El oficio de informar y opinar

Editorial
Un principio que siempre debemos cumplir es reconocer, si los hay y que en forma posterior a la difusión de una noticia o una opinión se nos hace notar, los errores que pudiéramos cometer  y proceder a su respectiva rectificación
Entre las consecuencias del profundo desconcierto que ha provocado en las filas del oficialismo la decisión ciudadana de no aprobar la reforma de la Constitución Política del Estado (CPE) para permitir una nueva reelección de los actuales primeros mandatarios, se encuentra la de volver a definir a los medios de comunicación y las redes sociales como objeto de ataque, entre otros, porque serían los culpables de ese resultado. Para decir una perogrullada, nuevamente buscan matar al mensajero y no corregir el mensaje.
No es fácil desbaratar esa posición, pues la pasión política interfiere el debate civilizado. Pero si se puede afirmar que es muy difícil “crear” realidades o hechos. Lo que sí es posible es difundir masivamente aquellos hechos que desde el poder se quisiera ocultar o maquillar, porque ése es nuestro deber. Por tanto, han aumentado a cifras impensables hace pocos años, la cantidad de ciudadanos, hombres y mujeres, hasta hace poco alejados de los circuitos de la información.
En ese contexto, utilizar la táctica de mentir o de manipular a la gente es no sólo un hecho moralmente cuestionable, sino equivocado, pues se presume que ésta no tiene acceso a la suficiente información que le permite comparar el discurso oficial con lo que está sucediendo ni la suficiente inteligencia para discernir la información que recibe.
Por ello, la responsabilidad de los operadores de los medios es clave, porque, particularmente en momentos de desorientación como los actuales, su tarea puede ayudar a comprender mejor la realidad o, al contrario, a crear mayor confusión. En consecuencia, es necesario, tanto para nosotros como para la ciudadanía, recordar algunos principios que guían nuestro trabajo.
El principal, si duda, es que estamos comprometidos a buscar la verdad, y hacerlo utilizando los instrumentos que el oficio nos da y, sobre todo, comprendiendo lealmente que nuestro deber es informar de la mejor manera a la gente. Es decir, recordar que los periodistas no somos fiscales que dictaminamos ni jueces que sentenciamos. Nuestro deber es ofrecer una información documentada producto de una previa investigación y, en los espacios asignados, difundir una plural opinión que permita una mejor comprensión de la realidad.
Otro principio es que un hecho tiene varios actores y que estos tienen el derecho de ofrecer “su” verdad, y con el conjunto de esas verdades acercarnos a lo que realmente ha sucedido.
Y un tercer principio que siempre debemos cumplir, pero particularmente cuando hay profusión incesante de informaciones y de fuentes interesadas, es reconocer, si los hay y que en forma posterior a la difusión de una noticia o una opinión se nos hace notar, los errores que pudiéramos cometer y proceder a su respectiva rectificación.
De la mano de esos principios es posible rebatir en forma tajante a quienes, desde el poder, quieren restarnos credibilidad por presuntas afinidades de corte ideológico, político o comercial, o quieren cooptarnos para someternos a sus designios, y desde el llano, nos quieren inducir a ocupar espacios que no nos corresponden.
Ése es el  compromiso que el periodista, hombre y mujer, tiene con la sociedad y su conciencia.
Fuente: Los Tiempos, 13.3.16

Lengua española y periodismo (II)

No hay una versión canónica del castellano, ni hay variantes mejores que otras
Hay un hecho de gran relevancia que los periodistas latinoamericanos y españoles creo que deberíamos tener muy presente. Hay tres lenguas de impregnación universal en Occidente: inglés, por encima largamente de todos, francés, en relativa decadencia, y español, cada día más pujante, con sus 450 millones de hablantes en todo el mundo. Y, así, el periodista que pueda ganarse la vida con esa lengua parte de una plataforma, un trampolín, superior a lo que pueda exhibir no importa qué otro idioma, sin excluir grandes expresiones culturales como alemán, italiano o ruso, del ámbito europeo.
Por eso me parece urgente que, sobre todo nosotros los periodistas, seamos conscientes de la necesidad de mantener una unidad viable de la lengua, aunque siempre respetuosa del genio particular de cada área reproductora del castellano. Hace unos días una excelente periodista chilena, Rocío Montes me regaló un libro muy interesante: una relación de hasta 640 chilenismos, que se usan mayoritaria o exclusivamente en el país más largo que ancho. Lo he recorrido y lo que me ha parecido más prometedor es que la gran mayoría de esas expresiones (cuando la limosna es exagerada hasta el santo desconfía) se entienden perfectamente en su metáfora, o sin más, en la península. La unidad profunda de la lengua no solo no se deteriora, sino que se enriquece con la invención local.
A mis alumnos de la fundación de Gabo en Cartagena les digo al comienzo del curso anual que no crean que pretendo imponer ningún uso peninsular a su trabajo, y que, si inevitablemente, abundaré en expresiones privativas de España, que todos entienden sin dificultad, no dudo de que su forma de escribir ha de responder a las peculiaridades idiomáticas de su país, con una única limitación, lo que esté indiscutiblemente mal, pero no porque lo diga España, sino el consenso de las academias del universo latinoamericano y español. Y como la Academia ha transitado en los últimos tiempos de lo normativo rígido a lo descriptivo flexible, el horizonte de lo homologado se ha ampliado sobremanera. Mi única nota al pie, personal e intransferible, es que me parece estupenda la invención a partir del acervo de la lengua común, para recurrir únicamente a modas foráneas cuando llenan un vacío: a saber, la tecnología.
Y ¿cuál es el estado, la salud de una lengua tan múltiple? Yo diría que básicamente bueno, aunque siempre necesitado de alguna atención.
Probablemente lo más propio sería hablar hoy de lenguas españolas en lugar de español, pero como no soy tan moderno ni transgresor, mantendré aquí el criterio holgadamente unitario. Lo que sí hay que dejar claro es que no hay una versión canónica del castellano —sinónimo donde los haya de español— como tampoco existe una pronunciación tipo, ni hay variantes mejores que otras. El argentino, por ejemplo, con sus decime, sentate, vení y todo lo que ustedes ya saben —expresiones ya incorporadas a la escritura patria— es tan legítimo como el habla que trace sus orígenes hasta San Millán de la Cogolla.
La realidad se impone y, en cualquier caso, no hay latinoamericano o español que no entienda lo que le están diciendo. Pero, una nueva salvedad, no podría decir lo mismo del doblaje de los telefilmes norteamericanos que se practica en algún lugar de América Latina, en un español que quiere ser neutro y con ello aceptable en todo nuestro mundo lingüístico, porque que no corresponde a ningún país en particular. Un castellano que rehúsa el olor, color y sabor de lo nacional. Contrariamente, la diversidad dentro de una básica unidad, me parece no solo inevitable, sino positiva.
A mis alumnos del curso de cuatro semanas estivales de Cartagena, suelo decirles que cualquiera que sea su nación, etnia o formación personal, si el español es su forma de expresión propia, todos en alguna medida tienen que ver con Roma; la de los césares, el centro irradiador de la latinidad, que no se ha aclimatado nada mal al otro lado del Atlántico..
Fuente: El País, 12.3.16 por M.A. Bastenier, periodista español

Frank La Rue nuevo dircom de la Unesco

La directora general de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultural (Unesco), Irina Bokova, ha nombrado al guatemalteco Frank La Rue como como nuevo subdirector general para la Comunicación e Información, puesto que asumirá este mes de marzo de 2016.
Frank La Rue fue relator especial de Naciones Unidas sobre la promoción y protección del derecho a la libertad de opinión y de expresión de 2008 a 2014. En ese periodo redactó y presentó diez informes históricos sobre la situación de la libertad de expresión ante el Consejo de Derechos Humanos y la Asamblea General de la ONU, en materia de protección de los periodistas, la libertad de expresión en Internet y el impacto de las medidas de los Estados contra la privacidad y la libertad de expresión.
Conocido este nombramiento, La Rue dijo estar ansioso por comenzar: “La Unesco es una institución crucial para la protección de la libertad de expresión, el desarrollo de medios y la promoción del acceso a las nuevas tecnologías de comunicación. Espero contribuir a estos objetivos y mantener un enfoque de derechos humanos en toda nuestra labor”, expresó.
Formado como abogado y periodista, La Rue es reconocido por su trabajo en defensa de los derechos humanos. Recientemente ejerció como presidente del directorio del Instituto Centroamericano de Estudios para la Democracia Social (DEMOS), y como director para Europa de la Fundación de Robert F. Kennedy de Derechos Humanos.
La Rue ha participado ya en numerosas iniciativas de la Unesco, como la celebración anual del Día Mundial de la Libertad de Prensa (3 de mayo) y la conmemoración del Día Internacional para poner fin a la impunidad de los crímenes contra periodistas (2 de noviembre).
Fuente: Periodistas en español, 11.3.16

Letras peligrosas

Cuando los españoles llegaron al Tawantinsuyu encontraron una enorme y próspera civilización pero sin rastros de escritura. Debido a ello, creyeron que los pueblos de esta parte de América eran ágrafos. Su error quedó en evidencia cuando conocieron los kipus, un sistema híbrido de contabilidad y relación de sucesos que sólo era conocido por unos cuantos sabios llamados kipukamayux.
Pero lo que los españoles no supieron, porque su entendimiento estaba limitado a lo que se puede pintar en hojas de papel, es que los pueblos andinos sí tuvieron escritura; es decir, un código de signos que permitía conservar mensajes. Lo descubrió en 1940 el investigador Dick Édgar Ibarra Grasso y lo confirmó, en 1989, su discípulo más aventajado, el historiador boliviano Roy Querejazu Lewis.
Querejazu encontró suficiente evidencia en las crónicas coloniales de que la civilización incaica tuvo escritura. Una de sus fuentes, el cronista Fernando de Montesinos, refiere que el inca, a quien identifica como Titu Yupanki Pachakuti, perdió la vida en una batalla definitiva en la guerra que libraba contra los kollas y, a partir de entonces, su hijo y sucesor prohibió las letras y ordenó “que nadie las usase ni las resucitase porque de su uso le había de venir el mayor daño”.
Por esos datos se colige que había dos tipos de codificación simbólica: los kipus, reservados para una élite, y la escritura ideográfica, que se había hecho masiva y permitía que la gente accediera al conocimiento. Para los incas, era peligroso que los gobernados acumulen conocimiento o transmitan información, así que optaron por prohibir la codificación masiva.
Para lograrlo, el hijo de Titu Yupanki Pachakuti mandó matar a todos los amautas y hasta ordenó que, a partir de entonces, se escriba una nueva historia, una oficial en la que los incas eran hijos del sol. Conciliando datos, el inca muerto en batalla parece ser Wiracocha, mientras que su sucesor sería Pachakuti, considerado el verdadero fundador del imperio y autor de la trilogía moral del “ama llulla, ama swa y ama qilla”.
Lo que ocurrió en los tiempos en los que el Tawantinsuyu se expandía no es exclusivo de la historia americana. El conocimiento es poder y los gobernantes se resisten a compartirlo con el pueblo llano. Por eso es que el libro llegó a ser considerado un peligroso agente de transformación y fue quemado por toneladas desde la Edad Media hasta la Alemania de Hitler.
Y si aun los libros eran elitistas, los diarios popularizaron todavía más la escritura así que se convirtieron en los enemigos naturales de los gobernantes, especialmente los autoritarios. Uno de los muchos que entendió el peligro que entrañaba la palabra escrita y masificada en los periódicos fue Napoleón Bonaparte, quien llegó a decir que “la libertad de prensa debe estar en manos del Gobierno, la prensa debe ser un poderoso auxiliar para hacer llegar a todos los rincones del Imperio las sanas doctrinas y los buenos principios. Abandonarla a sí misma es dormirse junto a un peligro”.
Con el correr del tiempo aparecieron la radio y la televisión que masificaron la difusión de la palabra hablada y se sumaron a la lista de adversarios de los detentadores del poder.
En los tiempos de internet, la palabra escrita sigue siendo el mayor riesgo para los gobernantes y, con todo y errores gramaticales y ortográficos, se multiplica a través de las redes sociales. Por eso es que los gobernantes autoritarios las ven como un peligro y buscan controlarlas.
Fuente: Página siete, 10.3.15 por Juan José Toro es Premio Nacional en Historia del Periodismo.

Los spots del falso pluralismo

Las nuevas autoridades de Radio y Televisión Argentina SA (RTA) han puesto al aire de sus respectivos medios (Radio Nacional, TV Pública y más de cincuenta emisoras de radio nacionales en todo el territorio argentino) un spot al que llamaron “ceder la palabra”. El mismo trabaja sobre la idea de hacer oír todas las voces, achicar la grieta, de diálogo, tolerancia, reconciliación, de estar todos juntos… pero llama la atención su particular idea de pluralidad: ahistórica, cínica o pueril, ya que en esos canales se hicieron listas negras y se habla de tolerar las diferencias en vez de incorporarlas en su conflictividad histórica.
El titular de los medios públicos, Hernán Lombardi, se pasea por todos los medios de comunicación hablando de una gestión transparente, con todas las voces y sin censura. Este relato que incansablemente repite, junto a los que manejan las corporaciones periodísticas, es más de lo mismo. Toman como ejemplo la BBC o la Televisión Española, algo dicho en muchas ocasiones, pero la mayoría de las veces ni siquiera conocido en profundidad.
Es imposible hablar de pluralismo cuando el mapa de medios de comunicación en Argentina está en manos de pocos empresarios y empresas. Cuando existe un monopolio de la información y cuando esos medios ejercen una terrible censura sobre el pensamiento de aquel que piensa distinto.
Lo más cínico de esta situación, de estos spot y de quienes se prestan a este juego, es que durante estos meses de gestión conservadora se han echado y censurado periodistas de los medios públicos, por el solo motivo de haber ejercido su profesión allí mismo en anteriores gobiernos. Mientras, paradójicamente, pregonan la idea de que la TV Pública tiene que ser un espacio plural, en supuesta contraposición con lo que habría sido durante el kirchnerismo un sitio “de una única voz”.
Debemos denunciar el hostigamiento, la persecución y la censura. Llevamos décadas defendiendo la libertad de expresión, instalando en la agenda pública un debate sobre el rol de los medios y la participación de nuevas voces. Hoy se constituyen listas negras en democracia. Se despide por pensar distinto. Hechos repudiables, que nos recuerdan los tiempos a los que no queremos volver. Hablan de diálogo, de reconciliación, concepto aplicado por el menemismo para referirse nada más y nada menos que a sus políticas, sus actores y los medios, frente a la feroz decisión del indulto. Hablan de grieta, un discurso salvaje instalado por el periodista Jorge Lanata con la única finalidad de perjudicar al gobierno anterior. Todos son conceptos que ellos vaciaron de contenido con la sola excusa de avanzar sobre las políticas, los debates y los espacios que habíamos recuperado para el pueblo.
Por último, vale destacar que la TV Pública es la que debe dar voz a aquellos que no la tienen. Es allí, donde la idea de pluralidad puede ser pensada: en el marco de un sistema de medios, no solo de un medio. Programas como 678 ponían voz e imágenes a aquellos que no tenían espacio en los medios privados. Proponer otra agenda, revisar lo dicho en los medios y ponerlo en tensión. Debatirlo. Esto era 678. Se demonizó el programa, se lo destrozó desde su contenido hasta su continente. Se lo sacó del aire. Hoy vive como proyecto de unas voces que no están. Todo esto representa este programa que, por cierto, debería tener un lugar en los estudios académicos de las carreras de comunicación en Argentina.
Desde la TV Pública también Visión Siete Internacional proponía una mirada distinta sobre lo que sucedía o se discutía en el mundo. ¿Alguien puede sostener que cualquier ciudadano que quiera informarse sobre cuestiones del orden mundial lo podría hacer en la televisión privada? Solo bastaría trabajar durante una semana la cobertura de los medios audiovisuales privados sobre la cuestión internacional y ver que allí aparecen solo pequeñas notas vinculadas a tragedias naturales. O tal vez alguna mención al gravísimo problema de la migración. Pero en ningún caso de la mano de un análisis o de un corresponsal (sería gastar mucho para estas empresas). Es ahí donde la TV Pública debe poner voz e imagen. Otro ejemplo, es la falta de análisis y coberturas especiales sobre procesos electorales.
En la década del 80 y en plena primavera democrática, la TV Pública, por ese entonces ATC, ponía al aire un programa, también a las ocho de la noche y en forma diaria, llamado La Cigarra. Estaba conducido por la directora audiovisual María Herminia Avellaneda, la escritora María Elena Walsh y la cantante Susana Rinaldi. Ese programa era irreverente, contestatario de los discursos hegemónicos, bajaba línea. A mi entender, era tan necesario como 678. La democracia hacía sus primeros pasos luego de esa larga noche de la dictadura y la TV Pública irrumpía con estas tres mujeres que hablaban de feminismo, sexo, política. Y que se proclamaban de izquierda y feministas. Seguramente nada de eso se podía encontrar en el resto de los medios.
Pensar en este tipo de programas, solo como un ejemplo, nos ayuda a entender la importancia de tomar posición discursiva en los medios públicos, y más aún, cuando lo que hay en los otros medios es una única voz. Más que una única voz, un único discurso: el de los intereses de las corporaciones transnacionales. Pensar en estas experiencias y recuperarlas de esta manera nos hace ver cómo se construye por estos tiempos de revancha la falsa idea del pluralismo.
Fuente: Página12, 9.3.16 por Leonardo González, argentino secretario General de la UNLP/Director CeIDTV, FPyCS, UNLP.

De la pluralidad de opiniones

El nuevo gobierno ha reiterado que ejercerá su tarea respetando la “pluralidad de opiniones”. Esto ya lo ha establecido la Constitución Nacional: toda comunicación será “sin censura previa” (art. 14). La pregunta que se plantea es si la pluralidad de opiniones tiene límites o condicionamientos. ¿Es posible decir o publicar cualquier cosa sin que eso deba ser censurado, o al menos, limitado?
La fina línea entre libertad y control entra en el terreno de las opiniones de quienes asumen la autoridad para trazar los límites. Sabiamente la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual ha desechado, por el principio de la libertad de la comunicación, toda injerencia en los contenidos. Tres parecen ser los argumentos para establecer límites a la plena libertad.
El primero tiene que ver con una división entre medios públicos y privados. La libertad de los privados parece no tener condicionamientos y sus contenidos, sean veraces o no, cuentan con ese privilegio. De los públicos se reclama una postura llamada democrática cuyos contenidos no deben ofrecer críticas que puedan afectar a algún sector. Para sostener esta postura se apela al ejemplo de la BBC, olvidando que se trata de una organización mayormente autárquica, y que muchas veces sus contenidos son controversiales.
El segundo argumento tiene que ver con los que algunos llamaron “el estilo” como un limitante de los contenidos de la televisión pública. No pareciera llamar la atención el estilo chabacano y el insulto desmedido de reiterados programas en la televisión privada, que denigran personas no importa su condición. Argumentar que ciertos programas deberían atenuar su estilo o formato agresivo, cuando al mismo tiempo se los descalifica para seguir funcionando, tiene perfume a censura política.
Un tercer argumento tiene que ver con los recursos de los medios. El reiterado argumento que en la televisión pública “se gasta el dinero de nuestros impuestos” ya ha sido muchas veces rebatido por las enormes sumas que perciben los medios privados a los que no se le requiere apaciguar sus agresiones o mejorar su estilo. No debe olvidarse que, según las leyes internacionales, las ondas radioeléctricas pertenecen al Estado y quienes usan hoy medios son solo licenciatarios temporarios.
Hoy, cuando la estructura de los medios es manejada por el interés económico de unos pocos, la censura se convierte en un bien privado que no requiere o procura la aprobación social.
¿Quién tiene hoy el poder de dar la palabra? Aquellos que manejan los medios de mayor alcance han aprendido que el dominio social pasa por la seducción. El control de la imaginación resulta más eficaz que apelar a la censura. Para ello optan en sus medios por silenciar cualquier tema o hecho que afecte sus intereses. Como pensaba Michel Foucault: el poder moderno se esparce en la sociedad y la somete porque mayormente la consiente.
La despolitización de las sociedades modernas más que una renuncia a la participación refleja un proceso de persuasión para aceptar los parámetros de interés producidos por los centros de poder. Estos intereses se centran mayormente en el desarrollo de una particular línea económica y política. De esta manera, es un tanto arriesgado atribuir la renuncia a la verdad como una decisión voluntaria y no el reflejo de un estado de cosas donde lo que se produce es el ocultamiento de la verdad.
Fuente: Página12, 9.3.16 por Carlos A. Valle, comunicador social argentino. Ex secretario general de WACC (Asociación Mundial para las Comunicaciones Cristianas).

La mordaza de la mafia: 2.000 periodistas italianos han recibido amenazas

Los números son escalofriantes: son 2.060 periodistas los amenazados entre 2006 y 2015 y con un constante incremento, como los 421 casos de “actos de violencia” contra reporteros en 2014
Para las mafias, controlar el territorio implica también someter y amordazar a la prensa, según un informe aprobado esta semana por el Parlamento italiano, que desvela que en los últimos 10 años cerca de 2.000 periodistas han sido amenazados y una treintena cuenta con escolta.
Es la primera vez que en Italia se aprueba en el Parlamento un documento en el que con datos y testimonios de periodistas se afronta el problema de una libertad de información bajo amenaza.
“Relación sobre el Estado de la Información y las condiciones de los periodistas amenazados por las mafias”, es el título del informe elaborado en los últimos años por la comisión parlamentaria antimafia y en el que se toma conciencia de que las organizaciones criminales en Italia “someten la libre información, pretenden respeto y quieren obligarla al silencio”.
Los números son escalofriantes para un país europeo: son 2.060 periodistas los que han sido amenazados desde 2006 hasta 2015 y con un constante incremento, como los 421 casos de “actos de violencia” contra reporteros en 2014.
“Y más de 30 periodistas viven bajo medidas de protección por parte del Ministerio del Interior”, añade el informe.
El último que ha tenido que recibir una escolta hace unos meses es Sandro Ruotolo, un conocido reportero del programa televisivo “Servicio Público”, a quien sus valientes investigaciones sobre la Camorra le llevaron a que Michele Zagaria, exjefe de Los Casaleses, la despiadada familia de la Camorra pidiese desde la cárcel que “le despellejasen vivo”.
El repertorio de advertencias por parte de las mafias presentes en el territorio italiano va desde balas enviadas a casa, falsos paquetes bomba, cartas, llamadas de teléfono y, esta es la novedad de los últimos tiempos, el linchamiento en las redes sociales.
Para pasar también a la violencia física con agresiones y daños a las propiedades u otro tipo de amenaza, la legal, con cientos de demandas y querellas con resarcimientos pretenciosos que tienen el objetivo solo de “inducir al silencio y a la autocensura”.
“Ya no existen zonas francas”, denuncia el informe, pues el crimen organizado que antes estaba localizado en el sur del país ahora ha llegado a todo Italia y así las amenazas a los periodistas.
Probablemente, añade este documento, las cifras son solo la punta de un iceberg de “la magnitud de la violencia mafiosa contra los periodistas en Italia” porque solo se conocen los episodios denunciados o conocidos y recuerdan que la asociación sobre la libertad de prensa “Ossigeno” sugiere multiplicar por diez los casos conocidos.
Rosaria Capacchione, experiodista que desde hace años vive bajo escolta por las amenazas de la Camorra desde cuando trabajaba en el diario de Nápoles Il Mattino y que forma parte de la Comisión antimafia que ha redactado este informe, explica a Efe que el problema reside en “el poco respecto por la prensa en general”.
Capacchione, senadora ahora en las filas del Partido Demócrata (PD), argumenta que “el periodista está considerado siempre un enemigo en muchos sectores” y que esto “provoca en estos grupos una especie de legitimación a hacer lo que quieran, intimidaciones, amenazas, atentados o el recurso a demandas legales”.
Una de estas historias es la de Ester Castano, de solo 25 años, intimidada y querellada por el alcalde de Sedriano (en el norte de Italia) tras sus artículos en el diario local sobre las infiltraciones en el municipio de la Ndrangheta, la mafia calabresa.
El alcalde acabó arrestado y Sedriano ha sido el primer ayuntamiento del norte disuelto por mafia, lo que puso el fin una pesadilla para la joven periodista a la que “tomaban por loca”, como se lee en el informe.
“El gran problema es la soledad del periodista; luego el peligro real viene después con las amenazas, pero a estas casi uno se acostumbra”, dice con un velo de tristeza Capacchione.
Capacchione subraya cómo todos los periodistas con los que se ha hablado para elaborar este informe han destacado la “condición de soledad generalizada”.
“Soledad y censura”, asegura la senadora que son las palabras más usadas por los redactores.
La senadora explica que con su entrada en política su vida ha cambiado “radicalmente”, aunque después, suspirando, añade: “Pero no a mejor”.
Hace unos días, un nuevo sobre con una bala y su nombre escrito junto a otros políticos llegó a la sede del PD en Caserta.
Fuente: Agencia EFE, 7.3.16 por Cristina Cabrejas, periodista española

Libertad de expresión y juicios a periodistas

Editorial
Muchas veces en la historia de los últimos diez años, han surgido, por parte del Gobierno, amenazas contra periodistas por informaciones o criterios no acordes con lo que piensan y sienten las autoridades. Últimamente, a raíz de investigaciones y comentarios de un periodista de la ciudad de Santa Cruz, han surgido amenazas por parte de muchos funcionarios en sentido de que “seguirán juicios a periodistas” que, según esas autoridades, “son contrarias totalmente al Gobierno, porque falsean a la verdad”.
Las entidades periodísticas del país -y muy especialmente la Asociación de Periodistas de Santa Cruz-, han protestado por las amenazas, por arbitrarias y alejadas totalmente de la racionalidad, al margen de atentar contra la libertad de expresión que es derivación de la libertad de pensamiento que es bien no solamente de los comunicadores sociales, periodistas, editorialistas, analistas y otros que escriben señalando yerros o aprobando medidas del Gobierno, sino de las mismas autoridades con inclusión de quienes lanzan amenazas contrarias a un principio constitucional.
La libertad de pensamiento, de la que proviene la libertad de expresión no es dádiva de ninguna autoridad y menos de quienes se irrogan derechos para condenar a periodistas por el hecho de haber emitido opiniones contrarias a cualquier autoridad o conjunto de ellas, siempre que se basen en la verdad y el sentido de responsabilidad. Parece, por los extremos a que llegan muchas autoridades, que no se quiere reconocer derechos constitucionales y que la prensa y quienes laboran en ella no pueden ser sometidos a cualquier juicio y ser condenadas por lo que hayan expresado. Se olvida que la libre expresión es derecho inalienable, irrenunciable e imprescriptible de todo ciudadano, siempre que no violente la Constitución, las leyes y la verdad; se olvida que empresas de la comunicación social y periodistas, al informar, comentar cualquier hecho noticioso o que afecta al país, hacen uso de un derecho incondenable e irreprochable porque la libertad de expresión es, con seguridad, base y fundamento de casi todas las leyes que son parte de la fuerza del Derecho (Constitución y leyes civiles y morales) y contraria al derecho de la fuerza, que es ejercitado sólo por dictaduras y gobiernos totalitarios que casi siempre se creen dueños absolutos de la verdad que debe regir en un país.
En la prensa y el periodismo nacional existe el firme propósito de mantener firme e indestructible el principio de la libertad de expresión porque lo contrario sería claudicar de un principio que es base sustantiva del ejercicio profesional que permiten la Constitución y las leyes. Por todo ello, la prensa y periodistas de todo el país, están con quienes sólo han cumplido con su deber y por ello son amenazados con juicios y medidas que podrían llegar a extremos imprevisibles.
Fuente: El Diario, 7.3.16

Sobre la prensa escrita y en internet: Optimismo para salvar a los medios

La sola perspectiva de leer el libro Salvar los medios de comunicación alegrará el camino del periodista español en cuyas manos haya caído. Pero necesitará una cierta dosis de optimismo para mantener esa sensación al terminarlo.
Los diarios impresos no dejan de perder ejemplares, y los diarios digitales no dejan de ganar lectores. Sin embargo, esa transfusión no ha resultado precisamente beneficiosa para los medios que publican sus informaciones y sus artículos en ambos soportes. Los miles de lectores que abandonan el papel para pasarse a la pantalla no se llevan consigo los ingresos que representaban (antes se les cobraba por lo que ahora reciben gratis). Ni siquiera los ingresos indirectos derivados de la publicidad.
Los anuncios rimbombantes sobre el número de lectores de un diario en internet pueden deslumbrarnos, pero los publicistas saben lo que hay detrás. Y la ensayista francesa Julia Cagé, doctora en Economía por Harvard y autora del libro, lo desentraña muy bien desde el principio.
Las cifras de ciberlectores de un diario se cuentan en millones, mientras que los compradores de la edición impresa apenas suman unos cientos de miles. Se manejan para ello, en el lado de internet, los conceptos “visitas totales”, “páginas leídas” o “visitantes únicos”. Este último es el más ajustado, y aun así lleva también su truco. Por ejemplo, Le Monde (según los datos del libro) suma más de ocho millones de visitantes únicos al mes. Pero estos “visitantes” cursan una media de ocho visitas en todo ese periodo, por lo cual la cifra media de visitantes cotidianos se queda en 1,5 millones. Y, además, la media de estancia de cada uno no supera los cinco minutos.
En la acera del papel, Le Monde vende 300.000 ejemplares, pero cada uno de ellos lo lee una media de seis personas. Por tanto, la suma da un público de 1,8 millones. ¡Superior a la de la versión digital! Además, un lector del diario impreso permanece en contacto con sus páginas (y con su publicidad) entre 25 y 35 minutos. Y las “páginas vistas” suelen ser todas.
Muchos anunciantes aprecian las ventajas de internet, y por eso se van a Google, a YouTube… a fin de aprovechar su mayor eficacia y precisión. Así que, según Julia Cagé, la solución parece inevitable: “Los contenidos de pago son el futuro de una industria de la que está huyendo la publicidad”. (Y eso que el libro no recoge la llegada de programas que la bloquean para no molestar al usuario). Todo lo cual convive con otra afirmación igualmente preocupante: “Hoy ya nadie está dispuesto a pagar por obtener información”.
Pese a todo, muchos diarios empiezan a no valorar el producto donde la información todavía se paga: el papel. Y por eso su calidad y sus redactores, según Cagé, comienzan a descender. Ella no vacila en afirmar que “el papel está sin duda destinado a desaparecer”, pero (y esto ya constituye una interpretación del arriba firmante tras leer la exposición de la autora) una cosa es que los diarios impresos lleven camino de morir y otra que los asesinemos.
En cualquier caso, señala la ensayista, “lo importante es que se produzca información de calidad”, independientemente del soporte. Desde luego. Pero ¿cómo se garantiza eso con las actuales caídas de ingresos? Julia Cagé construye en la segunda par-te de su obra una propuesta que puede resultar muy verosímil si uno se imagina francés y altamente improbable si regresa de inmediato a su ser hispano.
En resumen, se trata de considerar a los medios informativos como un bien público (equiparables a la universidad); y de crear unas entidades sin ánimo de lucro (tipo fundación) que se nutran de fondos allegados gracias a enormes ventajas fiscales, mediante inversiones privadas irrecuperables; con topes en los derechos de voto, pero no en las aportaciones, con una prima de presencia accionarial para los pequeños donantes, con recapitalizaciones del mismo tenor en caso de pérdidas y con una gestión profesional independiente.
¿Pero quién nombra a esos gestores? Se supone que los propios promotores del medio, que deberán seducir a los inversores afines a su proyecto (ya sean un grupito de potentados o una muchedumbre de concienciados; atraídos en ambos casos a la colecta por el anzuelo de influir en el medio, aunque con restricciones para impedir una hegemonía indeseada).
Así explicado, esto puede parecer un sueño. No obstante, Julia Cagé lo sostiene con documentación y rigor. Su juventud (31 años) no impide adivinarle en este ensayo una sólida formación académica y personal. La autora nos sorprende con su mirada distinta, idealista, creativa; y con su propuesta tal vez salvadora. Pero quizá primero en un país con más experiencia en ver a la prensa como un bien cultural digno de ser protegido con neutralidad.
Fuente: La Razón, 6.3.16 por Alex Grijelmo, es escritor y periodista español.

Carta abierta del director de El País a la Redacción del periódico

Antonio Caño ha mantenido una reunión con la plantilla para explicar la inminente transformación del diario en un medio esencialmente digital
Hemos conversado esta mañana sobre la dura realidad a la que se enfrentan nuestro oficio y los periódicos en todo el mundo. En EL PAÍS hemos venido haciendo ajustes desde hace tiempo y hemos conseguido llevar a cabo la transformación digital paliando, en la medida de lo posible, los daños que esta ha provocado en nuestro sector. Afortunadamente, y pese a las dificultades, seguimos siendo el periódico impreso más vendido en España con bastante distancia con respecto a nuestros competidores, y nuestras ediciones digitales han conseguido en los últimos dieciocho meses crecimientos espectaculares hasta convertir EL PAÍS en el medio de comunicación en español más visitado y leído en el mundo.
Gracias a vuestro sacrificio y colaboración nos encontramos en una posición competitiva y en condiciones de prolongar el liderazgo de EL PAÍS. Pero eso no significa que la batalla esté ganada ni que nuestra supervivencia esté garantizada. La revolución que afecta a los medios no ha concluido aún, el panorama es todavía muy confuso. La crisis, probablemente, no ha tocado fondo todavía. El trasvase de lectores del papel al digital es constante. Se puede dar ya por hecho que el hábito de la compra del periódico en el quiosco ha quedado reducido a una minoría. La mayoría de las personas, fundamentalmente los más jóvenes, buscan la información en otros soportes y la consumen de forma diferente.
También en el ámbito digital la situación sigue siendo aún incierta. La masiva transferencia de lectores de la web a los teléfonos móviles, así como la aparición de nuevos dispositivos portátiles y de amenazas recientes como los bloqueadores de publicidad, junto a otras más conocidas como la instalación de la cultura de la gratuidad, hacen muy complejo también el horizonte en el terreno de los nuevos medios. Empiezo a tener la impresión de que el paso del papel a lo digital es solo uno y no el más grande de los muchos pasos que los periódicos tendremos que dar hasta alcanzar nuestro verdadero espacio futuro.
El paso del papel a lo digital es solo uno de los muchos que tendremos que dar hasta alcanzar nuestro verdadero espacio futuro
Estos cambios, como todos, tienen grandes ventajas. La primera y más importante es que millones de personas en todo el mundo muestran hoy interés y tienen capacidad para acceder a nuestros productos. Pero, sin duda, -y esto es lo que más nos angustia hoy- este nuevo tiempo supone también un gran desafío para todos nosotros. Y una severa amenaza para quienes duden o se resistan al avance incontenible de la transformación de nuestro trabajo y del negocio que lo soporta.
En EL PAÍS hemos decidido no solo no tenerle miedo al cambio, sino adelantarnos en la medida de lo posible para estar a la vanguardia de este cambio, igual que lo estuvimos en la del nacimiento de la prensa independiente en España y en el de la información de calidad y competitiva en español.
Nuestros valores
Es bueno echar por un momento la vista atrás y recordar cómo empezó todo y cuál es la razón primera por la que estamos aquí. El 4 de mayo celebraremos el 40 aniversario de nuestra aparición. En ese primer número, Juan Luis Cebrián aseguraba que este diario se había soñado siempre a sí mismo como un periódico independiente, capaz de rechazar las presiones que el poder político y el poder del dinero ejercen de continuo sobre el mundo de la información.
Vamos a cambiar, sí, pero no vamos a renunciar a aquellos valores de libertad e independencia que han conseguido traernos hasta aquí. Incorporaremos nuevas dinámicas de trabajo que consigan incrementar la calidad y cantidad de los contenidos y productos que EL PAÍS ofrece y que hoy pueden leerse en papel, a través de aplicaciones móviles, televisores inteligentes o redes sociales. Pero vigilaremos que en todas esas plataformas esté la huella de EL PAÍS.
Tras más de año y medio de trabajo y discusiones, nos acercamos a un momento clave en la historia de EL PAÍS. En los próximos días concluirá la primera fase de la obra que habilitará una nueva redacción, y con ello llegará el momento de la conversión de EL PAÍS en un periódico esencialmente digital; en una gran plataforma generadora de contenidos que se distribuyen, entre otros soportes, en el mejor periódico impreso de España. Asumimos el compromiso de seguir publicando una edición impresa de EL PAÍS de la mayor calidad durante todo el tiempo que sea posible. Pero nos adentramos a la vez en la construcción de un gran medio digital de cobertura global que pueda responder a las demandas de los nuevos y futuros lectores. El eje de ese medio será la información. Sus herramientas serán todas aquellas que la tecnología ponga a nuestra disposición. Por el momento, como ya estáis viendo, apostamos por la imagen y el vídeo como un gran instrumento de comunicación masiva. Ese medio es y será cada vez más americano, pues es en América donde nuestro crecimiento es mayor y nuestra expansión más prometedora.
Para todo ello, como hemos comentado, estamos haciendo unas obras que nos faciliten el tránsito del trabajo de ayer al de mañana. Vamos a pasar de lo que el sector ha denominado “integración de redacciones” a un nuevo sistema de sincronización de equipos y canales. Vamos a implantar modernas herramientas de comunicación que puedan atender con rapidez y calidad las demandas de información transparente de una sociedad cada vez más exigente con la tarea que nos ha encomendado.
Será una redacción sin despachos, abierta a la colaboración y al intercambio de ideas, en la que los equipos se entremezclarán para construir nuevas historias. A partir de ahora, en el corazón de la planta principal se instalará un moderno espacio abierto dedicado a la creación y coordinación de información y a su distribución en los diferentes canales. El centro de esa redacción contará con un moderno puente de mando, en el que habrá perfiles periodísticos, de desarrollo tecnológico, de edición gráfica y de vídeo, de diseño, de producción, de medición de audiencias, de redes sociales, de SEO y de control de calidad. Desde allí se crearán nuevas narrativas y nuevas formas de comunicar que seguirán manteniendo a este diario en la vanguardia del periodismo global.
Nuestros lectores
Todo este cambio tiene un objetivo principal: mantenernos conectados con cada uno de nuestros lectores. EL PAÍS ha sido siempre una organización periodística enfocada hacia sus siempre atentos e informados lectores. Hoy lo ha de ser más aún: debemos seguir siendo un periódico que atiende las necesidades y demandas de aquellos que nos consultan, que nos leen, que confían en nosotros. No trabajamos para nadie más importante que el lector, pero sabemos que los lectores de hoy se han transformado en usuarios que están en muy diversos lugares y llegan a nosotros no solo comprando un ejemplar cada día sino también a través de nuestra web, mediante su teléfono móvil o de sus perfiles de redes sociales.
Este nuevo espacio quiere seguir siendo el mejor lugar para que publiquen los más importantes periodistas, escritores, ilustradores, fotógrafos, diseñadores y otros creadores de información y cultura en lengua española, pero hoy es tan importante el contenido como la manera de hacerlo llegar a nuestro público. Por ello, además de las firmas, estamos dotándonos de nuevos sistemas de trabajo y ampliando nuestros planes de formación para poder moldear los contenidos periodísticos de tal manera que sean fáciles de encontrar y de leer o de ver, porque cada vez los lectores consumen con más avidez los contenidos multimedia. En esta línea el lanzamiento de El País Vídeo ha sido uno de los últimos éxitos. Experiencias de las cuales aprendemos muchas cosas.
Este periódico necesita a todos aquellos que aporten creatividad y buen oficio
Para facilitar la puesta en marcha de todo esto, hemos reforzado nuestro equipo de dirección con perfiles nuevos y más ajustados a las necesidades actuales. Aunque no dudo de su capacidad y esfuerzo, ni ellos ni ninguno de nosotros conseguiremos el difícil objetivo marcado si no nos acompañas, si no nos ayudas con tus sugerencias, con tus críticas, con tu trabajo en busca de la excelencia. Creo que tenemos la visión, las capacidades y el conocimiento necesarios, pero queremos escuchar con humildad tus ideas y las demandas de nuestros lectores y de toda la comunidad que ha hecho de este periódico esa referencia que nos hace sentir orgullosos. Únete a la Conversación, resumimos en nuestra comunicación a los lectores. Este periódico necesita a todos aquellos que aporten creatividad y buen oficio. Tenemos que hacer un esfuerzo colectivo para cambiar siendo fieles a nosotros mismos y para hacerlo aún mejor, y ojalá que sea disfrutando y siendo felices mientras realizamos este apasionante viaje.
El País sigue su camino para celebrar sus próximos 40 años más vivo que nunca. Estás invitado a participar en la hermosa aventura de inventar el futuro desde esta casa que has construido y que es nuestro periódico.
Muchas gracias por tu confianza y esfuerzo.
Un abrazo
Antonio Caño
Fuente: El País, 4.3.16