Ban Ki-moon: los asesinatos impunes de periodistas favorecen la censura

El secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, ha declarado este 2 de noviembre de 2015, primer Día Internacional para Poner Fin a la Impunidad de los Crímenes contra Periodistas, que la impunidad que se produce en la inmensa mayoría de los asesinatos de periodistas favorecen la censura de los gobiernos.
“Hoy recordamos a los periodistas y trabajadores de los medios de comunicación que han perdido la vida en acto de servicio”, ha dicho Ban Ki-moon al recordar que en la última década han resultado muertos más de 700 periodistas, uno cada cinco días, “simplemente por llevar al público noticias e información”.
Ban Ki-moon  sostiene que muchos periodistas “perecen en los conflictos que cubren de forma tan valiente, pero demasiados han sido silenciados deliberadamente por tratar de decir la verdad. Solo se resuelve el siete por ciento de esos casos, y menos de uno de cada diez crímenes se investiga plenamente”.
A su juicio, esa impunidad “agrava el temor entre los periodistas y permite que los gobiernos censuren con inmunidad”, por lo que “debemos hacer más para combatir esta tendencia y asegurar que los periodistas puedan informar libremente. Los periodistas no deberían autocensurarse porque temen por su vida”.
La Asamblea General proclamó el Día Internacional para Poner Fin a la Impunidad de los Crímenes contra Periodistas para resaltar la necesidad urgente de proteger a los periodistas, y para conmemorar el asesinato de dos periodistas franceses en Malí el 2 de noviembre de 2013.
La directora general de la Unesco, Irina Bokova, aseguró a su vez que ha insistido en la necesidad de investigaciones más exhaustivas: “En los últimos seis años, he condenado pública e inequívocamente más de 540 casos de asesinatos de periodistas, profesionales de los medios de comunicación y productores de contenido para las redes sociales que generan una cantidad significativa de información”.
La directora general alertó que cada vez que el responsable de un crimen evade la rendición de cuentas, alienta a otros criminales y provoca un ciclo vicioso de violencia.
Fuente: Periodistas en español, 2.11.15

Información y compromiso con la sociedad

Actualmente vivimos en una sociedad totalmente mediatizada, tanto así que a diario los medios en distintas partes del mundo emiten millones de noticias por la televisión, radio, periódicos, revistas y ahora, en Internet. Pero surgen entonces algunos interrogantes: ¿cuál es la influencia de estos mensajes en el público y cómo se cumple la función de informar con responsabilidad y ética?
Tiempo atrás los medios de comunicación fueron denominados “el cuarto poder” debido al impacto social que éstos causaban en la opinión pública, con la capacidad de conducir no sólo ideas; sino también direccionar actitudes y hasta inculcar o erradicar nuevos estilos de vida.
A pesar del innegable predominio de las nuevas tecnologías, el común de las personas aún concede credibilidad a los medios de comunicación tradicionales. La gente confía en los escritos de las páginas de un periódico, asume como cierto aquello que escucha por la radio y se asombra ante las imágenes de la televisión.
En este escenario, el periodismo escrito asume un papel fundamental, que trasciende sus deberes convencionales: informar con veracidad, oportunidad y exactitud. Sino también ahora y más que nunca, los medios deben replantear su función responsable al servicio de una sociedad.
Informar y no opinar
Si bien es cierto, la libertad de expresión es un derecho fundamental; en el ejercicio del periodismo las condiciones cambian: no es posible opinar, calificar o enjuiciar en el momento de informar.
Es propicio evocar una reconocida frase del periodista español Martínez Albertos: “los hechos son sagrados y los comentarios libres”. Nada más oportuno traer a colación este pensamiento, ya que si bien quien informa puede discriminar entre los detalles justos de un hecho noticioso y sus propias opiniones; el público carece de esta posibilidad y asume como verdadero todo lo que dicen los medios de comunicación.
El compromiso no es menor, puesto que para la gran mayoría de las personas, los medios son todavía sus ojos y oídos ante el mundo, una forma de saber y conocer lo que sucede a su alrededor o desde aquellos espacios a los que no tiene posibilidad de acceder.
El hecho de enfatizar en la noticia, no implicará de ninguna manera la coerción a la originalidad del periodista, puesto que existe una inmensidad de géneros para comunicar: el reportaje, la crónica, la semblanza, entre tantos otros. La diferencia radica en que el lector, televidente u oyente, deberá saber de antemano cuándo está frente a una información, opinión o comentario; para concederle la oportunidad de formular sus propios juicios.
El profesor de periodismo José María Desantes (1967) inculcaba en sus estudiantes la tarea de informar y distinguía tres modalidades: la comunicación de ideas mediante la propaganda, la de juicios con las notas de opinión y la principal para comunicar sobre hechos: la noticia.
Herencia significativa: el Lead
La tarea de informar impone en el periodista el requisito de la imparcialidad y la objetividad, siendo ésta última la exigencia más complicada de todas, para algunos autores el ser totalmente objetivo resulta ser más bien una utopía; ya que detrás del periodista no deja de existir una persona con emociones, sentimientos y valores.
Sin embargo, a pesar del esfuerzo de corrientes emergentes en el periodismo por incluir nuevos y revolucionarios métodos para informar, es el lead informativo la técnica de redacción más certera para iniciar una noticia con respeto y consideración al público.
El vocablo anglosajón lead significa “entrada” y es el primer párrafo de una noticia, se construye mediante las simples respuestas a seis preguntas básicas que el periodista responde en su texto informativo: quién, qué, cuándo, dónde, cómo y el porqué de un hecho. Se supone que con esta fórmula de redacción el público puede estar informado sobre lo esencial de un hecho; evitando la tentación de incluir elementos llamativos y subjetivos de manera intencional para captar su atención, como ser: exageración, engaño, deformación, disimulo o silencio.
Afirmamos, no existen recetas únicas para informar, pero bien valdrá la pena el esfuerzo de asumir y valorizar esta labor, porque como bien nos dijo el nunca olvidado Gabriel García Márquez, “el periodismo es el mejor oficio del mundo”.
Fuente: El Diario, 5.11.15 por Yelka Aguilera Santos, comunicadora y docente universitaria.

Riesgo de cierre de 450 radioemisoras

El presidente de la Asociación Boliviana de Radiodifusoras (Asbora), Raúl Novillo, ha vuelto a poner en el tapete de la discusión un tema de alta importancia. La reducción del “espectro de frecuencias” para las radioemisoras bolivianas. Según su cálculo, al menos 450 radios bolivianas podrían desaparecer. Entre ellas dos que han sido catalogadas como “enemigas” por el gobierno, Fides y ERBOL, y que figuran entre las más importantes del país.
Lo que sucede es que la ley de telecomunicaciones establece que solo el 33% de las radioemisoras bolivianas pueden ser privadas. Y como actualmente son entre el 70% y el 80% del total, deben reducirse para encajar en el 33% determinado por la ley. Por lo tanto, cree Asbora, unas 450 de ellas podrían perder sus licencias de funcionamiento.
El artículo 10 de la norma establece la distribución de frecuencias para radiodifusión: 33% para estaciones comerciales, 33% para medios del Estado, 17% para pueblos indígenas y 17% para emisoras de carácter comunitario.  Las primeras son en realidad de tipo gubernamental, no estatal. Las comunitarias e indígenas son casi siempre proclives al oficialismo. En el mundo privado es donde se encuentra más diversidad.
La ley faculta al gobierno, mediante la ATT,  administrar, autorizar y supervisar el uso de las frecuencias de radiodifusión en territorio nacional a través de un plan nacional de frecuencias, que todavía no está definido.
Haber colocado esos arbitrarios porcentajes en una ley no es parte del azar: todo parece indicar que es un elemento estratégico para acallar a los medios de comunicación que no comulgan con el gobierno. Por tanto, el gobierno, sin control de nadie, autorizará o rechazará los permisos  de acuerdo a su criterio.
Muchas de las licencias de las radios terminan entre 2016 y 2017. Las de Fides y ERBOL concluyen en octubre del próximo año y, tres meses después, en enero de 2017, la de Panamericana, otra radio boliviana de alcance nacional y alta influencia.
La norma no solo afecta a las radios sino también a los canales de TV, que se encuentran en la misma situación de inermidad y vulneración.
El actual sistema mediático boliviano está ya muy debilitado. El actual gobierno ha logrado controlar, mediante distintos mecanismos, a una buena parte de los medios. La aplicación de la ley de telecomunicaciones podría implicar el golpe de gracia contra éstos y, por tanto, contra el pluralismo democrático. El cierre de 450 radios, entre ellas algunas de alcance nacional, y otras decenas de canales  solo señalaría el empeoramiento de la salud de la democracia.
Fuente: Página siete, 5.11.15

Agresiones a periodistas fin de la impunidad

En el marco del Día Internacional para poner fin a la impunidad de los crímenes contra periodistas es oportuno recordar a nuestros colegas asesinados por delincuentes que cegaron valiosas vidas, dejando un enorme vacío en sus hogares, en las redacciones y cabinas y en el gremio, con las respectivas repercusiones en la sociedad.
La ONU estableció el 2 de noviembre como el Día para reclamar justicia a los profesionales de la información y ha aprobado una serie de resoluciones que llaman la atención de los Estados sobre este asunto.
La Unesco, entidad mandatada para atender estos temas, señaló: “Ante el aumento de los ataques contra los periodistas, la Unesco lideró el Plan de Acción de las Naciones Unidas sobre la Seguridad de los Periodistas y la Cuestión de la Impunidad, con el objetivo de poner fin a la impunidad mediante una acción concertada de los organismos de las Naciones Unidas, en colaboración con gobiernos, la sociedad civil, el mundo académico y los propios medios de comunicación de todo el mundo”.
Sin embargo, el secretario general de la ONU manifestó su preocupación por la falta de logros en reducir la frecuencia y la magnitud de la violencia dirigida contra los periodistas, así como la impunidad casi absoluta que favorece la censura.
Reporteros sin Fronteras pidió a la ONU que cree el puesto de Representante Especial del Secretario General para la protección de periodistas, requerimiento que responde a la realidad que enfrentamos, a pesar de las resoluciones adoptadas por el Consejo de Seguridad y la Asamblea General de la ONU en los últimos 10 años y al elevado número de periodistas asesinados mientras realizaban su trabajo, tiempo durante el cual más de 700 informadores fueron asesinados en el ejercicio de su cargo.
Esto significa que las resoluciones, las declaraciones y las condenas no servirán de coraza para que nuestros colegas no sigan perdiendo la vida. En nuestro caso, la Unidad Fiscal de Delitos contra Periodistas ha depurado la lista original que Cerigua le proporcionó, que contabilizaba 27 asesinatos desde el año 2000 a la fecha. Se ha reducido a 20 el número de casos a investigar. De marzo de 2013 a la fecha, siete periodistas fueron asesinados, tres durante este año.
La lucha contra la impunidad es una bandera que no debemos arriar. Es el camino para lograr la justicia para los caídos, pero igualmente importante es demandar del Estado garantizar a la prensa un clima idóneo, las medidas de prevención eficaces y los mecanismos institucionales que hagan efectivas esas responsabilidades estatales.
Es oportuno llamar al equipo del presidente electo Jimmy Morales, para que haga una revisión del proceso que durante el gobierno anterior se impulsó, en una mesa técnica y una consultora que, sin participación efectiva de periodistas, elaboró una propuesta sin legitimidad ni sustento, con la ausencia de suficiente participación gremial.

Derecho a la información y libre expresión

El derecho de los individuos de una sociedad a la información y la libre expresión, es uno de los pilares de la “libertad” del ser humano, pues no podría haber democracia ni estado de derecho sin el ejercicio de estos derechos.
En la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, de agosto de 1879 en Francia, en el inicio de la Revolución Francesa, ya se estableció la libertad de pensamiento, que a su vez se exterioriza con la libertad de expresión, pues el pensamiento debe ser libremente expresado a otros individuos.
Más tarde, a los 159 años, de haber en alguna medida popularizado, en buena parte del mundo, el liberalismo como un sistema de libertades, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, proclamada en diciembre de 1948 por la Organización de las Naciones Unidas, amplió el concepto del derecho a la libertad de pensamiento con la libertad de información, dando a estos derechos el carácter de derecho fundamental que alcanza no sólo a los periodistas, sino a todo individuo independientemente de su condición social o económica.
El artículo 19 de la Declaración de los Derechos Humanos dice: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión: este derecho incluye a no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitaciones de fronteras, por cualquier medio de expresión”.
La “Convención Americana sobre Derechos Humanos o Pacto de San José de Costa Rica” de 1969 en su Art. 13 con el subtítulo de: “Libertad de Pensamiento y de Expresión”, en el inciso 1 dice: “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento y expresión. Este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideraciones de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección”.
La Carta Democrática Interamericana, de la Organización de Estados Americanos (OEA), de 11 de septiembre de 2001, en su Art. 4to. declara: “Son componentes fundamentales del ejercicio de la democracia, la transparencia de las actividades gubernamentales , la probidad, la responsabilidad de los gobiernos en la gestión pública, el respeto por los derechos sociales, y la libertad de expresión y de prensa”.
Si a los individuos se les niega o restringe el acceso a la información, veraz y cierta, se les priva de ejercer el derecho de emitir y conocer opiniones, la manifestación de sus ideas no será libre y se estará así cometiendo una flagrante violación a derechos fundamentales, los que además en casi todos los países están constitucionalizados.
El interés público a la información es parte fundamental, además, del derecho humano a informarse, para tener un criterio objetivo y realista de todo lo que hace a la vida de la sociedad organizada; contribuye la información a que se haga efectivo al pluralismo ideológico y político de toda sociedad democrática o que se precie de tal.
Los seres humanos nos comunicamos y en esa comunicación expresamos nuestras ideas, las que deben ser libres y no sujetas a restricciones, como sucede en los regímenes de gobierno autoritarios y dictatoriales. Además ese derecho y libertad no puede y no debe ser restringido, por presiones, amedrentamiento, o medidas punitivas que coarten la libertad de expresarse por cualquier medio. Estos derechos de información y libre expresión han fundamentado a la libertad de prensa o más propiamente a la libertad de difundir hechos, acontecimientos e ideas, que se conocen como informar y dar opiniones, que son la finalidad de los medios de comunicación social.
Cuanta más libertad de información y opinión o expresión se dé en una sociedad, ésta será más organizada, madura y democrática, pues de la diversidad de ideas y pensamientos libremente expuestos, se puede acceder a la verdad; lo contrario sucede cuando se restringe la libertad de opinión y expresión, la verdad se oculta, se disfraza o se la liquida, estableciéndose el reino de la impostura y la falsedad.
Fuente: El Diario, 7.11.15 por Eric Cardenas, abogado

El periodista, el guerrillero y la libertad de prensa

Aquella época estaba marcada por las guerras de alta y baja intensidad. En la del Vietnam se jugaba el destino del Asia sudoriental. África y América Latina eran territorios disputados por las dos superpotencias. En nuestra región, la consigna cubana de convertir la cordillera de los Andes en una enorme Sierra Maestra, se cumplía por llanuras y montañas, a trancas y barrancas. El poder era hegemónico, bajo el ukase del poderoso vecino del Norte, feroces dictaduras militares, tenían como único instrumento político la más cruenta represión. De la otra trinchera, la lucha armada parecía ser la única respuesta posible, bajo el ejemplo de los 12 apóstoles que tumbaron en Cuba al Gobierno del sanguinario sargento Batista.
Bolivia no fue ajena a esta vorágine. El más conspicuo de los guerrilleros, Ernesto Che Guevara, iba a ensayar la creación del nuevo Vietnam en el corazón del subcontinente. La noticia explotó en marzo de 1967, cuando los guerrilleros emboscaron con éxito a una patrulla del Ejército en el sudeste boliviano. Entre marzo y abril se produjeron otros enfrentamientos. La tercera semana de este mes, fueron capturados Regis Debray, intelectual francés, reputado ya como el teórico de la estrategia del “foco guerrillero”, y el pintor argentino Ciro Bustos, ambos conducidos a Camiri para enfrentar la corte marcial.
Era una buena historia para contarla. Los periodistas de mayor enjundia fueron destinados a Camiri y a la zona del sudeste, para despachar sus reportajes cotidianos. Tres de ellos, mi padre, Luis J. González, “el Pila” como se lo conocía por su origen paraguayo; Gustavo “Chino” Sánchez, y mi persona, quienes trabajábamos en la corresponsalía de El Diario de La Paz, nos pusimos de acuerdo para ir más allá, escribir un libro sobre esos potentes acontecimientos. El libro resultó un éxito editorial; se publicó en una docena de idiomas. Tenía ciertas ventajas: fue uno de los primeros en narrar los acontecimientos que, con la muerte de Guevara, alcanzaron ribetes internacionales de envergadura, y porque además la documentación y las fuentes con las que contaba la obra eran de primera mano.
Después del tercer enfrentamiento en la zona de Ñancahuazú, donde cayó prisionero de los guerrilleros el mayor Rubén Sánchez, conseguimos una extensa entrevista con este oficial, hermano de Gustavo. También logramos hacernos con el comunicado Nº 1 del ELN (Ejército de Liberación Nacional), suscrito por el propio jefe guerrillero. Para cumplir con nuestro periódico, viajé a La Paz llevando el interesante material, pero la inflexible decisión del propietario del diario de mantener una suerte de cuarentena informativa sobre la guerrilla, evitó que fuera hecho público.
El fenómeno del David que quería infligir una derrota al Imperio, contaba con la simpatía de muchos periodistas, intelectuales, universitarios, gente de la clase media. Este periodista no era ajeno a esa atmósfera generalizada. De tal manera que hice los máximos esfuerzos por cumplir con el deber informativo de dar a conocer el comunicado del Che emitido desde el teatro de los combates.
El comunicado se distribuyó en panfletos universitarios, pero no bastaba, hasta que se me ocurrió acudir al colega y amigo Carlos Beccar Gómez, por entonces director del diario de Cochabamba Prensa Libre. Conocido por los amigos como “Bichi”, muy popular por su bonhomía y amplitud de miras. En tiempos inmediatamente anteriores de turbulencias políticas, Beccar, aunque de filiación movimientista, nunca regateó la información sobre los opositores perseguidos. Esta vez tampoco dudó ante el requerimiento que le hiciera, apelando a esa su condición de periodista independiente. Coincidimos en que se trataba de un deber profesional contar lo que sucedía sin ocultar los episodios que conmovían al país entero.
La misión no era sencilla: había que saltar por encima de la censura gubernamental y evitar la tentación de la autocensura, hacia la que el poder empujaba a los medios de comunicación. De esta manera, Prensa Libre –nunca más libre que en aquel momento– fue el único rotativo que publicó un extracto de ese documento histórico.
Y ocurrió lo previsto. El riesgo del que Beccar era plenamente consciente se convirtió en un hecho. El ejercicio de la libertad de informar desató las furias del poder. Un comedido fiscal no tardó sino horas en ponerlo ante el juez. A la porfía del interrogatorio sobre las fuentes de su información, Carlos Beccar contestó que el principio constitucional y, especialmente, el de la prensa independiente le impedían desvelar sus fuentes. Del juzgado, pues, Carlos Beccar fue a parar a la cárcel de San Sebastián, acompañado de una cohorte de colegas, trabajadores de prensa y radio y dirigentes universitarios. El periodista se convirtió aquella jornada en el símbolo de la defensa de las libertades y derechos ciudadanos, base de la construcción del periodismo insubordinado. Unas semanas más tarde, salió de la prisión. La dictadura tuvo que retroceder ante la solidaridad de sus compañeros y la presión de la sociedad civil.
La muerte es un fenómeno que no debería sorprender por su naturaleza inexorable, y ahora le llegó a mi amigo Carlos. Lo que nos queda a quienes lo quisimos es la ausencia entre nosotros de su inteligencia, de su carácter, de su sentido del humor y de su sonrisa de hombre bueno. Como pequeño homenaje a quien ya no está, he recorrido los meandros de la memoria, donde permanece su recuerdo, para escoger lo narrado como un momento destacado en la vida del periodista, del luchador y del amigo
Fuente: Los Tiempos, 30.10.15 por Luis González Quintanilla, periodista

Comunicación, un encuentro

Durante mi etapa escolar se nos decía que los elementos claves de la comunicación son tres: emisor, mensaje y receptor. Es decir, que al menos hay dos personas con algo que compartir.
Ningún mensaje comunicativo es neutro, ya que implica la peculiar manera de entender el mundo y de filtraje de la realidad que cada ser humano posee, fruto de su propia biografía, del medio social en el que vive y de las limitaciones propias de su fisiología.
La biografía de cada persona delimita en gran manera la forma de comunicarse. Contiene desde el entramado de influencias dado por aquellas figuras que han sido importantes como toda la riqueza de experiencias de interacción que la persona ha ensayado durante su vida. Las personas que han estado a nuestro lado y que han tenido cierta significación para nosotros nos han transmitido su particular manera de procesar determinados acontecimientos, tanto a nivel racional como emocional. Con una alta probabilidad, algunas de sus maneras e ideas las hemos hecho nuestras a través de un proceso de asimilación, lo que puede suponer un ahorro en el aprendizaje durante el desarrollo. Pero también supone que algunas de nuestras ideas no son enteramente genuinas, sino más bien depositadas por otros. No son enteramente nuestras. Sin embargo, ahí están y se manifiestan en el encuentro comunicativo. Lo que son nuestros son los conocimientos adquiridos a través de diferentes interacciones con el medio exterior que se producen a lo largo de nuestra vida, que junto a lo recibido conforman el modo particular en el que nos comunicamos con los otros.
También cobra importancia la influencia del medio social en el que se vive. Podemos decir que existe una forma de entendimiento común dependiente de la sociedad en la que cada persona está inmersa. Conceptos como la vida, la familia, las relaciones o la felicidad van variando de cultura en cultura y por ejemplo, no es lo mismo hablar de muerte en India que en España.
Nuestro estilo de comunicación tiene que ver con lo que hemos recibido y con lo que vivimos y al comunicarnos con otra persona de una forma o de otra todo esto queda expuesto y da información no solo del mensaje que queremos transmitir sino también de nuestra propia personalidad.
El receptor no es una mera entidad que se sitúa a cierta distancia y cuyo único cometido es el de recibir un mensaje. Cuando un emisor pone en el canal un mensaje, lo que desea y espera es una cierta relación con el receptor que le permita confirmar o desmentir determinada opinión que tiene formulada previamente.
Cuando hablamos de comunicación humana no nos referimos sólo a lo que se dice, sino también a cómo se dice. Y también a cómo se recibe, es decir, a la disposición del receptor hacia el mensaje emitido. Aquí cobra especial importancia toda la riqueza del “paralenguaje”. Volumen de voz, ritmo, tono, pausas y diferentes elementos relacionados con la postura y la mirada, están más cerca del estado emocional de la persona que del contenido de lo emitido y por eso no es lo mismo que un amigo te diga “qué idiota eres” a que un viandante cualquiera te lo suelte en plena calle.
En los entornos escolares se emplea abundantes tiempos y esfuerzos en el aprendizaje correcto de los contenidos del lenguaje pero sin embargo se descuida la enseñanza y la práctica de esos otros elementos comunicativos relacionados con el paralenguaje, y que tanta información proporcionan en el encuentro o desencuentro humano. Esto es tan importante que hasta en algún tipo de comunicación digital se está teniendo en cuenta, como es el caso de los emoticonos.
La comunicación humana es un encuentro entre personas en el que se regala algo tan preciado como es el tiempo. Una vez oí decir que el ser humano está hecho de tiempo. Y por lo tanto quien dona su tiempo, está donando parte de su vida en ese encuentro. En demasiadas ocasiones la comunicación humana se convierte en un simple cuento unidireccional en la que sólo se busca soltar la propia historia sin importar ninguna otra cosa. Nosotros reclamamos un encuentro en el que se produce la acogida y a partir de ahí, todo el emisor, mensaje y receptor que queramos.
Fuente: El Diario, 9.11.15 por Alfonso Echávarri,  psicólogo y coordinador de Programas en el Teléfono de la Esperanza.

Por ahora no! En Uruguay no consideran viable la aprobación de una Ley de Telecomunicaciones

Desde el gobierno no se considera viable la aprobación de una ley de telecomunicaciones en el corto plazo
En paralelo al cada vez mayor y más rápido desarrollo tecnológico, la palabra “convergencia” se ha vuelto muy utilizada por parte de gobernantes y académicos para referirse a cierto proceso al que aparentemente la tecnología nos va llevando y que no puede desconocerse. Sin embargo, el concepto de convergencia tiene varias acepciones que estuvieron en juego en un seminario en el que participaron gobernantes y expertos nacionales y extranjeros. Neutralidad de red, el acuerdo entre Antel y Google para la construcción de un cable submarino y la aprobación de una Ley de Telecomunicaciones en Uruguay fueron algunos de los temas en discusión.
El hecho de que la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA) excluya explícitamente de su alcance a “los servicios de comunicación que utilicen como plataforma la red de protocolo internet”, y a las redes y servicios de telecomunicaciones, hizo que varios actores criticaran, en su momento, la discutida norma. De hecho, podría decirse que el propio gobierno de la época recogió el guante y anunció que estaba trabajando en un proyecto de ley de Telecomunicaciones que complementara a la LSCA y que preveía enviar al Parlamento el año pasado. Como eso nunca ocurrió, las dudas se trasladaron al actual gobierno, que no ha mencionado el tema desde su asunción.
En un seminario organizado por la Fundación Friedrich Ebert en Uruguay, la Facultad de Información y Comunicación de la Universidad de la República (Udelar) y el Observatorio Latinoamericano de Regulación, Medios y Convergencia, expertos y jerarcas discutieron el viernes sobre las distintas “agendas” posibles para la regulación de la convergencia. El director de la Unidad Reguladora de Servicios de Comunicación (Ursec), Nicolás Cendoya, se refirió explícitamente a la aprobación de una Ley de Telecomunicaciones y dijo que ve una “muy remota posibilidad” de que la norma se apruebe en el corto plazo. Según explicó, existen “muchos problemas” para generar una política de telecomunicaciones porque en el Estado existen “tres visiones muy diferentes” al respecto.
Cendoya fue el único representante gubernamental que estuvo en la actividad, pese a que también fueron invitados jerarcas de Antel y del Ministerio de Industria, Energía y Minería (MIEM), donde funciona la Dirección Nacional de Telecomunicaciones y Servicios de Comunicación Audiovisual (Dinatel). Actores de la academia y la sociedad civil consideran “sintomática” la ausencia de ambos organismos del Estado en este tipo de encuentros, por lo difícil que les ha sido acceder a instancias de consulta y discusión sobre las políticas públicas. El propio Cendoya habló de la necesidad de que “los reguladores abran los oídos a la comunidad”, de “salir de los silencios” y “enfrentar preguntas”.
Definición
En un nivel más conceptual, el director de la Ursec planteó que el acceso a internet debe ser considerado un derecho humano, porque estar fuera de la red es también ver negado el ejercicio de otros derechos. El abogado consideró que las telecomunicaciones son fundamentales para el desarrollo cultural, que según señaló es vital para un “desarrollo en serio”. En esa línea agregó que el mercado no debe ser la única respuesta para estos temas porque “provee algunos derechos para todos, y todos los derechos para algunos”.
La decana de la Facultad de Ingeniería de la Udelar, María Simon, sostuvo que en estos temas es importante que las políticas tengan la capacidad de adelantarse a lo que va a pasar y cuyo objetivo sea beneficiar a la ciudadanía. Simon, que fue presi- denta de Antel durante el primer gobierno de Tabaré Vázquez, cuestionó a quienes plantean que la tecnología es la respuesta a todo y sostuvo que por pensar así a menudo esas personas se olvidan de cuál era la pregunta. La decana dijo que en Uruguay existe una especie de optimismo tecnológico sumado al “negativismo nacional” y a un “fatalismo civilizatorio” que hace que haya quienes sostienen que no debemos preocuparnos por la seguridad informática, porque parten de que ya estamos expuestos. Simon habló de la importancia de las herramientas digitales para formar el gusto en una sociedad, algo que no logra el mercado por sí solo y que tampoco contribuye a cultivar la democracia.
Sergio de Cola, ingeniero y ex titular de la Dinatel, sostuvo que pese a que la regulación tiene “mala prensa” en estos temas, “vamos a tener que regular la convergencia”. Explicó que existen varios tipos y enfoques posibles sobre la convergencia: de redes, tecnológica, de servicios, de dispositivos, de negocios y económica. De Cola llamó a “no aceptar así nomás algunos mitos sobre la convergencia”, como que es “el resultado inexorable” de la evolución tecnológica, porque, señaló, en todo caso “es el resultado del capitalismo”, en alusión a que principalmente se trata de un modelo económico.
Tampoco consideró que haya que establecer marcos regulatorios que la promuevan, porque, por ejemplo, las convergencias que conducen a la concentración de actores “son un problema”, aunque señaló que las regulaciones tienen que tener en cuenta a la convergencia.
Nada neutral
La neutralidad de la red es otro de los debates en materia de regulación de internet; quienes la impulsan plantean que ningún proveedor tenga ventaja sobre otro en el acceso a la red, y que los usuarios no tengan barreras ni ventajas para ingresar a ningún sitio. Al respecto, De Cola consideró que la neutralidad de la red es un concepto “difícil de definir” y que “nadie es neutro en el debate”. También dijo que existe “mucho fundamentalismo” y que el concepto de que “todos los bits son iguales” es “un absurdo” desde el punto de vista del diseño de redes. Según el ingeniero, las redes no son neutras y, en todo caso, lo que tiene que haber es transparencia y no discriminación entre iguales.
De Cola sostuvo que la discusión al respecto podría saldarse si se sale del modelo de proveedores de internet de tarifa plana hacia otro, de cargos variables según el consumo que realicen los usuarios.
El también ingeniero Omar de León, de Teleconsult, planteó que la Organización Internacional del Trabajo define la convergencia como “la evolución coordinada de redes antes independientes hacia un soporte común de servicios y aplicaciones”. Según explicó, las redes convergentes permiten compartir costos y más facilidades para los usuarios, lo que lleva a una mayor eficiencia y al beneficio de la sociedad y los ciudadanos. También dijo que toda América está pensando en marcos regulatorios para adaptarse a esta nueva realidad, y explicó distintos casos en los que la convergencia se manifiesta. Por ejemplo, sostuvo que por medio de servicios de televisión por cable puede darse más televisión a demanda, más banda ancha y telefonía IP sobre una misma red.
De León planteó que la telefonía fija por cobre tiende a desaparecer por la convergencia con la telefonía móvil o de IP, y señaló que las leyes de medios por lo general son convergentes y no discriminan por tecnología. Para el ingeniero, la convergencia es el motor más fuerte de desarrollo de los servicios de telecomunicaciones y, a la vez, el mecanismo más eficiente para explotar redes. Al mismo tiempo, destacó que no hay países en el mundo que la prohíban.
Democratizar el debate
Enrique Amestoy, informático y ex asesor de Luis Almagro cuando estaba al frente del Ministerio de Relaciones Exteriores, también se pronunció a favor de la neutralidad de la red y dijo que es necesario poner en marcha ese debate. Evaluó positivamente que 100% de la fibra óptica uruguaya es propiedad de una empresa pública, a diferencia de lo que pasa en otros países.
De todas formas, advirtió que somos muy dependientes de proveedores privados transnacionales; mencionó como ejemplo que hay solo un cable que une al continente americano con China y otro que lo hace con África. Como alternativas, Amestoy planteó la creación de centros de datos regionales, la capacitación en “soberanía tecnológica” de legisladores y ciudadanos, la creación de “redes sociales regionales” de uso masivo y la necesidad de convocar a un gran debate nacional sobre estos temas.
Desde la Cámara de Telecomunicaciones de Uruguay, José Pedro Derrégibus apuntó contra los OTT o proveedores de servicios y contenidos por internet como Facebook, Whatsapp o Google. Derrégibus se quejó de que estos actores no invierten pero les quitan ganancias a las empresas de telefonía. En ese sentido, pidió que el gobierno “no mire para el costado” y que los proveedores reconozcan que ganan y por tanto deben también aportar.
Sin Google
Omar de León, de Teleconsult, también se refirió al acuerdo que Antel firmó con Google para la construcción de un cable submarino que unirá Maldonado con Santos, en Brasil, para acceder a la conexión directa de Uruguay con el nodo de internet en el Network Access Point de las Américas, en Miami. Consideró que se trata de un paso muy importante para Uruguay; sostuvo que no importa si el acuerdo es con privados o públicos, porque se trata de una “inversión social” que cambiará internet en el país y también tendrá impacto regional.
Enrique Amestoy discrepó con De León acerca de las implicancias del acuerdo de la empresa de telecomunicaciones uruguaya con la transnacional. Amestoy dijo que no le gusta que el acuerdo sea con Google, al igual que no le gustó que esa empresa “se meta” con 700.000 personas en el marco del Plan Ceibal y el acuerdo que también involucra a la Administración Nacional de Educación Pública. Según Amestoy, Antel podría haber realizado la obra de infraestructura exclusivamente con sus recursos.
Fuente: La Diaria, 9.11.15 por Facundo Franco, periodista uruguayo

Mañana posesionan al Tribunal Nacional de Ética Periodística

El martes 10 de noviembre será posesionado el Tribunal Nacional de Ética Periodística (TNÉP), en un acto especial que se realizará en la sede de la Asociación de Periodistas de La Paz, informaron en el Consejo Nacional de Ética Periodística.
Erika Brockman y Mario Saúl Andrade, por la sociedad civil, y los periodistas Erick Torrico, Antonio Gómez y José Luis Aguirre, conforman este nuevo Tribunal que ha sido elegido por organizaciones nacionales de comunicación social (profesionales, sindicales y académicas) representadas en el Consejo Nacional de Ética Periodística (CNÉP). La gestión del TNÉP se prolongará hasta diciembre de 2017 (dos años).
Este será el tercer tribunal que entrará en funciones desde que el Consejo fuera fundado, el 2005, e iniciara actividades el 2009.
El Tribunal es la máxima expresión de la autorregulación en el periodismo boliviano. Hasta la fecha ha resuelto más de 50 casos, sobre quejas presentadas a su consideración, en demanda de un periodismo serio y responsable.
Al acto, que se iniciará a horas 11:00, han sido invitadas personalidades y representantes de sectores que tienen que ver con la comunicación social.
Son miembros del Consejo Nacional de Ética Periodística: Lupe Cajías (Asociación de Periodistas de La Paz), Ronald Grebe (Asociación Nacional de Periodistas de Bolivia), Rigliana Portugal (Asociación Boliviana de Investigadores de la Comunicación), Raúl Novillo (Asociación Boliviana de Radiodifusoras) y Mario Maldonado (Gestor del CNÉP). También forma parte del CNÉP la representación de la Confederación Sindical de Trabajadores de la Prensa de Bolivia.
Fuente: Oxigeno.bo, 9.11.15 por Rolando Garvizu, periodista

La madre de las mordazas

La libertad de expresión es un derecho humano, entendiendo como tal a aquel que nace con el ser humano y forma parte de su esencia, independientemente de su reconocimiento formal por parte de un Estado.
Es decir, los derechos humanos lo son aunque la Constitución y leyes de un país no los reconozcan.
Por esa razón, en los países democráticos, e incluso en aquellas dictaduras con apariencia democrática, los tratados internacionales sobre derechos humanos están, en la jerarquía normativa, por encima de las leyes nacionales y los estados suscriptores están obligados a adecuar su legislación a los estándares de los referidos tratados.
Tal como ya lo hemos comentado en esta columna, el oficialismo, desde sus inicios, ha desplegado una muy bien articulada estrategia para sustituir, en el subconsciente colectivo, la libertad de expresión por el concepto “comunicación”, con el objeto de desvincular la actividad de la prensa de la libertad de expresión. Esto lo pudimos notar desde los primeros borradores de la Constitución de Montecristi hasta la Ley de Comunicación aprobada en 2013.
El Diccionario de la Real Academia de la Lengua define la libertad de expresión como el “derecho a manifestar y difundir libremente ideas, opiniones o informaciones”.
En relación con la comunicación, el DRAE la define de nueve maneras, pero en ninguna como un derecho humano:
“… acción y efecto de comunicar o comunicarse…”, “…trato, correspondencia entre dos o más personas…”, “… transmisión de señales mediante un código común al emisor y al receptor…”, etcétera.
Entonces, la comunicación es un vehículo de la libertad de expresión, pero NO es un derecho. La libertad de expresión es un derecho humano que se exterioriza y se ejerce a través de la comunicación.
Para explicarlo con otro derecho, cito el de libre circulación dentro del territorio ecuatoriano, que yo lo ejerzo cuando me transporto por las carreteras del país. Pero ni las carreteras, ni el vehículo son un derecho humano.
La reforma constitucional que promueve el Gobierno, según la cual la comunicación quedaría encasillada como un servicio público, no es más que un intento de ponerle barrotes constitucionales a la cada vez más deteriorada libertad de expresión, que a cuentagotas y con terror ejercemos en el Ecuador.
Digámoslo frontalmente: NO se trata de una discusión semántica o técnica sobre la naturaleza de la comunicación; lo que está en juego es la estatización formal de la libertad de expresión de los ecuatorianos.
Entendamos que si el Gobierno reforma la Constitución y establece que la comunicación es un servicio público, esta deberá seguir la suerte y regulación de los demás servicios públicos. Y, en consecuencia, al igual que el alumbrado público o el servicio de agua potable, la comunicación se convertiría en una de las tareas y obligaciones del Estado para con sus ciudadanos (servicio público) y, en consecuencia, será una actividad privativa del Estado y delegable al sector privado de manera temporal, por excepción y con las limitaciones que el Estado disponga.
De manera que el ejercicio del derecho a la libertad de expresión (a través de la comunicación) de los nacionales y extranjeros que residan o transiten por el Ecuador estará condicionado a la voluntad del gobernante de turno o al funcionario a cargo de su control. ¿Qué tal?
Se viene la madre de todas las mordazas.
Fuente: El Universo, 11.11.15 por Pedro X. Valverde, abogado ecuatoriano