El periodista debe investigar con una visión transnacional

El periodismo está creado y hace rato. Lo que cambia, y permanentemente, es la forma de hacer periodismo. La autora de esta entrevista señala que ya no son tiempos de lanzar primicias y solos contra el mundo, pues luego viene el poder que amenaza y amedrenta. Ahora hay que transitar hacia un periodismo de investigación, pero con una mirada transnacional y para ello pide a los periodistas que indagan, formar redes de periodistas en una región, en un país, en un continente y en el mundo, pues entre muchos se puede cambiar la agenda pública y fiscalizar la política pública en curso. Marina Walker, directora del Centro para la Integridad Pública en EEUU, a continuación hace una explicación.

¿Cuál es la importancia de investigar temas de política pública?

La misión del periodismo es fiscalizar y ésta es la pata fundamental de la democracia; los periodistas tienen la obligación de saber que los gobiernos administran dinero que es de los ciudadanos y la fiscalización no sólo es a un gobierno sino a todas las entidades y personas que tienen influencia en el país; lobbystas, sectores sociales y otros grupos poderosos.

Hoy, ¿cómo se debería entender al periodismo de investigación?

Un periodista decía que la misión del periodista es dar la voz a los afligidos y afligir a los poderosos. Es un poco lo que hacen los periodistas, pero en estos tiempos con una visión transnacional porque no hay historia que sólo atañe a un solo país, en temas de droga, hidrocarburos, minería. Todo tiene conexión internacional, la economía, la criminalidad, por citar un par; hay que indagar la forma en que se mueven los poderosos, no hay nada que sólo sea local, hay que estar a la altura de las circunstancias para tener mentalidad global.

¿Es importante crear redes de periodistas?

Por supuesto, no se puede estar en todos los lados; entonces, ahí surge la necesidad de crear redes de periodistas internacionales que confían, que se conocen, que intercambian información, que se ayudan mutuamente y como resultado obtienen mejores historias, historias fuertes y documentadas no sólo en un país sino en distintos países, donde esa misma persona y empresa tienen injerencias en el poder.

No es nuevo, pero ¿cuál es el valor de la investigación documentada?

No hay investigación si no hay documentación. El periodista tiene que tener en la mente que detrás de cada investigación que se hace, tiene que haber algo que respalde, documentación, pero que esté bien guardada, porque no es fácil acceder a ella, aunque documentación se produce a diario en todos los gobiernos, lo mismo en el sector privado. Los periodistas debemos ir tras esa documentación ya sea utilizando leyes de acceso o en muchos casos hay filtración de documentación, que hay que saber manejarla porque puede ser interesada y puede terminar aprovechándose del periodista.

¿Cuál es el valor de los testimonios?

Las fuentes orales y los testimonios son documentos vivos. En una investigación en profundidad raramente se cuenta sólo con testimonios de las personas;  en la mayoría hay combinación de fuentes, documentos públicos y testimonios con múltiples visiones y partes involucradas en un tema.

¿Cuál es el rol de la base de datos?

Muchas veces puede ayudar a cuantificar un problema. Por ejemplo, si la base de datos es sobre inspección a empresas para ver temas de contaminación, entonces es un mismo tema y en un determinado tiempo, analizando se puede señalar que las empresas fallaron en un X% las inspecciones por daños al medio ambiente;  es un hallazgo interesante, hay que darle contexto.

La base de datos es más sólida que una denuncia de una sola persona sobre contaminación.

¿En qué momento ingresa el rol del periodista?

La base de datos de por sí no es historia ni hacen historia las bases de datos, necesita la visión crítica del periodista para encontrar la historia en la base de datos, hay que poner los datos en contexto para darle sentido, acompañado de una narrativa; ahí está la construcción de la historia.

Muchas veces las bases de datos son sólo disparadores importantes de noticias, ayudan a cuantificar el problema o poner en perspectiva, pero todo lo demás el periodismo de la calle ayuda a construir la historia;  no vale la pena convertirse en periodista de oficina o de computadora haciendo sólo base de datos y olvidar hablar con la gente que es la fuente y reveladora de cosas desconocidas.

¿En cuántos países del mundo trabaja el Centro de Integridad Pública?

Tenemos periodistas en más de 60 países del mundo, no los empleamos sino que son periodistas que trabajan en alianza, forman parte del consorcio, acceden a las historias cuando obtenemos base de datos; los analizamos con perspectiva regional y de manera local, le damos el contexto con un reporteo local.

De esa manera trabajamos y ellos (los periodistas aliados en cada país) trabajan para sus medios de comunicación, están afiliados por una comunión de ideales y con colegas de otros países.

En esta perspectiva, ¿cuáles son los desafíos?

Uno de los principales retos es aprender a trabajar en equipo y a través de redes, ésa es la forma de hacer periodismo de investigación; el periodista solo, escondido y que busca su primicia ya es anticuado; es tiempo de reemplazar la primicia por el impacto, porque el periodismo de investigación logra cambiar las cosas en temas de política pública.

En realidad, el objetivo que tenemos que tener los periodistas de investigación es el mayor impacto posible y lo vamos a tener con investigación inteligente y eso es trabajar con gente de confianza, lo más abarcativa posible y de manera coordinada.

¿Cómo se publica un reportaje fruto de un trabajo conjunto?

La nota del periodismo de investigación se publica el mismo día y en todos los países donde se ha investigado. Con la publicación al mismo tiempo se protege al uno y al otro, en lugar de hacer en un solo medio, porque sólo uno puede ser perseguido y cerrado, pero cuando se publica en grupo y en todo el mundo o una región, es difícil acallar al medio. La fuerza está entre todos los medios que investigaron un tema sobre política pública u otros.

HOJA DE    VIDA

 Marina Walker Guevara  Es argentina. Trabajó en el diario Los Andes de su país con temas en profundidad. Luego consiguió una beca en EEUU donde trabajó  en Filadelfia Quarer, después hizo una maestría en San Luis Missouri. Hace nueve años trabaja en el  Centro para la Integridad Pública en Washington.

Fuente: Página siete, 15.9.14 por Candidado Tancara, periodista boliviano

El rol de las Defensorías de las Audiencias

Desde el amanecer de la recuperación democrática, miles de mujeres y de hombres soñaron con que las audiencias de la Argentina tuvieran un organismo público para poder canalizar sus reclamos y consultas ante las posibles vulneraciones del derecho a la comunicación. Pero recién en noviembre de 2012, casi treinta años después, comenzó la creación de la Defensoría del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual, el primer organismo nacional creado para recibir y dar curso a los reclamos, denuncias y consultas del público, comprendido como nuevo sujeto de derechos.
Con la tradición del Consejo para la Consolidación Democrática, los 21 puntos básicos para el derecho a la comunicación, de la Coalición por una Radiodifusión Democrática (que acaban de cumplir 10 años), y las experiencias nacionales e internacionales, empezó a fundarse este organismo sin capacidad sancionatoria, pero con una gran capacidad de diálogo, de ser enlace y puente entre las audiencias, la nueva ciudadanía comunicacional y los medios de comunicación audiovisual.

La comprensión de que la información no es una mercancía, sino un derecho, y que la comunicación no es un mero negocio, sino un servicio, de interés público, que implica responsabilidad social por parte de quienes trabajan en la comunicación y de quienes son responsables de las licencias, son las vigas maestras de este organismo. No es una tarea sencilla que cada uno de los actores que construyen la comunicación todos los días compartan esta perspectiva o la reflejen en sus decisiones cotidianas.

Por eso, la esencia de nuestra tarea es pedagógica: creemos en la construcción colectiva de una comunicación plural, diversa e inclusiva, con la participación activa de las audiencias. Sólo así el derecho humano a la comunicación, consagrado como un derecho sistémico de doble vía, puede ser real, tangible y concreto.

En este año y nueve meses de trabajo, capacitamos a más de 20 mil personas de todo el país, más de 600 oradores expresaron su opinión fundada sobre la radio y la televisión ante 2420 participantes, en nueve audiencias públicas. Acompañamos la creación de tres radios de pueblos originarios y campesinas, resolvimos de manera positiva el 70 por ciento de las más de 3200 presentaciones sobre trato discriminatorio, violencia mediática hacia las mujeres, incumplimiento del horario apto para todo público, grillas de programación incompletas y falta de accesibilidad para personas con discapacidad en los medios de comunicación audiovisual. El 30 por ciento restante aún está en trámite, pero seguramente seguirá el mismo camino.

Cada paso que damos en la Argentina, no lo hacemos en soledad, sino acompañados por las Defensorías de los oyentes, los televidentes, los radioescuchas y los públicos de toda América latina.

Las democracias latinoamericanas avanzan hacia una profundización que, necesariamente, deberá implicar el reconocimiento y el ejercicio de los múltiples derechos humanos, entre ellos el de la comunicación. Así lo demuestran las distintas leyes y proyectos que en los últimos años consagraron la comunicación como derecho humano, con igualdad de acceso y oportunidades.

En ese escenario emancipatorio, el intercambio de experiencias, el debate y la formalización de lazos de cooperación y enriquecimiento entre las Defensorías de las Audiencias de América latina y otras instituciones vinculadas con la promoción del Derecho a la Comunicación resulta fundamental.

De allí que la Defensoría del Público de la Argentina decidiera realizar el Primer Congreso Latinoamericano de Defensorías de las Audiencias, entre el 15 y 16 de septiembre próximos, aquí en Buenos Aires. Vendrán defensoras y defensores de Brasil, México, Colombia y representantes de Perú, Ecuador, Uruguay y Chile.

Se desarrollarán ponencias y debates dedicados al rol de las Defensorías de las Audiencias en la protección de los derechos comunicacionales de grupos históricamente marginados, la promoción de la investigación en el campo de la comunicación y los nuevos marcos regulatorios de la radio y la televisión, que buscan dejar atrás escenarios mercantilistas de concentración de la comunicación, que tanto daño causan a las democracias.

Firmaremos además dos compromisos de trabajo: el primero para promover acciones que busquen erradicar la violencia mediática hacia las mujeres en toda Latinoamérica y el segundo para crear la primera organización latinoamericana de Defensorías de las Audiencias.

Este congreso tiene la intención de convertirse en un espacio que contemple nuestras identidades, culturas, idiomas y también nuestros problemas y desafíos como Defensorías, en nuestra tarea cotidiana de amplificar las voces de las audiencias y corregir las asimetrías entre la nueva ciudadanía comunicacional y los medios de comunicación audiovisual. Será aquí, en esta Latinoamérica hermanada, que dice presente de cara a las generaciones futuras.

Fuente: Página12, 10.9.14 por Cynthia Ottaviano, defensora del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual.

Adiós a Hoy

La democracia y las libertades pierden con el cierre del diario Hoy. En sus años mozos, con un grupo de comunicadores entusiastas, avezados y profesionales, puso contra la pared al autoritarismo de los años 80. Su tempranero diseño a color y mucha imagen, atrajo lectores y plumas destacadas. Su desaparición deja un sabor amargo.

Hoy sucumbe en una época de tormenta para los periódicos no solo de Ecuador, sino del mundo entero. A las restricciones al trabajo de los comunicadores y el acorralamiento de la libertad de prensa, como sucede en nuestro país y en otros como Argentina y Venezuela, se suman los vientos de la revolución tecnológica de Internet y el surgimiento de diversas plataformas digitales, la baja en la publicidad oficial y privada y la escasa velocidad de adaptación de los mismos medios a las nuevas realidades.

El último informe de la Asociación Mundial de Periódicos, indica que la publicidad en los medios impresos -con grandes contrastes entre países y continentes- cayó 13 por ciento promedio en los últimos cinco años. En ese mismo período y pese a tal retroceso, la circulación de los periódicos aumentó en África, Asia, América Latina y Oriente Medio, pero bajó dramáticamente en América del Norte, Europa y Oceanía.

Lo que se limita con el cierre de Hoy son las opciones para los lectores, un canal de la democracia y una mirada de la realidad. El trabajo de un periódico profesional y desligado del poder oficial, es un abono a la democracia. Por eso, todos los gobiernos autoritarios, de cualquier signo, siempre han sido y serán refractarios a su existencia.

De Hoy quedan escritas páginas imborrables. Coberturas de alta calidad realizadas por sus periodistas en diversas partes del mundo. Investigaciones que pusieron en aprietos a diversos políticos, crónicas animadas de temas profundos y también livianos. Columnas de todo el espectro con aportes inteligentes. Fraguó periodistas, muchos de los cuales pasaron a trabajar con gran éxito en otros medios.

Hoy no sobrevivió a la tormenta perfecta que enfrentan los periódicos. Problemas de gestión y más de un empujón desde el poder se sumaron para poner fin a su historia.

Hacer periodismo cuesta dinero, producir información independiente lo mismo y más cuando el acoso desde el poder es creciente. Por eso, todos los diarios en el mundo se esfuerzan hoy por redefinir sus modelos de negocio, afianzar su independencia y enfrentar con creatividad las diversas plataformas digitales y los nuevos formatos.

El reto actual no es solo salvar los periódicos, sino salvar al periodismo profesional, tan necesario para la democracia. En cambio, el oficialista, tanto el que se reconoce como tal como el que se esconde detrás de una fachada, no se preocupa demasiado por ahora, pues tiene un importante padrino. Si desapareciese mañana, pocos lo extrañarían.

Fuente: El Comercio, 10.9.14 por Diego Cevallos, periodista ecuatoriano

Entra el funcionamiento Ipso, polémico regulador de la prensa británica

Este lunes comienza la andadura de la Independent Press Standards Organisation (IPSO) (Organización Independiente para los Estándares de la Prensa’) en Reino Unido. Y lo hace con polémica y con el rechazo de las víctimas a las que tiene que defender. La organización nació a raíz del escándalo de escuchas en News of the World, y su labor será la de compensar a aquellas personas que sientan que han sido ‘maltratadas’ por medios de comunicación.

Varios medios, como ‘The Guardian’, ‘The Independent’, ‘Financial Times’, ‘Economist’, ‘New Statesman’ y ‘Private Eye’, han rehusado formar parte del órgano. La nueva organización ha sido acusada de ser, meramente, la continuadora de la Press Complaints Commission, que fue fuertemente criticada por no actuar durante el escándalo de escuchas de News Of The World, diario de Rupert Murdoch.

Algunas víctimas de las escuchas de la prensa han calificado a esta nueva organización como un “engaño”. Los padres de Madeleine McCann han acusado, junto a otras víctimas de la prensa, a los editores de “rechazar un proceso justo y una norma jurídica” al crear un nuevo órgano de regulación de la industria, y que “no tiene ninguna credibilidad con nosotros ni con el público británico”. Las víctimas pertenecen a la asociación Hacked Off.

Han sido 30 las víctimas de comportamientos ilícitos de la prensa británica las que han escrito una carta a la nueva organización, argumentando que no creen que vaya a cambiar nada. Entre los medios que sí que se han sumado a la nueva organización están los tabloides The Sun, el Daily Mail y Daily Mirror y los medios The Times y The Telegraph.

Fuente: 233grados.com, 8.9.14

La Jornada se creó ante la necesidad de un medio crítico: Carlos Payán

El motivo fundamental para la formación de La Jornada fue la necesidad de crear un organismo independiente y crítico que sirviera como contrapeso al oculto control de los medios y de los poderes Legislativo y Judicial, para que no fueran utilizados como simples instrumentos del gobierno, su partido y los intelectuales a su servicio.

La explicación es de Carlos Payán, director fundador de este diario, quien en el documental ¿Libertad de expresión? profundiza en los antecedentes y orígenes de este proyecto periodístico, así como el contexto político y social en el que surgió, en 1984.

La lucha

Con 25 minutos de duración, en el documental Carlos Payán habla sobre lo que ha sido la lucha por la libertad de expresión en el México contemporáneo, a partir del “golpe” que Luis Echeverría, siendo presidente de la República, le dio a Excélsior, en 1976.

Recuerda asimismo que a raíz de ese hecho salieron dos grupos: uno encabezado por Julio Scherer, que fundó la revista Proceso, y otro por Manuel Becerra Acosta, que hizo una cooperativa y el periódico unomásuno.

Tanto el semanario como el periódico, asegura, comenzaron a ganar espacios en la libertad de expresión: “Empezamos a contar lo que pasaba afuera, en la realidad, que mucha gente no contaba”, agrega el periodista, quien más adelante asegura que con el surgimiento de La Jornada, en 1984, ese proceso “ha sido más rápido, acelerado y confrontativo con las autoridades”.

De acuerdo con el ex senador, la de la libertad de expresión ha sido una lucha álgida y constante desde aquellos años en nuestro país y, en su opinión, uno de los principales factores de presión contra ese derecho ha provenido de los gobiernos, que han buscado decir qué se dice, sea mediante la corrupción, amenazas o incluso asesinatos.

Otra presión que tenían y tienen los medios en torno de la libertad de expresión, asegura, viene del narcotráfico, que, sobre todo en los estados donde se desarrolla, impide contar algo sobre él, y aquél periodista que se atreve a hacerlo es persona “levantada, desaparecida y muerta”.

Carlos Payán considera que uno más de los lastres para el ejercicio de la libertad de expresión es el cambio en la propiedad de los medios de comunicación, la cual recae hoy, en su mayoría, en empresarios, y esto “va liquidando prácticamente” al periodismo contemporáneo

“Los medios –agrega– hablan en general de la libertad de expresión y en realidad están hablando de la libertad de empresa. Están ligados, además, con intereses, con negocios. Es curioso, por ejemplo, que The New York Times, por ejemplo, no relate los conflictos de los trabajadores de la Ford Motor Company. Porque el director de esa empresa es consejero también de ese diario”.

Al respecto, destaca que La Jornada “es ejemplar” al haber podido subsistir y, prácticamente, ser el único medio de Latinoamérica, sino es que del mundo, en manos de periodistas.

“Es una empresa periodística que se ha sostenido soportando mareas, tormentas y mareos”, subraya. “Pero trata de contar siempre las cosas que están pasando en el mundo con una óptica que quiere acercarse a la objetividad, a la verdad, y eso es lo que la hace ejemplar. Lo hace bien y lo hace mal, pero siempre está en el cogollo de la información.”

Como parte del documental, Carlos Payán rememora los orígenes de La Jornada, a partir de que que un grupo de periodistas y trabajadores de diversas áreas salió del unomásuno.

“Se hizo una convocatoria que no se quiso publicar en ningún periódico, pero funcionó de boca en boca. Se comenzó a decir que habría una reunión en lo que hoy es el edificio del World Trade Center. Fue un mitin al cual llegaron 7 mil personas, y cobramos la entrada; fueron los primeros centavos que recibimos”, menciona.

“Ahí vendimos las primeras acciones. Es muy importante eso, porque de alguna manera esto que llamamos sociedad civil se movilizó, así amorfa y todo, y dijo que iban con el proyecto con nosotros.

“Y con eso comenzamos a hacer una especie de capital semilla, y recibimos otro gran legado importante, que fue el de los pintores. (Rufino) Tamayo nos regaló una edición litográfica de 100 ejemplares que entonces valía 100 mil dólares, (Francisco) Toledo nos hizo mil ejemplares de un grabado, en tramos de 250 en cuatro diferentes colores, y (Manuel) Felguérez, Vicente Rojo y todo el mundo artístico, desde los más altos hasta los medianos, dieron obra para que pudiéramos hacer ese periódico.”

Fuente: La Jornada, 8.9.14 por Angel Vargas, periodista mexicano

Opinión libre

Hay que ser justos. Cabe reconocer el mérito del secretario de Comunicación al colocar un hito en el duro camino de la libertad de expresión. A inicios de la semana pasada, con la difusión internacional de CNN, dejó sentado un precedente para la aplicación de la Ley de Comunicación. Desde ese momento, los organismos de censura creados al amparo de esa norma ya no podrán (o no deberán) perseguir a la opinión. Haciendo suyas las palabras de decenas de columnistas de opinión y de personas de a pie que quieren expresarse en las redes sociales o en cualquier otro espacio, el funcionario reivindicó su derecho a opinar sin interferencias.

“A mí me parece, es mi criterio, es mi opinión, es mi percepción, que el diario dijo: ‘Mejor cierro antes de que descubran el fraude’”, sostuvo en referencia al diario Hoy. Ante el sorprendido entrevistador, que le hizo notar que según la ley ecuatoriana eso podría configurar la figura de calumnia, reiteró: “Esa es mi opinión y tengo mi derecho a hacerlo, y usted no me puede coartar a mí mi libertad de opinar y de decir”. Como si pudieran quedar dudas, finalmente reafirmó: “Yo no estoy aseverando, yo opino eso, esa es mi percepción”. En fin, una impecable diferenciación entre información y opinión, en la que esta última no requiere de confirmación, contrastación ni verificación. Él –y se entiende que cualquier persona– es dueño de emitir su opinión sin que eso signifique aseverar o afirmar y sin tener que probarla o sostenerla con evidencias.

Es un concepto de opinión que va mucho más allá del que han sostenido columnistas, caricaturistas y tuiteros. Incluso en los casos emblemáticos que derivaron en juicios, disculpas y rectificaciones, los autores no se atrevieron a tanto. En el asunto del 30S y los 80 millones de dólares, el columnista Palacio planteó una situación hipotética en la que, en su opinión, alguien podría acusar al líder de actos graves. Cuando a Bonil se lo obligó a rectificar y explicar una caricatura, se lo acusó de no haber contrastado y confirmado lo que constaba al pie del dibujo, a pesar de que eran frases tomadas casi textualmente de despachos de agencias de prensa. En ninguno de esos casos hubo acusaciones tan fuertes y directas como las que hizo el secretario de Comunicación en la entrevista. Sin embargo, contra Palacio intervino la justicia con la rapidez de Chucky Seven y Bonil tuvo el nada envidiable privilegio de inaugurar las actividades de uno de los organismos inquisidores.

La búsqueda de equidad en el tratamiento de los casos de persecución a la opinión ha motivado que muchas personas pidan similares sanciones para el secretario. Puede parecer lo justo, ya que de iguales acciones deben desprenderse iguales consecuencias. Pero al hacerlo están mirando el mundo al revés. La verdad es que el funcionario dio un paso fundamental en defensa de la libertad de opinión y, obviamente, los organismos controladores no lo castigarán. Ese es el tratamiento que debe regir para todos. Gracias, señor secretario.

La verdad es que el funcionario dio un paso fundamental en defensa de la libertad de opinión y, obviamente, los organismos controladores no lo castigarán.

Fuente: El Universo, 8.9.14 por Simón Pachano, sociólogo ecuatoriano

La primera plana

Es normalmente durante los procesos de transición a la democracia y en general a raíz de la vergüenza colectiva que produce reconocer la barbarie de los regímenes autoritarios, cuando los Estados y los órganos internacionales han acordado crear más y mejores garantías de protección de derechos humanos. Por ello, por ejemplo, la creación de una Relatoría Especial de Libertad de Expresión en el seno de la Organización de Estados Americanos a finales de los noventa, fue una decisión en cierto sentido fácil y ampliamente respaldada. Para los Estados que en ese momento salían de dictaduras militares y de conflictos armados e intentaban construir y consolidar democracias constitucionales no era un secreto que lo primero que hacen los regímenes autoritarios es suprimir la libertad para expresarse en su contra.

No hacía falta entonces recordar los momentos definitorios que todos tenemos —o deberíamos tener— en la memoria, en los que el coraje de algunos periodistas y medios permitió revelar graves y sistemáticas violaciones de derechos humanos o complejas tramas de corrupción. Historias sorprendentes que se oponían a las verdades oficiales y que en muchos casos ayudaron a generar indignación colectiva y a cambiar, para bien, el curso de las cosas.

Pero la protección de la libertad de expresión, no solo se justifica para proteger la posibilidad de que se cuenten y difundan esas memorables historias. En este sentido, no puede desestimarse la importancia fundamental para la consolidación de una sociedad democrática de los periodistas que escriben a diario historias menos espectaculares pero fundamentales para ensanchar nuestro horizonte cultural. Historias que nos permiten entender y tomar mejores decisiones sobre todos los temas que nos atañen en nuestro espacio personal o como miembros de una comunidad política.

Dicho de otra manera, las garantías especiales que protegen la libertad de expresión se justifican porque defienden la posibilidad de que exista esa prensa abierta e independiente que nos acerca lo que parece ajeno, nos descubre lo que parece oculto y nos aclara lo que parece confuso. Y muchas veces, para bien de la inteligencia humana, nos hace complejo lo que parece simple.

Hoy hay muchas formas de hacer periodismo. La televisión y la radio son extraordinariamente importantes y las redes sociales y el periodismo ciudadano en muchos lugares o momentos es lo único posible cuando la prensa ha sido capturada o silenciada por el poder. Pero hay algo que caracteriza a la prensa escrita, algo que va más allá del placer de desdoblar el diario y zambullirse en él cada mañana, con el deseo de que nadie nos interrumpa.

Los diarios, especialmente los diarios más vigorosos, independientes y profesionales, pueden investigar y contar historias que requieren un arduo esfuerzo. Historias que se someten a rigurosos principios y a ásperos debates internos y cuya publicación final no se encuentra limitada al brevísimo espacio de otros formatos. El rigor y densidad de las historias elaboradas luego de estos procesos, les confiere una importancia radical dentro del caótico e inconmensurable flujo de información que se produce a diario. La importancia actual de este trabajo periodístico que se somete a diario al juicio de credibilidad de sus lectores y que intermedia con rigor entre la sociedad y la fuente, sigue teniendo un impacto difícil de igualar. Para decirlo de manera más clara, en un mundo de enormes cambios en los procesos comunicativos y de una vertiginosa circulación de información, la primera plana sigue siendo “la primera plana”.

En este sentido, la portada impresa, la primera página, no es actualizada cada 15 segundos ni puede consumirse en el breve espacio de un titular de un medio audiovisual. La primera plana aparece en la mesa del comedor, en el quiosco de la esquina, en el autobús, en la casa de los amigos y, naturalmente, en los escritorios oficiales. En un mundo en el que la circulación de información se produce a velocidades nunca antes vistas, la primera plana tercamente sigue ahí. Escrita. Indeleble. Y pocas cosas pueden igualar su impacto sobre los funcionarios corruptos, los políticos que se asocian con el crimen, que abusan de su poder, que traicionan los valores y principios democráticos. Otra característica única de la prensa escrita es que nos obliga a recorrer caminos que otros formatos nos evitan, pero que son fundamentales si queremos realmente actuar como ciudadanas o ciudadanos informados y fomentar valores sociales como la tolerancia y el pluralismo. Cualquiera que quiera llegar, por ejemplo, a la sección Deportes o Moda de un diario, incluso en formato digital, debe toparse, aunque sea de manera rápida y somera, con titulares sobre economía, cultura, guerra y paz, o con opiniones políticas similares o divergentes a las suyas. Eso no pasa en otros medios en los que la información puede ser severamente filtrada, segmentada, dirigida y seleccionada.

Por eso no estoy de acuerdo con quienes creen que la prensa escrita puede ser reemplazada por mensajes de 140 caracteres

Las redes sociales y el periodismo ciudadano han contribuido de manera única al proceso comunicativo e incluso han propiciado nuevas y muy valiosas formas de participación, de construcción de la esfera pública, de movilización ciudadana. Pero lo anterior no implica que resulten suficientes para que una persona pueda acceder a la información que necesita para actuar como miembro de una comunidad política, para adoptar decisiones que tienen un impacto colectivo o incluso para confrontar sus propias creencias o percepciones. Al menos dos razones pueden soportar esta afirmación.

En primer lugar, la prensa escrita, especialmente allí donde es abierta y diversa, nos obliga a confrontar nuestras propias creencias y a reconocer el valor de la diferencia, la importancia del pluralismo, la virtud de la tolerancia. No sucede lo mismo en parcelas inmunes al pensamiento diverso, crítico, contradictorio.

Pero en segundo lugar, aún estas nuevas y revolucionarias maneras de ejercer la ciudadanía y de ampliar la democracia, requieren del pausado, riguroso y complejo trabajo del periodismo profesional de los diarios.

En suma, en una democracia necesitamos al periodismo profesional, serio e independiente, en formatos que nos permitan conocer las razones de una historia, su contexto, los distintos puntos de vista, las explicaciones contradictorias o las visiones complementarias. Y todo esto, sin controles oficiales que desconfían de la razón humana o que se abrogan el derecho a decidir lo que podemos leer en libertad.

En este sentido, la consolidación de sociedades verdaderamente democráticas pasa por impedir que los funcionarios puedan arrebatarnos el derecho a conocer informaciones o ideas incluso cuando estas puedan parecernos absurdas o injustas; a reaccionar con más, y no con menos debate, a estas ideas o informaciones; a cambiar de opinión si un columnista nos convence de que estábamos equivocados; o a conmovernos con una crónica sobre la belleza que fue capturada en una pieza que da gusto leer despacio y releer.

Por todas estas razones, es necesario reforzar todas las garantías para defender a la prensa libre de los ataques de los funcionarios autoritarios que buscan controlar la esfera pública, de mercados voraces o de organizaciones criminales. En realidad, como lo entendieron bien los miembros de la CIDH en 1998 al crear a la Relatoría, esa prensa independiente, plural y vigorosa es la mejor barrera contra el autoritarismo, el mejor antídoto contra la captura estatal por parte del crimen organizado y la mejor forma de lograr sociedades más tolerantes, justas e incluyentes.

También creo que debemos rendir un homenaje al periodismo honesto y valiente que en muchos lugares enfrenta a diario enormes dificultades para poder seguir informando a la sociedad sobre temas vitales para cualquier comunidad política. Y debemos ser conscientes del valor que hay detrás de cada una de las historias a las que millones de lectores accedemos a diario, como un milagro en letras de molde. Esa especie particular e imprescindible de literatura cotidiana que surge del rigor, la pasión y la honestidad de periodistas que literalmente arriesgan su vida en zonas de combate para explicarnos las guerras que se libran en otras lenguas; que investigan archivos y cifras encriptadas para revelarnos historias de corrupción o abusos de autoridad; o que rescatan la belleza de la creación humana para anunciarnos el nacimiento de un nuevo libro de poesía. Esa literatura única y necesaria, fruto del esfuerzo, la tenacidad y la sensibilidad de quienes escogieron el oficio que García Márquez, el periodista, calificó como “el mejor oficio del mundo”.

Fuente: El País, 6, 9, 14, por Catalina Botero fue relatora especial para la libertad de expresión de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Enrique Zileri y la prensa democrática por Salomón Lerner

Fue una triste noticia para los peruanos enterarnos del fallecimiento de Enrique Zileri, por tantos años director de la importante revista Caretas. Zileri representa un tipo de periodista que hoy –salvo notables excepciones– el Perú echa de menos: aquel que combina la vocación por la búsqueda de la verdad, el compromiso con la democracia, el respeto por la ética periodística, la buena pluma y el rigor en la investigación.

Desde Caretas primero, y luego desde el Instituto Internacional de la Prensa y el Consejo de la Prensa Peruana –instituciones que presidió– se dedicó a hacer explícitas las conexiones morales que enlazan una democracia auténtica y la existencia de una prensa independiente, a la vez crítica y veraz. Bajo esas convicciones fundamentales, Zileri combatió los regímenes autoritarios que se propusieron controlar o corromper los medios de comunicación con el fin de neutralizar toda resistencia social y política. Cuestionó con firmeza las dictaduras militares de los años sesenta y setenta, y se opuso severamente al gobierno de Fujimori y Montesinos en los años noventa.

Pero su percepción de los peligros que podrían amenazar la prensa libre trascendió las perspectivas de los casos en que un gobierno militar o cívico–militar buscaran recortar la libertad de expresión y el derecho a la información. Prueba de ello es que hace cerca de un año, Zileri se propuso, en colaboración con otros siete ciudadanos y periodistas, plantear una demanda de acción de amparo contra un grupo mediático que pretendía concentrar la propiedad de un sector mayoritario de los órganos de prensa escrita en el país. Comprendió que el acaparamiento de los medios de prensa ponía en peligro el acceso ciudadano a una información periodística plural, condición imprescindible para la formación de una opinión independiente y crítica sobre asuntos sociales y políticos de interés nacional y global. Sabía que, sin una prensa veraz y cuestionadora, el ciudadano permanece indefenso frente a los poderes de turno.

En el año 1998 recibió el Knight Internacional Press Fellowship Award, premio que confiere el Centro Internacional de Periodistas de Washington a quienes se han distinguido en el ejercicio del periodismo independiente. Del mismo modo, en el año 2010, la Pontificia Universidad Católica del Perú le otorgó un Doctorado Honoris Causa en mérito a su contribución al periodismo y a la defensa de las libertades ciudadanas asociadas con la información y la expresión. Su trayectoria ha sido inspiradora para muchas generaciones de comunicadores y periodistas que se han formado a partir de la premisa que él encarnó en el sentido de que no podrá existir una sociedad libre sin que en ella se encuentre presente y activa una esfera de opinión pública alimentada por el trabajo comprometido de medios de comunicación que sean honestos observadores de la verdad y respetuosos de la diversidad. Todos recordamos: en múltiples ocasiones, a lo largo de su historia, Caretas tuvo que enfrentarse a gobiernos que le fueron hostiles, que intentaron censurarla, prohibirla u obstaculizar su trabajo. Es título de honor para Caretas y su desaparecido director, el haberse convertido en una auténtica “piedra en el zapato” para quienes abusivamente pretendieron concentrar el poder desde la altas esferas del Estado. Por ello no nos equivocamos al expresar que el nombre y recuerdo de Enrique Zileri Gibson se convertirán en el paradigma que encarne lo que significa un lúcido y severo promotor del periodismo libre y de la democracia en nuestro país.

Fuente: La República, 5.9.14 por Salomon Lerner, abogado y columnista peruano

Puntos de extensión y comunicación

La Universidad Nacional de Córdoba presentó el programa Puntos de Extensión Universitaria (PEU) el pasado 13 de agosto, en Villa El Libertador, con la participación de más de cincuenta organizaciones sociales e instituciones de la zona, autoridades y referentes universitarios. El programa se propone la presencia física de la universidad en el territorio, coordinada con la organización local que permita articular las diferentes experiencias de extensión para potenciar sus alcances.

El primer punto funciona en Radio Sur 90.1 FM, emisora comunitaria del Cecopal (Centro de Comunicación Popular y Asesoramiento Legal de la ciudad de Córdoba), donde se concentran los proyectos que se llevan a cabo en la zona sur de la ciudad, territorio con una larga historia de luchas sociales y un cúmulo de saberes construidos y que alberga un gran número de proyectos extensionistas. El segundo PEU será en barrio Alberdi, otro de los lugares emblemáticos de Córdoba, con sede en el Club Atlético Belgrano.

Los puntos son centros comunitarios que articulan “diversas prácticas que se llevan a cabo desde la UNC para fortalecer el vínculo de la universidad con la comunidad y poder responder a las demandas legítimas que existen en los territorios donde se encuentren los PEU, a través de las líneas de trabajo de la Secretaría de Extensión Universitaria y las secretarías de Extensión de las Unidades Académicas de la UNC”, indicó Franco Rizzi, responsable de Extensión de la UNC.

“Es un cambio de paradigma que nos permite estar en el territorio y al territorio sentirse parte de la universidad. Exige un trabajo de cooperación mutua, para que la educación superior, en primer lugar, llegue a más gente y para que nuestra investigación científica, tecnológica y nuestros procesos innovativos alcancen cada vez más a más ciudadanos”, afirmó el rector de la casa de Trejo, Francisco Tamarit. “Que los saberes sociales se articulen con nuestra universidad para que nuestros planes de estudio se adapten, para que nuestros proyectos de investigación se ocupen de los problemas de la gente y para que nuestros investigadores se acerquen a los barrios, no sólo para realizar sus estudios, sino como parte de una construcción colectiva de soluciones sociales”, subrayó.

Las radios comunitarias, por su parte, se han constituido en América latina como espacio clave para la participación, el ejercicio de la ciudadanía y el empoderamiento de los sectores populares. Poseen un rol fundamental en el proceso de democratización de la palabra, amplificando aquellas voces que no encuentran espacio de expresión en los medios hegemónicos, que les posibiliten incidir en procesos de cambio. Promueven a la comunicación como un derecho de todas las personas, son partes activas de sus comunidades, fuertemente vinculadas con los movimientos ciudadanos y, por tanto, con la práctica de una ciudadanía participativa y transformadora. La UNC reconoce esa legitimidad social de un medio comunitario y apuesta a un trabajo articulado.

Desafíos enmarcados en las políticas impulsadas desde el Ministerio de Educación de la Nación, y la Secretaría de Políticas Universitarias, reconocen antecedentes en universidades como La Plata, Entre Ríos y Mar del Plata. Pasos que fueron transformando la praxis de las universidades públicas, reforzando el vínculo con el territorio a partir del desarrollo de proyectos conjuntos entre organizaciones sociales, políticas, culturales, sindicales e instituciones académicas.

En los ’70, Paulo Freire (¿Extensión o Comunicación? La concientización en el medio rural, 1973, Ed. Siglo XXI y Tierra Nueva) advertía sobre los equívocos a los que puede conducir el término extensión en el sentido de “extender un conocimiento técnico”. Por lo que respondía “negativamente a la extensión y afirmativamente a la comunicación”, planteando que en esa relación dialógica-comunicativa se puede construir lo común. “La comunicación es educación, es diálogo, en la medida en que no es trasferencia de saber, sino encuentro de sujetos interlocutores”, dirá el padre de la educación popular, que con su obra pregonara también el desarrollo de tantas experiencias de comunicación popular en el continente.

Diálogo que relaciona saberes y praxis a través de la razón dialógica como camino hacia la comprensión y la acción. Condición de posibilidad si el objetivo perseguido es el desarrollo de políticas extensionistas cuyo impacto genere acciones de inclusión social, mejoras en la calidad de vida y contribuya al crecimiento personal y colectivo para autoorganizar transformaciones o, si se prefiere, contribuya a desarrollar conocimientos y acciones que viabilicen mejores formas de vivir.

Fuente; Página12, 3.9.14 por Judith Gerbaldo, periodista y docente investigadora ECI-UNC

Las redes sociales perpetúan la teoría de la espiral del silencio, según Pew Research

La espiral del silencio. Un tema que quizá hizo sudar a más de un estudiante de periodismo. La teoría, perteneciente al ámbito de la opinión pública, fue ideada por la politóloga alemana Elisabeth Noele-Neumann, y la idea principal es que el público se calla opiniones si cree que no son populares o no son mayoritarias, ya que se ven amenazados por ser minoría.
Esto acaba en un círculo vicioso, ya que los medios difunden lo que expresa el público, pero cuanto más se difunde la versión dominante por los medios, más guardarán silencio las voces individuales contrarias. Una espiral del silencio.
Ahora, el centro de investigación Pew Research ha realizado una investigación sobre la expresión de opiniones en las redes sociales. En una encuesta a 1.801 personas, el centro quería descubrir si, con estas nuevas plataformas, las opiniones antes silenciadas podrían ser expresadas. El resultado de la encuesta es que no.
Tomando como tema las revelaciones de Snowden sobre la NSA, que dividía en ese momento la opinión pública de EEUU, los investigadores descubrieron que las redes sociales perpetúan, incluso empeoran, la espiral del silencio. Las conclusiones a las que llegaron fueron las siguientes:

  • Los encuestados estaban menos dispuestos a expresar sus opiniones en las redes sociales que frente a una persona. En concreto, un 86% aceptaría discutir un tema cara a cara, pero sólo un 42% publicaría algo sobre el tema en Facebook o Twitter.
  • Tanto en persona como en internet, los encuestados estaban más dispuestos a expresar sus opiniones si sentían que su audiencia iba a estar de acuerdo. El doble de personas publicarían algo sobre el tema en Facebook si sentía que sus amigos estaban de acuerdo que si no.
  • Los usuarios de Facebook y Twitter estaban menos predispuestos a expresar sus opiniones, aunque fuera cara a cara.
  • Los usuarios no obtienen su información de las redes sociales. En concreto, sobre el tema Snowden, la investigación descubrió que un 58% obtuvo información del tema de la radio o la televisión. Apenas un 15% obtuvo información por Facebook y un mísero 3% se informó a través de Twitter.

La investigación concluye con una idea: la creación de estas “plataformas de expresión” no ha terminado con la espiral del silencio y no ha aportado nuevos foros en los que expresar opiniones minoritarias.
Fuente: 233grados.com, 27.8.14