La Jornada se creó ante la necesidad de un medio crítico: Carlos Payán

El motivo fundamental para la formación de La Jornada fue la necesidad de crear un organismo independiente y crítico que sirviera como contrapeso al oculto control de los medios y de los poderes Legislativo y Judicial, para que no fueran utilizados como simples instrumentos del gobierno, su partido y los intelectuales a su servicio.

La explicación es de Carlos Payán, director fundador de este diario, quien en el documental ¿Libertad de expresión? profundiza en los antecedentes y orígenes de este proyecto periodístico, así como el contexto político y social en el que surgió, en 1984.

La lucha

Con 25 minutos de duración, en el documental Carlos Payán habla sobre lo que ha sido la lucha por la libertad de expresión en el México contemporáneo, a partir del “golpe” que Luis Echeverría, siendo presidente de la República, le dio a Excélsior, en 1976.

Recuerda asimismo que a raíz de ese hecho salieron dos grupos: uno encabezado por Julio Scherer, que fundó la revista Proceso, y otro por Manuel Becerra Acosta, que hizo una cooperativa y el periódico unomásuno.

Tanto el semanario como el periódico, asegura, comenzaron a ganar espacios en la libertad de expresión: “Empezamos a contar lo que pasaba afuera, en la realidad, que mucha gente no contaba”, agrega el periodista, quien más adelante asegura que con el surgimiento de La Jornada, en 1984, ese proceso “ha sido más rápido, acelerado y confrontativo con las autoridades”.

De acuerdo con el ex senador, la de la libertad de expresión ha sido una lucha álgida y constante desde aquellos años en nuestro país y, en su opinión, uno de los principales factores de presión contra ese derecho ha provenido de los gobiernos, que han buscado decir qué se dice, sea mediante la corrupción, amenazas o incluso asesinatos.

Otra presión que tenían y tienen los medios en torno de la libertad de expresión, asegura, viene del narcotráfico, que, sobre todo en los estados donde se desarrolla, impide contar algo sobre él, y aquél periodista que se atreve a hacerlo es persona “levantada, desaparecida y muerta”.

Carlos Payán considera que uno más de los lastres para el ejercicio de la libertad de expresión es el cambio en la propiedad de los medios de comunicación, la cual recae hoy, en su mayoría, en empresarios, y esto “va liquidando prácticamente” al periodismo contemporáneo

“Los medios –agrega– hablan en general de la libertad de expresión y en realidad están hablando de la libertad de empresa. Están ligados, además, con intereses, con negocios. Es curioso, por ejemplo, que The New York Times, por ejemplo, no relate los conflictos de los trabajadores de la Ford Motor Company. Porque el director de esa empresa es consejero también de ese diario”.

Al respecto, destaca que La Jornada “es ejemplar” al haber podido subsistir y, prácticamente, ser el único medio de Latinoamérica, sino es que del mundo, en manos de periodistas.

“Es una empresa periodística que se ha sostenido soportando mareas, tormentas y mareos”, subraya. “Pero trata de contar siempre las cosas que están pasando en el mundo con una óptica que quiere acercarse a la objetividad, a la verdad, y eso es lo que la hace ejemplar. Lo hace bien y lo hace mal, pero siempre está en el cogollo de la información.”

Como parte del documental, Carlos Payán rememora los orígenes de La Jornada, a partir de que que un grupo de periodistas y trabajadores de diversas áreas salió del unomásuno.

“Se hizo una convocatoria que no se quiso publicar en ningún periódico, pero funcionó de boca en boca. Se comenzó a decir que habría una reunión en lo que hoy es el edificio del World Trade Center. Fue un mitin al cual llegaron 7 mil personas, y cobramos la entrada; fueron los primeros centavos que recibimos”, menciona.

“Ahí vendimos las primeras acciones. Es muy importante eso, porque de alguna manera esto que llamamos sociedad civil se movilizó, así amorfa y todo, y dijo que iban con el proyecto con nosotros.

“Y con eso comenzamos a hacer una especie de capital semilla, y recibimos otro gran legado importante, que fue el de los pintores. (Rufino) Tamayo nos regaló una edición litográfica de 100 ejemplares que entonces valía 100 mil dólares, (Francisco) Toledo nos hizo mil ejemplares de un grabado, en tramos de 250 en cuatro diferentes colores, y (Manuel) Felguérez, Vicente Rojo y todo el mundo artístico, desde los más altos hasta los medianos, dieron obra para que pudiéramos hacer ese periódico.”

Fuente: La Jornada, 8.9.14 por Angel Vargas, periodista mexicano

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