Enseñar a comunicar

No. Nadie puede enseñar a comunicar, ni siquiera una ministra de Comunicación.
Y nadie puede enseñar a comunicar porque la comunicación es inherente a los seres vivos. Ergo, todos los seres vivos nacen con el instinto de comunicación.
El instinto de comunicación está ligado al de supervivencia. Para poder alimentarse un recién nacido, que es incapaz de hacerlo por sí mismo, tiene que comunicar que tiene hambre, así que recurre a un código instintivo para hacerlo. Los seres vivos lloran hasta que su madre les entrega el pecho y, a medida que van creciendo, aprenden otros códigos, como los gestos hasta, finalmente, llegar al lenguaje oral con el cual pueden comunicar no sólo su hambre, sino una infinidad de sentimientos.
Tanto seres humanos como animales se comunican a lo largo de su vida. La cobra real que hincha su capucha está comunicando que está enojada y podría morderte. El perro que gruñe cuando alguien se acerca mientras está comiendo nos está comunicando que no debemos intentar quitarle su alimento. Debido a que podemos comunicar, todos somos comunicadores, incluso los animales.
Una de las diferencias entre animales y personas es que éstas pueden desarrollar una comunicación compleja, de interrelación múltiple, que, por ello, se denomina social. Con ese razonamiento, la Iglesia Católica acuñó el término Comunicación Social en el Decreto Inter Mirifica, promulgado el 4 de diciembre de 1963 en el marco del Concilio Vaticano II.
El decreto hace énfasis en los medios tecnológicos como la prensa, radio y televisión a los que denomina “nuevos caminos para comunicar facilísimamente las noticias, ideas y órdenes”. Desde entonces, esos “nuevos caminos” son conocidos como “medios de comunicación social”.
Como tarea expresa del Concilio Vaticano II, la Iglesia Católica abrió universidades en algunos países incluyendo carreras de comunicación social. Como los medios tecnológicos ya estaban involucrados en el proceso, esas carreras incluyeron al periodismo, pero como parte, no como fin.
Por esa confusión, hoy en día es común llamar “comunicador social” a una persona a la que no se quiere llamar periodista por el hecho de no tener un título en Ciencias de la Comunicación.
Se habla, entonces de comunicadores sociales o de comunicadores, a secas, y se confunde a la comunicación, que es lo general, con el periodismo, que es lo específico.
Ya que todos nacemos sabiendo comunicar, todos somos comunicadores por naturaleza, pero no todos somos periodistas ya que, para ello, tenemos que dedicarnos al periodismo que, según Armando Alonso Piñeiro, es “una actividad de comunicación cuyo objeto es transmitir de manera organizada, en cuanto a la forma y la frecuencia, mensajes que sirven para dar a conocer y/o comentar un hecho a un número indeterminado de receptores”.
Entonces, nadie puede enseñarnos a comunicar porque ése es un conocimiento con el que nacemos. Lo que sí se puede enseñar es periodismo y, por lo que vimos recientemente, una de las enseñanzas más importantes es que una entrevista es una herramienta periodística para recoger información, no una palestra de exhibicionismo ni una ocasión para atacar al entrevistado.
Fuente: Página siete, 28.5.15 por Juan José Toro, boliviano, Premio Nacional en Historia del Periodismo.

Piden proteger a periodistas ante peligros que afrontan

Los periodistas están expuestos a peligros o “accidentes” durante su trabajo, que luego no son investigados ni castigados por los gobiernos en la mayoría de los países.
El Consejo de Seguridad de la ONU reconoció ayer por primera vez el papel clave de los periodistas en la defensa de civiles afectados por conflictos y urgió a reforzar su protección ante la “creciente amenaza” a la que se enfrentan.
En una resolución adoptada por unanimidad, el Consejo condenó todos los ataques a la prensa, exigió la liberación de los periodistas secuestrados y denunció la “impunidad” con que se cometen abusos contra los profesionales de la información.
El máximo órgano de decisión de las Naciones Unidas recordó a los Estados que son responsables de llevar a los culpables de esos ataques ante la Justicia y a las partes en conflicto que están obligadas a proteger a todos los civiles, incluidos los periodistas y otros trabajadores de los medios, informó Efe.
“La labor de unos medios de comunicación libres, independientes e imparciales constituye una de las bases esenciales de una sociedad democrática y, por lo tanto, puede contribuir a la protección de los civiles”, indica el texto.
Se trata de la primera vez en que el Consejo de Seguridad reconoce explícitamente el papel de los medios a la hora de defender a las víctimas de los conflictos.
En ese sentido, países como España plantearon ayer la posibilidad que los abusos más graves contra los periodistas se puedan comenzar a perseguir como crímenes de guerra, una idea defendida por las asociaciones profesionales.
El secretario de Estado de Asuntos Exteriores español, Ignacio Ybáñez, destacó en favor de esa idea el papel clave de los periodistas en los conflictos armados, la especial amenaza a la que se enfrentan y el uso de los secuestros y ejecuciones como arma propagandística por parte de grupos terroristas.
La resolución 2222 es la segunda que el Consejo dedica a la protección de los periodistas, después de la que aprobó en 2006, y busca reforzar la seguridad de los medios de comunicación en un momento cada vez más peligroso para ellos.
En los últimos años se ha visto “un preocupante aumento en el número de periodistas asesinados en conflictos”, tal y como indicó ayer el subsecretario general de la ONU, Jan Eliasson, que destacó que de las 593 muertes documentadas entre 2006 y 2013 casi la mitad se dieron en zonas de guerra.
Según datos de Reporteros Sin Fronteras (RSF), el pasado año fueron asesinados 66 periodistas y, desde enero, otros 25, en países como Sudán del Sur, Irak, Yemen, Ucrania y Siria.
“Más allá de las tragedias humanas (…) estos son riesgos suplementarios para todos aquellos que sufren los horrores, a veces a puerta cerrada, sin testigos”, indicó el secretario general de la organización, Christophe Deloire.
Datos
– Para RSF, la resolución del Consejo de Seguridad supone “un día histórico para la protección de los periodistas”, pero debe acompañarse de “acciones concretas”.
– En Siria, un total de 45 periodistas y 130 blogueros han sido asesinados desde el inicio de la guerra, mientras que en Irak otros 15 profesionales han muerto desde 2013.
– Los casos de periodistas occidentales decapitados por el Estado Islámico (EI) o los ataques contra Charlie Hebdo han hecho reaccionar a la comunidad internacional.
Fuente: El Diario, 28.5.15

La teoría y el periodismo de lo falso

Volvió a pasar. Esta vez la tapa del diario decía: “El ministro Kicillof gana 400.000 pesos como director de YPF”. Era otra noticia falsa. Hubo desmentida tanto del funcionario como de la empresa. Los datos, lejos de requerir una investigación que lograra “descubrirlos”, estaban a la vista de quien los quisiera ver en la web y en las actas de la compañía. Entonces pensé: no quiero aportar a este periodismo en el que parece normal que las noticias no se vinculen ya con los hechos. Quizá desde la ciencia se pueda arrimar alguna punta y empujar un poco para salir de este miserable lugar donde se habla de lo falso haciendo “como si” no importara su conexión con lo verdadero.
En los últimos 200 años en las ciencias sociales se ha avanzado con gran éxito a partir de la conceptualización, generando disciplinas, nuevos científicos y profesionales que se ocupan de ideas que hablan de ideas. Desde mi perspectiva, parece inevitable que más tarde o más temprano tal exploración, aunque valiosa, cuando se queda sólo en ese registro, acabe enredándose en las oscuras tramas de la mentira y la refutación, así en la profesión como en la ciencia. De esto justamente se ocupan hoy los periodistas y también los semiólogos: en palabras del mismísimo Umberto Eco en su Tratado de semiótica general, “la semiótica es, en principio, la disciplina que estudia todo lo que puede usarse para mentir”.
Esa es la teoría dominante. Y desde allí, la comunicación social que organiza cada día las tapas de los diarios y los titulares de los noticieros de televisión nos conmina a vivir instalados permanentemente en la sospecha. Nos exige de una u otra manera que seamos parte del complot. Sostengo que es energéticamente inconducente que este sea el principal aporte del periodismo del futuro, aunque claramente lo sea hoy. Considero que una cosa es la imprescindible tarea de repensar el periodismo –de la misma manera que resulta urgente reconsiderar el aporte de la comunicación social en tantos otros temas apremiantes como el de la seguridad alimentaria, el de la gobernabilidad o el de la violencia urbana–, pero de allí a dejar pasivamente que siga sucediendo y, aún más, de allí a contribuir activamente al crecimiento de este “periodismo de lo falso” hay mucho trecho. Me niego a hacerlo.
Trabajo en comunicación y nuevos paradigmas porque creo que la ciencia puede ser de gran ayuda en la tarea de refundar el periodismo desde una teoría de la comunicación social diferente. Existen otras alternativas a la que hoy es dominante. Por poner solo un ejemplo, desde las ciencias exactas, la física moderna nos muestra que el universo es una unidad. Aunque aparentemente vivamos en un mundo de separación y diferencia, la física nos dice que cada objeto y evento en el universo está completamente entretejido con cualquier otro evento y objeto. No hay verdadera separación. ¿Por qué entonces basar el periodismo principalmente en las palabras? Este, el de los discursos sobre discursos, no es el único camino a la verdad. Esta cuestión se hace evidente, por ejemplo, cuando en la televisión uno ve interactuando en tiempo real a los propios actores de la noticia: en esas situaciones el simulacro salta, se les nota en el cuerpo la mentira y es que la vivencia conecta con algo que escapa a la pura representación. Entonces es necesario que no sigamos avalando el periodismo de lo falso. No es nuestra única posibilidad.
Ciertamente hay otros contenedores fractales que son propios de otras configuraciones comunicacionales también típicas de este siglo XXI. Se les puede ver brotando sonrisas y tristezas en las caras de los jóvenes conectados a sus dispositivos digitales mientras navegan en la red. Por eso me niego a seguir leyendo las primeras planas de los diarios de esta manera miserable que nos envuelve a todos nosotros, pobres lectores, en algún tipo de complot. Quiero aportar a un periodismo distinto, uno que no se organice en base a la teoría de la conspiración. Sostengo que el desafío de nuestro tiempo es el de desplegar una teoría de la comunicación otra, que dé pertinencia a otro periodismo, uno en el que cada quien tenga oportunidad de especificar igualdad y diferencia en su propia comunicación.
Fuente: Página12, 27.5.15 por Sandra Massoni, doctora UBA. Directora de la Maestría en Comunicación Estratégica de la UNR.

El corresponsal no duerme jamás

El corresponsal, o el llamado “enviado especial”, que es lo mismo durante menos tiempo, duerme siempre mucho en las fronteras imaginarias de algunos (algunos) colegas. Por ejemplo, si está siendo testigo de un bombardeo, en Kosovo, pongamos por caso, ese redactor que está siempre tomando café en Madrid le responderá al teléfono: “Zutanito está ahora en la reunión, pero llámalo dentro de media hora”. Entre refugiados aterrorizados, quien llama con urgencia está siguiendo a unos bombarderos en acción. Por encima de su cabeza. Entonces, sube el auricular hacia los cielos airados: “¿Sabes dónde estoy?”, pregunta al bebedor de café. Y el otro oye como un bum-bum de misiles un poco más allá.
Si está en Bruselas, donde el Parlamento Europeo discute, pongamos por caso, un escándalo de subvenciones agrícolas relativo a España, el corresponsal hace entrevistas diversas. En una de ellas, supongamos, una europarlamentaria critica a sus oponentes. También la información dada por el telediario del día anterior. El corresponsal incluye esa frase en su pieza, pero el editor adjunto del mismo telediario criticado tiene a bien suprimirla “porque tu pieza era 15 segundos más larga de lo que te pedimos”. Después, los demás medios hablan de censura, pero tus jefes, los editores del telediario, son rápidos jugadores de ajedrez: “No se puede cuestionar la profesionalidad de nuestro corresponsal”, replican a los demás.
Si el corresponsal en París propone, pongamos por caso, un tema sobre la falta de medidas contra la violencia de género en Francia, le dirán: “¿Seguro que te has enterado bien?” Su proposición será rechazada; porque el redactor-jefe cree que –siempre, siempre- Francia es más avanzada socialmente. Y esa certidumbre suya no puede fallar. Tres meses después, el mismo redactor-jefe le pedirá: “Haznos un tema sobre la violencia de género en Francia, para contrastar con lo que pasa aquí; ah, y me cuentas la estadística oficial”. Cuando el corresponsal le dice que en Francia el asunto está en la prehistoria, que no hay ley específica, ni estadísticas oficiales ni nada, la respuesta le llegará como la bomba de un B-52 en la guerra de Corea: “¿Seguro que te has enterado bien?”.
El corresponsal sabe que va haber una reunión decisiva de la OTAN en Niza. Lo anota entre sus previsiones del mes que envía a sus jefes, para recordárselo. Pero ellos quieren que vaya el experto militar de la redacción. El día de la cumbre de Niza, el experto tiene otra tarea encomendada. Por su lado, cuatro horas antes de la reunión atlántica, el corresponsal está haciendo un reportaje para el que lleva tiempo pidiendo varios permisos. En ese momento, cuando está haciendo una entrevista imprescindible para el reportaje, recibe una llamada urgente: “¡Tienes que estar en Niza en dos horas! ¡Y no nos importa cómo llegas allí a tiempo!”
Dos meses más tarde, el corresponsal no puede tomar el avión hacia Burdeos. Y no hay plazas en el tren. En Burdeos ha fallecido un actor español muy característico. El corresponsal y su camarógrafo alquilan un automóvil y vuelan por la autopista (600 kilómetros). Llegan a tiempo de tomar unas imágenes únicas de la familia junto al féretro, antes de la repatriación del cadáver. Su entrevista con los familiares del actor es exclusiva. No hay ningún otro medio allí. Lo envían una hora antes del telediario. El editor adjunto no lo considera porque ha optado por un directo (improvisado) en el aeropuerto de Barajas. “Vuestra entrevista y vuestras imágenes quedaban viejas”, aclara después ese editor adjunto. Y añade convencido: “Siempre es mejor el directo. Estarás de acuerdo, ¿no?”. De regreso, el corresponsal y su camarógrafo vuelan de nuevo por la autopista (otros 600 kilómetros). A primeras horas de la madrugada, las nieblas ralentizan su viaje de vuelta. Duermen tres horas. Temprano, el editor (distinto) del informativo de mediodía le llama al teléfono móvil para preparar el día después: “Oye, ¿se puede saber por qué no entraste en el segundo telediario con el tema de Burdeos?”.
El enviado especial lleva años ocupándose de Argelia. Y ese día está en Argel. Le piden que intervenga en el informativo de radio que precede a la medianoche. Le viene fatal, porque al día siguiente, la seguridad lo ha citado a las cinco y media de la mañana. Acompaña a una columna que irá a una aldea donde ha habido una matanza. Pero, disciplinadamente, el enviado especial se pone los cascos y se prepara para ese informativo nocturno en el que los tertulianos habituales –mientras toman café- le explican al enviado especial cómo son las cosas en Argel. Y tras el primer escarceo de debate, se le ocurre contradecirlos. El conductor del programa, que es amigo de los tertulianos, se siente incómodo y le despide amablemente “Muchas gracias a nuestro compañero Fulanito, que está, como ustedes saben, en Argel. Seguimos…” Esa noche el corresponsal (o enviado especial) no duerme apenas; porque no le queda tiempo para el sueño y porque prefiere repasar el recorrido, la relación de fuerzas en el entorno de la aldea de marras, los últimos acontecimientos. Contacta con otros enviados especiales que harán el viaje con la misma columna de la gendarmería argelina. La zona es muy peligrosa. Los testimonios de las víctimas son impresionantes, pero a la hora del informativo en Madrid le dicen: “No te creas tan importante. Tienes un minuto. Ni un segundo más. ¿Es que no sabes que hoy se presentan los presupuestos en las Cortes?”
Y al final de ese período, regresa a la redacción, más o menos satisfecho. El bebedor de café está allí puntual como un reloj de cuco. Espera la llamada de teléfono de otro corresponsal. Su saludo es inevitable: “¿Qué tal? ¡Viajando como siempre, eh, enchufado!”
Fuente: Periodistas en español, 27.5.15 por Paco Audije, periodista español

La hora de la censura

La aplicación de la Ley de Comunicación deja al poder desnudo y lo proyecta a los límites del absurdo. A eso conducen normas como las que contiene la LOC que permiten a las autoridades, previa orden de la Supercom, imponer contenidos a los medios de comunicación. En la ley, algunas de sus normas, llaman a prevenir la censura previa con la imposición de informaciones oficiales o, incluso, ya bordeando las fronteras del ridículo, a proteger los derechos de rectificación y réplica de los ciudadanos a través de publicaciones obligadas con que las autoridades reproducen sus boletines en los medios para que sean leídas como si fueran noticias. El absurdo solo demuestra una cosa: Al poder se le agotaron las verdades y ahora solo le queda imponer sus mentiras. Evidente signo de decadencia.
El caso de la reciente sanción a diario La Hora marca en esa línea un precedente nefasto. A cuenta de supuestamente evitar la censura, la autoridad fijó una multa al medio por no publicar una noticia “de interés público” sobre la rendición de cuentas de un Alcalde. Es decir que, de ahora en adelante, los medios están obligados a cubrir y publicar todo lo que a las autoridades se les ocurra (ruedas de prensa, inauguraciones, rendiciones, etc.); de lo contrario, incurrirían en censura previa y serían sancionados.
La consecuencia de tal precedente busca que los medios dejen de fijar libremente su agenda noticiosa, que ya no decidan por su cuenta qué publicar o no, y que aquella tarea la determinen las autoridades, que de seguro tendrán muchos boletines que publicar de todas las maravillosas obras que hacen. Por tanto, se pretende que los medios dejen de ser tales y sumisamente se conviertan en parlantes de la voz oficial. Se borra, así, la diferencia entre un medio de comunicación y la oficina de prensa de un Ministerio. Esto que parece absurdo, ridículo, una broma, se está implantando en el Ecuador.
Hace bien diario La Hora en resistir esta sanción. En ella se juega el sentido mismo de la profesión y del oficio periodístico. Si el contenido de lo que los medios publican ya no lo deciden los periodistas y los editores en las mesas de redacción, sino que pasa a determinarse en las oficinas de relaciones públicas de las instituciones del Estado, asistimos de forma implacable a la muerte del periodismo. Los funcionarios siempre estarán tentados a confundir “información de interés público” con sus necesidades publicitarias y campañas de promoción.
El problema es que cuando los periodistas dejan de decidir con libertad qué cubrir o no, qué informar o no, y se impone que los medios publiquen lo que las autoridades desean, se fuerza la mutación de los medios y los periodistas en agentes de propaganda oficial. Aquello, para entera satisfacción de gobernantes vanidosos que confunden a los medios con espejos a los que quisieran preguntar todos los días si son los más bellos, los más perfectos, los únicos redentores de sus suelos. Pero fuera de broma, el periodismo en el Ecuador está amenazado de muerte. No es solo La Hora; es la profesión misma la que tiene el gatillo en su sien.
Fuente: El Comercio, 25.5.15 por César Montufar, político ecuatoriano

François Bugingo: el fraude de un reportero mediático

Una buena parte de los reportajes sobre conflictos internacionales publicados en medios de comunicación por el periodista canadiense François Bugingo eran productos literarios sobre noticias “que había leído en alguna parte”.
Según informa Isabelle Hachey en La Presse, François Bugingo, de 41 años y originario del Congo, ha inventado la mayor parte de sus reportajes internacionales en los últimos veinte años, afirmación hecha después de comprobar que no estuvo presente en sucesos que contaba en primera persona en Afganistan, Argelia, Bosnia, Colombia, Irak, Liberia, Libia, Mauritania, Ruanda, Sierra Leone, Somalia o Sri Lanka.
Entre los medios afectados por este fraude de François Bugingo están Radio-Canada de TVA, Télé-Québec, radio 98.5 en Quebec, Devoir y Journal de Montréal, que aseguran haber suspendido sus colaboraciones.
Bugingo tuvo que rendirse a la evidencia de los datos obtenidos por La Presse en una entrevista publicada el 15 de mayo de 2015 reconocía no haber estado nunca en Misrata, después de haber evocado para la entrevistadora las “dolorosas escenas” contempladas por las torturas aplicadas por las milicias de la villa: “Non, je ne suis pas allé à Misrata”… “Non, non, non. J’ai dû le lire quelque part”.
Este fraude en el trabajo profesional de François Bugingo afecta a dos organizaciones que le tenían como miembro asociado o en puestos de relevancia, como la Federación de Periodistas de Quebec y Reporteros Sin Fronteras (RSF), organización de la que fue presidente de la sección Canadiense y vicepresidente internacional.
Para RSF, François Bugingo afirma haber participado en misiones sensibles para negociar la liberación de periodistas secuestrados en diversos países del mundo, actividades que han negado dirigentes de varías épocas de la ONG: “jamás ha tenido el mandato de negociar la liberación de secuestrados”, confirmó Hervé Deguine, antiguo secretario general adjunto de RSF.
El fundador de RSF, Robert Ménard, se muestra más indulgente sobre Bugingo: “cuando le pedí colaborar con RSF, siempre hizo bien las cosas”, aunque admite que presentaba “una visión novelesca de las cosas”.
François Bugingo es asimismo miembro de la Fédération professionnelle des journalistes du Québec, que exige a sus miembros “asegurar la veracidad de los hechos que informan”, organización que ha señalado en un comunicado que las acusaciones “manchan la credibilidad de la profesión de periodista” y “dada la gravedad y el carácter sistemático de los errores recriminados”, la directiva de la FPJQ le ha invitado a “explicarse”.
En caso de considerar vulnerados los principios deontológicos de la organización, la FPJQ puede imponer una sanción de suspensión temporal o definitiva, decisión que hará pública en los próximos días.
Fuente: Periodistas en español, 24.5.15

UNESCO publica un informe sobre amenazas digitales a periodistas

El informe Construyendo la Seguridad Digital para el Periodismo de la UNESCO no podría haber llegado en un mejor momento. Redes de espías, criminales y terroristas prosperan en el ciberespacio, incrementando como nunca el riesgo de que los periodistas se conviertan en su blanco.
Los reporteros se enfrentan a la amenaza del espionaje online desde varios flancos: ataques con malware a sitios web y sistemas de computadoras, y hackeos de información confidencial. Además, muchos son víctimas del ciberacoso y de la intimidación online.
 
“El nivel de amenazas a la prensa crece de año en año… mientras las autoridades gubernamentales –entre otros actores– están mirando más de cerca el impacto de los medios online”, advierte en el informe Tom Rhodes, representante de África Oriental en el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ, por su sigla en inglés). Esta organización ha documentado detenciones, torturas y asesinatos de periodistas digitales.
El detallado estudio de la UNESCO examina casos de todo el mundo y aconseja a los usuarios de Internet incorporar la “higiene digital como un hábito y una práctica”.
“Los periodistas, como otros profesionales, son fatalistas y paranoicos respecto a las amenazas digitales. Esperamos que este estudio aporte conocimientos que puedan ayudarlos a comprender mejor el problema y entrar en acción”, dijo Guy Berger, director de la división de la UNESCO para la Libertad de Expresión y el Desarrollo de los Medios.
La coautora del informe, Jennifer Henrichsen, trabaja como asesora e investigadora de seguridad digital y vigilancia gubernamental para el Comité de Periodistas para la Libertad de Prensa. Según dice, algunos periodistas y sus medios “definitivamente podrían estar haciendo más” para mejorar la seguridad de sus iPhones, computadoras y otros dispositivos.
La sección del informe titulada “Global Overview” (“Panorama Mundial”) es un buen lugar para comenzar. Contiene definiciones y análisis de las amenazas digitales más comunes, como la vigilancia y la vigilancia masiva, el hackeo de software y hardware, los ataques de phishing y de denegación de servicio (DOS), las cuentas de usuarios comprometidas, la desinformación y las campañas de difamación, y la confiscación de información periodística y del almacenamiento de datos.
El estudio cita varias medidas preventivas como guías y cursos sobre seguridad digital, líneas de ayuda directas y otras formas de asistencia en seguridad, informes e investigaciones, y organizaciones que promueven activamente la seguridad digital.
Entre algunos ejemplos se encuentran:

  • La Freedom Online Coalition de Holanda lleva adelante el proyecto defensores digitales para proteger la libertad de expresión, proveyendo de ayuda de emergencia a blogueros, periodistas y otras personas que han sido atacadas mientras promovían los derechos humanos y la democracia.
  • El Institute for War and Peace Reporting lanzó la Academia Árabe Online, una plataforma de cursos gratuitos sobre seguridad digital.
  • El ex becario ICFJ Knight Jorge Luis Sierra elaboró un manual para periodistas y blogueros hispanohablantes que brinda asesoramiento para crear planes de reducción de riesgos y protocolos de seguridad digital y móvil. ICFJ y Freedom House publicaron el manual.

La publicación también hace referencia al “acoso sexual online, incluyendo comentarios sexistas y amenazas violentas” que pueden darse de muchas maneras diferentes.
Laurie Penny, columnista del periódico The Independent de Londres, describió el tormento al que se enfrenta día a día: “La mayoría de las mañanas, cuando chequeo mi correo y mis cuentas de Twitter y Facebook, tengo que atravesar amenazas de violencia y especulaciones públicas sobre mi preferencia sexual… Terminas esperando que te critiquen, te insulten y te amenacen de muerte”, dice en el informe.
El capítulo “Perspectiva de género en asuntos de seguridad” contiene relatos de ciberacoso, de amenazas de violación y de otras formas de violencia contra periodistas mujeres y sus familias, enviadas anónimamente de forma online.
El informe concluye con desafíos y recomendaciones para medios, capacitadores de periodistas y reporteros. La UNESCO encargó la investigación como parte de su trabajo con el Plan de acción de las Naciones Unidas para la seguridad de los periodistas y la cuestión de la impunidad.
Fuente: IJNET, 22.5.15 por Sherry Richiardi, periodista norteamericana

Marcando la línea: Caricaturistas bajo amenaza

El 7 de enero, dos sujetos armados irrumpieron en la sede de la revista satírica francesa Charlie Hebdo, asesinando a ocho periodistas y poniendo así de relieve los riesgos que enfrentan los caricaturistas. Debido a que la labor de los caricaturistas tiene la capacidad de trascender fronteras e idiomas, así como de simplificar situaciones políticas complejas, las amenazas que enfrentan los caricaturistas de todo el mundo –el encarcelamiento, el exilio, los procesos legales o el asesinato– superan con mucho el extremismo islámico. Un informe especial del Comité para la Protección de los Periodistas elaborado por Shawn W. Crispin
Cuando el gobierno de Malasia inició un proceso penal por el delito de sodomía contra el principal líder de la oposición, el caricaturista Zulkiflee Anwar Ulhaque, conocido como Zunar, recurrió a sus plumas de dibujar para satirizar lo que consideró como una maniobra política poco disimulada.
Las caricaturas de Zunar, publicadas por primera vez en Malaysiakini, un sitio web de noticias independiente, y otras publicadas exclusivamente en un libro en 2014, describían el sonado juicio como un complot gubernamental dirigido por el primer ministro Najib Razak y su partido Organización Nacional de Malayos Unidos para encarcelar a su principal contrincante político, Anwar Ibrahim.
En una crítica viñeta, Zunar dibujó a Najib como el juez a cargo del caso, mientras un libro de Derecho aparecía arrojado de forma visible en un cesto de basura; en otra, aparecía el premier manipulando los hilos de jueces dibujados como marionetas; una tercera representaba a Najib a caballo de un enorme juez que apuntaba un martillo hacia Anwar, quien no salía de su asombro.
Las caricaturas planteaban cuestionamientos no muy sutiles acerca de la independencia del Poder Judicial, un tema tabú para los medios tradicionales de Malasia. “Los periódicos y los canales de TV locales están todos controlados por el gobierno. Ellos no pueden abordar cuestiones delicadas”, expresó Zunar, quien cuenta con más de 100,000 seguidores en las redes sociales. “El gobierno teme que mis caricaturas pongan a la gente en contra de ellos”.
Las autoridades no han tomado a la ligera la sátira de Zunar. De acuerdo con el caricaturista, en enero la policía allanó su oficina y confiscó más de 100 ejemplares de sus libros, entre ellos una nueva obra titulada The Conspiracy to Imprison Anwar (“La conspiración para encarcelar a Anwar”). En febrero, Zunar fue detenido por cuatro días por enviar mensajes de Twitter críticos, entre ellos otra caricatura de Najib dibujado como juez, minutos luego de darse a conocer el veredicto de culpabilidad en el juicio de Anwar.
El autor satírico enfrenta la posibilidad de ser sentenciado a una pena de 43 años de cárcel por nueve cargos de sedición, un delito contra el Estado que es sancionado con una pena de cárcel obligatoria de conformidad con la ley de Malasia. Las audiencias del caso están fijadas para comenzar el 20 de mayo. Zunar también es investigado por dos distintas acusaciones de sedición, inclusive por los libros confiscados en enero y por otra obra, Cartoon-O-Phobia (“Caricaturofobia”), publicada en 2010, Zunar expresó en entrevista con el CPJ. “En un régimen corrupto, la verdad es sediciosa”, señaló Zunar, a quien le han prohibido la publicación de cinco títulos desde 2010. “Seguiré dibujando hasta la última gota de mi tinta”.
Las casas editoriales que publican los libros del caricaturista también han sido objeto de amenazas judiciales. Zunar relató que las autoridades allanaron las instalaciones de tres de las casas editoriales que había utilizado previamente, y habían amenazado con suspender las licencias editoriales y con encarcelar a los propietarios en virtud de la Ley de Publicaciones e Imprentas y la Ley de Sedición. En la actualidad Zunar tacha el nombre de su casa editorial para proteger a la empresa del hostigamiento, inclusive si tal anonimato es ilegal según lo previsto en la Ley de Publicaciones e Imprentas.
La policía escolta a Aseem Trivedi al tribunal en Mumbai en 2012. El caricaturista, quien se enfrentaba a la posibilidad de ser condenado a cadena perpetua por sus dibujos sobre la corrupción política en India, sostiene que las redes sociales han ampliado el alcance de las caricaturas. (AP/Rafiq Maqbool)
“Lamentablemente el mundo se está dando cuenta del poder y la influencia de los caricaturistas, [y ha respondido] por medio del ejercicio de la violencia y el asesinato. ”
– Robert Russell
El juicio de Zunar es representativo de los riesgos a los que se enfrentan los caricaturistas de todo el mundo –una cuestión que quedó puesta de relieve luego del ataque contra la revista satírica francesa Charlie Hebdo en enero. Ya sea que las viñetas aborden la política, la economía, la religión o la identidad nacional, los caricaturistas enfrentan las mismas amenazas graves que los periodistas impresos y audiovisuales que informan sobre cuestiones sensibles. Datos globales recabados mediante las investigaciones del CPJ demuestran que los caricaturistas han sido objeto de censura, demandas punitivas, agresiones físicas, encarcelamiento, desaparición y asesinato por su periodismo como expresión artística. Algunos hasta se han visto obligados a marchar al exilio para escapar de la persecución.
Esas amenazas aumentan durante períodos de inestabilidad política, económica o civil, de acuerdo con caricaturistas, editores, analistas y defensores de los caricaturistas que fueron entrevistados por el CPJ. Si bien los caricaturistas utilizan el humor, la hipérbole y la insinuación para transmitir su mensaje, a menudo son objeto de hostigamiento exactamente porque sus descripciones satíricas, ya sean abiertas o solapadas, son capaces de comunicar ideas políticas complejas de una manera que es accesible para audiencias masivas y que encuentra eco en ellas.
“Casi que hay una fórmula que podemos reconocer bien por adelantado que nos dice cuándo la situación se está tornando riesgosa para los caricaturistas”, expresó Robert Russell, director ejecutivo de Cartoonists Rights Network International, una organización de defensa y monitoreo radicada en Estados Unidos. “Cualquier estado fallido o líder [en una posición frágil] que se aproxima ya sea a unas elecciones o a algún tipo de transición política, siempre reprime a los caricaturistas en períodos de inseguridad y conflicto”.
Aunque las redes sociales y otras plataformas basadas en la Internet que privilegian mensajes contundentes y concisos, han aumentado la visibilidad y el alcance de las caricaturas, la capacidad inherente que posee este medio para transcender fronteras e idiomas ha aumentado simultáneamente los riesgos para aquéllos que dibujan y difunden imágenes provocadoras, encontró el CPJ.
“En muchos lugares, las caricaturas están llegando a más personas que nunca gracias al surgimiento de las redes sociales”, manifestó Aseem Trivedi, caricaturista indio que fue detenido temporalmente y enfrentó una pena de cadena perpetua por sus dibujos sobre la endémica corrupción política, entre ellos una imagen que describía al Parlamento indio como un inodoro. Los cargos de sedición formulados contra él fueron abandonados en 2012. “Si hay un mensaje que aborda una cuestión mayor, sus probabilidades de convertirse en viral y difundirse a las masas son elevadas”, sostuvo Trivedi, cuyas caricaturas aparecen en medios impresos y digitales, y a menudo son compartidos en las redes sociales.
Para muchos caricaturistas, esa fluidez y alcance han sido un arma de doble filo. Gobiernos represivos y grupos extremistas han tomado represalias contra aquellos que han parodiado o dibujado la imagen del profeta Mahoma, un delito de conformidad con las leyes sobre la blasfemia en muchos países musulmanes. El incremento en la penetración de la Internet les ha permitido a los enemigos de la prensa en todas partes del mundo poder monitorear y responder más fácilmente a las caricaturas que consideran censurables.
“Tanto los gobiernos como los intolerantes siguen muy de cerca las redes sociales, en busca de cualquier señal de comentarios adversos”, aseveró Russell, quien agregó que la libre circulación de noticias e información de la Internet ha movilizado y radicalizado a enormes audiencias nuevas. “Lamentablemente el mundo se está dando cuenta del poder y la influencia de los caricaturistas, [y ha respondido] por medio del ejercicio de la violencia y el asesinato”.
Fuente: 233grados.com. 20.5.15

Radio Benjamin

Tenía una oportunidad, después de varios meses de insistencia. Veinte minutos para entretener a los radioyentes con un informe sobre su especialidad: la crítica de libros. Le recomendaron que se atuviera al reloj, ¡no podía excederse ni un minuto! Ensayó muchas veces, cronometró cada una de sus palabras. Cuando ingresó –era la primera vez– al estudio, sintió que todo estaba a su disposición. Un reloj que indicaba los minutos (no las horas) advertía “de lo que valía un instante en aquella cámara insonorizada”. Cuando llegó a la mitad del guión, ojeó el reloj y se exaltó: ¡Ya había consumido dos tercios de su tiempo! Saltó páginas del manuscrito, improvisó comentarios y llegó al final. Respiró, satisfecho de su hazaña. Pero el locutor que debía reemplazarlo se demoraba. Comprendió: había visto el segundero, no el minutero. Aún le quedaban cuatro minutos de aire. Tomó el manuscrito y llegó otra vez al final. Pese a su intranquilidad, el locutor lo despidió de modo amable. Le preguntó a un amigo qué le había parecido su presentación. “Estuvo muy bien, lo que falla como siempre es el aparato de radio. El mío se quedó un minuto absolutamente en blanco”, le respondió.
Aguda y temprana reflexión sobre el vínculo entre radio, técnica y audiencias, Walter Benjamin publicó el relato “Al minuto” bajo el seudónimo Detlef Holz –el ascenso del nazismo ya lo había empujado al exilio– en el periódico Frankfurter Zeitung el 6 de diciembre de 1934. No es sólo una narración que conjuga ficción y ensayo: tiene tintes autobiográficos. Benjamin trabajó en las radios SWR Frankfurt y la Berlín FST entre 1927 y julio de 1932.
Algunos de aquellos guiones que escribió y leyó en el programa La hora de la juventud acaban de ser publicados en el libro Juicio a las brujas y otras catástrofes. Crónicas de radio para jóvenes, editado por Interzona, con un recomendable posfacio de Esther Leslie. Son relatos que buscan en los pliegues olvidados de la historia, que dan cuenta de personajes y mundos que ya no están, que fueron desterrados por creencias y saberes cientificistas que luego, a su vez, también se han visto reemplazados. Recuerdan una y otra vez la temporalidad (la irremediable caducidad) en la que se inscriben las leyes y las técnicas.
Se lee (se escucha) en esos guiones el eco lejano pero persistente de los códigos de fraternidad juramentados por las pandillas de salteadores de caminos en la antigua Alemania, antes de ser arrasados por príncipes y barones feudales. De la paradójica tarea de cientistas naturales y eruditos de la filosofía “para fomentar la horrible creencia en las brujas” y así poder perseguirlas y eliminarlas. Entre la toma de la prisión de la Bastilla y el caso del joven Kaspar Hauser, se rememora la catástrofe ferroviaria en 1879 en el fiordo de Tay, en Escocia, y la crónica permite pensar el desfasaje entre los descubrimientos científicos, la reflexión teórica sobre esas nuevas tecnologías y su apropiación social.
Al igual que en “Al minuto” (incluido en la compilación Historias y relatos, publicada por El Aleph en 2005), en los guiones se observan marcas que despiertan al lector (al oyente) del ensueño de la narración y le recuerdan que hay un enunciador; también se encuentran referencias a los límites (¡ay, ese reloj!) que parece imponer la técnica sobre el hecho radial. Es que, en sus textos teóricos sobre el medio, Benjamin sostiene que la centralización del ejercicio de la voz en la radio no es una decisión técnica sino, en todo caso, política. Por eso, reflexiona que es un “grave error” distinguir “entre el conductor y el público” porque esa separación no concuerda con la base tecnológica del medio. La radio es un espacio democrático: su espíritu es “poner a tanta gente como sea posible delante de un micrófono cada vez que sea posible”.
Con las historias que leía a los jóvenes, Benjamin no sólo intentaba redimir a determinados personajes y situaciones borrados de la Historia, sino evitar también la pérdida del propio arte de contar historias. No era un gesto nostálgico –tan cándido como vacío–, sino que se basaba en la certeza de que el pasado ilumina nuestro presente: sin la densidad de la memoria nuestra experiencia se empobrece. “La escasez en que ha caído el arte de narrar se explica por el papel decisivo jugado por la difusión de la información. Cada mañana nos instruye sobre las novedades del orbe. A pesar de ello somos pobres en historias memorables”, advertía (nos advierte) el autor de El libro de los pasajes.
Fuente: Página12, 20.5.15 por Manuel Barrientos, argentino, licenciado en Ciencias de la Comunicación – UBA. Docente en TEA.

Los medios frente a la democracia

Una sociedad democrática requiere de la existencia de medios de comunicación que sean responsables e independientes. Ello es especialmente significativo dentro de  sociedades en las que no se haya extendido el buen hábito de la lectura.  Es en ellas en donde los medios de comunicación audiovisuales y de prensa se convierten, prácticamente en casi  fuente única de conocimiento e información sobre temas importantes de la vida social.
Por desgracia, constituye un hecho conocido desde décadas que –frecuentemente– los medios de comunicación suelen autocomprenderse, y por ello comportarse, como básicamente un negocio. Por eso le ofrecen a la comunidad a la cual se dirigen lo que ella quiere ver, escuchar o leer: las últimas novedades de los realities, los trascendidos del mundo de la farándula, la noticia que haga  sensación por su extremada dosis de violencia… pareciera, en fin, que cuanto más sórdidos sean los asuntos mayores serán las ventas.  Sucede así que muchos medios renuncian a todo quehacer pedagógico y no asumen entonces la tarea de ofrecer una mirada crítica sobre los problemas mayores que nos rodean.
En vinculación con lo señalado,  y salvo casos excepcionales, la prensa de investigación se ha debilitado notoriamente en el Perú y, en ocasiones, algunos medios han asumido un rol de presión en el ámbito de lo político. Es así como se pueden apreciar tomas de posición que, sin advertirlo a la comunidad a la que se dirigen, son optadas decididamente  en favor de organizaciones políticas o de personajes públicos, exaltando sus “virtudes” o, por el contrario, se dedican  a la demolición de imágenes de actores políticos y/o al cuestionamiento de sus gestiones. En este punto es bueno recordar lo ocurrido durante el fujimorato con quienes representaban la oposición al régimen: fueron numerosos los medios que –de modo venal– en lugar de luchar por destacar la diversidad de visiones de país, o fortalecer la democracia, se comprometieron con la misión de minarla para que  un determinado grupo preservara el poder.
No cabe duda de que lo señalado es condenable.  Necesitamos herramientas que ofrezcan una visión lúcida de nuestra sociedad y en ella las dificultades que muchas veces se padecen para lograr la justicia, la democracia  y el bien común. Pensemos en los últimos sucesos vinculados a un personaje acusado de lavado de dinero y afiliado a un conocido grupo político. Hace poco tiempo una de las personas de su entorno ha sido asesinada, hecho que ha vuelto a proyectar la sombra del sicariato en Lima. Se entiende que  la atención de los periodistas  se dirija a estos sucesos  como expresión de una “crisis de seguridad ciudadana” en el Perú pero, y por sobre todo, ellos y los medios en los que laboran deberían también  examinar con rigor y seriedad un fenómeno inquietante: la influencia cada vez mayor del narcotráfico en las organizaciones políticas y, en ciertos sectores del ámbito público.
Queda pues por cumplir una tarea por parte de muchos medios de comunicación en nuestro país: recuperar la conciencia de su misión como instituciones que deben promover  la formación de una recta  opinión pública para así fortalecer la democracia.  Dejar de lado esta misión, solo puede conducir a una penosa situación en la que libertad, la sociedad, y la cultura quedan como simples nombres usados para avalar la banalidad cuando no  el irrespeto de la ley y la moral.
Fuente: La República, 5.5.15 por Salomón Lerner Febres, filósofo y profesor universitario del Perú