¿La gente cree lo que ya sabe?

por Carlos A Valle, , comunicador argentino. Ex presidente de la Asociación Mundial para las Comunicaciones Cristianas (WACC).

¿Por qué Umberto Eco ha escrito El cementerio de Praga, novela, plagada de traiciones y ambiciones de poder sin límites? ¿Está tratando de hacer un paralelismo con el tiempo presente? ¿Es de alguna manera un subterfugio para hacer críticas hondas que encuentran en la fórmula ficción-historia real un camino para obturar la resistencia de los prejuicios? Aun sin conocer la respuesta de Eco, se puede inferir que nada de lo que se narra está alejado de los días presentes.

Simonini es el audaz embaucador y falsificador de documentos carente de todo escrúpulo, que relata esta historia ilustrada con hechos de la Europa de fines del siglo XVIII. Este sórdido personaje va creciendo a medida que incrementa sus relaciones y sus urdidas traiciones. Fabula historias que destruyen famas y crea nuevos enemigos que llegan a poner en peligro la estructura social.

Los recuerdos de sus fechorías tienen muy marcadas connotaciones religiosas exaltadas en el relato. Las descripciones de sus tejes y manejes, las sórdidas conspiraciones para lograr sus fines, las extrañas ceremonias religiosas sacadas a la luz acentúan la influencia de estos grupos en la estructura y funcionamiento de buena parte de la sociedad europea. “Los hombres nunca hacen el mal de forma tan completa y entusiasta como cuando lo hacen por convencimiento religioso.”

La influencia que se atribuye a estos grupos tiene enormes dimensiones. El título de la obra se centra en lo que se cuenta como una conjura de cierto cónclave internacional de rabinos cuyas decisiones y alcances van variando según se cuente la historia, y de quién pretenda sacar rédito de la misma. Simonini reflexiona que la validez de las intenciones de dominación tiene su base en que “la gente cree sólo lo que ya sabe, y ésta era la belleza de la Forma Universal del Complot”.

La tendencia relativista que ha inundado a la consideración de toda idea o tradición ha perfeccionado la preponderancia de la ficción como instrumento para erigir dioses, destruir fundamentos, fantasear situaciones y proyectar miedos e inseguridades. “Es preciso que las revelaciones sean extraordinarias, perturbadoras, novelescas. Sólo así se vuelven creíbles y suscitan indignación.”

La creciente y cada vez más concentrada estructura mediática ha permitido que algunos de estos “cementerios de Praga” hayan prendido en el corazón de la sociedad. Como pensaba Michel Foucault, el poder moderno se esparce en la sociedad y la somete porque mayormente la consiente. Así, el tema de la seguridad en el mundo se enmarca en la lucha contra fuerzas explícitamente demonizadas, lo que acentúa la aceptación de mayores medidas de prevención que comprende el control de la sociedad.

Por eso, la mentira se ha erigido como un recurso normal y aceptable. Hay políticos que ofrecen aquello que saben no van a poder o querer otorgar. Los medios tuercen las historias, cortan y editan las imágenes y las declaraciones. No hacen falta hoy Simoninis con la habilidad de fraguar documentos. El lenguaje de los medios ha ido instaurando instrumentos de sospecha sobre hechos o antecedentes junto a determinados calificativos para denostar o fabricar héroes. Los poderes dominantes instruyen a los medios sobre acontecimientos bélicos o la situación de las finanzas y su alcance. La ficción se ha erigido en la pauta cierta e indiscutible.

La historia de los Simoninis modernos constata reiteradas y cada vez mayores felonías que han llegado a ser como una espiral que se aleja cada vez más de la realidad como una ficción sin retorno. La historia de la humanidad ha seguido su curso y la espiral también parece seguir un camino ineludible. La resignación a los poderes que subyugan es una tentación muy grande que intentará acrecentarse mientras haya un Simonini a su servicio.

Simonini, como todo truhán, acumula traición tras traición. Según la ocasión, cambia de amo a quien servir. Cuando busca la oportunidad de liberarse le fuerzan a hacer una última asistencia. Como en los códigos mafiosos, se trata siempre de algo grave, difícil de llevar a cabo y sin retorno. El complot termina fagocitándose a sus propios protagonistas.

Para enfrentar a los Simoninis de este tiempo, la sociedad democrática tiene que crecer y desarrollarse poniendo a la comunicación al servicio de comunidades libres, pacíficas y justas. Es así que puede trabajar para el pleno ejercicio de los derechos de comunicación, desarrollar su cultura, dar lugar a la voz de los acallados y desenmascarar los falsos ídolos impuestos por el poder de la ficción. Mientras permanecemos en tinieblas la irrupción de la luz suele ser, antes que nada, una herida punzante. Pero, quien quiera ver aprenderá muy pronto el saludable poder curativo y creador de su presencia.

Fuente: Página12, 9.10.13

Contando al mundo las historias más importantes jamás contadas

Un activista que sueña con construir una villa para enanos en Filipinas, el deportista paralímpico más condecorado de España, la lucha de una mujer monje en Tailandia por la igualdad de género o el africano que inventó un artefacto para cocinar con luz solar, son historias que nunca llegarían a una agencia de noticias ni pasarían por los informativos. Persiguiendo estas historias, Jaron Gilinsky decidió crear ‘Story Hunter’, una plataforma virtual para difundir el trabajo de video-periodistas locales de todo el mundo.

“‘Story Hunter’ nació para resolver los problemas de los video-periodistas”, explica Gilinsky. “Estuve en Oriente Medio durante la última década trabajando con diversas compañías mediáticas. Noté que había un problema en el sistema: Yo era un joven e inquieto realizador con muchas ideas para dar vida a buenas historias, pero a menos que estallara una guerra revolucionaria, a los medios les interesaba”.

Gilinsky, junto a su colega Alex Ragir, creó la plataforma para ayudar a los periodistas a “contar las historias más importantes jamás contadas”. Desde abril del 2012 a la fecha el portal ha conseguido colaboradores en más de 25 países del mundo distribuidos en los cinco continentes.

Cualquier video-periodista puede aplicar para convertirse en ‘Cazador de Historias’, proponer su idea y, si recibe luz verde, contar con un editor que lo guía durante el proceso de producción. Además, el realizador recibe un pago de mínimo 1.000 dólares por una pieza de entre 3 a 7 minutos y la historia es difundida mundialmente a través de portales informativos como ‘Yahoo Noticias’, ‘The Economist’, el ‘Miami Herald’, ‘MSN’ noticias y ‘Aol’ noticias; así como en la página web y en redes sociales de ‘Story Hunter’.

“Nosotros producimos las historias que son relevantes para nuestros talentosos video-periodistas locales, y no para los editores de las grandes capitales que imponen la agenda internacional de noticias a miles de kilómetros de la realidad”, señala Gilinsky. “Le pagamos a nuestros ‘cazadores’ por hacer historias que les gustan. Los ayudamos a desarrollar sus ideas y a convertirlas en piezas de talla internacional que serán vistas por miles de personas”.

“Cazar una historia no es una tarea fácil”, asegura Biel Calderón, un mallorquín que ha publicado un par de historias en ‘Story Hunter’. “Pero tampoco es una odisea”, lo importante es saber que buscan historias que sorprendan, con gran componente humano y con un personaje “con gancho”.

“Buscando, leyendo observando… No es sencillo”, afirma otro video-periodista español, Marc Alcover. “Una de mis preguntas para evaluar si les puede interesar o no es: ¿Le interesaría esta historia a alguien de un pueblecito de Australia? -por decir algún sitio que esté muy lejos-. Si la respuesta es no, pues descartada y a por otra cosa”.

“‘Story Hunter’ es un estímulo a cazar, a tener la conciencia siempre despierta porque nunca sabes dónde te encontrarás una historia”, asegura Paolo Bernardi un periodista italiano que se encuentra en España produciendo vídeos para la plataforma.

“El proyecto empieza con un ‘pitch’ que tienes que hacer vía web”, señala Bernardi. “Si a ellos les interesa la historia te dan vía libre, pero no te dejan solo”, asegura explicando que a pesar de que ‘Story Hunter’ sólo tiene sede en Nueva York, los periodistas cuentan con supervisión y acompañamiento constante.

Actualmente, una persona con una cámara, un micrófono y un ordenador portátil, puede producir una pieza de vídeo de alta calidad, “De hecho, una solo persona puede contar una mejor y más íntima historia”, señala Gilinsky. “Pero nos dimos cuenta de que los editores son parte importante del proceso”.

Para Bernardi esa coproducción ha sido un aspecto importante de aprendizaje y desarrollo profesional. “Me encanta poder realizar trabajos con gente que está al otro lado del mundo y que tiene una sensibilidad diferente hacia ciertos temas. Creo que es una sinergia perfecta”, señala.

“De alguna manera, tomamos lo mejor del periodismo ciudadano y lo mezclamos con los mejores aspectos del periodismo profesional”, explica Gilinsky. “Esperamos que el resultado sea un mundo más informado”.

Fuente: El Mundo, 9.10.13

El estilo no se aprende en la facultad de Periodismo

por Carlos Miguélez Monroy

Llama una periodista de un conocido programa de televisión al responsable de comunicación de una ONG que tiene un programa para que personas mayores y estudiantes universitarios puedan compartir vivienda.

Meses atrás, la organización le había conseguido a esta misma periodista una entrevista con una estudiante y a una señora mayor, en su casa, a la que llegó más de media hora tarde.

En plena entrevista, el responsable de comunicación y el coordinador del programa perciben que la periodista no tiene interés en la convivencia intergeneracional. Parece más bien que busca confirmar una idea preconcebida: el dinero que los estudiantes no se gastan en un piso se lo ahorran para “sus gastos” cuando, la mayor parte de las veces, vienen de otras provincias y de otros países con recursos muy limitados a una ciudad muy cara, y buscan un espacio tranquilo donde puedan estudiar.

Se lo explicamos a la periodista, pero insiste en el interés económico del programa. Pregunta cuánto paga la estudiante, por más que le dijéramos que, por medio de un acuerdo entre partes, fijan los gastos de luz, agua e Internet, y algunas compras comunes.

Cambian de escenario para hacer creíble el reportaje, van de aquí para allá y se demora la grabación. De pronto la estudiante empieza a mostrarse incómoda: ha quedado para comer con sus amigos de carrera para despedirse, pues termina el curso académico. Todavía tiene que preparar la comida y la periodista le ha preguntado si puede acompañarla a la calle para grabar una última secuencia. El responsable de comunicación se encarga del pollo y de la ensalada para que puedan salir a grabar.

Vuelven de la calle, cierran los últimos detalles, intercambian unas palabras. Los trabajadores de la ONG se quedan atónitos cuando la periodista le dice a la señora: “¿Me puede dar su teléfono por si surge cualquier cosa?” Así, con toda naturalidad. El responsable de comunicación sabe que tiene que intervenir, pero cierto “buenísimo” se lo impide. La señora da su teléfono y la periodista se compromete a avisarles de la fecha de emisión del reportaje.

Así hasta que vuelve a llamar al responsable de comunicación tres meses después, sin que se haya emitido ningún reportaje. Vuelve a la carga con una “oferta difícil de resistir”: grabar un “directo” en casa de la misma señora. La periodista prepara el tema de las pensiones y busca a mayores con dificultades económicas. Le recuerda el responsable de la ONG en que no es el caso de la señora a la que entrevistó ni el de los mayores que forman parte del programa. Aprovecha el momento para decirle: “por cierto, ¿podrías enviarme el video del reportaje que grabamos en julio? ¿O nunca llegó a publicarse?” La periodista titubea, dice que no se acuerda, que no supo a ciencia cierta si se emitió porque luego tuvo vacaciones.

Cuando la periodista vuelve a la carga con su “dame el teléfono de la señora”, le recuerda el responsable de comunicación que la persona mayor se lo dio el mismo día. “Es que lo perdí”. El responsable de la ONG, que en su día no intervino a tiempo, piensa que a veces la vida da una segunda oportunidad.

Después de colgar el teléfono, se pregunta: “¿de verdad piensa la periodista que le va a abrir la puerta de su casa, por segunda vez, una señora a la que le hicimos perder media mañana para un reportaje que nunca se emitió y a la que nunca llamó por delicadeza para explicarle porque no se había emitido? ¿En serio cree que la gente está tan desesperada por salir en televisión? ¿Qué cultura se está imponiendo desde algunos medios de comunicación? Las buenas maneras y el estilo, ¿están tan en desuso?” Esa gente luego “triunfa” en el “periodismo” y en la vida en general, a base de codazos.

Fuente: El Diario, 7.10.13 por Carlos Miguélez Monroy, periodista español

LO BUENO DE LA LEY ►DERECHO A LA COMUNICACIÓN

 por  José Ignacio López Vigil, comunicador cubano

La comunicación se reconoce, al fin, como un derecho humano. Un derecho a la misma altura que la salud, el trabajo o la educación. La libertad de expresión no es asunto de periodistas y menos aún de los empresarios de los medios. Un derecho universal, individual y colectivo, superando la visión técnica y mercantilista que importamos de Estados Unidos.

►DISTRIBUCIÓN DE LAS FRECUENCIAS

 El derecho a la comunicación se traduce, entre otras libertades, en el acceso equitativo a las frecuencias de radio y televisión. Los artículos 106 es la verdadera joya de la corona de esta Ley. Este artículo establece la distribución de estas frecuencias, reservando el 33% para medios públicos, 33% para privados y 34% para comunitarios. (Este 1% de ventaja marca una gran diferencia y recuerda que la titular del espectro radioeléctrico es la ciudadanía, que las frecuencias no son propiedad del Estado y menos aún del Mercado. Son un patrimonio común de la Humanidad.)

 ¿Y cómo se logrará esta distribución tripartita si las frecuencias están ya en manos de determinados concesionarios? Mediante la reversión de muchísimas frecuencias que fueron asignadas de manera ilegal, con las mil y una artimañas inventadas por CONARTEL, el anterior órgano de telecomunicaciones.

►FRECUENCIAS DIGITALES

 Un logro con mayúsculas en este proceso de distribución de frecuencias es que incluye a las próximas frecuencias digitales. Ecuador ha adoptado el standard japonés-brasilero que permite, al menos, cuatro señales digitales donde antes cabía sólo un canal. Si estas cuatro señales quedasen en manos de los mismos concesionarios, como ha ocurrido ya en la mayoría de los países europeos, estaríamos multiplicando por cuatro la concentración. La nueva Ley establece que estas nuevas señales sean distribuidas equitativamente a los tres sectores.

►NO MONOPOLIOS

 Y hablando de concentración, el artículo 113 no tiene desperdicio. Prohíbe el monopolio de frecuencias para garantizar la mayor diversidad y pluralidad en la esfera pública. En Ecuador, a partir de esta Ley, un concesionario sólo podrá tener una frecuencia matriz en FM, una en AM y una en TV. Como en el país hay actualmente 1147 emisoras de radio y 547 de televisión abierta, las voces y los rostros se multiplicarán cuando estos canales de comunicación estén bien distribuidos. Este es un avance histórico en un país donde una docena de familias tenían el control de la mayor parte del espectro.

►PRODUCCIÓN NACIONAL

 La diversidad cultural ecuatoriana tendrá mayor presencia en los medios de comunicación. Cineastas, músicos, actores, grupos culturales y productoras locales se verán favorecidos, pues la Ley establece que al menos el 60% de la programación diaria en el horario apto para todo público se destine a la difusión de contenidos de producción nacional, incluyendo un 10% de producción nacional independiente (artículo 97). La música nacional deberá representar el 50% del contenido de la programación musical (artículo 103). También la publicidad será de producción nacional. Y por cierto, quedan prohibidos todos los anuncios de bebidas alcohólicas y tabaco, así como de drogas y pornografía infantil (artículo 94).

►DIVERSIDAD DE CULTURAS

 A partir de ahora los medios están obligados a difundir contenidos que expresen y reflejen la cosmovisión, cultura, tradiciones, conocimientos y saberes de los pueblos y nacionalidades indígenas, afroecuatorianas y montubias, por un espacio de, al menos, 5% de su programación diaria (artículo 36).

► NIÑAS, NIÑOS Y ADOLESCENTES

 Las voces y los derechos de niños, niñas y adolescentes contarán con espacios en los medios de comunicación. Los medios están obligados a promoverlos de forma prioritaria. (artículo 15 y 65). Igualmente, los derechos de las personas con discapacidades están garantizados en la Ley (artículo 37).

► PUBLICIDAD TÓXICA

 Según el artículo 94, quedan prohibidos los anuncios de bebidas alcohólicas, cigarrillos y drogas. También la publicidad de productos cuyo uso regular afecten la salud. Ahora bien, está comprobado que las gaseoas y la comida chatarra afecta la salud, especialmente de niños y niñas. ¿Tendrá valor el Ministerio de Salud Ecuatoriano para prohibir la publicidad de cocacola, pepsicola y otros “energizantes”?

Así, podríamos seguir listando muchas cosas buenas de la Ley. Pero hay otras no tan buenas. Y esas no tan buenas, todas, fueron añadidas, de contrabando, poco antes de su aprobación por la Asamblea Nacional.

LO MALO DE LA LEY

►¿Y LAS TICS?

 Lo más grave de la Ley, a nuestro juicio, no es lo que dice, sino lo que no dice. Todo el tema de las tecnologías de información y comunicación quedan apenas mencionadas en el artículo 35 de forma retórica, pero no se concreta en nada el “acceso universal” a dichas tecnologías. Este asunto, dicen los funcionarios, se desarrollará en otra Ley, la de Telecomunicaciones. De esta manera, desconociendo la convergencia digital, se descoyunta “comunicación” de “telecomunicación”, contenidos de soportes. Cualquiera sabe que en estas tecnologías es donde se está jugando el mayor de los negocios. Un negocio que el gobierno no quiere “democratizar”.

►MEDIOS PÚBLICOS OFICIALES

 El artículo 83 autoriza la creación de “medios públicos de carácter oficial”. Esta definición es, por decir lo menos, contradictoria. Un medio público, por definición y por estar financiado por los contribuyentes, debe tener una vocación pluralista y una línea editorial independiente. Y un medio oficial es lo contrario. Y lo grave de este artículo es que los tales medios oficiales están cobijados en el 33% correspondiente a los públicos. Y no se señala qué porcentaje podrían ocupar. De esta manera, sin violar la Ley, el gobierno podría controlar la tercera parte del espectro para hacer propaganda.

►TÍTULOS OBLIGATORIOS

 Desconociendo la Declaración de Principios de la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (principio 6), la Ley obliga a tener un título profesional de periodismo para ejercer cualquier trabajo permanente de cualquier nivel en un medio de comunicación (artículo 42). O sea, un corresponsal campesino no podría enviar noticias porque no ha pasado por la universidad. Un locutor no podría animar un programa porque no tiene título. Esta norma, forzada por el egoísmo de algunos gremios universitarios, atenta contra la libertad de expresión y arruina el futuro de los medios comunitarios y locales. La titulación obligatoria deja fuera a cientos de comunicadores y comunicadoras desconociendo la experiencia acumulada que representa méritos equivalentes al título.

►LINCHAMIENTO MEDIÁTICO

 La Ley en su artículo 26 introduce un concepto metafórico que, si bien busca evitar la difusión de información, producida de forma concertada, para desprestigiar a una persona natural o jurídica, puede provocar una grave autocensura entre los periodistas, especialmente los de investigación. ¿Cómo podría llevarse adelante una investigación sobre la corrupción de un funcionario público cuando a éste le bastaría denunciar que están afectando su reputación? Ha habido ya casos de importancia en el país que confirman este peligro.

►PRIVILEGIOS A LA IGLESIA CATÓLICA

 Después de presiones hechas por el presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Antonio Arregui, miembro destacado del Opus Dei, se incluyó en la Ley la Transitoria 17 que concede a la iglesia Católica privilegios incompatibles con un Estado laico. Como la Ley prohíbe tener más de una emisora matriz, la iglesia Católica podrá disimular las varias matrices en poder de un mismo concesionario (por ejemplo, Radio María que tiene una docena de frecuencias) poniéndolas a cargo de “entidades que pertenezcan a la misma familia religiosa”.

►¿LIBERTAD EN INTERNET?

 El artículo 20 establece que quienes formulen comentarios en las páginas Web de los medios deben ser debidamente identificados por el medio. Esto afecta explícitamente el anonimato en línea, elemento fundamental de la libertad de expresión en Internet. Además, la privacidad de los usuarios podría verse comprometida, ya que no se establece cómo los medios gestionarán los datos personales que están obligados a solicitar. La separación entre la información generada por el medio y los comentarios de particulares debería ser suficiente para deslindar responsabilidades.

► CONSEJO DE REGULACIÓN Y SUPERINTENDENCIA

 ¿Quién elabora el informe vinculante para conceder las frecuencias de radio y televisión? El Consejo de Regulación. ¿Quién regula el acceso universal a la comunicación? El mismo Consejo que cuenta con once atribuciones, todas ellas de gran responsabilidad. En el anterior proyecto de Ley, este Consejo tenía un perfil, más o menos, ciudadano. Había un representante de las universidades, otro de las nacionalidades indígenas, otro de organismos de derechos humanos. Todo eso desapareció y el Consejo aprobado está compuesto por cinco miembros, todos del gobierno (artículo 47 y siguientes). Para colmo, se estableció una Superintendencia de Información y Comunicación (órgano que vigila, controla y sanciona por violaciones a la Ley, en particular en materia de regulación de contenidos) dirigida por un único funcionario público p ropuesto por la Presidencia de la República (artículo 55 y siguientes). ¿Qué independencia puede tener un diseño institucional así?

 Podríamos encontrar otros artículos preocupantes. Porque incluso los positivos, en su aplicación, dependen de un Consejo y una Superintendencia sin la necesaria autonomía.

LO FEO DE LA LEY

 El pasado mes de junio, ya con mayoría absoluta de Alianza País en la Asamblea Nacional, en un par de horas y sin debate parlamentario se sometió a votación el texto de la Ley Orgánica de Comunicación. Pero el texto aprobado no era el mismo que se había presentado en sesiones anteriores. Tenía contrabandos. Tenía, al menos, 40 modificaciones, artículos añadidos, artículos suprimidos. Estos nuevos textos no fueron siquiera conocidos con suficiente anterioridad por los asambleístas.

 Todas estas modificaciones, muchas de ellas sustanciales (composición del Consejo, Superintendencia, medios públicos oficiales, etc), resultan inconstitucionales al no haber sido debatidas en la Asamblea. No se entiende la precipitación con que se actuó, porque el gobierno tenía votos de sobra para aprobar la Ley. La Presidenta de la Asamblea, Gabriela Rivadeneira, podría haber sido más elegante debatiendo los textos nuevos el tiempo que fuese necesario. Pero no lo permitió. Un procedimiento feísimo.

 A pesar de lo mencionado, las redes y organizaciones sociales que venimos acompañando este proceso desde hace años, y hasta décadas, no hemos perdido el optimismo ni las ganas de seguir protestando y proponiendo. Porque se juega mucho en esta Ley de Comunicación no solamente para Ecuador, sino para otros países hermanos de América Latina.

Fuente: Radioapasionados, 4.10.13

Lo bueno, lo malo y lo feo de la Ley Ecuatoriana de Comunicación

por Josér Ignacio López Vigil
El pasado 14 de junio 2013 fue aprobada en la Asamblea Nacional del Ecuador, donde el oficialismo tiene amplia mayoría, la Ley Orgánica de Comunicación. Esta Ley era una exigencia de la Constitución del 2008.
Una exigencia no cumplida. Durante más de cuatro años, los partidos de derecha y los empresarios de los grandes medios dieron largas argumentando que, en asuntos de comunicación, la mejor ley es la que no existe. Invocando la Declaración de Chapultepec, decían que cualquier regulación en este campo acaba atentando contra la libertad de expresión.
Pero tampoco los asambleístas de Alianza País, partido en el gobierno, tenían prisa en aprobar una ley de comunicación. Algunos, incluso el Presidente Rafael Correa, afirmaron que Ecuador podía seguir funcionando con la ley vigente que data del tiempo de la dictadura del general Rodríguez Lara en 1975. Esta ley, a más de obsoleta, resultaba abiertamente discriminatoria contra los medios comunitarios.
¿Quiénes empujaron la nueva Ley de Comunicación? Desde 1995, varias organizaciones de la sociedad civil lucharon para obtener una ley moderna e incluyente. Ahí estaba el movimiento indígena, la CONAIE. Ahí estaban las emisoras de CORAPE, ALER, AMARC, CIESPAL, ALAI, OCLACC, RADIALISTAS APASIONADAS Y APASIONADOS, EL CHURO y otras redes de comunicación. Estas organizaciones, nacionales e internacionales, obtuvieron un gran triunfo cuando se aprobó la Constitución 2008. Por primera vez en las veinte cartas constitucionales que ha tenido el Ecuador, se incluía el concepto de “comunitario”. El artículo 16 dice así:
Todas las personas, en forma individual o colectiva, tienen derecho a la creación de medios de comunicación social, y al acceso en igualdad de condiciones al uso de las frecuencias del espectro radioeléctrico para la gestión de estaciones de radio y televisión públicas, privadas y comunitarias.
El artículo 17 dice que el Estado, para fomentar la pluralidad y la diversidad en la comunicación, garantizará la asignación, a través de métodos transparentes y en igualdad de condiciones, de las frecuencias del espectro radioeléctrico, para la gestión de estaciones de radio y televisión públicas, privadas y comunitarias, y no permitirá el oligopolio o monopolio, directo ni indirecto, de la propiedad de los medios de comunicación y del uso de las frecuencias.
Fue a partir de estos artículos constitucionales, conseguidos a base de mucha paciencia y mucho lobbying, que estas mismas organizaciones plantearon una demanda innegociable para la nueva Ley que estaba siendo redactada por una Comisión Ocasional con mayoría de Alianza País. La demanda era la distribución equitativa de las frecuencias de radio y televisión entre los tres sectores.
Porque ahí está el mango de la sartén. Puedes definir como quieras la libertad de expresión, puedes redactar todos los códigos de ética periodística… pero quien tiene las frecuencias es quien tiene voz e imagen pública. Por esto, nuestras organizaciones plantearon un 33% de frecuencias para el sector público, otro 33% para el privado y otro 33% para el sector comunitario.
La batalla no fue fácil. Los empresarios privados que concentraban, por entonces, un 95% de todas las frecuencias, no querían ni oír hablar de la torta en tres pedazos. Esto afectaría seriamente sus intereses. Pero los asambleístas de Alianza País tampoco. Algunos eran concesionarios privados de frecuencias. Otros no entendían el reclamo. Recuerdo cuando el entonces Vicepresidente de la Asamblea, Rolando Panchana, llegó a decir que en sus muchos años como periodista nunca había escuchado una tontería semejante. El gobierno contaba con unas especialistas venezolanas que confirmaron la imposibilidad técnica de la distribución tripartita. Intereses cruzados, pretextos, ignorancias.
Mientras el debate en la Asamblea seguía empantanado, recibimos dos fuertes apoyos. El primero, la aprobación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual argentina, aprobada en el 2009, que reserva el 33% de las frecuencias para medios sin fines de lucro (esta misma reserva estaba contemplada en la ley uruguaya de Radiodifusión Comunitaria del 2007, pionera en este tipo de distribuciones del espectro). Y a continuación, la Ley General de Telecomunicaciones de Bolivia, aprobada en 2011, que asigna el 33% de las frecuencias para medios públicos, el 33% para privados y el 34% para los medios comunitarios (17% para social comunitario y el otro 17% para pueblos indígenas originarios y comunidades interculturales y afrobolivianas).
Con este espaldarazo y con el compromiso del asambleísta Mauro Andino, de Alianza País, que ahora presidía la Comisión donde se estaba redactando la Ley, y que tuvo la sabiduría de asesorarse del abogado Romel Jurado, se pudo redactar un proyecto de Ley muy progresista, muy revolucionario, que recogía las principales demandas de la sociedad civil.
Este proyecto entró a debate en el pleno de la anterior Asamblea Nacional. Lamentablemente y por la miopía de algunos compañeros del movimiento indígena Pachakutik, no se consiguieron los votos necesarios para aprobarlo. Una gran pérdida, ya que esa Ley, y no la que ahora tenemos, hubiera sido un referente en la comunicación latinoamericana.

Prensa política

por Enrique Ayala Mora

La prensa tuvo un enorme desarrollo en el siglo XIX, puesto que se convirtió en el principal instrumento de la polémica política y la promoción electoral. En las páginas de los periódicos se informaba sobre la labor de los poderes del Estado, se los defendía o criticaba, se lanzaban candidaturas o se las combatía, se presentaban denuncias y acusaciones, se publicaban documentos probatorios o exculpatorios, se insertaban aclaraciones, se promovían obras públicas, servicios e iniciativas fiscales.

También se imprimían artículos dedicados al debate filosófico o literario. En ciertos casos se introducían temas sobre “novedades científicas” venidas de Europa. Era frecuente que se insertaran textos que habían aparecido en otros medios impresos sobre todo del exterior, como un medio de respaldar las propuestas y debates que se llevaban a cabo. Esa era la única forma en que un sector de la población podía leer autores extranjeros. Algunos periódicos incluían anuncios de ventas, sobre todo de productos importados, o de manufacturas locales, pero más bien en forma esporádica.

El Gobierno estableció un periódico oficial desde los inicios de la República. Se publicaba una o varias veces por semana. Su nombre cambió, pero su estructura básica fue la misma hasta 1895. Generalmente aparecía en formato grande, es decir medio pliego con cuatro hojas. Se imprimía en la Imprenta del Gobierno y se distribuía a todo el país por los canales burocráticos.

Otros periódicos se publicaban con auspicio de municipios o corporaciones locales. Pero la inmensa mayoría eran privados y los editaban grupos de personas, inclusive a veces individuos solos, que deseaban influir en el público y promover iniciativas, fundamentalmente políticas. En ocasiones, esos órganos de prensa optaban por una línea general e independiente. “La Ilustración”, por ejemplo, se definía como un “periódico científico y literario”. “El Católico del Guayas” era un “periódico religioso, político, científico y literario”. Pero, en realidad, la inmensa mayoría de ellos tenía un objetivo político, a tal punto que la mayor proliferación de fundaciones (y decesos) de periódicos se daba en vísperas de las elecciones.

Era frecuente que desde su primer número se estableciera que el periódico estaba destinado a “sostener” tal candidatura e incluyera un “manifiesto” que servía como principal instrumento de promoción. En estos casos, la mayoría de su contenido estaba destinado a promover al candidato, publicando adhesiones de notables de diversos lugares o respondiendo a las acusaciones de los adversarios. Terminada la elección el medio de prensa dejaba de publicarse, aunque en unos pocos casos siguió siendo sostenido por el candidato ganador ya hecho cargo del mando. Entonces surgían otros periódicos. Así era la prensa política

Fuente: El Comercio, 4.10.13 por Enrique Ayala Mora, historiador y analista ecuatoriano

El futuro de la comunicación y los medios

por Pascual Calicchio 
Mientras todas las miradas estuvieron puestas en la audiencia pública convocada por la Corte Suprema para analizar la constitucionalidad de diversos artículos de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, confluyeron en Buenos Aires algunos eventos que no tuvieron mucha prensa, pero donde se debatieron temas que van a ser tan importantes como esta ley para el futuro de los medios y el periodismo en los próximos años: cómo se regulará Internet y qué pasará con las obsoletas leyes de autor que existen en nuestro país.
Por un lado, se realizó la Cumbre Global de Creative Commons 2013 que tuvo como presencia central a uno de los fundadores del movimiento: Lawrence Lessig. Paralelamente se realizó el taller Por una mejor regulación de Internet en Argentina, organizado por el Centro de Estudios en Libertad de Expresión y Acceso a la Información (CELE). En ambos casos hubo expositores de Latinoamérica y Europa, representantes de la sociedad civil, políticos, académicos, activistas, periodistas. Con otras características, pero con muchos puntos de contacto también se realizó el capítulo porteño del Hack Hackers, que reúne a periodistas y programadores y llegó a Argentina Frank La Rue, relator especial de las Naciones Unidas (ONU) para la Libertad de Opinión y Expresión, quien vino a presentar su último informe “Incidencia de la vigilancia estatal de las comunicaciones en el derecho a la privacidad y el derecho a la libertad de expresión”.
¿Por qué me parece importante resaltarlo? Porque estas actividades reunieron a una cantidad importante de entusiastas que debatieron apasionadamente los temas en cuestión, pero siguen siendo una minoría. En cada uno de estos eventos me fui cruzando con las mismas personas. Me recuerda los primeros debates de la Coalición por una Radiodifusión Democrática, allá por el 2004. ¿Cómo masificarlos para que dejen de ser cosas para entendidos?
En América latina el 97,5 por ciento (es decir casi todos y todas) de los usuarios de Internet usan alguna red social e invierten un promedio de 10,3 horas por mes en ello, casi el doble que en EE.UU. Como dijo alguien en Twitter, muchos de ellos entregarían toda su privacidad a cambio de vidas en el Candy Crush, o por una app gratuita para su smartphone. Hay personas que son capaces de poner alarmas y no avisar a su vecino que se van de vacaciones para que no se sepa que la casa queda sola, pero después lo publican en Facebook.
Según datos que vertieron distintos expositores en el último Social Media Day de Buenos Aires, la televisión sigue siendo el medio con más llegada, pero el 77 por ciento de los usuarios usa otros dispositivos junto a la TV y el 31 por ciento de los usuarios comenta TV en tiempo real a través de las redes. El 35 por ciento de los argentinos dijo estar de acuerdo con que el primer lugar donde busca información es Internet y alrededor del 20 por ciento conoció a los candidatos que votó en las últimas elecciones allí.
El usuario masivo de Internet prefiere la comodidad a la seguridad hasta que siente miedo y no sabe cómo manejarlo, entonces aparecen los mitos, los terrores y las confusiones. Lo pude comprobar en las reuniones promovidas en el Congreso por la diputada Paula Bertol (PRO), donde las madres de las víctimas de lo que se conoce como “grooming” (las acciones de un mayor en Internet para entrar en contacto con menores y abusarlos sexualmente) se expresaron enfática y justificadamente pero adjudicándole a la tecnología responsabilidades que no le corresponden.
Eleonora Rabinovich (directora del Area de Libertad de Expresión de la ADC) tiró un disparador en las Jornadas Académicas preparatorias de la Cumbre de CC que no fue compartido por todos, pero que favoreció el debate: la Argentina tiene la suerte de haber llegado tarde a los debates sobre regulación de Internet porque puede aprender de las experiencias y errores de otros países. Un caso muy presente fue el de Marco Civil da Internet en Brasil.
¿Quién debe regular Internet si es que se debe hacerlo? ¿Cómo garantizar que cualquier tipo de intromisión en nuestra privacidad tenga la garantía del debido proceso? ¿Cómo evitar que se sancionen leyes que tras objetivos justos como la defensa nacional o combatir la pedofilia terminen atentando contra la libertad de expresión? ¿Cómo mantener la neutralidad de la red? ¿Cómo evitar que las leyes de autor limiten la creación de obras culturales? ¿Es necesario el monopolio para que funcione Internet? Son algunas de las preguntas que se debe hacer la sociedad en su conjunto y no sólo los especialistas. Si llegamos tarde, todavía estamos a tiempo de recuperar el terreno perdido.
Fuente: Página12, 2.10.13 por Pascual Calicchio, licenciado en Comunicación Social. Docente de Políticas y Planificación de la Comunicación, Facultad de Ciencias Sociales, UBA.

Comunicación y verdad

Por David Samaniego Torres, ecuatoriano

Algunas realidades que vivimos hoy los ecuatorianos necesitan de una lectura comprensible para todos, alejada de los entreveros y conveniencias de la política. Una de esas realidades es la comunicación. Esbozo algunos conceptos al respecto.

-La verdad, objeto primario de la comunicación, es “una dama esquiva” que hay que buscarla y perseguirla insistentemente; es la dama perspicaz que identifica con certeza la esencia del ser y las circunstancias de su existencia. La verdad frecuenta castillos donde la solidez, la profundidad, la dignidad, la justicia, la imparcialidad y la certeza tienen sus moradas. La verdad nos hace libres. Las verdades a medias nos atan. Las falsedades presentadas como verdades ofenden la dignidad humana. La verdad y la comunicación son almas gemelas. La comunicación sin verdad es un atentado de lesa humanidad.

-La presencia de seres vivientes en nuestro planeta tiene múltiples manifestaciones: conocidas unas, otras no. El reino animal se acerca más a nuestra realidad humana: entendemos en parte el gorjeo de las aves, conocemos algo del lenguaje de los delfines. Sabemos también bastante sobre la vida vegetal; conocemos además algo sobre el modo de ser y actuar de muchos animales domésticos. Esto nos permite concluir, quizá, que la comunicación es algo innato, imperioso y presente en los seres vivientes; mientras mayor es su aproximación a la conciencia, mayor es su necesidad y complejidad. En síntesis, existen canales de comunicación con el reino animal y vegetal. La comunicación entre humanos nace y crece en un clima de libertad.

-La comunicación siempre fue, y siempre será, un camino de doble vía; un ir y venir de opiniones, una fragua de ideas y conceptos en busca de la verdad, una inquietante peregrinación por los caminos del “quizá” hasta llegar a los amplios y frescos prados del “así es”. La “libertad, igualdad y fraternidad” no se crearon por decreto de algún iluminado; fue una exigencia histórica de quienes sufrieron la falta de libertad; de quienes vivieron la desigualdad reinante y también de aquellos que sintiéndose parte de una misma especie reclamaron la fraternidad como necesidad ulterior de la dinamia de hominización, en el pensamiento de T. de Chardin.

-Vivir en una sociedad donde se impone un estado de propaganda y publicidad es atosigante y enervante. San Agustín expresó: ‘he visto a muchos que quisieron engañar pero no he visto a nadie que quisiera ser engañado’. El manejo de la publicidad de la Secom requiere de responsabilidad: debe sostener lo verdadero y justo para todos; denunciar lo errado; abrir interrogantes y favorecer el florecimiento de ideas nuevas, de criterios diversos, de pluralidad de cosmovisiones.

-F. Nietzsche sentenció: “Lo que me entristece no es que me hayas mentido, sino que yo nunca más podré confiar en ti”. Goebbels, imitando a Francois-Marie Arouet, gritaba: “Mentir, mentir, mentir… algo siempre queda”.

Un gobierno que está entregando al país nuevas misiones y visiones, aspiraciones y metas, mal puede cometer los errores del pasado.

“Un derecho no es lo que alguien te debe dar. Un derecho es lo que nadie te debe quitar” (A. E. Roosevelt).

Fuente: El Universo, 2.10.13

Agenda pública, agenda política

Por Washington Uranga, periodista uruguayo

¿Cómo puede definirse la agenda pública? En pocas palabras: aquello de lo que se habla en lo cotidiano y que, por distintos caminos, es relevante para la vida de las personas en una sociedad. ¿Quién determina los temas de la agenda? No hay una sola respuesta para esa pregunta, pero se puede afirmar que el sistema de medios de comunicación tiene gran incidencia en su establecimiento. Suele decirse que los medios no ejercen tanta influencia en torno de qué pensar respecto de esto o aquello, pero sí en relación con cuáles son los temas acerca de los que se debe hablar. Esto es fijar agenda.

Por eso, vale señalar que el armado de las agendas públicas es también un escenario de lucha política, en tanto y en cuanto es el resultado de una negociación simbólica que concluye con la determinación de aquello que noticiosamente resulta relevante para la sociedad. En este proceso intervienen medios, periodistas y audiencias. Son negociaciones que constituyen formas de ejercicio del poder y que facilitan o condicionan la participación ciudadana, la libertad de pensar y decidir de las personas, en definitiva, el derecho a la comunicación.

Un ejemplo bien reciente ocurrió con las participaciones de los presidentes latinoamericanos en la asamblea general de Naciones Unidas. Cristina Fernández, pero también Evo Morales y Dilma Rousseff, para mencionar tan sólo algunos, en sus discursos ante el foro mundial fijaron posiciones, plantearon debates, instalaron temas que, en la gran mayoría de los casos, fueron ignorados por los medios de comunicación que reportan a los centros de poder. En Argentina y en el mundo. Es una buena muestra acerca de cómo la omisión también es una manera de incidir en la agenda pública y de hacer política. También la forma de referirse a los acontecimientos. Si el presidente Obama habla por teléfono con su par iraní es “un avance hacia el diálogo y el entendimiento”. Si el gobierno argentino da un paso para encontrar instancias de diálogo con Irán, en cambio, está “cediendo ante un Estado terrorista”.

En un libro reciente (Calidad informativa, La Crujía) la investigadora Lila Luchessi asegura que “el periodismo ya no representa un lugar de autoridad, sino de organización de un saber que se comparte. Compartir, como tarea, es una de las características centrales de este momento”. Construir la agenda pública es parte de esa tarea de compartir. Pero para que sea respetuosa del derecho a la comunicación, tal agenda tiene que ser completa en temas y en actores. Tiene que representar la pluralidad de cuestiones y enfoques y la diversidad de los actores presentes en el escenario. Es una forma de atenerse a la verdad informativa entendida como la realización del derecho de todo individuo y de todo colectivo social a una información veraz.

¿Qué es una información veraz alejada de toda presunta e inexistente objetividad? Aquella que, siendo completa y oportuna, permita a cada persona, a cada comunidad, a la sociedad, la construcción de un sentido particular acerca de los hechos, las situaciones y los temas, para poder acceder a puntos de vista propios que sean la base, luego, de decisiones personales.

Para ello, los periodistas tenemos que volver a las fuentes primarias, relegando a un segundo plano al muy consultado pero poco referido Dr. Google. Volver a las fuentes es ubicar en el primer plano a los actores sociales como protagonistas y constructores de la agenda pública, facilitar que se oigan sus voces, no sólo acerca de los temas considerados por los medios como importantes, sino haciéndolos participar de la construcción de tal agenda para insertar allí sus propios temas, aquellos que los actores de base consideran relevantes.

Volver a las fuentes es también prestar atención a los actores en el territorio haciendo un esfuerzo de inteligibilidad acerca de la verdad relativa de cada uno de ellos en su contexto. Hacerlo es aportar a la construcción social, al derecho a la comunicación y a la libertad de decisión de los sujetos y de los actores sociales.

Tener incidencia en la construcción de la agenda pública es hoy en día, también, una forma de participación ciudadana en la política, y los periodistas, en general los comunicadores sociales, tenemos que asumir el rol de garantes de este derecho poniendo nuestras capacidades científicas, políticas y técnicas, al servicio de esta tarea que es construcción de ciudadanía en democracia. Es una tarea fundamental para los que hacemos comunicación con sentido ético, profesional y con la pretensión de aportar al desarrollo de las sociedades en las que estamos viviendo.

Porque, sin duda, la agenda pública es un escenario político, de debate ciudadano y de ejercicio de derechos.

Fuente: Página12, 2.10.13