Gabo periodista

Un Gabriel García Márquez con una sonrisa espléndida. Una Mercedes Barcha besándole en la cara con devoción de compañera inseparable. Eran las 6:00 del 10 de octubre de 1982, en el patio de su casa de Ciudad de México. Ambos empezaron el día bien temprano, con la enorme noticia de que a Gabo le habían concedido el Premio Nobel de Literatura. La foto fue tomada por su hijo Rodrigo después de que se levantaron de la cama, y muchos años después –ahora– ese momento inmortal vive impreso en un libro maravilloso que ya está en Bolivia. Gabo periodista es el libro que la Fundación Pedro y Rosa, en alianza con la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo, materializaron en Bolivia. Es una joya literaria con una selección de las mejores crónicas del genio colombiano que, con su pluma de mago, mejoró el mundo con su lenguaje artístico envuelto en vallenatos y lluvias perpetuas, en soles caribeños y en lunas tan reales y tan mágicas. García Márquez siempre quiso ser periodista: “Mi primera y única vocación es el periodismo. Nunca empecé siendo periodista por casualidad –como muchas gentes– o por necesidad, o por azar, empecé siendo periodista, porque lo que quería era ser periodista”.
Esta es solo una de las frases lúcidas de un hombre que navega en el ancho mar de textos que realizó desde 1948, cuando a los 21 años empezó a escribir para El Universal, en Cartagena de Indias. En una entrevista, un reportero le preguntó: “¿Cuál es el método de su trabajo? “Permanecí pensativo, buscando una respuesta nueva, hasta que el periodista me dijo que si la pregunta me parecía demasiado difícil podía cambiarla por otra. Al contrario –le dije–: ‘Es una pregunta tan fácil y tantas veces contestada por mí, que estoy buscando una respuesta distinta’”. García Márquez lamentaba que los entrevistadores y los entrevistados no hubieran aprendido aún que las entrevistas son como el amor: “Se necesitan por lo menos dos personas para hacerlas, y solo salen bien si esas dos personas se quieren. De lo contrario, el resultado será un sartal de preguntas y respuestas de las cuales puede salir un hijo, en el peor de los casos, pero jamás saldrá un buen recuerdo”
Fuente: El Deber, 1.8.16 por Roberto Navia, periodista boliviano

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