Medios y políticos: una relación conflictiva

por Ronald Grebe

Las relaciones entre el poder político y los medios de comunicación han adquirido en varios países latinoamericanos una singular conflictividad, explicable por el grado de desarrollo que, gracias a los adelantos tecnológicos, han alcanzado los medios en estos últimos años.

Lo que sucede es que las autoridades tanto a nivel nacional como local se irritan con frecuencia por las noticias y opiniones críticas o se molestan por la difusión de información que consideran falsa o equivocada.  Además, los gobernantes cuestionan a los periodistas porque, a diferencia de ellos, no representan a nadie y por lo tanto no tienen el derecho para enfrentarse con personas democráticamente elegidas.

Sin duda, la libertad de expresión  permite que los comunicadores defiendan no sólo su trabajo diario sino también el derecho de los ciudadanos a estar informados y mencionan el deber que tienen los gobernantes, empresarios, sindicatos, movimientos sociales y demás instituciones, de dar cuenta de sus actos.

Ahora y antes también, los políticos no han soportado la independencia de los medios y no terminan de aceptar que los medios de comunicación deben ser fieles a sus lectores, radioescuchas y televidentes.

El poder de los políticos no les permite entender que los periodistas publican informaciones y opiniones críticas a sus intereses y favorables para la sociedad. No comprenden que existan valores y principios que los medios de comunicación defienden permanentemente, porque son parte de la responsabilidad social que se les ha asignado.

Hace 50 años los políticos necesitaban un balcón y una plaza para llegar con sus propuestas a la población, en cambio en los últimos años lo que buscan es  un micrófono o un set de televisión, para explicar sus puntos de vista, llegando de esta forma a mucha más gente. Eso no quita, que los gobernantes promulguen  leyes y utilicen la justicia para apropiarse de algunos medios de comunicación, pensando que con ello podrán subordinar a la población a sus intereses.

Ellos se olvidan que los medios tienen que cumplir dos funciones: informar de manera oportuna y verídica a los ciudadanos y ofrecer análisis, investigaciones y opiniones, que permitan a éstos tomar sus decisiones sobre la vida en general.

Además, los medios de comunicación están cada vez más contaminada por intereses ajenos al periodismo, porque surgen constantemente agentes externos que buscan obtener resultados informativos concretos. Eso hace que los periodistas estén cada vez  más solos y presionados frente a políticos y grupos de intereses, que no ofrecen la información que el comunicador requiere para cumplir su tarea frente al público. Tenemos los casos en que un periodista llama a algún sitio para contrastar una información y le contesta otro periodista que está de relacionista público al servicio de una empresa o una entidad gubernamental.

Adicionalmente podemos constatar que la gente pasa cada día más tiempo, frente a la televisión o la computadora, al entretenimiento y la recreación que a la información o al debate, señala el colombiano Jorge Orlando Melo, aclarando que la calidad de la democracia y de los procesos políticos va a seguir dependiendo en gran parte de los minutos que dedique a informarse sobre los temas públicos y de la calidad de los recursos informativos y de debate y discusión crítica que tenga a su disposición y es esta la función política de los medios que hay que preservar para el futuro.

Por eso, los nuevos instrumentos comunicacionales también serán campo de disputa entre el poder político y los periodistas, lo que necesariamente llevara a plantear alternativas tanto a unos como a los otros. Eso no quita que la comunicación con enfoques tradicionales o renovados seguirá siendo tema conflictivo en la medida en que la sociedad siga recibiendo  información incompleta o sesgada.

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