"Hanno ucciso L'Unità"

El diario italiano l’Unità, fundado por Antonio Gramsci en 1924 como órgano del Partido Comunista Italiano, anunció en su edición de hoy que el viernes emitirá su última publicación, luego de que los accionistas del periódico no llegaron a un acuerdo sobre su futuro

Hoy, l’Unità publicó una edición de 24 páginas en las que dedicó 3 a la explicación del cierre, una más de publicidad de su librería electrónica y el resto estuvieron en blanco.

 No es la primera vez que el periódico enfrenta problemas. Sobrevivió clandestinamente durante el fascismo y luego salió de la clandestinidad durante la Guerra Fría. Tras el colapso del Partido Comunista Italiano en la década de los 90, cerró brevemente a comienzos del año 2000, para luego abrir con inversionistas privados.

 En los últimos tiempos el diario enfrentaba una severa crisis de liquidez, por lo que los periodistas, en señal de disconformidad, habían omitido sus firmas en la publicación. Las ventas se redujeron fuertemente a cerca de 20 mil ejemplares por día.

 La junta de administradores del diario exigía una garantía de un millón 600 mil euros para que el diario funcionara hasta el mes de septiembre, pero los accionistas que se reunieron el día de ayer, rechazaron tres ofertas para seguir operando, una de ellas del representante de la derecha en el Parlamento italiano y colaboradora cercana de Silvio Berlusconi, Daniela Santache.

 El Consejo de Redacción del periódico informó que la decisión y el cierre supone un hecho de “gravedad insólita”, además denunció la irresponsabilidad y opacidad de todos los agentes políticos empresariales a quienes acudieron para salvar la publicación.

 Los periodistas, que han trabajado los últimos 3 meses sin recibir su sueldo, acusan al Partido Democrático de “abandonarlos” aunque prometió intervenir.

 Por su parte, Matteo Renzi, primer ministro italiano, que tiene una pequeña participación en el periódico, prometió apoyarlo y evitar su cierre, aunque insistió en que no era responsable de sus problemas.

 El fin

 “Los liquidadores de Nueva Iniciativa Editorial, sociedad editora de ‘L’Unità’, tras la asamblea de socios celebrada hoy, comunican que el periódico suspenderá las publicaciones desde el 1 de agosto de 2014”, dijo el comunicado remitido por la editorial y difundido por la prensa.

 La versión digital del diario aparece ahora con un destacado título en color rojo en el que informa de la medida y adjunta un comunicado del consejo de redacción, en el que los periodistas denuncian que, a pesar de las negociaciones, finalmente se “ha asesinado” al periódico.

 “Fin del recorrido. Después de tres meses de lucha lo han conseguido: han asesinado a L’Unità. Los trabajadores se han quedado solos defendiendo esta cabecera histórica”, denunciaron en la nota.

 Asimismo, el consejo de redacción señaló que el fin de esta publicación supone un hecho de una “gravedad insólita” que, según ellos, pone en peligro a cerca de ochenta puestos de trabajo “en un momento de grave crisis del sector editorial”.

 Por último denunciaron haber recibido “irresponsabilidad y opacidad” a todos los agentes políticos y empresariales a quienes han acudido para hallar una solución al cierre.”Hemos reclamado sentido de la responsabilidad y transparencia a todos los sujetos, tanto empresariales como políticos. Hemos recibido irresponsabilidad y opacidad. Esto lo gritaremos con toda nuestra fuerza. Hoy es un día de luto para la comunidad de L’Unità, para nuestros lectores y para la democracia”, concluyeron.

 Por su parte, según recogieron los medios, el director de la publicación, Luca Landò, criticó la pasividad del Partido Demócrata, hoy en el Gobierno de Italia y estrechamente vinculado a esta cabecera.

 El periódico arrastraba una profunda crisis de liquidez y en los últimos tiempos los periodistas han omitido sus firmas en señal de disconformidad con la gestión del histórico rotativo, que este 2014 cumple 90 años desde su fundación en 1924 por el intelectual comunista Antonio Gramsci.”L’Unità”, periódico oficial del Partido Comunista italiano entre los años 1928 y 1991, ha estado bajo la dirección del que fuera primer ministro de Italia, Massimo D’Alema, o de la prestigiosa periodista Concita De Gregorio.

 Entre sus páginas han escrito firmas como el periodista Marco Travaglio o Antonio Tabucchi y artistas de la talla de Pier Paolo Pasolini.

 No es la primera vez que cierra sino que también lo hizo en julio de 2000, reabriendo un año más tarde gracias a la agrupación de una serie de empresarios que, organizados bajo el nombre Nueva Iniciativa Editorial, volvieron a editar este rotativo.

Fuentes: El País, Agencia EFE, 31.7.14

¿El final del papel?

El periodismo a nivel mundial podría estar atravesando uno de sus momentos más duros en cuanto a lo que implica adaptarse a los nuevos tiempos.

El gran cambio que implica la trascendencia de Internet en la vida de cada miembro de la sociedad en general no tiene precedente en la historia. Nunca el ser humano podría haber imaginado que un soporte que permitiera navegar por una red de datos pudiera aportar tanto conocimiento e información, superando en amplia mayoría a los medios tradicionales de comunicación. Internet es un medio de comunicación en sí mismo, y es un medio que permite el contacto con la noticia en tiempo real; las redes sociales son el instrumento principal que permite al lector internarse en un hecho de la realidad.

Desde su creación, su evolución y su asentamiento total en la sociedad moderna, Internet ha logrado desplazar en gran parte a los medios gráficos, los cuales a su vez apostaron a un doble formato que implica la publicación en papel y la publicación digital para no quedar atrás del avance. Según una investigación realizada en noviembre del año pasado por la Asociación para los Medios de Comunicación en España, el 32 por ciento de los internautas accede el mismo día al mismo medio tanto en su formato digital como en su formato impreso. El 42 por ciento asegura no haber reducido el consumo en formato de papel, mientras que el uso de una computadora portátil para acceder a la lectura digital llega a un 66,9 comparado con un 16,6 por ciento de lectura en celulares y un 4,5 en tablets.

Latinoamérica corre con la ventaja de no haber asimilado en su totalidad la evolución tecnológica que se concentra en forma más agresiva en países de Europa y en Estados Unidos. Adaptarse para sobrevivir, por lo tanto, en la región no es una obligación por el momento como sí lo es en los lugares mencionados. El reconocido medio Newsweek había tomado una decisión bastante audaz a fines del 2012, cuando dejó de lado su edición de papel para enfocarse únicamente en su edición online. Una revista de más de 80 años de trayectoria puso fin a su presencia física en las manos de sus lectores para apostar fuertemente a la era digital; sin embargo, caídas como las de The Economist en la incursión de su aplicación digital para suscriptores ponen en duda si verdaderamente fue una decisión acertada.

Pese a que la caída en ventas de diarios y revistas en papel es una tendencia a nivel mundial, son pocos los medios que se animan a abandonar un solo formato para concentrarse en el que les podría convenir más según cálculos actuales. El riesgo es grande en una etapa intermedia donde perduran ambos sistemas, pero el reino del mundo digital no implica la extinción del papel, así como no lo implicó la aparición de la radio o la televisión. Pero una extraña percepción pareciera comprender que tampoco encontraron la forma de complementarse en su totalidad hasta el momento. La edición de papel siempre apostará más a una profundización de la noticia, a un análisis más extenso y al disfrute de los conocidos editoriales porque tiene más tiempo de reflexión que la carrera por la inmediatez de la noticia que obliga el mundo digital. Por otro lado, la publicación digital –como ya mencionamos– tiene la ventaja del tiempo real, incluso también se extiende la frontera profesional hacia el periodismo amateur en donde cualquier persona presente en el hecho puede retratar a través de sus celulares la noticia y difundirla con tan sólo un botón al gran espacio de la red.

No implica gasto de impresión ni de camarógrafos, fotógrafos o periodistas al fin y al cabo. El fin del papel podría estar bastante lejos todavía, pero su reducción ya se encuentra presente. El despido de trabajadores de redacciones para reducir gastos, la eliminación del periodismo de investigación por noticias que “enganchen” y la contratación de menor personal para componer un medio son una realidad latente. El tiempo dirá si ambos sistemas pueden convivir o si la era digital será verdugo del peso que mantiene el papel.

Fuente: Página12, 30.7.14 por Nicolás Adet, periodista argentino de la Agencia Paco Urondo.

Los medios de comunicación tradicionales pierden credibilidad

La confianza en los medios de comunicación tradicionales atraviesa por una crisis a escala mundial debido a la pérdida de la confianza de la gente que decae anualmente, explica Fielding Dupuy, experto en reputación corporativa.

El reciente informe de Barómetro de Confianza 2014 revela que en el 80% de los países confían menos en los medios de comunicación con respecto al 2013. Los datos muestran una baja de alrededor de ocho puntos porcentuales en el índice de confianza, informa Andes.

El estudio elaborado por la empresa Edelman muestra que en niveles de confianza, los medios de comunicación se encuentran por debajo de los negocios y las organizaciones no gubernamentales (ONG). En contraste, los niveles de confianza en los medios de comunicación digitales aumentaron.

Crisis de los medios tradicionales

Muchos medios de comunicación a escala mundial, han anunciado su cierre por la imposibilidad de conseguir recursos debido a la disminución de la pauta publicitaria y a que la mayoría de su público se ha trasladado a Internet y goza del acceso a contenidos gratuitos.

Un informe de Pew Research Center’s Project for Excellence in Journalism (PEJ), sobre el estado de comunicación de 2010 reveló que las pérdidas y los recortes que sufrieron los medios de comunicación tradicionales durante 2009 fueron mayores que las de 2008 y superan las innovaciones que se han dado en el mundo de las noticias y el periodismo.

Las cifras del estudio muestran que los gastos anuales de los periódicos en cobertura de noticias y edición, bordean los 1.600 millones de dólares por debajo de lo que estaban hace una década; las cadenas de televisión van en cientos de millones de dólares por debajo en los mismos gastos, en comparación con su punto más alto en la década de los 80.

Las salas de redacción de la televisión local también han recortado el 6% de los gastos desde 2009, lo que equivale a unos 1.600 empleos; y, de los sectores de noticias comerciales, las noticias por cable fueron las únicas que no sufrieron despidos ni disminución en sus ingresos.

De acuerdo con la investigación, estos son los porcentajes de la disminución de ingresos por publicidad en los medios durante 2009: periódicos (26 %), televisión local (22 %), radio (22 %), revistas (17 %), cadenas de televisión (8 %), publicidad para medios en línea (5 %).

Crecimiento de los medios digitales

Los datos publicados por el Barómetro de Confianza 2014, y que en América fueron elaborados con datos de Argentina, Brasil y México, revelaron que la ciudadanía confía más en medios digitales y redes sociales que en la prensa, radio o televisión, tendencia que se manifiesta desde 2006.

En 2012, Ciespal público un estudio acerca de los medios digitales en el país y concluyó que hay alrededor de 34 medios de comunicación nativos digitales, 16 periódicos online, 14 radios y cuatro revistas.

Los periódicos digitales, tanto matriciales como nativos digitales, son los que más cumplen con el criterio de inmediatez; lo que trasladan a las redes sociales con las que disponen.

El estudio revela además que las redes sociales más usadas en los medios digitales ecuatorianos, en orden de importancia, son: Facebook, Twitter, RSS, Youtube, Ustream, JustinTV, Google+.

Los principales ejes noticiosos en estos medios son: nacionales, política, internacional, deportes, entretenimiento, opinión, economía y negocios.

Una investigación de julio de 2012 a julio de 2013 elaborada por comscore.com con indicadores de 172 países y a más de 1,5 millones de dominios revela que a escala mundial existen 1,5 trillones de interacciones digitales por mes.

Según la encuesta de Tendencias Digitales de octubre 2013, el número de personas conectadas a Internet en América Latina es de 250 millones. Lo que equivale a 42 % del total de la población de la región. Argentina es el país con más internautas, 70 % de sus habitantes se conectan constantemente, mientras que en Venezuela usan Internet poco más de 40 % de las personas.

Impacto de las redes sociales

Según el Barómetro de Confianza, un 60 % de la población de América Latina confía en redes sociales. Al respecto, Cristhian Espinosa, experto en periodismo digital dijo a Andes que Twitter permite una mayor interacción de la gente con actores como personalidades, políticos, líderes de opinión, entre otros.

Agregó que “en las redes sociales se puede, por ejemplo, exigir cuentas a un político, a un gobierno. Da la posibilidad de un activismo digital que le da al ciudadano un poder de reclamar, de exigir a las marcas, servicios”.

Para el catedrático nortemericano Rosental Alves, el periodismo de la era post-industrial es una realidad ineludible marcada por el impacto de la explosión de las redes sociales, la cual ha dado paso a una nueva lógica comunicacional.

Según Alves, “cualquier persona puede producir y emitir información; en el que abunda la competencia, y en el que prácticamente no existen límites de tiempo y espacio, con una comunicación horizontal y multidireccional, entre otras características”.

Fuente: Periodistas en español, 27.7.14

Una batalla comunicacional

A partir del mediodía de ese 17 julio y durante 10 días, Radio La Voz del Cobre, junto a otras de la Cadena Nacional de Emisoras Mineras, se convertiría en bastión de la libertad de prensa y de la democracia, y denunciaría al mundo los crímenes que García Meza y sus secuaces.

El reloj marcaba la media mañana de aquel 17 de julio de 1980 y un aprendiz de periodista radial llegaba a la puerta del Sindicato Mixto de Trabajadores Mineros de Corocoro en ese ya lejano día. En el interior de la sede sindical se encontraban las instalaciones de Radio La Voz del Cobre, emisora de propiedad de los mineros de ese yacimiento productor de cobre que funcionaba en el interior de la sede sindical.

La puerta principal del Sindicato se encontraba cerrada, mientras la noticia de un nuevo golpe de Estado, que había estallado en Trinidad, se multiplicaba por el campamento minero. De pronto, la puerta lateral de la sede de los trabajadores del subsuelo se abrió y dos periodistas ‘profesionales’, que la Comisión Radio del Sindicato había contratado unos seis meses antes, salieron presurosos cargando un par de maletas.

-A dónde van, preguntó el aprendiz de periodista, un joven de unos 20 años.

-Nos vamos, a nosotros nos contrataron para hacer periodismo profesional, no político; respondió el mayor de ellos, mientras subía una de las maletas a un camión que, cargado de estuco, se dirigía a la ciudad de La Paz. El chofer había detenido su vehículo ante las señas que le hicieron ambos locutores, casualmente hermanos.

El locutor de marras, del que no vale la pena revelar su nombre, 25 años después, en diciembre de 2005, sería electo diputado en las listas de un frente político que postuló a un expresidente que fue derrotado en las urnas por Evo Morales. Su hermano menor hoy es director de una radio emisora que transmite desde una ciudad ubicada en el sur de Bolivia.

A los pocos minutos de la inédita huida de Corocoro de ambos ‘profesionales’ del micrófono, llegó a la puerta del Sindicato don Luis Ramos, a la sazón presidente de la Comisión Radio, un viejo minero del que a finales del 2012 supe que dirigía en El Alto, pese a sus años, un club de adultos mayores que comparten juntos la recta final de sus vidas.

–Delfín, ¿dónde están los locutores? ¿No sabes por qué no llegó todavía don Valentín Huayllari a encender la radio?, preguntó preocupado don Luis al novel periodista.

–Don Luis, los dos locutores acaban de irse de Corocoro, le respondió el joven.

Don Valentín era entonces el operador de Radio La Voz del Cobre. Era el encargado de encender y apagar los viejos equipos que transmitían en onda larga y corta, y que funcionaban a lámparas. Los vetustos transmisores trabajaban en tres emisiones: tres horas por la mañana, dos horas al medio día y cinco horas por la noche. Los salarios de los cinco o seis radialistas, los pagaba la Comisión con aportes mensuales de los trabajadores mineros de Corocoro.

A partir del mediodía de ese 17 julio y durante 10 días, Radio La Voz del Cobre, junto a otras de la Cadena Nacional de Emisoras Mineras, se convertiría en bastión de la libertad de prensa y de la democracia, y denunciaría al mundo los crímenes que García Meza y sus secuaces cometían en los centros mineros y en ciudades como La Paz, donde el día del golpe los paramilitares asesinaron al líder socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz, al dirigente minero Gualberto Vega y al legislador Carlos Flores.

A 34 años de la asonada, los cuerpos de los tres mártires continúan desaparecidos, mientras sus verdugos: Luis García Meza y Luis Arce Gómez, ambos sentenciados a 30 años de cárcel sin derecho a indulto, pasan más días en el Hospital de Cossmil que en el penal de máxima seguridad de Chonchocoro, donde supuestamente deben cumplir su condena.

La Cadena Nacional de Emisoras Mineras estaba conformada por Nacional de Huanuni, Pio XII de Siglo XX, Viloco de Viloco, Vanguardia de Colquiri, La Voz del Minero de Catavi, Chichas de Telamayu y La Voz del Cobre de Corocoro, entre otras radios alternativas.

Fue La Voz del Cobre la que denunció, por ejemplo, el bombardeo que un avión golpista hizo a las instalaciones de Radio Vanguardia de Colquiri durante el tercer o cuarto día después de la asonada. El dato fue comunicado a la emisora por fuentes de la Iglesia Católica del Obispado de Corocoro, quienes, a su vez, recibieron la noticia mediante un sistema de radiocomunicación católica con el distrito minero de Colquiri.

Entre el 17 y el 27 de julio de 1980, decenas de dirigentes mineros, campesinos, de clubes de madres y de las juntas vecinales expresaron su voz de rechazo a la dictadura recién instaurada y que había acabado con el gobierno de Lidia Gueiler Tejada. Radio La Voz del Cobre fue la voz de la resistencia, hasta que tropas de los regimientos Max Toledo y Bolívar, acantonados en Viacha, finalmente tomaron Corocoro, asaltaron las instalaciones de la radio y la acallaron.

Fueron diez días en los que el aprendiz de periodista y otros radialistas mineros tuvieron el honor de liderar desde los micrófonos de Radio La Voz del Cobre una batalla comunicacional por la libertad y la democracia, una batalla que debió ser encabezada por dos locutores ‘profesionales’, quienes, después del primer disparo golpista, no tuvieron otra mejor idea que poner sus pies en polvorosa.

Fuente: Página siete, 27.714 por Delfín Arias, periodista

“Ecuador es, tras Cuba, el país más restrictivo en libertad de expresión”

A Catalina Botero, seis años de trabajo constante y de recriminaciones públicas por parte de Estados molestos con sus recomendaciones sobre libertad de expresión no le han quitado las ganas de seguir defendiendo los derechos humanos. “Es lo que me motiva todos los días cuando me levanto por la mañana”, asegura.

Esta jurista colombiana considera “un enorme desafío y un gran honor” su paso por la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Y ahora que se apresta a entregarle el testigo al uruguayo Edison Lanza, recién elegido como su sustituto a partir de octubre, reflexiona sobre la situación de la libertad de expresión en la región. Recibe a EL PAÍS en su despacho en Washington, donde grandes cajas apiladas con documentos e informes atestiguan lo mucho que aún queda por hacer en la materia.

Pregunta. ¿Por qué es necesaria una la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión en América Latina?

Respuesta. La Relatoría se crea en un momento clave para la región, cuando se están consolidando las transiciones de las dictaduras del Cono Sur a Estados democráticos y de los conflictos armados de Centroamérica a Estados de Derecho con democracias electorales, por lo menos relativamente libres. Los Estados tenían clarísimo que lo primero que violan los regímenes autoritarios es la libertad de expresión y querían salvaguardas para que no vuelva a pasar. Hoy se aplica exactamente la misma razón, es un derecho fundamental para consolidar las democracias en la región.

P. Hay, sin embargo, quienes sostienen que algunas limitaciones a la libertad de expresión son necesarias para defender a los grupos más vulnerables frente a la “prensa hegemónica”.

R. Una cosa es dar mayor visibilidad a los grupos tradicionalmente marginados o discriminados e incentivar una mayor diversidad en la deliberación pública, por ejemplo, mediante el fortalecimiento de medios públicos independientes. Y otra cosa, muy distinta, es que con este pretexto algunos Gobiernos pretendan copar todos los espacios de comunicación y convertirse en la única voz que puede ser escuchada. En este escenario pierden todos, la sociedad, las minorías políticas y especialmente los grupos marginados en cuyo nombre paradójicamente se suprimen las garantías para poder disentir.

P. ¿Qué países le preocupan más en la región?

R. Como lo manifestó la CIDH, los episodios de los últimos meses en Venezuela son realmente preocupantes. Se trata de gravísimas restricciones a derechos como la libertad de expresión, que aumentan la incertidumbre sobre las garantías estatales para el ejercicio de los derechos humanos. La violencia sistemática contra comunicadores de todas las tendencias, los mecanismos de bloqueo informativo como el cierre de un canal de televisión sin proceso previo, la falta de papel prensa, la apertura de procesos penales y disciplinarios contra opositores, medios y comunicadores incómodos y la permanente estigmatización de la disidencia configuran un panorama que nos preocupa de manera particular.

También está Ecuador que, después de Cuba, tiene la legislación más restrictiva para la libertad de expresión en toda la región. Déjeme darle sólo un ejemplo: en ese país, todos los medios de comunicación, escritos, digitales, de radio o televisión, están expresamente obligados a publicar toda la información que el Gobierno considere que es de “interés publico” y, al mismo tiempo, pueden ser sancionados por publicar información que el Gobierno considere irrelevante. En otras palabras, quien decide si el público puede o no conocer una información son los agentes gubernamentales encargados de vigilar y sancionar a la prensa. Ese es solo uno de los múltiples ejemplos de las atribuciones que la legislación otorga al Gobierno y sobre las cuales nos hemos pronunciado. Usted comprenderá que en esas circunstancias resulta difícil hablar de libertad de expresión.

P. Precisamente estos dos países le han acusado de empecinarse en criticar sus acciones y de servir con ello a intereses de Gobiernos como el de EE UU.

R. Los hechos hablan por sí mismos, la acusación de que existe un doble estándar no es verdad. Si mira los informes de la Relatoría de este año, hay uno completo sobre EE UU, sobre todo el debate que se produce a partir de las denuncias de Edward Snowden, sobre el juicio al soldado Manning, sobre los problemas que han existido en torno al acceso a la información… Supervisamos los 35 países de América y a los 35 les aplicamos exactamente el mismo rigor.

P. ¿Puede haber democracia sin libertad de expresión?

R. ¡De ninguna manera! La democracia no es simplemente ir a votar: para poder tomar una decisión, una condición indispensable es la deliberación. Sin ella no es posible ese proceso colectivo de elección de preferencias. Por lo tanto, es imposible el ejercicio de los derechos políticos. Las democracias no son solamente regímenes procedimentales a través de los cuales las personas eligen a sus mandatarios. Las democracias constitucionales suponen un mínimo de derechos para todas las personas que viven en esos Estados, y esos derechos corren peligro, sin duda, si no existe la posibilidad de vigilar lo que hacen los poderes públicos y privados, y de discutir abiertamente y controlar a través de estos procesos de control social, y sobre todo la prensa, lo que hacen estos poderes. Un Estado que prohíba la protesta social, que no establezca mecanismos de acceso a la información pública, en el que una persona puede ser enviada a la cárcel por decir o hacer algo que pueda ofender a un funcionario, o que pueda, literalmente, llevar a la bancarrota a un medio crítico para evitar que circulen informaciones incómodas, es un Estado en el cual será imposible que los grupos más desfavorecidos puedan salir a la calle, publicar sus críticas, cuestionar las políticas de Gobierno y exigir soluciones reales a sus problemas. Esa voz, que es su mejor instrumento, podrá ser fácilmente suprimida.

P. ¿Cuáles son los grandes desafíos de la libertad de expresión en la región?

R. Nosotros elaboramos una agenda, en donde priorizamos cinco desafíos. El primero tiene que ver con la violencia contra las personas que ejercen su libertad de expresión. El segundo es el uso del derecho penal como mecanismo de responsabilidad ulterior por el ejercicio de la libertad de expresión. También está el uso del desacato o de la injuria y calumnia para enjuiciar, condenar a las personas que hacen denuncias sobre los altos funcionarios. Eso afecta directamente la capacidad de tener una deliberación vigorosa, importante, sin miedo a sufrir represalias. ¿Quién se va a atrever a hacer una denuncia de corrupción si el funcionario aludido puede lograr que el periodista que hace la denuncia termine en la cárcel? El tercer desafío es la censura indirecta, el uso del poder estatal para premiar a los medios amigos y castigar a los críticos. El cuarto sería el acceso a la información. Ahí hay unos avances grandiosos en la región. El quinto, la diversidad y el pluralismo. Hemos impulsado la protección de las radios comunitarias indígenas, de sectores marginados, porque creemos que la deliberación no es completa si no están todas las voces, intereses y necesidades que existen en una sociedad.

P. ¿Debe seguir teniendo la Relatoría independencia para financiarse?

R. Ante la ausencia estructural de recursos del sistema interamericano de derechos humanos, creo que es una gran solución poder competir ante las agencias de cooperación internacional con proyectos que son nuestras propias prioridades, no las del cooperante.

Impedir que tengamos esos recursos sería impedir que podamos hacer la supervisión regional y el apoyo a los Estados para que sigan promoviendo el derecho a la libertad de expresión

O los Estados tendrían que pagar más. La creación de un fondo permanente que no dependa año a año de la voluntad de los Estados, con reglas claras de financiación, a largo plazo, sería extraordinario. Mientras eso no ocurra, la salida es la cooperación internacional.

Fuente: El País, 26.7.14 por Silvia Ayuso

Periodismo que asusta

El periodismo que ahora se practica no sólo asusta, aterroriza; no genera conciencia preventiva, provoca el miedo y genera inseguridad en los ciudadanos, porque de tanto escuchar que violaron, mataron, acuchillaron, atracaron a alguien, uno termina creyendo que esa realidad es un hecho concreto

 “En Cochabamba no tenemos noticieros, sólo telepoliciales”, así definía una vieja amiga la realidad informativa de La Llajta.

Añadí que el objetivo no era informar sino asustar. Dentro de esa lógica me atreví a lanzar el tuit al aire y anuncié al mediodía: “Y ya llega la hora, no se pierda los terroríficos noticieros de Cbba, + periodismo – policiales #ATB #RedUno #Unitel”. Como podrán suponer, en minutos tuve muchos apoyos y también réplicas, las mismas que en su mayoría cuestionaron el hecho de que sea precisamente yo quien cuestione a la crónica roja, habiendo trabajado mucho tiempo como reportero en esta área.

Ante la ola de críticas, aclaré que laburaba cubriendo policiales en un medio especializado en esta área y parte de ahí esta crítica, puesto que pude evidenciar que gran parte del contenido noticioso en los telediarios no sólo cochalas, es la crónica roja, tanto que sería más honesto y acertado dejar de calificar estos espacios de “mediodía” como informativos, sino como espacios especializados, puesto que relegan el resto de las áreas de cobertura a tiempos muy cortos teniendo poca incidencia en la ansiedad informativa de la audiencia, que demanda más noticias y menos sangre.

Que no se entienda mal. La cobertura policial, la crónica roja, tiene su espacio, pero no puede priorizarse por encima de otras áreas especialmente las locales, nacionales e internacionales,  con enfoques que pueden variar desde lo político hasta el desarrollo regional. La situación informativa en “Cocha” es tan dramática que parecería que las salas de redacción se han trasladado a la ex PTJ y desde allí informan. De tanto “en vivo”, están dejando a los televidentes “muertos” de miedo, antes que informados.

Es posible ejercer un periodismo “propositivo” desde la crónica roja, sí. No se trata de mantener el morboso enfoque a una tragedia desde todos sus ángulos y por más de 15 minutos, sino al contrario, enriquecer los distintos puntos de vista, tomando en cuenta visiones de lucha contra la injusticia social y jurídica, de denuncia sobre lo mal que estamos, intentando mejorar desde la pantalla un poco el mundo en el que vivimos. No se puede continuar vendiendo el charque de un noticiero completo, cuando sólo nos fijamos en las desgracias del resto para explotar dramas ajenos, generando la sensación de que esas  “noticias”, porque ni siquiera son tratadas como “historias”,  suceden en todas las calles, avenidas y esquinas de la La Llajta.

El periodismo que ahora se practica no sólo asusta, aterroriza; no genera conciencia preventiva, provoca el miedo y genera inseguridad en los ciudadanos, porque de tanto escuchar que violaron, mataron, acuchillaron, atracaron a alguien, uno termina creyendo que esa realidad es un hecho concreto ni bien uno abre la puerta de su casa y pone un pie en la calle. Esta explotación comercial del ejercicio periodístico está amputando las aptitudes creativas para realizar un buen periodismo. Estoy seguro de que más allá del robo existen buenas noticias en Cochabamba que pueden ser producidas, no es posible que un olvidado pueblo sea noticia gracias a un hecho de sangre. Al contrario, seguro que tiene mucho que contar y demandar mejoras.

Los telediarios en Cochabamba se han olvidado de Cochabamba, al extremo de que ahora sólo existen dos parámetros informativos básicos: la crónica roja y convertir los sets televisivos en circos o casas de beneficencia. Esta realidad cunde en todo el país y se impone. Más de un crítico a mi criterio afirmará, como ya lo han hecho, que he cambiado en mi forma de pensar y entender el periodismo. Lo cierto es que sigo siendo el mismo, sólo que más gordo, negro y stronguista.

Fuente: Los Tiempos, 26.7.14 por Víctor H. Romero, comunicador social.

Información sobre ciencia y tecnología

La información sobre Ciencia y Tecnología (CyT) constituye un valor de vital importancia para el desarrollo de un país. Por medio de ella, las sociedades pueden conocer las distintas investigaciones que el Estado sostiene con fondos públicos y sus respectivos resultados. De no hacerlo, se correría el riesgo de que una sociedad desinformada desestime la importancia de la investigación científico-tecnológica nacional y, en épocas de vacas flacas, apoye políticas que promuevan el recorte presupuestario de este tipo de actividades.

Los medios de comunicación, al ser la principal fuente de información científico-tecnológica a nivel mundial, se erigen como actores imprescindibles si se quiere generar una mayor apropiación social de la ciencia y del conocimiento científico. Por esta razón resulta menester analizar el despliegue informativo de los medios en temas de CyT.

Desde el sector público, hace algunos años, la Secretaría de Ciencia y Tecnología (SECyT), contaba con un organismo que se encargaba de esto, pero con la jerarquización institucional de finales del 2007 que derivó en la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología (MINCyT), los estudios sobre medios se discontinuaron.

Sin embargo, el análisis de la comunicación de la ciencia y la tecnología continuó su expansión por otros canales. En este contexto, un estudio reciente analiza la oferta informativa sobre CyT en las ediciones impresas disponibles online de los tres diarios de mayor circulación a nivel nacional (Clarín, La Nación y Página/12) en el año 2011. En dicho trabajo se analizaron más de 11 mil textos periodísticos durante un período de seis meses y se encontraron 416 artículos referidos a actividades científico-tecnológicas. Entre las conclusiones más relevantes, encontramos que:

Los tres diarios dedican un similar porcentaje de espacio a los textos de CyT. Todos le otorgan entre un 3,45-3,67 por ciento de su “blanco” (en 2005, este porcentaje rondaba el 2.402,70 por ciento).

Existe un grado considerable de institucionalización de la ciencia en la prensa gráfica. En más del 90 por ciento de las ediciones se publica, como mínimo, un artículo de CyT; más del 70 por ciento de estos textos están firmados por periodistas del diario; y cada uno de los diarios analizados cuenta con, al menos, una sección y/o suplemento dedicado específicamente a la actividad científico-tecnológica.

Los textos de origen argentino son los que predominan en la muestra. Cerca de la mitad (48,08 por ciento) pertenecen a esa categoría. Lo siguen de cerca los que hacen referencia a investigaciones y trabajos de países extranjeros desarrollados, que constituyen casi un tercio (32,21 por ciento) de los artículos totales de CyT. Son llamativos los bajos índices de participación de los textos sobre investigaciones y/o desarrollos provenientes del resto de América latina. Sólo aportan el 3,13 por ciento al total de textos de CyT.

El género periodístico más utilizado para comunicar CyT es la “Noticia” (56 por ciento). Se la relaciona con la comunicación de lo novedoso, continuando el histórico modelo de “científicos descubrieron que…”. El segundo género más utilizado es el de “Opinión” (18,50 por ciento), seguido de cerca por los “Reportajes o notas” (17,54 por ciento). Tres es el número de fuentes consultadas promedio para redactar un artículo de CyT. Se asemeja a la media de otros tipos de textos publicados en la prensa gráfica y acentúa aún más el creciente grado de institucionalización y profesionalización de la ciencia en la prensa gráfica nacional.

Dos de las tres fuentes más consultadas son de origen extranjero (“científicos, tecnólogos o instituciones de CyT extranjeras o internacionales” y “revistas o publicaciones científicas extranjeras e internacionales”) y, juntas, ambas concentran casi un cuarto de las consultas (24,05 por ciento).

Cabe destacar que se encontraron múltiples diferencias en los “rankings” de fuentes en cada uno de los diarios analizados. En La Nación y Clarín se privilegiaron las voces extranjeras por sobre las nacionales y las provenientes del ámbito privado por sobre las de actores del sector público. En Página/12, en cambio, las voces que primaron fueron las del sector público nacional.

La actividad científico-tecnológica es concebida como una tarea netamente individual. El enfoque que la encuadra como una acción colectiva, producto de contextos políticos, sociales, culturales y económicos, no alcanza el 30 por ciento.

No habrá un pleno desarrollo científico-tecnológico sin una eficiente comunicación del mismo. Las sociedades mediatizadas de la actualidad así lo exigen. Para ello es necesario continuar los estudios que contribuyen a conocer en profundidad los discursos sobre CyT en la principal fuente de información científica de las sociedades (los medios), para así poder elaborar las estrategias más precisas y efectivas para cada caso.

Fuente: Página12, 23.7.14 por Martín Pablo Sosa, argentino, licenciado en Periodismo USAL (Universidad del Salvador)

El tío Zenón y el húmedo lugar de los lectores

Yo recuerdo a mi tío Zenón y su ritual de leer los diarios. Dos horas duraba eso. Silencio de pescador, empanadas y apenas el sonido de roce o a veces el latigazo de una página al hojearse. El primer ruido, suave, cuidadoso, se correspondía a las páginas de análisis, las noticias de política, economía. El segundo era el escrache que mi tío hacía a las páginas de moda o de “interés humano” que aborrecía. El resto las leía todas. Incluyendo las de exequias.

Luego venía la hora de los comentarios, que a su vez duraba una hora más, en la que hilvanaba los folios temáticos de los dos diarios que consumía con una capacidad de contextualización envidiable.

A veces escribía sus opiniones y me las dejaba en dos o tres páginas de fino tratado analítico e incluso deontológico, sobre el posicionamiento y la tendencia de los medios en el tratamiento de los temas de la realidad y principalmente sobre ese momento glorioso en el que la prensa se apropia de esa nube llamada opinión pública, la exprime y la hace llover.

Mi tío murió hace décadas. Y no me imagino lo que hoy pensaría enfrentado a la opinión de los lectores, en esa especie de subsuelo de granero que inventaron los diarios digitales, al pie de sus noticias. Secciones que están especialmente diseñadas para la puteada fácil, las náuseas literarias diversas y, peor de lo peor, para la irrupción devastadora de esa nueva tribu digital post moderna: los perfiles falsos, vinculados a personas o grupos de interés.

Un comentario del tío Zenón al pie de un artículo en un periódico digital de hoy, lejos de ser valorado por su mesura, su profundidad y manejo de contexto, sólo recibiría algún comentario parecido a “andaaaa viejo de mier… a analizarla a tu jermu , lpmqtp!!!”.

Intentemos encontrar fortalezas, debilidades y riesgos de este húmedo lugar donde hoy viven los lectores.

Por un lado, es valorable la posibilidad que ofrece a la reacción instantánea, de constituirse en un ágora, sin intermediarios, de las expresiones, aun las más viscerales y de ser, si se quiere, una poesía bizarra –pero poesía al fin– a la libertad de expresión.

Para definir su debilidad central recurro a una hipótesis mágica.

Un extraterrestre llega a la Tierra, hoy, y lee la prensa digital. Inmediatamente escribe en su cuaderno de bitácora: “En este planeta hay un grupo de personas que escriben las historias, incluso algunos con respetable sentido literario, y abajo –¡qué curioso!– opina el pueblo que, en general, para expresarse usa vituperios, procacidades y da la sensación que el único sentimiento que tienen es de enojo o resentimiento. Sospecho que esta es la relación entre lo que ellos llaman periodismo y lo que también llaman opinión pública…”.

El riesgo de no estudiar o plantearse la construcción de una participación de lectores, más aportante, menos visceral y maniqueísta, aprovechando el impresionante aporte de las nuevas tecnologías, es que eternice esta relación en la que la prensa instala un tema y la “opinión ciudadana” (o sea esto que se ve bajo las noticias) sólo se limite a apoyar o maldecir.

Creo que el tío Zenón soñaba con otra opinión ciudadana. Aunque, capaz, el tío Zenón no era de este planeta.

Fuente: Página12, 23.7.14 por Augusto Dos Santos, comunicador social, ex ministro de Comunicación y Desarrollo de Paraguay durante la gestión del presidente Fernando Lugo

Libertad de expresión, lo esencial…

Debo reconocer que la arrolladora estrategia política del actual gobierno, que le ha permitido acaparar directa o indirectamente el control del país, está afincada, en buena medida, en el manejo mediático oficial, nunca antes visto en este rincón del mundo.

Porque la importante obra pública que este gobierno ha puesto al servicio de los ciudadanos es más imponente en la medida en que se ha promocionado hasta la saturación en los medios locales, públicos y privados.

Luego, manejo mediático, obra pública y poder político se han convertido en elementos de un encadenamiento exitoso; y en la medida que el desgaste del proyecto político se evidencia, los eslabones deben apretar el acelerador para compensarlo y sostener el poder político en el tiempo.

Hoy me voy a referir a la profundización del control de la comunicación a través de la propuesta de reforma constitucional que pretende considerar a la comunicación como servicio público.

Yo entiendo que la intención de convertir a la comunicación en servicio público no es otra que justificar mayores controles oficiales a la actividad de los medios de comunicación privados, empresa que por su fragilidad conceptual necesita apariencia racional, y la cobija constitucional bien puede cumplir tal cometido, especialmente, frente a las justificadas críticas de las organizaciones internacionales protectoras de derechos humanos.

Pero tanto al oficialismo como a quienes con válidos argumentos critican la antes referida iniciativa, quiero recordar que más allá del enredado juego de palabras en que los ecuatorianos hemos caído en estos siete años, hay algo absoluto, irreductible e incuestionable: la libertad de expresión es un derecho humano reconocido por todos los tratados internacionales en materia de derechos humanos de los cuales el Estado ecuatoriano es suscriptor, y, en consecuencia, obligatorios y con rango superior a cualquier ley de la república.

De modo que todo funcionario público ecuatoriano está obligado a proteger y defender el derecho a la libertad de expresión de cualquier habitante, sin distinción de raza, condición social o económica, ideología política o religión.

Entonces, si la libertad de expresión está garantizada, no por decisión de los constituyentes, sino por mandato ciudadano, por ser esencial al ser humano, cualquier leguleyada en relación con la comunicación jamás podrá atentar contra la libertad de expresión de los ciudadanos, al menos en una democracia real.

Y con este argumento, que no acepta esguinces, toda disposición legal, e incluso constitucional, que disminuya o restrinja esa libertad fundamental deberá ser de obligatoria inobservancia para las autoridades públicas y judiciales.

La libertad de expresión se ejerce en una sociedad de múltiples formas, y una de ellas, a través de los medios de comunicación social; y también tienen derecho a ejercerla los periodistas y directivos de esos medios de comunicación, pues su rol dentro de la actividad comunicacional no los reduce a una categoría inferior como seres humanos, ni les mutila su derecho a la libertad de expresión.

En consecuencia, cualquier disparate legal o constitucional que atente contra esa libertad de expresión simplemente será incompatible con los estándares civilizados y universalmente aceptados en materia de derechos humanos, plasmados en los tratados internacionales vigentes de los cuales el Ecuador es suscriptor.

Mientras exista vida, hay libertad de expresión y ninguna autoridad, ni persona en el mundo puede agredirla. Lo demás es maquillaje, que al final de la historia será juzgado como tal

Fuente: El Universo, 23.7.14 por Pedro X. Valverde Rivera

Incultura periodística

El tema para el artículo de esta semana estaba seleccionado desde la anterior pero un telenoticioso me obligó a cambiarlo a último momento.

No es necesario identificar al periodista ni al canal de televisión. Baste decir que en el informativo meridiano de una de las más conocidas redes televisivas escuché una afirmación que confirmó una crítica que es cada vez más generalizada: la incultura de los periodistas.

Uno de los presentadores abrió su trabajo refiriéndose a la gesta libertaria de La Paz como “el primer grito libertario de América”. Puede ser que el informador se haya dejado llevar por la inercia de una muletilla muy común entre los periodistas de Sucre o quizás, en un exceso de regionalismo o por la equivocada interpretación de los procesos históricos, él cree que el del 16 de julio de 1809 fue, realmente, el verdadero inicio de la Guerra de la Independencia.

Muchos autores tienden a separar los procesos que derivaron en los alzamientos del 25 de Mayo y 16 de Julio de 1809. Esto se debe a que ambos tuvieron génesis e influencias diferentes. Si bien es cierto que, tras tomar el control de Chuquisaca, los alzados enviaron emisarios al resto de Charcas, los historiadores contemporáneos coinciden al señalar que en La Paz ya se había gestado un movimiento emancipador liderado por el sacerdote José Antonio Medina. Que la gesta de Chuquisaca haya precipitado la de La Paz, donde se nombró a Pedro Domingo Murillo como presidente de la “Junta Tuitiva de los Derechos del Pueblo”, es una discusión aparte.

Lo cierto es que los alzamientos de Chuquisaca y La Paz no pueden ser considerados puntos de partida de un proceso independentista que había comenzado mucho antes con levantamientos indígenas como el de José Gabriel Condorcanqui cuya influencia se advierte notoriamente en los pasquines que circulaban en La Paz desde antes de 1809. Si de “primer grito libertario” hablamos, en mayo de este año ensayé una lista preliminar de todos los alzamientos registrados entre 1545 y 1809 y no obtuve objeción alguna ni siquiera de los historiadores chuquisaqueños. Fue cuando mencioné que el “primer grito” fue la sublevación de Manko Inka Yupanki, en Cuzco, el 3 de mayo de 1536.Por ello, creo que el desliz del presentador de noticias no fue el resultado de un proceso de raciocinio motivado por el conocimiento de nuestra historia sino todo lo contrario. Y aquí es donde los bolivianos tenemos que preocuparnos porque, a diferencia de otros oficios, el periodista maneja información y esta debe ser lo más verídica posible.

Una simple mirada a nuestros telenoticiosos demuestra que los periodistas no tienen formación histórica, ni siquiera básica, pero, aun así, están encargados no sólo de informar sino también de formar al público. ¿Cómo lo harán si ellos mismos no tienen la formación suficiente? En el pasado, las personas que se dedicaban al periodismo eran las más cultas de una sociedad. Hoy en día, la formación de los periodistas está confiada no a carreras de Periodismo sino de Comunicación Social en las que la Historia es una asignatura marginal. Pues bien… he aquí los resultados.

Fuente: La Prensa, 18.7.14 por Juan José Toro, periodista