Pobre periodismo

La más grande ironía de los periodistas es que ellos informan a la sociedad pero no hay nadie en la sociedad que informe sobre ellos. Por ello, los retratos que se hacen del periodismo son pobres y hasta pueden llegar a ser tan ridículos como el ficticio “Daily Planet” de Superman.
La verdad es que el periodismo no es tan glamoroso como quiere mostrar la televisión y los periodistas no son invulnerables como el alter ego de Clark Kent, por lo menos no en Bolivia.
Los medios de comunicación social se han multiplicado en nuestro país pero su crecimiento numérico no estuvo acompañado de calidad por la sencilla razón de que tampoco hubo crecimiento económico.
En los países del denominado “primer mundo”, los medios de prensa crecen en todos los sentidos porque tienen buenos ingresos. Ese crecimiento dio lugar al surgimiento de imperios mediáticos como el reciente AOL-Time Warner o la ya clásica Hearst Corporation, herencia del legendario William Randolph Hearst.
En Bolivia, los medios se multiplican pero no crecen. Las excepciones que confirman la regla crecen poco en relación a los medios de los países grandes.
Los medios que logran algún crecimiento están ubicados en el eje central y su principal sustento es la empresa privada. El Estado, que hasta hace poco era el principal anunciador, ahora limita la contratación de publicidad y/o propaganda a sus propios medios, a los que adquirió mediante terceros o a aquellos que no critican al Gobierno. Debido a ello, opera una autocensura que es perniciosa pero, para pesar del país, ha dejado de ser vergonzosa porque se ha convertido en costumbre.
Medios impresos, digitales, radios, canales de televisión y agencias de noticias funcionan con escaso personal y, debido a la poca publicidad que captan, no pueden pagar la idoneidad que el público boliviano merece. Por eso es que la calidad del periodismo boliviano no es precisamente de los mejores del mundo.
En cada una de las ciudades que no forman parte del eje central existen más de 50 radios y 20 canales de televisión pero la mayoría no paga sueldos porque contrata a su personal bajo sistemas como porcentaje, destajo o cede espacios a periodistas que se convierten en productores independientes y son más vulnerables a la corrupción.
Uno de los casos ilustrativos es Potosí donde la actividad comercial está dominada por la informalidad. Los escasos comercios formales no contratan publicidad y las entidades financieras son meras sucursales que no toman decisiones sobre esos temas. Existe una sola industria, la cervecería, y las grandes mineras, como Manquiri y San Cristóbal, destinan sumas exiguas a la publicidad. Las cooperativas mineras, que se benefician de los recursos de la región, no contratan espacios en los medios. Eso dejaba a la Gobernación y la Alcaldía como los únicos contratantes de publicidad pero cuando asumió el actual gobernador, Juan Carlos Cejas, decidió suspender los contratos de publicidad. Tras haber perdido prácticamente el 50 por ciento de sus ingresos publicitarios, la prensa potosina atraviesa por momentos difíciles.
Con matices, la realidad del periodismo potosino es la realidad del periodismo boliviano al que las autoridades se esmeraron en felicitar el pasado 10 de mayo. Su situación económica es mala y la de sus dependientes es deplorable. En lugar de proporcionar facilidades para su trabajo, el Gobierno les complica la vida distribuyendo la publicidad con criterios discriminatorios. Si eres medio estatal, paraestatal o condescendiente con el Gobierno tienes publicidad. Si no, tienes que arreglártelas como puedas. Y de ahí parte la autocensura.
Fuente: Los Tiempos, 12.5.26 por Juan José Toro, por periodista

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