Aprender periodismo

El periodista coexiste con el poder pero no debe compartirlo. No importa quién esté en el poder o la ideología que represente ya que el periodista debe estar siempre en la vereda del frente
Quien crea que no tiene nada que aprender es alguien que no ha aprendido nada. Y entre todas las actividades humanas, el periodismo es una de las que más necesita de aprendizaje permanente. Por ello, no en vano se dice que un periodista que no lee un día es un día menos periodista.
Con ese y otros argumentos volé a Santa Cruz a participar del taller dictado por el periodista estadounidense Jon Lee Anderson.
Viejo lobo del mar de tinta, Jon es uno de los periodistas más respetados del mundo y se lo considera maestro de los perfiles. Es autor, entre otros trabajos, de biografías de Fidel Castro, Gabriel García Márquez, Augusto Pinochet, Saddam Hussein y Hugo Chávez.
Tuve la suerte de tener un aparte con él para conversar de un tema común, el Che Guevara, aquel personaje del que Jon escribió una biografía que se considera tan completa que fueron y son pocas las voces que la cuestionan.
Y claro está, la reunión sirvió para llenar muchas de las lagunas que tenía en la investigación publicada en noviembre de 2014 en el diario español El Mundo.
La conversación fue tan provechosa que pude aprender mucho del maestro. De todo cuanto me dijo, rescato su pensamiento sobre los criminales, especialmente aquellos que cometieron crímenes de lesa humanidad o magnicidios.
A lo largo de la historia, muchos hombres oscuros mataron a hombres luminosos pero no todos respondieron por sus crímenes. Según Jon, todos los criminales deberían recibir castigo por sus actos en contra de la vida, sin importar el tiempo transcurrido. Puso como ejemplo a los nazis: si todavía queda alguno que no haya comparecido ante la justicia, todos los seres humanos estamos obligados a ponerlo ante un tribunal, aun si el asesino ya es un nonagenario. Si un periodista descubre a un asesino sin castigo, su obligación es ponerlo en evidencia.
Como Jon Lee Anderson llegó a Bolivia para la Feria Internacional del Libro de Santa Cruz y dictó un taller propiciado por el diario El Deber y la Asociación Nacional de la Prensa, muchos pudieron beber de sus conocimientos.
De todo lo que dijo en dos días de charla, destaco su posición sobre el papel de los periodistas frente a los gobiernos.
Según Jon, el periodista es un fiscalizador permanente del poder. Debe estar atento a cualquier transgresión por parte de los gobernantes y, si se diera el caso, tiene que denunciarla.
Debido a ello, el periodista coexiste con el poder pero no debe compartirlo. No importa quién esté en el poder o la ideología que represente ya que el periodista debe estar siempre en la vereda del frente. No es un opositor permanente pero jamás debe convertirse en oficialista.
Con ello, Jon me confirmó una apreciación que tengo sobre el periodista y la política: la distancia. El periodista tiene derecho a tener ideología, incluso a militar en un partido, pero cuando cruza la línea y se convierte en actor, llámese servidor público o candidato, deja de ser periodista y, al terminar su mandato, ya no puede volver a serlo.
Entonces, lo mejor es nunca cruzar la línea.
Fuente: Los Tiempos, 11.6.15 por Juan José Toro, periodista, Premio Nacional en Historia del Periodismo

Medios y nuevas tecnologías

Los grandes medios se nutren hoy de los aportes de las audiencias y los replican para informar a su público. La instantaneidad que se logra articulando ambos polos informativos resulta ser lo más novedoso de los últimos años.
La aparición de las llamadas nuevas pantallas da lugar a renovados desafíos y abre el juego a una novedosa multiplicidad de contenidos que enriquecen el dinamismo propuesto por los medios de comunicación. Series web, portales con información actualizada las 24 horas, contenidos móviles, entre otros, inauguran una nueva dimensión comunicativa que hace obsoleto el circuito lineal de la información. Como todo cambio, implica reestructuración. Entonces, ¿cuál es el rol del periodista hoy ante tanta nueva realidad?
Hasta hace no muchos años la información se proyectaba como si se tratara de la luz de un faro: de un punto hacia muchos. Los medios daban a conocer las noticias y el público las recibía.
El advenimiento de las nuevas tecnologías acorta la brecha entre el emisor y el receptor. Los programas de TV, radio y gráfica están en redes sociales, interactuando con el público y permitiéndole exponer su parecer. No sólo leen sus mensajes al aire, sino que se nutren de éstos. En otras palabras, si llamamos “A” a los medios de comunicación y “B” a la audiencia, observamos que la información ya no sólo va de “A” a “B”, sino que este último también, desde su lugar, genera contenidos.
Sólo por citar un ejemplo: cuando hay desastres naturales desde la TV se pide colaboración de la audiencia para mostrar la magnitud de los hechos. Lo que antes exigía desplazar a un periodista para cubrir los acontecimientos en el lugar más remoto –con el tiempo que esto pudiera llevar– ahora se expone inmediatamente levantando una foto de Twitter u otra red social. Esto no es ni mejor ni peor que lo que ocurría hace veinte años, es distinto. Al final es la propia audiencia la que decide si participa o no.
Este tipo de operatoria nos viene a mostrar que se establece un intercambio entre medioaudiencia impensado hasta algunos años atrás. Se trata de darles dinamismo a las novedades y a la forma de comunicarlas; hoy cualquier persona es generadora de información, ya no sólo informan los periodistas, la fuente está de un lado y del otro de la pantalla.
El recorte mediático hoy se relaciona más con categorizar y clasificar la información que con elegir, desde la mesa de redacción, qué cosa es noticia y que no. Los titulares ya no sólo salen de las fuentes tradicionales: si muchas personas están hablando de un tema en particular en las redes sociales, esa cuestión puede llegar a tener injerencia en la agenda de los grandes medios.
Uno de los dilemas más comunes del periodismo de hoy tiene que ver con la verificación de la información que surge desde las propias redes sociales. Durante los últimos años, muchos rumores que han comenzado a circular por Twitter terminaron siendo recogidos por los grandes medios. Estos, en el fragor de informar los últimos sucesos casi en tiempo real y así ganar una primicia, a veces omiten el fundamental paso previo a divulgar una noticia: confirmar su veracidad. Para verificar si algo ocurrió o no se necesita un determinado tiempo: hacer llamadas, consultar a una o varias fuentes (depende de la confianza que inspiren), y eso atenta contra la novedad de último momento. Se corre el riesgo de que alguien sea más rápido y nos gane la primicia. Pero si no se verifica como corresponde, el riesgo es quedar expuesto por el error.
El último truco que incorporaron los medios de comunicación para establecer relación directa con su audiencia es el famoso WhatsApp. Esta aplicación, la más importante de mensajería instantánea, permite enviar texto, videos, audios y fotos directamente a la producción de los programas en cuestión de segundos. Es más probable que alguien tenga WhatsApp que Twitter o Facebook. De ahí la incorporación.
En definitiva, se puede afirmar que es positiva la incorporación de nuevas tecnologías en el periodismo, siempre y cuando el fin también lo sea. Un ejemplo reciente fue la multitudinaria marcha contra la violencia de género Ni una menos, inicialmente impulsada vía Twitter por un colectivo de periodistas, artistas y activistas. La nueva era tecnológica está cada vez más asentada, y su incorporación al periodismo ya es una realidad.
Fuente: Página12, 10.6.15 por Agustín Piermattei, argentino, estudiante de Comunicación. Universidad Nacional de Quilmes.

No hay crisis en el periodismo

España no es Estados Unidos. Ni falta que hace. Pero ahora que se han puesto de moda los espejos puede ser bueno fijarse en algunos aspectos de aquel país para intentar hacer lo mismo. Uno de ellos es el respeto institucional por los medios de comunicación. Cuando en 2009 la crisis económica profundizaba en la herida que la televisión e internet habían abierto en los grandes conglomerados de prensa escrita y amenazaba su supervivencia, desde el Senado de los Estados Unidos partió una iniciativa para estudiar qué futuro esperaba a los diarios en ese país.
El Subcomité de Comunicaciones, Tecnología e Internet convoco a una sesión el 9 de mayo de ese año, presidida por el hoy secretario de Estado, John Kerry, para analizar el estado de una cuestión que preocupaba sobremanera ¡a los políticos! Porque esos políticos eran conscientes de que la democracia norteamericana no podía permitirse el lujo de perder ese contrapoder que siempre ha sido la prensa escrita. En aquella sesión participaron de forma presencial o mediante respuestas escritas a preguntas de los senadores, la fundadora de The Huffington Post, Arianna Huffington, la entonces ejecutiva de Google, Marissa Mayer, el presidente de la New America Foundation y antes director ejecutivo de The Washington Post, Steve Coll, y otros ejecutivos y periodistas de diarios nacionales y locales. De la misma salió un documento, denominado The Future of Journalism, que merece la pena leer aunque haya quedado algo desfasado.
Igual que aquí. Ni el Congreso de los Diputados ni, por supuesto, el Gobierno han movido un dedo para, al menos, enterarse de qué pasa con la prensa escrita en nuestro país y analizar sus problemas. Al contrario, los políticos han aprovechado la debilidad financiera de las empresas informativas para influir -haciendo lo que fuera necesario- en las líneas editoriales de los diarios. No es el motivo principal de estas líneas volver a relatar los hechos que hemos vivido en los últimos años y que han llevado a muchos a declarar que el periodismo vive una crisis sin igual.
Pero nada más lejos de la realidad. No es aventurado decir que en estos momentos se hace mejor periodismo que nunca -si por buen periodismo entendemos esa crítica natural al poder establecido- o, como mínimo, de una calidad similar al de siempre. ¿Alguien duda a estas alturas de lo que ha supuesto la televisión -los programas informativos- en el ascenso social de Podemos y de Ciudadanos? ¿Se han dado una vuelta por la página de Especiales de ELMUNDO.es y han visitado el que se realizó con motivo del 50 Aniversario de la muerte de John F. Kennedy o el del centenario de la I Guerra Mundial para enterarse de lo que es periodismo de calidad? ¿Han navegado por los impresionantes reportajes de investigación audiovisuales de The Guardian o del New York Times? ¿No seguimos con interés las apasionantes crónicas -de interés humano, se decía antes- de los corresponsales y enviados especiales en Siria, Irak, Afganistán o Nigeria, se difundan éstas por papel, internet, radio o televisión?
En esta etapa de penurias económicas, el periodismo ha sacado a la luz la mayor trama de espionaje de la historia organizada por el Gobierno más poderoso del mundo. En nuestro país, el periodismo -EL MUNDO en este caso-ha desenmascarado al mayor estafador de la política desde la reinstauración de la democracia, Jordi Pujol, y ha desalojado del cargo con sus investigaciones a varios presidentes autonómicos. En definitiva, no seamos cainitas, se hace tan buen periodismo-y tan malo- como en cualquier otra etapa histórica.
El periodismo no está en crisis. Lo que está en crisis es el modelo de negocio tradicional de la prensa escrita. Únicamente. Quizá desde la propia profesión caemos en el lógico error de pensar que la pérdida de influencia de los periódicos tradicionales va a suponer el fin del periodismo, pero nada más lejos de la realidad. El querido ex director de este diario, Casimiro García-Abadillo, suele decir que los diarios impresos “siguen marcando la agenda política de este país”. Tiene razón, pero a continuación hay que preguntarse si continúan señalando la agenda social, entendida como los asuntos que interesan a la sociedad y no a la clase política. ¿Qué más da ya un editorial elogioso para el Gobierno en un diario que pone en los quioscos 100.000 ejemplares al día si millones de ciudadanos se informan al margen de ese periódico -páginas webs y redes sociales, además de la televisión y la radio-, lo que nunca había ocurrido en la historia?
En su error de diagnóstico, el presidente del Gobierno achacaba estos días al “martilleo” de las televisiones con la corrupción su batacazo en las elecciones municipales y autonómicas. Como si Rajoy hubiera caído en la cuenta ahora de que se les olvidó ese pequeño detalle para domeñar a la opinión pública.
La pregunta, pues, es: ¿tienen futuro las empresas editoras de periódicos? Tal y como las conocemos ahora, casi seguro que no. Acaba de celebrarse en Washington D.C. el Congreso de Editores y Publicitarios que organiza todos los años la Asociación Mundial Editores (Wan-IFRA) que se inició con esta pregunta: “¿Habrá periódicos impresos en 2040?” y con esta respuesta “Nadie lo sabe”. Lo que está claro es que si existen, las ediciones impresas de entonces no tendrán nada que ver con las actuales.
Son excepciones las empresas tradicionales que han sacado tajada en esta etapa de transición a lo digital -Pearson, con el diario económico Financial Times es una de ellas-, pero en medio del desconcierto hay una línea en la que todo el mundo está de acuerdo: hay que seguir a la audiencia -“las personas antes conocidas como audiencia”, en genial frase del profesor de la Universidad de Nueva York Jay Rosen- allá donde vaya. Se lo decía Alan Rusbridger, ex director de The Guardian, a Carlos Fresneda: “Nuestra misión es adaptarnos a la audiencia. Lo que tenemos que hacer es ir donde están los ciudadanos y aprender con ellos, ver cómo crean, cómo comparten, distribuyen o incorporan contenidos. De alguna manera tenemos que ser como los comerciantes que salen al encuentro de lo que la gente demanda”.
Es muy significativo que en las últimas semanas, editores y las grandes compañías de internet -que tienen miles de millones de clientes- como Google y Facebook, se hayan acercado para explorar un futuro en común. Google ha firmado un acuerdo con importantes empresas informativas europeas para ayudarles con recursos y tecnología en su transición digital. Y mucho más significativa es la alianza comercial de Facebook con grandes medios anglosajones, entre ellos The New York Times, para incluir directamente sus noticias -deconstruyendo su página web- en la red social, accediendo así a un quiosco digital de 1.400 millones de personas. Quizá sea un camino para empezar a recorrer.
En definitiva, se trata de ofrecer a la audiencia los mismos contenidos de calidad de siempre, las mismas exclusivas y las mismas investigaciones pero en los nuevos formatos y, a la vez, aprovechar las ventajas que proporcionan las nuevas tecnologías para sacar el máximo partido comercial a esa audiencia. En el congreso de Wan-IFRA se presentó un informe sobre el uso del móvil que, entre otros datos, decía que ocho de cada diez usuarios de teléfonos inteligentes miran su dispositivo antes de los diez minutos tras despertarse. ¿Tenemos algún producto informativo de calidad que ofrecerles para ese momento?
Fuente: El Mundo, 7.6.15 por Vicente Lozano, periodista español

Reflexiones sobre el periodismo

El 7 de junio se conmemora el Día del Periodista y, como cada año, es una oportunidad para reflexionar sobre cuestiones que atañen al ejercicio profesional.
Sin pretender agotar la agenda del debate ni tampoco hacer un desarrollo exhaustivo de cada uno de los temas, propongo dos aspectos cuya consideración puede ser relevante: el periodismo y los desarrollos tecnológicos info-comunicacionales y las condiciones de trabajo de los periodistas. Más que certezas o consideraciones cerradas, lo que aquí se intenta es abrir una agenda que, sin duda, puede ser enriquecida con otras cuestiones y desde diferentes perspectivas. Es también una convocatoria para que, por los caminos que se desee se pueda profundizar mediante reflexiones necesarias para la profesión de cara a su servicio a la sociedad.
Desarrollos infocomunicacionales
No es necesario ya argumentar sobre la importancia del impacto que el desarrollo de las llamadas tecnologías de información y comunicación (TIC) tiene sobre la labor periodística. Esta realidad, que es siempre “nueva” dada la vertiginosa actualización tecnológica a la que asistimos, genera otras rutinas en la profesión, pero también en los modos de consumo de la información. Las audiencias participan también de la producción constituyéndose en “prosumidores”.
La circulación de noticias y datos por Internet modifica sustancialmente la forma como los periodistas acceden a sus fuentes. No hace tanto tiempo seguíamos escuchando relatos sobre una versión casi épica del periodista “de a pie” que participaba como observador privilegiado de los acontecimientos con sus zapatos plantados en cada uno de los escenarios, entrevistando directamente a los interlocutores y obteniendo de ellos la información de primera mano.
Sería injusto decir que todo el periodismo ha descartado hoy el acceso directo a las fuentes. Pero no se puede desconocer que en no pocos casos se hace “periodismo de escritorio” por parte de profesionales cuya tarea principal es estar atentos a las redes, a los portales y canales de noticias, para obtener de allí el insumo para su tarea. En demasiadas oportunidades la instantaneidad informativa se sitúa por encima de la comprobación de la veracidad a través de formas idóneas. El resultado es la reiteración de los mismos temas de agenda, casi sin matices y apenas diferenciables por los acentos políticoideológicos que imponen cada una de las empresas.
El procedimiento trae como consecuencia también la reiteración acrítica de versiones –a pesar del mayor acceso a la diversidad– dando por ciertas afirmaciones y sentencias sin previa comprobación. En este sentido y al contrario de lo que podría sugerir la idea del desarrollo tecnológico, hay un progresivo empobrecimiento de la calidad informativa, también porque resulta difícil establecer la trazabilidad de la noticia desde la fuente original dado que en muchísimos casos se generan reiteraciones sin referencias. Todo esto constituye una realidad que, por cierto, no debería desligarse de las condiciones de trabajo de los periodistas.
Las condiciones laborales
La mayoría de las empresas periodísticas hoy son multimedias y forman parte de corporaciones complejas, con intereses económicos y políticos. Esto tiene por lo menos dos consecuencias para quienes ejercen el periodismo. Ya no se trabaja para un diario, una radio o un canal de televisión, sino para todos ellos al mismo tiempo bajo la autoridad del mismo patrón… pero por el mismo salario. Al mismo tiempo, la presión laboral aumenta y las condiciones laborales empeoran en gran parte de los casos.
Debido al desarrollo tecnológico infocomunicacional antes señalado los periodistas pueden y suelen estar conectados con su trabajo las 24 horas del día a través de la tecnología, del acceso a las redes y mediante el uso de teléfonos móviles hipersofisticados. A ello se suma que las encuestas realizadas sobre las condiciones laborales de los periodistas digitales confirman que éstos tienen peores condiciones de trabajo que sus colegas de los diarios impresos.
No puede afirmarse a ciencia cierta que las máquinas y las tecnologías están sustituyendo, al menos por el momento, a los periodistas. Por el contrario el desarrollo tecnológico abre nuevas oportunidades de producción y desafíos a la creatividad, aunque esto no condice siempre con la sustentabilidad económica de los medios y por tanto con la estabilidad y las condiciones laborales de los periodistas. Mientras tanto las empresas periodísticas maximizan su producción, optimizan costos y muchas veces obligan a sus trabajadores a realizar tareas ajenas a la profesión. Hay una nueva figura del periodista “polifuncional” que además de recabar la información, hacer investigación y producir la noticia, tiene que tener también conocimientos de edición de audio y video, y hasta de manejo de otros recursos digitales vinculados con la emisión del producto final. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) viene haciendo observaciones permanentes sobre este tema.
En todos los casos queda en evidencia que se generan otras condiciones de producción no contempladas en las normas y en los encuadramientos legales y es evidente el aumento de la tensión en el ejercicio periodístico profesional.
A todo lo dicho habría que sumar que, de acuerdo con los informes de la Comisión Investigadora de Atentados a Periodistas (CIAP), de la Federación Latinoamericana de Periodistas (Felap), el año 2014 cerró con un balance de 31 trabajadores de prensa asesinados en América Latina y el Caribe. Según los registros de la organización regional, los asesinatos de 2014 ocurrieron en Brasil (5 muertes), Colombia (3), El Salvador (2), Honduras (7), México (9), Panamá (1), Paraguay (3) y Perú (1). En México hay 21 periodistas desaparecidos de quienes no se tienen noticias.
Fuente: Página12, 3.6.15 por Washington Uranga, periodista uruguayo

Periodismo y derechos humanos

Cuando nos pensamos y pensamos nuestras formas de ver el mundo lo hacemos a partir de los discursos que circularon a lo largo de nuestra historia. Estas producciones de sentido nos atraviesan en una permanente tensión y resignificación. En ese marco, podemos encontrar en ciertas noticias actuales huellas de la forma de ver el mundo de la última dictadura cívico-militar en nuestro país.
Podemos encontrar marcas de esos discursos cuando se defiende la necesidad de imponer un “orden” frente a conflictos que son inevitables en una sociedad que amplía derechos. A modo de ejemplo: “Duhalde pide ‘poner orden’ en la Argentina” titulaba Infobae. “Se impuso el orden” afirmaba positivamente Ernestina Herrera de Noble, el 24 de marzo de 1977 en una editorial del diario Clarín.
Cuando el presentador de noticias Eduardo Feinmann sostiene “uno menos”, como una forma de justificar el asesinato de una persona sospechosa de cometer un delito, es una marca de la dictadura. Cuando justifican la tortura como una forma “legítima” de obtener información, cuando se pide pena de muerte, cuando se coloca en el lugar de chivo expiatorio a determinado sector social, podemos encontrar anclajes de esa mirada de la realidad.
Como contrapunto, según la Defensoría del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual, hay “silencio informativo” sobre derechos humanos. La Defensoría analizó 27.557 noticias entre 2013 y 2014 transmitidas por todos los noticieros de los canales América, Canal 9, Telefe, El Trece y la Televisión Pública, en todos los horarios, tanto las emisiones de la mañana, como las del mediodía, la noche y medianoche. De esas 27.557 noticias relevadas, apenas el 1,2% es sobre Derechos Humanos.
Paradójicamente, cuando la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual piensa la comunicación desde la perspectiva de los derechos humanos, estos son invisibilizados en el ejercicio profesional.
Como periodistas deberíamos repensar nuestras prácticas y atravesar nuestras coberturas desde la perspectiva de los derechos humanos. Incorporar en nuestras producciones discursos cargados del respeto de los derechos fundamentales que nos corresponden a todas y todos.
Visibilizar esas conquistas colectivas, nos ayudará en la construcción de nuevas subjetividades imprescindibles para la construcción de una sociedad más justa e inclusiva.
Fuente: Página12, 3.6.15 por Roberto Samar,  licenciado en Periodismo y Comunicación Social, UNLZ. Docente de Comunicación social y seguridad ciudadana, UNRN

‘The New York Times’ ante el reto digital: “Te adaptas o mueres”

El diagnóstico ha cambiado un año después de que el diario The New York Times admitiese que se estaba quedando rezagado en la batalla digital. El editor y presidente del rotativo, Arthur Sulzberger Jr, explicó este martes que la audiencia online ha crecido tras el desarrollo de las recomendaciones de un informe interno, realizado en mayo de 2014, que alertaba de que el periódico estaba “poniendo demasiado tiempo y energía” en la portada de la edición en papel, y su ventaja competitiva estaba “disminuyendo”.
Sulzberger entrevistó este martes a la directora adjunta de gestión de su rotativo, Alex MacCallum, en el Congreso Mundial de Medios de Comunicación, que se celebra en Washington y termina este miércoles. En ese marco, el editor afirmó que, a raíz de dicho informe, se han creado nuevos equipos (desarrollo de audiencias, y análisis y estrategia de redacción) y se han eliminado “trabas” entre departamentos para poner más el foco en la experiencia de lector.
El tráfico digital ha crecido un 28% en un año y la audiencia en teléfonos móviles, más de un 50%. El documento revelaba fallos en la estrategia de distribución online de noticias y una cultura laboral muy condicionada por el papel.
Para ‘The New York Times’, el tráfico digital ha crecido un 28% en un año y la audiencia en teléfonos móviles, más de un 50%
Tras intervenir en el congreso, el presidente del Times respondió a EL PAÍS sobre los retos de la transformación digital. “Resultan cruciales agilidad, rapidez y hacer conexiones en la organización que permitan un mayor crecimiento”, dijo. “Te adaptas o mueres”.
Una de las modificaciones más relevantes en la nueva estrategia del rotativo afecta a la reunión en que se decide la portada del diario de papel del día siguiente, en la que hasta ahora cada sección competía por colocar sus artículos. Esos “viejos días”, en palabras de Sulzberger, han terminado: el papel ya no manda sobre Internet. Desde febrero, se celebra una reunión matinal en que se aborda la planificación de artículos que se distribuirán en Internet ese día y una más reducida para decidir la portada de papel.
Cada sección elabora dos listas (una por la mañana y otra por la tarde) en las que detalla su agenda de artículos, y la dirección decide cuáles interesan más y su mejor modo de distribución. “El cambio ha sido en mirar cómo va a ser nuestra información digital a lo largo del día”, explicó MacCallum. “Tenemos realmente que entender profundamente por qué la gente lee el Times”.
El presidente del Times, en el cargo desde 1992, defendió la innovación periodística —“hemos hecho de la experimentación la regla, no la excepción”— y la internacionalización como vías de crecimiento. La audiencia del diario en el extranjero supone un tercio de la que tiene en EE UU y el ritmo de suscripciones está creciendo a un ritmo superior. “Empezamos como un diario del noreste, luego nacional y ahora internacional”, remató Sulzberger.
Fuente: El País, 3.6.15 por Joan Faus, periodista español

El “periodismo constructivo”: una manera distinta de contar la realidad

Cuando Danielle Batist imparte talleres para periodistas, a menudo comienza ubicando a los participantes del otro lado del mostrador. Les pregunta cómo se sienten, como consumidores, después de ver el noticiero de la noche.
En general, dice Batist, responden de la misma manera que lo haría cualquier espectador: derrotados, desesperanzados y pesimistas respecto a todos los problemas que acaban de enterarse y sobre los que parece no haber solución posible.
Esta es la razón por la cual Batist está liderando esta iniciativa para el periodismo constructivo, dando capacitaciones en redacciones y universidades, y también instruyendo a periodistas individualmente. Con esto, busca ponerle un freno a la impotencia que a menudo resulta del periodismo tradicional, y trata de inspirar una nueva forma de pensar acerca de cómo explicar los acontecimientos mundiales.
Este deseo se remonta al tiempo en que Batist colaboraba con Positive News, una publicación británica establecida en 1993, que cuenta historias que no cubren los medios tradicionales, especialmente acerca de buenas noticias en lugares conflictivos del mundo.
“Me empezaron a preguntar cada vez más acerca de las historias que escribía allí: cómo encontrarlas, venderlas y ofrecerlas a un medio”, cuenta.
Al mismo tiempo, aparecían nuevas investigaciones acerca del impacto negativo que el exceso de malas noticias tiene en el público. Así que Batist y el innovador de medios Sean Dagan Wood, editor en jefe de Positive News, crearon el Proyecto de Periodismo Constructivo. Hace un año, el proyecto sumó una iniciativa de capacitación. La organización está situada en Londres pero se está expandiendo rápidamente. El próximo taller, que comenzará el 12 de junio, está dirigido a freelancers que, según Batist, puedan incorporar fácilmente los principios del periodismo constructivo en su trabajo.
¿Qué es exactamente el periodismo constructivo?
No es algo hueco, se apresura a señalar Batist. Aunque el periodismo constructivo está en el mismo territorio que el periodismo de soluciones o el periodismo positivo, ella no lo considera como algo excesivamente luminoso ni artificialmente optimista. Se trata nada más que de contar toda la verdad completa acerca de un incidente.
“Lo que intentamos hacer es, en última instancia, fortalecer al periodismo”, dice; “dar la historia completa”.
Eso significa cubrir no solamente los detalles sombríos, los obstáculos y las dificultades asociadas a una determinada problemática social, sino también incluir qué es lo que está funcionando para cambiar esa realidad y quién lo está consiguiendo. Se trata de un análisis acerca de, por ejemplo, qué está ayudando a poner fin a la falta de vivienda, en lugar de limitarse a proporcionar estadísticas sobre la población sin hogar. O de un reportaje acerca de una crisis humanitaria que incluye la manera en que diferentes grupos están encarando la reconstrucción, y no solo las cifras sobre la magnitud de los daños.
Batist explica que el periodismo generalmente se enfoca en sus cinco preguntas básicas: quién, qué, dónde, cuándo y por qué.
“Nuestra intención es añadir una sexta pregunta: ¿Y ahora qué?”, dice. “Un artículo no debería concluir en el por qué y dejar a los lectores sintiéndose impotentes acerca de qué hacer con esa información”.
Algunos estudios destacados en la web del Proyecto de Periodismo Constructivo demuestran qué tan a la defensiva y desesperanzados se sienten los lectores actualmente.
¿Por qué se lo necesita?
Según Batist, los medios que son más constructivos y completos a la hora de brindar la información pueden mejorar su relación con la audiencia. Investigaciones están demostrando una mayor participación de ésta en los artículos constructivos. Batist también nota que la sección de comentarios es mucho más civilizada en los medios que están ofreciendo soluciones a los problemas, en comparación con los que solo muestran lo que está mal.
Quienes no comprenden al periodismo constructivo creen que amenaza el objetivo central del periodismo, que es vigilar las acciones de los funcionarios y políticos, y hacer un seguimiento de los delitos y de los actos de corrupción.
“Lo que yo siempre digo es que, efectivamente, esa es absolutamente la función central del periodismo y no estamos intentando que deje de serlo”, dice Batist. “Sin embargo, ¿por qué no estamos investigando lo que está bien en el mundo? También deberíamos investigar seriamente lo que se hace para plantear soluciones y, especialmente, buscar aquellas que han demostrado estar funcionando”.
Consejos para practicar el periodismo constructivo

  • El periodismo constructivo no tiene que ser necesariamente etiquetado como tal ni llamado de una manera en particular. El artículo puede ser sencillamente una buena y jugosa historia, y resaltar algún impacto puede ser un punto más a favor para un freelancer que intenta publicar el artículo.
  • Los periodistas a veces quedan atrapados en una narrativa predeterminada –por ejemplo, contando todo en términos de víctimas y perpetradores–, pero Batist dice que si te sales de eso, puedes ver la historia a través de una óptica diferente. No te fijes solamente en quiénes están mal, sino también en aquellos que están prosperando.
  • Es innegable que las personas traumatizadas o involucradas en un gran hecho destructivo han enfrentado momentos difíciles, pero ten en cuenta que hay algo llamado “crecimiento postraumático” en el que la gente encuentra fortaleza a partir de una experiencia negativa. No asumas que solo son víctimas que han sido afectadas negativamente.
  • Cambia las preguntas que le haces a las fuentes. Por ejemplo, a la hora de hablar con ex delincuentes, Batist dice que a menudo pregunta de qué manera la prisión les ha cambiado la vida, en lugar de enfocarse solamente en la peor parte de su historia.
  • Utiliza fuentes atípicas. En lugar de entrevistar solamente a los responsables políticos, habla con gente común que pueda ser un agente de cambio y pueda hablarte de los progresos que ha conseguido.
  • Pregúntate cuál es la forma típica en que podría contarse la historia que abordarás, y cuéntala de una manera distinta.

Fuente: Ijnet, 3.6.15 por Dena Levitz, periodista norteamericana

“Los periodistas son responsables de crear sus propias audiencias”

El director de ‘The Washington Post’ analiza el futuro del sector en el Congreso Mundial de Medios de Comunicación
Joan Faus
La expansión de Internet altera el papel del periodista y derrumba barreras del pasado. El director del diario The Washington Post, Martin Baron, defendió este lunes la importancia de que los periodistas tengan acceso a las estadísticas de lectura de sus artículos. “Tienen que adquirir la responsabilidad de crear sus propias audiencias”, dijo al inicio del Congreso Mundial de Medios de Comunicación, que se celebra en Washington.
En una entrevista con Maria Ressa, directora de Rappler, un nuevo medio filipino, Baron explicó que los reporteros del Post reciben datos sobre el número de lectores online de sus artículos, su ubicación y a través de qué plataforma acceden a la noticia. Esos datos, detalló Baron, les permiten conocer mejor a sus lectores, analizar el impacto y aprender a promocionar sus historias en sus perfiles en las redes sociales.
El periodista adquiere así una capacidad de promoción y análisis de audiencia que tradicionalmente recaía únicamente en los departamentos comerciales de los diarios y que, hasta la irrupción de Internet, era muy limitada dada la dificultad de conocer los hábitos de consumo de los lectores de las ediciones de papel de los diarios.
Los datos de audiencia online, esgrimió Baron, son una baza nueva, pero no la panacea. El periodista no debe “obsesionarse”: los datos pueden ayudar a saber cómo actuar, pero difícilmente proporcionarán  una nueva idea para un artículo. Del mismo modo, dijo, las historias exclusivas que afianzan la influencia y prestigio del diario no tienen por qué ser las más populares en Internet.
En la 67 edición de este congreso, que se inició este lunes en la capital de Estados Unidos y finaliza el miércoles, participan representantes de medios de comunicación de más de 80 países, entre ellos el director de EL PAÍS, Antonio Caño. “Estamos aquí todos discutiendo sobre el objetivo y el reto común de adaptar nuestras organizaciones al periodismo digital”, explica Caño.
“Vamos a intercambiar ideas y experiencias. En esto EL PAÍS está haciendo un gran progreso y tiene algunas cosas interesantes que aportar e igualmente hay aquí otros proyectos, sobre todo de Estados Unidos y también alguno de América Latina, que son interesantes para intercambiar algunas ideas”.
Los desafíos de Internet protagonizaron las primeras sesiones de debate. Baron dijo que el “mayor cambio” en los últimos años ha sido reconocer que el periodismo online es un “medio distinto” que “requiere su propia forma de comunicación”. Pero argumentó que, ante la irrupción de un mundo hiperconectado y el frenesí de la instantaniedad en las redes sociales, los medios tradicionales deben mantener el estilo que sustenta su marca porque de lo contrario perderán su base de lectores y defendió que los periodistas son los más capacitados para “excavar profundo” detrás de los hechos.
Baron es director de The Washington Post desde enero de 2013, cuando llegó procedente de The Boston Globe. En agosto de ese año, el dueño de Amazon, Jeff Bezos, compró el diario de la capital de Estados Unidos por 250 millones de dólares. El desembarco de Bezos ha permitido al Post aumentar su plantilla y audiencia. En una mesa redonda en el congreso, su presidente, Stephen P. Hills, defendió la inversión y el rigor como vías de crecimiento de una cabecera. “En un mundo de ruido, editar, comprobar datos, acertar realmente importa”, señaló.
En ese coloquio, Terry J. Kroeger, presidente de BH Media Group, que controla una setentena de diarios regionales en EE UU, subrayó que hay un “gran futuro” en nuevos negocios. “Estaremos en cualquier formato que quieran nuestros lectores”, dijo, a la vez que alertó del riesgo de dar por muerto demasiado pronto el formato de papel, que supone la mayor fuente de ingresos de los medios.
Y allí llegó la incógnita recurrente. ¿Habrá diarios en papel en 2040?, preguntó alguien en el público a los panelistas. “Creo que nadie tiene idea. Es posible”, replicó Larry Kramer, presidente de USA Today. “Lo haremos hasta que sea el modo más efectivo y sea lo que la gente quiera”.
Fuente: El País, 2.6.15 por Joan Faus, español, corresponsal en Washington DC.

América Latina es una de las regiones más mortíferas para ejercer el periodismo"

Lo advirtió el relator para la libertad de expresión de la CIDH, Edison Lanza, en diálogo con Infobae. Criticó que en Cuba “toda la información esté controlada por el Estado” y el “hostigamiento” a la prensa en Venezuela
Días atrás, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) -un órgano dependiente de la OEA- publicó su informe anual acerca de la situación de la libertad de expresión en las Américas. El documento realiza un análisis pormenorizado del escenario en 29 países y presenta un panorama bastante heterogéneo, aunque en muchos casos es desolador.
En efecto, América Latina es “una de las más mortíferas y complicadas para ejercer el periodismo”, asegura el relator especial para la libertad de expresión de la CIDH, Edison Lanza. “México fue el país donde hubo mayor cantidad de periodistas asesinados en 2014”, dijo en diálogo con Infobae.
Lanza criticó que en Cuba “toda la información esté controlada por el Estado” y el “hostigamiento” hacia comunicadores y políticos en Venezuela que, por el hecho de expresarse, “son motivo de escarnio por parte de autoridades públicas”.
-América Latina es una región bastante heterogénea. ¿Cómo está la situación en materia de libertad de expresión?
Estamos registrando un recrudecimiento de los hechos de violencia extremos contra periodistas. La peor forma de censura es eliminar una voz que informa, una voz crítica que tiene un papel fundamental para las comunidades y para la democracia. Lamentablemente, durante 2014 tuvimos que lamentar 25 asesinatos de periodistas en la región, además de 400 agresiones significativas –amenazas a la vida, a la integridad física, hostigamientos- en las Américas. México fue el país donde hubo una mayor cantidad de periodistas asesinados, con ocho homicidios. La situación también es complicada en Brasil, Paraguay, Colombia, Honduras y Guatemala. La falta de investigación, esclarecimiento y sanción de estos casos, lo que reproduce un círculo de impunidad en cuanto al ataque a periodistas y comunicadores, que lleva a que esta sea una de las regiones más mortíferas y complicadas para ejercer la profesión.
-¿Cuál fue la respuesta de los Estados frente a esta situación?
El Estado ha reaccionado en forma desmedida en cuanto a la represión de la protesta social pacífica en muchos países como México, Brasil, Venezuela y Estados Unidos, afectando a periodistas, comunicadores, fotógrafos. En muchos países de la región hay una vuelta al uso del derecho penal para sancionar y perseguir a comunicadores y periodistas que hacen uso de la libertad de expresión para informar sobre hechos de interés público, algo que la propia CIDH hace muchos años ha dicho que en un sistema democrático es desproporcionado, desmedido e innecesario para dirimir posibles conflictos entre libertad de expresión y derecho al honor. Tenemos que lamentar condenas por difamación, injurias y desacato en distintos países: Honduras, Venezuela, Ecuador, Guatemala se presentaron muchos juicios.
Uno de los dos periodistas asesinados en Guatemala el 11 de marzo de este año
 -Durante los últimos años muchos países sancionaron diversas leyes de comunicación. ¿Qué implicancias tuvieron?
En algunos países se aplicaron leyes abiertas y desmedidas para intervenir en contenidos. Esto está pasando fuertemente en Ecuador, donde se aplicó la ley orgánica de comunicación, que ya había sido advertida sobre figuras perjudiciales para la libertad de expresión por permitir a un órgano de supervisión y control que no carece de independencia controlar a los medios e imponer información o sanciones desmedidas por el ejercicio legítimo de la libertad de expresión. Se les impone a los medios informar determinado tema porque es de interés para el gobierno. También se sancionó a un humorista por hacer una viñeta que, en cualquier otro país de la región, forma parte de la sátira y del debate democrático
-¿Y en otros países?
Hay algunos avances en materia de acceso a la información pública. Paraguay, México, Uruguay y Brasil aprobaron leyes de acceso a la información pública y de neutralidad de la red y privacidad en internet que apuestan a la diversidad y el pluralismo. Respecto a la Argentina, abrimos un signo de interrogación respecto de la implementación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Es positivo que la ley no se entrometa en contenidos, como sí ocurre en otros países. Debe haber normas legales que controlen la concentración de medios y generen un ambiente de diversidad y pluralismo. Pero está por verse cómo se implementa.
-Venezuela suele ser reprendida por los organismos internacionales por el cierre de medios y amedrentamientos sobre periodistas. ¿Qué ocurrió en 2014?
En Venezuela hay una situación vinculada al uso del derecho penal, a la estigmatización a través del hostigamiento y el señalamiento de comunicadores y políticos que, por el hecho de expresarse, son motivo de escarnio por parte de autoridades públicas. La represión de manifestaciones culminaron con muchos periodistas detenidos y, sus materiales, confiscados o rotos. La bajada de contenidos periodísticos de la grilla de canales de televisión, o el filtrado de contenidos de internet nos preocupa y, durante los primeros meses de 2015, la situación está igual o más complicada aún.
-¿Y en Cuba?
En Cuba hay falta de garantías para el ejercicio de la libertad de expresión, falta absoluta de diversidad, ya que toda la información es controlada por el Estado, sobre todo hacia adentro. Hay también una gran cantidad de detenciones breves por el hecho de manifestarse y ocupar el espacio público o de informar. Sin embargo, hay un incipiente desarrollo del periodismo independiente en la isla, pero que está básicamente permitido hacia afuera en formato digital, y no hacia los cubanos, que deben ser los que deben disponer de información para generar progresivamente una democracia plena. Hemos registrado miles de detenciones a activistas, a quienes luego se libera. En términos estructurales, en 2014 la situación no había cambiado en Cuba.
-En la Argentina, el gobierno y la oposición discuten acerca de la existencia o no de la libertad de prensa. ¿Qué opina la CIDH?
Tenemos una preocupación especial por un aumento de la violencia contra periodistas. Los discursos estigmatizantes son un problema, pero también documentamos una gran cantidad de amenazas y agresiones vinculadas al crimen organizado, a los poderes locales, a la corrupción y al narcotráfico. Hay fenómenos de violencia que, en otras oportunidades, en Argentina eran menos frecuentes y que, en nuestro continente, se convirtieron en un problema que ha derivado en el asesinato de periodistas y comunicadores. Y eso se está convirtieron en un tema estructural. Si bien en Argentina se disfruta de la libertad de opinión, de la posibilidad de divulgar ideas y de tener un debate público muy robusto, la situación de polarización no le hace bien al ambiente que hay que tener en una democracia para tener un debate público sólido. Y eso parte algunas veces del discurso de funcionarios, y otras de una exageración de actores privados y de la oposición. Otra de las reformas estructurales que la Argentina debería abordar tiene que ver con la publicidad oficial. Tanto a nivel nacional como provincial, hay una asignación discrecional según las líneas editoriales de los medios.
-¿Cómo ubicaría a la Argentina en relación al resto de los países de la región?
La Argentina ha quedado rezagada respecto a los países del Cono Sur en la adopción de reformas estructurales para fortalecer la libertad de expresión y el derecho a la información. Argentina todavía no tiene una ley de acceso a la información pública. Registramos varias sentencias del Poder Judicial ordenando la apertura y entrega de información. Son fallos positivos que resguardan un derecho, pero que nos recuerdan que falta una ley que provea un acceso a la información fácil, fluida y expedita como requieren los estándares internacionales. Argentina siempre estuvo a la vanguardia, pero en los últimos años ha dejado de estarlo. Tiene la imperiosa necesidad de que se adopte un clima sano y respetuoso del debate público. Esperamos que en los próximos tiempos la Argentina vuelva a estar cerca del nivel óptimo para el ejercicio de la libertad de expresión.
-En perspectiva histórica, ¿cómo ha sido la evolución de Argentina?
Como todos los países de la región, la Argentina partió de salidas de la dictadura con sistemas autoritarios que restringieron los niveles de libertad de expresión y que nos dejaron sistemas de medios híperconcentrados, en pocas manos y con privilegios a ciertos grupos. Las dictaduras les hicieron mucho daño a los sistemas de medios de la región y combatieron la diversidad. Argentina, Uruguay y Chile venían construyendo un sistema apto para el ejercicio profesional. En los últimos 20 años, algunos debates que la Argentina había enfrentado muy vigorosamente se quedaron trancados en la polarización. Argentina entró así en un estancamiento en materia de libertad de expresión. Hay que retomar el diálogo para construir garantías a fin de que la libertad de expresión no se constituya en un campo de batalla. Debe haber garantías para que los medios públicos sean diversos y plurales, para que la autoridad de aplicación de la ley de medios sea independiente del poder político y económico. En un año electoral, sería bueno que los candidatos se refirieran a esta agenda.
Fuente: Infobae, 31-5-15 por Natan Skigin, periodista argentino

Lizárraga: “El periodismo es un contrapeso del poder”

Daniel Lizárraga, el periodista mexicano que impulsó la investigación sobre la millonaria “casa blanca de Enrique Peña Nieto” junto con la connotada periodista Carmen Aristegui de CNN y sus colegas Rafael Cabrera, Irving Huerta y Sebastián Barragán, comentó sobre los retos del periodismo de investigación en la conferencia organizada por la Asociación Nacional de la Prensa (ANP), en Santa Cruz y La Paz, denominada: ¿Está en riesgo el periodismo de investigación?
Tras el escándalo que generó la investigación sobre la casa del presidente mexicano Enrique Peña Nieto, publicada en septiembre de 2014, Lizárraga y su equipo fueron despedidos de MVS Radio, aunque el artículo nunca se difundió por ese medio.
Explicó que el equipo de investigadores decidió publicar el contenido en el portal Aristegui Noticias y coordinó con otros medios de comunicación su difusión en bloque, como una nueva estrategia para garantizar su publicación y contrarrestar posibles barreras, como la censura por el peso de la denuncia.
Reiteró que la investigación nunca se difundió en MVS Radio, donde Aristegui y el equipo también trabajaban, porque el medio aparentemente podía vetar la publicación, porque actualmente negocia la banda 2.5 en Internet, un negocio millonario que requiere el aval del Gobierno mexicano.
Contó que al iniciar el trabajo estaba consciente de que significaba “despedirse”, pero se impuso su “vocación” y “pasión” periodística. Dijo que la investigación sobre la casa se hizo por una razón netamente periodística.
Indicó que el periodista Rafael Cabrera vio en el supermercado la revista de espectáculos “Hola”, en la que aparecía la esposa del Presidente, Angélica Rivera, en una nueva casa. En esa publicación, la también actriz enfatizaba que al finalizar el sexenio de Peña Nieto se irían a vivir ahí.
A partir de ahí averiguaron que la casa de 8 millones de dólares estaba a nombre de Ingeniería Inmobiliaria del Centro de Grupo Higa, parte del consorcio que había ganado la licitación del tren México-Querétaro –un proyecto de más de 50 mil millones de pesos–, asignación que fue revocada posteriormente.
La investigación reveló que la licitación del tren de alta velocidad, ganada por un consorcio liderado por la empresa china Railway Construcción Corporation, propiedad del Gobierno chino, contaba en su composición con empresas mexicanas estrechamente vinculadas al PRI y al presidente Enrique Peña Nieto.
La investigación de ocho meses realizada por este equipo de periodistas, con el apoyo de la plataforma de periodismo latinoamericano Connectas y el International Center For Journalistis, confirmó que la residencia ubicada en Sierra Gorda número 150 no está registrada a nombre de Enrique Peña Nieto, tampoco al de Angélica Rivera ni a los de sus hijos.
La residencia pertenece al Grupo Higa que a través de su filial Teya edificó obras millonarias para el Estado de México cuando Peña Nieto fue su gobernador.
Riesgo
Daniel Lizárraga y su equipo no sólo fueron despedidos de MVS Radio, luego de la publicación en bloque de la investigación, sino que afrontan procesos legales.
Dijo que el periodismo vive momentos difíciles en México y en la región, aunque con diferentes matices. Comentó que entre 2009 y 2015, 99 periodistas han sido asesinados en su país, por razones relacionadas con su trabajo. Añadió que el Informe Estado de Censura realizado por la organización Artículo 19, que se dedica a defender reporteros por toda la región, reveló que en el Gobierno de Felipe Calderón se agredía a un periodista cada 48 horas, pero en el Gobierno de Peña Nieto se agrede a un periodista cada 26 minutos.
“Hablamos de agresiones con víctimas. El narcotráfico no manda cartas aclaratorias: golpea o mata. En el sexenio anterior se documentó 182 ataques y el promedio en dos años subió a 226 agresiones documentadas. En el Gobierno actual, que lleva dos años, el promedio subió a 326 casos por año. De las 326 agresiones documentadas en 2014, un total de 146, es decir, el 47 por ciento, viene de un funcionario”, puntualizó.
Tras el remezón que provocó la investigación y las consecuencias laborales que ha sufrido el equipo, Daniel Lizárraga reivindicó el rol del periodismo y de la investigación. “Me parece que algo que no debemos perder de vista es que los periodistas, en general los medios de comunicación, por definición, deberíamos ser un contrapeso del poder”, enfatizó.
Siguió: “Estoy convencido, desde hace mucho tiempo, de que nuestro trabajo o el trabajo del equipo que comandaba hasta hace unos meses es básicamente informar de la mejor manera y con profesionalismo. Si las autoridades consideran que pueden iniciar una averiguación a partir de nuestro trabajo es asunto de ellas, no de nosotros”.
Lizárraga dijo: “Nosotros hacemos lo que periodísticamente podemos comprobar, entonces, que las autoridades tomen su papel. No somos jueces ni tampoco héroes: no se trata de andar arriesgando la vida, pero tampoco dejar de informar”.
Ante la situación que se registra en México contra los periodistas y de lo que le ha tocado vivir luego de la investigación de la casa del presidente mexicano, manifestó: “A mí me corrieron, pero no pasa de ahí. En la ciudad de México no nos pasa nada. Entre otras cosas porque es el centro del poder, porque somos muy visibles. Hay 22 millones de personas, cualquier cosa que pase, lo agarran en un tapón de gente y no se mueve. Estamos de alguna manera blindados por el poder político y por la muchedumbre, pero en las regiones alejadas la cosa no es tan sencilla y suceden este tipo de casos, que son lamentables y siguen pasando”.
El periodista compartió sus impresiones con estudiantes y comunicadores bolivianos. “Ser periodista es una decisión de vida. Tienes que saber que al menos una parte de la vida personal la vas a tener que sacrificar. Es una situación de servicio, de vocación. Si tienes esa vocación nadie la va detener. Digo esto porque me parece que es la única forma en la que podemos aguantar tantas cosas y situaciones muy complicadas”.
“Me parece que una de las circunstancias que nos pasan en México es que esas consecuencias –sobre las investigaciones que desarrollan– van sobre nosotros no sobre nuestro trabajo”, explicó Lizárraga recordando el amedrentamiento que viven los reporteros mexicanos en lo personal. “Nos cuestionan a nosotros, no a nuestro trabajo, porque de eso no pueden cuestionar una coma”, enfatizó.
Datos
Daniel Lizárraga es un periodista de investigación que aunque más cercano a lo académico que al periodismo de calle, hace un puente entre ambos para así lograr adaptarse al periodismo del siglo XXI. Obtuvo una mención honorífica en el Premio Latinoamericano de Periodismo de Investigación 2010-2011. Fue jefe de la Unidad de Investigaciones Especiales de MVS y de Aristegui Noticias. Él y tres periodistas más, incluida Carmen Aristegui, fueron despedidos de su medio de comunicación después de haber publicado los lazos del Gobierno mexicano con el grupo inversor que gana todas las licitaciones en su país.
Fuente: Los Tiempos, 31.5.15 por Katiuska Vásquez, periodista