Día del Periodista Boliviano

Editorial
El 10 de mayo de cada año se recuerda el Día del Periodista Boliviano, fecha en la que Mariano Melgarejo mandó a ejecutar en 1865 al periodista Cirilo Barragán por un artículo que molestó a su dictadura; aunque fue recién en 1938 que Germán Busch dispuso que el 10 de mayo se conmemorara tal jornada.
Y, bueno, ahora estamos en 2016 y los artículos de los periodistas siguen molestando al poder. Pero en ese escenario, hoy hay de todo: están quienes realizan una labor de fiscalización, tratando de incluir a la parte y la contraparte; están los que ya no le ven casi nada bueno al Gobierno; están los que del otro extremo defienden totalmente al poder sin pensarlo dos veces y, para ello, la contraparte es cuento o se la pone en los últimos párrafos para que, mejor, no se la vea, y en las redes sociales también hay de todo.
Por si tal escenario confuso no fuera suficiente, ahí también están los grandes temas que en el caso de los medios tradicionales pasan a ser vivencia cotidiana: a la gente pareciera interesarle cada vez más la información vinculada a hechos de sangre y cada vez menos la destinada a temas económicos o políticos.
Y las redes sociales tienen, a su vez, sus propios bemoles porque, si bien estas le han dado al ciudadano el gran poder de manifestarse con total libertad, el uso arbitrario y desmedido que se hace en ellas está dando lugar a que mucha información sea puesta en duda, motivo por el que la gente más temprano que tarde termina verificando en los medios tradicionales si lo leído o escuchado es cierto o no, sobre todo con los temas vinculados a la salud, el medioambiente, la política y la economía. Por ejemplo, es común encontrar en las redes artículos sobre curas milagrosas del cáncer, del parkinson y otras enfermedades, los que provienen de medios que uno jamás escuchó mencionar y, por ese motivo, las personas terminan buscando en los medios tradicionales si aquello es verdad o no.
En ese sentido, los medios en internet a los que tanto parecemos temer los periodistas están empezando a desnudar sus debilidades como también ocurre con los medios tradicionales que se están yendo a un extremo o al otro de la información, olvidando los códigos de ética, porque, así como los lectores de las redes sociales ya buscan otras fuentes para confirmar la información que necesitan saber, también los que leen periódicos terminan migrando a otros si en lo leído la verdad o verdades se hacen dudosas.
Complejo el entramado en el que hoy tiene que vivir la labor periodística, de la que ya se ha dicho mucho, sobre todo en relación a su sobrevivencia en el mundo de la tecnología.
Sin embargo, en todo ese bosque cada vez se hace más evidente una advertencia y consejo de los expertos a nivel internacional: los medios tradicionales que sobrevivan a la larga será por su información de alta calidad y confiabilidad, y es en este punto donde los periodistas debiéramos jugar nuestra principal carta hacia el futuro.
No obstante, esta gran carta pasa, necesariamente, por la investigación que trate de darle a la gente la versión más cercana de lo dicho y sucedido. Difícil en momentos en que las empresas periodísticas viven contraídas en número de personal por la situación económica que deben enfrentar desde el año 2000.
En todo caso, lo que aún no está del todo claro es si esa labor periodística sobrevivirá junto con la estructura que la acompañó durante siglos: la empresa que gira alrededor del negocio de la publicidad y las ventas, porque es evidente que esta sí está en crisis desde hace muchos años.
Por tanto, los retos a los que hoy se enfrenta el periodista no son pocos ni pequeños y requieren de un gran dosis de trabajo, capacitación e, incluso, optimismo para enfrentarlos.
Fuente: Opinión, 10.5.16

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