EL DIARIO, constructor de opinión pública

Hace 110 años, ya muy entrada la tarde del cinco de abril de 1904, la gente de La Paz escuchó anunciar a los vendedores de periódicos el nombre de “EL DIARIO”, como el de un nuevo vespertino que acababa de nacer a la vida pública de nuestro país. ¿Cómo será la nueva gaceta?, se preguntaba la gente aquella noche. ¿Será de confiar? ¿Nos dirá la verdad acerca de los acontecimientos de nuestra ciudad, del país y, aun, del mundo? A ver, veremos, y muchos de ellos compraron un ejemplar del flamante periódico.

Al abrir sus páginas se encontraron con noticias bien redactadas, objetivas e imparciales, que les informaban de los principales acontecimientos sucedidos en el día, o muy poco antes, y que les permitía formarse una opinión cabal de lo sucedido. Al leer la página editorial, vieron que estaba dirigido por José Carrasco Torrico, un abogado liberal llegado hacía poco a la ciudad, quien había escrito, entre otras cosas, este certero juicio acerca del papel del periodismo: “La prensa hace luz en las tinieblas y todo cuanto existe de progreso en el mundo se debe a su inagotable labor”. Punto de vista que les abrió los ojos.

Ciertamente, el periodismo tiene varias funciones: la de informar, la de comentar y la de dar una línea de opinión. Con eso se dieron cuenta de que no se trataba de una gacetilla más, surgida al calor del entusiasmo político del momento, sino de un diario serio, cuidadoso en dar la información después de haberla verificado para dar a conocer sólo la verdad de los hechos; que los comentarios estaban hechos por periodistas sensatos e inteligentes, capaces de orientar a la opinión pública, sin manipularla; que, además, ese órgano se identificaba con la causa de la ciudad y del país, a cuyo servicio se ponía desde el primer instante, como se afirmaba en el editorial, pues muy pronto comenzó una campaña patriótica para hacer que las personas tomen cabal consciencia de la usurpación del Litoral boliviano, y de la obligación que tenemos los bolivianos de reclamar por esa perdida porción de la heredad patria, no en una guerra justa, sino por obra de la usurpación planificada.

Con esas cualidades, el prestigio del nuevo diario fue creciendo cada día más, hasta convertirse en lo que hoy es: uno de los principales periódicos del continente.

Una de las características de EL DIARIO, a lo largo de su vida, es que ha marcado y mantenido una línea principista. Si bien don José Carrasco pertenecía al partido liberal, cuando éste cometía errores desde el gobierno, la información de los mismos no era manipulada para disimularlos y hacer quedar bien al liberalismo; sino que, fiel a los principios del periodismo que tenía, la noticia se ajustaba a la objetividad y la verdad, como debe ser. Que el gobierno había cambiado, y el republicanismo se había hecho del poder político, pues así se lo decía; que había problemas dentro del gobierno, así se escribía la noticia. La línea se mantuvo no obstante los cambios de directores del mismo. Puede y debe haber existido diferencias en el estilo, en la forma, en la elegancia literaria de los editoriales, o en la redacción de las noticias, pero la línea principista fue la misma.

Por la dirección de EL DIARIO pasaron grandes escritores, como Franz Tamayo, Fabián Vaca Chávez, Oscar Cerruto, José Carrasco, etc., por nombrar solamente a algunos de ellos; y, como se puede apreciar en las páginas del Decano de la Prensa Nacional, muchas, muchísimas veces la redacción de sus artículos ha sido cátedra de periodismo.

En la vida de los países y de las ideas las polémicas no son la excepción; al contrario, son la forma en la que dos opiniones se encuentran, chocan, se las analiza con altura, se rebate con argumentos bien pensados, etc., y tanto los contendientes como el público lector se enriquecen con la compulsa de las ideas lanzadas al combate. Y EL DIARIO ha sido escenario de varias polémicas a través de sus páginas, sobre diferentes temas. Por eso, por la independencia, por la veracidad con la que trabaja, me permito desearle otra centuria de actividad periodística en bien de las personas y de la Patria.

Fuente: El Diario, 10.4.14 por Jaime Martínez, escritor

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