El poder y la prensa

Cada presidente se expresó con claridad. Las ideas de Rafael Correa y de Barack Obama sobre la prensa quedaron patentes durante la VII Cumbre de las Américas.
La opinión pública continental escuchó de viva voz al presidente Correa exponer su tesis de la guerra planetaria contra la prensa. Al Mandatario ecuatoriano le molesta la prensa privada (a la que aquí llama mercantilista). Y suele ser despectivo con las opiniones críticas.
“Cuando las élites latinoamericanas afirman que no existe libertad de prensa, es porque sus medios (…) ya no tienen impunidad para manipular la verdad o porque nos atrevemos a contestarles, a disputarles su hegemonía, aunque es un problema planetario. En Latinoamérica, dados los monopolios de medios, el problema es mucho más grave (…) todos ­coincidimos (…) buena prensa es vital para una buena democracia, pero (…) debemos coincidir en que una mala prensa es mortal para esa democracia y la prensa latinoamericana es (…) muy mala”.
Obama replicó: “Quizá el presidente Correa tenga más confianza que yo en la distinción entre la prensa buena y la mala. Creo que hay mala prensa. Sin embargo, sigue hablando esta prensa en EE.UU. (…) Yo no confío en un sistema en el que solo una persona hace esa determinación. (…) Si creemos en la democracia significa que todo el mundo tiene la oportunidad de hablar y ofrecer sus opiniones para defender lo que opina”.
Obama también afirmó que las naciones fuertes no tienen miedo a la sociedad civil. Un saludable debate político.
Fuente: El Comercio, 15.4.15

Libertad de expresión en procesos electorales

Las recientes elecciones departamentales y municipales han sido una de las más accidentadas y cuestionadas del período democrático boliviano. El Tribunal Supremo Electoral aplicando la letra muerta de la Ley de Régimen Electoral, resolvió la cancelación de la personería jurídica de una alianza política en el departamento de Beni por la difusión de una encuesta electoral mediante una conferencia de prensa. Al respecto, la Misión de Observación Electoral de la OEA ha concluido que se “considera importante que se promueva un debate político y legislativo a fin de salvaguardar las prerrogativas cívicas establecidas en los tratados internacionales y la Constitución Política del Estado”.
Recordemos que la nueva Constitución Política del Estado, establece que el bloque de constitucionalidad está integrado por los tratados internacionales de derechos humanos ratificados por el país (art. 410), que prevalecen en el orden interno (art. 13) y que se aplican directamente (art. 109) y de forma preferente cuando sean más favorables a lo que la misma Constitución y las leyes establezcan (art. 256). Por tanto, las regulaciones electorales deben guardar conformidad con el art. 13 de la Convención Americana de Derechos Humanos, que dispone que la libertad de expresión comprende el derecho a difundir informaciones de toda índole, su ejercicio no puede estar sujeto a censura, ni ser restringido por medios encaminados a impedir la comunicación y la circulación de ideas y opiniones.
La Declaración de Principios sobre Libertad de Expresión aprobada por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos señala que “la libertad de expresión es una piedra angular en la existencia misma de una sociedad democrática. Es indispensable para la formación de la opinión pública y para que la comunidad, a la hora de ejercer sus opciones, esté suficientemente informada. Las restricciones en la circulación libre de ideas y opiniones como así también la imposición arbitraria de información y la creación de obstáculos al libre flujo informativo, violan el derecho a la libertad de expresión”.
La Corte Interamericana de Derechos Humanos ha dicho que la libertad de expresión asume un papel trascendente durante los procesos electorales, ya que constituye una herramienta esencial para la formación de la opinión pública de los electores. En el momento de analizar posibles regulaciones a las encuestas electorales, es importante tener en cuenta que está prohibida claramente la censura. La imposición de restricciones a la libertad de expresión, que sólo admite responsabilidades ulteriores, debe estar expresamente fijada por la ley, perseguir un fin legítimo, ser proporcional y necesaria para cumplir el fin que se procura.  La Corte ha sostenido que “la legalidad de las restricciones a la libertad de expresión depende de que estén orientadas a satisfacer un interés público imperativo. Entre varias opciones para alcanzar ese objetivo debe escogerse aquella que restrinja en menor escala el derecho protegido”. Dado este estándar, no es suficiente con que se presuma que las encuestas podrían ser manipuladas, lo que además de ser absolutamente paternalista con el votante, no guarda proporción con el interés que la justifica. En este sentido, “las normas que regulen los criterios bajo los cuales se rigen las encuestas deben siempre propender al fortalecimiento de la libre circulación de información”. Por ello, aquellas sociedades democráticas que regulan las encuestas suelen fijar normas de transparencia, la publicidad de la ficha técnica de la encuesta o fijan plazos de difusión, bajo pena de multas en caso de infracción; y no prohíben discriminatoriamente quienes pueden difundirlas y menos sancionan con la revocatoria de la personalidad jurídica, que para una organización política equivale a la pena de muerte institucional; lo que dista de ser proporcional a los fines democráticos que se persiguen.
Ha llegado el momento de iniciar un proceso plural y multipartidario de reforma de la ley electoral, para adecuarla a los estándares internacionales de Derechos Humanos. Es más, el país no puede entrar a un nuevo proceso electoral, sin garantizar adecuadamente la vigencia de los derechos de los elegidos y electores.
Fuente: Página siete, 14.4.15 por Ramiro Orías, abogado, Magíster en Estudios Internacionales, especialista en DDHH.

El ambiguo periodismo científico

Hace pocos días, ante un grupo de jóvenes profesionales convocados por la Fundación para el Periodismo, hablé de la importancia que tiene el periodismo científico para la ciencia y la sociedad.
La difusión de una noticia científica puede ayudar mucho a la ciencia: sensibilizando a la opinión pública en torno a un tema poco conocido, como los daños a la salud de ciertas costumbres; motivando a las autoridades públicas a asumir decisiones sobre cuestiones de interés de la sociedad, como el cambio climático; despertando en los jóvenes vocaciones hacia las profesiones científicas, que tanto necesita Bolivia.
Sin embargo, una noticia científica difundida de manera ambigua, parcial, exagerada o incluso falsa puede provocar daños y confusión. No sólo eso, sino que los artículos que refutan descubrimientos científicos erróneos son considerados menos atractivos de los que comunican resultados chocantes.
En la charla mencionada presenté un ejemplo que atañe a nuestro país. En julio del año pasado, incluso en algunas portadas de periódicos nacionales, salió la noticia que un equipo de científicos estadounidenses y alemanes había medido valores del “Índice de la radiación Ultravioleta” (IUV) que representaban un récord en la superficie de la Tierra. Lo interesante es que ese récord (IUV = 43 o más) se lo midió en territorio boliviano, exactamente en el monte Licancabur, en el extremo sur del país, mejor conocido por ser centinela de la afamada Laguna Verde. Para fines de comparación, en La Paz realizamos medidas diarias de ese parámetro y obtenemos, en días soleados, IUV 17, como máximo, un valor muy alto si lo comparamos con sus similares de los EEUU, país donde el IUV raramente pasa de 11. Hasta percibí un cierto engreimiento en reportar la noticia: ¡somos detentores de otro récord mundial!
En efecto, por algún extraño motivo, alcanzar un récord mundial nos hincha el pecho de orgullo, cuando lo lógico sería analizar lo bueno o lo malo de esa hazaña. Ciertamente ser el país con el mayor crecimiento económico de la región debería llenarnos de orgullo (al margen de investigar a qué atribuir ese logro), pero tener las normas y las autoridades electorales más cuestionadas del universo no es para vanagloriarse.
Definitivamente, el mencionado récord de marras no es bueno para el país, considerando que un alto IUV conlleva riesgos para la salud. De hecho, el artículo científico, fuente de la noticia, señalaba los peligros de visitar esos lugares turísticos, observación que borraría la sonrisa del rostro del dinámico exviceministro de Turismo.
Sin embargo, acaba de salir, en la misma revista científica que publicó el estudio de marras, un artículo, escrito por tres prestigiosos expertos internacionales y este servidor, que critica las conclusiones de aquel estudio y pone en tela de juicio la validez de sus métodos y resultados. Dudo que haya espacio en las primeras planas de los medios para dar cobertura a esa desmentida que, en un cierto sentido, beneficia más al país, quitándole esa falsa aureola de detentor de malos récords.
Dos consejos para cerrar este tema. Primero, un buen periodista científico siempre debe desconfiar de las noticias que se presentan con pompa a la prensa antes que a la comunidad científica encargada de valorarlas o desmentirlas. Segundo, tampoco debe juzgar un aporte científico sólo por sus autores, se llamen A. Einstein o S. Hawking, o por su institución (¡la NASA!). Pues, si bien la autora principal del artículo de marras pertenece a la NASA, su división –el controvertido Instituto para la Búsqueda de Vida Extraterrestre (SETI)– no es precisamente un referente en el área del tema abordado.
Fuente: Los Tiempos, 12.4.15 por Francesco Zaratti, físico italiano.

Llega a España y América Latina el periodismo 'punk': aterriza Vice News en español

Es uno de los fenómenos periodísticos más reconocidos de los últimos meses. Ahora, Vice News llega a España y a Latinoamérica. Conocidos por vídeos como su viaje a las entrañas del Estado Islámico o al corazón del ébola, el medio se jacta de ir donde otros periodistas no van y de contar lo que otros no cuentan: ahora lo harán en castellano, ampliando a un nuevo mercado a  414 millones de hablantes, al segundo idioma más extendido del mundo. Lo hará con proyecto editorial transversal: la producción y distribución de contenidos online será compartida entre España, México y Colombia. El periodismo ‘punk’, que nació en 1994 como revista, llega este 8 de abril a sus pantallas más cercanas.
Y lo hará siguiendo el modelo de éxito de la matriz, Vice News: un periodismo inmersivo, combinado con un aprovechamiento de las últimas tecnologías y que en un año ha conseguido una masa de seguidores importante. Hasta ahora han usado la realidad virtual, la retransmisión en streaming e incluso drones. La versión española llega como parte de la expansión más amplia del fenómeno digital ‘Vice’: después de EEUU nacieron las filiales audiovisuales en Reino Unido y Francia, y su revista está presente en un total de 36 países en todo el mundo. Sus claves: un periodismo joven, con un lenguaje más formal, pero igual de directo y, sobre todo, la información sin filtro, como explica a 233 grados el Director General de Vice News en Español, Andrés Reymondes.
En castellano, Vice llega con promesas y previsiones: aseguran que cubrirán en sus documentales temas tan candentes como el auge del extremismo en Europa y la migración, pero no dejará de lado la economía, las elecciones y los cambios en el panorama político, especialmente en un año electoral destacadamente intenso.
Una redacción global, a ritmos globales
Como explica Reymondes, aunque la sede principal de este nuevo medio está en España, la red de colaboradores se teje por toda Latinoamérica. Una complicada logística que ha presentado algunos problemas en su desarrollo. “Hay algunos problemas, como los distintos acentos, las diferencias horarias”, explica Reymondes, “hemos elaborado un sistema”, cuenta, “con colaboración de Vice México y Colombia, y con 45 colaboradores”. La red se basará también en la producción de todas las sedes (36), que ya tiene Vice Media (que no sólo Vice News) en todo el mundo, entre las que están las sedes mexicana y colombiana.
Los colaboradores conforman uno de los puntos fuertes del medio, con “al menos dos por país”, pero el medio está abierto a propuestas, explica Reymondes, “aunque no publicamos todo lo que envía la gente”. “En ese aspecto somos más estrictos en Vice News que en Vice (la revista)”, explica “somos muy exigentes en el tema de fuentes y de experiencia”. Así, han conformado durante un año una red con periodistas experimentados, buscando tanto a aquellos que han trabajado en medios tradicionales como otros freelance.
El sistema funciona a un ritmo global, explica Reymondes, con una publicación de artículos según husos horarios: “comenzamos por los que están más al Oeste, como Chile, luego México, Estados Unidos”, explica, siguiendo el paso del sol hasta España “cada uno va produciendo según su horario principal” y se irá publicando la información en redes al mismo ritmo. Lo cual no quita a la reacción ante emergencias: “si ocurre algo que tenga relevancia”, explica, se publicará cuando ocurra, no según dónde.
Vice, el periodismo que nació punk y que ahora apoya Rupert Murdoch
Nacida en 1994 como una revista autodefinida como punk, el conglomerado Vice se ha convertido en uno de los casos de éxito en el panorama mediático de los últimos años. Entre sus inversores están los Murdoch, el presidente de Disney, Robert Iger y el cofundador de MTV, Tom Freston. Importantes apoyos que han dado el visto bueno, con su dinero, a la capacidad del medio para conectar: es, a menudo, definido como el medio de los ‘millenials’. Un medio joven, por y para los jóvenes que ha conseguido un hito importante: no sólo entender a las nuevas generaciones, sino también atraerlas.
Fuente.: 233Grados, 8.4.15

La comunicación como disciplina científica

Durante la última mitad del siglo XX y comienzos del siglo XXI los estudios de comunicación han consolidado un debate en torno de su propio lugar en el ámbito científico y profesional. La discusión no está zanjada. Como aporte a ese debate, desde la Universidad Nacional de Rosario, y también desde la Escuela de Comunicación Estratégica de Rosario, hemos desplegado una metaperspectiva propia que tiene reconocimiento internacional como espacio innovador de exploración de la comunicación desde los nuevos paradigmas de la ciencia.
Más allá de los acuerdos y desacuerdos conseguidos, lo cierto es que hemos compartido durante muchos años con tantos colegas de Argentina y de Iberoamérica un movimiento de despliegue y, evidentemente, de crecimiento del campo comunicacional. Este crecimiento se ha registrado tanto hacia el interior de nuestra facultad y nuestra universidad como en el entorno de las ciencias sociales en general, en un extenso recorrido que registra en los últimos tiempos hitos destacados de institucionalización, como por ejemplo el reconocimiento de la comunicación como disciplina en nuestra Universidad Nacional de Rosario y la inclusión de la comunicación en las comisiones de evaluación de algunos de los organismos de ciencia y tecnología de nuestro país como el Conicet (Comisión Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas).
Esta institucionalización del saber comunicacional tiene importantes derivaciones. Por ejemplo, la incorporación de comunicación social en la grilla de disciplinas incluidas en los formularios específicos de las secretarías de Ciencia y Técnica de las universidades, vinculados a la presentación de proyectos de investigación radicados en esas unidades académicas. Con ello, la consecuente evaluación de pares especializados en la misma disciplina, en lugar de especialistas en otras ciencias sociales, los cuales –en ocasiones– no tienen la expertise teórica o metodológica requerida para proyectos específicos de investigación o de extensión en comunicación. De allí su importancia respecto de evaluaciones más detalladas y más conducentes al avance de la especialidad. Estos nuevos espacios potencian los estudios comunicacionales en el país y la región. Se originan en un contexto de importantes cambios a nivel social, local y global que está provocando desplazamientos y rupturas académicas y profesionales en torno de la comunicación que considero necesario acompañar crítica y valorativamente desde nuestro lugar en la universidad. Personalmente sostengo que estamos viviendo un nuevo momento de la comunicación en nuestras sociedades; una centralidad de lo comunicacional diferente de la registrada en otras etapas del desarrollo de nuestro campo de estudios. Esto se hace visible en: – las evidentes transformaciones en cuanto a la consideración del lugar de la comunicación y los comunicadores en la sociedad actual;                                                 – la integración de comunicadores sociales en equipos de trabajo para áreas muy diversas más allá de los medios masivos tradicionales;                                              – los actuales debates e innovaciones sobre regulaciones y políticas de comunicación en Latinoamérica;                                                                                                        – la innovación en investigaciones comunicacionales estratégicas que son demandadas, a nivel mundial, tanto en ámbitos de gobierno como en las empresas y en el tercer sector;
– el surgimiento y sostenimiento en el tiempo, especialmente en Latinoamérica, de numerosas carreras de comunicación de grado y de posgrado especializadas en muy diversos registros de lo comunicacional.
Estos y otros ejemplos que podríamos mencionar nos muestran otras posibilidades en torno de lo comunicacional, quizá no imaginadas siquiera por nosotros mismos cuando comenzamos este recorrido, hace ya 30 años, allá en los últimos días de la dictadura cívicomilitar en Argentina.
La comunicación ocupa hoy un lugar creciente en nuestras sociedades. Considero que esta centralidad de la comunicación requiere dos tareas: especificar el objeto de estudio en todos los espacios académicos de formación y de investigación en comunicación y rediseñar el campo de prácticas del comunicador social.                                                                                   Fuente: Página12, 8.4.15 por Sandra Massoni, argentina, doctora UBA. Directora de la Maestría en Comunicación Estratégica de la UNR.

Consideraciones sobre el periodismo

Columnista. Desde hace décadas, Eco polemiza acerca de un tema que lo apasiona: el rol de los medios de comunicación.
La objetividad periodística es un mito” había dicho Umberto Eco a fines de los años 60 y lo ratificó en su escrito ‘Objetividad de la información: el debate teórico y las transformaciones de la sociedad italiana’ que integra el ensayo Información, consenso y disenso de 1979. “Porque un diario hace interpretación no sólo cuando mezcla un comentario con una noticia sino también cuando elige cómo poner en página el artículo, cómo titularlo, cómo acompañarlo de fotografías, cómo conectarlo con otro artículo que habla de otro hecho; y sobre todo un diario hace interpretación cuando decide qué noticias dar.” En ese mismo escrito, Eco afirmaba que “la verdad es que el número de ‘hechos’ es muy reducido. Si mañana nieva es un hecho, si un tren descarrila por accidente es un hecho, si un jefe de Estado muere de un infarto es un hecho (al menos en cuanto que son hechos para la ciencia física). Pero luego hay eventos que tienen en la base un hecho físico indiscutible (los israelíes bombardean Líbano, los estudiantes han organizado una marcha) pero que son claramente producidos para ‘crear una noticia’. Sobre estos hechos la prensa no puede más distraerse en la utopía de la objetividad. Tanto lo sabemos que aun al referirnos a ellos como ‘actos puros’, bastará decir que en la marcha eran diez mil y no veinte mil personas o no aclarar lo suficiente a cuántos kilómetros de la frontera ocurrió el bombardeo para que el hecho mute su carga simbólica. Sobre estos hechos presuntos la prensa debe tener el coraje de declarar que está haciendo algo más para dar una noticia: tomar partido, buscar las motivaciones, ocultarlas o revelarlas, interpretar el valor simbólico de algo producido como acto de comunicación desde el origen.” En La bustina di Minerva (La bolsita de Minerva ), su columna semanal de las últimas páginas de la revista de actualidad L’Espresso –en una que se llamaba “El lavaje de los lectores” y se publicó el 13 de julio de 1969–, Umberto Eco aseguraba que “el periodista no tiene un deber de objetividad. Tiene un deber de testimonio. Debe dar testimonio de lo que sabe (…) y debe dar testimonio diciendo lo que piensa. (…) El deber del periodista no es convencer al lector de que le está diciendo la verdad sino advertirlo acerca de que lo que le está diciendo es ‘su’ verdad. Pero que hay tantas otras. El diario que respeta al lector debe permitirle el sentido de la alternativa”.
En aquellos años Eco mantuvo una disputa pública con Piero Ottone, por entonces director del periódico Il Corriere della Sera , quien adhería a un periodismo dispuesto a seguir reglas básicas y válidas para todos, como la cita rigurosa de las fuentes y la separación entre noticia y comentario. Mientras para Eco “el diario no es un órgano al servicio del público sino un instrumento de formación del público”, Ottone aseguraba que “el diario puede expresar opiniones y, por lo tanto, contribuir a formar opinión, pero su función prevalente es otra: descubrir los hechos y, una vez que los ha revelado, no esconder nada de aquello que sabe.” “Un diario debería tener el coraje de rehacerse cada día de su propio público como si el día anterior no hubiera hablado de nada. Sin embargo se comporta como una novela en entregas del siglo XIX donde cuando se dice ‘Entró en este momento Milady’ todos saben ya de quién se trata y cómo es considerada” dice Eco en su Guía a la interpretación del lenguaje periodístico, una investigación que se editó como La prensa cotidiana en Italia, de Vittorio Capecchi y Marino Livolsi, en 1971.
En otra de sus columnas –publicada por L’Espresso el 14 de diciembre de 2006–, Eco se refería a una medida adoptada por los periodistas que habían decidido no firmar sus artículos por sus reclamos. “Un diario sirve para mechar con opiniones los hechos. Y si se trata de opiniones sobre hechos queremos saber quién emite esa opinión, si es un autor en quien confiamos o uno que sólo tipea y que habitualmente despreciamos. Por eso, un diario que hace huelga eliminando las firmas de sus periodistas se vuelve mudo.”
Fuente: Revista Ñ, 3.4.15

Cómo los periódicos construyen la ‘agenda pública’

Los partidos políticos, las organizaciones sociales, los representantes del Estado y los medios de comunicación son los actores de lo que se llama ‘esfera pública’ de la sociedad. ¿Cómo ‘juega’ cada cuál? La investigación: ‘Medios y elecciones en Bolivia. La mediación’ propone respuestas.
En verdad, ¿qué es eso que llamamos “esfera pública”, “lo público”, y qué rol o responsabilidad tienen los medios de comunicación, específicamente los periódicos, en su formación? El texto Medios y elecciones en Bolivia. La mediación (Universidad Católica Boliviana y Fundación Konrad Adenauer, 2014), escrito por Claudio Rossell Arce, propone elementos para responder aquella interrogante: cómo los medios de comunicación “hacen” a “lo público”, pero en un momento “caliente”, en plena campaña electoral de las seis elecciones generales que hubo en la historia moderna de la democracia en Bolivia.
La investigación, anuncia su autor, “propone una indagación inicial, apenas exploratoria, del fenómeno de la mediación ejercida por los diarios en tiempos preelectorales”; en concreto, se trata del análisis de la producción noticiosa y de opinión de seis periódicos del país: El Diario, Presencia y La Razón, de La Paz; Los Tiempos de Cochabamba, y El Mundo y El Deber, de Santa Cruz, durante las dos semanas anteriores a las elecciones nacionales de 1985, 1989, 1993, 1997, 2002 y 2005. Naturalmente el volumen de “piezas informativas” que se compiló para el efecto era enorme: 6.000, según Rossell; de modo que se tuvo que elaborar una muestra, “no probabilística”, que redujo el objeto de estudio a 1.342 notas periodísticas.
En la “esfera pública” que es producida por los medios de comunicación, acuden cuatro actores, según el estudio: los “agentes de la sociedad política” (los candidatos, los partidos políticos mismos); los “agentes de la sociedad civil” (especialmente los sindicatos y comités cívicos); los “agentes estatales” (el Gobierno y sus portavoces): y los propios medios de comunicación.
Hay que prevenirse, llama la atención el autor, que dicha “esfera pública” es posible pensarla también como un “pseudoentorno” o “pseudoambiente”, un falso entorno, que hoy es creado precisamente por los medios de comunicación en su labor mediadora.
La indagación confirma un hecho más o menos intuido: la preeminencia de los actores políticos en la agenda mediática: “46% de los textos (publicados en los periódicos) tienen como origen del hecho a los candidatos y sus portavoces”, siguiendo en importancia el propio medio de comunicación, con 19%; la “representación del Estado”, con 14%, y la representación social en último lugar, con el 7%.
Ya tratando los textos periodísticos, es interesante la “orientación del contenido” que encuentra en los mismos: el 30% de la información contiene propuestas electorales; el 24%, opinión; el 23% entre críticas y denuncias; el 15%, demandas; y 8%, reacciones de cualquiera de los aludidos.
Ahora, claro, como hace notar el mismo autor, la orientación de contenido “propuesta” es lógica en la medida en que el momento de estudio es el del mayor auge electoral (las dos semanas previas a los comicios).
Más llamativa aún es la clasificación que se hace de las notas según la fuente del hecho. Solo a modo de ejemplo, destaca que de 399 notas donde hay una propuesta, el 57% proviene de los actores políticos (principalmente los partidos), y apenas el 2% de las organizaciones sociales; o que de cada 306 notas de críticas o denuncias, el 50% vino de los partidos políticos y 16% de los medios de comunicación, y solo el 8% de los representantes del Estado.
Por otro lado, la investigación mostró que “quienes más veces aparecen como fuente de los hechos periodísticos son los representantes de las organizaciones políticas, de ahí que en la totalidad de la muestra el retrato de la realidad sea más parecido a las expectativas e intereses de los políticos dotados de notoriedad que al de las organizaciones sociales en toda su heterogeneidad”.
Esto tiene su consecuencia, propone el trabajo, “cuando los contenidos de los medios están dominados por lo que hacen o, mayormente, lo que dicen los agentes de la sociedad política, se cae en el riesgo de orientar la mirada del público hacia asuntos cuya discusión interesa más a aquellos (los políticos) que al bien común”.
En el libro también se analiza la forma en que tienen presencia las organizaciones sociales en la “esfera pública” a través de los medios de comunicación social. Hay que aclarar que en los “representantes sociales” el estudio principalmente ubica a los sindicatos y a los comités cívicos.
Con esta salvedad, el trabajo encuentra que las organizaciones sociales, en las dos semanas anteriores a las elecciones nacionales, sobre todo “aportan al debate público mediado por los medios de comunicación a través del posicionamiento de imágenes, estereotipos y consignas”. Son las notas en que se fijan significantes como “neoliberal”, “voto castigo”, o expresiones, ya con presencia del MAS en las elecciones (2002 y 2005), que tienden a polarizar a este partido frente a los “partidos tradicionales”, identificados como “la derecha”.
En esta línea de análisis, para la “interpretación periodística” -hace notar el estudio- “la promoción del debate público por parte de los agentes de la sociedad civil es escasa”; en rigor, no proponen debate ante los partidos políticos, pues sus críticas sobre todo son “estructurales” y casi siempre tienden a polarizar el voto contra “la derecha”, representada en los denominados partidos tradicionales.
En cuanto al rol de los medios en la generación de la agenda pública, en la formación de esa “esfera pública”, el estudio sobre todo destaca el rol periodístico. “Los medios proveen marcos de referencia para interpretar el debate público: por una parte, ponen en conocimiento del público los hechos generados por esos agentes (políticos, sociales y estatales); por otra, propician el debate entre esos agentes, generando así nuevos hechos”.
El problema es que, hoy como ayer, según se ve la muestra tomada por el texto, cuando el “debate” en el tema electoral sobre todo es un juego de críticas y denuncias, los medios de comunicación —concluye el texto— a menudo están más interesados “en mostrar esos intercambios que a favorecer el debate sobre los temas de fondo”.
“La conclusión general de este breve estudio exploratorio -finaliza su texto Rossell- es que la mediación opera de manera permanente en los contenidos de los medios y que los más beneficiados de esta función son los agentes de la sociedad política, pues reciben cobertura con mayor frecuencia, apareciendo más en las páginas de los medios, por lo general a través de declaraciones de los personajes dotados de notoriedad, pero también porque son objeto de más comentarios de parte de esos medios”.
Fuente: La Razón, Animal Político, 5.4.15, por Iván Bustillos, periodista boliviano
 

El Diario en sus 111 años de existencia

Con la misma independencia y frescura de su augural nacimiento, El Diario cumple hoy, 5 de abril, 111 años de vida. A don José Carrasco, su fundador, puede decirle, nuevamente, misión cumplida. Su obra perdura con la misma vitalidad que le insufló, porque aparte de haberse constituido en el decano de los medios impresos, se erigió también como el mayor referente del periodismo boliviano.
En más de una centuria de existencia, El Diario vivió con dignidad y honestidad a toda prueba las desventuras y venturas de la Patria. No es hora de pedir cuentas a nadie, porque la falibilidad humana es consubstancial a su naturaleza.
Empero, tampoco se puede olvidar que Bolivia pudo haber crecido mucho más. Y que su población, a pesar de la diversidad que tiene, debía estar gozando a estas horas del bienestar y la prosperidad a la que se hace acreedora, por su espíritu de trabajo y el valor con que encara los rigores de la vida.
En esta memorable celebración, el fundador de El Diario, en un 5 de abril de 1904 tuvo la promisoria sabiduría de los grandes hombres. En uno de los párrafos del primer editorial que escribió, dejó sentado lo que sigue: “La prensa hace luz en las tinieblas y todo cuanto existe de progreso en el mundo se debe a su inagotable labor”.
Desde entonces y hasta el presente, El Diario siempre ha cumplido con el visionario concepto de su creador. En su dilatada existencia, se consagró como la mayor tribuna periodística de Bolivia, porque informa y opina con lealtad e independencia absolutas, aparte de guardar el respeto que merecen sus lectores y haciendo honor a la confianza que éstos le dispensan cada día.
Así como expresaba don José Carrasco, que “la prensa hace luz en las tinieblas”, El Diario se esfuerza en ser el faro que ilumina a sus lectores con la verdad de los hechos, sin tergiversaciones ni manipulaciones, así como con la oportunidad y pulcritud que demanda la buena práctica del periodismo.
Sus editoriales y sus columnistas, a la vez, se empeñan en explicar, desentrañar, comentar y opinar sobre el acontecer cotidiano, sin autocensurarse, pero sí guardando las formas y las consideraciones a las que se hacen acreedores los protagonistas de la escena pública.
En los casos en que éstos se hacen merecedores de sanciones, a la justicia le atañe emitir su veredicto final. La prensa sólo puede hacer los señalamientos que sean pertinentes.
Muchas veces, deplorablemente, no son de los mejores. La vorágine de los intereses personales y de grupo, la violencia que casi constantemente agrede y enluta a la familia boliviana, los apetitos insaciables de poder, la permisividad de las actividades ilícitas y el descrédito internacional que lacera a la Patria están recogidas en las páginas de El Diario.
Pero, unos y otros, le cobraron su costo. Fue y sigue siendo víctima de clausuras, censuras, juicios, incluyendo el embargo, presuntamente tributario, que hoy mismo pesa sobre sus instalaciones. Con estos recursos lo que siempre se buscó ha sido silenciar su voz o, por lo menos, domesticarla al gusto y sabor de quienes se sienten afectados por ella.
De esta forma, El Diario vivió y aún sobrelleva las vicisitudes de la amarga historia patria. Cuánto cuesta decir todo esto. Empero, la verdad nunca debe ser acallada, porque equivale a convertirse en cómplice de los artilugios de la política mal entendida y peor practicada.
Ante esta realidad, no queda otra cosa que vivir en el límite de las posibilidades que otorga la democracia, con sus principios más entrañables: la libertad, la pluralidad y la tolerancia.
Pese a las adversidades, sin embargo, no hay que caer en el desánimo. Por gozar del privilegio de la vida, corresponde fructificarla con la esperanza, el optimismo y no bajar los brazos en la lucha por la supervivencia. Esto es lo que permanentemente hace El Diario, pues ha sido el compromiso que le impuso su eminente creador.
Al mismo tiempo, esos son los valores que desea infundir a sus lectores en este día de conmemoración del servicio público que presta este órgano de prensa, desde hace 111 años. El único propósito que le inspira es continuar recibiendo su confianza y el estímulo que le confieren, al tenerlo todos los días en sus manos y en sus mentes.
Fuente: El Diario, 5.4.15 por Alberto Zuazo, periodista boliviano

Jon Lee Anderson: "Es cada vez más difícil cubrir una guerra"

Fue corresponsal en Medio Oriente y en conflictos latinoamericanos, pero hoy reconoce que siente miedo; de la situación de los medios en la Argentina a la era del periodismo por iPhone
Por: Silvina Premat
Despertar conciencia. Ésa es la principal misión que tiene hoy el periodismo según Jon Lee Anderson, un hombre con autoridad para hablar sobre ese oficio. Con 58 años, el californiano, que vive en Inglaterra, pero habla español con acento (y modismos) centroamericanos, estuvo en varias oportunidades muy cerca de la muerte. Y sobrevivió. Aunque algo cambió últimamente: después de haber trabajado como periodista en el frente de batalla en Medio Oriente y entre terroristas y narcotraficantes latinoamericanos, Anderson hoy siente miedo.
“Volveré -arriesga-. De hecho, estuve en Libia hace un mes. Pero siento miedo”, reconoció durante un diálogo abierto en el Encuentro de la Palabra, frente a medio centenar de jóvenes. Y contó, luego, apesadumbrado, que en los últimos tres años perdió ocho amigos periodistas, asesinados mientras cumplían sus tareas.
Maestro de la Fundación Nuevo Periodismo y miembro del consejo rector del Premio Gabriel García Márquez, Anderson creó un estilo propio para hacer perfiles. Retrató, así, a grandes personajes de la historia contemporánea, como el Che Guevara, Augusto Pinochet, Saddam Hussein, el rey Juan Carlos o el propio García Márquez. “Escribiré ahora un libro sobre Fidel Castro que puede considerarse la continuación de la historia de la revolución cubana”, anticipó el periodista de The New Yorker, autor además de libros sobre diferentes conflictos bélicos, de Afganistán a Bagdad, entre otros.
Tras el encuentro en Tecnópolis, en el que anunció que viajará a la Antártida este año, Anderson dialogó con La Nación.
Recientemente, usted afirmó que la clave para el ejercicio periodístico es la credibilidad. Cuando en la Argentina el Gobierno intenta desmentir a diario a los periodistas, ¿cómo se refuerza la credibilidad?
Los periodistas tienen que seguir adelante. Resulta muy difícil cuando hay un gobierno que los increpa o intenta censurarlos, o donde los mismos líderes los amonestan y los critican en público. Eso no es lo debido, ésa no es la forma de proceder. Los periodistas tienen que seguir adelante ofreciéndose como los máximos interlocutores sinceros de una sociedad en la que no son necesariamente servidores de nadie, sino que hacen un esfuerzo por crear distensión en la sociedad.
¿En qué sentido distensión?
En el sentido de apertura. La distensión se crea cuando hay un flujo libre de la información. Por ejemplo, en Inglaterra, donde vivo, hay una muy lograda libertad de expresión: todas las tendencias dicen lo suyo. Pero hay un hábito nacional de utilizar el humor en lugar del enojo o de la rabia con el contrincante. Esto ayuda a crear una sensación de bienestar en la población porque, en vez de buscar insultarse o increparse unos a otros, se está buscando, justamente, la distensión; una atmósfera en la que todo se puede decir, sin agredir, y donde hay intercambio de ideas y buenas maneras.
¿Conoce la situación del periodismo argentino que le comentaba antes?
Sí, sé que aquí hay un ambiente muy polarizado. Es importante que todo se diga y se publique en términos de respeto y con un afán responsable. No es productivo librar situaciones en donde existe esta atmósfera de poderes enfrentados. Así lo creo como periodista.
¿Cambia la esencia del trabajo periodístico en un contexto en el que cualquiera puede informar por las redes sociales?
Cualquier ciudadano puede ser un periodista con un iPhone y una cuenta de Internet y de Twiter. Si nos quedamos con eso tendemos a convertirnos en polemicistas y fotógrafos, más que en periodistas de verdad. Es decir, el periodismo requiere un trabajo de investigación, de elaboración de la idea, de rigor, de edición. En el mejor de los casos, las formas de periodismo que hemos desarrollado hasta el momento tienen un propósito, que es justamente intentar intervenir entre el gran público y las autoridades para ser intérpretes de una realidad menos politizada y más apegada a una verdad imparcial. Tampoco quiero decir que no se pueda ejercer con un iPhone. Yo envío tuits, pero no me hace periodista el hecho de que pueda escribir en 140 caracteres. Puedo ser un periodista que además hace esto, lo otro y lo de más allá, pero tener esa herramienta tecnológica no te hace periodista. Es como decir que quien tiene una cuenta bancaria es banquero.
¿Cómo se cubren ahora las guerras?
Con gran dificultad. Al menos en Medio Oriente, donde a los musulmanes les fascina matar occidentales, es muy difícil. Se puede, pero cada vez es más arriesgado. Antes los periodistas se podían mover entre bandos incluso en medio de un conflicto. Eso es casi imposible hoy. Entonces estamos peor servidos por el periodismo. Ahora los actores en los conflictos también tienen sus iPhone y sus cuentas de Internet. Ellos quieren ser sus propios propagandistas. No nos necesitan, porque entienden que nosotros, los periodistas, somos un estorbo y podemos reportar lo que ellos no quieren que informemos
En la charla en el Encuentro de la Palabra afirmó que frente a los hechos de violencia que se transmiten en videos en tiempo real hay una pasividad de parte de Occidente. ¿Qué se puede hacer para romper esa pasividad?
Creo que el periodismo tiene un papel importante en cuanto a despertar conciencia. Por eso yo hablo como hablo. Hay que provocar inquietud entre una población que es totalmente apática y pasiva, como si fuese espectadora. Creo que tenemos que ver que una nueva generación busca incidir en el periodismo, en la política, en todos los quehaceres sociales, para cambiar el mundo. Si todos nos quedamos mirando estas cosas (por ejemplo, los videos en los que se ve cómo EI decapita gente), no va a pasar nada.
Después del recorrido que usted ha hecho, ¿es pesimista, optimista o escéptico?
Mmmm, todo eso. Es decir, somos capaces de todo. Han visto ustedes aquí en los años 70 de lo que son capaces los seres humanos. Lo peor es cuando comienza a correr la sangre. Ahí el diablo sale de la caja y camina a sus anchas. Y todos tenemos algo de diablo adentro, por decirlo de alguna forma.
Fuente: Señales, 4.4.15 por Silvina Premat, periodista argentina

Umberto Eco, los periódicos y el periodismo

El pasado mes de febrero se publicó en Italia la nueva novela de Umberto Eco, Numero Zero, que en castellano se llamará Número Cero y que saldrá a la venta para todo el mundo hispanohablante el próximo 9 de abril, editado por Lumen y con traducción de Helena Lozano. Mientras me muero de ganas de devorarla, leo las entrevistas y recensiones que aparecieron en la prensa italiana y española. En ellas Eco habla del periodismo y de los periódicos, dado que la novela es la historia de un chantajista que usa la amenaza de aparición de un nuevo diario llamado Domani para sacarle dinero a todo el mundo. Domani nunca llega a la calle pero basta con la amenaza para que funcione la máquina del fango. Pero no quiero hablar de la novela sino de Umberto Eco y del periodismo.
En la entrevista que le hizo Juan Cruz y publicó El País de Madrid, Eco dice que “la crisis del periodismo en el mundo empezó en los cincuenta y sesenta, justo cuando llegó la televisión. (…) Desde la invención de la televisión, el periódico te dice por la mañana lo que tú ya sabías. Y ahora pasa igual (…) porque es cierto que, como decía Hegel, la lectura de los periódicos es la oración de la mañana del hombre moderno. Y yo no consigo tomarme mi café de la mañana si no hojeo el diario; pero es un ritual casi afectivo y religioso, porque lo hojeo mirando los titulares, y por ellos me doy cuenta de que casi todo lo había sabido la noche anterior. Como mucho, me leo un editorial o un artículo de opinión. Esta es la crisis del periodismo contemporáneo. ¡Y de aquí no se sale!
“El periodismo podría tener otra función. Estoy pensando en uno que haga una crítica cotidiana de internet, y es algo que ocurre poquísimo. Un periodismo que me diga: ‘Mira qué hay en internet, mira qué cosas falsas se están diciendo, reacciona ante ello, yo te lo muestro’. Y eso se puede hacer tranquilamente. Sin embargo, se piensa aún que el diario está hecho para que lo lean unos señores viejos –ya que los jóvenes no leen– que además no usan internet. Habría que hacer, pues, un periódico que se convierta no solo en la crítica de la realidad cotidiana, sino también en la crítica de la realidad virtual. Este es un posible futuro para un buen periodismo.
“…para no morir el periódico tiene que saber cambiar y adaptarse. No puede limitarse solamente a hablar del mundo, puesto que de ello ya habla la televisión. Ya lo he dicho: tiene que opinar mucho más del mundo virtual. Un periódico que sepa analizar y criticar lo que aparece en internet hoy tendría una función, y a lo mejor incluso un chico o una chica jóvenes lo leerían para entender si lo que encuentra online es verdadero o falso. En cambio, creo que el diario funciona todavía como si la Red no existiera. Si miras el periódico de hoy, como mucho encontrarás una o dos noticias que hablan de la Red. ¡Es como si los rotativos no se ocuparan nunca de su mayor adversario!”.
Las nuevas tecnologías están ampliando la realidad; siempre lo han hecho, desde el alfabeto a las naves espaciales y desde las carabelas de Colón a la imprenta. Internet, los smartphones, los drones o el GPS nos presentan un mundo al que hasta ahora no llegábamos y los diarios cometen un error si no informan sobre ese mundo.
Dice también Eco que “internet puede haber tomado el puesto del periodismo malo… Si sabes que estás leyendo un periódico como El País, La Repubblica, Il Corriere della Sera, El Universo puedes pensar que existe un cierto control de la noticia y te fías. En cambio, si lees un periódico como aquellos ingleses de la tarde, sensacionalistas, no te fías. Con internet ocurre al contrario: te fías de todo porque no sabes diferenciar la fuente acreditada de la disparatada. Piense tan solo en el éxito que tiene en internet cualquier página web que hable de complots o que se inventen historias absurdas: tienen un increíble seguimiento, de navegadores y de personas importantes que se las toman en serio”.
Gran descubrimiento de algo que sabemos en los diarios hace muchos años. Somos certificadores de información. Nuestra cabecera es una marca, un sello que se pone a lo que se dice de la realidad. Y además de buscar y contar la verdad hacemos cosas con las palabras: no las decimos por decir. Por eso nuestro capital no es lo que decimos sino la credibilidad con la que lo decimos. No sabemos si en 100 años habrá diarios, pero sí sabemos que alguien certificará la información. Eso será el periodismo, igual que ahora.
Y además de buscar y contar la verdad hacemos cosas con las palabras: no las decimos por decir. Por eso nuestro capital no es lo que decimos sino la credibilidad con la que lo decimos.
Fuente: El Universo, 3.4.15 por Gonzalo Peltzer