Ley de medios, democracia y desafíos

El pasado 10 de octubre se cumplieron cinco años de la sanción de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LdSCA). A decir verdad, la ley en plena vigencia tiene menos de un año, ya que el dictamen favorable de la Corte Suprema respecto de la demanda judicial del Grupo Clarín data del 29 de octubre del 2013. Con el impulso de este aniversario y bajo el título “Medios y Democracia. Desafíos en tiempos de convergencia tecnológica”, unos quinientos trabajadores de la comunicación, investigadores y estudiantes se dieron cita los días 9 y 10 de octubre para debatir acerca de la actualidad y el porvenir de este campo. Muchos de ellos fueron invitados de otros países latinoamericanos y europeos, para quienes la LdSCA –casi siempre por contraste– es un modelo a seguir.

La convocatoria fue realizada por la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (Afsca), el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso) y la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET) en el predio de la ex Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) que funciona bajo la órbita de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. Este escenario cargó de sentido el evento, entre quienes se encontraban periodistas y comunicadores que sufrieron en carne propia la censura y la persecución de la dictadura militar. Pero también estaban quienes tienen hoy la responsabilidad de tomar la posta, jóvenes de las generaciones que, nacidas en el marco de novedosos procesos culturales, científicos y tecnológicos, enfrentan hoy el desafío de ampliar los márgenes de la democratización comunicacional a través de nuevas miradas, relatos, enfoques y estéticas.

Algunas preguntas se fueron repitiendo en las casi veinte mesas de trabajo del encuentro. ¿Qué incidencia tiene la agenda que proponen los medios hegemónicos en la opinión ciudadana? ¿Qué rol juegan los grandes productores de información a nivel nacional e internacional en la definición de gustos y deseos? ¿Qué rol debe jugar el Estado en la producción, circulación y distribución de contenidos audiovisuales que influyan en este escenario? ¿Cómo fortalecer y potenciar a los actores sociales de la comunicación, especialmente a los medios comunitarios, de pueblos originarios, educativos, universitarios, sindicales, etc.?

Muchas de ellas encontraron respuestas en algunas de las políticas de los últimos años: el desarrollo de la infraestructura de la Televisión Digital Abierta (TDA), con nuevas señales y contenidos de carácter federal; el fomento a producciones locales y regionales mediante los concursos del Incaa y el Ministerio de Planificación; el apoyo para el equipamiento, la producción de contenidos y la gestión de medios comunitarios y de pueblos originarios a través del Fondo Concursable (Fomeca) de la Afsca, entre las más destacadas.

Pero este escenario también abre una serie de interrogantes. El primero. ¿Cómo disputar frecuencias y pantallas, a través de las cuales los medios concentrados todavía siguen construyendo hegemonía política y cultural? Y en este sentido, ¿cómo ir avanzando para hacer efectivo el 33 por ciento del espectro para el sector sin fines de lucro, especialmente en los grandes centros urbanos?

Segundo, y respecto de cuestiones económicas, ¿qué condiciones existen para una distribución más equitativa de la pauta estatal pero también de la publicidad privada –mucho mayor– para que puedan tener mayor sustentabilidad los nuevos medios democráticos? Complementariamente, ¿qué nuevas formas asociativas, de redes, de alianzas, de consorcios de comunicación e información podrían proyectarse, para compartir recursos, capacidades, y complementarse en estrategias audiovisuales comunes que permitan cubrir el territorio nacional con propuestas originales y atractivas para las audiencias?

Tercero, y tomando en cuenta la creación del Sistema Federal de Medición de Audiencias (Sifema) –recurso fundamental para ampliar la información sobre consumos más allá de Buenos Aires–, ¿se podrá averiguar también por qué las audiencias consumen lo que consumen, por qué eligen unos contenidos y no otros? Y yendo más a fondo, ¿cómo dar más poder a las audiencias, para que no solamente cuenten con consumos adecuados a sus gustos sino que puedan opinar activamente y producir sus propios mensajes? Son valiosos los avances y, tal vez por esa razón, también complejos los desafíos. Y la experiencia indica que se pueden alcanzar.

Fuente: página12, 15.10.14 por Diego Jaimes, argentino, licenciado en Comunicación. Docente UBA.

Periodismo y democracia

Una prensa libre puede ser buena o mala, pero sin libertad, la prensa nunca será otra cosa que mala” (Albert Camus). Sin prensa libre no hay democracia.

El ejercicio del periodismo es una de las formas de la libertad de expresión y, como tal, concomitante con la democracia representativa.

Naturaleza propia del pensamiento es ser diverso y plural y, por ello, concordante o discordante con otras formas de pensar igualmente libres y autónomas. El disentir es parte del juicio. Se ha dicho que un termómetro para medir la democracia de un país es apreciar la calidad de su prensa. Si se anula toda forma de fiscalizar al poder, la democracia desaparece.

 Hacia 1880, el pueblo ecuatoriano sufría la grotesca dictadura de Ignacio de Veintemilla; silenciada y perseguida la oposición, la pluma de Juan Montalvo se elevó para enfrentar al tirano. Escribió: “El abuso triunfante, soberbio, inquebrantable es tiranía, es flujo de acciones ilícitas, es robo a diestra y siniestra, son impuestos recargados e innecesarios, son atropellos, insultos, allanamientos, humillaciones…”.

Para la posteridad, la figura de Veintemilla quedó plasmada más por lo que Montalvo dijo de él que por aquello que consigna la historia. Los gobiernos represivos que se autoerigen en destino de un pueblo son anomalías históricas que, a la larga, se irán; dejarán atrás el rezago de su egolatría, sus mentiras y sus lacras.

No hay revolución moderna que no haya endiosado al Estado a costa de la libertad individual. Todo sistema totalitario tiene necesidad de la mentira para sobrevivir. Pero el engaño, por bien concebido y maquillado que fuese, no dejará de descubrirse con el consiguiente descrédito de sus tramoyistas. Y si la democracia no puede vivir sin la verdad, el totalitarismo no puede vivir sin la mentira.

En 1939, Albert Camus era un joven periodista que defendía la liberación de Francia invadida por los nazis. De esa época data uno de sus textos más penetrantes sobre la libertad de prensa.

Para Camus, cuatro son las condiciones que un periodista debería tomar en cuenta para no perder su independencia frente al poder: lucidez, rechazo, ironía y obstinación.

Lucidez porque “supone la resistencia a los mecanismos del odio, de la ira y el culto a la fatalidad.

Un periodista lucha por lo que cree verdadero. No publica nada que pueda excitar el odio o provocar desesperanza”.

Rechazo: “Frente a la creciente marea de la estupidez, es necesario oponer alguna desobediencia. Rechazar aquello que podría obligarlo a servir a la mentira”. Ironía: “Es un arma sin precedentes contra los poderosos. Completa a la rebeldía en el sentido de que permite no solo rechazar lo que es falso, sino decir a menudo lo que es cierto”. Y obstinación: “Para superar los obstáculos que más desaniman: la constancia en la tontería, la abulia organizada, la estupidez agresiva”.

 Fuente, El Comercio, 15.10.14 por Juan Valdano, filósofo ecuatoriano

La construcción de la realidad

La sanción de la ley 26.522 de Servicios de Comunicación Audiovisual (SCA) abrió la posibilidad de que el gran público pueda interiorizarse sobre debates que antes se debían exclusivamente al interior de los claustros académicos y en círculos políticos o empresariales muy cerrados.

Entre otras cuestiones, desnudó el hecho de que los discursos sociales tienen lugar en un escenario dinámico de disputa y de relaciones de poder, siendo las organizaciones de comunicación masiva uno de los espacios más destacados donde esa puja se desarrolla. Este importante rol y función que detentan los medios en las sociedades contemporáneas es objeto de numerosos estudios que los ubican de distinto modo en relación con el aporte que efectúan en la construcción social de la realidad.

Para algunas investigaciones, éstos tienden a construir una realidad aparente, ilusoria, a raíz de la manipulación y distorsión que ejercen sobre la realidad objetiva. Otras sostienen que los medios producen un simulacro de la realidad social; sin embargo, coinciden con la primera perspectiva en que la realidad transmitida es una construcción, producto de una actividad especializada, pero como algo exterior y autónomo a la práctica periodística.

Otros postulan la híper realización de la realidad social a partir de una referencia expresa a la sociosemiótica y la etnometodología: los medios son los que construyen la realidad social. Los acontecimientos son conocidos gracias a los medios y se construyen a través de su actividad discursiva. En nuestra sociedad serían los medios los que producen la realidad social.

Fuera del nivel de acuerdo que cada uno tenga con respecto a estas observaciones y dejando por sentado que existen otras líneas de análisis, resulta necesario señalar junto a autores como Miguel Rodrigo Alsina, ciertas cuestiones que deben ser tenidas en cuenta: la construcción social de la realidad por parte de los medios de comunicación no es unidireccional ni exclusivamente el producto de la actividad periodística, sino que es un proceso de producción, circulación y reconocimiento, donde la interacción de las audiencias o de los lectores con los mensajes transmitidos es vital para el consenso que la sociedad les otorga como soporte legítimo para la difusión de sentido sobre el mundo.

Esto último no implica dejar de resaltar el hecho de que la labor periodística tiene un rol significativo en el complejo engranaje de las organizaciones comunicacionales. También que tiene un reconocido e institucionalizado lugar al interior de las sociedades, basado centralmente en los contratos de lectura que los medios establecen con sus destinatarios. Estos contratos encuentran sus cimientos en comportamientos colectivos que se han ido forjando, a partir de la instalación del uso social de los medios de comunicación como las instancias que utilizan las personas para informarse de los acontecimientos de importancia pública, y por el constante esfuerzo que cotidianamente éstos realizan para autolegitimarse y reforzar esa representación social.

En el logro de tal objetivo, la información mediática que brindan debe ser considerada como real. Sin ese reconocimiento hay sanción. La recepción de una noticia interpretada como inverosímil, produce extrañeza y pérdida de confianza en el enunciatario. Es más, su falsedad o la simple sospecha de ella, puede hacer caer el estatus que presenta y puede llegar a romper el contrato al que se hiciera anteriormente referencia.

Por tal motivo, Rodrigo Alsina indica que en general la estrategia de los medios “consiste en construir un discurso que pueda ser creído. En razón de ello, “se hace aparecer en el discurso informativo las fuentes informativas que el periodista ha consultado, se utilizan comillas para recoger declaraciones literales, también se facilitan muchos datos sobre un acontecimiento de manera que no se pueda dudar de que es verdad”, se incluyen fotografías, imágenes en vivo o se recogen testimonios de los testigos presenciales de los hechos considerados noticiables.

En la consolidación de dicho contrato pesan tanto factores internos de la propia organización comunicacional como externos. Dentro de los primeros y a modo de ejemplo para el caso de la prensa, sobresalen el nombre del medio, el formato, la tipografía, el diseño en general y el diseño en particular de la portada, la ilustración, la diagramación, los destacados, las volantas, las metáforas utilizadas, las secciones, los suplementos y las agendas temáticas. En cambio, los segundos dan cuenta de que estamos frente a instituciones complejas sujetas a influencias e intereses de todo tipo: las innovaciones tecnológicas, la tasa de rentabilidad para el caso de los vaivenes del mercado infocomunicacional, la competitividad, las tradiciones culturales y las presiones de otros grupos empresarios, corporativos y políticos.

Estas son parte de las vicisitudes que empezaron a vislumbrarse con claridad, a partir de los debates aludidos.

Fuente: Página12, 8.1014 por Juan Pedro Gallardo, argentino licenciado en Ciencias de la Comunicación, UBA.

El papel del papel

Los colaboradores habituales del diario Tal Cual, fundado hace década y media por Teodoro Petkoff en Venezuela, iniciaron mal este mes al recibir un mensaje desde la redacción de este periódico. Tienen papel para mantener una versión impresa, reducida a sólo 16 páginas, hasta el próximo 23 de octubre. Tal Cual se suma a la crisis que vive la prensa independiente venezolana desde hace un año por la falta de un suministro confiable y constante de papel periódico.

A decir verdad, el tema del papel es una suerte de guinda en la copa, ya que los periódicos vienen atravesando serias dificultades para mantenerse como una suerte del último bastión informativo crítico del gobierno y del modelo chavista. Esto cuando hablamos de medios de comunicación tradicionales, luego de que se tejió un corsé de censura sobre la totalidad de la televisión privada y sobre un amplio espectro de la radiodifusión comercial. Ha crecido en Venezuela el flujo informativo por las redes sociales tales como Twitter, ciertamente, pero esta plataforma aún dista de llegar al país en su conjunto, además de que la propia naturaleza de red impide que haya una columna vertebral noticiosa nacional como sí la proporciona, aún, la prensa escrita independiente en Venezuela.

La crisis del papel, que afecta ahora a Tal Cual, ya ha producido el cierre definitivo de seis periódicos y el cese temporal de otros cuatro, según un reporte que lleva el Instituto Prensa y Sociedad (IPYS). Para otros, como el diario más antiguo aún en circulación, El Impulso, con 110 años, el nuevo esquema para acceder al papel sencillamente echa por tierra el modelo comercial y empresarial con el que trabajó en las últimas décadas.

Fue precisamente el presidente de El Impulso, Carlos Carmona, en septiembre de 2013 quien dio la voz de alerta. El diario, editado en Barquisimeto, sólo tenía papel para editarse hasta febrero de 2014. Desde entonces El Impulso redujo su paginación de forma drástica, se editó con papel que otros medios le prestaron, se benefició de una donación de medios de comunicación colombianos y ante lo que parecía ya el cierre definitivo, en septiembre de 2014, finalmente la estatal Corporación Maneiro anunció que incluiría a este diario en su lista de beneficiarios.

Hasta principios de este año los diarios accedían a las divisas directamente para importar el papel que necesitaban para sus operaciones. Hasta hace un año cada periódico decidían cuantas reservas de papel tenía en sus almacenes. Ahora es una empresa del Estado la que monopoliza la importación de papel periódico, puesto que además se excluyó a este rubro de las convocatorias para acceder a dólares, que gracias al control cambiario el mismo Estado decide a quién otorga y a quién no. Los principales periódicos de forma callada, en su mayoría, han terminado entrando por el aro. Se trata de comprar bajo las reglas oficiales o sencillamente resignarse a desaparecer. La Corporación Maneiro, sin embargo, no ofrece suministro a largo plazo, cuando un periódico como El Impulso se encontraba literalmente boqueando, le vendió papel escasamente para cuatro semanas más de ediciones. Eso dificulta la planificación editorial y comercial a corto plazo, ya que en tal situación hasta resulta impensable pensar en el mediano o largo plazo.

Otros diarios más pequeños que no tienen imprenta propia, es el caso de Tal Cual, se imprimen bajo esquemas de acuerdos comerciales con consorcios del sector. El periódico de Petkoff venía editándose con la otrora Cadena Capriles (que después de su nada transparente venta se denomina Grupo Últimas Noticias). La empresa editora dio razones comerciales para poner fin a la relación con Tal Cual y éste diario ahora sólo tiene garantizado papel para circular, como hemos dicho hasta el 23 de octubre.

Sin embargo, más allá de que consiga papel, sobre este pequeño diario -fundamentalmente de opinión- pesa también una severa demanda dirigida contra Petkoff y los accionistas por parte del hombre fuerte del chavismo, Diosdado Cabello. Hace algunos años se les obligó a pagar una demanda millonaria por presuntamente haber irrespetado a una hija de Hugo Chávez en un artículo firmado por el humorista Laureano Márquez. También le condena un cerco publicitario: El gobierno presiona a las empresas que ponen avisos en Tal Cual, al igual que lo ha hecho con otros medios incómodos.

Así las cosas, el papel que juega el papel no es otro que darle otra vuelta de tuerca al cerco informativo que vive la sociedad venezolana.

Fuente: El País, 7.10.14 por Andrés Cañizález, venezolano, investigador y analista de medios de comunicación.

Edison Lanza, nuevo relator para la Libertad de Expresión en América

La Relatoría Especial para la Libertad de Expresión para las Américas pasó este lunes a cargo del periodista uruguayo Edison Lanza, después de seis intensos años de la abogada Catalina Botero; la periodista Silvia Chocarro Marcesse conversó con ambos para la  red de Intercambio Internacional para la Libertad de Expresión (IFEX), informa Cerigua.

La abogada colombiana Catalina Botero habló con pasión de los seis años en los que fue Relatora especial para la libertad de expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), el órgano encargado de la promoción y protección de los derechos humanos de la Organización de Estados Americanos (OEA); su entusiasmo, sin embargo, no oculta que fue difícil.

Catalina Botero señaló que siempre tuvo la idea de que la Relatoría tenía la misión de promover el derecho a la libertad de expresión; lo que no tenía claro era que iba a ser tan difícil; en el transcurso de los años las dificultades fueron cada vez mayores, pero logramos sortearlas con mucho éxito, indicó.

La Relatora saliente dijo que el mayor desafío que enfrentó fue construir institucionalidad; hacer de la Relatoría una Institución, que no dependa de una persona ni de un equipo concreto, sino que tenga todas las garantías institucionales para poder operar en el tiempo, al margen de quien la dirija.

Sobre los logros, dijo que fueron de tres tipos; el institucional, ya señalado; un segundo, temático, al haber fortalecido temas que ya estaban en la agenda, como el acceso a la información, y al mismo tiempo haber incorporado otros nuevos, como la seguridad de los periodistas, que es probablemente el desafío más importante de la región, y por último, en un ámbito más personal, la satisfacción de haber defendido a personas que estaban siendo amenazadas o a las que iban a asesinar, o haber evitado el encarcelamiento de personas por haber ejercido el derecho a la libertad de expresión.

Botero dijo que IFEX se constituye en los ojos y oídos de la Relatoría en la región; hay pocas cosas más importantes para la Relatoría que contar con el trabajo hermano de organizaciones como IFEX; su información es crucial y permite alimentar todos los informes, subrayó.

Por su parte, Edison Lanza,  abogado y periodista uruguayo, cofundador del Centro de Archivos y Acceso a la Información Pública (CAinfo), una organización perteneciente a la red IFEX., dijo que la Relatoría es una referencia en materia de libertad de expresión y por tanto, heredo una responsabilidad muy grande; dijo que asume el puesto sin temor, pero con la seriedad y la responsabilidad que conlleva.

Sobre los desafíos a enfrentar, dijo que el mayor será poder incidir en aquellos lugares donde se registran problemas en materia de libertad de expresión, y que la Relatoría sea un espacio de diálogo y entendimiento; tenemos que ser capaces de debatir sobre temas que atañen a la libertad de expresión, enfatizó.

Al referirse a la salud de la libertad de expresión en el continente, dijo que la situación es muy heterogénea; hay países que han mejorado, pero otros han empeorado; hay más países donde se han despenalizado los delitos de expresión o se han aprobado leyes de acceso a la información, sin embargo, es preocupante la obsesión de algunos gobiernos por copar el espacio público y asimilar la crítica a actos subversivos,  dijo.

Lanza destacó que la violencia y la impunidad serán dos temas cruciales en su gestión, aunque también será importante echar luz sobre los estándares en materia de libertad de expresión y su aplicación; es necesario además, democratizar los medios, ya que es importante promover mayor diversidad y pluralismo, aunque sin menoscabar la libertad de expresión y el ejercicio del periodismo.

Finalmente, el entrevistado destacó que el trabajo de la Relatoría sería muy complicado sin la cooperación internacional de redes como IFEX, especialmente den las tareas monitoreo, seguimiento y diseminación de estándares normativos; las organizaciones que integran IFEX son clave porque son quienes están en el terreno día a día, concluyó.

Fuente: Periodistas en español, 7.10.14