Mujica, los medios y los periodistas

“A mí me va mejor que al gobierno”, dijo alguna vez el presidente uruguayo José Mujica. Esa tensión entre su persona y su trabajo, entre el que vive en un rancho y el que conduce un país, entre el sabio y el gestor, fue central en la construcción de legitimidad de quien se transformó en “el presidente más pobre del mundo” y en el símbolo que, según el canciller Luis Almagro, permitió que dejaran de confundir a Uruguay con Paraguay. El reconocimiento planetario a Mujica debe mucho a la repercusión de su figura en los medios internacionales, pero la emergencia de su liderazgo sería inexplicable sin los medios nacionales. Ahora bien, ¿cómo construyó su relación con ellos?
Ex guerrillero, secuestrado y torturado por la dictadura, Mujica forjó el núcleo de su vínculo con los medios desde que asumió como diputado, en 1995. Además de su pasado, otros elementos lo volvían un fuera de serie para la política uruguaya: era desaliñado, andaba en moto y vivía en un rancho. Eso, combinado con sus discursos humanistas y contundentes, cautivó a muchos de sus interlocutores. Entre los primeros, hubo tres periodistas. Dos trabajaban en el semanario conservador Búsqueda y el otro en Canal 10, uno de los líderes de audiencia de la televisión uruguaya. En sus días en el Palacio Legislativo, los periodistas pasaban mucho tiempo en el despacho de Mujica y construyeron confianza con él. Desde entonces, empezaron a dedicarle líneas y minutos.
Mujica, que ya era el líder del Movimiento de Participación Popular –la fuerza política del Frente Amplio más votada en las últimas tres elecciones presidenciales–, amplió cada vez más su presencia en los medios. Su voz y su imagen se hicieron más conocidas y populares. Ese camino, que tuvo una escala como ministro de Agricultura, desembocó en su llegada a la presidencia en 2010.
Desde entonces, muchos lo califican como el gobernante más accesible de la historia uruguaya. Y para los medios parece cierto: en casi todos sus actos atiende a los periodistas. En esas escenas, Mujica, como otros presidentes progresistas de la región, se muestra en acción. El político ya no va al estudio de televisión para charlar con el periodista, ahora él recibe a los medios mientras gobierna: inaugura, anuncia, decide, gestiona. A eso, sumó las entrevistas en su chacra: sitio donde recibió a los numerosos medios internacionales que, maravillados, quisieron ver y mostrar dónde vive.
Más allá de esos encuentros con diferentes periodistas y de los contactos más o menos formales que –como los presidentes que lo precedieron– tuvo con los empresarios de medios, Mujica privilegió a dos medios en particular. Búsqueda y Canal 10 recibieron las informaciones exclusivas y fueron los escenarios que eligió para marcar agenda o responder a distintas discusiones. Esas notas en medios líderes, con líneas editoriales que no concuerdan con el gobierno, se las hicieron los periodistas a los que conoce hace casi dos décadas. Ese vínculo entre periodistas y presidente, que no estuvo exento de peleas por la tensión entre la lógica periodística y la lógica gubernamental, fue mutuamente beneficioso. A Mujica le permitió dar sus debates desde escenas masivas y ampliar el horizonte de destinatarios a través de quienes confía. A los periodistas les permitió contar con las exclusivas de la figura política más importante del país.
Como otros gobernantes progresistas de la región, Mujica renegó de los asesores de imagen y fue estratega de sí mismo. No obstante, su relación con los medios y sus periodistas, contó con ciertas condiciones de posibilidad que no siempre se dieron en Brasil, Bolivia, Argentina, Ecuador o Venezuela. Entre ellas, nombraremos cinco.
Primero: el presidente consideró que –en el juego de persuasión mutua entre periodista y entrevistado– las escenas mediáticas podían ser negociadas y que lo que el medio publicaba respetaba lo que él había dicho. Esto se dio más allá de que Mujica y gran parte del Frente Amplio afirman que la mayoría de los medios privados son opositores al gobierno.
Segundo: los medios le dan una enorme relevancia informativa a la palabra del presidente. En ese marco, consideraron que contar con las exclusivas de Mujica significa, como dijo un jefe de redacción, “haber encontrado el pozo de petróleo”.
Tercero: en Uruguay, un país pequeño, el peso relativo del Estado ante los grupos mediáticos es mayor. Por un lado, las empresas estatales son las principales anunciantes y el Estado protege a las empresas mediáticas nacionales de la entrada de grandes actores extranjeros. Por otro lado, no hay un gran grupo mediático unificado. Existen los “Tres Grandes”: las tres empresas líderes de televisión y de cable que sostienen acuerdos estratégicos y son los actores excluyentes de ese mercado. Sin embargo, esa alianza es menos sólida que antes: frente al mercado de las telecomunicaciones, los tres actores pasaron a competir entre sí.
Cuarto: Mujica señaló al diario El País como el principal medio opositor, lo cual tiene un costo político no muy alto. Por una parte, porque va en línea con lo que dijo históricamente el Frente Amplio del periódico creado por el Partido Blanco. Por otra, porque hace una década la empresa dueña del diario más leído de Uruguay se desprendió de otras inversiones mediáticas y se abocó al periódico.
Quinto: la principal oposición al gobierno son los partidos Blanco y Colorado. En Uruguay, a diferencia de otros países de Sudamérica, aún son los partidos los principales articuladores de la disputa política.
Fuente: Página12, 25.2.15 por Ivan Schuliaquer politólogo (UNGS-Conicet/Sorbonne Nouvelle). Autor de El poder de los medios.
 

Diario “serios” y periodistas comprados

Libia, febrero de 2011. Los diarios “serios” del mundo anunciaban, con títulos alarmantes, que Muammar Khadafi estaba bombardeando a su pueblo, que iba a envenenar las aguas del país y que por las calles corrían ríos de sangre. Salvo voces solitarias como la de Jordán Rodríguez, corresponsal de la venezolana Telesur, los medios masivos de gran tirada repetían la noticia sin chequear su veracidad. Peor aún: publicaban falsedades a sabiendas por dinero, con el objetivo de crear el clima propicio para que Naciones Unidas, pocas semanas después, el 17 de marzo de 2011, autorizara los bombardeos de la OTAN sobre Libia.
Así lo confiesa Udo Ulfkotte, uno de los más prestigiosos periodistas alemanes, en su libro Periodistas comprados (Gekaufte Journalisten, Editorial Kopp), un éxito de ventas. En su libro, Ulfkotte admite haber aceptado coimas para escribir, entre muchos otros artículos tendenciosos, uno donde denunciaba supuestos planes de Khadafi para usar gas venenoso contra su pueblo.
“En innumerables ocasiones puse mi firma en notas que me entregaron los servicios de inteligencia de Estados Unidos, de Alemania o de la OTAN.  Mentí, traicioné, recibí sobornos y oculté la verdad a la opinión pública. No hacía periodismo sino propaganda. Me avergüenzo aunque sea tarde para revertirlo.” Y advirtió: “Hoy pasa lo mismo: hay periodistas sobornados para mentir y convencer a la gente sobre la necesidad de una guerra contra Rusia”.
Ulfkotte acaba de cumplir 55 años. Estudió jurisprudencia y ciencias políticas en Freiburg y Londres. Tiene 25 años de periodismo, 17 de los cuales fue editor de uno de los diarios más importantes de Alemania, el Frankfurter Allgemeine Zeitung. Como corresponsal de prensa vivió en Irak, Irán, Afganistán, Arabia Saudita, Egipto, entre otros países de Medio Oriente. Políticamente se ubica en el nacionalismo de derecha, lo que explica la furia que siente por lo que él considera la “colonización” de Alemania y Europa por parte de EE.UU.: “Alemania se ha convertido en un país bananero”, remacha una y otra vez. Fue colaborador del excanciller Helmut Köhl y en la actualidad se identifica con el movimiento racista antiislámico Pegida.
Según documenta en su libro, en parte autobiográfico, hay un tráfico de sobres que van desde la embajada estadounidense, en Berlín, hasta las principales redacciones de los medios alemanes. “Pasan la información o directamente mandan redactado el artículo o el editorial que quieren publicar.” Inmediatamente ofrece una lista hiperdocumentada con nombres y apellidos tanto de los periodistas (se incluye) como de las organizaciones que hacen lobby para instalar en la opinión pública lo que será el “sentido común predominante” en coincidencia con los puntos de vista de EE.UU. o la OTAN. El esquema –dice Ulfkotte– se repite para los programas de radio y televisión. “Salvo pocas excepciones, las redacciones europeas son sucursales de los servicios de la CIA y de la OTAN”.
¿Cómo reaccionó el poder mediático?
“Cuando los abogados del Frankfurter Allgemeine Zeitung supieron que el libro estaba en imprenta me enviaron una carta advirtiéndome sobre las consecuencias legales que enfrentaría por publicar nombres y secretos. Ellos saben que yo tengo pruebas de todo”, dijo el periodista en una entrevista al diario Russia Insider. Y, por supuesto, su libro, que desde octubre del 2014 es best seller en Alemania, apenas si es conocido en el resto del mundo.
“Ninguna de las empresas mediáticas permite hacer notas sobre Periodistas comprados –aseguró al diario ruso–. Ningún periodista puede hacer una nota bibliográfica sin arriesgarse a quedar sin trabajo. Por lo tanto, estamos ante un libro que es un éxito editorial en ventas pero a ningún periodista le es permitido escribir o hablar de él.”
¿Por qué decidió Ulfkotte dar este paso?
“No tengo hijos y estoy enfermo”, explicó. “Mi salud quedó seriamente dañada después de un ataque con gas en 1988 en Irán. Tuve tres paros cardíacos. Lo pensé durante cuatro años y me decidí a escribir la verdad sobre lo que hacen los medios y los periodistas alemanes. Ahora, están buscando una guerra en Europa con el pretexto de Ucrania. Y eso me preocupa. No quiero más guerras. No quiero ser parte del largo brazo de propaganda de la OTAN. No quiero apoyar el belicismo. Estoy preparado para asumir las consecuencias.”
Luego bromeó con el periodista del Russia Insider: “Tal vez tenga que terminar pidiendo asilo en Rusia como el ex espía norteamericano Edward Snowden”.
Sobre el conflicto en el Este de Ucrania, Ulfkotte cree que la manipulación de la noticias es masiva. Según él, no hay dudas de que, cuando el semanario alemán Der Spiegel publicó la información de que el Boeing malayo (vuelo MH 17) fue derribado sobre Ucrania por un misil ruso, lo hizo bajo el dictado de los servicios especiales sin presentar ninguna prueba. Ulfkotte recuerda que esa noticia sirvió de pretexto para que Occidente impusiera sanciones económicas contra Rusia, algo que para él debe ser interpretado directamente como “una declaración de guerra económica a gran escala, luego complementada con la reducción artificial del precio del petróleo y la depreciación del rublo, todo orquestado con el mismo fin”.
Tres meses después de editado, el libro de Ulfkotte sigue siendo casi desconocido, mientras la guerra en el Este de Ucrania avanza. Este fin de semana (6-8 de Febrero), en el marco de la Conferencia de Seguridad de Munich, Europa remozó su doctrina militar bajo el ojo vigilante y los “buenos consejos”  de EE.UU., representado por su vicepresidente, Joe Biden, y su canciller, John Kerry.
Uno de los debates se centró sobre la entrega o no de armas a Ucrania. EE.UU. apostó por la opción bélica. La canciller Angela Merkel rechazó de plano la entrega de armas. Pero el presidente ucraniano, el prooccidental Petro Poroshenko, usó el foro de Munich para mostrar unos pasaportes rusos que supuestamente portaban soldados en el Este de Ucrania. ¿Casus belli?**
Veremos en pocos días el desenlace
**Casus belli, expresión latina que literalmente se traduce al español como “causa de guerra” y que se emplea comúnmente para calificar una circunstancia (real o fabricada) que es utilizada para justificar o pretextar el inicio de una acción bélica. Ej: la explosión del Maine en la guerra Hispano-cubana-norteamericana; o más recientemente, el 11S, para justificar la guerra mundial contra el fantasma del terrorismo, o los sucesos de Charlie Hebdo en París, para coartar las libertades civiles frente al creciente descontento social en ese país producto de las políticas neoliberales emprendidas por los gobiernos europeos que han provocado el colapso del Estado del Bienestar que otrora disfrutaban sus ciudadanos.
Fuente: Página 12, 19.2.15 por Telma Luzzani, periodista y escritora argentina

Las claves de la charla de Jill Abramson en 'Conversaciones Con'

Estas son algunas de las ideas que ha propuesto la exdirectora del New York Times en la tercera edición del evento ‘Conversaciones con’, que organiza la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra.

  • Como cuando en el siglo XIX los londinenses esperaban ansiosos en el puerto la última entrega de ‘The Old Curiosity Shop’, de Charles Dickens, el ser humano sigue anhelando historias. Así lo demuestra el podcast Serial, todo un éxito en EEUU.
  • Lo nuevo no es nuevo. Serial fue la novedad del pasado mes de diciembre, pero en realidad lo que hace es viejo: contar historias.
  • Los nuevos medios están aprendiendo de los viejos. Los viejos, de los nuevos. Así, Buzzfeed está incorporando largos reportajes y periodismo entre vídeos de perros y gatitos.
  • Sí, los lectores quieren píldoras, noticias cortas. Pero eso no significa que no quieran artículos largos.
  • Lo importante es contar historias, ser reporteros.
  • “Nos estamos obsesionando mucho con si habrá periódicos en papel en diez años. Centrémonos en otro enfoque: ¿Va a sobrevivir el periodismo de calidad?”.
  • Escoge la carrera que quieres estudiar no por las perspectivas que tenga para encontrar trabajo, sino por lo que te vaya a aportar a ti. Si no, provoca una “estrechez de miras técnicas” ya que “la gente no va a la universidad por amor a aprender”.
  • El declive del estudio de humanidades es malo para el periodismo.
  • Hacen falta periodistas, reporteros, corresponsales. La ahora profesora de Harvard ha mostrado su preocupación por el recorte de periodistas en las redacciones, también de corresponsales, y por los ataques a periodistas freelance que se encuentran desprotegidos en países en guerra.
  • El periodismo es narrativa. Pero la narrativa no es sólo periodismo: ser publicista también implica cada vez más contar historias, trabajar en una empresa también.
  • Saber contar historias puede hacerte avanzar muy lejos en tu carrera profesional, sea cual sea.
  • La emoción no es enemiga de la objetividad. La emoción es útil, ayuda a enganchar al lector, a hacerle sentir.
  • Cuando entres en una historia, un reportaje, como periodista, debes estar abierto a todo, recibir y trabajar para ver todos los puntos de vista. Pero cuando veas que lo que ves apunta en una dirección, no tengas miedo de enfocar tu trabajo de esa forma.
  • ¿Adiós al centrismo en torno a la primera plana del periódico? La exdirectitora aseguró que cuando estuvo en el puesto dejó de acudir a las reuniones para dibujar la portada del día siguiente.
  • Las historias valen por lo que valen, no por salir en la portada del diario.

Fuente: Señales, 13.2.15

¿Cuál es el límite ético de los medios?

La decisión de Fox News de publicar el video de la brutal ejecución de un piloto jordano a manos del EI ha desatado la controversia, y el periodismo se enfrenta una vez más a la pregunta sobre sus límites éticos.
La mayoría de las emisoras estadounidenses decidieron no publicar el video filmado por la organización terrorista Estado Islámico (EI) en el que se exhibe la muerte del piloto jordano Muaz Al Kasasbeh, que es quemado vivo dentro de una jaula de metal. El teniente Al Kasasbeh había sido capturado y tomado como rehén por el EI en diciembre, cuando su avión se estrelló en Siria.
El moderador de CNN Ashleigh Banfield explicó en un programa en vivo que la junta directiva de Fox News había decidido no emitir las cruentas imágenes del video. “Son terriblemente explícitas y crueles, y también son una increíble propaganda para el EI. Eso es algo que ni EE. UU. ni las emisoras estadounidenses tienen interés en difundir”, dijo Banfield a los espectadores.
Pero Fox News, el canal de más rating en EE. UU., decidió emitir en su programa en vivo imágenes de Al Kasasbeh cuando era quemado vivo y fue el único en publicar el video completo, sin editar, en su página web.
“Después de cuidadosas reflexiones decidimos brindar a los lectores de Fox News.com la opción de ver por sí mismos la barbaridad cometidas por el EI a pesar de las preocupaciones legítimas acerca del contenido explícito del video”, dijo John Moody, el vicepresidente ejecutivo de Fox News, en un comunicado de prensa. “Los usuarios pueden decidir ver o no ver su perturbador contenido.”
La decisión de postear el video despertó la polémica, y algunas conocidas figuras de Fox manifestaron expresamente su rechazo a la decisión del canal. Howard Kurtz, operador de Media Buzz, dijo que temía “que muchos de los que trabajamos en los medios estén ayudando a difundir la propaganda del EI mostrando sus tácticas para provocar miedo.”
El año pasado, Fox se abstuvo de mostrar videos en los que militantes del EI decapitaban a rehenes, incluyendo a los periodistas James Foley y Steven Sotloff. En ese momento, el vicepresidente ejecutivo de noticias de Fox, Michael Clemente, dijo: “lo que tratamos de hacer es usar nuestro criterio para que la gente se informe sobre lo que está pasando mostrándoles lo menos posible de lo que sucedió.”
De acuero con Roy Peter Clark, experto en ética de medios del Poynter Institute, aunque Fox haya posteado el video con la honesta intención de elevar la conciencia del público sobre la amenaza a la seguridad que representa el EI, la decisión plantea serias cuestiones éticas. Después de todo, los periodistas también pueden describir lo que sucede en el video sin tener que publicarlo. “Las otras personas que se ven afectadas por eso son los familiares, amigos y seres queridos del piloto jordano”, dijo Clark a Deutsche Welle.
“Si pienso en qué mundo quiero vivir, este no incluye la noción de que personas que ya son víctimas de actos horrorosos tengan que volver a ser víctimas una y otra vez porque saben que las imágenes de la muerte de su hijo serán vistas por un amplio público”, explica.
Fuente: Deutsche Welle, 11.2.15

Amordazados en nombre de la libertad

Los actos terroristas pueden infligir daños terribles, pero no pueden destruir una sociedad abierta. Sólo quienes gobiernan nuestras democracias pueden hacerlo, al limitar nuestras libertades en nombre de la libertad.
Shinzo Abe, el Primer Ministro nacionalista de derecha del Japón, no necesita demasiado aliento para endurecer las leyes sobre secretos, conceder más poderes a la policía o volver más fácil la utilización de la fuerza militar. Las espeluznantes ejecuciones de dos ciudadanos japoneses atrapados por terroristas del Estado Islámico en Siria han brindado precisamente el aliento que Abe necesita para aplicar semejantes medidas.
Pero el Japón nunca ha sido un bastión de la libertad de expresión ni tampoco se esfuerza demasiado en demostrar que lo sea. Francia, sí. En eso consistió sin lugar a dudas la manifestación de solidaridad ante los ataques terroristas del mes pasado en París. De todos los países, Francia es el que más evitaría la trampa en que han caído otras grandes repúblicas occidentales que afirman ser un foro de libertad en el mundo.
El miedo a la violencia terrorista después de los ataques del 11-S hizo más daño a la libertad de los Estados Unidos que el asesinato suicida de miles de ciudadanos. Por miedo, los americanos permiten que su Gobierno los espíe indiscriminadamente y que los sospechosos de terrorismo sean torturados y encerrados indefinidamente sin juicio.
Como la mayoría de los demás países de la Unión Europea, Francia tiene ya leyes que prohíben la expresión del odio. No se puede insultar legalmente a las personas por razones de raza, creencias u orientación sexual y en Francia, como en los algunos otros países, se puede procesar a quienes nieguen la realidad del Holocausto y otros genocidios del pasado.
El Presidente François Hollande, que no es un nacionalista de derecha como Abe, ahora quiere reforzar esas prohibiciones. Ha propuesto nuevas leyes que harían responsables a entidades como Google y Facebook de cualquier “expresión de oído” por parte de sus usuarios.
Ex Jefes de Estado de la UE han respaldado también una propuesta de dirigentes judíos europeos de tipificar como delito penal en todos los países de la UE no sólo el antisemitismo y la negación del genocidio, sino también la “xenofobia” en general. Pocas personas desearían defender expresiones de xenofobia o antisemitismo, pero, ¿de verdad es prudente utilizar la ley para prohibir opiniones?
En primer lugar, no es probable que semejantes leyes, si se promulgan, reduzcan el riesgo de actos terroristas. Prohibir la expresión de opiniones no los hará desaparecer. Seguirán expresándose, de forma más secreta tal vez, por lo que resultarán aún más tóxicas. Y una prohibición pública de la expresión xenófoba no hará desaparecer la base política y social del terrorismo, en Oriente Medio y en otras partes.
Pero existe un peligro mayor al utilizar la ley para vigilar lo que las personas piensen. Puede sofocar el debate público. Dicho peligro subyace a la consideración, que aún existe en los EE.UU., de que las opiniones, por repugnantes que sean, se deben poder expresar con libertad para que se les puedan oponer argumentos contrarios.
Naturalmente, sería una ingenuidad creer que los extremistas religiosos o políticos están interesados en intercambiar opiniones, pero la incitación a la violencia también está prohibida en los EE.UU. La Primera Enmienda de la Constitución no protege la libertad de expresión en los casos en los que se pueda demostrar que crean un peligro de violencia inminente.
Las opiniones xenófobas o la negación del genocidio son repelentes, pero no necesariamente son consecuencia de semejante amenaza. En la mayoría de las sociedades, incluidos los EE.UU., la expresión pública de semejantes opiniones está limitada por un firme consenso sobre lo que es socialmente respetable. Dicho consenso cambia con el tiempo. A los editores, escritores, políticos y otros que se expresan en público es a quienes corresponde moldearla.
Los humoristas gráficos, los artistas, los titulares de bitácoras digitales y los cómicos a veces gustan de desafiar el consenso de la respetabilidad. Algunos de esos desafíos podrían escandalizar (al fin y al cabo, ésa es la intención con frecuencia), pero, mientras no fomenten la violencia, prohibirlos por ley sería más perjudicial que benéfico. Permitir al Gobierno que decida qué opiniones son permisibles es peligroso no sólo porque sofoca el debate, sino también porque los gobiernos pueden ser arbitrarios o interesados.
En el actual clima de miedo, sería útil recordar un famoso caso de expresión del odio en los EE.UU. En 1977, el Partido Nazi Americano se propuso hacer una manifestación en Skokie, suburbio de Chicago con una gran población judía. Un tribunal local, movido por el escándalo y el miedo de la opinión pública, decidió que se debía prohibir la exhibición de esvásticas y uniformes nazis y la distribución de octavillas. Según se sostuvo de forma totalmente convincente, semejante manifestación sería un insulto a una comunidad de la que formaban partes supervivientes del Holocausto.
Pero la Unión Americana de Libertades Cívicas la impugnó por considerarla una infracción de la Primera Enmienda. El argumento de los abogados de la Unión, la mayoría de los cuales eran judíos progresistas, no se basaba en apoyo alguno a los símbolos o las opiniones nazis. Su argumento era el de que, si se permite al Gobierno prohibir opiniones que detestamos o despreciamos, se debilita nuestro derecho a oponernos a una prohibición similar sobre opiniones con las que podríamos estar de acuerdo.
Dicho de otro modo, la libertad de expresión debe significar también libertad para la expresión del odio, mientras no amenace o fomente la violencia. La mayoría de los gobiernos europeos ya adoptan una actitud más estricta con los insultos públicos que la Constitución de los EE.UU. Sería un gran error añadir aún más restricciones. Los ataques terroristas están haciendo ya bastante daño en vidas y propiedades. No hay razón para que los Gobiernos empeoren la situación manipulando las libertades de sus ciudadanos.
Fuente: Project syndicate, 12.2.15 por Ian Buruma profesor de Democracia, Derechos Humanos y periodismo en Bard College

Reporteros sin Fronteras alerta que "se ha cruzado la línea roja" con el asesinato de periodistas como "propaganda"

La presidenta de Reporteros Sin Fronteras (RsF) en España, Malén Aznárez, ha alertado de que 2014 ha sido el año en el que “se ha cruzado la línea roja” bélico-informativa con el asesinato de periodistas utilizados como “arma y propaganda”
Así lo ha señalado Aznárez en la presentación del informe anual 2014 de Libertad de Prensa elaborado por esta organización, que se ha saldado con un balance de 66 periodistas asesinados en todo el mundo, 177 periodistas encarcelados y otros trece internautas también en prisión, entre otros datos.
En concreto, la presidenta de RsF España ha recordado que este ataque a los periodistas se inició en Siria –donde ha habido 15 periodistas asesinados y otros 27 secuestrados–, con la decapitación de informadores como James Foley. Aznárez ha avisado de que esta práctica “se está imponiendo” en otros países como Iraq, Ucrania o Libia.
“Las decapitaciones y los asesinatos brutales de yihadistas están teniendo una enorme repercusión en el reporterismo de guerra. No solo se trata de un agujero negro para la información, sino que les sirve de propaganda y hace que apenas se desplacen ya a esas zonas de conflicto”, ha indicado.
Asimismo, ha reiterado que el año 2014 ha sido “especialmente malo” para internautas o blogueros (19 personas asesinadas), con un aumento también de los encarcelamientos y los exilios. Además, ha resaltado que ya no se trata únicamente de “regímenes especialmente represivos” como China, sino que también cobra relevancia en países como Arabia Saudí o Mauritania.
En el caso de las mujeres periodistas, también ha llamado la atención sobre el crecimiento “enorme” del 100% en casos de asesinatos, que se sitúan en seis. “A pesar de que este cifra no pueda parecer muy alta, hay que tener en cuenta que en estas zonas no suele haber muchas mujeres desplazadas cubriendo el conflicto”, ha explicado.
En esta misma línea, la periodista Pepa Bueno, moderadora del acto, ha lamentado “la barbarie del dolor” en este último año que, a su entender, “vuelve a poner el debate de dónde está la libertad de expresión”. “Se aprovecha la conmoción del atentado para ponerle puertas al campo”, ha aseverado.
En cuanto a España, Aznárez ha asegurado que hay una “preocupación” en la organización, “por un retroceso” en cuanto a la libertad de expresión e información. “Es verdad que no se dan los mismos casos que en los principales países de la lista, pero hay ciertos ejemplos que nos preocupan”, ha indicado.
Como ejemplos, ha puesto la conocida como Ley de Seguridad Ciudadana “que dificulta el trabajo de los fotoperiodistas en las calles”, así como la dificultad para informar sobre desahucios o en los alrededores de las vallas fronterizas de Ceuta y Melilla, la puesta en marcha de una Ley de Transparencia “muy limitada” o la “politización” de la televisión pública, entre otros.
En cualquier caso, a falta de hacer pública la clasificación de 2014 por países, RsF ha reconocido que la situación de España en este apartado “no está del todo mal”, teniendo en cuenta que el año anterior estaba entre los 40 primeros en libertades. “No hay que descuidarse en absoluto porque es una merma en la calidad de la información”, ha reiterado.
La responsabilidad de Google
Por otro lado, ha celebrado que en América Latina la situación vaya “un poquito mejor”, aunque insistiendo en que todavía hay varios países (Venezuela, México, Brasil o Colombia, entre otros) donde se siguen dando numerosos atentados contra los informadores.
En el acto ha estado también presente el director de políticas públicas y relaciones institucionales de Google para España y Portugal, Francisco Ruiz Antón, quien ha mostrado el rechazo de la compañía a “las amenazas y censuras en Internet”. En este sentido, ha recordado la colaboración ofrecida en casos recientes como el de ‘Charlie Hebdo’, donde apoyó económicamente a la revista, o en el ciberataque contra Sony por la película ‘The Interview’, poniendo a disposición las plataformas YouTube y Google Play para su visionado.
Además, tanto Ehsan Mehrabi, un periodista iraní huido de su país tras ser encarcelado en dos ocasiones, y Majid Al-Bunni, informador radiofónico sirio detenido y posteriormente exiliado a Alemania, quienes han contado sus experiencias.
México y Brasil, los peores lugares para ejercer el periodismo en América Latina
México y Brasil siguen, un año más, disputándose el siniestro “honor” de ser los países más mortíferos de América Latina para los periodistas, con el mayor número de informadores asesinados en 2014, seguidos de cerca por Colombia y Paraguay.
La violencia extrema, en el caso de México, junto con la impunidad en la que se mueven los asesinos, hace que en “muchas ocasiones las causas profesionales de los asesinatos tarden años en aclararse, lo que aumenta los crímenes y agresiones y hace que no coincidan las cifras de asesinatos de informadores en los balances finales”, indica el artículo.
La presidenta de la organización en España, Malén Aznárez, ha hecho hincapié en que 2014 ha sido el año en el que “se ha cruzado la línea roja” bélico-informativa con el asesinato de periodistas utilizados como “arma y propaganda” en el mundo entero.
Así lo ha señalado en la presentación del dossier, que se ha saldado con un balance de 66 periodistas asesinados en todo el mundo, 177 periodistas encarcelados y otros trece internautas también en prisión, entre otros datos.
Colombia, dónde disminuyeron considerablemente los asesinatos en relación con años anteriores, ha seguido sumando una larga lista de profesionales amenazados. “El desafío por parte del grupo criminal paramilitar Bloque Capital-Águilas Negras llegó a tal extremo, durante 2014, que los periodistas amenazados se concentraron en Bogotá para denunciar los riesgos que corren. Águilas Negras dio de plazo a periodistas y medios de comunicación hasta el 1 de enero de 2015 para que abandonaran las ciudades donde desempeñan sus actividades”, apunta el documento.
Por su parte, Paraguay se unió al ranking de los países más mortales de Latinoamérica, con tres periodistas asesinados. La alta actividad del narcotráfico en el suroeste del país, fronterizo con Brasil, ha convertido esta zona en un “creciente peligro para los reporteros que investigan la corrupción y el crimen organizado”
Además, tal y como revela la publicación, en la mayoría de los países del continente, las agresiones, encarcelamientos o multas han sido constantes. Más de 38 periodistas fueron agredidos durante la celebración del Mundial de Fútbol en Brasil.
“Las autoridades, lejos de garantizar su seguridad, iniciaron una escalada de hostilidades hacia la prensa, a quien culpó de la tensión social reinante”, manifiesta.
En Argentina, un país relativamente seguro para el ejercicio periodístico, las autoridades no dudaron en usar la fuerza o la censura para controlar la información que les resulta más incómoda, y en Nicaragua, más de sesenta periodistas “se manifestaron frente a la sede principal de la Policía Nacional, en Managua, exasperados por las repetidas agresiones de las que habían sido víctimas”.
Por otro lado, el informe de RSF advierte de que la situación de la libertad de información en Venezuela es “sumamente preocupante debido al acoso gubernamental que sufren los medios de comunicación”.
En esta línea, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa de Venezuela registró 231 agresiones a profesionales de la información durante las manifestaciones que se celebraron hasta el mes de junio, “de las cuales el 62 por ciento fueron cometidas por la Guardia Nacional Bolivariana”, informa el documento.
Como dato más positivo, la organización recuerda que Uruguay volvió a ser el país que sirve de modelo para la región, ya que a finales de año se aprobó la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, “una ley calificada de ejemplar por el Relator Especial de las Naciones Unidas para la Libertad de Opinión y Expresión”.
Esta normativa, destaca, busca impulsar el pluralismo de los medios de comunicación y garantizar una distribución más equitativa y transparente de las frecuencias audiovisuales entre los diferentes medios: públicos, privados y comunitarios.
Sin embargo, Malén Aznárez ha asegurado que en América Latina la situación va “un poquito mejor”, motivo que ha celebrado aunque insistiendo en que todavía hay varios países donde se siguen dando numerosos atentados contra los informadores.
Fuentes: Europa Press y Notimérica, 10.2.15

La cara oculta de la Luna

Algunas tribus del Orinoco durante un eclipse de Luna ponían bajo tierra ramas encendidas, pues según ellos, si la Luna se extinguiera, todos los fuegos de la Tierra se apagarían con ella, excepto los que estuvieran ocultos a su mirada.
La rama dorada, J. R. Frazer
El lado oculto de la Luna proveyó fantasías terroríficas a todas las culturas. Si hoy provoca poco temor, tanto se debe a las revelaciones científicas, cuanto a la pérdida de poder de los intereses que la mantenían invisible.
Hasta hace poco, también el Art. 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos estaba fuera de discusión.
“Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión…” enuncia un derecho que no atrae conflictos mientras sean pocos quienes lamentan la ausencia de miles de voces y aún menos los que cuestionan la propiedad monopólica de los medios de comunicación.
En tiempos de convergencia tecnológica, desde los títulos de propiedad de diarios, radios, canales de TV y cables a las falsedades, ocultamientos y sustracción de información revelan la manipulación de múltiples otros derechos.
Igualmente, permiten identificar con claridad meridiana a los apropiadores de la palabra y a cómplices, conscientes y no, de los distintos niveles de la injusticia; ya que demasiadas acusaciones de violar la libertad de expresión son invalidadas por los silenciamientos históricos de los propios denunciantes, en especial, comunicadores y dirigencias políticas.
Sin embargo, queda pendiente profundizar por qué los acompañan ciudadanos presuntamente democráticos y que niegan a otros la libertad que pretenden para sí mismos; descalificando opiniones ajenas y redefiniendo a su antojo el derecho a expresarse según color, religión, educación, oficio e incluso investidura.
Tampoco parece razonable el acompañamiento de un Poder Judicial que no respeta las leyes sancionadas, pero moraliza acerca de peligros institucionales, en tanto incumple sus tareas constitucionales específicas para garantizar la paz y la seguridad de la República.
El bloqueo a la aplicación completa de la ley de libertad de expresión deslegitima a los magistrados, pues resulta difícil creer que puedan ignorar las incitaciones al golpe, la catarata de operaciones de prensa, la cadena de infamias y las usinas de consignas simplificadas que incitan al odio y la intolerancia provenientes, precisamente, de quienes han suplantado la libertad de expresión por la libertad de empresa.
Quizá señale que sólo los seres perfectos pueden ser fundamentalistas y que adoptar puntos de vista más complejos sobre la realidad no nos vuelve más sabios.
Acaso sólo el cuestionamiento a los propios prejuicios y temores y la conciencia de las propias y frecuentes intolerancias provea nuevas miradas y perspectivas. Es una tarea difícil que se expresa hasta en la propia identidad.
Resultan llamativos los “yo soy” y los “yo no soy” en términos de verdades absolutas que hoy recorren el planeta.
Aunque se reconozcan condicionamientos culturales y se elijan a conciencia las pertenencias, rememora la advertencia de Erich Fromm: “El derecho de expresar nuestros pensamientos tiene algún significado tan sólo si somos capaces de tener pensamientos propios”.
Además sella una esperanza, pues ponerse en los zapatos de otro nunca fue cómodo ni bonito.
Involucra hacerse cargo de olores y dolores, asperezas y callosidades ajenas y, al mismo tiempo, enfrentar las propias limitaciones y flaquezas.
Un buen inicio para cualquier debate.
Por el contrario, las consignas de identidad también son formas elementales, aunque sumamente reveladoras de expresar culpas y, sin asumir los riesgos del cambio, eludir las responsabilidades personales implícitas.
Corresponde recordar que la responsabilidad no es culpa sino memoria y que la responsabilidad cívica es un gran espacio de oportunidades.
Voltaire escribe, a mediados del siglo XVIII: “Aquellos que dicen que hay verdades que deben ser escondidas al pueblo no han de alarmarse en absoluto, el pueblo no lee, trabaja seis días a la semana y el séptimo va a la cantina”.
Quienes en la actualidad confunden venganza con justicia y aspiran al poder omnímodo consideran eternas sus palabras y seguramente agregarían “oyen nuestras radios y miran nuestro cable”.
Olvidan que hallar incoherencias entre afirmaciones y hechos sólo es cuestión de compromiso, trabajo y tiempo.
En 1656, Baruch Spinoza fue expulsado de la comunidad judía de Amsterdam.
Nunca dejó de ser judío y sus ideas aún alumbran al pensamiento humano.
¿Quién recuerda a sus jueces?
En la cuenca del Orinoco ya nadie cree que los fuegos subterráneos sirvan para algo y, mucho menos, que sostengan la Luna.
¿Quiénes eran los profetas?
Fuente: Página12, 11.2.15 por Marta Riskin, argentina antropóloga

Investigación en clave sonora

Sarah Koenig es una periodista estadounidense que ha conseguido mantener en vilo la atención de millones de sus compatriotas con una producción radiofónica.
Se trata de Serial, un trabajo documental que empezó a emitir en la muy estimable radio pública de los Estados Unidos y que luego continuó a través del podcast.
Ese texto sonoro semanal propone un minucioso análisis del asesinato de una atleta adolescente, ocurrido en Baltimore en 1999. El correspondiente proceso judicial culminó rápidamente con la condena a cadena perpetua del ex novio de la muchacha, Adnan Syed.
La indagación que lleva adelante Koenig evita los juicios de valor y no afirma ni la culpabilidad ni la inocencia del condenado, aunque ha servido para poner de manifiesto la debilidad de las pruebas: la acusación no pudo presentar evidencia física ni testigos del crimen. Incluso existe un testimonio que ubica a Syed en una biblioteca en el momento en que supuestamente se cometió el homicidio.
Pero ahora toda la audiencia sabe que, poco después del juicio, su abogada defensora fue inhabilitada por robarse el dinero de su cliente sin hacer su trabajo.
Entrelazando la dramatización y la investigación periodística, cada entrega de Serial aporta datos y detalles que hacen avanzar la historia y estimulan al oyente a establecer sus propias conclusiones.
Durante años se repitió el sofisma de que la radio debía recluirse en la práctica meramente informativa, mientras que el análisis y la interpretación de los hechos quedaban reservados para otros medios (particularmente los escritos).
Independientemente del soporte en que discurra, esta producción que utiliza técnicas radiofónicas de realización ha vuelto a certificar que los textos sonoros pueden ofrecer elementos de juicio y argumentaciones capaces de poner en acción procesos mentales autónomos y activadores de la imaginación de la audiencia.
La muerte del fiscal Nisman, que ocupa tanto tiempo en las transmisiones y centímil en los periódicos de la Argentina, bien podría ser objeto de una investigación radiofónica igual de rigurosa.
En el caso norteamericano, la experiencia de Serial ha servido para cuestionar y poner en discusión la justicia con que Adnan Syed, joven de origen paquistaní nacido en los EE.UU., fue privado de su libertad hace quince años.
En el nuestro, podría contribuir a entregar claridades a una ciudadanía bombardeada por versiones más interesadas por incidir políticamente en el curso del acontecer institucional, que en precisar las circunstancias en que se produjo el deceso del funcionario del Ministerio Público.
Si se aplicara la misma estructura implementada por Sarah Koenig, no resulta demasiado difícil imaginarse el alto impacto que provocarían las recreaciones de los diálogos que Nisman tuvo con sus auspiciantes y abastecedores de información en las últimas horas de su vida.
Fuente: Página12, 11.2.15 por Ricardo Haye, argentino docente-Investigador de la Universidad Nacional del Comahue.

Elogio a Roberto Navia

La noticia pasó de su círculo más cercano a sus compañeros de trabajo en la redacción del periódico y después a sus colegas periodistas, para finalmente alegrarnos a todos. ¡Un periodista boliviano, cruceño de nacimiento, es premio Rey de España en periodismo! Dos precisiones ineludibles: la aplicación de la técnica narrativa en la crónica desarrollada es impecable y el tema elegido muy oportuno, constituido en denuncia contra la apacible forma de reaccionar del Estado y sus operadores de justicia.
Roberto Navia Gabriel, con algo más que valentía, presenta su reportaje a concurso y lo gana. Es su investigación sobre los linchamientos en Ivirgazama, que son ejecuciones extrajudiciales que quedan en la impunidad. Tribus de la Inquisición es un documento que formará parte de la historia del periodismo boliviano. Es una producción intelectual que cumple con la denuncia, pero también con la necesaria reflexión sin caer en la moraleja pretenciosa. La gran calidad humana del autor enriquece aún más los merecimientos que tiene su condición de periodista.
Hasta la publicación de esta columna, ninguna autoridad del Estado se ha manifestado para congratular a Navia, lo que demuestra el valor que tiene lo intangible para nuestra sociedad, que es capaz de encumbrar deportistas y a la estética epidérmica que, con merecimientos quizá, han provocado la algarabía de autoridades y pueblo en general. Lo conseguido por Navia no es poco: Premio Nacional de Periodismo, Premio Ortega y Gasset, y ahora Premio Rey de España, entre lo más sobresaliente, formando parte de una hoja de vida destacada para un boliviano que merece nuestro reconocimiento por todo lo logrado, probablemente con menos fanfarria y usos propagandísticos que los vistos en el pasado reciente en otros escenarios.
Después de asimilar lo vivido, Roberto Navia volverá a la redacción, a su noble oficio, para continuar su prolífica carrera. En el futuro, seguro que veremos más de su técnica narrativa y de su calidad periodística ampliamente demostrada.
Fuente: El Deber, 11.2.15 por Julio Cesar Caballero, periodista boliviano

La década periodística

El periodista es esencial para ayudar a los ciudadanos a navegar en medio de una inmensa amalgama de contenidos en la que a menudo se funden, sin distinción, informaciones reales, invenciones pueriles y manipulaciones.
Debemos comenzar pensando que el estado de la libertad de expresión en nuestro país, corresponde a internarse en un debate con profundos componentes que en general tienden a terminar en el maniqueísmo de la polarización entre el gobierno y la oposición.
Presiones, restricciones desde los entes gubernamentales, amenazas de grupos económicos, autocensura, y en algunos casos irresponsabilidad de los propios periodistas, representan una de las principales restricciones a la libertad de expresión.
Resulta muy difícil encontrar cualquier funcionario oficialista que no elogie los avances del gobierno y se encolumne rápidamente a la posición vertida o sugerida desde el Poder Ejecutivo. Alguna vez, en el Congreso de la Nación, hemos escuchado al propio presidente del bloque del FpV, Julián Domínguez, refiriéndose a Daniel Scioli decir “A los tibios los vomita Dios”, porque el candidato no gozaba de la simpatía y apoyo del entorno de la casa rosada. Habría que preguntarle a Domínguez ¿qué hará Dios con los obsecuentes que han abolido el pensamiento, la reflexión y el libre albedrío incorporados al ser humano como obra máxima de la creación?
Del mismo modo, hay sectores de la oposición política para los cuales existe una sistemática persecución contra cualquier posición de la voz oficial y creen que esa postura es generalmente orquestada desde el mismo Gobierno. Esta es la gran deuda pendiente de la democracia, donde las generalizaciones se desvanecen ante los matices propios de una sociedad, en las que la visiones reduccionistas impiden ver que es lo que ocurre en realidad en este complejo país. Una noticia tapa a otra, vivimos exaltados, enajenados en el día a día, dejando de lado los verdaderos problemas que hacen a nuestro futuro como sociedad y como país.
Es bueno recordar que la libertad de expresión no es un regalo divino exclusivo de los periodistas, sino un derecho fundamental inherente al ser humano que elige vivir en democracia. Esa facultad de comunicación va de la mano del derecho a utilizar esa capacidad, en procura de la realización personal para desarrollar una personalidad, tomar posición respecto de temas tanto públicos como privados, en síntesis ejercer derechos para asumir un rol en la sociedad, donde también existen obligaciones.
Desde el lado oficial asistimos diariamente a través de la cadena nacional, a destacar con orgullo cifras que demuestran que estamos en el mejor de los mundos, mientras la realidad parece decir lo contrario. Son pocos los que creen en las cifras oficiales, mientras temas como la desnutrición infantil, la crisis en la educación donde las estadísticas oficiales informan que no existen alumnos repitentes, pero los resultados indican que hemos descendido abruptamente de los primeros a los últimos puestos en todos los rubros analizados. A esto se le suma la recesión, la falta de inversiones, la inseguridad, los jóvenes que ni estudian, ni trabajan, los que aún después de una década siguen viviendo de planes sociales que sufren de falta de control y son utilizados, como moneda de cambio, por punteros políticos. Pero no todos los correctivos involucran la acción del gobierno, también el estamento político debe dar el ejemplo.
A todo esto, muchos periodistas, y porque no decirlo, políticos, jueces y empresarios, son víctimas de autocensura por temor o por negocio. Este tipo de práctica en la prensa, conduce a que el periodista prefiera trabajar con la agenda oficial, o utilizando la información suministrada por el gobierno para, de esta forma, evitar contrariar la voluntad de su jefe, con la pérdida de sentido crítico de la fuente.
Pero como dice el refrán, el papel lo aguanta todo. El enfrentamiento entre los intereses políticos, con los empresariales y el respeto al derecho a la información alcanza su punto más crítico durante los contextos electorales. Una estructura de corte monopolista tanto por parte del Estado, como por parte de los medios de comunicación termina comprometiendo la “objetividad” y transparencia en el momento de informar al público porque el contenido de los espacios informativos, sean escritos, radiales, televisivos o digitales, suelen alinear su posición, tanto editorial como de contenido, según los intereses del grupo que representan.
Nuestro país ha convocado, desde que se inició este proceso político distintas emociones; o se lo celebra por ser la nación que condensa, con un liderazgo definido, las esperanzas de emancipación de los pueblos pobres y excluidos por la globalización neoliberal o se lo juzga como un país que ha dado un inexplicable salto atrás, considerándolo como un peligro para la democracia que hoy impera en Occidente, o se lo describe como un nuevo brote neopopulista. Las miradas extremistas en este conflicto no son indiferentes.
Lo que viene sucediendo en esta década –conflicto entre Estado y medios de comunicación, entre comunicación y democracia- se ha fabricado en una feroz lucha entre poderes que ha tenido como principal vitrina, el uso de los medios de comunicación. Circulan en las universidades distintas categorías para tipificar la dramática suplantación que ha sufrido la política por la influencia que tienen los medios de comunicación y mientras se habla de democracia como equilibrio de poderes, lo que en realidad aparece es un verdadero desequilibrio.
Al actual proceso político se lo venera o se lo maldice. No existen puntos de consenso. Los puentes se han roto y ha desaparecido el terreno de traducción que debía ejercer el periodismo como institución.
Ha surgido un periodismo de propaganda y movilización. De denuncia y de adulación. Un periodismo al servicio de los intereses políticos del cristinismo y otro de la oposición. Ha desaparecido el periodismo que debe registrar, documentar y presentar con equilibrio los diversos disensos entre las fuerzas políticas. Se ama o se odia con la misma intensidad y el resultado es un país dividido en gran abismo. Para un sector de la sociedad se está construyendo el definitivo ajuste de la justicia social y la clave para desarmar al capitalismo mundial y para otra parte se ha venido construyendo un nuevo modelo totalitario, lo cual habla de una complejidad que debe ser abordada rescatando la idea del ejercicio de periodismo como una fuente de equilibrio ante tanta tensión.
Michael Foucault dice: no solo se trata de acumular riqueza o dominio, el poder es capacidad para producir realidades, para hacer visible ciertas prácticas, para describir, designar y calificar a sujetos y objetos. El poder es técnica, estrategia, lenguaje, medios.
El poder es la habilidad para construir discursos, destreza para movilizar a partir de ficciones, crear territorios simbólicos, emblemas y palabras. El poder es habilidad para comunicar, por eso los medios de comunicación son el centro del conflicto, porque la guerra gira en torno a las interpretaciones y la capacidad para construir realidades. Y como todos sabemos, en toda guerra, la primera víctima es la verdad.
Hoy no necesitamos ir al cine para ver una película, tampoco ir a la biblioteca para leer un libro, o comunicarse con otra persona en cualquier parte del mundo, todo se puede hacer desde la red. Esto está produciendo una crisis generalizada, principalmente en el contenido de las manifestaciones culturales, a las que tampoco escapa el periodismo. Estos desarrollos producen una asincronía entre la evolución social y la percepción intelectual, generando al individuo que llamaríamos “bárbaro-civilizado”, alguien capaz de acumular muchas redes de información, pero carente de formación en el sentido de la cultura del razonamiento. Podríamos decir que se trata de un individuo que se atrinchera en una supuesta seguridad, despojada de identidad y responsabilidad
Estos fenómenos están en muchos casos, incidiendo cada vez más, en la creación periodística, llevando la calidad informativa a lo meramente trivial. En muchos casos se da información no chequeada con otras fuentes, sólo por querer ser los primeros. Lo importante es ser los más profundos dentro de un contexto histórico y político, lo más pedagógico, originando un periodismo que incite al debate, la discusión y también a la reflexión. Así las nuevas tecnologías se convertirán en un aliado y en un instrumento a nuestro servicio. Leer y releer lo que se escribe antes de publicar. No ser soberbio, y hacer un culto de nuestro rico idioma. Saber decir no. Ser una buena persona. Decir la verdad, ser respetuoso, tener honor y sentir orgullo de ser Periodista.
Mientras tanto, la sociedad está politizada, lo cual resulta un gran avance pero también un impedimento para la convivencia, porque la lógica de la politización se basa en el reconocimiento del otro y en el desconocimiento de aliados y enemigos. Existen muchas verdades, tantas como visiones existan en el planeta.
Necesitamos un periodismo que nos permita contextualizar y comprender que la política es la creación de actores que sirven de marcas y emblemas para unir, agrupar, proyectar y asociar. Ese es el espíritu más genuino de la democracia. Esa es la tarea pendiente del periodismo.
Fuente: Argenpress, 10.2.15 por Ernesto Martinchuk