Diatriba contra medios y periodistas

Una nueva intervención del Ministro de la Presidencia en una emisora de radio el día 10 de los corrientes, profundiza la campaña oficialista emprendida contra los medios de comunicación, que tienen una “línea editorial independiente”. La prensa y los periodistas son calificados de “cártel de la mentira”, “mafia”, “bufones a sueldo” y que “viven a costilla de la plata del Imperio”, etc., etc.
Este proceder impropio de una alta autoridad se emite sin considerar los valores universales que rodean la actividad informativa y que todo gobierno medianamente democrático tiene el deber de respetar. Estos principios emanan o son estimados en una serie de declaraciones internacionales de los organismos de Derechos Humanos y de libertad de prensa, tales como la
libertad de pensamiento, expresión y opinión, cuyos canales naturales son los medios informativos. En el mismo sentido, sin libertad de prensa no hay ni puede haber democracia, al paso que la población tiene derecho a ser informada por diferentes fuentes y corrientes de opinión.
El ministro Juan Ramón Quintana incidió en que la prensa “trata de dañar la credibilidad y el liderazgo de presidente Morales”, valiéndose de mentiras. La Asociación de Periodistas de La Paz reaccionó señalando que el Gobierno acusa pero “sin una sola prueba”, lo que significa “una falta de respeto a las ciudadanas y ciudadanos que trabajan en medios de información” cumpliendo su tarea “con ética y veracidad”. Asimismo desmintió supuestos propósitos de desestabilizar al Gobierno. Estos afanes desembocan en una diatriba contra la prensa y se dirigen a un determinado público que le presta oídos, dentro de un plan de convertir en una especie de mártir al Jefe del Estado y mantener latente una situación de confrontación más aparente que real, destinada a promocionar la iniciativa oficial y distraer a la sociedad. En el turno de supuestos adversarios, al presente los elegidos son los medios, los periodistas y el “imperialismo”.
Por su parte, a fines de agosto pasado la Asociación Nacional de la Prensa de Bolivia se vio precisada a pronunciarse ante instrucciones del Gobierno de suspender la publicidad estatal en los diarios independientes, denunciando “una agresión económica a manera de castigo contra un periodismo” empeñado en buscar la verdad. La ANP explica que dentro de su labor específica no podía eludir referirse a “los hechos de corrupción, tráfico de influencias y acusaciones que involucran a altos funcionarios”, al punto de comprometer recursos y bienes públicos en perjuicio de la ciudadanía. El cometido de esta prohibición abarcaría inclusive a niveles administrativos, gobernaciones y municipios bajo control del Gobierno, según ANP.
Otras fuentes destacan la persecución judicial contra periodistas, la compra de acciones de medios y la presión publicitaria ya referida, mediante el uso de “capitales que nadie sabe de dónde salen…”, sin dejar de considerar que estas acciones han dejado sin trabajo a algunos periodistas, entre los que se cuenta a Amalia Pando, Enrique Salazar y John Arandia, mientras que otros como Humberto Vacaflor son sometidos a procedimientos ajenos a la Ley de Imprenta. En estos planes lo menos que se logra es la autocensura ante las amenazas a los colegas de prensa y la persecución a toda forma de fiscalización y oposición.
Fuente: El Diario, 18.9.16

En defensa de la profesión

Hoy, ser periodista parece una amenaza para el Gobierno que se dice ser del “cambio”. Las autoridades esperarían que los periodistas sigan una línea moderada y cautelosa, de solo repetir lo que dicen y hacen en su gestión, y que no se refieran a hechos que son ocasionados por los mismos gobernantes y militantes del MAS, cuando sus funciones son, en verdad, hacer cobertura informativa, además de comentar y editorializar las noticias en la misión de orientar, generar opinión pública y ejercer el rol de “fiscalizador” de la cosa pública.
El periodista que ejerce su función en el marco del Código de Ética es blanco de ataques del presidente Morales y de las autoridades gubernamentales, que permanentemente se refieren de manera despectiva cuando se dirigen a la labor de los periodistas que recogen información, opinan y asumen una posición ante los hechos, pero que también destapan y dan a conocer hechos de corrupción, con las garantías que les otorga la libertad de expresión reconocida e incorporada en la Constitución Política del Estado como un derecho universal.
Recordemos que de los periodistas ya se dijo que son “pollos de granja”, “vuvuzelas” que repiten como loros lo que dicen sus fuentes de información, que son “aliados de la oposición”, “agentes del imperio”, unos “bufones a sueldo y que cobran un plato de lenteja de Estados Unidos”, “cárteles de la mentira”. El Vicepresidente aconsejó que no se deba estudiar periodismo, ratificado por el presidente Morales en Bulo Bulo a un grupo de estudiantes que asistieron a la inauguración de la planta petrolera, a quienes pidió estudiar carreras petroleras y no así “periodismo”.
Esta actitud de las autoridades de gobierno de atacar permanentemente a los periodistas y los medios constituye un atentado a la libertad de expresión, que no sólo está vigente para los periodistas, sino que se hace también extensiva a la ciudadanía en general, que garantiza el derecho a manifestar las ideas, la posición política e ideológica en el marco del pluralismo, la democracia y el respeto de los derechos humanos. Este derecho actualmente se encuentra amenazado y en riesgo por la imposición de una suerte de censura y autocensura.
Decir que no estudien periodismo es otro atentado a la libertad de elegir la profesión que uno quiera, en función de la vocación y del interés que tiene de formarse en una disciplina. Ni los padres de familia intervienen en la decisión que asumen sus hijos, salvo sugerencias, orientación, menos una autoridad de gobierno que no tiene estudios ni profesión, que no le gusta leer libros y que agradece no haber pasado por las aulas de la universidad. La elección de la profesión depende de cada uno, desde sus habilidades y destrezas, del interés y la motivación para desarrollarse como persona y profesional que aporta al desarrollo del país y el periodismo es una más de las profesiones que contribuyen a ese fin.
El periodista que desarrolla su trabajo sobre la base del Código de Ética, que enaltece los valores de la verdad, responsabilidad, libertad, honestidad, mesura, lealtad, defensa de la democracia, defensa de la libertad de expresión y de los derechos humanos, correrá siempre el riesgo de ser tildado como opositor o agente del imperio. Pero curiosamente, el Gobierno no dice nada de aquellos periodistas que trabajan en medios gubernamentales y que se dicen ser “periodistas estatales” y que reciben publicidad y propaganda a borbotones y que se parcializan, sesgan la información, no dan la voz a la contraparte y que además editorializan las noticias asumiendo posición para favorecer la estructura de poder del que reciben favores y beneficios. Una relación y trato discriminativo a un mismo gremio que debe aportar con información que contribuya a generar conciencia en el buen uso de la cosa pública de parte de nuestros gobernantes.
Fuente: Los Tiempos, 17.9.16 por Constantino Rojas, periodista y docente universitario.

Renovamos nuestro compromiso de servir

Editorial
Frente a desafíos como el tecnológico y las presiones del poder, ratificamos la vigencia de los principios que nos han guiado desde nuestra fundación y nuestro compromiso de seguir buscando apasionadamente la verdad
El 16 de septiembre de 1943, salía a las calles de Cochabamba el primer número de Los Tiempos, el periódico que con el correr de los años y dada la fuerza de los principios que guiaron a sus creadores para ofrecer una información amplia y respaldada, y una opinión plural, se ha ido convirtiendo en el periódico preferido de este departamento y referente del periodismo nacional.
En el transcurso de estos 73 años, fueron muchos los avatares que se tuvo que enfrentar. Casi desde su fundación, la vocación por buscar la verdad y difundirla hizo que nuestros fundadores, directores y los sucesivos equipos de redacción sufrieran el acoso de una dura represión, que se tradujo en confinamientos, arrestos y cierres. De hecho, en 1953, por acción de grupos radicalizados de universitarios y militantes del entonces partido de Gobierno, el MNR, fueron asaltadas sus instalaciones, provocando su cierre.
Pero, con tesón y el apoyo de la ciudadanía, Los Tiempos retornó a las calles de Cochabamba el 19 de julio de 1967.
Con capacidad para adecuarse a las circunstancias concretas, sin dejar de lado sus principios, Los Tiempos ha ido reflejando día a día la historia del país y de nuestra región, tarea que, como es usual, le granjeó el apoyo decidido de Cochabamba, pero también provocó la ira de los poderosos que, pese a utilizar diversas formas de presión, no han logrado, ni lo harán, desviarnos de nuestro compromiso de informar a la ciudadanía con responsabilidad.
Como en toda obra humana, a lo largo de nuestra historia hemos cometido muchos errores, pero, cumpliendo uno de los principios que nos guían, siempre hemos rectificado cuando se comprobó el error. Ello, porque nuestro objetivo central es informar en forma correcta a nuestros lectores, hombres y mujeres.
Actualmente, estamos atravesando una etapa compleja por la acción del Gobierno, cuyos operadores ven a los medios en general como parte de su oposición. Se trata, sin duda, de un craso error, pues, por un lado, no comprenden que hacer un periodismo independiente y responsable es parte indisoluble del sistema democrático y, por el otro, que ese tipo de periodismo les es más útil que uno sumiso. Esta falta de comprensión hace que seamos objeto de permanentes ataques y, por si fuera poco, de un acoso económico que, sin embargo, termina afectando más al Gobierno.
Desde otra perspectiva, este año también hemos celebrado nuestro ingreso, hace 20 años, a la era digital. Los Tiempos fue el primer periódico del país que tuvo una página digital y, desde entonces, hemos realizado esfuerzos por estar a tono con la tecnología de punta. Esto, sin duda, requiere de grandes esfuerzos pues exigen adecuarnos creativamente a las nuevas formas de comunicación que tiene la sociedad.
En ese contexto, frente a desafíos como el tecnológico y las presiones del poder, en este aniversario queremos ratificar la vigencia de los principios democráticos que nos han guiado desde nuestra fundación y, por otra parte, renovar nuestro compromiso de seguir buscando apasionadamente la verdad y defender el pluralismo político en nuestra página de opinión. Es decir, mantener profundizar las características que han convertido a Los Tiempos en el periódico de Cochabamba.
Fuente: Los Tiempos, 16.9.16