Luis Ramiro Beltrán

El nombre de Luis Ramiro Beltrán está asociado de manera indiscutible a la comunicación en América latina, a la construcción teórica, a los temas de comunicación y desarrollo, a las políticas de comunicación y a las luchas por el derecho a la comunicación. Cuando los intelectuales latinoamericanos de la comunicación consideraron que habían llegado a la mayoría de edad como para construir un pensamiento crítico desde este lugar del mundo, Beltrán fue uno de los pioneros que le pusieron calidad científica y sentido político a la tarea. Este hombre, nacido en Oruro (Bolivia) en 1930 e hijo de dos periodistas (Luis Humberto Beltrán y Bethsabé Salmón), identificado con la mejor tradición latinoamericana de los estudios en comunicación, falleció el pasado 11 de julio en la capital boliviana. Fue suficiente que trascendiera la noticia de su deceso para que llovieran, desde todos los rincones de América latina, las muestras de congoja y reconocimiento de sus colegas, de los discípulos y sobre todo de los amigos que sembró en todo el continente a lo largo de su extensa vida.
Un repaso muy rápido a su trayectoria permite advertir que Beltrán trabajó en el Centro Internacional de Estudios en Comunicación (Ciespal) en Ecuador, en el Instituto de Estudios Transnacionales (ILET), en México, en el Instituto para América Latina (IPAL), en Perú, y en el Centro Internacional de Investigación para el Desarrollo (Canadá). También cumplió funciones en la OPS (Organización Panamericana de la Salud) en Estados Unidos y en Colombia, en Unicef en México y Colombia, para la Unesco en Guatemala, Panamá, Francia, Túnez, Colombia y Guatemala, en la FAO en Chile y en Italia, y para el Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa) en Bolivia y Argentina, sin considerar las numerosas misiones de asesoría que desempeñó para esos y otros organismos internacionales. Pero más allá de sus cargos y responsabilidades, Luis Ramiro siempre regresó a su Bolivia natal para seguir actuando como maestro de la comunicación, acompañando las más diversas experiencias de comunicación, alimentando el debate político sobre el tema y alentando a muchas de las iniciativas de comunicación popular y comunitaria que emergen en ese país de rebosante de multiculturalidad.
Doctorado en comunicación y sociología en la Universidad del Estado de Michigan (EE.UU.) en 1972, recibió en 1984 el título de doctor honoris causa de la Universidad Católica Boliviana de La Paz y luego de la Universidad Técnica de Oruro (Bolivia). En el 2009 la Universidad Mayor de San Andrés también lo distinguió con el doctorado honoris causa.
Por su labor como periodista y como teórico de la comunicación recibió muchos premios internacionales y, en los últimos años, numerosos reconocimientos de sus colegas y de instituciones académicas y profesionales. En 1997 fue distinguido con el Premio Nacional de Periodismo de Bolivia y, diez años después, en el 2007, la Alaic (Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación) lo reconoció por su trabajo en el campo de la investigación en comunicación. Desde mayo de 2003 hasta mayo de 2005 Luis Ramiro Beltrán cumplió la función de “defensor del lector” para el Grupo de Prensa Líder, conformado por ocho diarios de su país.
Sus trabajos aportaron a la comunicación y el desarrollo, a las políticas de comunicación y a la comunicación y a las políticas públicas. En los años setenta fue de los primeros teóricos de la comunicación que desde América Latina problematizaron las cuestiones relativas a la democratización de la comunicación, convirtiéndose en uno de los principales portavoces del Nomic (nuevo orden mundial de la información y de la comunicación). En 1974 Beltrán dio a luz un concepto sobre políticas nacionales de comunicación (PNC) que se convirtió en un clásico de los estudios latinoamericanos en la materia. Definió entonces a las PNC como “un conjunto integrado, explícito y duradero de políticas parciales de comunicación, armonizadas en un cuerpo coherente de principios y normas dirigidos a guiar la conducta de las instituciones especializadas en el manejo del proceso general de comunicación de un país”.
Beltrán ha sido autor de una extensa producción científica y literaria recogida en libros y documentos de trabajo. Sin embargo, nunca se adaptó al uso de la computadora. Hasta el final de sus días siguió escribiendo sus textos a mano o en una antigua máquina de escribir mecánica. Su obra más reciente es “La comunicación antes de Colón: tipos y formas en Mesoamérica y Los Andes” (2009) (Páginal12, 10 de junio de 2009) escrita en coautoría con sus colegas bolivianos Erick Torrico, Karina Herrera y Esperanza Pinto.
Fuente: Página12, 15.7.15 por Washington Uranga, periodista uruguayo

Luis Ramiro Beltrán y su despedida

Luis Ramiro Beltrán ha sido despedido el domingo pasado por discípulos, amigos y admiradores, rodeado de fragantes ofrendas de flores blancas y del cariño de todos los que tuvieron el privilegio de conocerlo personalmente.  Desde la misa, celebrada por Xavier Albó, hasta las canciones entonadas en su honor, poemas y discursos, más que expresiones de dolor, eran reafirmaciones optimistas en gratitud al maestro.
El padre Xavier  “convirtió el agua en vino” para la ceremonia religiosa, revivió la memoria de Luis Espinal y comentó los profundos mensajes del Papa en su reciente visita a Bolivia para rendir homenaje al gran comunicador, cuya obra rebasa los límites del territorio nacional y del americano.
Un modesto pediatra defensor de la salud no  puede añadir casi nada a los profundos y bellos homenajes que le han rendido poetas, periodistas, historiadores, muchos de sus discípulos, grandes comunicadores, académicos de la lengua y el enorme grupo de sus admiradores. Sin embargo, estas líneas que nos hemos propuesto publicar periódicamente para defender la salud como derecho, queremos dedicarlas, esta vez, a  Luis Ramiro, amigo, que no solamente fue maestro de los comunicadores, sino también, además, de los trabajadores en Salud.
La comunicación horizontal, dialógica, que es uno de sus grandes aportes al desarrollo de la comunicación genuinamente democrática, fue  defendida por Beltrán en 1979, en un artículo escrito a requerimiento de la Unesco  y publicado un año después en inglés por la revista Communication de Gordon y Breach.
Después de más de 10 años se tradujo al español en 1991, pero lo reprochable es que en Bolivia no fue debidamente difundido.   Nosotros éramos seguidores de Paolo Freire, nos alegramos de saber que Luis Ramiro había ganado el premio Mc.Luhan, pero, honestamente, no conocíamos al compatriota que con su trabajo “Adiós a Aristóteles: la comunicación horizontal” estaba liderando cambios sustanciales en las ciencias de la comunicación.
Pese a tan grave falta de información, la política de salud democrática y participativa que pusimos en práctica con los comités populares de salud y los médicos PIAAS calzaba tan bien con su teoría que años después, cuando nos conocimos personalmente, nosotros aprendimos de su teoría más de lo que pudimos mostrarle de nuestra práctica.
El especialista en comunicación para el desarrollo, doctorado por la Universidad de Michigan, se constituyó en lo que -parafraseando a Gramsci- podíamos llamar el intelectual orgánico de la comunicación en salud.
Tuvimos el honor de prologar uno de sus últimos trabajos:  Comunicación para la salud del pueblo,  publicado en La Paz el año 2011, con la colaboración de OPS/OMS, la ONG Marie Stopes Internacional y la Universidad Católica de Bolivia.
Es uno de los textos más didácticos para  comprender, tanto el valor de la comunicación como los nuevos conceptos de salud y enfermedad. Es un gran aporte para el estudio de las políticas de salud y para su orientación realmente solidaria, democrática y participativa.
Nos hermanamos con Luis Ramiro  y aunque es verdad que él goza de un merecido descanso inmortalizado por lo mucho que ha hecho en beneficio de tantos,  nos duele su ausencia.
Desde el año pasado su vida empezó a consumirse como una velita de sebo, que a momentos todavía tiene brillos esporádicos, pero se apaga fatal e inevitablemente.
Sus 85 años dejan ver que murió antes de tiempo, pero si recordamos que empezó desde muy niño a mostrar que tenía “tinta de imprenta en las venas”, que a sus 12 años ya era periodista, que a los 16 llegó a ser jefe de redacción de La Patria de Oruro, poco después redactor de La Razón de La Paz, fundador de un semanario, la vida real de Luis Ramiro es más larga y productiva que la del más longevo.
Un grupo deportivo del Club de Tenis La Paz, irónicamente bautizado como el Jurasic Park, al que fue invitado varias veces, junto con Norita, el alma de su vida, tiene por lema “más que los años de vida importa la vida que se le da a los años”. Luis Ramiro empezó a vivir mucho antes que el común de la gente y, además, le puso tan intensa vida a cada año transcurrido que no en vano su entierro en el Cementerio Jardín fue una reafirmación de fe y de esperanza, más que una dolorosa despedida.
De una rígida disciplina en el trabajo, que lo hacían un Catón severo,  a la hora del rélax, cambiaba la carpeta seria por el cajón bullicioso y aparecía el músico, autor de boleros, el artista de teatro, el imitador y hasta el burlón irónico que reía y hacía reír, que bailaba y hacía bailar, que llenaba de vida, no sólo su propia existencia, sino la de todos los que tenían el privilegio de ser sus amigos. Nunca olvidaremos a Luis Ramiro ni sus enseñanzas porque también fuimos discípulos del gran maestro.
Fuente: Página siete, 15.7.15 por Javier Torres-Goitia T. fue ministro de Salud

Luis Ramiro Beltrán, señor de la amistad y la palabra

Cuando un amigo que fue hermano se va, se oprime el corazón y surgen las lágrimas; los recuerdos afloran con claridad y se ve, diáfanamente, cómo ha vivido en ejercicio pleno de la amistad a sus semejantes y prodigó amor a todos, pero un amor de servicio, de entrega, de entendimiento de virtudes y valores; un amor que ha sido sublime para su madre y para su esposa que lo engrandecieron más en el corazón y el espíritu.
Dedicó su vida a tres amores: amar y venerar a su madre, amar a su esposa y dedicación a escribir para deleite de quienes lo leyeron y supieron de sus ideas, sentimientos y sensaciones de lo que es vivir con honradez y responsabilidad. Un amor con sana y contagiosa alegría que honró a sus amigos, un amor que no sólo honró sino que mostró caminos, reconoció virtudes y valores, sintiendo la necesidad de abrazar a todos porque el amor para él fue el abrazo de unión y práctica de valores del ser humano.
Sus escritos son cálidos y consubstanciados con realidades del mundo y del propio país; escritos que muestran el amplísimo mundo de la cultura que, a través de la palabra, puede ser conocido y comprendido por el ser humano; un amor que sintió latir en su corazón cuando en diversas ocasiones y por diversos motivos vio a la Patria traicionada, lastimada, ofendida y maltratada por ideologías o por dictadores y tiranos que poco o nada supieron de Patria y amor al prójimo.
Por su obra, su gran obra, recibió reconocimientos de toda clase. Fue merecedor del Premio McLuhan por sus investigaciones sobre comunicación, una ciencia que encierra palabras que exaltan la grandeza de la comunicación como medio de entendimiento, desarrollo, amor y respeto a los derechos humanos, sentimientos que labran la vida del hombre. Condecorado con el Cóndor de los Andes y, de ahí, muchos reconocimientos, medallas, pergaminos y títulos que más que honrarlo a él honraron al país y al periodismo nacional. Fue miembro activo de la Academia Boliviana de la Lengua, donde tuvo descollante labor por su entrega, su disciplina y su dedicación muy especialmente, por su espíritu alegre y comprensivo por los demás, por quienes, como él, amaron a la institución que es crisol de la palabra. Así, fue un escritor brillante, perfeccionista del idioma y cuidadoso del buen uso de la palabra.
Tal vez lo más importante de resaltar es su corazón para abrigar sentimientos de amistad y cariño para los amigos y colegas; respeto para todos, comprensión de la falibilidad humana y poseedor de sentimientos cuando había un dolor, una desgracia o cualquier angustia. Dios, en su infinita bondad, sabe de sus virtudes que se hicieron principios y valores. El Cielo, por la bondad del Creador, le abrirá sus puertas a la eternidad.
Amigo y hermano, contigo se va un pedazo del corazón, gracias por lo mucho que me diste, por tu cariño por mi esposa y mis hijos que hoy te honran sabiéndote hijo de Dios que, junto a tu santa madre, te colmará de dicha.
Fuente: El Diario, 14.7.15, por Armando Mariaca, economista y periodista

Consulta sobre concentración de medios de comunicación en América

La Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) inició este 9 de julio de 2015 una consulta pública para conocer la situación que registra el continente en materia de normas jurídicas y prácticas para enfrentar el fenómeno de la concentración de la propiedad de los medios de comunicación.
El hemisferio asiste a un debate sobre la necesidad de garantizar la diversidad y el pluralismo en el ejercicio de la libertad de expresión, de conformidad con principios democráticos, señala la CIDH, que recuerda la obligación de los Estados de garantizar la existencia de medios de comunicación libres, independientes y plurales y de evitar o revertir los monopolios u oligopolios en la propiedad o control de los medios de comunicación, de conformidad con el artículo 13 de la Convención Americana de Derechos Humanos y el Principio 12 de la Declaración de Principios sobre Libertad de Expresión de la CIDH.
La Relatoría Especial es una oficina de carácter permanente, con estructura operativa propia y con independencia funcional, que opera dentro del marco jurídico de la CIDH. Su mandato incluye la función de elaborar informes temáticos y un Informe Anual sobre la situación del derecho a la libertad de pensamiento y expresión en las Américas. Para el año 2015, la Relatoría Especial prevé hacer un informe temático sobre libertad de expresión, diversidad, pluralismo y concentración de la propiedad de los medios de comunicación en el hemisferio, que será incluido en su Informe Anual.
Para ello, la Relatoría Especial publicó el “Cuestionario de Consulta a los Estados y la sociedad civil para la elaboración de un informe sobre estándares de libertad de expresión, diversidad y pluralismo y concentración en los medios de comunicación”.
La Relatoría Especial invita a los Estados miembro, a la sociedad civil y a las organizaciones académicas a responder el cuestionario, proporcionando ejemplos de las cuestiones más emblemáticas que reflejen patrones u obstáculos estructurales sobre el tema propuesto, así como buenas prácticas para evitar la concentración indebida en los medios de comunicación.
Fuente: Periodistas en español, 12.7.15

Ignacio Ramonet: Para comprender cómo nos manipulan

Se cumplen 80 años de la primera edición (1935) en lengua española de la gran novela rupturista Un mundo feliz (se había publicado tres años antes en inglés), del filósofo y escritor visionario Aldous Huxley
Y ante tanta felicidad artificial en nuestros días, tantas manipulaciones y tantos condicionamientos contemporáneos, cabe preguntarse: ¿será útil releer hoy Un mundo feliz? ¿Es acaso necesario retomar un libro publicado hace más de 80 años, en una época tan alejada de nosotros que Internet no existía e incluso la televisión aún no había sido inventada? ¿Es esta novela algo más que una curiosidad sociológica, un best seller ordinario y efímero del que se vendieron, en el año de su publicación, en inglés, más de un millón de ejemplares?
Estas cuestiones parecen tanto más pertinentes cuanto que el género al que pertenece la obra –la distopía, la fábula de anticipación, la utopía cientifico-técnica, la ciencia ficción social– posee un grado muy alto de obsolescencia. Pues nada envejece con mayor rapidez que el futuro. Sobre todo en literatura.
Sin embargo, si alguien, superando esto científico, se vuelve a sumergir en las páginas de esa novela se quedará estupefacto por su sorprendente actualidad. Constatando que, por una vez, el pasado ha atrapado el presente. Recordemos que el autor, Aldous Huxley (1864– 1963), narra una historia que transcurre en un futuro muy lejano, hacia el año 2 mil 500, o, con mayor precisión, hacia el año 600 de la era fordiana, en alusión satírica a Henry Ford (1863-1947), el pionero estadunidense de la industria automovilística (de la que una célebre marca de coches sigue llevando su nombre), inventor de un método de organización del trabajo para la fabricación en serie y de la estandarización de las piezas. Método –el fordismo– que transformó a los trabajadores en poco menos que autómatas o en robots que repiten a lo largo de la jornada un único y mismo gesto. Lo cual suscitó, ya en la época, violentas críticas; pensemos, a este respecto, por ejemplo, en las películas Metrópolis (1926), de Fritz Lang, o Tiempos modernos (1935), de Charles Chaplin.
Aldous Huxley escribió Un mundo feliz, visión pesimista del porvenir y crítica feroz del culto positivista a la ciencia, en un momento en el que las consecuencias sociales de la gran crisis de 1929 afectaban de lleno a las sociedades occidentales, y en el que la credibilidad en el progreso y en los regímenes democráticos capitalistas parecía vacilar.
Editado en inglés antes de la llegada de Adolf Hitler al poder en Alemania (1933), Un mundo feliz denuncia la perspectiva pesadillesca de una sociedad totalitaria fascinada por el progreso científico y convencida de poder brindar a sus ciudadanos una felicidad obligatoria. Presenta una visión alucinada de una humanidad deshumanizada por el condicionamiento a lo Pavlov y por el placer al alcance de una píldora (el soma). En un mundo horriblemente perfecto, la sociedad decide totalmente, con fines eugenésicos y productivistas, la sexualidad de la procreación.
Una situación no tan alejada de la que conocen hoy algunos países en donde los efectos de la crisis de 2008 están provocando (en Europa sobre todo) la subida de partidos de extrema derecha, xenófobos y racistas. Donde las píldoras anticonceptivas permiten ya un amplio control de la natalidad. Y donde nuevas píldoras (Viagra, Lybrido) dopan el deseo sexual y lo prolongan hasta más allá de la tercera edad. Por otra parte, las manipulaciones genéticas permiten cada vez más a los padres la selección de embriones para engendrar hijos en función de criterios predeterminados, estéticos, entre otros.
Otra sorprendente relación con la actualidad es que la novela de Huxley presenta un mundo donde el control social no da cabida al azar, donde, formadas con el mismo molde, las personas son clónicas, pues se producen en serie, la mayoría tiene garantizado el confort y la satisfacción de los únicos deseos que está condicionada a experimentar, pero donde se ha perdido, como diría Mercedes Sosa, la razón de vivir.
En Un mundo feliz, la americanización del planeta, ha culminado; la historia ha terminado (como lo afirmara más tarde Francis Fukuyama), todo ha sido estandarizado y fordizado, tanto la producción de los seres humanos, resultado de puras manipulaciones genético-químicas, como la identidad de las personas, producida durante el sueño por hipnosis auditiva: lahipnopedia, que un personaje en el libro califica de la mayor fuerza socializante y moralizante de todos los tiempos.
Se producen seres humanos, en el sentido industrial del término, en fábricas especializadas –los centros de incubación y condicionamiento–, según modelos variados, que dependen de las tareas muy especializadas que serán asignadas a cada uno y que son indispensables para una sociedad obsesionada por la estabilidad.
Desde su nacimiento, cada ser humano es además educado en unos centros de condicionamiento del Estado, en función de los valores específicos de su grupo, mediante el recurso masivo a la hipnopedia para manipular el espíritu, crear en él reflejos condicionados definitivos y hacerle aceptar su destino.
Aldous Huxley ilustraba así, en esa obra, los riesgos implícitos en la tesis que venía formulando desde 1924 John B. Watson, el padre del conductismo, esa pretendida ciencia de la observación y control del comportamiento. Watson afirmaba, con frialdad, que podía elegir al azar en la calle a un niño saludable y transformarlo, a su elección, en doctor, abogado, artista, mendigo o ladrón, cualquiera que fuera su talento, sus inclinaciones, sus capacidades, sus gustos y el origen de sus ancestros.
En Un mundo feliz, que es fundamentalmente un manifiesto humanista, algunos vieron también, con razón, una crítica ácida a la sociedad estalinista, a la utopía soviética construida con mano de hierro. Pero también hay, claramente, una sátira a la nueva sociedad mecanizada, estandarizada, automatizada que se montaba en esa época en Estados Unidos, en nombre de la modernidad técnica.
Sumamente inteligente y admirador de la ciencia, Huxley expresa, sin embargo, en esta novela, un profundo escepticismo respecto de la idea de progreso, una desconfianza hacia la razón. Frente a la invasión del materialismo, el autor entabla una interpelación feroz a las amenazas del cientificismo, el maquinismo y el desprecio a la dignidad individual. Claro que la técnica asegurará a los seres humanos un confort exterior total, de notable perfección, estima Huxley con desesperada lucidez. Todo deseo, en la medida en que podrá ser expresado y sentido, será satisfecho. Los seres humanos habrán perdido su razón de ser. Se habrán transformado a sí mismos en máquinas. Ya no se podrá hablar en sentido estricto de condición humana.
Pero sí de condicionamiento, que no ha cesado de intensificarse desde la época en que Huxley publicó este libro y anunció que, en el futuro, seríamos manipulados sin que nos diésemos cuenta de ello. En particular, por la publicidad. Mediante el recurso a mecanismos sicológicos y gracias a técnicas bien rodadas, los Mad men de la publicidad consiguen que compremos un producto, un servicio o una idea. De ese modo nos convertimos en personas previsibles, casi teledirigidas. Y felices.
Confirmando esas tesis de Huxley, a mediados de la década de 1950, Vance Packard publicó The hidden persuaders (La persuasión clandestina), y Ernest Dichter y Louis Cheskin denunciaron que las agencias de publicidad intentaban manipular el inconsciente de los consumidores. En particular mediante el uso de la publicidad subliminal en los medios de comunicación masivos. El 30 de octubre de 1962 se llevó a cabo una verdadera prueba que demostraba la eficacia de la publicidad subliminal: durante una película se lanzaba cada cierto tiempo mensajes invisibles acerca de unos productos. Las ventas de dichos productos aumentaron.
Actualmente, la publicidad subliminal ha avanzado y existen técnicas más sofisticadas y hasta más perversas para manipular la mente del ser humano. Por ejemplo, mediante los colores que modifican nuestras percepciones e influyen sobre nuestras decisiones. Los especialistas en marketing lo saben y utilizan sus efectos para orientar nuestras compras.
En un experimento conocido de finales de los años 60, Louis Cheskin, director del Color Research Institute, pidió a un grupo de amas de casa que probaran tres cajas de detergentes y que decidieran cuál de ellas daba mejor resultado con las prendas delicadas. Una era amarilla, la otra azul y la tercera azul con puntos amarillos. A pesar de que las tres contenían el mismo producto, las reacciones fueron distintas. El detergente de la caja amarilla se juzgó demasiado fuerte, el de la azul se consideró que no tenía fuerza para limpiar. Ganó la caja bicolor.
En otra prueba se dieron dos muestras de cremas de belleza a un grupo de mujeres. Una en un recipiente rosa, y otra en uno de color azul. Casi 80 por ciento de las mujeres declararon que la crema del bote rosa era más fina y efectiva que la del bote azul. Nadie sabía que la composición de las cremas era idéntica. “No es una exageración decir que la gente no sólo compra el producto per se, sino también por los colores que lo acompañan. El color penetra en la psique del consumidor y puede convertirse en estímulo directo para la venta”, escribe el publicista Luc Dupont en su libro 1001 trucos publicitarios.
Cuando la empresa productora del jabón Lux empezó a vender en color rosa, verde, turquesa, sustituyendo la pastilla habitual de color amarillo, se convirtió en número uno de jabones de belleza en el mercado. Los nuevos colores sugerían delicadeza y cuidado, intimidad y cariño, y los consumidores se mostraron entusiastas. Recientemente, McDonald’s dejó su mítico color rojo (tonalidad apreciada por los más pequeños y que suele estimular el hambre) a favor del verde, en un intento por reposicionar su marca hacia la comida saludable y un estilo de vida sostenible.
La lectura de Un mundo feliz nos alerta contra todas estas agresiones. Sin olvidarse de las manipulaciones mediáticas. Esta novela también puede verse como una sátira muy pertinente de la nueva sociedad delirante que se está construyendo hoy día en nombre de la modernidad ultraliberal. Pesimista y sombrío, el futuro visto por Aldous Huxley nos sirve de advertencia y nos alienta, en la época de las manipulaciones genéticas, a la clonación y la revolución de lo viviente, a vigilar de cerca los actuales progresos científicos y sus potenciales efectos destructivos.
Un mundo feliz nos ayuda a comprender mejor el alcance de los riesgos y peligros que se presentan ante nosotros cuando de nuevo, en todos lados, progresos científicos y técnicos nos enfrentan a desafíos ecológicos que hacen peligrar el futuro del planeta. Y de la especie humana.
Fuente: Señales, 8.7.15 por Ignacio Ramonet periodista español. Presidente del Consejo de Administración y director de la redacción de “Le Monde Diplomatique” en español

La radio en Internet

Agustín Espada plantea que los medios de comunicación encuentran en la red de redes el máximo desafío a su subsistencia como agentes productores de información y entretenimiento, expone el nuevo escenario de la radio en Internet y sus incógnitas acerca del financiamiento y los formatos.
Por Agustín Espada *
El debate acerca del futuro de los modelos de negocios radiofónicos, entendidos como la suma de estrategias comerciales y artísticas, se encuentra sobre la mesa de las discusiones sobre convergencia y digitalización. Las mediciones de audiencia tradicionales caen año a año, pero sólo captan la escucha por el aparato tradicional, mientras que la pauta publicitaria perdió su lugar en el podio ante el intempestivo auge de las plataformas online. Internet aparece hoy como un monstruo de consumo que presenta desafíos –y oportunidades– por los cambios que se producen en las prácticas de sus usuarios. ¿Cuál es la amenaza real que pesa sobre la radio tal cual se la conoce?
El uso de celulares y PC para la escucha de radio es una práctica que se encuentra en crecimiento (en la última encuesta de consumos culturales de Sinca sobre 2013, aportaba el 25 por ciento de los escuchas) y que exige a las emisoras el diseño de aplicaciones para los diferentes sistemas operativos disponibles así como también la elaboración de plataformas que ofrezcan, más allá del streaming, contenidos a demanda. En esta línea se encuentra, como punta de lanza, el proyecto de Mario Pergolini y Grupo Veintitrés: Vorterix Rock. Contenidos audiovisuales, notas escritas –hasta editoriales– sobre el mundo del rock y una revista digital constituyen la amplia gama de contenidos que giran como satélites de la emisora que ocupa el 92.1 de la FM. Esta multiplataforma montada sobre un teatro en el que se realizan conciertos todos los fines de semana cuenta con diferentes estudios y una amplia gama de servicios en su kit comercial, que van desde el desdoblamiento de la publicidad entre radio y streaming hasta el diseño de contenidos diseñados en sociedad con auspiciantes.
El modelo Vorterix Rock plantea dos problemas universales para el futuro de la radio en las plataformas online: financiamiento y formatos. La multiplataforma de Mario Pergolini contó desde un comienzo con lógicas analógicas como extraer de la pauta de radio su principal financiamiento, el apoyo de un grupo multimedios y la lógica de star system para elegir sus conductores. Esto demuestra que pese a que en Noruega las frecuencias radiofónicas serán “apagadas”, en Argentina aún tienen un papel preponderante no sólo en la captación de la pauta publicitaria sino también en el consumo del medio que es del 75 por ciento (Sinca 2013). Sólo con estas dos características se entiende que surjan año a año nuevas emisoras (la última FM 89.9 Radio Con Vos producida por Martín Kweller de Endemol) y que las frecuencias formen parte de transacciones donde intervienen millones de pesos (una de las últimas involucró, justamente, al Grupo Veintitrés y a Zirma SA en la adquisición de la nueva frecuencia de Vorterix). Al factor económico hay que sumarle otro de tipo tecnológico: el mal funcionamiento de las redes móviles (3G y 4G) que impide la utilización eficaz de aplicaciones para celulares y otras plataformas móviles.
Según la Cámara Argentina de Agencias de Medios, Internet concentra el 16 por ciento de la inversión publicitaria en medios, mientras que la radio la sigue de lejos en el cuarto lugar con el 4 por ciento. Las versiones online de las emisoras compiten en este ecosistema, como todos los medios analógicos, con las redes sociales y los buscadores más grandes. Internet también establece nuevas condiciones de consumo: usuarios activos que programan sus propios contenidos, esquivan la publicidad y se aburren fácilmente. Las webs de las radios deben explotar su condición de medio de compañía por excelencia y trasladar su capital simbólico a contenidos online. Aprovechar estas plataformas no sólo como “otra vía de difusión” de los contenidos programados, sino complementarlos con productos a demanda y multimediales que respondan a los nuevos usos.
La radio se encuentra en un proceso de transformación. La efectividad en los modelos comunicacionales de los contenidos multimediales es clave, la “televisación” de la radio parece poco efectiva en mantener la atención del navegante. Su musicalización es cosa del pasado. La competencia de otros medios como Spotify para el consumo de música realza la importancia de los periodistas en el futuro de un medio con bajas barreras de entrada, problemas de financiamiento en todos sus tipos –pública, privada, sin fin de lucro– pero muy popular.
Como dice el profesor español José Alvarez Monzoncillo en su estudio sobre el futuro de la televisión: “Se trata de hacer nuevos vinos para nuevas botellas y no intentar vender el mismo vino en distintas botellas”. Aquí, la radio está en la encrucijada de diseñar nuevos contenidos (vinos) para vender en otras plataformas (mercados) sin descuidar la materia prima radiofónica (la uva).
Fuente: Página12, 8.7.15 por Agustín Espada, licenciado en Comunicación Social UNQ, maestrando en Industrias Culturales (UNQ).

Violencia contra periodistas en México: de norte a sur

Cosolapa es un municipio de 9.000 habitantes en el noroeste de Oaxaca, justo en el límite con Veracruz, donde una calle marca la frontera ambos estados. Naturalmente, la vida de la zona toca ambos territorios, hay habitantes que viven en un estado y trabajan en otro. El periodismo que se hace ahí tampoco distingue esas fronteras, los asuntos públicos son asuntos de ambas entidades.
En los últimos 12 meses, dos de los 10 asesinatos de periodistas en México han ocurrido en Cosolapa. Es decir, el 20% de los casos están en una zona con el 0,007 por ciento de la población del país.
Medellín, Veracruz, podría ser peor. En este municipio conurbado a la zona metropolitana del puerto de Veracruz viven 3.000 personas, 0,000025% de la población del país. Otros dos periodistas han muerto ahí en los últimos seis meses.
Datos del mapa Periodistas en Riesgo de Freedom House y el Centro Internacional para Periodistas muestran cómo la violencia contra la prensa en México se ha intensificado en el sur del país. Si hace cinco años la ola de agresiones contra la prensa se concentraba en los estados norteños, ahora la dinámica ha cambiado y se ha centrado, principalmente, en Veracruz y Oaxaca.
Cosolapa es un lugar emblemático porque los crímenes tocan ambos estados. Octavio Rojas fue asesinado en agosto de 2014 y Armando Saldaña hace dos meses, el pasado 4 de mayo. Las autoridades de Oaxaca han abierto investigaciones que no avanzan un centímetro, mientras que las de Veracruz se desentendieron con el argumento de que las muertes no ocurrieron dentro de sus límites.
Sin embargo, trabajaban para medios de Veracruz y cubrían temas del estado. Rojas era corresponsal del diario El Buen Tono de Córdoba y fue asesinado luego de revelar la “ordeña” clandestina de ductos de combustible en territorio veracruzano. Saldaña trabajaba en una estación de radio de Tierra Blanca, cerca de Cosolapa.
En Medellín, Veracruz, el periodista Moisés Sánchez, director del semanario La Unión, fue asesinado a principios de enero de 2015 y su cuerpo hallado un mes después. Las investigaciones han apuntado a la autoría intelectual del alcalde de ese municipio, quien ya fue destituido pero no ha sido arrestado. Hace unos días, el periodista Juan Mendoza Delgado, del portal de noticias locales “Escribiendo la Verdad” fue hallado muerto tras estar desaparecido un par de días. Las autoridades aseguran que fue atropellado pero la versión ha sido puesta en duda por supuestas imágenes del cuerpo que mostrarían huellas de tortura.
De confirmarse un móvil profesional en la muerte de Mendoza Delgado, Veracruz habría registrado dos homicidios de periodistas en los últimos 12 meses. Oaxaca ya cuenta cuatro, incluyendo los dos de Cosolapa aunque ahí la ubicación de las coberturas que habrían provocado los crímenes no están claras.
Desde hace varios años, Veracruz es el estado más peligroso para el ejercicio del periodismo en México. Ahora Oaxaca se añade como foco rojo y el sur del país da señales de alarma. En mayo del año pasado otro periodista fue asesinado en Guerrero. En Tabasco se ha registrado otro, pero dado que el móvil apunta a cuestiones personales no se ha contabilizado como un crimen con motivos periodísticos.
La impunidad como motor de las agresiones no está en duda. Que en municipios tan pequeños como Medellín y Cosolapa haya sido posible asesinar a dos periodistas en cada lugar en los últimos meses deja claro que los actores que buscan silenciar a la prensa, sean políticos, criminales (o político-criminales, pues uno nunca sabe) se mueven a sus anchas y sin temor de consecuencias. La mayoría de los homicidios han ocurrido con un secuestro previo de las víctimas, lo que significa que las autoridades han tenido tiempo para encontrar a los periodistas con vida y han fracasado.
La violencia contra la prensa es fluida. Se mueve de lugar y las alertas se prenden de manera insospechada. Hace cinco años los reflectores de la violencia contra periodistas estaban en otro lado, en los estados del norte.
Doce periodistas fueron asesinados en 2010, siete de ellos en estados norteños: Sinaloa, Nuevo León, Chihuahua, Tamaulipas y Coahuila. En el verano de ese año la atención estaba sobre esta zona, campo de guerra entre cárteles del narcotráfico.
Este verano marcaremos el quinto aniversario de dos acontecimientos que cimbraron al periodismo mexicano. El 26 de julio de 2010 ocurrió el secuestro de dos periodistas de Televisa y uno de Multimedios-Milenio a manos del Cártel de Sinaloa en Gómez Palacio, Durango.
Los periodistas cubrían la intervención federal en el penal de Gómez Palacio luego de que se reveló que sicarios del Cártel de Sinaloa que estaban presos ahí eran liberados de noche para cometer masacres en Torreón. El cártel usó los plagios para un chantaje sin precedentes: presionar a esas cadenas de televisión a difundir videos que acusaban vínculos de funcionarios públicos con el cártel de Los Zetas. Ambas televisoras se negaron a difundir el material a nivel nacional y los periodistas fueron liberados.
Un mes y medio después, el 16 de septiembre, el fotógrafo del Diario de Ciudad Juárez, Luis Carlos Santiago, fue acribillado en la calle. Era el segundo reportero asesinado en la ciudad fronteriza que se había convertido en la capital mundial del homicidio. En 2008, otro reportero del mismo Diario de Juárez, Armando Rodríguez, fue baleado frente a su hijo. Pero aunque la muerte de Santiago tenía antecedentes de sobra, lo que hizo su periódico fue inédito. En un editorial de primera plana el 19 de septiembre, el diario se dirigió a los “señores de las diferentes organizaciones (criminales) que disputan la plaza”, les hizo notar que “ustedes son las autoridades de facto en esta ciudad” y les pidieron “que nos expliquen qué es lo que quieren de nosotros, qué es lo que pretenden que publiquemos o dejemos de publicar, para saber a qué atenernos”.
Si la publicación de notas sobre violencia criminal tiene consecuencias, razonaba el Diario de Juárez, era mejor pedir “línea” sobre lo que pudiera pisar los callos de los delincuentes, porque las autoridades no daban ninguna garantía de libertad de expresión. El texto dijo lo que varios editores llegamos a pensar pero nunca a poner por escrito. En medio de la ola de violencia contra periodistas, parecía lo más sensato.
En el siguiente lustro la violencia contra la prensa en el norte de México fue cediendo. Por supuesto que no se eliminó: cuatro de los 10 homicidios de periodistas desde julio del año pasado han ocurrido en estados norteños, en Zacatecas, Sinaloa y dos en Tamaulipas.
Pero los casos del sur han cobrado más atención porque han ido en aumento sostenido. En 2010 no hubo asesinatos de periodistas en Veracruz. En los 10 años previos se registraron cinco y en los últimos cinco años se cuentan 12. En Oaxaca la violencia ha trepado silenciosamente: un periodista asesinado en 2013, otro en 2014, tres en lo que va de 2015, el más reciente el del locutor Filadelfo Sánchez, acribillado el 2 de julio al salir de su programa de radio.
El deterioro de las condiciones para ejercer periodismo en esos estados se ha dado bajo las gubernaturas de Javier Duarte en Veracruz y Gabino Cué en Oaxaca. Más que una coincidencia, la realidad marca una tendencia de cheque en blanco para cualquiera que piense que sus problemas se solucionan matando periodistas. Claro, esto no es exclusivo de estas dos entidades. Mañana puede darse en cualquier otra parte del país si no se frena la impunidad.
Fuente: El País, 7.7.15 por  Javier Garza Ramos, colaborador del proyecto Periodistas en Riesgo de Freedom House y el Centro Internacional para Periodistas

Jacobo Zabludovsky y las mujeres

Palabra de Antígona
Hay oficios en el mundo que se aprenden con el ejemplo. El periodismo es uno de ellos. Calificado como el mejor oficio del mundo por el Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez. Un oficio que demanda 24 horas de trabajo, sin descanso. Ese fue el oficio de Jacobo Zabludovsky, maestro de la noticia.
En 1966 yo estudiaba periodismo cuando nació el Noticiero Nescafé, en canal 2 de televisión. Más tarde nació 24 Horas, luego ECCO, noticiarios que se abrieron espacio al ritmo de algunos cambios tecnológicos, como el satélite y la televisión mundial.
En esa época, mucho antes de la revolución tecnológica, el oficio de periodista estaba ligado fundamentalmente a conseguir la noticia, la primicia, el anuncio, la revelación, lo que se llamaba entonces “conseguir una exclusiva”. Eso significaba vivir para lograr; conseguir para aparecer y ganar, se necesitaba una fuerte dosis de adrenalina y una energía poco común. Eso ya no existe. Pero durante muchos años un modelo de ese periodismo reporteado, diría, ansioso por la noticia, lo representó visiblemente Zabludovsky.
Recuerdo que la primera vez que lo vi, estaba reporteando desde un vehículo, de la misma forma en que lo hizo durante el terremoto de 1985 y cuya imagen vimos por televisión a raíz de su deceso,  solo que yo me refiero a otra ocurrida como  como 10 años antes. Él salió a reportear el incendio del restaurante Mauna Loa en la Zona Rosa, no era la entrevista a un funcionario o a un jefe de estado. Lo vi y escuché muchas veces diciendo, este es un asunto que no leerá mañana, es exclusivo. Y así podría contar muchas escenas semejantes, en tiempos en los que me formé, deseando la exclusiva, la primera plana, yendo tras la noticias, sin el dios google ni el teléfono celular.
Muy pronto me convertí en militante feminista. Viví largo tiempo una contradicción profunda. Ganar la noticia a toda costa, lo que significa pelear y competir tremendamente. Una de las características más claras del patriarcado, se diría. Llegar primero, dar codazos en la muchedumbre para lograr la entrevista exclusiva; conseguir como he oído recientemente, la portada, es decir a la primera plana, con la nota más espectacular y novedosa. Claro, esto se contradecía con el principio de solidaridad e igualdad feminista. No fue fácil. Debo confesar, no obstante, que todavía siento orgullo de vivir con adrenalina y conseguir una exclusiva, lo que me causa gran placer.
Zabludovsky ganaba las primicias sistemáticamente. No sé si lo que opinaba o lo que decía se calificaba como bueno o malo. Cuando me volví feminista me di cuenta que tanto en el Noticiero Nescafé como en 24 Horas, este personaje abrió las puertas a las reporteras. Me tocó la época en que había muy pocas reporteras en todos lados. Y lo curioso, lo digo para  analizar, que no contrató caras bonitas y figuras estereotipadas, contrató a profesionales del periodismo como Marcela Mendoza, Rosa María Campos, Rita Ganen, Graciela Castro, todas ellas hicieron de Nescafé y los primeros años de 24 Horas, un ejemplo de buen periodismo.
Me dirán que luego llegaron las rubias o esas de ojos increíbles, como los de Adela Micha, jovencísima en ECCO, o Lolita Ayala. Pero lo que cuento es para anotar y saber. No las eligió por güeritas, todas tienen y tuvieron en común ser buenas periodistas, como una segunda generación formada entre otras por Ana Cristina Peláez, Norma Meraz, Patricia Berumen e Isabel Zamorano, entre las que recuerdo.
Jacobo difundió la violencia contra las mujeres
En 1976 las feministas empezamos a darnos cuenta del tamaño de la violencia contra las mujeres. En mi caso el oficio invitaba y la militancia obligaba. Un caso de violación tumultuaria en el campus universitario fue llevado a 24 Horas, Jacobo Zabludovsky lo tomó y lo difundió; no necesitaba darse golpes de pecho, simplemente como se dice en el argot periodístico, le dio seguimiento.
Ese señor, del que todavía hoy se exige militancia, simplemente hizo lo que muchas deseamos y millones de opinadores y analistas ni ven; deseamos, repito, que alguien cuente lo que escenifican las mujeres; su condición social; sus avatares, sus propuestas. Que haya oídos y difusión, para que las demás mujeres lo sepan, para hacer presión política y difusión social; para contribuir a que haya solución y se acabe con la impunidad.
Jacobo dio cabida a los asuntos de la violencia contra las mujeres, sistemáticamente. A partir de 1976 todos los casos, hasta uno al que yo le di seguimiento, como la violación de muchas jovencitas a manos de un funcionario de la embajada Egipcia en 1981, y el de las 19 jóvenes del sur en 1990. Nunca le pregunté por qué lo hacía, aunque hablé con él dos o tres veces en toda mi vida, y lo hacía sin agitación, sin exageración.
Lo hizo igual en los últimos casi 16 años en el noticiario de Una a Tres en Radio Red, donde siempre dio a conocer decenas de informativos que yo le envié. En otros espacios, de grandes e importantes periodistas, esos casos no fueron difundidas, sobre todo cuando carecían de una segunda intención: un gobernador en la picota o algo parecido.
Por esos hechos recuerdo a este oficiante de la noticias, alguien que se me parece, aunque para muchas jóvenes o periodistas sea una conducta añeja, porque hay que descubrir y difundir, antes que nadie, para que no se olviden de ciertos y, con frecuencia, trascendentes hechos y por esa rara solidaridad con uno de los asuntos que nos preocupan, conmueven, sobresaltan en estos tiempos de extendida impunidad y, con frecuencia, de indiferencia y superficialidad; llegar primero tendría que estar ligado a un tema que no importa a las nuevas generaciones de periodistas: tendría que asombrar, calar, producir adrenalina, impronta por decirlo antes que nadie. Hoy habría que sacudir a los oficiantes de la información.
Claro, lo que el o la lectora piensa es verdad. Hoy ya nada se parece al mejor oficio del mundo. Las noticias las gana el Facebook; nadie se conduce con una libreta y un bolígrafo por las calles o las oficinas, nadie constata y comprueba hechos, nadie entra en un estado de excitación tal, y de adrenalina como cuando una se acerca a una noticia; se llega al colmo del  amarillismo o politización de los hechos, no de los hechos en sí mismos, sino lo que se dice u opina sin causar asombro.
No, la violencia contra las mujeres se “justifica” y sólo se traslada a una seca, brutal y poco documentada culpa: la del gobierno; no se explica, no se investiga, no se informa, no se da la noticia; también la noticia ha sido cambiada por una cosa que no entiendo: la denuncia o el ocultamiento, como el fin de toda la difusión.
No se profundiza. Hay una anécdota que recuerdo de Zabludovsky. Una más, lo juro. El diario donde yo trabajaba me envió a un suceso en el ejido “La Víbora”, del municipio de Tlalixcoyan, en el sur del Estado de Veracruz, probablemente era 1989. Ahí fueron asesinados cuatro o seis policías “nuevos”, jóvenes que perseguían una avioneta que transportaba drogas.
El asunto donde participaron un puñado de militares se desfiguró. Las “filmaciones” oficiales eran confusas, nada parecía claro. Declaraciones contradictorias y miedo. Hice mi trabajo con gran sigilo y temor. Cuando en la noche prendí el televisor, Jacobo decía, con su voz característica que las filmaciones habían sido manipuladas y que ello exigía una explicación de la autoridad; luego contó lo que yo vi, sin altisonancia y sin hablar de más, sólo de los hechos. El asunto dio mucho que decir en los meses siguientes. Él solamente contó.
Es el mejor oficio del mundo. Dar testimonio, contar, decir con simpleza lo que pasó. Ya sé, me van a decir que los y las periodistas tienen intención. Mi respuesta es: no necesariamente. Y hablar de los hechos tal cual, con frecuencia se confunde con una posición. Ahora, es verdad que se debe ir al fondo, con investigación, no con opiniones y supuestos; tampoco con el afán amarillista de sólo denunciar, con frecuencia sin elementos suficientes; con frecuencia sin la búsqueda de la verdad, que sigue siendo un afán del buen periodismo.
Fuente: Periodistas en español, 6.7.15 por Sara Lovera, periodista y feminista mexicana

Jon Lee Anderson, el lugar del periodismo

El conflicto forma parte de nuestra naturaleza como seres humanos. No es una aberración ni una excepción, es necesaria vida diaria. Lo importante, por consiguiente, no podría ser eliminar el conflicto, sino resolverlo, aún sabiendo que cualquier solución siempre está limitada a ser vivida como convivencia inevitablemente provisional. La política, por su lado, es un particular modo del conflicto, aquel que trabaja con su presencia pública. Intenta resolverlo debatiéndose entre dos extremos: como puro ejercicio del poder o como consenso del bien común.
Hoy, en Bolivia, estamos viviendo bajo el imperio de cierta política; por tanto, el conflicto público ha invadido incluso nuestra vida privada y nuestra experiencia simbólica. Y como nuestra política es incapaz de acercarse al polo del bien común, vivimos el conflicto como agudización del antagonismo. Ya no podemos relativizar las discrepancias, ya no podemos debatir las diferencias. El único espacio que habitamos es el de la trinchera.
La comprensión de los medios de comunicación como mediación o como escenario de socialización de valores y prácticas es apropiada en circunstancias en las que hay un equilibrio entre la política del poder y la política del consenso, entre negociaciones y entre pactos.
Pero es claramente insuficiente cuando la política del poder se ha expandido imperialmente e invade, inclusive, los campos simbólicos o los ámbitos afectivos. Cuando esto sucede el mundo político ya no nos representa ni logra cumplir su rol de intermediario entre sociedad y Estado. Por consiguiente, el periodismo puede limitarse a la mediación o a la puesta en escena de los inevitables conflictos democráticos.
Cuando la política del poder nos invade con antagonismos y polarizaciones, algunos medios y algunos periodistas se degradan a la consigna política y a la violencia simbólica. Esos y ellos han dejado de ser medios de comunicación y periodistas para convertirse en actores políticos y, por consiguiente, deberían asumir su nuevo rol con hidalguía, sin pretensiones elementalmente periodísticas de que nos estarían informando.
Por tanto, en el momento del imperio de la política como puro ejercicio del poder, el lugar del periodismo es el lugar de la conciencia y del conocimiento. Ya no puede limitarse a ser escenario de diálogos y debates, aún si esa responsabilidad continúa siendo imprescindible. Cuando la política del poder exclusivamente antagónico nos ha invadido, ya no es suficiente responder con acciones plurales ni con gestos comunicativos entre posiciones.
Ya no basta registrar ni informar sobre la guerra. Es necesario conocerla, es imprescindible tomar conciencia de su proceso, es preciso arriesgarse a radiografiarla. Si los mejores periodistas nos explican por qué y cuándo comenzó la guerra, si nos cuentan las tácticas y las retóricas de las batallas en las que estamos inmersos, si nos transmiten los afectos, los valores, los significados de cada derrota y de cada victoria, en la vida de cada uno de los estrategas de esa guerra, en la que somos soldados involuntarios, pero inevitables, entonces los ciudadanos podremos construir nuestra trinchera a la medida de nuestras necesidades, de nuestras convicciones y del futuro que queremos construirnos.
Seguiremos siendo soldados de una guerra política porque no fuimos capaces de convertirla en un diálogo nacional amoroso, pero cuando menos seremos soldados conscientes de nuestros actos y no títeres de la mezquindad.
De ahí que para Jon Lee Anderson el lugar del periodismo en una guerra política o en una militar es, posiblemente, el lugar central. Quizá por eso afirmó en la Feria del Libro de Santa Cruz que “no es fácil decir la verdad en los medios, incluso en los menos conservadores”. Refiriéndose – supongo- a la verdad alojada en los derechos humanos, porque en ellos se enraíza el lugar de la vida, de la democracia, del diálogo. El lugar de la autodeterminación.
Aún cuando no podamos negarnos a la degradación de la guerra, porque no tuvimos la estatura histórica de construir un pacto liberador para todos, en ese periodismo radicará la reserva moral de la emancipación. Ese refugio de la conciencia de que aún en medio de la guerra no somos animales interesados exclusivamente en nuestra inmediatez. Ese hogar del conocimiento de nosotros mismos que nos permite confiar y saber que la guerra es apenas una circunstancia desgraciada. Esa certeza de que la libertad no nos ha abandonado. Esa confianza de que habrá una vida hermosa después de la guerra.
Fuente: Página siete, 3.7.15 por Guillermo Mariaca Iturri, literato

México: ¿Cuál reforma de medios? más censura y presidencialismo

Desde el inicio de su gobierno, Enrique Peña Nieto quiso desembarazarse del vínculo contractual con Televisa y TV Azteca, con las grandes empresas de radiodifusión y mostrarse como un primer mandatario priista que impulsaría una reforma profunda en telecomunicaciones y en medios.
A menos de tres años de distancia, la reforma legal devino en una contrarreforma: todos los avances que se lograron en el terreno de la reforma constitucional (incluir los derechos de las audiencias, determinar que los medios son “servicios de interés público”, crear un órgano autónomo para que el presidente no fuera el gran árbitro de las concesiones, avanzar en la convergencia y eliminar la brecha digital, entre otras) se transformaron, en la práctica, en retrocesos.
En ningún otro sexenio como en éste el derecho a la información y los derechos de las audiencias han sido sistemáticamente violados y vulnerados con el acuerdo de los grandes corporativos mediáticos y el gobierno.
En ningún otro sexenio como el peñista la práctica de la censura previa se ha generalizado no sólo en los medios públicos (como el caso reciente y escandaloso del Canal 22), sino en los medios electrónicos, en los medios impresos (dependientes del uso de la publicidad oficial como mecanismo de control) y entre los concesionarios de radio.
Lo peor de este escenario es que el autoritarismo informativo ya no es monopolio exclusivo de la Presidencia. En las entidades de la República, los gobernadores –sin distinción de signo partidista– recuperaron las viejas prácticas del control, intimidación, persecución hacia los medios e informadores críticos, la impunidad frente a los homicidios de periodistas, el despilfarro de recursos públicos para promoverse personalmente y la censura directa o indirecta.
Los casos más graves, señalados una y otra vez en medios alternativos digitales o en las redes son los de Javier Duarte, en Veracruz (que se llevará el récord de censor y agresor en su mandato), Rafael Moreno Valle, en Puebla (que combina la ambición con la guerra sucia a sus críticos), Roberto Borge, en Quintana Roo (que encarcela a todo aquel que le sea incómodo), a Manuel Velasco, en Chiapas (que ejerce la antigua práctica de sembrar chayotes en las salas de redacción nacionales y estatales), César Duarte, en Chihuahua (que aspira a dirigir el PRI nacional a través de la mano dura), o Rodrigo Medina, en Nuevo León (cuyo control y convenio con las televisoras no lo ayudó en nada para evitar el hundimiento de su partido).
Estos son algunos ejemplos, pero no los únicos.
El estado de censura e intimidación de los medios informativos en México es sólo comparable con la denuncia constante en los foros internacionales, en las redes sociales y en algunos medios internacionales que documentan este retroceso de manera aleatoria.
El 2015 acumula una serie de eventos que documentan esta situación:
1.-Caso Aristegui.- En cualquier otra nación civilizada las formas y el fondo de la salida de Carmen Aristegui hubiera merecido un debate público abierto y una solidaridad generalizada de los informadores. La conductora con mayor índice de audiencia en la radio matutina fue despedida de la peor manera y un equipo de 19 personas fue echado a la calle con argumentos pueriles.
La censura a Aristegui y su equipo se encubrió de “asunto entre privados” y ahora pretende ser reducido a un asunto contractual. El derecho de la libre empresa se sobrepone sobre el derecho a la libertad de expresión y el derecho a la información. Esos son los argumentos de MVS.
Lo más grave es que ni una sola palabra de los gobernantes o algún pronunciamiento claro y contundente de los legisladores que aprobaron la reforma de telecomunicaciones se ha emitido en este caso. Hasta Andrés Manuel López Obrador ha preferido callarse frente a este episodio que deja secuelas muy graves.
2.-Caso Canal 22.- Una de las secuelas más graves ocurrió esta semana en el Canal 22. El director de Noticias, Juan Jacinto Silva, y un equipo de 10 periodistas y colaboradores que realizaban programas de investigación periodística como El Observador y El Global decidieron renunciar ante la constante censura previa ejercida por Raúl Cremoux, actual director de la estación pública que este día cumple 22 años.
El primer signo claro de censura se generó cuando Noticias22 decidió informar sobre la salida de Carmen Aristegui de MVS. Cremoux se enfureció. Y el señor director de Canal 22 se olvidó del propio estatuto de medio público de esta estación dependiente de Conaculta para manejar la estación como una extensión de los caprichos de la vocería de Los Pinos.
Lamentable que Canal 22 celebre sus 22 años con este expediente de retroceso tan grave.
Pero no es el único medio público donde se ha retrocedido a la era diazordacista del control editorial. En prácticamente todos los estados los gobernadores manejan las televisoras y radios públicos como si fueran su parcela privada para alentar su Ego.
3.-La Publicidad como Mecanismo de Control Informativo.- El gobierno de Enrique Peña Nieto ha destinado 11 mil 300 millones de pesos del erario en publicidad destinada a medios de comunicación. El gasto no se ha democratizado en nada: 35% se ha destinado a las dos grandes televisoras, 19% a cerca de 10 grupos radiofónicos, sólo 10% a medios impresos, 3% a medios impresos y electrónicos internacionales, 2% a revistas, 6% a medios digitales, 15% a algo que denominan “medios complementarios” y 9% a “diseño, producción, pos producción y copiado”.
Se han reducido sustancialmente los recursos a los medios públicos (Canal 11, Canal 22, IMER, Radio Educación, OPMA, etcétera), al tiempo que se ha reforzado el control editorial en los mismos. Están en el peor escenario los medios públicos: pobres y censurados.
La publicidad se utiliza como un arma de coerción y no de difusión. Al medio que trate de equilibrar con información crítica, se le castiga retrasándole los pagos y las firmas de los convenios publicitarios.
“No pago para que me peguen” fue el viejo apotegma de López Portillo para justificar la suspensión de convenios publicitarios con medios críticos como la revista Proceso. Sin decirlo, Peña Nieto “paga para que no le peguen y controla para pagar después”.
4.-La promoción personalizada de los políticos en los medios.- La reforma constitucional en radiodifusión y telecomunicaciones, más la reforma político-electoral prohibieron expresamente los infomerciales de políticos y candidatos en medios electrónicos. En el 2015 la violación más sistemática del Partido Verde y de varios gobernadores, con el consentimiento de las dos grandes televisoras, fue en este aspecto.
Nadie los frenó a tiempo. El daño se hizo no sólo contra la equidad de la contienda electoral sino contra la credibilidad de los propios medios.
5.-Una tercera cadena de televisión a modo de Peña Nieto.-Desde su toma de posesión, Peña Nieto anunció que licitaría dos grandes cadenas de televisión digital. El proceso quedó a medias. Sólo se concretó una de las dos grandes cadenas y fue para el Grupo Imagen, de Olegario Vázquez Aldir, que construyó una plataforma multimediática desde el sexenio de Vicente Fox para lograr tener la concesión de una cadena de televisión.
Grupo Imagen sólo tiene clara una línea editorial: “somos soldados del Presidente y al señor Peña Nieto no se le critica”.
Así ocurre en las secciones informativas de los medios impresos, radiofónicos, digitales y en la televisión de Cadena Tres. ¿Eso significa alentar la competencia y la democratización en los medios electrónicos?
Evidentemente, estamos en uno de los periodos de mayor retroceso en materia de respeto a la libertad de expresión y derecho a la información.
Fuente: Proceso, 2.7.15 por Jenaro Villamil