Dictadura, periodismo y democracia

Los dictadores le temen al periodismo como Drácula a La Cruz, y este miedo los hace cometer todo tipo de tropelías contra ellos, sin entender que la valentía es invencible

Este artículo fue inspirado en la valentía de un columnista llamado Andrés Gomez Vela, especialmente por el artículo titulado: El blef del control entre cocaleros y el sospechoso “volteador”.

¡Cuán grande es la importancia del periodismo en el combate a las dictaduras formales o disfrazadas! ¡Cuán grande es la importancia del periodismo en el sostenimiento y mejoramiento de las democracias verdaderas! ¡Cuán grande es la importancia del periodismo en el combate a la corrupción pública y los abusos de poder! En el mundo moderno no es concebible una democracia sin un periodismo libre.

Directores de medios, editores, periodistas, editorialista y columnistas, juegan un papel invalorable en la información y orientación de la opinión pública. Es en estos espacios; hoy ampliados a las redes sociales, donde se expresan las ideas y se realizan los debates, la confrontación siempre esclarecedora de tesis y de antítesis. En ellos se materializa la tan preciada libertad de expresión.

Los filósofos de la Ilustración comprendieron en, el siglo XVIII, que: “la posibilidad del disenso fomenta el avance de las artes, las ciencias y la auténtica participación política”.

A mediados del siglo XX la libertad de expresión fue reconocida como un derecho humano. En el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos; que siempre es grato recordar, expresa: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.

Da mucha rabia ver como en el Tercer Milenio este Derecho Humano sigue siendo una utopía, para muchos países. Los dictadores le temen al periodismo como Drácula a La Cruz, y este miedo los hace cometer todo tipo de tropelías contra ellos, sin entender que la valentía es invencible.

Pobre del país donde la libertad de expresión deja de ser un elemental derecho humano, para transformarse en un acto de valentía.

Fuente: Los Tiempos, 13.9.16 por Jimmy Ortiz Saucedo, abogado

La ruta del dragón chino activa el periodismo de investigación

“El periodismo de investigación es a la vez un desafío frente al poder y un riesgo para quienes lo ejercen (…) La ruta del dragón chino nos permite despejar las cortinas de humo y ver lo que se esconde detrás”, señaló  el periodista y escritor Alfonso Gumucio Dagron.

Gumucio fue uno de los comentaristas en la presentación del libro La ruta del dragón chino: el caso CAMC del equipo de investigación de Página Siete, conformado por Carla Hannover, Manuel Filomeno y Pablo Peralta. En el acto realizado el sábado por la noche en la sala Emma Villazón de la FIL 2016 participaron -además de los autores- el experto en hidrocarburos, Hugo del Granado, y el director de Página Siete, Juan Carlos Salazar.

“Página Siete emprendió en marzo de 2016 un trabajo de investigación para conocer en detalle cada uno de los siete contratos que el Estado boliviano ha suscrito con la empresa china CAMC”, explicó Salazar. La investigación se tradujo en la publicación de cinco dossiers, que ahora han sido publicados en formato libro.

Durante cinco meses, explicó Salazar, Página Siete analizó siete contratos que CAMC suscribió con YPFB (2009), con la empresa azucarera Sanbuenaventura (2012), con el Ministerio de Obras Públicas (2013),  con la empresa pública Misicuni (2014) y con la Gerencia Nacional de Recursos Evaporíticos (2015).

En cada caso, el equipo de Página Siete acudió a documentos oficiales, visitó cada una de las obras y entrevistó a los responsables de cada entidad pública. Además solicitó la opinión de expertos. Muchos funcionarios se negaron a absolver las dudas y responder a las preguntas de los periodistas, señaló Salazar.

Luego de revisar los contratos, los investigadores encontraron una serie de irregularidades, tanto en las adjudicaciones como en la ejecución de los proyectos, detallados en las conclusiones del libro. “Al final del trabajo, el lector encontrará las conclusiones de la investigación que muestran la existencia de aspectos que todavía deberán ser investigados y esclarecidos”, afirmó Salazar.

Carla Hannover, en representación del equipo de investigación,  explicó que el principal desafío consistió en dar un equilibrio a las notas, sobre todo, en un momento en el que se maneja un discurso polarizado, como el actual. Asimismo, se refirió a la dificultad de obtener las contrapartes.

“Lamentablemente en la mayoría de los casos, los responsables optaron por  no hablar del tema”, indicó. “(Pero) es importante resaltar que en el caso de los contratos firmados con la empresa Misicuni y con la empresa azucarera Sanbuenaventura se accedió a las respectivas contrapartes, algo que agradecemos”, aclaró.

Gumucio señaló que es difícil hacer periodismo de investigación cuando un gobierno no es transparente. Pero también afirmó que ésto lo hace más desafiante. “(El periodista) puede seguir pistas casi secretas y revelar lo que unos quieren ocultar y otros quieren conocer -dijo-  Hacer periodismo de investigación en Bolivia es como rastrear las huellas de un ave en el cielo; no es nada fácil”.

En el país, aún es más difícil porque los periodistas no están formados en esa línea. “Tengo ganas de decir que no están formados ‘a secas’”, señaló Gumucio, al explicar que incluso muchos profesionales carecen de cultura general. Otra dificultad estriba en que los medios de comunicación  no cuentan con recursos para apoyar investigaciones de larga duración.

Por todo lo referido, ponderó la labor del equipo de investigación de Página Siete. “Éste es un gran logro en un país en el que el periodismo se ha convertido en una mera reproducción de boletines oficiales y copiado de noticias de internet, muchas veces sin siquiera citar la fuente”.

“El análisis realizado por los periodistas Carla Hannover, Manuel Filomeno y Pablo Peralta nos permite despejar las cortinas de humo y ver lo que se esconde detrás. Es importante que se haya reunido en un solo libro las cinco separatas – señaló- Ahora tenemos un documento consolidado que nos ofrece la foto completa”.

Asimismo, del Granado se refirió al valor histórico del libro. “Los artículos que uno escribe, incluso los dossiers son muy volátiles. El hecho de hacer que esto sea plasmado y concretado en un libro es para quedar en la historia”, señaló.

Para este experto, el libro sirve además para agrupar factores comunes en los contratos analizados: la falta de documentación, las modificaciones de los contratos, los atrasos y los incumplimientos.

“Lo que nos deja el libro es una tarea, porque los proyectos no están terminados (…) Todavía hay mucha tela para cortar, mucho trabajo por investigar. Ojalá se pueda hacer un seguimiento de todos estos proyectos”, concluyó del Granado.

La representante del equipo admitió que ésto es posible. “Me animo a decir que La ruta del dragón chino es una muestra de que la investigación periodística es posible en Bolivia”, señaló. Ello, claro, con el impulso de las direcciones de los medios de comunicación “como parte de un compromiso en la búsqueda de la transparencia”.

Fuente: Página siete, 12.9.16 por Gonzalo Díaz Díaz de Oropeza, periodista boliviano

¿Existen aún las redacciones?

Todo tiempo pasado no fue necesariamente mejor, ni peor, sino distinto. Marx dijo aquello de que la historia se repite pero en clave de farsa, pero no era más que una ingeniosidad; las cosas no se repiten y las redacciones, menos. Tanto, que el concepto histórico de redacción como alma mater, casa-cuartel y escuela de formación profesional sin desaparecer del todo, sí que se ha diluido. La redacción ha emigrado al éter, ya no es el cenáculo que te acunaba y abroncaba, y el periodista transporta en sus metafóricas alforjas una idea o mejor una práctica de redacción allí donde vaya. No solo puede trabajar en casa, lo que ya era común desde hace años, sino que con el smartphone accede a donde sea preciso en una variedad de plataformas, para hacer directamente el periódico.

En las redacciones más modernas el plumilla y el fotero necesitan adquirir nuevas destrezas, como estar permanentemente atentos a las redes sociales a título de buscadores o exploradores de todo aquello que ahora se llama viral; los analistas valoran al día, al minuto, si se cumplen los objetivos de visitación exterior de los diversos productos de la casa al tiempo que la publicación se instala con texto, vídeo, tertulia o análisis en las redes, incluso antes de decidir qué, cómo y cuándo, si ese es el caso, encuentre acomodo en la web del periódico, no digamos ya si llega hasta las venerables páginas del impreso. Y no hace falta decir que el periodista clásico ha tenido que hacerse de unos conocimientos de informática aplicada, con los que no hace tantos años ni se soñaba.

El lugar físico que llamamos redacción, continúa, con todo, existiendo y aunque no está prohibido que el ser humano se siga dirigiendo la palabra, la necesidad del contacto en reuniones, congregaciones y comparecencias personales se ha reducido hasta lo mínimo. Todo se puede hacer más rápida y eficazmente por la comunicación inalámbrica de forma que planes, sugerencias, hasta debates se desarrollan en zonas y formas predeterminadas del uso de Internet. El Slack está ahí para eso, un foro permanente, general, seccional o del ámbito que se le asigne, para que quien corresponda sepa todo, discuta todo, decida todo.

Se trata de la peligrosa inercia de creer que todo está y se puede hacer sin salir de Internet

Pero esa nueva realidad no deja de encerrar peligros que las mejores redacciones deben saber conjurar. Se trata de la peligrosa inercia de creer que todo está y se puede hacer sin salir de Internet, lo que es terriblemente cierto, pero con una trampa añadida, que sería especialmente dañina para el gran periodismo que nos queda, el de investigación, que ha de facilitar el valor añadido de lo propio porque lo que sabe todo el mundo, dan las agencias, repiquetean los medios audiovisuales, y se acepta prima facie, es material de segunda mano. Lo propio, que es la materia prima natural del periodismo de investigación, tiene un componente que todo el océano electromagnético no necesariamente posee: la persona, el momento, la palabra, el gesto, la figuración de lo que está pasando. Tocar humanidad sigue siendo imprescindible y hay que felicitarse de que las ondas nos faciliten mensajes de a dónde ir, a quién preguntar, qué hay que ver para describir e interpretar. Esa es la parte que nos remite a nuestra propia historia periodística, no porque sea idéntica a cómo lo hicimos en el pasado, sino porque es lo que los ingleses llaman la extra mile, el paso —o los pasos— que hay que saber dar para ofrecer al consumidor, o usuario o navegante o visitante, algo de nosotros mismos.

Está de moda hablar de periodismo digital como si fuera un contenedor aparte, hecho de efluvios intangibles, y aunque periódicos digitales sí que es evidente que los hay, me permito creer que la justificación histórica de nuestro trabajo sigue siendo la misma: el periodismo, aunque sea con redacciones ultramodernas y diferentes, es la técnica o el oficio de la cultura con la que se trata de explicar al público por qué pasan las cosas que pasan.

Fuente: El País, 10.9.16 por M.A. Bastenier, periodista español

Sin derecho al olvido

Vivimos tiempos de peligro, cuando en muchos casos, la historia se pretende olvidar con el mismo “bo­rrón y cuenta nueva” usado por oportunistas y revisionistas al desintegrarse la Unión Soviética y colapsar el llamado socialismo europeo

Con aquellos cantos de sirena pro capitalistas, también se fueron bo­rrando historias de grandes hombres y conmemoraciones de alta valía.

El periodismo no quedó al margen de esas aberraciones y la figura del periodista checo Julius Fucik, por solo citar un ejemplo, poco se recuerda o peor aún, su histórico Reportaje al pie de la horca, tal vez no constituya material de estudio de la llamada Academia de muchos países, de donde egresan los profesionales de la prensa.

En su último párrafo, el citado Reportaje dice:

“Vaya, también mi obra se aproxima a su fin. No puedo describirlo. No lo conozco. Ya no es una obra. Es la vida.

Y en la vida no hay espectadores.

El telón se levanta.

Hombres: os he amado. ¡Estad alerta!

Julius Fucik. 9-6-1943”

En 167 tiritas de papel higiénico llegadas a la celda 267 de la cárcel de Praga, Fucik redactó y pudo hacer que se sacara del lugar, su Reportaje que lo inmortalizó.

¡Estad alertas!, ese  es el llamado que no debemos olvidar hoy, por cuanto el mensaje contiene, por sí solo, el sentimiento de un ser humano sometido a las más crueles torturas, que no vaciló en advertir a la humanidad lo que se avecinaba tras la avalancha fascista que estremecía a Europa.

Había nacido el 23 de febrero de 1903 en el seno de una familia obrera. Estudió filosofía en la Universidad de Pilsen.

Como periodista, crítico literario y teatral, alcanzó re­lieve, antes de que se convirtiera en redactor de publicaciones comunistas como Rude Pravo y Tvorba. Fue miembro del Comité Central del Partido Comunista de Checoslo­vaquia.

Durante la ocupación nazi publicó con un seudónimo hasta abril de 1942 cuando fue detenido por la Gestapo, llevado hasta la cárcel de Pankrac, en Praga, y torturado salvajemente. En el verano de 1943 fue enviado a Alemania y asesinado en la prisión Plötzensee de Berlín.

Por su Reportaje, Fucik fue ga­lardonado en 1950, a título póstumo, con el Premio Internacional de la Paz. La Organización Inter­na­cio­nal de Periodistas (OIP) tuvo como su máxima distinción la Medalla de Honor Julius Fucik.

El poeta chileno, Pablo Neruda dedicó a Fucik una de sus obras literarias:

“Por las calles de Praga en invierno, cada día

Pasé junto a los muros de la casa de piedra

En que fue torturado Julius Fucik.

La casa no dice nada: piedra color de invierno,

Barras de hierro, ventanas sordas.

Pero cada día que pasé por allí

Miré, toqué los muros, busqué el eco, La palabra, la voz, la huella pura

Del héroe”.

En su Reportaje al pie de la hor­ca, compuesto por ocho capítulos, na­rra la crueldad de la tortura a un ser humano —él mismo— a la vez que piensa y escribe sobre lo que a esas horas estaría pasando fuera de aquel macabro recinto.

Comienza el relato por la noche de la captura y la primera sesión de torturas. Entre preguntas y golpes de sus captores, el periodista describe cómo caen sus dientes, mientras imagina la rutina de su ciudad, de su país, de la humanidad.

Una vez derrotado el fascismo, se eligió el día de la muerte de Fucik —un 8 de septiembre— como el Día In­ternacional del Periodista, por organizaciones y colegas progresistas del mundo, en homenaje a quien supo dar muestras de excelente profesional, buen comunista y gran hombre.

Hoy, la fecha no aparece entre las celebraciones internacionales por el Día del Periodista. Tampoco se ha­bla mucho o se enseña sobre la figura de Julius Fucik, y su Re­portaje al pie de la horca, y que la historia del presente y el futuro debe tener en cuenta.

Y, aunque en algún lugar de este mundo, hasta su nombre haya de­saparecido de plazas y sus monumentos derribados; sería imperdonable que las actuales y venideras generaciones de periodistas no ten­gan entre sus paradigmas al autor del Reportaje al pie de la horca.

Estamos a tiempo de salvar ese des­liz histórico. Hagámoslo. ¡Es­te­mos alertas!, como el propio periodista-héroe nos pidió.

Fuente: Granma, 8.9.16 por Elson Concepción Pérez, periodista cubano

Sí, las noticias pueden sobrevivir a la muerte de los diarios de papel

Un día, dentro de muchas décadas, cuando tus nietos te pregunten: “Abuela, ¿qué era un periódico?”, podrás hablarles del martes 6 de septiembre de 2016, porque este bien podría ser el día en que los periódicos estadounidenses tal como los conocíamos salieron de terapia intensiva y llegaron al área de cuidados paliativos en su camino hacia el más allá.

La Newspaper Association of America, el organismo gremial que ha representado los intereses de una u otra manera de los editores de los principales diarios desde 1887, sacará de su nombre la misma palabra que la definía: newspaper (periódico).

Ahora el grupo se llamará News Media Alliance (Alianza de Medios Noticiosos).

Hay una razón obvia detrás del cambio: la cantidad de diarios continúa disminuyendo, lo que ha reducido el número de miembros de la asociación (de una cantidad aproximada de 2700, en 2008, cayó a 2000, dicen sus dirigentes).

Sin embargo, el problema principal, según me dijo su presidente ejecutivo, David Chavern, es que la palabra “periódico” ya no es el significante adecuado para nombrar a muchos miembros del grupo, incluyendo The Washington Post, The New York Times y Dow Jones. Estos miembros pueden contar con diarios impresos, pero presentan elevados porcentajes de lectores en línea. De hecho, en la actualidad ni siquiera se puede hablar exclusivamente de “lectores”, cuando hay tantos millones que son “espectadores” de videos informativos en línea.

Luego están todos esos organismos de noticias digitales que hasta ahora no podían unirse a la asociación porque no contaban con ediciones impresas, como BuzzFeed o el Independent Journal Review (este último es uno de los primeros miembros que no publica un periódico). El requisito de contar con una versión impresa era innecesario para un organismo que necesita de la mayor cantidad de miembros posible para enfrentar numerosos desafíos existenciales, tales como el bloqueo de anuncios digitales, el fraude en publicidad o los agregadores que roban material y luego lo usan para competir.

“’Periódico’ ya no es una palabra lo suficientemente amplia para describir a la industria”, mencionó Chavern. “El futuro de este sector es mucho más extenso”.

A medida que el dinero por publicidad —que durante mucho tiempo financió el periodismo— se esfuma en el éter electrónico, no se sabe con certeza si los mejores servicios que los periódicos proporcionaban —obligar a los funcionarios a que dieran explicaciones, arrancar de raíz la corrupción— seguirán con vida.

En todo caso, la “eficiencia” actual podría hacer regresar a los lectores debido al bombardeo de noticias sin sentido o, en el peor de los casos, de desinformación. Solo hay que ver lo que sucedió después de que el Goliat de la transformación digital, Facebook, se deshiciera del equipo de editores que se hacía cargo del proceso de selección de sus “temas actuales”.

Al hacerlo, le dieron mayor control a un algoritmo.

Con una menor injerencia de humanos con criterio, el algoritmo promovió una noticia sobre un hombre que tenía relaciones sexuales con un sándwich McChicken, y seleccionó un reporte falso que decía que Fox News se desharía de su estrella principal, Megyn Kelly, porque se había pronunciado a favor de Hillary Clinton. Ella no había hecho tal cosa.

El programa de Facebook eligió esa historia falsa y la nota sobre el McChicken porque esas noticias estaban teniendo muchos clics en internet, y por lo tanto las consideró “tendencias”.

Estos ejemplos representan lo peor que puede pasar cuando las empresas de medios compiten para ofrecer a sus lectores lo que es popular (algo muy fácil de reconocer en esta era de mediciones de datos a toda hora) a expensas de lo que es verdadero o informativo.

Esto se exacerba cuando se saca del paquete a los periodistas con experiencia y criterio.

Lo ocurrido en Facebook no estuvo muy lejos de la situación apocalíptica que John Oliver mostró hace poco en su programa de HBO, Last Week Tonight.

Al hacer una parodia de la película Spotlight —sobre los reporteros del Boston Globe que revelaron abusos sexuales en la Iglesia católica—, Oliver imaginó una “red multiplataforma de distribución de contenidos” (lo que antes era un “periódico”) que soslaya un escándalo de corrupción gubernamental a favor de una nota potencialmente más popular sobre una criatura que parece al mismo tiempo un mapache y un gato: un “mapagato”.

La manera de pensar hoy en este sector es que el diario moderno (la empresa de noticias conocida antes como periódico) puede presentar tanto la nota del “mapagato” como la de la corrupción en el palacio de gobierno. Es decir, que puede conservar su misión de servicio público al mismo tiempo que ofrece artículos para generar tráfico en línea. Sin embargo, lo más seguro es que deban hacerlo con menos recursos y un equipo de reporteros más pequeño. Eso significa dejar de cubrir algunas historias, lo que en el mejor de los casos podría significar la omisión de historias de incendios que no sean letales con tal de perseguir a un pez más gordo, y en el peor significaría deshacerse del reportero a tiempo completo en el gobierno municipal.

Quienes no conocen y no aprecian a la prensa pueden decir que las empresas noticiosas se están quedando sin trabajo porque el público las está rechazando, pero no es así. A través de la publicación en internet, los periódicos están llegando a más personas que nunca.

El problema está en cómo ganar dinero. La circulación de periódicos en papel está decayendo, lo mismo que la publicidad impresa: los anuncios digitales son incluso menos redituables. El truco es encontrar una manera de compensar las ganancias perdidas.

Eso nos lleva de vuelta al punto en que comenzó esta columna. El periódico, como lo hemos conocido, está muriendo. Habrá menos razones por las que llorar, e incluso algo que celebrar, si nos damos cuenta de que tiene un alma atemporal que perdura.

Fuente: The New York Times, 8.9.16 por Jim Rutenberg, periodista norteamericano

Incidencia para la transformación

La inescindible relación entre comunicación y política atraviesa como idea fuerza central el último libro “Conocer, transformar, comunicar” (Editora Patria Grande, 2016), de Washington Uranga, docente e investigador de la comunicación.

Se trata de un trabajo que plantea una mirada comprometida de la realidad, en la que se refuerza la tesis de que el objeto de estudio de los comunicadores no son solo los medios o los productos comunicacionales, sino también, y muy especialmente, las prácticas sociales.

El análisis se ubica en la línea de pensamiento latinoamericano de investigadores de la comunicación, que ha hecho originales aportes a la disciplina, reconocidos internacionalmente. Es desde esa perspectiva que Uranga sostiene que “la comunicación se define por la acción”.

Todas las acciones propenden al cambio, porque todas pueden leerse como una perspectiva política, “si entendemos por política al proceso social que busca articular e intereses para el buen vivir”, define.

En tiempos de incertidumbres y búsquedas permanentes de pistas que orienten y le den sentido a la labor que desarrollan los actores de las organizaciones sociales, el autor entiende que la comunicación es uno de los escenarios donde se dirime la lucha política.

Es que así como no se puede imaginar la comunicación al margen de la política, tampoco es posible pensar la política sin la incidencia permanente y sistemática de los procesos comunicacionales.

Por política, advierte Uranga, no debe entenderse sólo la actividad de los partidos orientada a la toma y al ejercicio del poder, sino que además debe ser concebida desde la perspectiva amplia de la ciudadanía, como una labor cotidiana de incidencia que busca influir en el rumbo de las políticas estatales a través de organizaciones sociales.

“Todo hecho comunicativo es político porque es expresión de una toma de posición. No hay enunciación neutra”, añade. “Conocer, transformar, comunicar” desarrolla en extenso la idea de comunicación como una actividad central en las tareas de incidencia política, entendida ésta como una acción sostenida en el tiempo con objetivo de transformación social y perspectiva de derecho que busca influir y generar discusión pública sobre un tema, como una firme decisión de incidir en los procesos sociales y de construcción ciudadana hacia la concreción de una perspectiva plena de derechos. “Por eso –señala el autor– conocer, transformar y comunicar se orienta hacia la incidencia política en busca de una sociedad basada en la igualdad de derechos”.

La incidencia procura, a través de un camino integrado por distintos niveles, darle a un problema visibilidad, instalar agenda y, finamente, participar en la definición de políticas públicas.

Las políticas públicas, sostiene el autor, “deben ser el resultado de la interacción entre el Estado y la sociedad civil. Pero esa interacción es imposible sin espacios de concertación sustentados en la comunicación”.

Si la comunicación como actividad social es imprescindible para formular políticas públicas, lo es también para su implementación.

Las organizaciones sociales deben diseñar estrategias de comunicación que estén orientadas a darles, a las políticas públicas, sustento argumental, y al mismo tiempo forjar procesos a través de los cuales las políticas públicas alcancen sus objetivos.

Dice Washington Uranga que el comunicador no puede desentrañar por si solo la compleja trama de la realidad: “Toda práctica es comunicacional, pero no solamente comunicacional. La comunicación necesita, por su objeto de estudio, construirse desde la trandisciplinariedad”.

Por eso, “Conocer, transformar, comunicar” va dirigido a comunicadores, pero también a profesionales de otras disciplinas y a militantes sociales y políticos, que, en tiempos de emergencia como los que atraviesan las organizaciones de la comunidad, requieren imperiosamente de herramientas teóricas y prácticas que tornen viable la incidencia política para la transformación.

Fuente: Página12, 7.9.16 por Marcelo Gallo, argentino periodista. Secretario de Redacción y editorialista del diario El Ancasti de Catamarca. Miembro del Centro de Comunicación Rimasay.

Karina Olarte es la nueva integrante del Tribunal de Ética Periodística

Olarte comprometió en realizar todos sus esfuerzos para que el Tribunal siga cumpliendo con su tarea en procura de lograr un periodismo ético. COMPARTE:

La periodista Karina Olarte fue posesionada este martes como la nueva integrante del Tribunal Nacional de Ética Periodística, que se constituye en la máxima instancia de la autorregulación vigente en Bolivia.

Olarte asumió sus nuevas funciones en un acto realizado en instalaciones de la Asociación de Periodistas de La Paz (APLP) y su juramento estuvo a cargo del Mario Maldonado, presidente del Comité Gestor Institucional del Consejo Nacional de Ética Periodística.

La periodista se comprometió en realizar todos sus esfuerzos para que el Tribunal siga cumpliendo con su tarea en procura de lograr un periodismo ético, que responda al anhelo ciudadano de una tarea responsable en los medios.

En el acto estuvieron miembros del Cuerpo Directivo del Consejo Nacional de Ética Periodística, así como los otros cuatro miembros del Tribunal: Erick Torrico (Presidente), José Luis Aguirre (Secretario General), Erika Brockmann y Mario Saúl Andrade (vocales). Estos dos últimos representan a la sociedad civil.

Fuente: ANF, 30.8.16

Más allá de lo económico

El concepto de sustentabilidad ha sido el centro de polémicas y debates. Asociado al término desarrollo (desarrollo sustentable), siempre estuvo relacionado con la economía neoclásica y con cierta idea eurocéntrica de progreso, concebida en relación directa con nociones de industrialización y urbanización, de predominio de la técnica y de expansión tecnológica. En resumen, desarrollo y sustentabilidad están en sintonía con la aceptación plena de que el capitalismo es la única vía civilizatoria para todas las sociedades atrasadas. Aunque en ocasiones no tan infrecuentes esa idea haya terminado imponiéndose mediante la colonización del pensamiento o a través de las armas.

Por eso resulta provocador que los docentes universitarios se reúnan a considerar estrategias de sustentabilidad para sus medios de comunicación como ocurrió recientemente durante las Jornadas Universitarias La Radio del Nuevo Siglo, celebradas en la Universidad Nacional de Avellaneda.

Pero más atractivo resulta que lo hagan evitando las rejas que supone el punto de vista exclusivamente economicista, cuya voluntad reduccionista encubre manipulaciones simbólicas que malversan el análisis y sustraen de la discusión algunas de los ámbitos que la sustentabilidad pone en juego.

Porque la sustentabilidad, igual que el desarrollo, contiene dimensiones culturales, éticas, políticas y sociales y no sólo económicas. Esa inclusión es una condición insoslayable si lo que se pretende es preservar la diversidad en nuestra vida social.

A menudo la disputa sobre estos asuntos presta escasa atención al modo en que los destinatarios de la comunicación participan en su gestión y la transformación positiva de sus prácticas. Parafraseando al académico británico Michael Redclift podemos decir que, hasta que no sean incluidos en la satisfacción de sus propias aspiraciones, “el desarrollo no podrá ser nunca sostenible”.

Por consiguiente, las estrategias de sustentabilidad de medios universitarios deberían tomar en cuenta en primer lugar a sus audiencias y al conjunto de condiciones que obstaculizan su acceso a una mejor calidad de vida.

A partir de allí, la lógica del debate no puede estar presidida por la rentabilidad económica sino por la utilidad y capacidad de gratificación que alcance la producción de sentidos de esos medios.

El verdadero papel de los medios universitarios no habrá sido comprendido a cabalidad en tanto subsista el reclamo miserable de su autosuficiencia y no la demanda de un compromiso ético con la construcción de una sociedad cada vez más inclusiva, contenedora, justa, fraterna y solidaria.

Solo asumiendo esa responsabilidad será posible crear entornos de confianza que sostengan la credibilidad de esos medios y la reputación de su organización madre: la universidad.

La sustentabilidad de los medios universitarios debe descansar sobre una acción comunicativa que angoste brechas sociales y corrija las asimetrías caprichosas que dividen a las personas entre privilegiadas y desposeídas.

En tal sentido, se habrán vuelto sustentables cuando hayan contribuido a desterrar privilegios, restañar heridas sociales, restaurar la autoestima de los grupos más vulnerables, acrecentar el capital simbólico y estimular el desarrollo imaginativo de las personas y facilitar el acceso universal al disfrute de la cultura y las artes.

De lo que se trata es de alimentar cotidianamente el compromiso ético y moral de contribuir a la construcción de una sociedad cada vez más inclusiva, contenedora, justa, fraterna y solidaria.

Para que todo eso resulte posible es imprescindible abastecer presupuestariamente a los medios universitarios y abandonar la miopía mezquina de exigirles que se autofinancien.

De ese modo los protegeremos de un sistema de radiodifusión tantas veces pervertido y evitaremos que sus programaciones terminen reproduciendo las características masificantes, enmudecedoras y desestimulantes de la participación que proponen unas cuantas emisoras y muchos voceros del establishment.

Son necesidades impostergables de esta hora, en la que vivimos un fuerte retroceso de las capacidades regulatorias del Estado y de fortalecimiento paralelo de los grupos dominantes que detentan y ostentan poder o autoridad.

En circunstancias como esta que se asemejan tanto a las formas de una plutocracia, es decir de una sociedad controlada por sus miembros más ricos, los medios universitarios tienen que actuar como dique de contención a las desigualdades que el Estado no solo no corrige, sino que está potenciando.

Fuente: Página12, 31.8.16 por Ricardo Haye, argentino, docente e investigador de la Universidad Nacional del Comahue.

Los periodistas autónomos: los peligros de los freelance

Los medios de comunicación recurren cada vez más a periodistas autónomos por lo que tienen la responsabilidad de garantizarles un entorno de trabajo seguro, sobre todo cuando reportan desde zonas azotadas por la guerra, informa Valentina Ieri (IPS) desde Nueva York.

Desde la ola de levantamientos populares en Medio Oriente y el norte de África conocida como Primavera Árabe (2010-2013) y el estallido de la guerra civil de Siria (2011), las y los periodistas corren un riesgo cada vez mayor de secuestro, encarcelamiento y, en última instancia, asesinato. Esta situación afecta no solo atañe a los trabajadores individuales, sino al periodismo en términos más generales.

En febrero de 2015 varias organizaciones, como Freelance Frontline Register (FFR) y el Comité de Protección de Periodistas (CPJ, en inglés), junto con importantes organizaciones y redes de noticias, presentaron la Alianza ACOS (Una cultura de seguridad) con el fin de incorporar prácticas de seguridad en el sector informativo y brindar acceso a las herramientas que las y los periodistas autónomos requieren para informar de manera segura.

“Nos dimos cuenta de que la situación actual no era sostenible y que no era buena… para nadie”, expresó Emma Beals, periodista independiente y miembro de la dirección de FFR.

“Cuando somos autónomos todo siempre se reduce al dinero. Se pagan 10 dólares por fotos de zonas en guerra. Hay que molestar durante semanas y meses para que te paguen, o que las empresas de noticias se nieguen a pagarte el seguro”, comentó Beals en diálogo con IPS.

El pago a los periodistas independientes y locales es importante, ya que también afecta a su seguridad, según Courtney Radsch, del CPJ.

“Hay un sinfín de historias de trabajadores independientes que deben negociar para conseguir equipos de seguridad, un buen traductor o un vehículo blindado … Así que las empresas de noticias tienen la responsabilidad moral… de tratarlos de la misma manera que tratarían a su propio personal”, afirmó Radsch.

“Una remuneración justa debería tener en cuenta los costos adicionales cuando trabajas en el exterior, como la seguridad, la formación especial y los equipos. Pero si tu cliente no te paga rápidamente, entonces tienes que financiarte los gastos de antemano por tu cuenta. Esto significa que tendrás menos dinero para gastar en tu próxima nota, lo que te hace menos segura”, explicó Beals.

Otros aspectos que deben considerarse son los riesgos para acceder a la información y la asistencia jurídica y de otro tipo que se brindará cuando las cosas se complican, añadió.

En contraste con el personal fijo, que es enviado por su propio redactor, los trabajadores independientes no reciben la misma asistencia.

“Esos casos se resuelven a menudo mucho más rápido y de una manera menos estricta. Mientras que en el caso de los trabajadores independientes son la familia y los amigos que tienen que resolver qué hacer a continuación, mientras las cosas se complican rápidamente”, destacó Beals.

Más de 85 organizaciones se sumaron a la Alianza ACOS y dieron su apoyo a 14 principios de seguridad de los periodistas independientes.

“Las prácticas de seguridad son responsabilidad de todas las partes involucradas. Es importante asegurarse de que las personas puedan aplicarlas porque para algunas empresas de noticias se trata de una nueva forma de trabajar. Esto ayudará a todos con quienes trabajan, no solo a los trabajadores independientes “, subrayó Beals.

En respuesta, algunos medios de noticias decidieron dejar de aceptar contenidos independientes de lugares peligrosos y que no fueran solicitados por las empresas.

“Dado que los peligros del periodismo parecen ser superiores a los beneficios del uso del contenido independiente, muchas organizaciones de noticias, como AFP, comienzan a dejar de aceptar el material con contenido no solicitado”, según Radsch.

El objetivo de la Alianza ACOS es la creación gradual de una red de seguridad para las y los periodistas y empresas de noticias de todo el mundo, pero sobre todo en los países de gran peligro, como Afganistán, Iraq, Pakistán y Siria.

“Va a tomar tiempo y requiere un cambio cultural en el sector de los medios. Pero si se puede conseguir esas organizaciones que comenzaron a hacer esto con sus propios empleados, entonces se las puede utilizar… para defender esta idea entre sus colegas”, observó Beals.

El sector de las noticias experimentó grandes cambios en los últimos 20 años.

“No se trata solo de que las compañías de medios tradicionales, que solían tratar bien a su personal, ahora ya no lo hagan. Desde el conflicto civil de Siria las guerras son más sombrías y difíciles de cubrir, con fuertes repercusiones para la seguridad de los autónomos”, dijo Beals.

“Antes había menos periódicos, canales de televisión y revistas, y había más dinero. Ahora hay tantos medios, que quizás no tengan el mismo nivel de financiación. Por lo tanto, se puede producir una gran cantidad de material periodístico, pero no a todos se nos paga bien por él”, se quejó.

Antes “las guerras eran menos accesibles y solo los periodistas asignados y sumamente acreditados tenían la posibilidad de cruzar las líneas de combate. Pero la Primavera Árabe cambió todo eso, lo que hace que las cosas sean más accesibles”, afirmó.

Además, los cambios tecnológicos han reconfigurado las relaciones de poder tradicionales entre los periodistas y las élites políticas y económicas, aseguró Radsch.

Los periodistas ya no ocupan un lugar de privilegio dado que los poderosos pueden dirigir su mensaje directamente al público. Asimismo, hay más personas capaces de realizar actos de periodismo, a menudo sin la experiencia o la formación que alguien que trabaja para un medio de comunicación puede tener, añadió

Fuente: IPS noticias, 29.8.16

Relator de CIDH: Gobierno no debe discriminar publicidad

El Relator Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Edison Lanza, indicó que los gobiernos están obligados a no usar criterios discriminatorios para dar publicidad a medios de comunicación.

“El gobierno no está obligado a poner publicidad, lo que sí está obligado es que cuando haciendo publicidad lo haga con criterios claros y objetivos y no discriminatorios. Esa es la definición”, dijo.

Lanza visita La Paz para una conferencia sobre internet y libertad de expresión, y también para reunirse con autoridades gubernamentales y representantes de organizaciones periodísticas.

Durante la mañana este miércoles, el Relator se reunió con la ministra de Comunicación, Marianela Paco, quien denunció al supuesto “cartel de la mentira”, que según las autoridades del Órgano Ejecutivo  es un grupo de medios que están contra el Gobierno.

Consultado sobre los ataques de funcionarios públicos contra medios, como con la acusación del “cartel de la mentira”, Lanza dijo que “ese tipo de declaraciones no le hacen bien al clima que tiene que haber” de tolerancia, respeto a las ideas y al trabajo periodístico.

Destacó que los funcionarios tienen derecho a refutar informaciones, “pero lo tienen que hacer con cuidado porque cada definición que hace un funcionario público es un señalamiento, entonces con declaraciones gruesas no se contribuye”.

Agregó que se debe construir un sistema de medios diverso y plural, en el cual se puedan expresar distintas líneas editoriales y concepciones.

Fuente: ERBOL, 24.8.16

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