”Me sorprendió mucho la presencia de Mauricio Macri en los Panamá Papers”

La periodista argentina Marina Walker, una de las fichas claves dentro del consorcio que destapó el escándalo del paraíso fiscal en abril, nos concedió una extensa entrevista en la que nos habló, entre otras cosas, sobre amenazas, el periodismo de datos y cómo coordinó a un equipo de 376 reporteros

“En Colombia intentamos sumarnos con medios de comunicación tradicionales para investigar el caso de Panamá Papers y lamentablemente no tuvimos suerte”, afirma la periodista argentina Marina Walker Guevara, coordinadora del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ), el órgano que destapó el escándalo sobre el ocultamiento de millonarias cifras de dinero en paraísos fiscales por parte de distinguidas personalidades del mundo de la política, los negocios, la cultura, el deporte y el espectáculo.

“Con toda esta gran ventana de información mostramos las grandes fallas de los paraísos fiscales y aquellos agujeros negros que permiten la presencia de traficantes de drogas, políticos corruptos, redes de tratas de personas, estafadores y cuanto criminal a uno se le pueda ocurrir”, explica. Radicada en Estados Unidos desde hace 13 años, Walker ha estado a cargo de la coordinación de una investigación sin precedentes que involucró a 376 periodistas y 109 medios de comunicación alrededor del mundo.

“Nosotros no elegimos a Panamá porque sí. No nos sentamos y dijimos que iba a ser Panamá porque no nos caía bien, no. Antes ya habíamos realizado investigaciones sobre otros paraísos fiscales en las Islas Vírgenes Británicas, Luxemburgo y Suiza -destaca la periodista-: El ICIJ asumió ese control diario del desarrollo de la investigación a través de coordinadores regionales en Europa, América Latina, Asia y África”, explica.

¿Cómo llegó a investigar este escándalo?

La génesis de la investigación se debió a la persistencia que hemos tenido junto con nuestros medios aliados, con los que insistimos en abordar el tema de los paraísos fiscales, sobre el que ya se había hecho tres o cuatro investigaciones previas. Uno de los informantes se acercó al

diario alemán Süddeutsche Zeitung a entregar información y le impresionó la manera como tanto nuestro Consorcio como el diario abordaron los datos suministrados.

¿En qué otras investigaciones además de Panamá Papers estuvo vinculado el Consorcio de Periodistas al que usted pertenece?

Los Swissleaks, Lacksleaks y Offshoreleaks fueron una trilogía que antecedió a los Panamá Papers. Realizamos un trabajo sobre el Banco Mundial que demostró que los proyectos de desarrollo de esa entidad habían desplazado a más de tres millones de personas. También desarrollamos una investigación en la que logramos demostrar que la pesca es una red criminal en la que están vinculadas grandes empresas y gobiernos. Hicimos otra investigación sobre el tráfico de los tejidos de piel, sangre y tendones para los que existe todo un mercado.

¿Qué diferencias hay entre las investigaciones de WikiLeaks y los Panamá Papers?

Son muchas. Para empezar, el consorcio no es un medio de comunicación y nosotros no recibimos filtraciones para luego publicarlas en internet, porque creemos que si nuestra misión fuera ser un pasadizo de información que terminara publicado, los informantes no vendrían a una organización como la nuestra. El rigor periodístico por medio de la investigación es un valor agregado del consorcio y que no tiene WikiLeaks.

¿Cree que el acceso a la información de los Panamá Papers se pudo haber obtenido por medio de hackers?

La verdad no sabría decirle. Las fuentes son anónimas y no nos hemos puesto a interrogarlas de esa manera y nos parece que no es apropiado. No tengo una opinión sobre cómo pudo haber sido el origen de la obtención de los documentos.

¿Por qué se conocen algunos nombres de las personas vinculadas al escándalo y otros han quedado en el anonimato?

Nosotros publicamos una base de datos donde están trescientos mil empresas y los nombres de personas asociados a esas compañías. Ahí está la data estructurada, el esqueleto de la investigación. Hay veces en los que hay nombres en los documentos que tiene la data y eso es lo que los periodistas han estado investigando. Esto es como buscar una aguja en un pajar y nosotros estamos haciendo la tarea: Panamá Papers funciona como un buscador y en esa búsqueda el periodista debe encontrar e identificar quiénes son los abogados, los testaferros, y aquellos que están detrás del poder.

¿Qué nombre de los que aparecieron en los Panamá Papers le asombraron?

Me sorprendió mucho la presencia del presidente argentino Mauricio Macri y que no hubiese sido aclarado en la época durante la que fue alcalde de Buenos Aires, porque de acuerdo con su justificación esas empresas no tenían ingresos; también me llamaron la atención el caso del cineasta Pedro Almodóvar y el escritor Mario Vargas Llosa.

¿Qué habría cambiado para mejorar la investigación?

Panamá Papers fue el apogeo de un modelo de aprendizaje en el que aplicamos todas las lecciones que habíamos aprendido de investigaciones anteriores: Swiss Leaks o Lacks Leaks, de las que aprendimos muchas lecciones sobre cómo construir confianza y ser más eficientes para comunicarnos, porque coordinar a 376 periodistas desde un grupo tan pequeño como es el ICIJ no es fácil.

¿Cómo lograron coordinar a un grupo tan grande de periodistas?

Gerard Ryle –mi jefe- y yo éramos los coordinadores generales de la investigación y trabajamos muy duro para construir toda la historia para establecer cómo sería la publicación final, además de anticipar los problemas legales que se nos podían venir. Nosotros somos una red de periodistas que ha venido trabajando en varios proyectos y se ha ido configurando una

red de confianza, además les preguntamos cuáles son los días de mayor audiencia para publicar la información en su país. Al final del día se toma una decisión que beneficie a la mayoría, que nunca va ser la totalidad.

¿A qué casos les han hecho seguimiento y por qué?

Eso no solo lo realiza el consorcio sino el resto de nuestros aliados en diversas partes del mundo, porque es probable que las mejores historias no las hayamos publicado y seguimos en nuestro deber de reportar. Hay un tema interesante en África. Como es el continente más pobre del mundo, es el que sufre los mayores drenajes de dineros por medio de paraísos fiscales con unos altísimos niveles de corrupción. El Universo de Ecuador es quizás el diario en todo Latinoamérica que más ha publicado sobre el tema porque han seguido generando información por su cuenta y ya llevan más de 150 entregas sobre los Panamá Papers.

¿Por qué cree que el caso de Panamá Papers no generó el mismo impacto en Colombia que en otros países?

En Colombia intentamos sumarnos a medios de comunicación tradicionales y lamentablemente no tuvimos suerte. Eso fue muy llamativo. Esperamos que para la próxima vez se puedan sumar y se den cuenta de que estas investigaciones valen la pena, porque la investigación es el periodismo del futuro y de eso sí que no hay duda.

¿Qué lecciones quedan por aprender a los periodistas colombianos y latinoamericanos frente a este tipo de investigaciones?

El periodismo de datos es algo que no podemos delegar al ingeniero de sistemas de la redacción, sino que todos nos debemos hacer cargo porque este es el futuro del periodismo que se construye desde el presente. Las fuentes anónimas en muchos casos no escogen a los medios sino a los periodistas que son capaces de desarrollar las investigaciones más allá de si están vinculado a un medio o no: grandes investigaciones se hacen y se publican en blogs.

¿Qué tarea le corresponde a la prensa de cada uno de los países cuyos líderes y personalidades aparecen dentro de la investigación?

Creo que los medios en muchos casos pecamos en que tiramos la bomba y nos vamos. Admiro mucho el trabajo que desarrolla El Universo de Ecuador, que continúa con las investigaciones y un seguimiento abnegado. Muchos otros periodistas sostienen que, como no estuvieron vinculados en la investigación, pues no deben sentirse interesados. Me parece que en ese sentido los periodistas debemos ser más responsables. La mayoría de los periodistas hicieron un trabajo muy sesudo y no se conformaron con publicar nombres y hacer algo esquelético, pero siempre hay excepciones. Seguimos trabajando para que la próxima vez lo hagan mejor y no pierdan la oportunidad de hacer parte de algo tan especial.

¿En qué momento establecieron qué se debía publicar?

Desde que recibimos el material les dijimos a los muchachos que eso no se iba a publicar en una o dos semanas, o en un mes o dos. Evaluamos la importancia de la investigación y lo que ello involucraba porque no es fácil procesar 11 millones de documentos y ponerlos en una plataforma interactiva online. Lo que nos dio la pauta de publicar y que la fecha estaba cerca fue la posibilidad de establecer que había involucrados de diversos contextos, tanto públicos como privados. Cuando logramos construir casos sólidos, con información global corroborada y contrastada, decidimos publicar en abril, de tal manera que tuviéramos tiempo para escribir y darles la posibilidad a las personas de que respondieran e hicieran sus descargos.

¿Quién financió la investigación?

Tenemos un modelo de financiación que es bastante interesante porque nosotros somos una fundación sin ánimo de lucro que recibe apoyo de fundaciones y de individuos. No recibimos capital de empresas privadas ni de gobiernos y tampoco de anónimos.

¿Aunque los paraísos fiscales sean legales, qué tan legítima resulta su existencia?

Este es uno de los debates más interesantes que han generado los Panamá Papers, pero incluso hasta el propio presidente Barack Obama dijo que el principal problema es que, aunque muchas de esas operaciones no son legales, muchas personas no les ven mayor problema.

¿Han recibido amenazas?

Nosotros no hemos recibidos ningún tipo de amenaza directa, aunque sabemos que los que están más expuestos son nuestros aliados en Rusia y algunos países de América Latina. Con frecuencia hemos tenido que proteger los nombres de algunos periodistas chinos. En Venezuela, en un diario que es bastante simpatizante del gobierno, sacaron a una periodista porque fue parte del equipo de investigación y expuso muchas conexiones entre el gobierno venezolano y la estatal petrolera PDVSA con los paraísos fiscales. En Ecuador, el presidente Correa comenzó a hostigarlos desde su cuenta de Twitter para que se publicaran todos los documentos en internet. Luego un grupo de medios en Estados Unidos publicó que efectivamente estaba vinculado al escándalo.

¿Ha tenido miedo?

Es inevitable que a uno se le pase un pensamiento u otro, porque cuando incomoda a tantos poderes de tanto peso político y económico a uno sí se le pasan estas ideas por la cabeza, pero uno no puede detenerse por miedo.

¿Cuál es la frontera entre periodismo y justicia?

Creo que tiene que haber una división muy clara entre los dos, pero lo que los une es que en ambos casos estamos buscando la verdad; pero mientras que el periodismo lo hace con la constancia y la rigurosidad, la justicia lo hace con sus propias armas. Es importante que no traspasemos los límites de cada lado y ojalá que aquello que el periodismo de investigación exponga con tanta contundencia haga que la justicia lleve el caso hasta sus últimas consecuencias.

¿Qué tipos de investigaciones están adelantando ahora desde el consorcio?

No podemos decir mucho, pero estamos analizando varios temas muy diferentes a los que venimos haciendo y nos alegra porque son desafíos nuevos y diferentes. Seguimos también con el tema de la opacidad financiera, y en la medida en que nos vaya llegando información nueva, fresca y relevante la vamos a seguir tratando de la manera como lo hemos venido haciendo hasta ahora. Vendrán temas para el futuro cercano, que darán mucho de qué hablar: investigaciones sobre comercio transnacional, y temas médicos que son de suma importancia pero que por ahora no puedo revelar.

Fuente: Arcadia, 20.9.16 por Diego A. Olivares, periodista colombiano

La banalidad noticiosa

Hubo un tiempo en que los noticieros televisivos constituían la fuente más importante a la hora de enterarnos del estado de la sociedad. Esto era posible porque un criterio de objetividad guiaba la búsqueda de acontecimientos que pudieran dar cuenta de los complejos fenómenos que cotidianamente producen las ciudades y el campo; incluían, obviamente, algunos hechos de violencia y escenarios de sangre, pero su tratamiento era equilibrado, ético, profesional.

Se trataba de pesquisar aquellos hechos que nos permitían formarnos una clara idea de los movimientos de la sociedad civil, de los avatares del poder, de las vidas fallidas, de las liviandades de los poderosos y los sufrimientos de los más pobres; se trataba de mostrar la sociedad de forma inteligente.

Hubo un tiempo en que cada noticia hacía parte de un complicado rompecabezas que permitía que cada ciudadano presintiera el curso del país apreciando el peso específico de cada acontecimiento. Esto era posible porque las noticias se sometían a una regla de equilibrio y ecuanimidad, cada una poseía un peso específico y su redundancia no caía en la banalidad. Resultaba entonces que muy rara vez los noticieros se transformaban en una insoportable crónica roja. Hoy en día, con poquísimas y honrosas excepciones, los noticiarios cruceños se han transformado en tormentosos episodios de sangre. Sin límites éticos y sin el menor principio de respeto a la subjetividad de la audiencia, han terminado en banales crónicas rojas matizadas con folclóricos episodios de farándula y eventuales destellos de glamur local que no logran borrar la letra roja que los distingue.

Hasta no hace mucho, la crónica roja se pasaba después de medianoche. Se consideraba que la exposición sostenida de crímenes y acontecimientos que mellan la dignidad y complotan contra una formación ciudadana pacífica, no debía ser expuesta mañana, tarde y noche, porque termina haciendo natural lo inaceptable.

Hoy se ha invertido esta lógica. Los más espantosos crímenes son el único contenido relevante del noticiero. Ahí radica el origen de su banalidad

Fuente: El Deber, 20.9.16 por Renzo Abruzzese, sociólogo boliviano

El trauma ocasionado por las noticias violentas en internet

“El mundo siempre ha sido un desastre”, declaró Obama en 2014 después de una serie de terribles sucesos noticiosos. “Apenas nos estamos dando cuenta gracias a las redes sociales”.

Ante la reciente ola de videos sobre violencia policiaca en contra de personas negras en Estados Unidos, varias personas han comentado que esos episodios han sucedido desde hace tiempo pero solo últimamente los teléfonos inteligentes han facilitado que se documenten visualmente.

Las redes sociales también han comenzado a desempeñar un papel predominante en la transmisión de tragedias. La aplicación, por ejemplo, ha divulgado contenido espeluznante como la violación de una adolescente de Ohio y un suicidio en Francia.

El efecto en la audiencia puede ser traumático. Históricamente los medios de comunicación tradicionales han mostrado imágenes gráficas y videos horribles, como algunos ataques terroristas o la golpiza propinada a Rodney King en 1991.

Sin embargo, hay varias razones para sospechar que el impacto emocional de tales imágenes en las redes sociales o de las noticias provenientes de internet es distinto, y quizá más duradero, que el de las anteriores fuentes de comunicación.

El contacto con la violencia a través de cualquier medio puede conducir ocasionar lo que se conoce como trauma vicario y puede ser, para ciertas personas, más sobrecogedor que una experiencia inmediata.

En un estudio publicado en 2013 en la revista PNAS, se compararon los síntomas de estrés agudo de quienes tuvieron una “exposición directa” al ataque en el Maratón de Boston de ese año (ya fuera que hubieran estado presentes en el lugar o en el área de Boston, o que conocieran a alguien que vivió eso) con los de aquellos que solo estuvieron expuestos a través de los medios. Las personas expuestas a seis o más horas diarias de noticias relacionadas con el ataque desarrollaron niveles más altos de estrés agudo que quienes estuvieron expuestos directamente.

“A diferencia de la exposición directa a un trauma colectivo, que puede terminar cuando la fase álgida del evento pasa, la exposición mediática mantiene activo el estrés agudo y lo revive en la mente de las personas”, concluyó el estudio. “La exposición mediática repetida puede contribuir al desarrollo de trastornos relacionados con el trauma y prolonga o exacerba los síntomas agudos”.

Estos hallazgos no distinguían entre los tipos de medios de comunicación. En un estudio presentado en la conferencia anual de 2015 de la Sociedad Británica de Psicología, Pam Ramsden, una conferencista de la Universidad de Bradford, encontró que casi un cuarto de los participantes que vieron imágenes y videos de sucesos noticiosos inquietantes en las redes sociales, incluyendo los del 11 de septiembre, tiroteos en escuelas y ataques suicidas con bombas, reportaron síntomas que coinciden clínicamente con los del trastorno de estrés postraumático.

Ramsden señaló en su presentación que la principal diferencia entre las noticias tradicionales y las de las redes sociales, es que las últimas “han permitido que el público vea historias violentas e imágenes gráficas con terribles detalles que no fueron editados”.

Mientras las generaciones más jóvenes evitan la televisión y los medios impresos, su única exposición a las noticias puede ser internet, a menudo a través de las que aparecen en las redes sociales. No obstante, mientras que las emisiones en las noticias tradicionales seguramente presentan un aviso de precaución antes de transmitir las imágenes gráficas o deciden censurar el contenido más ofensivo, tales medidas se ignoran con frecuencia en internet, en especial cuando las transmiten individuos y emisoras no muy establecidas.

Facebook cuenta con un ejército de moderadores de contenidos, pero no pueden lograr que no se cuele ni una sola imagen o video aterradores. Esta red social también tiene una política ambigua cuando se trata de videos violentos, que los permite (ahora con un aviso de precaución que impide su reproducción automática) siempre y cuando los usuarios los “condenen” en lugar de “celebrarlos” (dos verbos altamente subjetivos).

Una distinción clave entre consumir noticias en internet y hacerlo en medios impresos o la televisión es el acceso constante y la capacidad de quedar sumido en un pantano en el primer caso, como demuestra el estudio sobre el Maratón de Boston.

Ni siquiera las cadenas noticiosas que trabajan las 24 horas son un paralelo del flujo casi infinito de internet donde incontables fuentes, con o sin acreditación, proporcionan a los obsesos un abastecimiento infinito de material, y la tecnología moderna entrega terabytes de datos crudos de primera mano. Si el asesinato de Kennedy sucediera hoy, no estaríamos examinando la grabación única y de baja definición de Zapruder, sino que tendríamos una gran cantidad de videos tomados en teléfonos inteligentes desde todos los ángulos, y miles de tuits escritos por testigos oculares.

Además, la yuxtaposición entre el contenido estándar en las redes sociales y las imágenes violentas es profundamente discordante. Si entramos a Facebook para ver videos de gatos y fotos de bebés, pero encontramos una imagen perturbadora, no estamos emocionalmente preparados para ello y su aparición en medio del contenido frívolo y alegre puede ser trastornador, como un recordatorio sombrío de que la misma especie que rutinariamente produce niñitos adorables también es responsable del Estado Islámico.

Aunque es cierto que se requiere cierto grado de voluntad para encender la televisión y mirarla, y aún más para abrir una publicación noticiosa impresa y leerla, hasta cierto punto nuestro libre albedrío como consumidor estaba limitado a los medios tradicionales de las épocas pasadas. Las noticias se presentaban en momento específicos, como la mañana y la noche, semanal o mensualmente, y tenían una duración limitada, suficiente para llenar un periódico, revista o una emisión de 30 minutos. Lo más seguro es que nos quedemos con las publicaciones a las que nos suscribimos y los noticieros que vemos normalmente, y que recibamos sus imágenes de manera pasiva.

En cambio, en internet seguimos de manera activa a redes con vínculos más complejos por lo que, a menudo terminamos en sitios sensacionalistas que nunca antes habíamos visitado. La fotografía de un civil muerto en la primera plana de un periódico impreso no puede evitarse si estamos suscritos a ese periódico, y verla no implica que queramos buscar una imagen de muerte.

Por el contrario, buscar deliberadamente o darle clic a un vínculo que sabemos que nos enviará a la misma imagen sí lo implica (en especial si hay un aviso de precaución). En cierto nivel, es posible que nos enfermen nuestros propios deseos repugnantes tanto como la inhumanidad desplegada. El aforismo 146 de Más allá del bien y del mal, de Nietzsche, reza: “Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, también éste mira dentro de ti”.

Fuente: The New York Times, 18.9.16 por Teddy Wayne, escritor norteamericano

Diatriba contra medios y periodistas

Una nueva intervención del Ministro de la Presidencia en una emisora de radio el día 10 de los corrientes, profundiza la campaña oficialista emprendida contra los medios de comunicación, que tienen una “línea editorial independiente”. La prensa y los periodistas son calificados de “cártel de la mentira”, “mafia”, “bufones a sueldo” y que “viven a costilla de la plata del Imperio”, etc., etc.

Este proceder impropio de una alta autoridad se emite sin considerar los valores universales que rodean la actividad informativa y que todo gobierno medianamente democrático tiene el deber de respetar. Estos principios emanan o son estimados en una serie de declaraciones internacionales de los organismos de Derechos Humanos y de libertad de prensa, tales como la

libertad de pensamiento, expresión y opinión, cuyos canales naturales son los medios informativos. En el mismo sentido, sin libertad de prensa no hay ni puede haber democracia, al paso que la población tiene derecho a ser informada por diferentes fuentes y corrientes de opinión.

El ministro Juan Ramón Quintana incidió en que la prensa “trata de dañar la credibilidad y el liderazgo de presidente Morales”, valiéndose de mentiras. La Asociación de Periodistas de La Paz reaccionó señalando que el Gobierno acusa pero “sin una sola prueba”, lo que significa “una falta de respeto a las ciudadanas y ciudadanos que trabajan en medios de información” cumpliendo su tarea “con ética y veracidad”. Asimismo desmintió supuestos propósitos de desestabilizar al Gobierno. Estos afanes desembocan en una diatriba contra la prensa y se dirigen a un determinado público que le presta oídos, dentro de un plan de convertir en una especie de mártir al Jefe del Estado y mantener latente una situación de confrontación más aparente que real, destinada a promocionar la iniciativa oficial y distraer a la sociedad. En el turno de supuestos adversarios, al presente los elegidos son los medios, los periodistas y el “imperialismo”.

Por su parte, a fines de agosto pasado la Asociación Nacional de la Prensa de Bolivia se vio precisada a pronunciarse ante instrucciones del Gobierno de suspender la publicidad estatal en los diarios independientes, denunciando “una agresión económica a manera de castigo contra un periodismo” empeñado en buscar la verdad. La ANP explica que dentro de su labor específica no podía eludir referirse a “los hechos de corrupción, tráfico de influencias y acusaciones que involucran a altos funcionarios”, al punto de comprometer recursos y bienes públicos en perjuicio de la ciudadanía. El cometido de esta prohibición abarcaría inclusive a niveles administrativos, gobernaciones y municipios bajo control del Gobierno, según ANP.

Otras fuentes destacan la persecución judicial contra periodistas, la compra de acciones de medios y la presión publicitaria ya referida, mediante el uso de “capitales que nadie sabe de dónde salen…”, sin dejar de considerar que estas acciones han dejado sin trabajo a algunos periodistas, entre los que se cuenta a Amalia Pando, Enrique Salazar y John Arandia, mientras que otros como Humberto Vacaflor son sometidos a procedimientos ajenos a la Ley de Imprenta. En estos planes lo menos que se logra es la autocensura ante las amenazas a los colegas de prensa y la persecución a toda forma de fiscalización y oposición.

Fuente: El Diario, 18.9.16

En defensa de la profesión

Hoy, ser periodista parece una amenaza para el Gobierno que se dice ser del “cambio”. Las autoridades esperarían que los periodistas sigan una línea moderada y cautelosa, de solo repetir lo que dicen y hacen en su gestión, y que no se refieran a hechos que son ocasionados por los mismos gobernantes y militantes del MAS, cuando sus funciones son, en verdad, hacer cobertura informativa, además de comentar y editorializar las noticias en la misión de orientar, generar opinión pública y ejercer el rol de “fiscalizador” de la cosa pública.

El periodista que ejerce su función en el marco del Código de Ética es blanco de ataques del presidente Morales y de las autoridades gubernamentales, que permanentemente se refieren de manera despectiva cuando se dirigen a la labor de los periodistas que recogen información, opinan y asumen una posición ante los hechos, pero que también destapan y dan a conocer hechos de corrupción, con las garantías que les otorga la libertad de expresión reconocida e incorporada en la Constitución Política del Estado como un derecho universal.

Recordemos que de los periodistas ya se dijo que son “pollos de granja”, “vuvuzelas” que repiten como loros lo que dicen sus fuentes de información, que son “aliados de la oposición”, “agentes del imperio”, unos “bufones a sueldo y que cobran un plato de lenteja de Estados Unidos”, “cárteles de la mentira”. El Vicepresidente aconsejó que no se deba estudiar periodismo, ratificado por el presidente Morales en Bulo Bulo a un grupo de estudiantes que asistieron a la inauguración de la planta petrolera, a quienes pidió estudiar carreras petroleras y no así “periodismo”.

Esta actitud de las autoridades de gobierno de atacar permanentemente a los periodistas y los medios constituye un atentado a la libertad de expresión, que no sólo está vigente para los periodistas, sino que se hace también extensiva a la ciudadanía en general, que garantiza el derecho a manifestar las ideas, la posición política e ideológica en el marco del pluralismo, la democracia y el respeto de los derechos humanos. Este derecho actualmente se encuentra amenazado y en riesgo por la imposición de una suerte de censura y autocensura.

Decir que no estudien periodismo es otro atentado a la libertad de elegir la profesión que uno quiera, en función de la vocación y del interés que tiene de formarse en una disciplina. Ni los padres de familia intervienen en la decisión que asumen sus hijos, salvo sugerencias, orientación, menos una autoridad de gobierno que no tiene estudios ni profesión, que no le gusta leer libros y que agradece no haber pasado por las aulas de la universidad. La elección de la profesión depende de cada uno, desde sus habilidades y destrezas, del interés y la motivación para desarrollarse como persona y profesional que aporta al desarrollo del país y el periodismo es una más de las profesiones que contribuyen a ese fin.

El periodista que desarrolla su trabajo sobre la base del Código de Ética, que enaltece los valores de la verdad, responsabilidad, libertad, honestidad, mesura, lealtad, defensa de la democracia, defensa de la libertad de expresión y de los derechos humanos, correrá siempre el riesgo de ser tildado como opositor o agente del imperio. Pero curiosamente, el Gobierno no dice nada de aquellos periodistas que trabajan en medios gubernamentales y que se dicen ser “periodistas estatales” y que reciben publicidad y propaganda a borbotones y que se parcializan, sesgan la información, no dan la voz a la contraparte y que además editorializan las noticias asumiendo posición para favorecer la estructura de poder del que reciben favores y beneficios. Una relación y trato discriminativo a un mismo gremio que debe aportar con información que contribuya a generar conciencia en el buen uso de la cosa pública de parte de nuestros gobernantes.

Fuente: Los Tiempos, 17.9.16 por Constantino Rojas, periodista y docente universitario.

Renovamos nuestro compromiso de servir

Editorial

Frente a desafíos como el tecnológico y las presiones del poder, ratificamos la vigencia de los principios que nos han guiado desde nuestra fundación y nuestro compromiso de seguir buscando apasionadamente la verdad

El 16 de septiembre de 1943, salía a las calles de Cochabamba el primer número de Los Tiempos, el periódico que con el correr de los años y dada la fuerza de los principios que guiaron a sus creadores para ofrecer una información amplia y respaldada, y una opinión plural, se ha ido convirtiendo en el periódico preferido de este departamento y referente del periodismo nacional.

En el transcurso de estos 73 años, fueron muchos los avatares que se tuvo que enfrentar. Casi desde su fundación, la vocación por buscar la verdad y difundirla hizo que nuestros fundadores, directores y los sucesivos equipos de redacción sufrieran el acoso de una dura represión, que se tradujo en confinamientos, arrestos y cierres. De hecho, en 1953, por acción de grupos radicalizados de universitarios y militantes del entonces partido de Gobierno, el MNR, fueron asaltadas sus instalaciones, provocando su cierre.

Pero, con tesón y el apoyo de la ciudadanía, Los Tiempos retornó a las calles de Cochabamba el 19 de julio de 1967.

Con capacidad para adecuarse a las circunstancias concretas, sin dejar de lado sus principios, Los Tiempos ha ido reflejando día a día la historia del país y de nuestra región, tarea que, como es usual, le granjeó el apoyo decidido de Cochabamba, pero también provocó la ira de los poderosos que, pese a utilizar diversas formas de presión, no han logrado, ni lo harán, desviarnos de nuestro compromiso de informar a la ciudadanía con responsabilidad.

Como en toda obra humana, a lo largo de nuestra historia hemos cometido muchos errores, pero, cumpliendo uno de los principios que nos guían, siempre hemos rectificado cuando se comprobó el error. Ello, porque nuestro objetivo central es informar en forma correcta a nuestros lectores, hombres y mujeres.

Actualmente, estamos atravesando una etapa compleja por la acción del Gobierno, cuyos operadores ven a los medios en general como parte de su oposición. Se trata, sin duda, de un craso error, pues, por un lado, no comprenden que hacer un periodismo independiente y responsable es parte indisoluble del sistema democrático y, por el otro, que ese tipo de periodismo les es más útil que uno sumiso. Esta falta de comprensión hace que seamos objeto de permanentes ataques y, por si fuera poco, de un acoso económico que, sin embargo, termina afectando más al Gobierno.

Desde otra perspectiva, este año también hemos celebrado nuestro ingreso, hace 20 años, a la era digital. Los Tiempos fue el primer periódico del país que tuvo una página digital y, desde entonces, hemos realizado esfuerzos por estar a tono con la tecnología de punta. Esto, sin duda, requiere de grandes esfuerzos pues exigen adecuarnos creativamente a las nuevas formas de comunicación que tiene la sociedad.

En ese contexto, frente a desafíos como el tecnológico y las presiones del poder, en este aniversario queremos ratificar la vigencia de los principios democráticos que nos han guiado desde nuestra fundación y, por otra parte, renovar nuestro compromiso de seguir buscando apasionadamente la verdad y defender el pluralismo político en nuestra página de opinión. Es decir, mantener profundizar las características que han convertido a Los Tiempos en el periódico de Cochabamba.

Fuente: Los Tiempos, 16.9.16

La APLP rechaza declaraciones de Quintana sobre periodistas

La Asociación de Periodistas de La Paz (APLP) expresó ayer su “total rechazo” a las  declaraciones del ministro de la Presidencia Juan Ramón Quintana, quien el fin de semana acusó a los trabajadores de la prensa y medios de ser “bufones a sueldo” y “que viven a costilla del imperio”.

“Expresamos nuestro total rechazo a las declaraciones emitidas que denotan una falta de respeto a ciudadanas y ciudadanos que trabajan en medios de información, cumpliendo tareas que tienen como único fin informar a la sociedad con ética y veracidad”, señala el comunicado de la organización de periodistas.

El texto agrega que  “las acusaciones” de Quintana “son infundadas y carentes de verdad”.

El  sábado, el  Ministro de la Presidencia  se estrelló otra vez contra algunos medios  y periodistas. “Los periodistas pro imperiales han vivido a costillas de la platita del imperio. El pueblo boliviano vive gracias a su trabajo digno y sacrificado. No le debemos nada al imperio y como no le debemos nada no nos vamos a someter, como estos bufones a sueldo que los tenemos en algunos medios de comunicación y que tratan de dañar la credibilidad y el liderazgo del presidente Evo Morales”, dijo en un conversatorio sobre el libro Bolivia Leaks, en el auditorio de radio San Gabriel en la ciudad de El Alto.

Quintana, fiel a su estilo, no cejó en poner etiquetas a los trabajadores de la prensa a quienes en más de una ocasión  tildó de ser enemigos del Gobierno. Al finalizar su discurso, en el conversatorio en El Alto, dijo que el Gobierno no se dejará intimidar por el “cártel de la mentira que todos los días le miente al pueblo boliviano para cobrar su plato de lentejas en la Embajada de EEUU”.

La APLP, mediante su comunicado, instó “a todas las autoridades del Estado a presentar pruebas fehacientes de sus acusaciones contra periodistas y medios de comunicación para demostrar el supuesto caso de desestabilización al actual Gobierno, protagonizado por periodistas profesionales en el ejercicio”.

La pasada semana, Quintana tildó a Página Siete de “polilla sin sangre” y de tener una “huella digital” en la muerte del viceministro de Régimen Interior, Rodolfo Illanes, quien fue asesinado en Panduro por una turba de mineros cooperativistas, otrora aliados del Gobierno.

Fuente: Página siete, 15.9.16

Los medios y la democracia

El reciente “golpe institucional” en Brasil no podría comprenderse sin el protagonismo que en ese escenario tuvieron las grandes corporaciones mediáticas. De tanto afirmarlo, lo antes dicho se ha convertido en un lugar casi común y, por este mismo motivo, se corre el riesgo de desestimar la importancia que ello tiene para el ejercicio de la ciudadanía, para la libertad y para la democracia misma como sistema que busca hacer de la representación ciudadana la garantía de la igualdad de derechos. Lo cierto, lo real, lo concreto es que en Brasil los parlamentarios destituyeron, sin motivos fundados, a la Presidenta que había sido elegida por 54 millones de brasileños. Y para hacerlo contaron con la complicidad de los medios más poderosos que trabajaron el tema, construyeron sentidos, en algunos casos falsearon información y, por supuesto, jugaron sus propios intereses.

Lo ocurrido en Brasil ahora no hace sino poner en situación una realidad que atraviesa toda la región y que se ha repetido en varios países, apenas con diferencias menores y que vuelve a poner sobre la mesa del debate el papel de los medios y de los periodistas en democracia. Y abre nuevamente la posibilidad de pensar el asunto en Argentina.

El colombiano Omar Rincón, uno de los estudiosos latinoamericanos de la comunicación que más se ha dedicado al tema, en varios de sus escritos sostiene que “la democracia ha devenido una batalla mediática” y que “los medios de comunicación son la cancha donde se está jugando la democracia en América Latina”, para agregar en otro momento que “medios de comunicación y gobiernos luchan por el amor del pueblo” porque “los medios se retiraron de su rol de contrapoder y se asumieron como actores políticos; creyeron tanto en sí mismos que decidieron que con base en su poder moral y su tradición liberal y su libertad de expresión tenían derecho a juzgar, condenar, absolver, ordenar o gobernar”.

Son frases de distintos textos del pensador colombiano que todas juntas sirven para describir un proceso al que asistimos en todo el continente.

Manuel Chaparro, periodista español y doctor en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, completa el panorama anterior advirtiendo “que la ciudadanía tenga que estar en silencio en una democracia es no sólo perjudicial sino peligroso” y “que los medios definan e interpreten el sentir, la inquietud y el deseo de los ciudadanos en función de intereses propios ocultos es desestabilizador”.

Y agrega el propio Chaparro que “la comunicación debe promover como objetivo el empoderamiento de la sociedad civil, su capacidad de respuesta crítica, su participación desde el manejo de una información comprometida con la verdad. La información en los medios de masas debe responder a la necesidad de facilitar claves para comprender la realidad. Responder a los desafíos y los problemas no es posible sin un sistema de información y comunicación verdaderamente democráticos”.

Entonces ¿cuál es el papel que los medios de comunicación y los periodistas pueden y deben jugar en el sistema democrático?

Las respuestas están en las afirmaciones de Chaparro señaladas líneas más arriba.

– Empoderamiento, participación y respuesta crítica de los actores de la sociedad civil a partir del manejo de información veraz, plural y diversa, en fuentes, en argumentos, en vocerías.

– Colaboración en ofrecer claves de lectura para la interpretación de lo real, para comprender las situaciones de la vida cotidiana. Claves de lectura que deben entenderse como herramientas para interpretar y no como anteojos o recetas fijas y predeterminadas.

En definitiva: un ejercicio pleno del derecho a la comunicación, en el que los periodistas, los comunicadores en general, profundicen su tarea de facilitar el diálogo público en el espacio público, como profesionales pero también como actores comprometidos de una sociedad democrática que necesita del aporte de cada uno y de cada una para seguir construyéndose y consolidándose.

Y tal como lo viene sosteniendo en sus diversos pronunciamientos en la Argentina la Coalición por una Comunicación Democrática (CCD), garantizar lo anterior no puede ser apenas una decisión individual de los dueños de los medios o de los periodistas, sino que por tratarse de una cuestión que atañe a los derechos del conjunto de la ciudadanía, corresponde al Estado tener una participación activa y positiva para garantizar tales derechos. El debate sobre la nueva ley de comunicación que el gobierno dice impulsar genera una nueva oportunidad para que así sea, siempre y cuando los representantes abran sus oídos a la escucha de los diferentes actores involucrados.

Fuente: Página12, 14.9.16 por Washington Uranga, periodista uruguayo

Periodismo en España: presiones sobre contenidos políticos

Un estudio titulado “Percepciones políticas, económicas y organizacionales de los periodistas. Una amenaza para la libertad de prensa”, dirigido por Cristóbal Crespo y llevado a cabo en la Escuela de Comunicación de la Universidad de Amsterdam revela que la ideología del periodista no resulta relevante a la hora de que éstos reciban presiones políticas, económicas, o de la propia organización, que limitan la libertad periodística.

El estudio señala “que los periodistas españoles están sometidos a una gran presión política debido a la cantidad de información política existente y cuyos políticos intentan controlar para cumplir sus expectativas. Así como a una gran presión económica, debido a que los medios normalmente no generan ingresos suficientes para subsistir por su cuenta, y esto provoca que se produzca una reducción de la calidad del contenido, y guía a los periodistas a evitar publicar determinado contenido para no ahuyentar a posibles anunciantes. En relación a las presiones que la organización somete a los periodistas, se ha encontrado que la organización posee una estructura dominante, y que los periodistas están sometidos a los objetivos de la organización, a las rutinas y a la influencia de dueños y editores.”

Estas conclusiones se deducen de una encuesta dirigida a más de 500 periodistas españoles, que trabajan en medios de ámbito regional y nacional. La edad media de los periodistas participantes en el estudio ha sido de 53,19 años, y con una amplia representación de periodistas de diversos medios.”

Merece destacarse “que un 76,5 % de los periodistas ha afirmado haber recibido alguna vez presiones políticas. Un 92,2 % afirman haber recibido influencias directas de sus dueños a la hora de publicar cierto contenido, y un 88,5 % afirma percibir las influencias de las expectativas económicas del medio como una influencia económica que limita su libertad de prensa. También, un 52,9 % de los periodistas considera que su congruencia ideológica está alejada 2 puntos o más en el espectro ideológico, respecto al medio para el que trabajan.

Tambien señala que “los periodistas con contrato indefinido perciben una mayor libertad de prensa y menos presiones externas e internas” y que “las mujeres periodistas, reciben más influencias económicas y de su organización que un periodista del género opuesto.”

Fuente: Periodistas en español, 14.9.16

Los elementos del periodismo

Es mejor empezar por algunos ejemplos.

Cuando George Clooney estrenó en España Buenas noches y buena suerte, en la que encarnaba al periodista que se enfrentó a McCarthy, apareció en EL PAÍS un reportaje en el que otros periodistas españoles, de distintos medios, explicaban el papel que les correspondía a los informadores en situaciones como la provocada por aquel látigo de las libertades en los Estados Unidos de la Guerra Fría.

Un periódico digital publicó enseguida una información en la que denunciaba el reportaje porque en él solo aparecían periodistas del Grupo PRISA, editor de este diario. En el reportaje aparecía únicamente Iñaki Gabilondo, que entonces dirigía el informativo más importante de Cuatro, y prolongaba allí una carrera impresionante en el oficio. El resto de los entrevistados eran tres periodistas de Atresmedia, dos de Televisión Española, dos de Telecinco y uno de TV3. El periódico digital recibió una llamada de protesta de EL PAÍS. El director de ese medio digital dijo para empezar que la protesta no respondía a la realidad, pero fue leyendo, mientras conversaba, lo que él mismo había decidido publicar. Al acabar dijo: “Es verdad, hemos manipulado. Pero no vamos a rectificar. ¿Quieres que te hagamos una entrevista?”.

Años antes, un periodista de larga data concluía en el desaparecido Diario 16 una serie contra periodistas de este grupo, con los que él había compartido, entre otras, la aventura profesional de poner en marcha este diario. El compañero que fue zaherido, como los demás, en último término, pidió el consejo judicial. El juez dijo: “Es mejor que no hagas nada. Estarás años litigando y mientras tanto te seguirán dando estopa”.

Un tercer ejemplo. La reciente publicación de los llamados papeles de Panamá desató tuits y retuits de toda laya por parte de medios que de ninguna manera podían tener acceso a los papeles propiamente dichos; la urgencia con la que aceptaron como válidos los datos, así como la prolongación, en forma de opinión, de los mismos, sugería la posibilidad cierta de que lo hacían no sólo para subirse al carro de lo que publicaban otros sino porque así ampliaban la difusión de su marca. En un momento determinado, como si hubiera sufrido un espasmo, la información dejó de ser relevante en los medios, madre de la citada exclusiva. Nadie ha explicado en esos medios, y tampoco en los medios nodriza, a qué se debió el súbito black out. Como esas empresas tampoco han hecho transparentes las causas, nadie ha podido comprobar la razón por la que de pronto les pudo asustar la revelación que los dejó mudos.

Hace tres años, la periodista Almudena Ariza, de Televisión Española, recibió todo tipo de insultos por parte de un documentalista que se sintió malherido porque Ariza no usó material suyo para una determinada información. Los insultos fueron recreados en la Red por desaprensivos que, como los que copiaron los papeles de Panamá, consideraron que no era imprescindible comprobar el género que compraban con tanto entusiasmo.

El insulto no es lícito, decía la sentencia que compensó a Almudena Ariza. En periodismo tampoco es lícito el rumor, y por supuesto no es profesional dar curso a supuestas informaciones que no se han comprobado. El mundo digital se ampara en la amplitud de la Red, que abre sitio para todo, y en la impunidad de Twitter y de otras redes sociales. El periodismo (y no sólo el de la Red) se ha contaminado de ese conjunto de impunidades y hay muy pocas personas o entidades perjudicadas que hayan tenido el arrojo y la paciencia de Almudena Ariza para imponerse en contra de la vejación que ha sufrido.

El periodismo está siendo contaminado por la opinión y, en gran medida, por el insulto disfrazado de opinión. Hechos irrelevantes no confirmados, por irrelevantes, adquieren forma de grandes escándalos en medios que no tienen el pudor de poner sus propios datos en el espejo del interés público. Herir por herir, porque al enemigo hay que ahogarlo con agua sucia. The New York Times ha tenido que advertir a sus periodistas de que la opinión (la Opinión) tiene su sitio en el periódico, y no es en la información. En España la opinión está en todas partes; y muchas veces la información que se da es pura opinión contra aquellos cuyo mal se desea.

Bill Kovach y Tom Rosenstiel, dos grandes estudiosos del oficio, publicaron a principios de siglo sus conclusiones de una investigación que diera de sí un código de los elementos esenciales del periodismo (Elementos del periodismo, 2003, publicado en España en 2012). Estos son los puntos derivados de su investigación: “1. La primera obligación del periodismo es la verdad. 2. Debe lealtad a todos los ciudadanos. 3. Su esencia es la disciplina de verificación. 4. Debe mantener su independencia con respecto a aquellos de quienes informa. 5. Debe ejercer un control independiente del poder. 6. Debe ofrecer un foro público para la crítica y el comentario. 7. Debe esforzarse por que el significante sea sugerente y relevante. 8. Las noticias deben ser exhaustivas y proporcionadas. 9. Debe respetar la conciencia profesional de sus profesionales”.

La facilidad con la que hoy se disparan rumores, conclusiones precipitadas, insultos y acosos a los medios o a aquellos que no son de la cuerda de los que se sienten en posesión de la verdad genera, por desgracia, esa sensación de que el periodismo es otra cosa, un grito, un insulto o un puñetazo. Y no es otra cosa. Sigue siendo aquello que definía Eugenio Scalfari: “Periodismo es gente que le dice a la gente lo que le pasa a la gente”. Nos están vendiendo una mercancía averiada, y además el público la está comprando gratis, porque no sólo es gratuita sino porque están haciendo que no valga nada.

Fuente: El País, 13.9.16 por Juan Cruz, periodista español

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