El periodismo ratonero

Querido J:
La revista The New Republic, referencia seria y antigua del periodismo americano, va a convertirse en una web de listas tontas, según los planes de un chico multimillonario que la compró hace un par de años. Ahora lo llaman periodismo vertical, lo que no deja de ser una cruel paradoja para nosotros, defensores de la verticalidad y la jerarquía en estos tiempos de tiki-taka. La transformación de la revista ha provocado muchos abandonos (Franklin Foer, Leon Wieseltier, Anne Applebaum, Isaac Chotiner, Jonathan Cohn, Enrique Krauze…) y una gran oleada de comentarios desmoralizados. Entre los más lúcidos está el de George Packer en el New Yorker: «La crisis en el periodismo es una crisis de negocio, que dura desde hace veinte años; los resultados siguen siendo muy inciertos. Los redactores y editores en revistas y periódicos viven en la perpetua aprensión, lo que lleva a que se desplome su confianza en su propio trabajo y tiendan a sobrevalorar las nuevas empresas digitales o a los nuevos ricos digitales propietarios de las viejas empresas. Es fácil tener la impresión de que la escritura profunda, extensa y atenta al detalle complejo es, en cierto modo, la responsable de sus problemas. No lo es, pero frente a un futuro profundamente incierto se convierten, como dice Robert Stone en su novela Banderas al amanecer, en el ratón que se asustó tanto que fue a por el gato buscando amor. No debería sorprender del todo que el gato se gire y se los coma o, aún peor, les saque los ojos con un arañazo distraído.»
Es una buena alegoría de la conducta de los medios. Internet ha multiplicado la práctica de la radio y la televisión: la apropiación indebida del discurso de los periódicos, empezando por el titular, su unidad mínima. La abrumadora mayoría de los compradores de periódicos, y no digamos de los usuarios únicos de barra de bar, solo leían titulares. Fueron la radio y la televisión los que empezaron regalándolos, e internet, y su infinita capacidad de replicación, los ha reducido a una insólita mercancía sin precio pero con mucho valor.
La manifestación española del ratón suicidado en busca de amor (o de ese interesante cruce donde el amor se confunde con la vanidad) es la discusión de hoy en torno a Google News y su decisión de cerrar en España: Google se niega a pagar a los periódicos por la utilización de sus contenidos. La discusión reúne los viejos temas sobre Google y las noticias. Por qué paga contenidos cartográficos para su Google Maps y no paga noticias para su Google News. O por qué no elabora contenidos noticiosos propios como lo ha hecho con Street View. Y la discusión debe incluir algunas matizaciones. La primera y principal es que Google News, una página hórrida y uno de los peores productos de la empresa, envía un tráfico reducido a las webs noticiosas. Ni Google ni los periódicos han concretado las cifras del tráfico. A Google le basta con alardear sobre los cientos de miles de enlaces y a los periódicos ya les va bien ese alarde en términos de contratación publicitaria. Sin embargo, por lo que he hablado con unos y otros y admitiendo que en este asunto numérico solo se puede escribir palpando, el tráfico aportado por Google estaría entre el 5 y el 10%. El problema de fondo del conflicto no está en News, sino en el buscador general. A ti, que eres un hombre sofisticado, te sorprenderá que la mitad del tráfico de las webs provenga de buscadores y en mucho menor número de redes sociales. Es decir, que algo menos de la mitad de los ocho millones de usuarios únicos que visitan cada mes la web de este periódico donde te echo las cartas colocan Urdangarín en el cajetín y acceden a las páginas donde se describe la última vida del duque de Palma. A veces acceden a través de anuncios que el periódico compra a Google (Última hora del caso Noos. elmundo.es), y que le permiten estar en la primera línea de la búsqueda, o a través de links que persiguen arduamente un trato favorable en el algoritmo del buscador. El temor de los editores es que Google, a partir del conflicto, introduzca modificaciones en el buscador global, lo que supondría un impacto cierto en el tráfico de sus webs. Mi duda es hasta qué punto esos visitantes que acceden a los contenidos a través del buscador son rentables en los difíciles términos publicitarios de la economía digital. Desde el punto de vista publicitario no es lo mismo acceder a la home de una web noticiosa y demorarse más o menos en sus contenidos que acceder directamente al contenido de una sola noticia. La precariedad del modelo publicitario digital se entiende bien a partir de este dato: los ocho millones de usuarios únicos que tienen cada uno de los dos principales periódicos españoles no llegan a suponer ni la cuarta parte del volumen total de negocio: el moribundo papel sigue financiando a su verdugo.
La mayoría de periódicos brasileños llevan un año sin Google y parecen felices: dicen que han perdido sólo un 5%. Los alemanes, en cambio, volvieron cuando Springer vio cómo caía una parte sustancial de su tráfico. En cuanto a los franceses, han negociado un pellizco de 60 millones de euros. No sé si las webs noticiosas pueden vivir sin Google. Lo que sé es que con Google, con este Google abusivo, amenazador, opaco, y despótico, no puede haber periodismo. La proyección más sensata para la economía de los medios es que las populares y ligeras webs noticiosas pudieran contribuir decisivamente a la financiación de los periódicos del futuro. Pero Google, y su posición dominante, no está en ese proyecto. No solo no está. Es que hoy por hoy es su obstáculo dificilísimo y principal.
Sigue con salud
Arcadi Espada
Fuente: El Mundo, 15.12.14 por Arcadi Espada, periodista español

Nuevas formas de periodismo

La distribución de la información en la sociedad global es posiblemente una de las revoluciones sociales de más calado de la historia moderna y contemporánea. Nunca tantos habían sabido tanto mientras los hechos acontecen, en tiempo real, en cualquier parte del planeta. Cuentan que la noticia del descubrimiento de América por Cristóbal Colón no llegó a Moscú hasta seis meses después de que el navegante regresara a la Península. Estos días se celebra el centenario de la heroica expedición de Shackleton al polo Sur, que no se conoció con cierto detalle hasta después del fin de la Gran Guerra. Hoy, aquella aventura de 27 hombres que llegaron sanos y salvos, todos, al final de la epopeya se habría seguido minuto a minuto en todo el mundo.
Las nuevas formas de comunicación no han anulado el periodismo, sino que lo han hecho más innovador y más competitivo. El periodista clásico ha perdido el monopolio y la hegemonía de las noticias. Hay cientos de miles de periodistas que nutren las redes de informaciones en tiempo real, con fotografías, dibujos y vídeos. Los comentarios y las opiniones surgen de forma inmediata. El mundo ciertamente está mejor informado, pero no estoy seguro que sepa con toda precisión lo que está ocurriendo porque la clave que explica los hechos puede permanecer oculta para el gran público. Antes y ahora, con poca o con mucha información es necesario discernir para poder tener una cierta idea de lo que está ocurriendo.
Twitter es una auténtica revolución que está cambiando la forma de comunicarse y de relacionarse. Los conflictos surgen primero en las redes y después saltan a los grandes medios escritos, radiofónicos o televisivos. Todo es más fácil en la vida virtual, dice Bauman, pero hemos perdido el arte de las relaciones sociales y la amistad.
De vez en cuando, alguien de renombre anuncia que deja momentáneamente de utilizar Twitter. No resiste a las críticas anónimas ni a los ataques sin fundamento. No hay personajes con la seguridad suficiente como Charles de Gaulle, que decía que cuanto más lo atacaban los periodistas, más propaganda hacían de sus ideas. La revolución de las nuevas tecnologías nos ha hecho más fuertes y a la vez más frágiles. El escritor alemán Günter Grass dijo hace unos años al verse atacado por periodistas acerca de su pasado juvenil que “la escena mediática alemana no es superable en infamia”.
Este río tan caudaloso de información y opiniones nos ha conducido a la hiperdemocracia, que tiene una gestión mucho más compleja que la democracia de pautas más clásicas. Los jueces y la multitud de periodistas que se expresan en todos los soportes mediáticos no son ya contrapoderes esenciales, sino que se han convertido en poderes de primer orden porque suelen ir de la mano para cambiar, si se da el caso, el destino de personas e instituciones. Estamos en plena ebullición de los cambios en los que opera el periodismo a través de las nuevas tecnologías, pero no alcanzamos a ver cuál será en el futuro el impacto del caudal informativo, a veces controvertido, sobre los mismos hechos.
El comediante británico Russell Brand puede ser expulsado de Twitter al haber publicado el número de teléfono de un periodista del Daily Mail que intentaba ponerse en contacto personal con él. Brand tiene ocho millones de seguidores y el teléfono del periodista fue conocido por su vasta audiencia. Twitter no permite que se utilice información particular de sus usuarios si antes no obtiene el permiso del interesado. El diario The Guardian del lunes ofrecía una amplia información sobre este caso de conculcación de derechos.
Pienso que el periodismo no desaparecerá, sino que habrá más y mejor periodismo que marcará las grandes pautas de la opinión pública. El buen periodismo se basará en la veracidad de los hechos hasta donde estén al alcance de los informadores. Una definición correcta es la de Carl Bernstein, cuando se refiere a “la mejor versión obtenible de la verdad”. El periodismo, en las versiones clásicas y modernas, no es otra cosa que un borrador para la historia, que es la que suele tener la última palabra con el paso del tiempo y el distanciamiento de las perspectivas.
Alan Rusbridger, director de The Guardian, hablaba hace unos meses que la verdad, como sabe cualquier periodista honesto, es que los periódicos están llenos de errores. No sólo errores, sino simplificaciones exageradas, énfasis desenfocados o interpretaciones de hechos que deberían haberse expresado de otra manera. El que afirme lo contrario no sabe lo que es esta profesión. Y, a pesar de ello, insiste Rusbridger, muchos medios persisten en la creencia de que son por lo general infalibles.
La veracidad de las informaciones ha sido y debe seguir siendo la pauta que seguir, también en los nuevos tiempos. Otra cosa son las opiniones que son libres y abiertas a todo tipo de interpretaciones sobre una misma realidad. Pero lo que no ha sido nunca aconsejable es trabajar sobre suposiciones. Eugeni Xammar escribía en sus crónicas desde Berlín en los años treinta que la dictadura es el régimen del rumor en contraposición a la democracia liberal, que es el régimen de la opinión basada en la realidad. Bienvenidas sean las grandes transformaciones en el periodismo. Pero los hechos siguen siendo sagrados.
Fuente: La Vanguardia, 12.12.14 por Lluís Foix, periodista español.

La comunicación como derecho

Anteayer se conmemoró en todos los países miembros de la ONU, en unos con sincera vocación democrática y en otros solo de labios hacia afuera, el Día Internacional de los Derechos Humanos instaurado por la Asamblea General desde 1948, y como la Comunicación (con mayúsculas) es uno de ellos, esencial además para la convivencia ciudadana, derecho olvidado por algunos gobernantes cuando están en el poder pero reconocido con furor cuando integran el estado llano, merece la pena recordarlo como lo hago ahora.
Hay verdades que nos trae la historia que están al alcance de todos, en las bibliotecas y en internet, como aquellas que señalan que el periodismo fue particularmente importante en las revoluciones europeas de los siglos XIX y XX, al igual que muchos años antes ese gran invento de los chinos, la imprenta, precursora del periodismo y reinventada después por Europa, cumplió un papel similar en la difusión de la reforma protestante. Y hoy podemos asegurar, sin que surja la más mínima duda, que los medios de comunicación, todos, el periódico, la revista, el libro, la televisión, la radio, el cine, el teatro, la internet, sirven y servirán cada día más para hacer más libre y más autónoma la vida de la gente, y para incrementar el número de ciudadanos integralmente alfabetizados en el globo.
La sociedad de la información, como así podría llamarse hoy a la población mundial, se inscribe dentro del concepto más amplio de la comunicación por cuya vigencia sin restricciones debemos luchar ardorosamente, pues estar informado y conocer opiniones provenientes de neuronas de diferentes orientaciones es parte del patrimonio del hombre actual, lo que ha contribuido de manera decisiva a conseguir justicia allí donde no la haya y a derrocar regímenes dictatoriales no solo de pequeñas repúblicas sino de imperios de grandes ramificaciones como el soviético.
Cada día es más común la transmisión de informaciones vitales a través de los medios impresos y de eventos y programas de televisión culturales y políticos provenientes de todo el orbe y que llegan por satélite a cualquier otra parte para que el ciudadano se entere de cómo se vive, cómo se enseña y cómo se aprende, cómo se investiga y cómo se desenvuelve la política, cómo se desarrollan la democracia y el poder de los gobiernos en otros países, lo que sirve de lección a los pueblos para imitar o desechar esos comportamientos, trastocando el concepto tradicional de soberanía, de fronteras intocables para encerrar el pensamiento del hombre, felizmente vulneradas desde el aire por un intruso que le hace bien a la sociedad.
El poder de internet como medio de comunicación es de una magnitud enorme, a tal punto que solo puede ser limitado y controlado con serias restricciones a la libertad individual pisoteando los derechos humanos como ocurre en rígidas y vergonzosas dictaduras: Corea del Norte, Cuba, China y algunos estados teocráticos islámicos. De otra manera sería imposible detener el vigor planetario que responde a múltiples intereses, no solo a los centros de poder político como fue en su origen.
La sociedad global sabe ahora mucho más que antes, de más cosas y al instante, en cualquier parte del mundo en que se produzca un hecho, tanto si se trata de una noticia o de una opinión cuanto si se trata de indagar libremente en los folios de la historia, gracias a la vigencia de los derechos humanos, entre ellos la libertad de expresión y de opinión, y la libertad de recibirlas y difundirlas, las que sumadas implican la libertad de comunicación a la cual rendimos tributo en esta semana conmemorativa.(O)
Fuente: El Universo, 12.12.14 por Orlando Alcívar Santos, columnista ecuatoriano

Pensar desde el compromiso

“Me he ganado la vida como un artista de la comunicación, no como un científico.” Esta frase de Luis Ramiro Beltrán, ilustre pionero de la comunicación en América latina, es recordada en el libro de homenaje que le brindó Ciespal al constituirse la Cátedra de Comunicación para el Buen Vivir, que lleva su nombre. Se aprecia este homenaje, que nos recuerda la experiencia de diálogo y reflexión en muchos encuentros en el continente.
Luis Ramiro Beltrán nace en Oruro, Bolivia, en 1930. Desde su adolescencia las actividades que desarrolla son variadas, aunque el periodismo lo atrapa y lo lleva a desempeñar diversas responsabilidades. Juan Braun traza en una entrevista el desarrollo de esos años mozos y el cambio que se produce en su vida cuando es alentado a encarar los estudios universitarios en los Estados Unidos, donde logra alcanzar el doctorado. El mismo Beltrán reconoce que, en un ambiente dominado por la hegemonía comunicacional, paradójicamente, se abre el camino para empezar a comprender la realidad latinoamericana y la necesidad de una investigación crítica y creativa para desafiar la realidad del continente.
Erick R. Torrico Villanueva, al destacar el importante aporte de Beltrán, acentúa que “la utopía orientadora del pensamiento, la obra y sus enseñanzas” se centran en la comunicación democrática para el desarrollo. Beltrán estaba convencido de que la incomunicación era la nota principal en América latina a finales de 1960 y que “la dominación era un rasgo característico de sus comunicaciones”.
En una larga entrevista la comunicadora Patricia Anzola se adentra en el corazón de lo que fueron sus aportes en momentos de gran efervescencia y cambio en el mundo de las comunicaciones. La búsqueda de un nuevo orden para la economía por parte del Movimiento de los Países No Alineados se unió a la de un Nuevo Orden Internacional de la Información y la Comunicación por parte de la Unesco. Beltrán estuvo involucrado en el conflictivo y arduo proceso de poner en la agenda internacional este acuciante tema al que se oponían las organizaciones que nucleaban los grandes medios.
La década del ’70 mostró un despertar social que abarcó la necesidad de procurar la democratización de las comunicaciones, a la que llamó “la época de la insurgencia latinoamericana”. En muchas partes del continente brotaban serios aportes sobre nuevos paradigmas comunicativos. Beltrán, que acompañaba esos esfuerzos, bregaba, con insistencia, evitando llevar la argumentación a términos extremos, para que se encaminara hacia el desarrollo de políticas nacionales de comunicación. La formulación que pergeñó fue muy valiosa para el encuadramiento del tema y su posterior tratamiento. Estaba convencido de que el Estado debe jugar un papel “indispensable como fuerza de respaldo a aplicaciones de políticas… Pero sostengo que la soberanía en materia de comunicación y cultura también debe radicar en el pueblo mismo en una sociedad democrática”.
Sin embargo, ese enorme entusiasmo no le impidió ver que esas propuestas de cambio afectaban directamente a las grandes potencias conservadoras. Lo que parecía la historia de la pulga que asustaba al elefante, “al cierre de la década del ’70 y al inicio de los ’80 el elefante dejó de asustarse”. Aunque él no lo dice con nombre y apellido, es conocido que la Unesco archivó el Nomic por las fuertes influencias de EE.UU. Hubo que esperar hasta los primeros años del 2000 para dialogar a nivel global sobre políticas internacionales de gran repercusión.
La década del ’80, que abrió el camino a las nuevas tecnologías, desplazó los planteos de la búsqueda de una comunicación democrática por un desarrollo industrial y económico donde los países industrializados tomaron el timón.
Para entonces, Beltrán reconoce y lamenta que no se perciba ningún desa-rrollo de políticas nacionales de comunicación. Más bien ve acrecentar la penetración de bienes y servicios informáticos provenientes de los Estados Unidos y una enorme concentración de medios de comunicación masiva en un manojo de corporaciones. Beltrán vuelve a lamentarse de que los gobiernos no tomen acciones para potenciar la participación del pueblo en el proceso de comunicación. La oleada neoliberal parece dominar toda acción. Beltrán siempre ha reiterado su constante prédica por una comunicación con la participación de la gente en el marco de políticas nacionales.
Hoy se podría hablar del hecho de que, en algunos países de América Latina, como es el caso de Argentina, la semilla sembrada en los ’70 está dando frutos.
El justo homenaje ofrecido a Luis Ramiro Beltrán requiere todo nuestro aprecio por esa lucha indeclinable en la que, por largas décadas, con tesón y perseverancia, siguió alimentando el sueño de una utopía, que no se ha alcanzado, porque “habrá tomado, más bien, refugio en la nevera del tiempo y acaso está aguardando el momento en que la historia vuelva a golpear con fuerza las puertas de la conciencia universal”.
Fuente: Página12, 10.12.14 por Carlos A. Valle, comunicador social  argentino,  ex presidente de la Asociación Mundial para las Comunicaciones Cristianas (WACC).

Cebrián: “En la revolución digital se siguen necesitando a los periodistas”

Está en marcha un cambio de civilización. Y en el centro de la tormenta se encuentran los medios de comunicación, cuya supervivencia dependerá de su capacidad adaptativa. En este entorno vertiginoso todo está abierto, pero el periodismo y los periodistas permanecerán. Esta fue una de las conclusiones del III Foro de la Comunicación celebrado en Veracruz coincidiendo con el inicio de la XXIV Cumbre de la Iberoamericana. A la jornada, de debate intenso, asistieron los presidentes de España, Mariano Rajoy, y de México, Enrique Peña Nieto, así como directivos de los principales grupos de comunicación de América y España.
En su intervención, Rajoy señaló el momento de incertidumbre que se vive a causa de la revolución digital. “Los gobernantes, los ciudadanos y las estructuras económicas necesitan adaptarse. Sin duda la modernidad es el destino de la comunicación, pero no deja de entrañar riesgos”, declaró en un breve discurso en el que defendió su programa de reformas en España. En un sentido parecido se expresó Peña Nieto, para quien los Estados deben evitar las injerencias arbitrarias y garantizar que el universo de la comunicación tenga “cobertura universal, pluralidad y acceso libre”.
En la parte más profesional del Foro destacó la mesa redonda en la que participaron el presidente del Grupo PRISA, Juan Luis Cebrián; el del Grupo Clarín, Jorge Carlos Rendo, y Unidad Editorial, Antonio Fernández-Galiano. Cebrián, primer director de EL PAÍS, arrancó el debate señalando la dificultad que representa para los medios sobrevivir en un universo cada vez más desintermediado, donde, bajo el empuje de las redes sociales y la dispersión de internet, las plataformas tradicionales ya no vertebran la opinión publica. “Tenemos que transformarnos, de momento, ningún medio tradicional lo ha conseguido, pero de lo que no cabe duda es que los periodistas seguirán existiendo en el futuro, la gente necesita información rigurosa y fiable”, dijo Cebrián.
El presidente de Unidad Editorial también apostó por la continuidad del periodismo y los periodistas, y enfatizó la necesidad de invertir en talento y adaptarse a los nuevos hábitos de lectura. En el diálogo, defendió el papel histórico de los periódicos como parte del “perfeccionamiento del sistema democrático”.
Frente a las cuestiones de modelo, el directivo del Grupo Clarín planteó el problema de la supervivencia de su medio ante la hostilidad del Gobierno argentino. “Hay una agresión constante a los que no son adictos. El gobierno fue el primero en darse cuenta importancia de las redes sociales. Su objetivo es llegar a la gente sin intermediarios, pero para imponer su mensaje. Tiene toda una maquinaria preparada para ello”, señaló Rendo.
En las jornadas, organizadas por Televisa y por la Secretaría de Estado de Comunicación española, también se debatió el modelo de negocio. El vicepresidente de Telefónica, Julio Linares, alertó de que sobrevivirán a la revolución digital no los más fuertes sino los más adaptados. “Hay que invertir en la red, el mundo ya es digital y la revolución ha empezado, el consumidor tiene más poder que nunca, está siempre conectado. Pero hay que ver si, en esta cadena de valor, se obtiene beneficio en función del esfuerzo realizado. Se necesita un mínimo de equilibro y una cierta sintonía entre inversiones e ingresos, de lo contrario se genera una industria vulnerable y se producirá una fractura. Y eso es un peligro”, advirtió Linares.
En la enorme disrupción a la que se están enfrentando los medios tradicionales, el presidente de Univisión, Randy Falco, vio una oportunidad. La audiencia se ha rejuvenecido y el español, gracias a la difusión digital, está multiplicando su impacto. “Uno de cada seis estadounidenses son hispanos y en el futuro serán uno de cada tres. Eso es una oportunidad”, dijo Falco.
Fuente: El País, 9.12.14 por

Distorsión en la información

Se han puesto de moda las expresiones “poder mediático” o “guerra mediática”, entre otras, con referencia a los medios de comunicación y su influencia en la sociedad. Sí, esos medios en el mundo han creado, en conjunto, una presencia tan profunda como la Revolución Industrial de mediados del siglo XIX, y en un país como el nuestro, en la actualidad, “lo mediático” es el fenómeno social, cultural y político más notable y, sin duda, lo seguirá siendo.
En virtud de ser los medios parte de nuestra vida cotidiana y de la convivencia en comunidad, es legítimo un análisis, en particular de los de imagen y sonido, en una de sus características más notorias.
Nos eximiremos en estas observaciones del periodismo escrito, porque las mismas no corresponden, como en los medios audiovisuales, que entraron, en muchos casos, con distorsión en el territorio de la información y de la opinión, confundiendo lo sustancial con lo trivial y lo reflexivo con lo superficial.
Esto no significa que lo adecuado sería alejarse de la cotidianidad, de lo simple, de lo doméstico, e inclusive de las manifestaciones populares, de las supervivencias comunes y hasta de la forma de expresarnos con las características propias de nuestro ser particular, no es la intención que se pretenda seleccionar, sólo aquello que corresponde a niveles elevados o exquisitos.
La observación es muy precisa: alguien comenzó, con la equivocada idea de “alivianar la información” matizándola con otros componentes, distantes de la función específica de informar. La creencia de que así se le daba amenidad tuvo seguidores y ese estilo disonante se ha convertido en un mal generalizado, endémico.
Sería injusto decir que es de una gran parte de quienes se han comprometido con el ejercicio del periodismo y, más aún, decir que es total. Hay excepciones y ahí están periodistas, conductores, comentaristas, que con acertado criterio, con apego a la ética y respeto por ellos mismos y por los demás, realizan su tarea dignamente.
Como no todos hacen la diferenciación y los medios audiovisuales se dirigen a un masivo público anónimo, a muchos, especialmente jóvenes, puede dañarlos en su formación. Para el análisis, nos detenemos en la confusión de la información con el espectáculo, modalidad que se revela cada vez con mayor frecuencia en canales televisivos y emisoras radiales, donde está ausente también el concepto estético.
Ejemplos sobran: en algún noticiario, dando a conocer noticias que se vinculan a aspiraciones o necesidades de la colectividad – hasta se dan casos que afectan a los intereses de la nación e inclusive de desastres naturales o lacerantes problemas sociales – por ser el día de Halloween, hay comunicadores que se caracterizan de brujas o gnomos. Si es Carnaval de pepinos, en fin. Frecuentemente cantan, bailan…y no faltan los términos vulgares, que parecen de jergas subterráneas que estropean el lenguaje.
Se produce igualmente una desubicación de circunstancias: a algunos artistas entrevistados en el estudio (generalmente pobre), a veces actores de teatro, ballet o de obras líricas, les piden que hagan “alguito” de lo que presentarán en el escenario, desmereciéndolos, sin caer en cuenta que con los recursos de luz, sonido, escenografía y otros propios de la magia teatral, la cuestión con una puesta en escena es muy diferente.
También, deplorablemente, estando a su cargo la información, hay momentos en los que fracturan ese contenido y hacen publicidad en el mejor estilo de los buhoneros.
Es errada esa dinámica con la que se relega el periodismo, dando el primer plano al espectáculo. Para lucir lo lúdico o histriónico hay otro tipo de programas y esos roles no son para periodistas, sino para animadores de otras especialidades diferenciadas.
No pretendo que los conductores de noticiarios tengan que ser acartonados, puesto que se haría rígida la comunicación y perdería su carácter de entablar un vínculo de transmisor y receptor de lo que se anoticia o se comenta.
Se puede promover el humor edificante, pero hay una distancia muy grande entre la seriedad –así sean noticias hilarantes- y la chacota. Sin embargo, no todos asimilan esas emisiones que tuercen su derecho a la información, también ocurre que la confianza pública en los medios de comunicación se debilita.
Fuente: Página siete, 8.12.14 por Mario Castro, periodista.

En 50 años de vida, ANF integró al país a través de la noticia

La periodista Julieta Tovar cuenta 50 años de historia de la Agencia de Noticias Fides (ANF) desde 1963, año de su creación, hasta 2013, año en que ella dejó de trabajar en ese medio de comunicación. Resalta que con esta agencia se fue modernizando su tecnología, lo que es parte de la historia    del país.
Un medio de comunicación que integró al país a través de la noticia y una escuela para decenas de periodistas, eso fue la Agencia de Noticias Fides (ANF) durante 50 años. Esa historia fue recuperada por la periodista Julieta Tovar Ibieta en su libro Del papel carbónico a la computadora; Historia de la Agencia de Noticias Fides: 1963-2013, que fue presentado hace algunos días en La Paz.
“La idea del padre (José Gramunt de Moragas) fue precisamente ésa, integrar al país, porque en el siglo pasado, Bolivia estaba dividida, incluso físicamente; él veía esto y quería articular a la nación con noticias, desde La Paz para que se difundan en el interior y de esos lugares a la sede de gobierno, aunque en este último caso en menor cantidad (…). Estoy segura de que ha logrado ese objetivo”, dice Tovar en una conversación con Animal Político de La Razón.
Esa integración, afirma, no solo permitió que los habitantes de diferentes regiones se conozcan, sino también posibilitó saber que había zonas tan pujantes como Santa Cruz o Tarija. Esa expansión nacional tuvo su época de oro en la década de los 90. En ese periodo, cuenta la escritora, la agencia estaba conformada por 12 periodistas que redactaban las notas en La Paz, a los que se sumaban corresponsales en capitales como Cochabamba, Santa Cruz, Oruro, Potosí y Sucre, además de la región del Chapare cochabambino.
Pero no solo fue un medio que articuló diferentes regiones a través de la noticia, sino también fue una escuela por cuyas aulas pasaron decenas de periodistas, algunos de los cuales no habían tenido formación académica, como los que fundaron este medio nacional.
“Hay una anécdota, que relata el libro, de un periodista que aprendió la pirámide invertida en dos minutos. El padre (Gramunt de Moragas) cuenta que la nota empezó con un relato para poner al final ‘y murió el presidente Barrientos’. El padre, que era muy enérgico para esa época, preguntó a esa persona cuál era la noticia y él le respondió ‘la muerte del presidente’, y el padre le respondió ¿y?… y aprendió, nunca más olvidaría dónde estaba la noticia y dónde debía empezar. Ésa es una muestra de cómo ANF fue una escuela y Gramunt de Moragas un maestro, un formador”, resume la autora.
El sacerdote jesuita José Gramunt de Moragas, señala Tovar, fundó la agencia el 5 agosto de 1963, pero las primeras noticias con esa sigla recién fueron publicadas el 5 de julio de 1964. Su primer cliente: el periódico La Patria. “ANF surgía para vencer los contrastes y desigualdades entre información política y de desarrollo regional y nacional, con una información centralizada en la ciudad de La Paz. Excepto Los Tiempos de Cochabamba, el resto de los periódicos no registraba lo que acontecía en el país”, menciona la autora en su texto.
Su cliente más fiel, asegura, fue el diario El Deber de Santa Cruz, pero luego también se abrió espacio en la desaparecida Presencia, en Los Tiempos. “Ha sido difícil entrar (a los medios) porque todos tienen sus periodistas, su equipo, pero ANF se ha sostenido y está 50 años en el servicio”.
La autora resalta también que este emprendimiento es pionero en Bolivia y en América Latina. Si bien es la tercera agencia que se crea en la región latinoamericana, luego de Telam de Argentina (1945) y la Prensa Latina de Cuba (1959), es la primera privada, pues estas últimas son medios oficiales.
La radio Fides cuenta en los orígenes de esa agencia, puesto que el sacerdote que la fundó era director de esa emisora radial. Tovar detalla que por entonces se generaba bastante información y una vez que se la transmitía quedaba en el aire, por lo que al sacerdote jesuita se le ocurrió crear una agencia. “Ahí surgió todo, en base a esa emisora radial, todo era prestado, desde su director, que fue su fundador, la máquina de escribir, hasta los periodistas”.
En ese periodo, el padre tuvo que salir dos veces del país, una de ellas a comienzos del 70, cuando fue destinado a radio Vaticano de Roma. Durante ese tiempo se suspendió la emisión de las noticias. Gramunt de Moragas retorna en abril de 1972, y retomó el servicio.
En 1979, el sacerdote sale nuevamente de Bolivia y retorna ese mismo año, pero no a la radio Fides, pues la emisora tenía otro director. Como la agencia tenía varios años de vida, Gramunt de Moragas decide reabrirla. Ese año se da el hito más importante para ANF, ya que en abril obtiene su personería jurídica.
Reseña. Tras retomar operaciones, el sacerdote alquila una oficina en el edificio Presencia. Allí habilita máquinas de escribir y utilizaba papel carbónico para tener copias de las notas de prensa. Posteriormente moderniza su servicio con la adquisición de una máquina de teletipo, por la que se despachaba las notas. “El padre recurrió a su herencia para modernizar el equipo, lo que es parte de la propia historia del país; empieza con la máquina de escribir, el teletipo, luego entran las computadoras y, finalmente, en 2007, el internet, casi por décadas va creciendo”, manifiesta.
Que la agencia haya sobrevivido 50 años, según Tovar, se debe al empeño del padre Gramunt de Moragas, quien además de destinar a ese proyecto parte de su herencia, le puso una marca personal, cual era que los periodistas debían tener al menos una nota exclusiva. El sacerdote, expresa la autora, decía: “Un periodista que se precie de serlo debe una nota exclusiva cada día” y así fue funcionando la agencia.
Antes de 2007, ANF se sostenía solo con la venta de noticias, pero luego decayó. Por problemas económicos se tuvo que reducir la cantidad de periodistas, tanto en La Paz, como en número de corresponsales. La falta de recursos económicos, indica, se debió a que el número de clientes se redujo.
Fuente: La Razón, Animal Político, 7.12.14 por Elisa Medrano, periodista

'Conspiranóias' y grandes medios

La lenta muerte de la verdad no lleva a su extinción sino a su explosión en múltiples verdades. El desarrollo de los medios de comunicación, sobre todo de Internet, no ha provocado la unidad de conciencias en torno a verdades reconocidas. Al contrario, el relativismo se apodera de unos a la par que encontramos interpretaciones más o menos ambiciosas, restringidas y fantasiosas de la realidad.
En nuestro caminar mediático, con unos cuantos clics por mediación, pasamos de las versiones oficiales de los grandes medios, prudentes, austeros y desmemoriados, a las famosas conspiranóias. Medusas de la información, sirenas para unos Ulises más perdidos que nunca. Pasamos de las sombras y prudencias a las luces, siendo estás todo lo que uno podría pedir, síntesis y explicaciones holísticas. Estrabismo epistemológico, ver árboles y bosque en un mismo zarpazo de vista.
Podríamos poner nombres a estas realidades pero lo que interesa es ahondar en el hecho social reconocido de que a más información más confusión, más emborronamiento sobre el papel de lo real. ¿Qué sucede? Si ni los prudentes desmemoriados ni los fantasiosos hipercríticos nos convencen, ¿no será que hay un factor común a ambos, algo que los iguala y “difama”?
Efectivamente, esa es nuestra sospecha. Y es que verdad y coherencia nunca fueron lo mismo. Lo primero requiere una adecuación de la mente al mundo, de lo pensado con lo real. Lo segundo, en cambio, no es más que la adecuación a una serie de principios y reglas formales como la no contradicción, el di siempre algo relevante y suficiente, sigue una explicación causal, etc.
Las conspiranóias cumplen con la coherencia construyendo imposibles puzles, escalas hasta la luna sin contradicción y con asentados nexos causales. Que si Bin Laden era de la CIA, quienes a una par formaban parte del Club Bilderberg y todos estos, ¿cómo no?, reptilianos. Es duro aceptar en sociedad que uno es conspiranoico, que ha sido seducido por la simplicidad de un principio único capaz de explicar todo lo presente. Se habla de estas historias como del porno, entre amigos y con etílicos vapores las más de las veces.
Pero más duro es cuando uno se descubre a sí mismo en continuos vaivenes, de las luces a las sombras de la información y vuelta a empezar. Del Telediario del mediodía al Youtube de la noche. ¿En qué momento el Telediario perdió nuestra confianza? ¿En qué momento Youtube se hizo nuestro noticiero?
“¿Verdad que la verdad no existe?” Preguntaba el niño al padre en una abarrotada piscina de verano. El arcano saber de nuestro tiempo mandaba a aquella suerte de progenitor o tutor legal revelar el sino de nuestro momento histórico: “Bah, con tantas cosas que dicen uno ya no sabe qué pensar”. Sintetizaba la muerte de la verdad, un sepelio que en Occidente ya dura más de un siglo, desde que Nietzsche nos dijera que esta no es más que una “ficción útil” o que “duerme sobre el lomo de un tigre”. Aquí queremos constatar dicha pérdida hablando de cómo el medio, los medios como Internet y la televisión principalmente, nos privan del objeto, de cómo el canal hace que aquello de lo que somos informados se desvanezca, pierda objetividad.
¿Existe Siria? ¿Y los grupos terroristas que por sus tierras dicen que campan? Bien podría negarlo alguien y darse por satisfecho mostrando parciales pruebas, indicios, suposiciones y otras tantas cosas por el estilo. Bien podríamos terminar con todo esto afirmando que, 1) la pluralidad de medios, perspectivas y versiones, y 2) la pérdida del objeto, o mejor aún, la imposibilidad empírica de su comprobación hacen que la batalla dialéctica entre objetividad y subjetividad tenga un resultado más cantado que el marcador de algunos partidos de Copa Del Rey.
Que lo objetivo, simplificadamente aquello que es común al conocimiento de todos, no puede entenderse sin lo subjetivo, lo privado o relativo a uno o unos pocos, es sabido desde hace un rato. Concretamente desde que Heráclito insinuó, pues no explicó y por ello le llamaron en su pueblo (Éfeso) “El Oscuro”, que la realidad se entiende desde la lucha de opuestos. La que ahora nos entretiene ve inclinada la balanza hacia el lado subjetivo. Pareciera que no hay más que interpretaciones e interpretaciones de interpretaciones. Pero uno no tarda en darse cuenta que la interpretación no puede entenderse sin lo interpretado. Que lo relativo no es, lógica y conceptualmente, concebible sin lo absoluto. Y este, dicho entre nosotros, es ese reducto de objetividad que aparece en los medios, lo indudable y presente a todos. Pues por mucho que digan Daniel Estulin o Michael Moore o por mucho que callen los grandes medios las Torres Gemelas se cayeron. “¡Qué revelación!” Dirá con sorna el niño de la piscina, ante lo que hemos de añadir en tono aleccionador: “No me lo digas a mi sino a Descartes, él fue quien empezó con eso de las verdades vagas y vacías con su pienso luego existo. Nadie lo duda, nadie sabe qué hacer con eso.”
Lo cierto es que la verdad y la objetividad se ven debilitadas en nuestro mundo de la información. Y esto no parece tener más solución que la de decir al niño: “Coge un avión y vé a ver cómo anda Siria”. O, y esto proponemos, partir de que la verdad no se da sino hablando (es dialógica) y es en parte construida con el respeto de las imposiciones del objeto. Las cosas son interpretables dentro de las necesidades que nos impone lo interpretado, la cabra nunca será una casa. Pues bien, sólo hablando veremos los frutos de la relación sujeto-sujeto-objeto. Podremos descartar conspiranóias y denunciar a los grandes medios por esa supuesta prudencia que les lleva a lecturas parciales y, a veces, a verdades como la de Descartes. No es falta de versiones, lecturas e interpretaciones lo que hay en este mundo sino de diálogo entre intérpretes, lectores y demás implicados.
Un ejemplo cotidiano. Frecuentemente oímos quejas sobre Facebook, Twitter y otras redes sociales y no solo por el miedo al robo de información sino por el desencanto ante su superficialidad. El lamento estrella de los “facebookeros” suele ser la sensación de aislamiento que provoca tener cientos de amigos. Qué curioso, aquella rutina de dar “like” a todo lo que se mueve y poner comentarios del tipo “que foto tan guapa” o “a ver si quedamos un día de estos” es la mayoría de las veces un protocolo que no consigue aquello que pretende, reconocimiento. Casi cualquier uso que hacemos de Internet se basa en la opinión, doxa diría el divino Platón en contraposición a la episteme como ciencia a través del diálogo, y la yuxtaposición de informaciones. Lo que resulta exótico son las discusiones capaces de llegar a acuerdos. Algo parecido sucede en el mundo de la investigación académica. Los investigadores escriben tantos “papers” (artículos científicos) que apenas pueden leer los de sus amigos, y eso por compromiso. La sensación de desconexión y falta de diálogo es una constante en el mundo de la información atomizada.
No decimos que Internet sea un medio incapaz de provocar la discusión seria y razonada. Constatamos el hecho, que no es privativo de este medio, de que a más información más confusión. A más confusión menos diálogo y, por ello, más polarización de las partes. Y todo esto ligado al dato sorprendente de que en Internet se acumula hoy más información que toda la generada desde el neolítico. De que hoy se lee y se escribe más que nunca sobre Belén Esteban, la depilación por láser, Platón, Marx, etc. ¿Es el saber algo estéril, incapaz de insuflar racionalidad a este mundo desbocado? Obviamente no, el problema en la era de la información, para decirlo con Castells, se halla en la saturación del mercado y el recelo hacia los productos de los demás.
En la toalla sobre el césped el niño, quebrado por problemas epistemológicos y existenciales, no puede más y pregunta al padre, “¿Entonces voy a Siria, cierro el Facebook o qué?” “No, mejor date un chapuzón y luego ya vemos…”
Fuente: El País, 5.12.14 por Rubén Torres García Profesor de Teoría de la argumentación en las Universidades Iberoamericana y Panamericana, México D.F.

La maquinaria y el lenguaje

Las industrias que producen información y entretenimiento son maquinarias procesadoras del lenguaje. Lo toman, lo vuelven su posesión y disponen de él en una dinámica que es inevitable, lo cual no resta interés al examen de los aspectos más críticos para, si hubiera con qué, introducir prácticas superadoras. En el caso específico del periodismo informativo, son tan conocidos como numerosos los imperativos que tensionan la generación de discursos y que a menudo empujan a errores, reduccionismos, tergiversaciones.
La celeridad que demanda generar y exponer noticias, exacerbada por la competición mercantil, explica buena parte de un problema que puede ser examinado prescindiendo de cualquier forma de purismo lingüístico, soltando el lastre del fanatismo por la norma y abriendo la posibilidad de una acción informativa que, con suerte, aporte frescura, renovación, talento.
Sin embargo, esa suerte suele ser esquiva. Una mirada rápida a usos extendidos de términos y fórmulas demuestra una gama de yerros que van y vuelven entre emisores y receptores, y que se instala con tanta solidez que hasta parece extraño pensar en ello. El periodismo informativo amasa especificidades lingüísticas, como lo hace cualquier otra actividad u oficio, y adopta además las de otros ámbitos. Por citar algún caso, el anuncio frecuente de la Cámara de Diputados o de Senadores dando “media sanción” a un proyecto de ley, en sentido literal dice que se sancionó la mitad de la iniciativa, y no que la aprobó una “mitad” del Congreso. El relator o comentarista deportivo suele decir que el jugador “se ganó la amarilla”, como si la amonestación representara ganancia y no perjuicio. En estas dinámicas hay también giros que parecen deslumbrar, junto con modas o esnobismos. Hoy parece difícil debatir sobre comunicación sin dejar de decir “nuevo paradigma”, independientemente de que el enunciado preste o no utilidad a lo que se quiera expresar. Y no podrá hablarse de un desafío para una actividad determinada si no se dice que él “nos interpela”.
Serán en algunos casos palabras o fórmulas que se puedan cuestionar aunque no causen daño significativo, o no pasarán de mera curiosidad, o habrá aquellos que podrán ser atribuidos al impulso de presumir modernidad o inventiva en el empleo del lenguaje. Pero hay también muchos casos en que las modalidades del discurso saltan de la categoría de detalle relativamente inocuo a la de instrumento incisivo, diseñado y usado para difundir una postura política y una ideología (o, como también parece obligación decir actualmente, para “construir sentido”).
Un ejemplo tratado incluso a niveles presidenciales es el de “gasto social”, fórmula muy usada en despachos informativos. Lo que parece remitir a un renglón más del presupuesto ubica en la impopular categoría de “gasto” al compromiso de los estados con sus poblaciones. Por eso en su momento el presidente Luiz Lula da Silva reclamó pasar a la denominación “inversión social”. Correspondería también un cambio con lo que buena parte del flujo informativo proveniente de los centros del poder mundial llama “austeridad” económica, que en los hechos es baja de salarios, menos servicios de educación, salud y justicia.
En estos días se pudo ver que varios medios argentinos apelaron a la palabra “ilegales” para referir a los inmigrantes que en Estados Unidos están involucrados en alguna falta meramente administrativa. A propósito de la reforma parcial que anunció el presidente Barack Obama, recurrieron a ese término lapidario, que cuelga el cartel de “ilegal” a la persona que incurre en alguna irregularidad migratoria y negándole su condición natural de sujeto pleno de derechos, que como se sabe no se extingue al pasar frontera alguna. Atrasan estos medios, y específicamente Clarín y La Nación, respecto de organizaciones periodísticas con las que tienen vínculos y que hasta pueden ser objeto de su admiración, como la agencia estadounidense de noticias The Associated Press. Esta empresa, aun con sus tomas de posición política y su defensa evidente de los intereses de Estados Unidos, decidió en abril de 2013 erradicar de sus textos la palabra ilegal para los inmigrantes porque “ningún ser humano es ilegal”, como dijo su directora ejecutiva, Kathleen Carroll.
Fuente: Página12, 3.12.14 por Hugo Muleiro, escritor y periodista, presidente de Comunicadores de la Argentina (Comuna).

Ramonet, con Assange: el cuarto poder en red o por un periodismo (de código) libre

Muchos estábamos deseando esa entrevista que por fin podemos leer en el último número de Le Monde Diplomatique correspondiente a este mes de diciembre. (Reitero una vez más la necesidad de frecuentar esta publicación si pretendemos tener una perspectiva cabal de la actualidad internacional).
Como es sabido, hace ya más de dos años, dos, que Julian Assange, a quien Ignacio Ramonet considera paladín por la lucha de una información libre, reside en la embajada de Ecuador en Londres en condición de refugiado. Solo el gobierno de ese país latinoamericano tuvo la decencia de ofrecerle asilo diplomático al fundador de Wikileaks cuando el gobierno de Estados Unidos (junto a los del Reino Unido y Suecia en calidad de cómplices) iniciaron su persecución y acoso por el único delito de haber contado Assange la verdad a través de su agencia.
Una verdad que, como señala Ramonet, descubría las siniestras y crueles realidades de las guerras de Irak y Afganistán y los tejemanejes e intrigas de la diplomacia estadounidense: “Como Edward Snowden, Chelsea Manning y Glenn Greenwald, Julian Assange forma parte de un nuevo grupo de disidentes que, por descubrir la verdad, son ahora rastreados, perseguidos y hostigados no por regímenes autoritarios sino por Estados que pretenden ser democracias ejemplares”.
EL cuarto poder en red Ramonet, con Assange: el cuarto poder en red o por un periodismo (de código) libre. La entrevista de Ramonet la encontramos, como he dicho, en el último número de Le Monde Diplomatique, pero recomendaría como lectura de apoyo o complementaria un libro en el que todavía estoy, publicado por Icaria hace unos pocos meses: El cuarto poder en red. Por un periodismo (de código) libre*, del que es autor Víctor Sampedro, catedrático de Opinión Pública y Comunicación Política, investigador desde hace dos décadas de la democracia, los movimientos sociales y la tecnología digital. Director del Máster en Comunicación, Cultura y Ciudadanía digitales de la Universidad rey Juan Carlos de Madrid, el libro citado se continúa escribiendo en el blog de ese máster.
Hoy más que nunca, advierte el autor, se necesitan más y mejores periodistas para refundar juntos el Cuarto Poder en Red, uno de cuyos objetivos fundamentales ha de ser controlar a quien gobierna. Los protagonistas del libro son Assange, el soldado Manning y Edward Joseph Snowden. Los tres han brindado el prototipo de ese nuevo cuarto poder, con sus aciertos y errores, que debe fraguarse como contrapoder de la sociedad civil trasnacional. “A duras penas (sufriéndolas) y con limitaciones -escribe Sampedro- (de las que hay mucho que aprender) queremos construir una esfera pública donde el público sea el principio del que arranca todo y el final que le da sentido. Porque los ciudadanos, con sus dispositivos digitales, liberan información, la procesan y la debaten con una autonomía aún no reconocida. Se movilizan y con sus protestas aplican sanciones políticas inesperadas, con rapidez y alcance impredecibles. El hacktivismo es a la Prensa lo que las cibermultitudes a la política. O, en España, lo que el 15-M al régimen político-informativo de la Transición”.
En el primer capítulo se define la comunicación como un bien comúny y nos convoca a generarlo entre todos. Aclara aspectos relacionados con la ética y el proyecto político de los hacktivistas. En el segundo se inutiliza el arsenal de mentiras que aglutinó la campaña de acoso y derribo contra WikiLeaks. La trayectoria de Assange y sus relaciones con la izquierda y los movimientos sociales se analizan en el tercer capítulo, para concretars el cuarto en la función del periodismo de código libre. En ese sentido WikiLeaks ha obrado como un buque rompehielos que abrió fisuras en una Prensa congelada, incapacitada para ejercer como contrapoder.
Finalmente, en el quinto y último capítulo (El periodismo que viene y vuleve a sus orígenes) se refiere el autor al periodismo postindustrial que está emergiendo, que no es otro que el de toda la vida pero tomando en serio su contribución al bien común. En esa línea ha de refundarse el periodismo, con código abierto y libre, para obtener como resultado un flujo de contrapoder mancomunado y colaborativo, mantenido por muchos autores, no todos periodistas, pero sí algunos que Sampedro estima totalmente indispensables.
Por Félix Población
Fuente: Periodistas en español, 3.12.14 por