“Los canales más importantes del país son altamente sexistas”

La autora del estudio Entre el discurso y la realidad… considera que las revistas de televisión y radio banalizan temas como la violencia y el feminicidio.
Patricia Flores es comunicadora social y experta en género. Los últimos meses se ha sumergido en una exploración con la que buscaba desvelar cuál es el rostro que los medios masivos -televisión y radio- en La Paz muestran de la mujer. “La respuesta a esa cuestión, lamentablemente, ha resultado espeluznante”, expresa.
La autora del estudio Entre el discurso y la realidad. Aproximación a las tensiones entre patriarcado, machismo y homofobia… considera que, si bien, las mujeres ya no están en la televisión sólo para temas de belleza y cocina, existe una espectacularización de los medios a la hora de abordar temas referidos al feminicidio o la violencia contra la mujer.
También considera que se ha caído en una especie de decadencia, ya que los medios apelan al sexismo y cosificación de las presentadoras quizá para atraer audiencias. De todo esto, la investigadora conversó con Página Siete.
¿Cómo ve el abordaje de los medios masivos sobre temas relacionados con la mujer?
Los datos siguen siendo espeluznantes. Las mujeres son referente noticioso en el 30% de los casos frente al 70% de los espacios informativos que son ocupados por los hombres.
¿En qué medida se tiene la presencia de las mujeres en los medios?
De igual forma, las mujeres que forman parte de los equipos de redacción o de periodistas de los medios de comunicación masivos en la actualidad suman un 30%. También se ha subido, pero muy poco. En 1995, se tenía el 20% de mujeres en medios, es decir que en los últimos 20 años esto ha subido tan sólo el 10%.
¿Incidirá en algo la presencia de las mujeres en los medios en el abordaje de temas referidos a violencia y feminicidio?
Lamentablemente el tener una presentadora mujer no influye en cómo se muestra la realidad. Me ha sorprendido mucho que los hombres que dan las noticias son siempre los hombres de terno, serios. En cambio, las mujeres son las que están con poquita ropa ¿por qué?
Todavía hay un rasgo enorme de sexismo y cosificación de las mujeres en los medios más importantes del país. Creo que las condicionantes se dan desde los propios equipos de producción. ¿Qué los motiva elegir un rostro y un cuerpo bellísimo, antes que una profesional seria y bella?
¿Cuáles son los medios que ha contemplado para su investigación? ¿Qué resultados ha arrojado este estudio?
Me he acercado básicamente a los noticieros y revistas de los medios de comunicación que tienen mayor cobertura en La Paz (Red Uno, ATB, Unitel, PAT y Cadena A, entre otros), además de las revistas de la mañana. También se ha realizado un monitoreo en los medios impresos.
Hemos encontrado que la prensa escrita, principalmente, trata de ser cuidadosa cuando toca temas como el feminicidio. No hay adjetivación, no hay términos que descalifiquen a las mujeres, pero se remiten únicamente a la descripción fría del hecho.
Y ¿qué pasa con la televisión y la radio?
Hay más matices. Se ha visto la espectacularización cuando se usan, por ejemplo, los efectos sonoros o en el énfasis que (los presentadores) dan a la voz al emitir una noticia de violencia o feminicidio. Sin embargo, donde se dan mayores juegos, y quizá irresponsables, es en las revistas tanto televisivas como radiofónicas, que son principalmente conducidas por jóvenes que no están informados y pueden pasar de un feminicidio a presentar un tema frívolo sin ninguna transición en medio. En ese contexto se está banalizando el feminicidio.
¿Cuál es el riesgo de este abordaje?
El problema es que cuando el espectador o las audiencias ven eso, el hecho pasa como uno más. Deja de tener la relevancia que debería.
¿Estaremos ante una decadencia de los medios?
Yo creo que sí, pues en esta suerte de ganar audiencias de seguir estos paradigmas, tan fuertes que tienen más de 20 años como el estilo Tinelli, pretenden ser amenos, pero terminan frivolizando absolutamente todo.
Falta una dosis de información, de rigurosidad en el manejo comunicativo y falta una dosis de seriedad ante el feminicidio, pues no estamos hablando de poca cosa.
Se habrá mejorado en algo desde la promulgación de la Ley 348, para garantizar a las mujeres una vida libre de violencia?
A dos años de la implementación de la norma, parece que el remedio ha sido peor que la enfermedad. Mucha gente que trabaja con víctimas de violencia cree que -al haberse penalizado muchas figuras de la violencia contra las mujeres- los niveles de escarmiento hacia éstas son peores, pues muchos hombres adoptan la postura de: “Si me denuncias, el escarmiento va a ser peor”.
Por otro lado, nuestras autoridades tampoco le han dado la importancia que merece el tema. Si uno se acerca a los presupuestos que destina el Estado boliviano en todas sus reparticiones puede comparar: para infraestructura se asigna un 40% mientras que para la lucha contra la violencia y el feminicidio sólo un 2%.
Esto nos da una pauta de cuánto vale la vida de las mujeres en este país
Fuente: Página siete, 14.12.15 por Carla Hannover, periodista

Mujeres solo en 28% de noticias en España

El avance hacia la paridad de género en los medios de comunicación se ha detenido en los últimos cinco años, según concluye el informe del Monitoreo Global de Medios (GMMP en sus siglas en inglés) con datos recogidos en 114 países, informa el Sindicato de Periodistas de Andalucía (SPA).
En 2015, las mujeres constituyeron únicamente el 24 % de las personas que aparecen como protagonistas de las noticias en medios escritos, televisión y radio, exactamente la misma cifra que en 2010.
La invisibilidad de las mujeres en los formatos tradicionales (radio, televisión y medios escritos) es casi la misma que en las plataformas digitales ya que únicamente el 26 % de las personas que aparecen en las noticias publicadas o compartidas por internet y twitter son mujeres. Por otra parte, solo el 37 % de las noticias publicadas en estos medios están escritas y producidas por mujeres periodistas, cifra que no ha variado en los últimos diez años.
En España la presencia de las mujeres en las noticias como protagonistas presenta valores sensiblemente mejores aunque solo alcanza el 28 % en prensa, radio y televisión y se eleva hasta el 33 % en los diarios digitales y twitter. En temas como la economía el porcentaje de hombres que aparecen como protagonistas es abrumador (83 % para la prensa convencional y el 77 % para los formatos digitales) mientras que las mujeres solo alcanzan el 17 % y el 23 %, respectivamente. Peor paradas salen en las informaciones relacionadas con las artes, el deporte, las celebridades y los medios donde solo representan el 6 % en presa, radio y televisión. Las mujeres se acercan a valores equilibrados con los hombres cuando se analizan las noticias relacionadas con la violencia y el crimen al lograr un 51 % en los medios convencionales, porcentaje derivado de las informaciones relacionadas con la violencia de género.
Si se atiende a las mujeres como fuentes de información, el informe señala que en el 75 % de las noticias aparecen como madres o amas de casa sin especificar su profesión mientras que los hombres son fuentes perfectamente identificadas y acaparan los ámbitos de la política, los negocios, la tecnología y el deporte.
El Proyecto de Monitoreo Global de Medios es la iniciativa de investigación e incidencia más grande del mundo en materia de igualdad de género en las noticias, los medios de comunicación y el periodismo. En España han trabajado tres equipos de investigación pertenecientes a la Universidad Autónoma de Barcelona, la Universidad Pompeu Fabra y la Universidad de Málaga. En esta última el equipo ha estado coordinado por la profesora Teresa Vera Balanza y han formado parte del mismo Lola Fernández Palenzuela y Cristina Prieto Sánchez como investigadoras colaboradoras de esta universidad y miembros de la ejecutiva del Sindicato de Periodistas de Andalucía.
El informe de 2015 del GMMP incluye datos de 114 países. Proporciona análisis y estudios de casos a nivel mundial, regional y nacional, e incluye un estudio de las tendencias de cambio en el ámbito del género y los medios de comunicación basado en los datos del GMMP durante los últimos 20 años. El primer GMMP se realizó en 1995, y desde entonces se han hecho estudios cada vez más grandes en 2000, 2005, 2010, y 2015.
Fuente: Periodistas en español, 11.12.15

Periodismo en Brasil: asesinado Luiz Manoel de Souza

El periodista y locutor de radio Luiz Manoel de Souza, de 48 años, ha sido el informador número ocho asesinado este año 2015 en Brasil. Cayó abatido a tiros el lunes 7 de diciembre en el estado Mina Gerais, después de que su vehículo fuera interceptado en una zona rural de Ubá, informa Ernesto Carmona (Ciap-Felap).
Los temas que frecuentemente abordaba el periodista incluían denuncias sobre depredación ilegal de la naturaleza e incumplimiento de la legislación ambiental, según el periódico Estado de Minas. Souza venía siendo presionado por los comentarios que publicaba, indicó el diario.
“Luiz Manoel Souza era un reconocido locutor de radio en toda la región”, informó el periódico Ubá em Pauta. “Con una voz distintiva y con un estilo crítico y polémico, Souza dejó su marca en la comunicación”.
El periodista trabajaba en las estaciones Rádio Cultura VRB, en Visconde do Rio Branco, y en Rádio Educadora FM 94.5, en Ubá.
Los sectores afectados por las denuncias de Souza son los principales sospechosos de haber encargado su asesinato para silenciar a este periodista que cinco días antes de su muerte, el miércoles 2 de diciembre, estampó esta premonitoria reflexión en Facebook, que de hecho se convirtió en su despedida:
Amigos y oyentes, a veces me preocupa mucho la crítica de mi trabajo, sobre todo de la manera en que informo sobre los hechos o de mi opinión sobre los diversos temas que llegan. ¿Quieren saber? No me importa, yo no nací para someterme a un cabestro o agacharme ante la inacción o la incompetencia de nadie. Voy a repetir esto al puñado de críticos acérrimos que no quieren o no les gusta oírme, es simple: cambien de estación de radio, no esperen a que esté a conveniencia de su ira y falta de amor con los menos favorecidos.
Nómina de crímenes
Antes que a Souza, en Brasil asesinaron a 7 periodistas más en 2015. Sólo en noviembre ultimaron a tres en el noreste de Brasil:
Periodistas asesinados en Brasil
Orislandio Timoteo Araújo, de 37 años, bloguero y reportero radial, también conocido como Roberto Lano, fue baleado fatalmente el 21 de noviembre en Buruticupu, estado de Maranhão.
El bloguero Ítalo Eduardo Diniz Barros, de 30 años, fue asesinado el 13 de noviembre por dos hombres que le dispararon desde una motocicleta en Maranhão.
Israel Gonçalvez Silva, de 37 años, periodista y locutor de Radio Comunitaria Itaenga FM, fue asesinado el 10 de noviembre en Lagoa de Itaenga, estado Pernambuco.
Djalma Santo Da Conceição, de 53 años, periodista de la radio comunitaria RCA FM del estado de Bahia, fue hallado muerto por la policía el 23 de mayo de 2014, después que hombres enmascarados lo secuestraran de un bar la noche anterior, según información de prensa.
José Evany Metzker, de 67 años, periodista blogero que investigaba tráfico de drogas y abuso infantil en la región Valle de Jequitinhonha, una de las zonas más pobres de Brasil, fue encontrado decapitado el 18 de mayo, cinco días después de su desaparición, en las afueras de Padre Paraíso, estado de Minas Gerais, con señales de horrorosas torturas, como cercenamiento de la lengua. Metzker y Conceição realizaban reportajes críticos sobre el crimen y la corrupción.
Gleydson Carvalho fue asesinado de tres balazos el 6 de agosto por dos hombres que ingresaron a su lugar de trabajo para ultimarlo mientras transmitía en vivo desde su cabina de Radio Liberdade FM, en Camocim, estado de Ceará. Según sus compañeros, el locutor y periodista había recibido amenazas por sus denuncias sobre corrupción política.
Gerardo Ceferino Servían Coronel, de 44 años, periodista de Paraguay radicado en la frontera con Brasil, fue asesinado el 15 de marzo de seis disparos en Ponta Porã, Brasil. La víctima también se desempeñaba en un semanario local y había trabajado en diferentes medios, radiales, televisivos y escritos de la ciudad fronteriza paraguayo/brasileña Pedro Juan Caballero/Ponta Porã, urbe binacional donde una avenida de marca el límite entre ambos países.
Reflexión
Estos ocho asesinatos presentan un perfil muy similar, al terminar con la vida de periodistas que privilegiaron la denuncia de delitos y abusos de poderes fácticos locales. Generalmente, esos poderes que en la obscuridad deciden el asesinato de gente de prensa provienen de la mortífera asociación delictiva de mafias de diverso “rubro de negocios” ilegales, narcotráfico, tráfico contemporáneo de esclavas y esclavos del siglo 21, sectores corruptos del mundo empresarial y político. Estos poderes suelen actuar impunemente en regiones el interior de los países, en regiones, departamentos o provincias donde, además, los periodistas de pequeños medios cumplen funciones variadas y múltiples, muchas veces mal remuneradas, o fungen de socios, propietarios, redactores, locutores y otras tareas afines en medios de diferente tipo, tradicionales y electrónicos.
Este patrón se repite en toda América Latina, con un balance anual de 40 a 50 asesinatos al año sin que exista ninguna guerra en la región. Además, los asesinatos reiteran la consabida impunidad que ampara a los autores intelectuales, a quienes emplearon y pagaron a los sicarios, generalmente poderosos empresarios, toda clase de depredadores del medio ambiente y corruptos políticos locales que a la vez también son “hombres de empresa” y respetables personajes relevantes en su sociedad local.
Las empresas mineras y forestales, incluidas las que explotan gas y petróleo, también están bajo sospecha de enviar a la muerte a los luchadores y activistas que trabajan por la preservación del medio ambiente. La publicación Deadly Environment, de la ONG Global Witness, reveló que de 2002 a 2013 por lo menos 908 personas perdieron la vida en todo el mundo debido a su defensa del medio ambiente, mientras la tasa de asesinatos se duplicó en los últimos cuatro años. América Latina y Asia muestran las tasas más altas de violencia así como la escalada del aumento de las tensiones sobre los recursos naturales limitados en estas regiones.
En Brasil los asesinatos de estos activistas son casi tan frecuentes como los de periodistas, al igual que en otras regiones subdesarrolladas del planeta donde las corporaciones transnacionales explotan materias primas y destruyen los bosques.
Fuente: Periodistas en español, 11.12.15

La muerte del periodismo en Venezuela

Venezuela vivió una nueva jornada electoral que terminó de madrugada. El sistema de conteo de votos más automatizado del mundo tiene una extraña virtud: alarga los resultados hasta la agonía, como si se requiriera estar en estado de somnolencia para entenderlos. Y sin embargo, la paciencia fue infinita, sobre todo la de los directivos y testigos de la Mesa de Unidad Democrática (MUD), velando hasta altas horas para evitar trucajes o alteraciones misteriosas. La vigilancia se convierte finalmente en insomnio: es el coste que se paga por recibir la bendición de una votación abrumadora. Y no es poca cosa la maniobra: podríamos resumirla como una sociedad que se organiza con las uñas para enfrentarse al todopoderoso y omnipresente Estado. David ha logrado asestar una pedrada en medio de la frente de Goliat y, mientras el gigante se tambalea, huye entre sus piernas.
Quienes añoraban alguna pista sobre los resultados sólo contaban con las redes sociales. O a lo sumo con una invención de última hora: un estudio de televisión improvisado por la MUD que se podía sintonizar por Internet. La imagen era inestable, borrosa, se colgaba por segundos, haciendo aparecer a los voceros como fantasmas, pero era lo único con lo que se contaba. Ninguna televisión, ni pública ni privada, salvo la internacional CNN, mostró los rostros de los triunfadores. Esa escena, que añoraban los casi ocho millones de venezolanos que votaron por la MUD, no existió formalmente: ningún medio de comunicación audiovisual dio cuenta de ella.
Hacia la una de la madrugada, la red de emisoras de televisión transmite en cadena para mostrar a la presidenta del Consejo Nacional Electoral (CNE) y su séquito. Lee el primer boletín de resultados que, una hora después, el coordinador general de la MUD, Jesús Torrealba, califica de “estítico”: la vocera se las arregla para decir lo menos posible, pero tiene la sutileza de informar primero sobre los resultados de los perdedores, como si en este caso la derrota mereciera todos los honores. El televidente habrá confiado que, después de la cadena, vendrían los rostros de celebración. Pero no: no nos engañemos. De una cadena pasamos a otra, y ahora le toca el turno al presidente Maduro. Es necesario explicar, explayarse, condolerse. Los derrotados no son los derrotados: es la crisis la que ha ganado las elecciones, es la “guerra económica”. Felicitamos al CNE, a las Fuerzas Armadas, a la cívica jornada; a todos menos a los ganadores, que no existen ni en el discurso oficial ni en los medios de comunicación.
Habrá pensado el espectador trasnochado que, después de las dos cadenas, ahora sí, vendrán al fin los rostros de celebración, los que merecen un mínimo reconocimiento. Pero tampoco: no nos hagamos ilusiones. Las televisiones muestran gráficos, números, tendencias, sobre el mapa de Venezuela. Hay animadores, reporteros, analistas. Pero ni un rostro, ni un vocero, ni una opinión, de nadie de la MUD. Las televisiones ni siquiera colocaron reporteros para transmitir en directo desde las salas de prensa de los ganadores, donde sólo se veía a corresponsales extranjeros.
Es difícil entender el periodismo que se hace hoy en día en Venezuela, sobre todo cuando se piensa en los grandes diarios del siglo XX, en el crecimiento de la televisión, en los extraordinarios columnistas, en las numerosas escuelas de comunicación social que antes vivían abarrotadas y ahora cuentan con altos niveles de deserción. Pienso en el poeta Andrés Mata cuando fundó El Universal en 1911; pienso en el novelista Miguel Otero Silva, creador de El Nacional en 1943; pienso en Tomás Eloy Martínez, cuando ayudó a fundar el Diario de Caracas en los años 70. Hoy parecen fantasmas, como los rostros que celebraban los resultados electorales en el canal de la MUD sin que ninguna televisión se interesara por ellos. La única diferencia es que los que celebran, aunque no los veamos, son seres que escriben el futuro, mientras que quienes deben reseñarlos y no lo hacen, al menos para el periodismo, están muertos y no lo saben.
Fuente: El País, 10.12.15 por Antonio López Ortega es escritor y editor venezolano

Lo peor del periodismo son ciertos periodistas

Una vez le preguntaron a uno de los mejores periodistas del mundo, el catalán Enric González, qué era lo peor del periodismo.
Él dijo que los lectores, pensando no en el lector individual sino en esa gran masa amorfa que prefiere lo fácil, que los hagan reír y cosas de esas. Enric estuvo en Medellín en octubre pasado para la entrega de los Premios Gabriel García Márquez; ahí un periodista de Semana.com le preguntó si aún creía en el periodismo independiente, y respondió con una pregunta: “Sí. ¿Cree usted en el periodismo dependiente?”.
Es una distinción necesaria y clarificadora, porque esas son las dos clases de periodistas que hoy existen: los independientes y los dependientes. Se podría pensar que estos últimos no clasifican como periodistas, en consideración a que la norma básica del periodismo es la independencia, pero concedamos que no estamos en un planeta de ángeles y serafines.
Concedamos a su vez que los periodistas independientes son la inmensa minoría, mientras que a los periodistas dependientes se les puede dividir en dos clases: los que dependen de otros periodistas –por ejemplo los redactores que trabajan para los editores-, y los que dependen del medio donde trabajan pero gozan del privilegio de ser las estrellas del medio respectivo, y por eso a menudo se les confunde con personajes de farándula a la altura –si es que es altura- de los cantantes, los actores o las presentadoras ‘buenonas’ de los noticieros.
A los periodistas que trabajan para los editores se les conoce como ‘cargaladrillos’, y es por donde se comienza, del mismo modo que para llegar a Papa se empieza por sacristán. Lo triste en el caso que nos ocupa es que son legiones de reporteros que más parecen desempeñando el papel de mensajeros, pues van a donde el personaje que les entrega una declaración en forma de noticia, la cual llevan, redactan y entregan al medio que la pública, sin que en ese trayecto la información sea sometida a comprobación o haya recibido un tratamiento creativo que la destaque del montón. El ‘mensajero’ fue a la fuente, recibió y entregó. Para eso lo contrataron, y su duración en ese empleo dependerá de que no se salga de la norma ni le dé por cuestionar el esquema. Y aquí podría contar mi experiencia como reportero de El Tiempo, pero la reservo para otro día.
La tristeza es mayor cuando se descubre que hay periodistas que gracias a sus esfuerzos y a su talento lograron un merecido prestigio, pero una vez llegados al curubito olvidaron que una de las funciones del periodismo es la vigilancia de toda forma de poder (por eso lo llaman el cuarto poder), y prefirieron armar roscas de vacas sagradas desde las que sirven a los intereses políticos o económicos de los dueños de los medios que los llevaron al estrellato, mientras procuran silenciar o invisibilizar a los colegas que se atreven a disentir de sus artimañas en el manejo de la información.
En lo político se dan situaciones llamativas como las de Claudia Gurisatti y María Isabel Rueda, quienes pusieron sendos noticiero y columna de opinión a favor de una causa política de derecha, en el primer caso de la mano del uribismo y en el segundo como pregonera de una ideología identificada con el Partido Conservador que la hizo elegir representante a la Cámara en 1998. Está además el caso ya aberrante de Ernesto Yamhure, quien le reportaba sus columnas de El Espectador al máximo jefe de las AUC, Carlos Castaño, y este le ordenaba agregar o suprimir determinados apartes: “Le pido un favor, inserte un párrafo donde alerte a las AUC sobre la importancia del cumplimiento de su palabra ante la opinión pública…”
En lo económico abunda el número de periodistas cuya pluma tiene un precio, y es Daniel Coronell quien se encarga de recordarnos tres casos: uno –y dos- el de William Calderón (La Barca), quien le cobraba a la Registraduría Nacional por contenidos que aparecían en su columna de El Nuevo Siglo y en la de ‘Juan Paz’, nombre este de la columna de Jairo León García hasta que la editora general de El Mundo de Medellín, Irene Gaviria, decidió suprimirla al constatar que “daba cabida a rumores sin confirmar y servía a agendas distintas a las periodísticas”. El tercer caso es el de Gustavo Álvarez Gardeazábal, amigo de los dos anteriores, sacado de La Luciérnaga de Caracol según él por presiones del alto gobierno pero según su director, Gustavo Gómez, porque “uno puede trabajar con gente que no lo quiera a uno… siempre y cuando sean honestos y no se lucren con lo que dicen al aire”.
Es esta clase de supuestos periodistas (en realidad activistas políticos camuflados o mercachifles de la información) la que representa una vergüenza pública para una profesión que con el paso de los días se desdibuja más, a tal punto que hoy el primer diario del país es una de las tantísimas propiedades de un banquero, y el dueño del primer canal de televisión es un industrial de las gaseosas y el azúcar.
Esto no significa que debamos decir ‘apague y vámonos’, porque paralela a la mercantilización de los medios avanza la lucha de los periodistas que aún creen en la rectitud profesional y en la búsqueda implacable de la verdad, y solo en esta columna ya he mencionado tres, incluyendo a un catalán. Pero conviene desconfiar de los que le ponen precio a su conciencia, y también de quienes un día deciden lanzarse a la política y luego regresan al periodismo, como si existiera una puerta giratoria que les permite estar saliendo y entrando a su amaño.
De remate: A pesar de las diferencias con la ex uribista Vicky Dávila, aprecio y admiro el trabajo que realizó en torno a la corrupción generalizada que se vive en la Policía Nacional y me solidarizo con la colega ante los intentos que se hicieron desde esa institución para espiar, intimidar y tratar de torpedear la publicación de la explosiva información que publicó La FM de RCN.
Fuente: El Espectador, 9.12.15 por Jorge Goméz Pinilla

ICOM: Cuba en el epicentro de la comunicación desde el Sur

Desde hoy y hasta el 11 de diciembre, se desarrollan VIII Encuentro Internacional de Investigadores y Estudiosos de la Información y la Comunicación (ICOM) y el IX Congreso Internacional de la Unión Latina de la Economía Política de la Información, la Comunicación y la Cultura (ULEPICC).
Para la doctora Hilda Saladrigas, presidenta del comité académico del VIII Encuentro Internacional de Investigadores y Estudiosos de la Información y la Comunicación (ICOM), la presencia de más de 400 ponentes de unos 20 países en La Habana convertirá a Cuba esta semana en epicentro de la comunicación contrahegemónica. Y no solo porque se darán cita en la isla importantes estudiosos de la comunicación como Armand Mattelart, Graham Murdock o Enrique Sánchez Ruiz, sino porque cubanos y extranjeros tendrán en común la exposición de ideas en torno a ejes que preocupan hoy a muchos, si bien la comunicación atraviesa los procesos tecnológicos, políticos, culturales de nuestras sociedades contemporáneas.
¿Qué importancia tiene Cuba para la academia de la comunicación? ¿Qué retos tiene el país en esta materia? Sobre comunicación apegada al pensamiento crítico latinoamericano, Cubadebate conversa en exclusiva con Hilda Saladrigas.
— Los organizadores del ICOM han anunciado que esta promete ser la más grande e importante de las ediciones de este congreso ¿Qué elementos del contexto nacional e internacional refuerzan su relevancia?
—El mundo de hoy no es el mismo de los años 90. América Latina tampoco es igual. Han pasado más de 15 años en los que en los campos de haceres y pensares de la comunicación y el periodismo se han producido cambios muy importantes desde el punto de vista tecnológico, cultural, político y económico. Cuba no ha estado al margen de la centralidad que ha ido ganando el proceso de la comunicación social, lo cual se evidencia en que, en 1999, por ejemplo, se crea en el país la carrera de Comunicación Social, Periodismo enriquece su plan de estudio, y Ciencias de la Información cambia el título de su profesión, así como sus perfiles, fines y metas.
“Cada vez más se dinamizan los oficios y las profesiones en los campos de la comunicación, por la propia manera que tiene la tecnología de incidir en la sociedad, en su cultura, economía y en las decisiones políticas. Han aparecido nuevos oficios que ya son casi profesiones, otros han perdido capacidad de respuesta, y por lo tanto nuestros tres campos están atravesados por todo eso. Si antes hablábamos de un periodismo tradicional hoy hablamos de redacciones integradas, estamos frente a una comunicación institucional que trasciende incluso la empresa, pues las instituciones están aplicando cada vez más la tecnología en busca de transparencia y facilidad en la vida del ciudadano.
“Además, en el contexto actual indiscutiblemente están incidiendo nuevas condiciones socioculturales y políticas en América Latina y en el mundo, que hacen que ante la situación mediática se busquen respuestas legales como la construcción de políticas públicas hacia personas que cada vez están más en desventaja de acceso a la información, o a una pertinente información.
“Esto es un proceso que se está dando y que amplía la complejidad de la esfera pública. Nos debatimos hoy en la necesidad de buscar políticas de comunicación, hilvanar aquellas que sean deficientes, precarias o insuficientes, con una visión más integradora del fenómeno comunicativo. Muchas de las políticas de comunicación que se han venido trabajando no son globales, no abarcan la totalidad de los fenómenos. Por ejemplo, la Ley de medios en Argentina está concentrada en los medios de comunicación, pero no le dice nada a la comunicación institucional, y esa es la que está subvencionando y pagando la publicidad. Está bien que se emita, pero como ley es limitada. Para nuestro gusto, la ley que está tratando de abarcar la verdadera complejidad del fenómeno comunicativo social en todos sus espacios es la ley ecuatoriana, que sí contempla todos los ejes: el mediático, institucional y el comunitario.
“ICOM llega además en un escenario en que, en el plano educativo, se está demandando una formación más transdisciplinar. En América Latina ha habido una explosión de las escuelas de comunicadores sociales, porque hay un mercado laboral que los está demandando y donde hay una liberalización extraordinaria de la fuerza de trabajo. Ante esa demanda, vamos a formar comunicadores, y hay una formación instrumental que no ha satisfecho plenamente la formación, porque todavía hoy el reto que plantea la UNESCO es que esta tenga garantice un saber hacer responsable y comprometido. Por eso nos encontramos con Jesús Martín Barbero diciendo que hay saberes desechables o que hay una academia enclaustrada en su torre de marfil, que no dialoga con la sociedad.
“Tanto en el mundo, como en Cuba, los contextos socio- histórico- políticos y tecnológicos han cambiado y al dinamizarse han ido poniendo en el centro de la mirada de todos (políticos, economistas, antropólogos, estudiosos en general) el tema de la comunicación.
“El ICOM de 1996 me atrevo a decir que era muy de La Habana, pero hoy no, por la extensión que ha tenido la formación en comunicación social en todo el país, estamos asistiendo a un ICOM que está reproduciendo Cuba a escala nacional. Llegamos a un ICOM que ha ido ganando madurez, que tuvo un antecedente en 2013 y en 2009 con una realización en Cuba de un congreso de FELAFACS, y que de alguna manera nos expande al mundo iberoamericano”.
-¿Por qué elegir como tema “información y comunicación desde el Sur: economía, cultura y pensamiento crítico”?
—Dos años después de la convocatoria se hace incluso más necesario el tema, porque antes no teníamos un mapa geopolítico en América Latina como el que tenemos hoy. Contamos con un Brasil completamente convencido en sus desempeños, Brasil es para nosotros en comunicación una de las áreas que mayor aportaciones tiene, en lo mediático, en lo institucional, en lo comunitario, el periodismo, las relaciones públicas, la publicidad…Es Brasil un país importante en el pensamiento en teoría de la comunicación, en esa postura de llevar una vanguardia en la que le siguen Argentina, Colombia, México, para no hablarte de Estados Unidos que es un gran pilar, pero con otra concepción más mediocentrista, mucho más politizada e industrial, y con una formación muy pragmática, no tan crítica como la que está haciendo América Latina. Convive hoy también una Europa que se mueve entre la crítica y la apología del sistema capitalista, pero que también está haciendo nichos en el sistema comunicativo. ¿Por qué apostamos nosotros?
“Por potenciar una mirada crítica hacia esa comunicación, porque el sur está dando fuertes síntomas de cambio en posturas y paradigmas socioeconómicos, políticos y culturales. Después de 2014 hay un hervidero de políticas de comunicación: Nicaragua, Honduras, República Dominicana, El Salvador, Ecuador, Venezuela, Argentina. Hoy en América Latina la situación es compleja, porque hemos vuelto a ver cómo el poder mediático igualmente frena procesos, hoy más que nunca estamos visualizando los medios que luchan por un protagonismo político.
“Desde esa lógica es un Congreso indiscutiblemente muy oportuno, y que tenga esa agenda muestra la preocupación que Cuba tiene sobre estos temas para su beneficio propio como país, pero también para insertarse en el debate latinoamericano”.
-¿Qué relación existe entre ULEPICC e ICOM?
—ULEPICC es una organización que tiene aproximadamente 10 años de creada. Tiene publicaciones, boletines, es joven, pero está consolidándose en la búsqueda de un pensamiento crítico y reflexivo en el campo de la comunicación social. Que ellos aceptaran ser “partners” en este congreso es importante: es la primera vez que ICOM tiene un partner que decide apostar a que en su marco se haga otro congreso, lo que implica que hay un nivel de credibilidad en nosotros, en lo que estamos haciendo.
—Son más de 400 los ponentes que estarán formando parte de ICOM ¿Qué ven en Cuba? ¿Qué podría aportarle Cuba a la academia de la comunicación?
—Cuba tiene cosas que aportar. En el mecanismo de formación, no por el campo en sí mismo, sino por la compresión del hombre que está formando, hay mucho que aportar. Cuba por ejemplo está apostando por la formación de conocimientos sólidos, aquí hay un componente que no es el saber hacer solamente, sino el saber hacer acompañado de un saber pensar. ¿Que nos pueden tildar de que el egresado de comunicación o periodismo piensa mucho?, es verdad, pero es importante, porque nosotros trabajamos con marcos de referencia que los da el saber, el conocimiento, la cultura.
“No podemos decir que Cuba tiene una escuela de comunicación, pero la que estamos leyendo la estamos aplicando bastante bien. Incluso muchos se sorprenden de venir a Cuba y ver lo que estamos investigando. Como país que tiene un campo también incipiente académico hay una trayectoria, una experiencia, una práctica del estudiante que no está formado solamente en la teoría.
“A diferencia de otros países, Cuba investiga desde el pregrado. Para otros, la investigación está solo en el posgrado. Cuba tiene una maestría en Ciencias de la Comunicación, un doctorado en Ciencias de la Comunicación que tiene graduados a más de 60 profesionales de diferentes países. Por tanto, le hemos aportado a América Latina libros de texto, artículos, revistas.
“Cuba tiene otra cosa importante desde mi punto de vista: una articulación muy sólida entre los profesionales en el ejercicio y la academia. No en todas partes del mundo usted encuentra que quien ejerce periodismo vaya a las aulas a compartir sus conocimientos. La práctica no se abre como en Cuba a que los estudiantes los visiten. No es usual en el mundo que los masters de comunicación se hagan desde el mundo profesional, ni los doctores, eso es inédito. Yo creo que hay muchas cosas que mejorar en nuestro desempeño profesional y académico, pero pienso que en Cuba hay un profesional que, ante todo, tiene calidad en su formación, un nivel de compromiso ante lo que está haciendo, y que, además, está luchando porque sea más comprendido su papel y su rol en la sociedad. En otras partes eso no es a veces lo que se encuentra, hay profesionales que trabajan por dinero, se exponen a políticas editoriales pero no lo están haciendo con un compromiso hacia su sociedad”.
—Por primera vez, además de ponentes iberoamericanos, hay un encuentro con universidades estadounidenses para evaluar intereses comunes y áreas de cooperación ¿Cómo puede contribuir el ICOM a estimular esos diálogos?
—Las relaciones entre Cuba y Estados Unidos no son de ahora. Esta academia se ha relacionado con Estados Unidos de manera sistemática desde hace mucho tiempo, lo que pasa es que ha habido algunos picos de discontinuidad. Lo que sí es nuevo es la presencia de ellos en ICOM, pero yo creo que eso responde a una serie de acercamientos que se han venido produciendo en este último año como parte del propio descongelamiento.
“Hay inquietud por saber qué estamos haciendo, y creo que es muy válido. Es muy importante acercarnos, reconocernos, buscar vías de colaboración, porque indiscutiblemente estamos hablando de un país con mucho desarrollo en esta práctica profesional. Es importante ir identificando fortalezas de cada parte, agendas que nos son comunes y que nos permitan hacer proyectos conjuntos de trabajo. En EE.UU radica la ICA (Asociación Internacional de Comunicación, en español), que es la asociación más importante de investigadores que tiene el mundo, que organiza un evento gigantesco que acaba de sesionar en Puerto Rico, que mueve el mayor volumen de producción científica en la Web of Science. Entonces ¿por qué no podemos hacer proyectos de trabajo de conjunto? Creo que es un buen momento para ir trazando estrategias, tendiendo puentes de diálogo para el acercamiento de nuestros países, sobre la base de un respeto a la diferencia”.
—En un contexto de reconfiguraciones en el ecosistema mediático cubano ¿Qué retos tiene el país en materia de comunicación?
—Creo que el mayor reto que tenemos es acabar de tener una documentación clara y precisa que recoja las aspiraciones que tiene el país en este campo. Mientras las cosas no estén definidas claramente, podemos seguir dando margen a la confusión. Si somos capaces como país de establecer una política con carácter democratizador, en la que han participado hacedores y decisores, pues nosotros podemos ponerle dentro de lo que el país necesita y quiere, también un orden.
“Eso lo tienen todos los países, y digamos que Cuba a lo largo de su historia ha tenido marcos no tan regulatorios legales, pero sí normativos de su producción comunicativa en todos sus órdenes. El principal reto es entender qué necesita el país, hay que ver la gama de complejidad que tiene el escenario de hoy y tratar de representarla en las decisiones que se tomen.
“Hoy se están introduciendo nuevos escenarios, nuevos actores y nuevas prácticas. Estamos retomando prácticas como la publicidad, que implica una transacción económica de la que nosotros estuvimos al margen incluso y no desapareció en los últimos años. Habría que también buscar otras discusiones: medios estatales, medios públicos, privados, y en el caso de los privados, hay que tener delineado que detrás de cada acción comunicativa hay una ideología, un sentido y un significado.
“La comunicación no es un elemento tecnológico, ni solamente cultural, tiene un trasfondo económico y político. Habría que ver que está pasando con esos medios privados, cuáles son sus intenciones, y en función de qué están haciendo esa producción comunicativa. ¿En función de una nueva alternatividad a qué? Ahí no podemos confundirnos”. (Tomado de Cubadebate)
Fuente: Granma, 6.12.15

El real y maravilloso periodismo

Ante la proximidad del Día del Periodista, a celebrarse con ruido de medallas y aplausos, cabe algunas reflexiones acerca de este maravilloso quehacer cotidiano difundido en el avasallante siglo XXI en que vivimos.
El periodismo ha sido definido como el medio en el cual se despliega el acontecer diario impulsado por una sociedad de disentidos principios morales, intelectuales y políticos. El poder del periodismo, frente a la pluralidad social, enfrenta a las fuerzas que tienen cierta libertad de acción bajo el amparo del sistema democrático, siempre que dicho régimen se ajuste a la libertad de pensamiento, creación y difusión que vaya en beneficio de toda la colectividad, no así cuando surgen las pasiones políticas que desconocen los derechos humanos y se sirven tanto de la prensa, como de la mentada democracia, sólo con el fin de lograr un beneficio personal.
Por naturaleza, el hombre es un libre pensador, aunque muchas veces no piensa porque está sujeto a condiciones que lo apartan de la realidad y lo dominan encaminándolo hacia confines que se apartan del bien social y benefician a sectores partidarios, organizaciones sindicales u otras agrupaciones que tratan de imponer un criterio equivocado, a veces logrado con el recurso extremo de presiones masivas y amenazas que ponen en riesgo la vida, como se constató en épocas pasadas.
En los tiempos actuales se observa que no es libre pensador quien lo quiere, sino quien puede serlo, porque llegamos a evidenciar que periodistas de criterio formado y de innegable inclinación a la verdad fueron amenazados, perseguidos y silenciados, lo cual es referencia clara del desconocimiento a los principios democráticos.
El periodismo de hoy, no obstante el gran apoyo tecnológico actual, no llega a desplegar en sus páginas, en sus micrófonos o en pantalla cromática lo que todo lector, radioescucha o telespectador espera. La crónica roja ha tomado las emisiones televisivas en un alto porcentaje, lo que hace imposible mantenerse frente a canales que “desangran” homicidios, suicidios, violaciones y otros males de cierta sociedad en decadencia, o que no tiene una formación moral impuesta en un hogar con principios morales.
El reportero es responsable ante los hechos que llegan a un medio de comunicación. El editor tiene la obligación de presentar la noticia acorde con la sensibilidad de la mayoría de quienes siguen programaciones en radio y televisión, o aquellos que eligen las páginas diarias de publicaciones impresas.
La formación ética en todos los niveles de la sociedad busca lo mejor del periodismo para comprender la realidad de los hechos y sacar conclusiones propias que pueden ser coincidentes con el pensamiento de editorialistas y columnistas, de tal manera que la gente conozca los beneficios de la libertad de expresión y mantenga siempre renovado el principio democrático de periodismo libre y no como patrimonio de un gobierno determinado, más aún si ha sido elegido en ánforas democráticas; de no ser así, la democracia se derrumba y surge el totalitarismo que oprime y destruye. Si Democracia es participación de un pueblo con el gobierno, todos se preguntan: ¿por qué no gobernar en paz con toda la población dirigida a generar acciones comprometidas tendientes a una creación de conciencia personal y social?
El periodismo es una escuela de flexibilidad donde el Buen Periodista maneja con maestría el lenguaje apropiado a la contundencia de los sucesos recogidos por el Reportero, cimiento de todo medio de comunicación, pero si esa fuente llega a ser controlada con fines determinados, la información deja de ser tal y pasa al nivel de adoctrinamiento, que puede tergiversar la noticia dando paso a una velada censura, consecuencia del miedo, el odio y la discriminación hacia quienes no siguen el camino trazado por los falsos demócratas.
Tampoco puede concebirse la libertad de expresión sin responsabilidad. Los periodistas que reciben beneficios desde el oscurantismo de un periodismo servil son más peligrosos que los informantes voceros del periodismo oficialista, porque estos difunden abiertamente los intereses de una causa política. Los otros son una “especie” de equilibristas en cuerda floja.
Fuente; Página siente, 6.12.15 por Mario D. Ríos Gastelú, periodista boliviano

Opiniones hiperconectadas

Los medios masivos pasaron a la historia en los procesos de formación de opinión pública. En el pasado solían determinar tendencias de opinión y su control era apetecido por los poderes oficiales. Hoy también lo es. Las redes son el espacio privilegiado para la discusión de información contrastada y hasta presenta indicios importantes de investigación periodística.
Eso fue lo que paso en Facebook el mes pasado cuando el “Estado Islámico” atacó París en el atentado terrorista más duro de los últimos años.
La red puso a disposición de los usuarios la opción de usar la bandera de Francia en la foto de perfil para indicar su solidaridad. Es un dispositivo que puede condicionar la opinión de los usuarios si es que estos no ejercitan sus propias rutinas de pensamiento. Pero eso duró apenas unas horas. Usuarios inconformes comenzaron a postear información indicando que Francia también había atacado Siria los días pasados. Allí también hubo muertos inocentes. Rápidamente miles de usuarios comenzaron a investigar detalles de esos y otros ataques. Circularon minidocumentales “para entender lo que está pasando en Siria”.
Los usuarios de FB comenzaron a “descubrir” que ninguna violencia viene de la nada. Aunque circulan datos exagerados y hasta no comprobados hay mucha información valiosa en Internet. Muchos retiraron las banderitas de sus fotos y entraron en la lógica de “estar mejor informado” antes de emitir signos de identidad con compromisos asumidos a la rápida.
Inclusive hubo personas que se sintieron presionadas por mostrarse muy inocentes en tiempos de hiperconexión.
Los medios masivos también fueron criticados. Para nadie es novedad que los medios occidentales se concentran en aspectos superficiales y sensacionales de los hechos. Importa el miedo de quienes estuvieron cerca y vieron el escándalo.
La noción de contextualización queda reducida a niveles vergonzosos. El público masivo está casi obligado a sentir el horror sin saber las causas. Pocas son las producciones que analizan e intentan entrar al fondo de los problemas. Es que no son vendibles.
Muchos ciudadanos norteamericanos no saben que en el mundo tienen antipatías. No pueden creer que alguien tenga motivos para hacerles daño. No saben que en represalia al ataque a las torres gemelas murieron entre 600 y 900 mil personas civiles en Afganistán e Irak. Gigante diferencia con los casi 3 mil muertos el 11/09. Hay datos dispares en las redes. Es necesario verificar fuentes y medios formales. Los usuarios están aprendiendo a distinguir datos confiables de rumores o chismes.
Lo ocurrido en FB es prueba de que los medios masivos no tienen tanto poder como en el pasado. Su obligación de satisfacer el Derecho a la Información se ha trasladado a un espacio donde los ciudadanos se dan modos para saber lo que ocurre. Los procesos comunicativos ocurren velozmente en base a dinámicas emocionales e informales en clima de discusión y Libertad de Expresión casi irrestricta. La crítica del otro y la autoregulación funcionan como control. La mofa o el chiste diluyen el análisis. La violencia de la palabra intolerante es otro freno a las ideas. De todas maneras es opinión pública veloz e hiperconectada.
El FB es uno de los medios más deslumbrantes del siglo XXI. Es un periódico proyector de identidad hecho a medida de cada persona. En casos de violencia o convulsión es un excelente espacio para la formación de opinión pública sin contaminaciones económicas y políticas que los medios masivos suelen tener.
Fuente: Los Tiempos, 3.12.15 por Marcelo Guardia, comunicador social boliviano

“El Estado confunde a los medios con partidos políticos”

Mario Maldonado estuvo vinculado al periodismo desde su adolescencia, primero como editor de una publicación que difundía en el colegio y después con Acción Católica. “Me acerqué a Presencia para que se imprimieran allí estas dos publicaciones; luego, en 1958, a mis 20 años, entré a trabajar a ese periódico”, cuenta. Desde entonces ha ejercido el oficio por más de 50 años.
Recientemente fue reconocido con el Premio Nacional de Periodismo 2015. De sus días como periodista en Presencia recuerda que en 1966 tuvo la suerte de ser becado en la Universidad Pro Deo, en Italia. “A mi regreso, volví justo en la época en que se habían instaurado los regímenes militares. Fue entonces que llegué a ser jefe de redacción”. En la actualidad, preside el Comité Nacional de Ética Periodística.
Se muestra crítico con el periodismo boliviano actual, ¿cómo superar ese periodismo “timorato”-como lo ha llamado- que observa en los medios?
No he sido crítico en sentido negativo. Simplemente que considero que antes, incluso en época de dictaduras, se hizo un periodismo de denuncia. En cambio ahora, pienso que muchos medios tienen un trabajo diferente, donde (los periodistas) viven una autocensura voluntaria o involuntaria.
Los periodistas podrían hacer un poco más para señalar lo que no se sabe, más que por dichos, y para verificar si aquello es verdad o no. La crítica no iba en desmedro de nuestros colegas, pero sí creo que se debe considerar que la situación no les favorece. Ahí está el libro de Raúl Peñaranda que muestra cómo están coaptados algunos medios y cómo su personal tiene que acomodarse a las circunstancias.
¿Qué opina del manejo que se hace de la publicidad estatal? Se dice que el Estado beneficia con ésta únicamente a medios que le son afines…
Es un absoluto abuso porque esa publicidad no es de carácter particular de un gobierno. Las  obras públicas son obras del país y eso se debe divulgar a través de todos los medios.
La publicidad oficial siempre fue dirigida, pero creo que eso es un gran abuso. El Estado se confunde con los medios como si fueran partidos políticos, y entonces utilizan (la publicidad estatal) como chantaje para que los medios hagan lo que el poder determina.
¿Qué opina de que los medios, en general, continúen priorizando temas políticos, económicos o incluso de crónica roja y dejen de lado temas que afectan directamente al ciudadano?
La política y economía son sumamente importantes. En la época dictatorial, las noticias del plano político estaban en primer lugar. Ahora bien, es cierto que a veces hay noticias estupendas en el país y que no son privilegiadas por los medios, ya que justamente priorizan los aspectos negativos que a veces no siempre son una buena escuela de enseñanza para el país, especialmente la crónica roja.
Justamente, ¿qué opina del hecho de que la crónica roja sea uno de los ejes más explotados por los noticieros de la televisión?
En algunos medios se han llegado a unos extremos que debieran corregirse. A veces uno está a la hora del almuerzo con la familia y se están mostrando cadáveres o se está señalando que hubo violaciones, cuando todos esos temas deben presentarse en otros horarios. Pero eso nace de la política de cada medio.
Todas estas cosas hoy se muestran con más realismo que antes. Son hechos que deben publicarse, pero deberían hacerse con la responsabilidad que corresponde. El problema no es decirlo, sino cómo se lo dice o se lo plantea.
Usted preside el Comité Nacional de Ética, ¿cómo ve al periodismo boliviano en este tema?
La ética es un aspecto muy amplio que tiene que ver con la formación y la responsabilidad de los periodistas. Mi concepto de ética abarca incluso hasta el vocabulario que se usa. Me preocupa mucho, por ejemplo, que en los medios se utilicen frases como: Tal club “a la cabeza de su presidente”, o cuando se abusa del condicional. Falta precisión.
Por otro lado, quienes están en los medios radiales se explayan en adjetivos, a veces malas palabras. No sé si se creen modernos o sin complejos, pero creo que hay muchas personas en el país, si no la mayoría, que quiere que las cosas se traten con respeto y responsabilidad.
Ahora bien, el Tribunal de Ética, en cinco años, ha resuelto más de 50 casos de diferentes aspectos, donde tanto la opinión pública como algunos periodistas han recurrido.
Creo que finalmente hemos logrado que la autorregulación sea una realidad en el periodismo boliviano. En todos los regímenes dictatoriales y democráticos siempre ha habido la tentación de controlar el trabajo periodístico, pero la autorregulación significa que seamos los propios periodistas los que nos demos las normas que regulen nuestro trabajo.
¿Qué representa para usted haber ganado el Premio Nacional de Periodismo?
Para mí, significa el corolario de un trabajo donde se ha persistido y se he trabajado más de 50 años. Actualmente presido el comité gestor del Consejo Nacional de Ética que ha sido la instancia creada con mucha responsabilidad por todos los sectores de la comunicación social en Bolivia.
Fuente: Página siete, 29.11.15 por Carla Hannover, periodista boliviana

Periodismo en Colombia muy afectado por el conflicto armado

La Federación Colombiana de Periodistas (Fecolper) ha hecho público el Informe “Impactos de la violencia contra periodistas en el marco del conflicto armado colombiano”, en el que señala que el periodismo regional ha sido el mayor afectado por la violencia.
El documento, presentado en el Foro “Del daño a la construcción de garantías para el periodismo colombiano”, se elaboró como reflexiones y aportes al diagnóstico del daño  del Proceso de reparación Colectiva a Periodistas1 e identifica los periodos más críticos para ejercicio de la actividad periodística a lo largo del conflicto2.
Debido a la existencia de poderes armados y fácticos, de orden legal e ilegal, en los contextos regionales es más difícil la cobertura adecuada de hechos informativos y noticiosos relacionados con el conflicto y otros temas de interés local en los que estos poderes intervienen.
Entre los años 70 y 80, hubo un escalamiento de la confrontación armada que se reflejó en un aumento de violaciones a derechos humanos de la población civil; en este periodo, las judicializaciones, los asesinatos y el desplazamiento se configuran como principales hechos de victimización contra periodistas.
Entre los años 80 y mediados de los 90, predominaron los asesinatos, estigmatización, censura, hostigamientos, amenazas, atentados a la infraestructura de los medios y estrategias de presión y cooptación de periodistas, así como el uso de la información como herramienta de la confrontación, con una fuerte carga ideológica de la información sobre el conflicto y el surgimiento de medios de comunicación relacionados con actores armados legales e ilegales.
1989 y 1991 son los años en los que más asesinatos a periodistas se han registrado en Colombia (12 y 11 respectivamente) siendo Valle del Cauca y Antioquia  los departamentos más impactados.
Finalmente, hacia finales de los años 90 e inicios de los 2000, la violencia paramilitar se refleja en el segundo pico de asesinatos contra periodistas. Es preciso indicar que aunque en la década del 2000 se redujo la cantidad de asesinatos a periodistas, no necesariamente significa que haya habido un mejor ambiente para el ejercicio de la libertad de prensa.  Por el contrario, las amenazas y otras formas de obstrucción al trabajo periodístico se instalan como métodos para intentar silenciar a periodistas.
Todos esos hechos configuraron daños sobre el derecho a informar y estar informado, que en últimas afectan estructuralmente a la democracia y a la sociedad civil; restricciones a la libertad de prensa como la censura y autocensura; posicionamiento de discursos por parte de estructuras de poder; desfiguración de la función social del periodismo; estigmatización a representantes de los medios, cierre de medios de comunicación, exilios y/o desplazamientos, y una sociedad desinformada, informada parcialmente o mal informada sobre el conflicto armado colombiano.
Pero también la afectación económica hacia los periodistas se revela con la eliminación de la pauta publicitaria a los medios locales comerciales y comunitarios, y la consolidación de una estructura económica de los medios de comunicación, que impide la pluralidad informativa.
Asimismo, la Encuesta Piloto hecha por la Fecolper para la Unidad para las Víctimas, en el marco del Proyecto de Sistematización para el Diagnóstico del Daño, entre diciembre de 2014 y enero de 2015,  y que contó con la participación de 182 periodistas víctimas directas, ubicó como los principales actores victimarios a los grupos paramilitares,  las guerrillas y en tercer lugar directamente al Estado.
Además de todo lo anterior, se evidencian casos de impunidad  debido a la inoperancia del sistema de la justicia en los procesos judiciales relacionados, pues no se permite establecer responsabilidades materiales e intelectuales sobre las violaciones a derechos humanos de periodistas.
A la fecha sólo se ha logrado la declaración de tres casos de violaciones a derechos humanos de periodistas como crímenes de lesa humanidad: los asesinatos de Guillermo Cano (1986), director del periódico El Espectador, y Eustorgio Colmenares (1993), director del periódico La Opinión de Cúcuta.
También se estableció esta declaratoria en el caso de secuestro y violencia sexual sufrido por la periodista Jineth Bedoya, del periódico El Tiempo, que ha logrado a través de una denuncia pública y abierta poner en evidencia los efectos diferenciados de la violencia hacia las mujeres periodistas.
Con base en todo lo anterior, la FECOLPER invita a pensar el daño en tres dimensiones:

  1. el daño a periodistas, la naturaleza y el ejercicio de la actividad periodística;
  2. el daño sobre la identidad colectiva de los periodistas, los medios de comunicación y las organizaciones sociales, gremiales y/o profesionales de periodistas;

iii. el daño sobre las audiencias y la sociedad en general.
Por lo tanto, entre los desafíos centrales para la construcción del Plan Nacional de Reparación Integral a Periodistas se encuentra la apertura de un debate sobre la propiedad de los medios de comunicación, la democratización y pluralidad informativa; la protección de las condiciones laborales de los periodistas y comunicadores sociales, como componente central de la construcción de una política pública de garantías para que el ejercicio de la actividad periodística, de forma que se asegure que éste pueda ser libre, segura y cumpla la función social que le ha sido asignada;  generar un debate sobre la responsabilidad de los medios de comunicación en el desarrollo del conflicto armado en perspectiva de replantear su papel en la actual fase de diálogo entre el gobierno nacional y las insurgencias, y en perspectiva de un posible escenario de pos-acuerdos de paz.
Al igual que reconstruir la naturaleza de la actividad periodística, erradicando de la profesión las lógicas de comercialización y de guerra instaladas, en función de un ejercicio periodístico que permita comunicar al país en una lógica de paz y reconciliación y establecer mecanismos y estrategias de pedagogía que movilicen hacia la recuperación de la calidad periodística y permitan la formación de las audiencias para un consumo crítico de los medios de comunicación.

  1. El Proceso de Reparación Colectiva a Periodistas, es una iniciativa que coordina la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas, y que parte del reconocimiento de la historia de graves violaciones a las libertades de expresión y de prensa, asociadas a violaciones a los derechos humanos de las y los periodistas. El colectivo de periodistas es considerado un sujeto de reparación colectiva en tanto se trata de un grupo que sufrió daños colectivos en los términos del artículo 3 de la Ley 1448 de 2011.

Fuente: Periodistas en español, 28.11.15