Daniel Santoro: “Hay un relato para estigmatizar a la prensa que investiga al poder”

Daniel Santoro descubrió el contrabando de armas a Ecuador y Croacia que terminó con Carlos Menem. También indagó las rutas del dinero del kirchnerismo
“Si el delito Offshore actúa a escala global, el periodismo debe investigar a escala global”, dice Santoro
Daniel Santoro no pierde las virtudes de los viejos periodistas. Lo recordamos cuando entraba, militante, con su mochila al hombro, a la clase de Periodismo Impreso cuando era profesor de la mítica Escuela de Periodismo de la ciudad de La Plata (Argentina).
Todavía carga en esa mochila una laptop, un grabador y una libreta de notas. “Nada más necesita un buen periodista, lo demás son accesorios superfluos”, afirma en tiempos en que se debate en América Latina la relación tensa, difícil, entre periodistas y poder político. Llegó a Santa Cruz invitado por la Universidad Evangélica Boliviana para dictar clases en una maestría de Periodismo.
Santoro es uno de los periodistas de investigación más reconocidos de América Latina y acababa de publicar el best-seller La ruta del dinero K, un trabajo de investigación que desveló al detalle la trama de corrupción que salpicó a los Kirchner antes de su derrumbe político tras las elecciones de octubre y noviembre de 2015.
Subsecretario de Redacción del diario Clarín, Santoro se defiende de las críticas del kirchnerismo en sentido de que su diario forma parte de un pool que monopoliza el espectro mediático argentino de las últimas décadas.
– ¿El kirchnerismo perdió la elección por acción de Clarín? ¿Evo perdió el referéndum en febrero por las denuncias del periodismo?
¿Cuánto pueden los políticos achacar a los medios y a los periodistas por sus derrotas?
Creo que hay una exageración en cuanto al poder de los medios de comunicación. En la historia argentina se ha demostrado que en el año 73 y 74, la mayoría de los diarios y las radios intervenidas por la dictadura militar estaban en contra de Juan Domingo Perón y, sin embargo, su candidato Héctor Cámpora ganó las elecciones y luego ganó Perón con el 56% de los votos.
El periodismo tiene una función que es informar, formar y entretener y ser el perro guardián de la democracia. Esta función se sustenta, en Argentina, en que hay muy buenos periodistas de investigación. Esos son los que llevaron a investigaciones periodísticas que, luego, tuvieron un correlato en procesos judiciales por corrupción.
El caso de venta de armas a Ecuador y Croacia que me tocó indagar llevó a que el expresidente Carlos Menem sea detenido. La nota fue publicada en 1995, pero Menem fue reelecto después por casi el 50% de los votos. Y, con Cristina Kirchner, en el año 2011, hubo una serie de investigaciones por el caso Shocklender y desvíos de fondos de varios millones de pesos y en ese momento la opinión pública estaba muy convencida de la expresidenta, pero era de amianto, todas las balas le rebotaban.
Creo que debemos tender a una relación más profesional entre medios y poder político a través de leyes de acceso a la información, conferencias de prensa, autorregulación de parte de los medios, y esto llevarlo a las redes sociales, donde estos códigos de ética y de comportamiento profesional directamente no existen.
Internet, en lugar de ser una plataforma para acceder a más datos se convierte en un intercambio de insultos y de basura, donde perdemos la capacidad maravillosa de construir un foro de debate.
Bueno, pero también hubo otros casos como el de Ricardo Balbín donde se dijo que el retrato caricaturesco del mandatario en los medios llevó a su caída…
– ¿Cuál es el peso real que tienen los medios en los procesos políticos?
Creo que tienen un peso relativo. Cuando una sociedad está enamorada de un presidente en un proceso político no se quiere escuchar la verdad que pueda insinuarse en la prensa independiente y que no aparece en los medios tradicionales.
Parte de la literatura académica ha exagerado el rol de los medios en los procesos políticos y los muestran como que son todopoderosos y capaces de manipular las mentes de las personas. La gente la tiene muy claro. Por más que haya medios masivos y tradicionales que digan que la pared es blanca, si la pared es marrón, así será vista por la opinión pública.
En tus últimos escritos planteas que se ha caído un muro de impunidad con la que se manejaba el kirchnerismo.
– ¿Qué condiciones explican su derrota electoral y este giro que ha dado Argentina con Mauricio Macri?
Cristina Kirchner, en sus dos presidencias armó un muro de protección jurídica y política que se estableció con la designación de los jefes de los fiscales, Alejandra Gils Carbó. A poco de ser nombrada creó una agrupación de jueces y fiscales que apoyó al Gobierno.
Después de esa medida, Cristina nombró a cientos de jueces y fiscales para cercar las causas que la comprometían. Un caso emblemático fue la firma de un pacto internacional con Irán por el atentado a la AMIA que suponía que un juez argentino podría interrogar a los iraníes sospechosos de ser los autores intelectuales del ataque. Después de una serie de apelaciones, el caso pasó a la Cámara de Casación Penal y, allí, la causa estuvo dos años paralizada por presiones del Ejecutivo. Cristina hizo renunciar a un juez, nombró a abogados a través de un procedimiento irregular, trató de apartar a otro juez para que no dictara su decisión, es decir, unas interferencias enormes, pero finalmente, ese acuerdo fue declarado inconstitucional.
De la misma forma, en muchas causas judiciales han presionado con campañas de difamación para no ser perjudicados. Hoy, parece que surgen cada día nuevas causas judiciales contra funcionarios kirchneristas, pero no es así, son las causas que no pudieron prosperar debido a la presión del poder político.
– Hay una “prensa militante” para cada momento político. Durante el kirchnerismo, ¿hubo una prensa prokirchner y otra antikirchner? ¿Y, hoy, una prensa promacri y antimacri?
El kirchnerismo hizo lo que otros movimientos políticos en la región. Lo vimos muy claramente en Venezuela, Nicaragua, Ecuador, Bolivia. El kirchnerismo impulsó y creó la idea de un periodismo militante. Para mí, la militancia política me parece una cosa muy grandiosa. Pero mi modelo profesional es el modelo del periodismo honesto, donde yo no puedo tener en mi mochila la carga de un compromiso partidario con alguna de las partes a la hora de escribir y de informar.
Además, Cristina Fernández creó un conglomerado de medios afines. A través de la pauta publicitaria oficial podían financiar sus actividades y habían creado un relato hegemónico en sentido de que en Argentina no había inflación, no había crisis, no había delincuencia. Excepto Clarín, La Nación y algunas radios, no había esa bandera de medios pluralistas para que haya más voces. Incluso partidos chicos como el socialismo fueron censurados por los medios oficialistas.
Si a esto le sumamos el hostigamiento, la situación se hizo insostenible. Cada periodista tiene derecho a pensar como quiera. Pero lo grave era el hostigamiento y la agresión personal para lograr la demonización del otro. En una democracia madura está bien discutir sobre los contenidos políticos, pero no descalificar a los que escribieron las notas. Y decir desde el poder político que es un vendido, alcahuete de los grandes medios, voceros de los fondos buitre y del imperialismo.
– Aquí en Bolivia se está dando con periodistas como Carlos Valverde que han denunciado tráfico de influencias en la empresa CAMC y hoy tiene que ponerse a buen recaudo por temor a ser detenido…
Exacto. Discutamos si la nota está bien hecha, si tiene fuentes contrastadas y documentos.
Ese tiene que ser el eje del debate. Pero no la estigmatización y el escarnio público de los que investigan al po-der. Este fenómeno llevó en Argentina a la autocensura entre periodistas que sufrían interferencias telefónicas. Ese fue uno de los momentos de mayor hostigación contra periodistas de las últimas décadas desde 1983, cuando se retomó la democracia.
– ¿Es necesaria también una autocrítica sobre el rol de los medios en el marco democrático?
Yo creo que los medios deben autorregularse, tener un código de ética y volver al modelo anglosajón que separa las noticias de las opiniones, donde los dueños manejan la posición editorial del diario y los periodistas tenemos el derecho de manejar las noticias. En los procesos de corrupción algunos periodistas también han sido copartícipes.
Hay que evitar los conflictos de intereses y apuntar a la transparencia de los medios. Tenemos que saber bien quiénes son los dueños de los medios. Además, es fundamental tener una ley de libertad de conciencia a través de la cual ningún periodista pueda ser obligado a publicar un determinado contenido que vaya contra sus principios y que eso no sea motivo de que te congelen en tu carrera profesional.
La autorregulación es el único camino para separar la paja del trigo en nuestro gremio, en un momento muy difícil donde las nuevas tecnologías han roto el modelo de negocio tradicional de la información y ver cómo financiar el periodismo de calidad y de investigación.
– ¿Cuáles son las claves de la investigación periodística en tiempos de revolución digital? Hoy lo vemos con las filtraciones masivas de datos a través de WikiLeaks o el ICIJ, por ejemplo. ¿Qué riesgos ve en este proceso?
Nada mejor que un par de zapatos y una mochila con libretas de apuntes para buscar fuentes confiables. Los periodistas tienen que tener capacidad para verificar la información y discriminar las operaciones de prensa.
En el caso de las filtraciones masivas hay que añadirle periodismo de investigación. No se trata decir el Mossack Fonseca incluye a alguien en la lista de las inversiones offshore. Es cierto, el dato es importante, pero tenemos que hablar con las partes involucradas.
Hay que agregarle periodismo a todo eso y aprovechar las nuevas herramientas que hoy ofrece la revolución digital, en un mundo donde la plata negra ha avanzado con todos estos recursos sofisticados a través de las cuentas offshore y ocultas, yo creo que la ciudadanía y los Estados tienen un recurso fundamental, que es el periodismo de investigación utilizando las nuevas tecnologías de la información.
– ¿Las filtraciones como tales no son suficientes?. ¿Qué riesgo tienen?
Nos pasó con la primera ola de filtraciones de WikiLeaks. Sin el apoyo de los medios, lo que se vieron eran documentos secretos del Ejército de Estados Unidos donde se daban a conocer nombres de fuentes de información y allí se puso en riesgo la vida de personas de las fuentes de información que Estados Unidos tenía en Irak.
Qué es más importante, ¿la vida o la noticia? Por supuesto que las vidas son más importantes. Hay una forma de tratar la información que proviene de las filtraciones, que es separar lo que es importante de lo que no lo es. En la segunda ola de las filtraciones, WikiLeaks se alió a grandes medios de prensa globales y allí los periodistas le dieron un tratamiento profesional a la información que divulgaba Julian Assange. Había que sacar las fuentes de información y discriminar qué era lo más importante en términos noticiosos.
En todo el mundo es un delito dar a conocer el nombre de un espía profesional. Hay riesgos. Otro riesgo es meterse con la vida privada de las personas. Una cosa es filtrar un documento sobre una cuenta de un funcionario corrupto y otra cosa es filtrar un documento sobre la vida privada de un funcionario.
¿Cómo ves a Julian Assange en una tercera etapa, donde el fundador de WikiLeaks apoya abiertamente a gobiernos como los de Evo Morales, Rafael Correa o Nicolás Maduro?
Creo que Assange desconoce la realidad del periodismo que vivimos en Ecuador, Bolivia, Venezuela y en la Argentina de los Kirchner de todos estos años. De estas políticas de hostigamiento.
Assange habla desde su asilo político en la embajada de Ecuador en Londres, exalta la figura de Correa, pero no dice nada de un presidente que ha hecho un juicio por 80 millones de dólares al diario El Universo de Guayaquil dejando un precedente completamente negativo para la prensa en América Latina y el mundo. Creo que hay un desconocimiento de Assange con este hostigamiento que sufrimos los periodistas en nuestra región. Hay en Assange como cierto romanticismo en ver líderes populares en personajes que, como Cristina Kirchner, terminaron incrementando su fortuna personal un 1.200 por ciento en 12 años.
¿Hay un declive de Assange y del modelo de WikiLeaks?
Hay un declive de WikiLeaks y el modelo del ICIJ es, de hecho, un modelo superador dado que tuvo un tratamiento profesional de la información sobre los Papeles de Panamá.
La investigación se hizo en base a una filtración masiva de documentos, hicimos una alianza entre medios a escala global y entrenamos a los periodistas para que puedan entrar a esa base de datos. Se compartió información, porque entendimos que el delito de “cuello blanco” se lleva a cabo a escala global y, por eso, los periodistas tenemos que tener redes internacionales para investigar de forma globalizada. No solo era un documento de Panamá, había que entrelazar los datos con contactos y cruzar información entre periodistas de diversos países.
Periodismo de investigación, ¿cómo?, ¿en qué condiciones?
Los periodistas de investigación somos un problema en las redacciones, porque no estamos en la rutina del día a día. Los editores y jefes de redacción no saben dónde meternos y encasillarnos. Creo que para un medio de comunicación, la investigación es una inversión fundamental. Invertir en capacitación, recursos y en la conformación de equipos de trabajo efectivos. Hay que conformar pequeños ejércitos de periodistas de investigación para competir por información propia.
Lo mejor es crear equipos al margen de la redacción, por fuera de la presión de las ocho horas de trabajo y del cierre del papel o del diario digital. Y en los medios más chicos o medianos, que no son el New York Times ni el Washington Post o Los Angeles Times, pueden tener un editor especializado que vaya convocando a periodistas de las diversas áreas para realizar determinadas investigaciones.
El objetivo es romper con la “declaracionistis”, el periodismo de las declaraciones sobre el periodismo de los hechos, que terminan siendo la caja de resonancia de lo que dicen los actores políticos o económicos, no hay contexto, no hay contraste de fuentes y no hay datos en profundidad.
Hay que invertir en investigación y apuntar a las alianzas con otros medios a escala global, como lo hace el ICIJ, dado que los costos para investigar son muy grandes.
Fuente: El Deber, 22.5.16 por Carlos Morales, periodista boliviano

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