Curas comunicadores alternativos

Desde hace casi nueve meses el llamado Grupo de Curas en la Opción por los Pobres (COP) emite quincenalmente una “Carta el Pueblo de Dios” en la que hacen un recuento de información nacional de todo orden y aprovechan para exponer sus opiniones sobre la situación del país. Los COP son sacerdotes católicos que trabajan en medios populares y suelen expresarse con autonomía respecto de la institución eclesiástica y de sus autoridades.

Las cartas, que no están dirigidas solo a los católicos, se han transformado en una experiencia de comunicación alternativa digna de ser analizada desde la perspectiva religiosa, por cierto, pero también desde la mirada de quienes se ocupan de los temas de comunicación.

“A poco de cumplidos los dos meses del gobierno de Cambiemos (principios de febrero) nos preocupaba la falta de información” afirma el sacerdote Eduardo de la Serna, coordinador de los COP, en diálogo con Página/12 a propósito de la iniciativa. “Las voces opositoras eran muy pocas, y el aparato mediático de publicidad era inmenso”, sostiene. Y relata que “un grupo de curas nos reunimos en ese entonces en Berazategui, en una parroquia, para ver qué hacer, qué decir… y surgió la idea de escribir una carta quincenal – que llamamos “al Pueblo de Dios” – informando a quienes quisieran oír algunas cosas que ocurrían y no tenían la debida trascendencia”.

¿Por qué ahora y no antes? se le pregunta. “No negábamos que ocurrieran cosas en tiempos anteriores, pero había centenares de voces que informaban de eso, o – con frecuencia – deformaban. Antes no hacían falta voces que mostraran cosas cuestionables del gobierno anterior” afirma el sacerdote.

Ya van diecisiete ediciones de la “Carta el Pueblo de Dios” y en ellas se puede encontrar un compendio de información y voces que no alcanzan repercusión en el sistema mediático. Con el tiempo “la Carta” también creció en extensión, por los datos que los curas recogen aquí y allá entre sus feligreses, pero también por el aporte de organizaciones y grupos que aprecian la existencia de este canal abierto de comunicación alternativa. Las cartas son cada vez más extensas. La última fue de 17 páginas.

“Lo siguiente que nos propusimos fue no preocuparnos si la carta resultaba extensa”, dice de la Serna, conocedor de que los textos excesivamente largos difícilmente logren espacios en los medios de comunicación. “Es sabido que lo largo atenta contra la lectura, pero nos guió el ejemplo de monseñor (Oscar) Romero (arzobispo salvadoreño asesinado el 24 de marzo de 1980) que domingo a domingo por la radio diocesana (u otras cuando las bombas acallaban la señal) informaba a todos todo lo que ocurrió en la semana transcurrida en violaciones de derechos humanos, en atentados, en lo que afectaba a los pobres”.

Está claro que el propósito de los COP no es aparecer principalmente en los medios masivos de comunicación, sino llegar a través de redes sociales, impresas y circulando de mano en mano, ser leídas en las capillas y parroquias. Para muchos estas cartas son documentos que sirven para debatir la realidad del país desde la perspectiva de los pobres.

“Las homilías de Romero eran larguísimas, lo contrario de lo que se espera que una homilía sea, pero el país entero se paralizaba escuchándolo. Tener una voz profética fue el criterio, probablemente poco periodístico” agrega al respecto el coordinador de los COP.

También existe cuidado para que la información que se incluye sea veraz y esté comprobada. “Nos comunicamos en las redes para que toda la información, debidamente chequeada, pudiera juntarse para luego distribuirla temáticamente en la carta”, sostiene el sacerdote.

No se rehúye el debate y el posicionamiento político. “Hay algunos temas que son recurrentes, especialmente porque nos negamos al olvido, como la prisión política e injusta de Milagro Sala y sus compañeros y compañeras, y el escándalo de los Papeles de Panamá”, asegura de la Serna.

Ni él ni el resto de sus compañeros sacerdotes desconocen la importancia política y comunicacional de lo que están haciendo. “Sabemos que las cartas tienen una trascendencia importante. Gente creyente o no, de diferentes grupos y regiones las tienen como punto de referencia. Y eso molesta en el Gobierno. Molesta y nos han infectado de trolls los espacios, o incluso nos han seguido, o hasta ha aparecido gente doliente o agradable a encantarnos, seducirnos y tratar que ‘pisemos el palito’. Sabemos que al Gobierno y sus amigos les molesta, como vemos en algunas reacciones y publicaciones. Un Gobierno que sigue intentando callar todas las voces posibles, espiar periodistas, no pagar pauta publicitaria, muestra todo su autoritarismo, y como curas, desde la Palabra de Dios y mirando la realidad, ‘con un oído en el Evangelio y otro en el corazón del pueblo’ seguimos decididos a hacer escuchar nuestra voz”, concluye

Fuente: Página 12, 12.10.16 por Washington Uranga, periodista uruguayo

“El Gobierno debe respetar la pluralidad de voces de la prensa”

”Se ha estirado tanto la liga con la prensa que está al borde de una ruptura total”.

Periodista, escritora e historiadora, Lupe Cajías advierte que la relación entre el gobierno de Evo Morales y la prensa está pasando por un momento de “máxima tensión” y que “la liga se ha estirado tanto”, debido al enfrentamiento, confrontación e insultos de parte de algunos miembros del Ejecutivo, que “está al borde de una ruptura total”.

La expresidenta de la Asociación de Periodistas de La Paz aconseja al Gobierno respetar la pluralidad de voces de la prensa nacional, “escuchar todas las voces y señales”, para erradicar las actuales tensiones.

Como uno de los promotores del comunicado conjunto de las asociaciones de periodistas de Bolivia, Cajías critica la contratación de un periodista argentino por parte del Ministerio de la Presidencia para elaborar un documental en contra de medios y periodistas bolivianos supuestamente integrantes de un “cártel de la mentira”, como los denomina el Gobierno.

Una semana muy complicada en las relaciones prensa-Gobierno: hemos tenido los fallos del Tribunal de Ética, la demanda contra Humberto Vacaflor y hemos conocido el encargo del Ministerio de la Presidencia para la elaboración de un documental en contra de lo que el Gobierno denomina el “cártel de la mentira”. ¿Qué opinas al respecto?

Más que una semana complicada, creo que pasamos al momento de máxima tensión de una relación que ha sido de enfrentamiento, de confrontación y de insultos del gobierno de Evo Morales y de su partido contra los periodistas, tanto a nivel individual como institucional. Tengo la sensación térmica de que se ha estirado tanto esta liga que está al borde de una ruptura total por la acción del Poder Ejecutivo. Creo que el Gobierno no mide las fuerzas y no mide lo que puede ser el corto, el mediano y el largo plazo en la relación con la prensa, en sus formas de comunicación. Nosotros, que tenemos una experiencia de casi 40 años en lo que se

refiere a la relación prensa-poder, podemos estar seguros de que los que van a perder y los que van a salir afectados son ellos. Veamos el tema del mal llamado “cártel de la mentira”. De hecho, el mismo nombre ya implica un prejuicio, una confrontación, un rechazo al trabajo de los periodistas, y por ello es que en este momento los periodistas del país y sus instituciones estamos en estado emergencia.

¿Qué opinas sobre los fallos de la justicia y del Tribunal de Ética sobre los casos Vacaflor, Amalia Pando y Cambio? Los dos primeros fueron muy publicitados por el Gobierno, pero hubo silencio absoluto sobre el último.

Humberto y Amalia Pando se han retractado como se les ha pedido. En el caso de Cambio, no sólo es el ataque permanente y cotidiano al alcalde Luis Revilla, sino el manejo que se hace de los medios estatales y paraestatales por parte del Gobierno. El Tribunal de Ética falló a favor de la queja de Revilla, pero el periódico oficial sigue con su campaña contra la alcaldía paceña y alteña. El resto del país no le interesa. Tampoco le interesa ejercer la autorregulación. Hay que destacar que tanto las convenciones internacionales, la Constitución y la Ley de Imprenta garantizan la libertad de prensa, pero al mismo tiempo les ponen límites. Es lo que podríamos subrayar como el “tener que ser” de toda materia que se difunda. El cumplimiento de la ley es obligatorio para el redactor, el editor, el dueño. En cambio, hay un “deber ser” que se refiere a la ética, contemplado en los códigos de ética y que es lo que examinan los tribunales de ética. Ningún periodista ni ningún medio quiere aparecer en fallos de esas instancias porque un periodista basa su profesión en la credibilidad ante la opinión pública. Un medio de comunicación se desarrolla y se expande fundamentalmente por esa credibilidad. Ni el tres por ciento de los lectores de periódicos compra Cambio y seguramente la mayoría lo hace obligada dentro del aparato estatal. Yo lo compro porque es la mejor forma de tener los datos duros de los errores, los horrores, del no-sistema de comunicación del Gobierno.

Los medios estatales son la mejor prueba de cómo el MAS tiró por la borda el largo aprendizaje de tolerancia que habíamos logrado los bolivianos en tres décadas. Tengo el orgullo de haber traído al país la idea del Tribunal de Ética a través de una experiencia con el Pressrat de Alemania, ejemplo de la autorregulación. Es el mejor control para los excesos de la prensa y para frenar sus errores.

¿Funciona la autorregulación?

En general, los medios más serios tienen sistemas de autorregulación y tienen códigos de ética; los medios politizados, no; pero, ¿cuál es el resultado en materia de credibilidad? Lo podríamos medir en una encuesta simple. ¿Quién cree y quién compra Cambio? ¿Quién cree en la Red Erbol? Y si ustedes preguntan: ¿Usted cree en la palabra del Ministro Juan Ramón Quintana? ¿Usted cree en Televisión Universitaria o en el Canal Católico? ¿Cuáles van ser las respuestas? No se trata sólo de mostrar materialmente que se tienen instrumentos de autorregulación, sino de ejercer valores intangibles. Esos valores son los que quedan. La comunicación hay que diseñarla para el corto, el mediano y el largo plazo. Un ministro que pasa y después no será nada, no se interesa por trabajar en la confianza de la población, mientras que un periodista depende de la confianza para mantenerse en su profesión. Sabe que para seguir vigente no puede mentir, ni exagerar, ni insultar.

¿Qué opinas de la iniciativa del Ministerio de la Presidencia para la elaboración de un documental sobre los medios críticos?

Me asombra que el Ministerio de la Presidencia contrate a un periodista argentino, a una persona foránea, para elaborar un documental contra periodistas bolivianos. Yo soy, como todos saben, internacionalista y no creo en las fronteras. Sin embargo, en este caso en

particular hay que hacerse varias preguntas: ¿Por qué se contrata a alguien de afuera para juzgar al periodismo boliviano? ¿Qué nos tiene que enseñar? Me preguntó si (el presidente de Colombia) Juan Manuel Santos contrataría a un periodista venezolano para que ataque a la prensa colombiana que cuestionó el proceso de paz; si (el presidente de Ecuador) Rafael Correa contrataría a un periodista peruano para que ataque a la prensa ecuatoriana que ha tenido dificultades con su gobierno. Les aseguro que no pasaría eso.

¿Por qué el Ministerio de la Presidencia tiene que recurrir a una persona que además tiene conflictos de interés en este tema? Todo extranjero en Bolivia, para trabajar, tiene una visa con un objeto determinado, entonces, dentro de este objeto determinado ¿estará hacer documentales contra los periodistas bolivianos por encargo del Ministro de la Presidencia? ¿Con qué fondos lo contrata el Estado boliviano y con qué partida presupuestaria? Este señor ya fue contratado para hacer otro documental sobre el rol de Estados Unidos en Bolivia, cuando deberían dejar ese asunto a los historiadores. Si tanto les preocupa la presencia extranjera, deberían empezar por investigar la presencia de los chinos en el país. Ese sería un buen aporte. Son acciones y errores que van más contra ellos que contra los periodistas, pero han logrado algo bueno: que el grueso de las entidades nacionales de la prensa boliviana se pronuncie en contra del documental, contra su pretendido director y contra su guionista.

Además del comunicado conjunto de las asociaciones de periodistas de Bolivia, varios embajadores europeos se han pronunciado en las últimas semanas a favor del respeto a la libertad de expresión. En el mismo sentido se ha manifestado el Relator Especial para la Libertad de Prensa de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), pero el Gobierno parece hacer oídos sordos ante estas opiniones. El Presidente se limitó a acusar al Relator de haberse sumado al “cártel de la mentira”. ¿Qué opinas al respecto?

Las reacciones del Gobierno son cortas, inmediatas, de emociones no de razones, no sólo en este asunto, sino también en otros, empezando por el referéndum. Ha buscado cualquier pretexto para justificar el resultado negativo. No se ha sentado a mirarse a sí mismo de una forma orgánica. Hay críticas en el pasillo, en el rumor, pero no hacen una autocrítica, porque no está en sus cálculos. Entonces, la reacción inmediata es esa, muy infantil: tú eres mi enemigo, a ti también te voy a atacar, tú no me gustas.

Creo que la primera gran falla está en el Ministerio de la Presidencia. Yo he hecho un trabajo sobre qué ha sido el Ministerio de la Presidencia desde el siglo XIX con diferentes nombres. Es la primera defensa, la primera muralla que protege la majestad de la primera autoridad del país. Después, ¿dónde está todo el sistema de comunicación? No sólo hay que tener una política de comunicación, sino que hay que medir las palabras, hay que saber diferenciar entre lo que es una conferencia de prensa, un briefing, un comunicado, cuándo se hace una conferencia con preguntas, cómo se trabaja con los pools, pero nada de eso existe. La señorita Marianela Paco no tiene la más mínima idea de qué es política de comunicación. Cómo es posible que estemos viendo en la televisión la imagen del liderazgo latinoamericano reunido en Colombia para la firma de la paz, todos de blanco de frente al mar, con una perfección de mensajes comunicacionales, y al lado la foto del presidente Morales con una guirnalda de coca en una reunión sindical, en una imagen que muestra al mundo que el cocalero es más importante que el estadista. Entonces, es un desgaste de una imagen que podría haberse consolidado porque tenía un gran impulso.

Quienes han hecho que esta imagen se desgaste son los equipos que deberían haber preservado al Presidente. Otro ejemplo: ni siquiera había jurado el Presidente de Perú y ya salió la señorita Paco para atacarlo por una reunión con Doria Medina, cuando el presidente del Perú

es un posible y necesario aliado en la causa marítima. ¿No era mejor guardar silencio? Y, claro, el Presidente de Perú se fue a Chile. Ahora va a haber un gabinete binacional, pero ya hemos perdido la mitad de la cancha. Las guerras se ganan o se pierden primero en el internet y después en el campo de batalla.

¿Cómo ves los escenarios futuros? ¿Hay el riesgo de una mayor polarización, una mayor intolerancia al pluralismo y a la crítica?

Yo me equivoqué después de las elecciones subnacionales, a partir de las palabras del presidente Morales. Pensé que llegaba el momento de la reconciliación, incluso aposté con varios líderes de opinión, pero perdí la apuesta. Después del referéndum, tengo la certeza de que este tigre herido va a tratar de dañar con zarpazos, porque hay la idea de que atacando al otro se va a fortalecer, pero no va ser así. La visión de la historia nos ayuda a ver el proceso y no solamente la fotografía. Yo creo que la prensa, así sea una trinchera cada vez más pequeña, siempre va a ser un lugar para enfrentar al poder y para decir lo que está sucediendo. Ahora ya es incontrolable que la gente no sepa lo que pasa. Los silbidos al Presidente, como en el clásico Bolívar-Strongest, no fueron difundidos por la prensa tradicional, por los medios “enemigos”, sino que pasaron de celular a celular, en decenas de mensajes que son ya imposibles de detener, como las fotos de los escenarios semivacíos de las nuevas giras que hace el Presidente. Tampoco creo que exista ya la posibilidad de conformar un equipo más profesional que el actual para mejorar los perfiles ministeriales. Al Gobierno cada vez le es más difícil conseguir rostros de notables, por eso prefiere ratificar a los malos y prefiere continuar con el desgaste. Lo que vamos a vivir es un deterioro progresivo, que ya lo estamos viviendo, y no creo que exista ya una política de shock o una salida posible. Lo que queda por saber es si este deterioro va a ser tranquilo o va a terminar en una violencia que se está cargando como lo que hemos visto en la protesta de los cooperativistas y eso es lo que nos alarma.

¿Qué aconsejarías hacer para aliviar estas tensiones que no benefician a nadie, ni al Gobierno ni a los periodistas?

Yo creo que es necesario un viraje muy grande. Creo que el Gobierno debería hacer una autocrítica, convocar a la gente que puede decirle todo lo malo que dicen sobre él, lo que está haciendo mal. El Gobierno debería tener un equipo que le diga la verdad, que lo vuelva a la realidad, porque necesita hacer un análisis. Han pasado 10 años desde el 2006 y todos hemos cambiado, ha cambiado Bolivia y ha cambiado el mundo. Ojalá que el presidente Morales encuentre a su “hombre mil”, ese “hombre mil” de Rudyard Kipling, que nos aconseja, ese ser que nos quiere pero nos muestra que estamos andando mal.

¿Todavía hay espacio para la prensa crítica e independiente?

Yo no creo en el periodismo independiente, yo creo en las múltiples voces. Yo no creo que nadie, ni la Iglesia Católica, funda un medio de comunicación sin un objetivo. Lo hace para difundir sus ideas, su propuesta. Por eso no hablo de prensa independiente, hablo de múltiples voces. Lo que nosotros tenemos que defender es el derecho de todos a tener estas múltiples voces. Si el Gobierno fuese inteligente, lo que haría es distribuir la publicidad entre todas las voces y escuchar a todos. Hasta las piedras, como gusta decir el Canciller Choquehuanca, nos dicen algo cuando bajan por el rio, la luz del sol nos dice si va a oscurecer. Hay que escuchar todas las voces y señales. Yo creo que esto es lo que debería hacer el Gobierno.

Fuente; Página siete, 9.10.16

 

El naufragio de los medios en el plebiscito

La campaña no se formuló desde la reconciliación, sino desde la confrontación política entre santistas y uribistas. Algunos medios y periodistas entraron en la arena y tomaron partido con grave daño para su credibilidad.

La cándida entrevista de Juan Carlos Vélez, gerente de la campaña del No, con el diario La República, entró por derecho propio en la antología de los peores errores de comunicación política de todos los tiempos en nuestro país. Algunas de sus frases “estábamos buscando que la gente saliera a votar verraca”, más la confesión de que tergiversaron mensajes, más la publicación de la lista de donantes, cayeron como pececitos frescos en el mar de tiburones de las redes sociales.

Fue apenas el último de muchos hechos informativos que sembraron radicalismos, odios, dolores, enemistades y rencores entre los colombianos, a lo largo de un proceso cuyo objetivo único –paradójicamente- era la paz. Confirma que el error más protuberante de la campaña del plebiscito fue que no se formuló desde la reconciliación -los acercamientos, el diálogo racional, la mano tendida- sino desde la confrontación política entre santistas y uribistas, que para peor de males asumió el lenguaje agresivo y procaz que contaminó la campaña presidencial de 2014.

Con mensajes como “el Presidente tiene la facultad de redactar la pregunta que se le dé la gana”, fue extensa, incesante y variada la catarata de malas ocurrencias de voceros en tomo belicoso -Gaviria, Cristo, Leyva, Uribe, Ordóñez- entre muchos otros. En lo que tuvo que ver con el establecimiento el debate no se planteó con un discurso incluyente, conciliador y generoso, sino como una especie de tomo II de la gallera encendida entre “castrochavistas” y “paracos”, de ingrata recordación.

Fue una campaña anacrónica -como las presidenciales a la antigua usanza-, enfocada en la presencia intensiva de negociadores y funcionarios del gobierno en medios tradicionales, giras, eventos, publicidad -en especial en televisión y radio-y parecía volar sola cada vez que aparecían los resultados de las encuestas, un juego en el que frívolamente cayeron medios respetables que se convirtieron en caja de resonancia, dedicados a promover, proclamar y comparar guarismos que al final resultaron fantasía.

El “Estado del arte del periodismo en medio de conflictos de alta sensibilidad” de la Unesco, señala las trascendentales tareas del análisis y contexto para ayudar a la gente a conocer y entender las claves de lo que sucede, desde una instancia independiente y confiable. Aquí vimos medios y periodistas muy importantes que se apartaron de esa misión, entraron en la arena y tomaron partido, con daño grave y quizás irremediable para su credibilidad.

Además de ellos, los estrategas políticos y los asesores de imagen, las mayores pérdidas del naufragio recaen en las firmas encuestadoras cuyo prestigio será muy difícil de recuperar. Ninguna se acercó remotamente al resultado aunque acertaran, ahora y durante los últimos años, en el registro de la enorme impopularidad de las Farc, con los mayores índices de imagen negativa, que se exacerbó en muchos sectores de la opinión durante la vertiginosa campaña del plebiscito, con las constantes declaraciones desafiantes y agresivas de Timochenko, del abogado español Enrique Santiago, de Romaña, de Iván Márquez, entre muchos otros.

La polarización dominó la escena pero no representa la realidad del electorado. Sería simplista e inexacto decir que todos los votantes del Si eran santistas y los del No uribistas. La diferencias de fondo se referían más a la Colombia rural que compuso los territorios SI y la más poblada Colombia urbana, donde calaron las reservas del NO a la paraestatalidad, la impunidad y el narcotráfico. La identidad y la cohesión se relacionaron más con principios y valores, que con militancia o pasión política. El Sí subestimó, por ejemplo, la influencia y la importancia de grupos masivos como las iglesias que se aglutinaron en el No por el efecto “Gina Parody”, o las fuerzas militares y de policía –con sus familias- ante el tema de los sueldos y beneficios a la guerrilla.

Apabullante, agresiva triunfalista, la campaña pudo tener su momento crítico en la ceremonia de firma del acuerdo el lunes 26 de septiembre en Cartagena. Esa puesta en escena con jefes de estado, Juan Carlos de España, el secretario general de la ONU Ban Ki-moon, con Timochenko y sus compañeros eufóricos junto a Maduro y Raúl Castro, pudieron producir

efectos contrarios del aire victorioso y la atadura al respaldo internacional que perseguían los estrategas y ser el argumento que le faltaba a alguna gente para decidir su voto.

Perder en la votación pese a la monumental desproporción de recursos a su favor para publicidad, movilización y eventos, confirma que fue letal para la campaña del SI subestimar que estamos en el mundo de los algoritmos, del “social media” y de las redes sociales. El mundo de Facebook, Gooogle, Microsoft y Apple. El mundo de Twitter y Snapchat. Lo que ocurrió en Colombia es lo mismo que sorprendió al mundo en la primavera árabe de 2012, en las movilizaciones de Ucrania o en las de Hong Kong en 2014. El poder y la influencia de los medios tradicionales disminuido frente a las nuevas posibilidades de la gente de opinar, interactuar y decidir, aún en medio de la comunicación conflictiva, poco confiable o insidiosa que día tras día satura las redes.

El dramático veredicto de las urnas estremeció el escenario y activó un llamado general a la sensatez, la responsabilidad y la grandeza –del gobierno, de las Farc, de la gente del No- para trabajar por los intereses superiores del país, algo que no se logra con ataques y ofensas, engaños y manipulaciones. Las movilizaciones espontáneas y masivas de jóvenes, el Nobel de Paz al Presidente Santos, el cambio de tono en el discurso de algunos protagonistas son novedades auspiciosas de que después de los dolores y las lágrimas podemos ir, con las lecciones aprendidas, hacia el camino correcto por un acuerdo que considere y logre la aprobación de todos, que es el que se necesita.

Fuente: Semana, 10.10.16 por Germán Manga, periodista colombiano

Hablemos con África

“Pasión, pasión y pasión”. No es la primera vez que el reportero Xavier Aldekoa se pronuncia así cuando le preguntan qué es lo que hace falta para ser un buen periodista. Este martes volvió a hacerlo en el marco del Primer Encuentro de Periodistas África-España, una jornada de varias mesas redondas organizada por Casa África. La frase de Aldekoa, en esta ocasión, definió el espíritu del encuentro y de todos sus asistentes: 30 profesionales de diversas nacionalidades que en varias mesas redondas reflexionaron e intercambiaron ideas con una meta común: remar juntos para que el continente sea más y mejor contado en España.

La jornada, patrocinada por Ria Money Transfer en colaboración con la Agencia EFE, la ONG Mujeres por África y el Ayuntamiento de Madrid, fue inaugurada por la alcaldesa de la capital, Manuela Carmena, quien destacó que esta “es la ciudad del abrazo y la acogida”. A continuación, seis mesas redondas para hablar de nuevas tecnologías, de mujer, de rigor periodístico, de derribar tópicos y, sobre todo, de mucha África ante un auditorio repleto —las 250 plazas disponibles se cubrieron la semana anterior al evento— que demostró que sí que existe un público interesado en saber qué ocurre más allá del Mediterráneo. Otra prueba: el hashtag #PeriodismoÁfrica, utilizado para tuitear el encuentro, fue tendencia (trending topic) desde el mediodía.

Casa África hizo posible un encuentro muy singular debido a que puso bajo el mismo techo a periodistas de gran renombre provenientes de países muy diferentes y lejanos entre sí para debatir entre ellos, una experiencia única y difícil de conseguir. Entre los extranjeros, mujeres como Verashni Pillai (redactora jefe del diario sudafricano Mail & Guardian), Eric Chinje (director del African Media Initiative), la reportera Aysha Dabo y Daouda Coulibaly o el editor de Quartz África Yinka Adegoke. ¿Y qué es lo que pidieron reporteros africanos y españoles? Sobre todo, que se dé más espacio a los primeros en los medios de comunicación occidentales, que se intente mirar hacia África sin una idea preconcebida, que se trascienda del afropesimismo o afrooptimismo y se cuente lo que ocurre con objetividad y realismo. “Hay una nueva África que contar al mundo, y es lo que tenemos que hacer los africanos”, subrayó Chinje en su conferencia inaugural,. En la misma desafió a España a ser nuevo líder en la información que se realiza sobre el continente. “Es el momento más excitante para ser un actor en la nueva África. Id y contadlo”, animó.

Además, de la llamada de Chinje, hubo más mensajes que se lanzaron con voz alta y clara. Durante la primera mesa redonda, los medios de comunicación españoles fueron abiertamente criticados por dar, en general, escasa importancia a África. Son “predecibles y perfectamente aburridos” para el periodista Alfonso Armada. Se habla poco y se habla desde estereotipos: guerra, crisis, hambrunas, pobreza. Lo demás no es noticia. “Estamos fracasando estrepitosamente, tenemos una miseria informativa brutal sobre el continente africano”, sostuvo la reportera Gemma Parellada. “La única forma de eliminar la barrera sobre África es informar con normalidad”, expuso Javier Marín, delegado de la agencia EFE en su sede de Nairobi (Kenia), quien opina que España está instalada en la gran tragedia africana o en la mera anécdota. Por eso, para enterarse de qué ocurre allí es mejor seguir a periodistas concretos, no a medios, según el reportero Xavier Aldekoa.

También hubo espacio para el optimismo, pues se reconoció el creciente interés que está suscitando el continente y que ha propiciado el nacimiento de nuevos portales como Wiriko, Afribuku, Radio África Magazine o Afrikaye y el aumento de periodistas jóvenes que viajan a países africanos para informar desde allí, tal y como recordó Lola Huete Machado, redactora

jefe de Planeta Futuro. Eso sí, muchos de ellos son freelance a quienes les cuesta un gran sacrificio cubrir estas informaciones. “Conozco compañeros a quienes han llegado a pagar 35 euros por una pieza informativa desde una zona de conflicto”, criticó José Naranjo, colaborador en EL PAÍS.

En la mesa redonda bautizada Si hablas de nosotros: el periodismo en África y la visión de África en el mundovarios periodistas africanos reclamaron menos condescendencia, menos exageración con los tópicos de siempre y más voces locales en los medios de comunicación. “No queremos que se cuenten historias positivas de África. Queremos que se cuente la verdad” , reclamó Eric Chinje, quien contó una anécdota sobre la sorpresa que se llevó una interlocutora suya cuando este le contó que la primera vez que vio un león fue en un zoo de Washington. Mientras, Verashni Pillai, que acaba de ser nombrada directora del Huffington Post en Sudáfrica, reclamó que les mire con la misma normalidad con la que nos vemos nosotros, como seres complejos y con distintos intereses: “Vosotros no vais por ahí pensando que sois europeos. Lo mismo nos pasa en África”.

Yinka Adegoke, editor de la revista Quartz Africa, reclamó un trato de igualdad y puntualizó que los medios tradicionales de papel, apegados al poder, son “igual allí que aquí”. “Me importa la gente y escribo para ellos. Hay que tener la mente abierta y contar todas las historias”. Adegoke subrayó la importancia hoy de los nuevos canales, redes sociales y teléfonos “inteligentes” para realizar esta labor. Todos, además, coincidieron en defender que deben ser los periodistas africanos quienes escriban sobre África y destacaron que hoy hay profesionales más comprometidos que hace 20 años.

El papel de la mujer en los medios también tuvo su espacio. María Teresa Fernández de la Vega, presidenta de la Fundación Mujeres por África, apeló a la responsabilidad de los periodistas en garantizar que se vele por el rigor y la seriedad frente a la banalización de la información en la mesa Mujeres, espacio público y comunicación, que se inició con la percepción de que queda mucho por hacer en el terreno de la igualdad de género y concluía con la idea de que es necesario hacer un esfuerzo continuado y consciente para lograrla. Lola Huete Machado pidió que siempre se dé una mirada de género para todo aquello que planteamos. “Se escribe bastante poco sobre ellas, pero son temas que funcionan”. Aisha Dabo, por su parte, afirmó que la mayoría de las periodistas se convierten en defensoras de los derechos de otras mujeres. “No soy feminista, soy una defensora de los derechos humanos y los derechos de las mujeres son derechos humanos. Hay que continuar luchando”, dijo.

Fuente: El País, 5.10.16

Comunicar esperanza y confianza

La idea fuerza que ha escogido el papa Francisco para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2017 es “Comunicar esperanza y confianza en nuestro tiempo”. ¿De dónde surge la necesidad de abordar estos temas? Según un comunicado de la Secretaría de Comunicaciones del Vaticano, el mensaje pretende contrarrestar dos posibles enfermedades a las que puede llevar el sistema de comunicación actual: “anestesiar la conciencia” y “dejarse llevar por la desesperación”. Con respecto a lo primero, en el comunicado se afirma que es posible que la conciencia se cauterice debido a que los profesionales, los líderes de opinión y los medios de comunicación desarrollan su actividad lejos de los pobres, lo cual desemboca en la ignorancia de la complejidad de sus dramas y necesidades. Y al referirse a la segunda “enfermedad”, se señala que cuando la comunicación se vuelve espectáculo —más centrada en lo novedoso, insólito y escandaloso— se construyen acechanzas y peligros inminentes que llevan, personal y colectivamente, a la angustia y la desesperanza.

Así pues, constatadas estas dos afecciones, se plantea que la Jornada invite a aprender a comunicar confianza y esperanza para la sociedad y la historia. Este aprendizaje pasa, en principio, por evitar aquellas distorsiones producidas por un mal ejercicio del derecho a la comunicación. De ellas habló el papa ante los trabajadores de la televisión católica de la conferencia episcopal italiana, al señalar lo que él llama los “pecados de los medios”: la desinformación, la calumnia y la difamación. La desinformación que empuja a no decir todo, imposibilitando un juicio preciso sobre la realidad. La calumnia y la difamación que, en

nombre de una irrestricta libertad de información, derivan en daño al honor y dignidad de las personas o los pueblos. Ante la presentación parcial de una verdad, los silencios, la manipulación del pasado, el olvido o la burda mentira, el papa invita a ser honrados con la realidad. En esta línea, Francisco manifestó que “la comunicación fue sometida a la propaganda, las ideologías, con fines políticos o para el control de la economía y la tecnología. [Pero] lo que hace bien a la comunicación es, en primer lugar, la parresía, es decir, el valor de hablar a la cara, de hablar con franqueza y libertad”.

En otro momento, al recibir en el Vaticano a una delegación de periodistas, recordó que pocas profesiones tienen tanta influencia en la sociedad como el periodismo. Precisó que es un rol de gran responsabilidad e importancia, porque a ellos les corresponde “escribir el primer borrador de la historia”. Asimismo, exhortó a los hombres y mujeres que ejercen este oficio a hacer de él “un instrumento de construcción, un factor de bien común, un acelerador de procesos de reconciliación”. Y pidió que se “rechace la tentación de fomentar el choque con un lenguaje que sople sobre el fuego de las divisiones”. Reconoció que la crítica en la profesión periodística no solo es legítima, sino también necesaria. Pero advirtió que esta no puede volverse un arma de destrucción. Tampoco “debe alimentar el miedo delante de los cambios o fenómenos como las migraciones forzadas por la guerra o por el hambre”.

De lo anterior las tres exigencias que él propone para el mundo de las comunicaciones sociales: amar la verdad, vivir con profesionalidad y asegurar el respeto a la dignidad humana. Explica que amar la verdad significa dar testimonio de ella con el propio trabajo, ser honesto consigo mismo y con los otros, discernir entre los matices del gris en los eventos que se narran, nunca decir o escribir algo que sea falso. Al hablar del vivir con profesionalidad, lo vincula no solo con lo que está estipulado en los códigos de ética, sino también con la independencia frente a los poderes. En este sentido, indicó que para ello es necesaria una sociedad democrática y recordó que toda dictadura intenta apoderarse de los medios de comunicación e imponer nuevas reglas a la profesión periodística. Y sobre el respeto a la dignidad humana, importante en todas las profesiones, subrayó que lo es “de manera particular en el periodismo, porque detrás de una simple narración, hay sentimientos, emociones, en definitiva, la vida de las personas”.

La idea fuerza del papa de aprender a comunicar confianza y esperanza para la historia nos trae a la memoria al beato Óscar Romero y al padre Ignacio Ellacuría. El primero, refiriéndose a sus predicaciones, decía:

Estas homilías quieren ser la voz de este pueblo. Quieren ser la voz de los que no tienen voz. Y por eso, sin duda, caen mal a aquellos que tienen demasiada voz. Esta pobre voz encontrará eco en aquellos que amen la verdad y amen de verdad a nuestro querido pueblo.

Y Ellacuría, al enunciar las notas propias de una prensa libre, resaltaba:

Es la que busca difundir información sin cortapisas, pero con responsabilidad; que posibilita un carácter incluyente en el derecho a ser informado e informar; que favorece la existencia no solo de periodistas independientes, sino también de medios que superan la información sesgada o el control monopólico de esta; la que desarrolla el derecho de réplica y garantiza la opinión ciudadana a cuyo servicio debe estar esa prensa ética.

Fuente: ALAI, 8.10.16 por Carlos Ayala Ramírez, director de radio YSUCA, El Salvador.

 

Comunicación con perspectiva de género

Existen muchos errores en las noticias que hablan sobre violencia hacia las mujeres: imprecisión de datos revelados; falta de dimensión ética; enfoque sensacionalista, descripción excesiva del desarrollo del crimen (usados la mayoría de las veces para dar ambiente de crónica al artículo); falta de contextualización y de perspectiva de género a la hora de comunicar.

¿Qué es la comunicación con perspectiva de género? La doctora en Comunicación Social, María Florencia Cremona, que estuvo a cargo del “Seminario interdisciplinario comunicación y género” en la Universidad Nacional de La Plata señala que: “La perspectiva de género es una opción política para develar la posición de desigualdad y subordinación de las mujeres en relación a los varones. Pero también es una perspectiva que permite ver y denunciar los modos de construir y pensar las identidades sexuales desde una concepción de heterosexualidad normativa y obligatoria que excluye”.

Es decir, que al escribir se debe favorecer la igualdad entre los géneros y la eliminación de estereotipos que afecten la dignidad o que marquen la supremacía de uno sobre el otro. Ejemplos donde hace falta esta dimensión hay muchos. El diario popular de Chile, La Cuarta, tituló así el caso de asesinato de la joven colombiana Yuliana Aguirre: “El amor y los celos la mataron”. La presidenta del Colegio de Periodistas de Chile, Javiera Olivares, señaló que ese tipo de lenguaje “naturaliza el feminicidio”.

Pero ¿por qué lo naturaliza? Porque hace que parezca un fenómeno natural y espontáneo dentro de una relación amorosa. Está dejando de decir que fue Edwin Vásquez quien asesinó a su pareja, para señalar que los celos y el amor acabaron con la vida de alguien, socializando además un concepto tóxico de lo que este sentimiento.

Pero este no es el único periódico que comunicó erróneamente, veamos otros titulares: “La joven descuartizada en Chile”; “Este martes repatriarán restos de Yuliana Andrea, colombiana desmembrada en Chile”; “De historia de amor en Andalucía a película de Terror en Chile”; “El amor violento de la bella colombiana que fue descuartizada”.

Los dos primeros hacen un enfoque hacía el “cómo” de los hechos, al decir “descuartizada” o “desmembrada” tanto la figura de asesinato como la autoría del crimen pierden fuerza al no estar nombrados. Con los dos últimos titulares podríamos jugar a preguntarnos: ¿dependiendo del lugar es una historia de amor o una historia de terror?; ¿está bien nombrar la violencia dentro de una categoría de amor?

En esta oportunidad compartiremos algunos puntos señalados por la organización Periodistas de Argentina en Red por una Comunicación no Sexista que en su “Decálogo para el tratamiento periodístico de la violencia de género en los medios” indican como primer punto, que estos temas son concernientes a la defensa de los derechos humanos y se deben tratar como tal. Citan textualmente: “desterramos de nuestras redacciones la figura de ‘crimen pasional’ para referirnos a al asesinato de mujeres víctimas de violencia de género. Los crímenes pasionales no existen”.

Las autoras además recomiendan utilizar nombres como: violencia de género y violencia machista (podríamos agregar a esta lista el feminicidio). También señalan la importancia de proteger la identidad de la víctima, no la del agresor y contar dentro de la noticia cuáles

pueden ser las actitudes y situaciones que ponen en riesgo la vida de la mujer e incluir teléfonos de emergencia para realizar las denuncias respectivas.

No es recomendable y resulta ofensivo utilizar diminutivos, apodos, apócopes para nombrar a la víctima, y se debe revisar que las fotografías publicadas no sean obscenas o desvíen la atención del crimen perpetuado.

A este catálogo podríamos agregar el tratamiento de los testimonios de la familia. Al estar hablando de una muerte, el acercamiento para las entrevistas, debe ser pensado desde la ética del periodismo. Esta tiene en cuenta que el comunicador debe cuidar al entrevistado, ya que éste puede exponerse (emocional y psicológicamente) sin darse cuenta, dado el momento de dolor por el que transita.

Profundizar sobre estas herramientas de comunicación es una tarea que todos los comunicadores debemos hacer, y para todo aquel que quiera un lenguaje más respetuoso, constructivo y solidario que nos acerque a la equidad de género y a una sociedad más justa.

Fuente: Página12, 28.9.16 por Alba Fajardo, comunicadora Social-Periodista de la Universidad Externado de Colombia.

Resistencia contra la Ley de Imprenta

Un cerrado afán de evitar la instalación de los tribunales de imprenta parece invadir los gobiernos municipales de todo el país, la mayoría de ellos controlados por el Movimiento Al Socialismo. De los 339 municipios, sólo en cuatro se instalaron estas instancias; Santa Cruz, La Paz, Sucre y Potosí,

¿Qué es un tribunal de imprenta? Es la instancia jurídica que califica los delitos o las faltas que se cometen contra la libertad de expresión a través de los medios de comunicación social o por cualquier medio de difusión. Recordemos, la libertad de expresión no es libertinaje. El Tribunal está integrado por un cuerpo de jurados, quienes tienen la obligación jurídica de debatir en torno a una cuestión que llegue a su jurisdicción y emitir fallo. Si encuentran delito, deben remitir a los tribunales ordinarios y si es falta aplicar los mecanismos que la Ley de Imprenta dispone.

La Ley de Imprenta y su tribunal son una garantía para la libertad de expresión. Recordemos que nadie puede limitar la libertad de expresión ni del derecho a la información porque responden a la libre emisión de pensamientos, a la capacidad de manifestar y disfrutar de cualquier idea, opinión sin restricciones externas o internas, aunque ello implica asumir responsabilidad tanto legal como social. La libertad de expresión no es absoluta.

Quienes se creyeren ofendidos por las publicaciones que se efectúan a través de los medios de comunicación social, tienen derecho a la publicación de sus defensas, aclaraciones y rectificaciones en primer lugar, acudir a los Tribunales de Imprenta y finalmente si se sienten injuriados, a los tribunales ordinarios.

¿Por qué son importantes los jurados de imprenta? Porque debaten sobre libertades intelectuales que emanan del pensamiento. Por eso la Ley de Imprenta dice que se debe convocar a “notables” para el jurado. Es que deben calificar y discutir cuestiones del pensamiento, subjetivismos, que parecen ofender o finalmente ofenden a las personas o a la sociedad.

No es tarea fácil, ya que se debe debatir tomando en cuenta que toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida de la comunidad, a gozar y a participar en el progreso científico y cultural, en los beneficios que de él resulten, de hacer escuchar su voz. Eso es hacer política en el sentido más prístino de la comunicación, participar de la cosa pública, expresando sus criterios o críticas sobre las incumbencias que afecten los intereses personales y colectivos.

Hay ministros, diputados y masistas que se escudan en la Ley 045, aduciendo supuesta discriminación, en abierta apariencia de debilidad y poca formación política, y hasta falta de educación formal. Bienvenida la Ley 045, pero no para chicanerias.

El presidente Obama de EEUU, hace dos semanas y media fue groseramente insultado y denigrado por su homólogo filipino, discriminado, y ni siquiera se ha sentido ofendido. Denota ello alto grado de educación, madurez y formación política. No es debilidad, sino fortaleza, muestra de entereza de un político que le valió más méritos que desprestigio personal y público.

Hay que exigir la instalación de los Tribunales de Imprenta para no hacerle juego al oficialismo, que judicializa absolutamente todo; la política, la libertad de expresión y otras instancias democráticas.

Fuente: Los Tiempos, 28.9.16 por Jaime D´mare C., periodista.

Derecho a la información en las redes

De ser una herramienta de trabajo, el acceso a Internet, aparentemente pasa a ser cada vez más el verdugo en el consumo de usuarios que indistintamente dilapidan sus datos sin siquiera clasificar la información que es propia de su interés. Un nuevo episodio que tuvo un gran soporte en las redes sociales y que se robusteció en la agenda mediática, es el de un conocido centro nocturno paceño, donde “sorprendentemente” se descubrió un nuevo caso de trata y tráfico.

Pero qué de sorpresivo puede tener un caso así, cuando en la semana de comadres, previa al carnaval de este año, un ex – jefe del ministerio público en La Paz fue encontrado justo “al frente” del famoso museo egipcio; como lo identificaría la moda de los Mon. Igualmente vaya sorpresa para autoridades ediles que se dedicaron a ejecutar una serie de operativos para controlar licencias y otros, tras la arremetida informativa en la búsqueda de acciones.

Lo que de momento se advierte es un coqueteo con lo que parece ser una nueva caja de Pandora, que trajo un fenómeno muy particular en una fracción de la población que sin alejarse ni obligarse con el tema: se rasga las vestiduras.

Con un clic en la red cualquier persona puede encontrar ofertas de cualquier producto o servicio, en este último caso inclusive damas de confort (como les denominaban en Asia), que por su promoción publicitaria cuando mínimo se hace gala de una extranjería.

La cuestión no está en si los cibernautas acceden o compran estos servicios, sino en quién regula esos contenidos. Y comparto la idea de que el control debe ejecutarse al uso responsable de las cuentas de identidad de los usuarios de la red; lugar donde, a partir de los últimos acontecimientos, tenebrosa y clandestinamente se expone a las víctimas de trata. Si bien el acceso a la información es un derecho fundamental, la efectividad en su tutela no debe ser abstracta sino de uso responsable, sea quien fuere la autoridad que en nombre del Estado precautele su uso, evidencia y salvaguarda.

Fuente: El Diario, 27.9.16 por Israel Adrian Quino, periodista.

Tres directores, una misma línea editorial

8. Tres directores, una misma línea editorial por Mauricio Aire

El testimonio vale al menos por tres de los Directores de Los Tiempos a propósito de los 73 años de vida que acabamos de recordar.

Los Tiempos fue fundado por Demetrio Canelas, hombre público y político de fuste, fundador del Partido Republicano con Daniel Salamanca, alguno de sus biógrafos marcó que bien pudo haber sido Presidente de Bolivia, aunque eligió en cambio ser periodista. Demetrio que había estudiado Derecho en San Simón, fue fundador de El Heraldo, El Ferrocarril, La Prensa, y La Patria de Oruro. Sépase que por haberse opuesto a la firma del nefasto Tratado de 1904, su diario fue asaltado y destruido. No fue la única destrucción, también Los Tiempos sufrió el mismo destino por las hordas movimientistas en 1953, que silenciaron al diario durante 14 años.

Carlos Canelas asumió el reto de volver a las calles. Tuvo que librar muchas batallas para reponer lo material de la destrucción, para armar un equipo de periodistas y técnicos que asumieran el rol de “reinventar el diario”. Y lo hizo en la casona de la Santiváñez a partir de un acto que contó con la presencia de René Barrientos entonces Presidente de la República. Me tocó oficiar de Maestro de Ceremonias, por ello fui testigo de aquel renacer, en medio del fervor del pueblo de Cochabamba y sus instituciones. Momento solemne para reafirmar la línea editorial que había señalado Demetrio.

Hasta hace poco, guardé el recelo por haber obtenido Los Tiempos una especie de indemnización del Gobierno de Barrientos ante su nuevo lanzamiento, aunque ahora me entero de que no hubo la tal indemnización, puesto que todos los gastos que supuso la reapertura los cubrió la familia Canelas que se jugó todo su patrimonio en la nueva empresa, aventurando el aspecto financiero, en el supuesto de contar con “el apoyo de las instituciones y de los ciudadanos” en la etapa que se iniciaba aquel septiembre de 1967 sin alejarse ni una coma del

ideario que es la clave de su pervivencia y de su éxito editorial y empresarial instalándose más tarde en el nuevo edificio que hoy ocupa, uno de los más vistosos de la moderna Cochabamba.

Frente al carácter sobrio, enérgico y firme de Carlos Canelas, está la imagen de Julio César de carácter sociable, apegado a las instituciones locales y con excelentes relaciones a nivel empresarial. No olvidar que Julio César fue director de El Diario, y por un corto tiempo ministro de Defensa en el Gobierno de Tomás Monje Gutiérrez que asumió a la infausta muerte del presidente Villarroel. Julio César se distinguió claramente por su apoyo personal y de gestión periodística a la causa marítima, brindó por ello respaldo al accionar de Gaby de la Reza, (Gaby del Mar) dirigente cívica del Comité Pro Mar, siendo promovida su acción patriótica desde Los Tiempos con firmeza, pero con mesura, sin abandonar la línea de Don Demetrio de “contribuir a la acción progresiva del periodismo”, alejado de las exacerbaciones de una oposición tenaz contra el régimen banzerista, eso sí cuidando de las complacencias que el poder público suele conferir a los medios en todo tiempo.

Superados en parte los compromisos que la construcción y adecuación de los talleres a la modernidad, Los Tiempos asumió el reto tecnológico a plenitud, siendo pionero en muchos de los pasos que dictó la informática y la tecnología del Internet. Lo hizo con altura y prontitud, esta vez bajo la batuta de Alfonso Canelas, a la desaparición física de los antecesores.

Fuente: Los Tiempos, 23.9.16 por Mauricio Aira, periodista

Medios inseguros: el riesgo de informar para la tribuna

Los medios de comunicación temen más que nada perder audiencia, y ese terror los vuelve demagógicos

Hay un mito que alimentan los propios periodistas que supone que los medios le hablan a la ciudadanía toda. Hasta que les toca cubrir temas difíciles. Ahí se delatan dirigiéndose a un

público que se les parece, a un puñado de personas con quienes comparten lenguaje y preocupaciones.

Cuando se bajan de los ideales éticos que los invitan a ser equilibrados, compasivos, ecuánimes, y tienen que responder a las exigencias cotidianas los medios pueden ser discriminadores, racistas, despiadados.

La clave para entender una noticia está en el acuerdo que cada medio tiene con sus audiencias. La inseguridad no se cuenta desde la perspectiva los delincuentes, que no compran diarios ni cuando salen en primera plana, sino desde los que consumen información, mayormente clase media informada. Si alguno que se parece a los lectores se vuelve víctima de la violencia, convertirlo en protagonista de las noticias ratifica el pacto de lectura. Que el género policial haya derivado en el caso particular que se generaliza al grito de “le podría haber pasado a cualquiera”, confirma que la necesidad de provocar la identificación fácil de las audiencias.

Los medios son muy inseguros. Temen más que nada perder los lectores que les dan razón y sustento, y ese terror los vuelve demagógicos. Está muy presente el fracaso de tantos medios que creyeron que podían sobrevivir sin públicos como para desconocer el humor cambiante de la audiencia. Los medios no hablan del bien común para la opinión pública en general. Apenas pueden contar males individuales con la ilusión de que algún lector entienda que esa noticia está hablando de sus problemas.

Fuente: Revista Noticias, 20.9.16 por Adriana Amado, argentina analista de medios

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