Caricaturista, una profesión cada vez más arriesgada

Como lo confirmaron los atentados del 7 de enero de 2015 en París y del 16 de febrero de en Copenhague, los caricaturistas se han convertido en el blanco de movimientos extremistas. Aunque en ocasiones son los mismos Estados quienes intentan hacerlos callar, con la ley o la violencia.
Ferzat en Siria, Dilem en Argelia, Vilks en Suecia, Zunar en Malasia, Prageeth en Sri Lanka, Bonil en Ecuador, Kart en Turquía o Trivedi en India. Reporteros sin Fronteras (RSF), que muestra la obra y el combate de estos ocho caricaturistas amenazados o perseguidos por sus dibujos.
En algunos países fueron agredidos por grupos radicales; en otros, fue el gobierno el que intentó hacerlos callar con arrestos, procesos y sentencias legales. En ciertos casos, los caricaturistas padecieron esta doble presión.
El artículo 19 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos establece restricciones a la libertad de expresión relativas al: “respeto a los derechos o a la reputación de los demás” y “la protección de la seguridad nacional, el orden público o la salud o la moral públicas”. El Relator Especial de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas sobre la promoción y protección del derecho a la libertad de opinión y de expresión recordó que el derecho a la libertad de expresión incluye la expresión de información que puede “ofender, consternar o molestar”.
A pesar de lo establecido en la legislación internacional, existen poderes políticos, religiosos, económicos o militares, así como grupos no estatales, que no están muy abiertos a la ironía y a la crítica. Censura, despidos, amenazas de muerte, acoso judicial, agresiones e, incluso, en los casos más graves, asesinato: se han multiplicado las agresiones contra un gremio que cada vez corre mayores riesgos.
Reporteros sin Fronteras profundiza en los casos de caricaturistas perseguidos por su trabajo.
En agosto de 2011 los servicios de inteligencia sirios detuvieron a Ali Ferzat, caricaturista conocido desde hace tiempo por sus dibujos, críticos del partido Baaz y del presidente Bachar el-Assad. Cuando comenzó la insurrección siria el caricaturista dio rienda suelta a sus dibujos y dio cuenta de los asesinatos masivos cometidos por el régimen. Hombres armados lo secuestraron el 25 de agosto de 2011 en Damasco. Los shabiha, milicianos del régimen, le rompieron la mano izquierda, con la que dibuja; le produjeron quemaduras en el cuerpo con cigarros. Lo encontraron a orillas de una carretera, horas después de su secuestro, con una bolsa en la cabeza. El caricaturista de 64 años de edad, quien en 2011 recibió el Premio Sájarov por la libertad de conciencia, otorgado por el Parlamento Europeo, hoy en día vive exiliado en Kuwait, donde continúa con sus actividades.
Ali-DilemAli Dilem lo sabe de sobra: en Argelia no es bueno ser caricaturista. El dibujante del diario argelino Liberté y del programa Kiosque de TV5 Monde ha trabajado durante mucho tiempo en condiciones difíciles. Ali Dilem recibe continuamente amenazas de muerte de grupos islamistas, aunque también ha sido hostigado judicialmente. Procesos por difamación le han valido al caricaturista numerosas detenciones, así como sentencias a penas de prisión condicional. En 2001 tuvo el triste privilegio de que se diera su nombre a una serie de enmiendas al Código Penal argelino, que contemplan penas para los periodistas que pueden ir hasta un año de prisión efectiva. Pero Ali Dilem nunca se ha rendido. Sus dibujos han recibido una veintena de premios internacionales, como el Trofeo de la Libertad de Prensa, otorgado por el Club de Prensa de Limousin y por Reporteros sin Fronteras en 2005. También fue nombrado Caballero de las Artes y de las Letras en octubre de 2010.
El sueco Lars Vilks fue conocido en todo el mundo tras la publicación de sus caricaturas del profeta Mahoma. En 2007 en un video Al Qaeda incitó a “derramar la sangre de Lars, quien se atrevió a insultar a nuestro profeta” y ofreció por su asesinato y por el de Ulf Johansson una recompensa de 100.000 y 50.000 dólares, respectivamente. Incluso ofreció cincuenta mil dólares suplementarios si le caricaturista era “degollado como un cordero”. Desde 2010 Lars Vilks vive bajo protección policíaca, la cual fue reforzada después del ataque a Charlie Hebdo. En 2014 una mujer estadounidense de 50 años convertida al islam, que se hacía llamar “Jihad Jane”, fue condenada a diez años de prisión por haber participado en 2009 en un plan para asesinar al caricaturista.
En 2010 una serie de caricaturas de Zunar fue prohibida en Malasia. Fue el inicio de un largo hostigamiento judicial. La policía registró su domicilio. Cuando el caricaturista explicó que sólo quería que “la gente comprendiera los hechos de actualidad” a través de sus dibujos, que abordan noticias sociales y políticas, fue acusado de sedición. Zunar enfrentó una larga batalla judicial con el gobierno para poner fin a la censura de su trabajo. Algo que estuvo muy lejos de obtener: para hacer callar las críticas, la Comisión Electoral decidió prohibir las caricaturas durante la campaña de las elecciones legislativas de 2012. En julio de ese año el caricaturista fue sentenciado, por lo que ya no puede exponer su trabajo en su propio país. Última envestida: el 28 de enero de 2015 en Kuala Lumpur la policía entró en sus oficinas sin una orden judicial, confiscó cientos de sus obras e interrogó a sus colaboradores.
La tarde del 24 de enero de 2010 Prageeth Eknaligoda, analista político y caricaturista ceilandés desapareció al salir de su trabajo para regresar a su casa. El periodista había confiado a uno de sus amigos más cercanos que desde hacía algunos días tenía la impresión de que lo seguían. Una semana antes de su secuestro había publicado un largo análisis comparativo de los dos principales candidatos a la presidencia, en el que expresaba su preferencia por la oposición. Dos meses después de la desaparición del periodista, la policía no mostró ningún interés por encontrarlo con vida ni ofreció información contundente a su familia. Peor aún, para encubrir las circunstanciales reales de su desaparición, algunos ministros hicieron declaraciones contradictorias: en marzo de 2010 el hermano del presidente, Gotabaya Rajapaksa, afirmó en una entrevista que “el mismo Eknaligoda había organizado su desaparición”. RSF y Cartooning emprendieron una campaña internacional cuando se cumplieron tres años de su desaparición: “Where is Prageeth”.
Difícil profesión la de caricaturista en Ecuador, país en el que la situación de la libertad de información es alarmante a un año de que se aprobó la Ley Orgánica de Comunicación (LOC). El dibujante Xavier Bonilla, conocido como “Bonil”, padece de lleno la censura de las autoridades, en particular de la Superintendencia de Comunicación (Supercom), órgano de regulación de los medios de comunicación creado por la LOC. Acusado de “difamación” del gobierno, fue forzado a “rectificar” una de sus caricaturas, en la que denunciaba un allanamiento, considerado abusivo, realizado por las fuerzas del orden en febrero de 2014. A El Universo, el diario en el que Bonil trabaja, se le impuso una multa de 90.000 dólares. A inicios de 2015 la Supercom reincidió. El caricaturista fue acusado de “discriminación socioeconómica” por una caricatura del asambleísta Agustín Delgado, del partido Alianza PAÍS (en el poder). ¿Su crimen? Una caricatura que muestra las escasas aptitudes de orador del exfutbolista. Por orden de la Supercom, El Universo debió pedir disculpas a organizaciones afroecuatorianas. Bonil fue amonestado por escrito y conminado por las autoridades a “corregir sus prácticas” y “abstenerse de reincidir”.
Fuente: Periodistas en español, 10.3.15

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