criticaban, pero envidiaban a las estrellas de la televisión. Como los directores de periódicos del franquismo que se morían por estar cerca de Laura Valenzuela. Todos los periodistas de televisión hemos visto aterrizar a jefes procedentes de los periódicos y de la vieja prensa “seria”. Se les caía la baba por aparecer en la pantalla. Ahora, la inserción de vídeos en las páginas digitales de los diarios, soluciona su vieja, íntima, frustración, mientras se hunden con la vía de agua que hunde su viejo velero.

Deprisa. Hay que convertir a todos los medios impresos en emisoras de televisión. Eso es lo que quieren decir, con su jerga teológica sobre la transición digital. Ya no hay medios sólo escritos o sólo visuales. Sí, por fortuna, muchos diarios europeos son hoy estupendas publicaciones gráficas, donde hay menos texto; donde sigue habiendo buenos análisis; y donde no falta un guiño a lo mejor de lo digital, invitando a revisarlo también. Se insiste menos en ese modelo, porque entonces se vería que la variante impresa puede cumplir otra función. Incluso la versión PDF parece (en la pantalla) más clara que las versiones digitales en perpetua mutación. Porque en algún momento, hay que detenerse para reflexionar, como en el camino hacia cualquier cumbre. ¿Alguien se acuerda de que Le Monde no tenía fotos?

Informadores multimedia

En una agencia de noticias española, dan cursillos a los periodistas para convertirlos en camarógrafos en horas (donde antes había una formación profesional de dos o tres años). Y a la calle, haz una versión filmada, una de audio, una escrita, una nota para la web. ¿Comprobar los datos, contrastar? ¡Eso no sirve para nada! ¡Al diablo con esa monserga! ¿Hay tiempo para desmentir o rectificar?

Así que vemos vídeos en todas partes, muchas veces de calidad nula, que no informan nada de nada, que están muy mal filmados y que nos hacen perder el tiempo al abrirlos. Los sucedáneos de cadenas de televisión (verdaderas) son pobres, muy pobres. Es cierto que –a veces- algunas descripciones o post-producciones visuales, los mapas interactivos, etcétera, son estupendos. Al César, etcétera. Como respuesta, con envidia, las cadenas de televisión, copian a su vez de la Red. Multiplican las bandas informativas en la parte inferior de la pantalla. Escupen titulares repetidos una y otra vez, como la cinta-sin-fin de aplausos a Franco (que existió verdaderamente en Prado del Rey). Se multiplica el ruido informativo, pero no la información y mucho menos el análisis. No importa, nos pagan una miseria, sí, o no cobramos nada (pero seguimos a la espera del paraíso o persistimos ahí “por el currículum”). Bezos acabará bendiciéndonos.

Las fronteras las acotan los economistas de la anti-economía y los publicitarios, los algoritmos y los nuevos aparatitos. Bienvenido, doctor Gadget, que das sentido a los robots periodistas. Patético. ¿Cómo vamos a ofrecer confianza a los lectores, oyentes o telespectadores? Todo por una financiación de la publicidad que no llega nunca de manera suficiente. Y la publicidad aumenta su agresividad en las publicaciones digitales. ¿Quieres leer lo que hay bajo el titular? Aguanta 30 segundos, que te quiero vender algo.

Los periodistas tienen, tenemos miedo, porque nuestro viejo mundo se acaba; pero también porque no tenemos agallas para decirles a los gurús, a los propietarios del mundo del periodismo, a los Bezos, Murdoch o Cebrián de turno, que su nuevo modelo tiene hallazgos fascinantes; pero también destroza un cierto pluralismo y empuja a la mayoría de los periodistas jóvenes hacia la pobreza. Transición digital, sí, claro; hay ahí una galaxia que nos atrae. Pero oiga… sin empujar.

Las crisis en los medios, los miles de despidos, han metido a muchos periodistas el miedo en el cuerpo. Además de los empujados, otros miles de buenos profesionales están abandonando el barco voluntariamente. Y sin embargo, no termina el tiempo en que el periodista joven sigue siendo, es (con frecuencia), vocacional. Y me impresiona cómo esos más jóvenes se lanzan al mar embravecido, a bordo de ese gran galeón del periodismo, que tiene sus velas rotas y está acosado a diario por las tormentas que parecen organizar los armadores/magnates. Ellos, sí, están seguros y siguen echando sus cuentas al abrigo del puerto. Lejos del oleaje.

Fuente: Periodistas en español, 4.7.14 por Paco Audije, periodista español

¿Podemos ser periodistas?

Hay un malentendido con respecto al periodismo parecido a aquel que tanta gracia le hizo a Mark Twain con respecto a la noticia prematura de su propia muerte. El periodismo no está en crisis, está en crisis la industria que lo hace posible. Periodismo es, aún, lo que dijo Eugenio Scalfari, el fundador de La Republica de Roma, en una frase ante estudiantes españoles en la Escuela de EL PAÍS: “Periodista es gente que le dice a la gente lo que le pasa a la gente”.

Y eso, decirle a la gente lo que pasa, se puede hacer en papel, en tableta o en escafandra; la crisis de la industria va por un lado; nos afecta, claro, pero el sendero actual reclama volver al antiguo camino que marcaba el maestro italiano, quien, por cierto, veinte años más tarde, hace nada, dijo esto otro: “El periodismo es un oficio cruel”. Pero esa, como la crisis de la industria, es otra historia.

Aunque caigan tormentas el periodismo es el oficio que fue y será lo que nos empeñemos en que sea. Habrá quienes se empeñen en empequeñecerlo, en convertirlo en tabla para retuitear sus egos, y habrá también quienes se ocupen de lo que le pasa a la calle para traerlo al papel o al millón de soportes que ahora están disponibles. Para hacer periodismo se necesita nobleza, como decía otro maestro, Kapuscinski; las malas personas, explicaba el polaco, no deben ser periodistas, porque “los cínicos no sirven para este oficio”.

Y lo que estamos haciendo es lo contrario de lo que nos aconsejaron esos dos expertos. Los gritos de las tertulias y de las columnas se aderezan con descalificaciones insustanciadas sobre la conducta de las personas, las empresas o los personajes, con el objetivo tan solo de alcanzar audiencia en el momento y de obtenerla luego, masivamente, en el retuiteo. La pedantería de los autosuficientes campa como un instrumento de cultura falsa en muchas apariciones periodísticas; para ganar audiencia en las teles se anuncian “novedades extraordinarias” que suelen sumergirse en el olvido de lo consabido, y la agresividad se ha alimentado como una fórmula sin la cual parece que a la sal del periodismo le falta pimienta. El sosiego se ha hecho cada vez más una especie única que la gente no reclama porque nos hemos acostumbrado a la alharaca. El espectáculo manda.

El precipitado de todo ello no es sólo el descrédito del periodismo, que afecta a todo el oficio, porque esta es la sociedad que inventó la expresión “todos son iguales” no sólo para los políticos, sino la creciente imposibilidad de proponer supuestos de sentido común para que el periodista se sienta servidor del lector, del televidente o del que escucha la radio, y no servidor de su propia ideología, de sus convicciones o de su rabia personal contra este, aquel o todos aquellos que no comulgan con su manera de entender la vida.

En una situación así, ¿podemos seguir siendo periodistas? Por supuesto, eso es lo que somos, no sabemos hacer otra cosa, y es muy digno lo que hacemos: imagínense, decirle a la gente lo que le pasa a la gente, y hacerlo además desde la nobleza de escuchar a los otros para decir lo que dicen y no lo que a nosotros nos dé la gana.

Hacerlo sin mezclar nuestras apreciaciones (de lo que vemos) con el cinismo que todos llevamos dentro. Siendo tan nobles como para explicar que no podemos hablar de una compañía eléctrica porque ésta nos invitó a Brasil a ver un partido de fútbol, o para explicar, por ejemplo, por qué aceptamos esa invitación, aquel cuadro, esta botella de ron, o las amables invitaciones a ser uno de los que se sientan en el mismo lado de la mesa de los que invitan.

Es un momento delicado para el oficio, cuando lo que se grita es más que lo que se dice, y eso distorsiona el mensaje. Y donde el lugar común, la banalidad, llena la boca de los comunicantes (periodistas, políticos, políticos que parecen periodistas, periodistas que parecen políticos) de frases hechas que la gente aplaude aunque el vacío las llene.

Sucede ahora, en el periodismo, pero también en la expresión pública de la política, que se construyen grandes prestigios igual que se los ganaba aquel jardinero despistado de la película Bienvenido, Mr Chance; el servidor afectado que sólo conocía de plantas y de televisión se vio en la calle, tras la muerte del dueño del jardín que atendía, y se hizo una fortuna, política también, diciendo tópicos sobre el cuidado de las plantas que podían aplicarse a la gestión de los recursos públicos. De esa manera, regar las plantas convenía para que no se secaran, y eso constituía una metáfora imbatible en el lenguaje político del momento, o era conveniente resguardarse cuando caía un chaparrón. Esa recomendación podía salvar al presidente de los Estados Unidos de cometer errores garrafales, y eso hizo que el jardinero ignorante se convirtiera en su principal asesor. Ahora escuchamos frases así en las bocas de los periodistas disfrazados y de los políticos disfrazados y escuchamos cómo levantan de sus asientos a los que se sienten conmovidos por tremendas majaderías.

Ésa es la crisis que vivimos; hablamos de la otra porque existe y es grave; pero ya va siendo hora también de que dejemos de mirarnos al espejo sin sentir que el lector, el oyente, el televidente no nos quita ojo hasta que se canse del todo de prestarnos su ojo.

Fuente: El País, 4.7.14 por Juan Cruz, periodista español

Un periódico de Ecuador cierra su edición impresa por la ‘ley mordaza’

El diario Hoy llegó ayer por última vez a los quioscos en Ecuador, aunque seguirá en Internet. El periódico, con 32 años de vida, cerró su edición impresa por la dificultad de hacer periodismo en el país y la asfixia económica generada desde el Gobierno. En el editorial de ayer habla de “un escenario adverso para el desarrollo de una prensa plural, libre e independiente” y enumera las razones: “La gradual pérdida de las libertades y limitación de las garantías constitucionales, la autocensura que impone la Ley de Comunicación, los ataques reiterados directos e indirectos a la prensa que no controla el Gobierno”.

Periodistas del diario Hoy como José Hernández y Roberto Aguilar han sido descalificados con mucha frecuencia por el presidente, Rafael Correa, en sus cadenas nacionales —mensajes de emisión obligatoria en medios públicos— y en más de una ocasión han sido protagonistas de segmentos de programas de televisión ideados para desacreditar a la prensa, como La amargura o La cantinflada de la semana. En estos espacios no solo que se insulta a los periodistas críticos con el Gobierno, sino que también se muestran fotografías suyas, encerradas en círculos rojos, para el escarnio público.

El trabajo del periódico también se ha visto afectado por numerosas peticiones de rectificación que se hacen desde el Ejecutivo por no incorporar la versión oficial. Pero la falta de voces del oficialismo en los medios privados es el resultado de la orden que Rafael Correa dio a sus ministros para den prioridad a la prensa pública. Esto se traduce en que no se conceden entrevistas a los informadores de medios privados.

La Ley de Comunicación, que el pasado 25 de junio cumplió un año de vigencia, ha arrinconado al periódico. En días pasados se inició un proceso administrativo contra este medio y otros tres periódicos más por no publicar suficiente información de la visita de Rafael Correa a Chile, que fue a recibir un doctorado honoris causa. La audiencia por este caso aún está pendiente y podría derivar en una multa económica.

El gerente del periódico, Jaime Mantilla, aceptó en un comunicado emitido el viernes que hay problemas económicos y en el editorial de ayer, se lee: “Las regulaciones restrictivas de la Ley de Comunicación y la profundización de algunas de sus disposiciones, entre ellas, las que limitan de forma discriminatoria la inversión nacional en medios de comunicación, (pese a que, a través de un reglamento ad hoc, se permita la inversión extranjera en estos), el permanente boicoteo publicitario a Hoy, la cancelación de contratos de impresión especialmente de textos escolares, y otras limitaciones para financiar nuestras operaciones, incluyendo la iniciativa de transformar la información en servicio público”.

En el comunicado, el medio anuncia que fortalecerá su edición digital para ejercer un periodismo “sin las cortapisas que impone la ley de comunicación a los medios escritos y audiovisuales” y deja la puerta abierta para publicar una edición impresa de fin de semana.

Las redes sociales se han llenado de mensajes que lamentan el cierre del periódico. Hoy llegó a ser una escuela del periodismo crítico desde los años ochenta, cuando se produjeron graves violaciones a los derechos humanos en Ecuador, durante la presidencia de León Febres Cordero.

Fuente: El País, 3.7.14 por Soraya Constante, periodista

La autocensura es ley en la prensa de Ecuador

En los próximos días se sabrá si cuatro periódicos ecuatorianos son sancionados por no publicar todos los detalles del viaje que el presidente, Rafael Correa, hizo a Chile el 13 y 14 de mayo. Estaba programado para recibir un título de doctor honoris causa, aunque en el periplo se entrevistó con Michelle Bachelet y tuvo otras actividades. La denuncia, que esgrime como principal argumento que los diarios censuraron información de interés público, la puso el coordinador del Observatorio Ciudadano de la Comunicación. Pero no fue por iniciativa propia. Lo hizo después de una arenga que Correa dio el 17 de mayo en su sabatina, un espacio emitido cada sábado en los medios públicos. “Organícense, denuncien”, dijo. “Nos están robando el derecho a estar informados. (…) Ellos [los medios] prestan un servicio público, de informar. (…) ¡A reaccionar pueblo ecuatoriano!”, exhortó el presidente después de mostrar las reseñas mínimas que los cuatro diarios hicieron sobre el viaje.

Esta es una de las 125 denuncias contra los medios (datos hasta el 20 de junio de 2014) que se han registrado con la Ley de Comunicación, que cumple ahora un año. La ley es el principal método de presión del Gobierno de Correa hacia la prensa, que produce consecuencias como que un diario, Hoy, decida dejar de publicar la edición impresa, debido, según ellos, a “la gradual pérdida de libertades” y a la asfixia económica. Las quejas son contabilizadas por la Superintendencia de la Información y Comunicación, un organismo creado para articular la ley. Carlos Ochoa, titular de la entidad, aseguró la semana pasada que apenas una veintena de denuncias ha derivado en sanciones administrativas. La mayoría han sido amonestaciones escritas, pero también ha habido multas, como la que tuvo que pagar el periódico El Universo: 100.000 dólares por publicar una caricatura que distorsionaba cómo fue el allanamiento de la casa del periodista Fernando Villavicencio, asesor de un diputado opositor e investigado por espionaje.

Esas pocas pero aleccionadoras reprimendas han conseguido amilanar a una parte de los medios de comunicación y a sus periodistas. Un encuentro organizado la semana pasada por la Fundación Andina para la Observación y Estudios de Medios señalaba la ausencia de reportajes de investigación en los medios y cómo se prioriza la publicación de temas menos polémicos o que no rozan al Gobierno. “No puedes publicar noticias judiciales en indagación previa ni documentos con carácter reservado. Hay artículos de la Ley de Comunicación que lo limitan. La responsabilidad subsidiaria hace que los medios tengan restricciones para publicar ciertas cosas por las multas”, comenta un periodista de un diario nacional que pide anonimato.

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Ecuador impone su primera sanción por la polémica ley de medios

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“Es perfectamente legítimo tener una ley de comunicación”

El informador reconoce que en el trabajo periodístico diario hay investigaciones que se quedan rezagadas por la imposibilidad de acceder a los funcionarios públicos. “La ley dice que todas las noticias deben ser contextualizadas, verificadas y contrastadas, pero sigue siendo una práctica no dar entrevistas ni información a los periodistas de medios privados”, denuncia. “Los funcionarios públicos ponen como pretexto la falta de tiempo y sus problemas de agenda, y a veces nos sueltan algún dato y luego llaman a decir que ese dato es incorrecto y que no lo podemos publicar hasta que nos den el correcto. Así pasa más tiempo”. El jurista Mauricio Alarcón, de la Fundación Andina para la Observación y Estudio de Medios (Fundamedios), cree que el artículo más polémico de la ley es el 10, relacionado con las normas deontológicas, donde “se fundamentan las acciones por contenidos discriminatorios o incoherencia de titulares noticiosos”. Incluso antes de la entrada en vigor de la ley ya se anticipaban los peligros de que se consagrara una ética impuesta por el Estado.

El jefe de investigación de El Comercio, Arturo Torres, reconoce que el ambiente en las redacciones se ha enrarecido tras la aprobación de la Ley de Comunicación. “Los juicios han influido en los periodistas para tener más cuidado, pero más allá de eso, en el diario estamos aprovechando para fortalecer la calidad y oxigenar la agenda. No solo nos centramos en morder al Gobierno”, explica. La experiencia de Torres con algunas fuentes públicas es que estas ponen trabas para entregar información. “Esto retrasa la publicación y si damos algo incompleto enseguida viene la carta… Con esto pierde la sociedad. Hay que ir más allá de esa pugna entre medios, periodistas y el Gobierno”.

Para César Ricaurte, director de la Fundación Andina para la Observación y Estudios de Medios, la Ley de Comunicación ha configurado un ambiente de autocensura. “Los medios tienen equipos de abogados que revisan cada nota, el criterio periodístico ya no prima, el actor jurídico determina las publicaciones”, explica.

Más que autocensura, el superintendente de la Comunicación prefiere hablar de prudencia. Como dijo la semana pasada, en el aniversario de la ley, “los medios de comunicación tienen más prudencia al tocar diversos temas. Todos los días los periodistas destacan que en Ecuador se les coarta la libertad de expresión, pero los mismos hechos demuestran que no es verdad”, afirmó. “En este país existe tanta libertad de expresión que raya en el libertinaje”, opina.

Fuente: El País, 3.7.14 por Soraya Constante, periodista

La perversión del espacio público en televisión

Las fórmulas televisivas surgidas en los años ochenta, adscritas a lo que Umberto Eco denominó neotelevisión, tuvieron una incidencia determinante en formatos tradicionales como el debate o la tertulia. El resultado fue una absoluta devaluación del valor de la palabra. Cuando las cadenas de televisión encumbraron las conversaciones de patio de vecinos y convirtieron en protagonistas a sujetos sin más enjundia que la de hacerse oír a gritos, pervirtieron no solo el papel de la oratoria, sino la construcción dialogada de las ideas. De ahí que, desde entonces, las opiniones fundadas, los debates sosegados se hayan convertido en cuerpos extraños para el medio televisivo.

A raíz de la crisis económica las tertulias televisivas han reverdecido con un nuevo foco de interés: la acción política. Su función parece clara: glosar la actualidad, discutir y polarizar cualquier asunto a modo de lenitivo, ante una ciudadanía desorientada que busca respuestas. Sin embargo, la mayoría de estos espacios están poblados por una suerte de opina todo que peregrina de unos programas a otros con la misma cantinela. Es decir, polemistas, discutidores y hasta mercenarios de la palabra que poseen el don de saber de todo (que es justamente no saber nada). Porque los protagonistas de estos espacios hablan con la seguridad de poseer una autoridad basada en el sentido común, en ideas banales que simplifican los problemas pero parecen resolverlos. Es, claro está, una impostura que juega a convertirse en oráculo y, al tiempo, conformar una opinión pública a la que simulan prestar su voz. De hecho, la profusión de estos talk-shows y la reiteración de sus pautas revelan un afán por ocupar y ocluir esa esfera pública que en su momento definió Habermas.

Pero buena parte del éxito de audiencia de estos espacios se debe no tanto a lo que se dice como a su escenificación en un dispositivo dual llamado a colisionar: cualquier asunto se dirime en términos antitéticos, a favor o en contra. El pluralismo, los matices, los aspectos positivos y negativos de una misma cosa, encajan mal con un reparto de papeles donde o estás conmigo o contra mí. En este sentido, reproducen la fórmula de la neopolítica al plantearse, como diría Chantal Mouffe, en términos morales: entre el bien y el mal.

El resultado final es la ulceración de la polémica. Disentir y rebatir es parte de los mecanismos del debate, pero lo que aflora aquí es una sistemática negación del espacio de la escucha. Interrumpir, superponerse al discurso del otro prevalece sobre la discusión de ideas dentro de un marco de sentido consensuado. Es lógico, los argumentos se agotan rápidamente y solo queda llevarlos al combate ad hóminem. A ello habría que añadir esa impaciencia obsesiva por cronometrar las intervenciones, como si así se garantizara su elocuencia.

Pero esta teatralización de lo político debe enmarcarse en un cuadro más amplio: la banalización de la información televisiva y el progresivo adelgazamiento de la actualidad política y social en los telediarios. Las “no noticias” se han enquistado en sus contenidos: la situación del tráfico y su siniestralidad derivada, las curiosidades, el tipismo local o la meteorología cobran relevancia informativa en virtud del protocolo productivo con que se invisten (por ejemplo, conectar en directo simplemente para ver cómo nieva en invierno) y del modo en que se insertan en un conjunto carente de jerarquía. Hoy ya no nos escandaliza que un telediario arranque con el pronóstico del tiempo y la ocupación hotelera en Semana Santa mientras Europa está a punto de desangrarse en Ucrania. No percibimos la progresiva desaparición de la información internacional y sus claves geopolíticas, mientras la sección deportiva crece y crece a su costa hasta adquirir autonomía programática.

Y es que la producción informativa se ha reciclado en un populismo rentable: trabajar sobre el ámbito cotidiano de la audiencia. De ahí que la crónica de sucesos se haya convertido en género predilecto. No solo por dar cabida a hechos tan truculentos como insólitos (aunque idóneos para alimentar la alarma social), sino por aplicar su tratamiento sensacionalista a la política o a los conflictos sociales derivados de la crisis. Sin duda, esta es una de las consecuencias a largo plazo de la telerrealidad: extraer y recalentar los efectos (melo) dramáticos y emocionales de lo noticiable frente a su exposición y análisis. Todo ello revela un nuevo régimen de la información, ya no concebida como derecho sino como mero entretenimiento.

En este sentido, la cobertura mediática de las recientes elecciones europeas ha reiterado el desinterés por analizar y debatir en profundidad los problemas que se ciernen sobre el proyecto europeo. La campaña discurría en una lánguida atonía hasta que todos los focos acabaron desviados en el exabrupto del candidato popular, tan imperdonable como ajeno a los intereses que estaban en juego.

Ante este déficit informativo y la descomposición del espacio público-político regido por los media, la ciudadanía debería preguntarse por qué los debates sobre las grandes cuestiones que afectan a su vida ya solo son posibles como espectáculo o simulacro.

Fuente: El País, 13.6.14 por Rafael R. Tranche, profesor titular en la facultad de Ciencias de la Información en la Universidad Complutense de Madrid.

Prensa se refugia en medios digitales en América Latina

La prensa y los  periodistas de América L   atina optan por las plataformas digitales ante la crisis de los medios tradicionales, la falta de papel y la censura de gobiernos como los de  Ecuador y Venezuela.

 Durante el último año, cuando se han conjurado en Venezuela la crisis global de la prensa, el cerco económico y político a la libre información y la compra de canales de televisión, radios y diarios por parte de capitales asociados al chavismo, surgió  una decena de nuevos medios digitales que apuestan por dar a los ciudadanos las noticias de actualidad que dejaron de aparecer en la prensa y en las pantallas locales.

 La enfermedad del expresidente Hugo Chávez fue el más sonoro entre muchos casos en los que el Gobierno se esmeró en ocultar información que debía ser del conocimiento público, y marcó el comienzo de la migración a la web de una audiencia ávida por saber, apunta el diario español El País.

 A Chávez se le diagnosticó en junio de 2011 el cáncer que le causó la muerte en marzo de 2013, pero ni Chávez ni sus ministros, que se jugaban la reelección en octubre de 2012, informaron oficialmente qué órganos del cuerpo del Presidente-candidato estaban afectados por la enfermedad ni cuán grave era su estado de salud, quiénes eran los médicos que le trataban y cuál era su expectativa de vida.

 “Cada día más venezolanos acuden a las redes y a los portales para buscar la información que no aparece en los medios tradicionales a causa del miedo, de la censura o la autocensura”, dice el periodista Nelson Bocaranda.

 Dos de las mejores periodistas venezolanas de investigación, Tamoa Calzadilla y Lisseth Boon, se incorporaron a la página web de Bocaranda. Desde ahí contaron al mundo lo que sucedía durante las protestas estudiantiles contra el Gobierno.

  El control del Gobierno

 El momento crítico para la prensa escrita llegó con la compra de medios por parte de empresas fantasmas o de personas ligadas a algunos gobiernos.

  De hecho, ayer la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP)  deploró  el “autoritarismo” del Gobierno de Ecuador, responsable del cierre de la edición impresa del diario Hoy y del “continuo deterioro de la libertad de prensa” en el país.

  La SIP tachó de “clara actitud intervencionista” del gobierno de Rafael Correa un proyecto de enmienda constitucional que busca trasladar de la Ley Orgánica de Comunicación a la Constitución que la información sea un “servicio público”, no un derecho de los ciudadanos, contraviniendo tratados y documentos internacionales sobre libertad de expresión, agrega EFE.

De todos modos, Hoy continuará publicando una versión impresa aunque con periodicidad semanal.

SOS mediático

 Ecuador Está en vigor el Reglamento de la Ley de Comunicación, el inicio de operaciones de la Superintendencia de Información y Comunicación (Supercom) y el Consejo de Regulación y Control de la Comunicación e Información (Cordicom), entes encargados de aplicar e imponer sanciones.

     Venezuela Desde que asumió el poder Hugo Chávez, en 1998, los diarios venezolanos habían logrado sortear, aunque con dificultades, la presión económica y política a la que ya habían sucumbido los medios radioeléctricos, tras el cierre de Radio Caracas Televisión y de 34 emisoras radiales entre 2007 y 2009, y la venta del canal de noticias Globovisión, abiertamente crítico con la gestión del chavismo, a empresarios vinculados con el PSUV.

Fuente: Página siete, 2.7.14