James Nachtwey: "La fotografía por si sola es como aullar en el viento"

Un niño duerme, sus padres le empujan en la sillita y, al fondo, arde Irlanda del Norte. Con una de sus primeras imágenes, James Nachtwey quiso presentar este viernes en Madrid su obra: un repaso a su trabajo que supone un paseo por el mundo de los últimos 30 años y que, ante una sala repleta de periodistas y fotógrafos, quiso dejar un mensaje claro: a pesar del conflicto, las guerras, mutilaciones, la enfermedad  y la barbarie, hay esperanza. Él sigue creyendo en el ser humano.
El ganador de dos premios World Press Photo, reciente Premio Luka Brajnovic de la Universidad de Navarra, James Nachtwey, hizo un repaso este viernes a 35 años de su vida, en Conversaciones con. Desde la normalidad, en medio del conflicto, de Irlanda del Norte en 1981, hasta el drama sanitario de medio mundo en los últimos años.
El Salvador, Guatemala, Nicaragua, Líbano, Israel, Gaza, Afganistán, India, Sudán Ruanda, Sudáfrica, Kosovo, Rumania, Nueva York… sus mejores fotografías pasaron ante la tranquila voz del fotógrafo, que ante todo, hizo una defensa del periodismo a la caza de la verdad, pero respetuoso. Un periodismo, declaró, que puede cambiar la historia y cuyo rol es vital para la sociedad. Su deber: la verdad, y, en su caso, poner cara al sufrimiento.
La verdad, siempre. “El periodismo, en su sentido más puro, es imparcial (…) pero no es lo mismo que ser neutral en un conflicto”, explicó, “la acumulación de datos presenta una narrativa, que permite al periodista percibir perspectivas, formar opiniones y hacer juicios. La narrativa puede hacernos simpatizar con uno u otro bando. Pero nuestras simpatías no justifican la tergiversación. Distorsionar los hechos sería crear propaganda”. “Tenemos que confiar en nuestros lectores”, aseguró, “reconocer que pueden entender temas complejos”.
Para el fotógrafo, el periodismo del nanosegundo. No es perfecto, “no narra la Historia, no muestra lo que pasó ayer, no incluye las justificaciones de odio y desprecio que motivaron a alguien que no era un bárbaro a actuar como tal”. Pero es el nanosegundo de la eternidad: “Es como un abrir y cerrar de ojos en el gran esquema de las cosas. En ese nanosegundo de eternidad hay mucho más que aprender, somos testigos de la injusticia, de la crueldad, del sufrimiento, de la tortura y la tragedia, de la envidia, de la arrogancia, pero también aprendemos el valor de la tolerancia, de la integridad, del respeto, de la amabilidad, del coraje, de la compasión, de la amistad, del humor y del perdón”.
Un periodismo dedicado a, lo que él llamó, “los que están en el lado doloroso de la historia”. Pero que no se hace sólo: a veces, los editores tienen más poder para cambiar las cosas. “La fotografía, por si sola, es como aullar en medio del viento”, aseguró, “a menos que sea publicado por editores valientes y comprometidos”. En su caso, sabe de lo que habla: gracias a sus imágenes sobre la hambruna en Somalia, que fueron publicadas en primera plana del New York Magazine, se inició un movimiento internacional: Cruz Roja consiguió, gracias al apoyo recibido, salvar 1,5 millones de vidas. “Eso fue lo que validó mi fe en el periodismo”.
Es fotógrafo de guerra. La fotografía es su vida, pero, como explicó, “ojalá no hubiera tenido que tomar ninguna” de las imágenes, narró, “como decía Robert Capa, el deseo más profundo oculto de cualquier fotógrafo de guerra es quedarse sin trabajo”. Fotos que deseó nunca haber tomado pero que, paso a paso, son historia, “porque la historia es lo que les pasa a los seres humanos, uno a uno”.
Y los periodistas, los que tienen el deber de contarlo.
Fuente: 233grados.com, 27.3.15

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